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Escaparate ignorado

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Escaparate ignorado

Publicaciones de la categoría: Uncategorized

Algo tendrá que ver el cine

03 martes May 2022

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Gabriel de Araceli

EL CINE ES LA VIDA. Se apagan las luces de la sala, un hilo de luz ilumina la pantalla y en la existencia de nuestra tarde primaveral comienzan a florecer los pétalos de la ilusión. Se Extiende la mirada limpia de noble corazón y furia para retar a los injustos, diría el poeta Ezequías Blanco. Sus palabras, sus versos son la vida que se enciende con las palabras, con las imágenes de los sueños que vemos en la sala oscura, en la blancura de las páginas de los libros. Ahora, Ezequías, cuentista redomado, abuelo de punkys, editor de prestigios matemáticos, exprofesor de literatura en Getafe, sesudo cronista del amor de León Hebreo y amigo de los monos que estornudan nos presenta su nuevo poemario, o su nueva película, porque hemos aprendido a soñar con los besos robados de los primeros planos, con los versos recitados entre los labios, con aquellos que nos dieron nuestros padres de niños y volver a la poesía es recuperar la infancia y leer poemas es caminar con aplomo por los páramos imprevistos de la vida, romero por caminos nuevos, versos desde la conciencia interior, sensibles a todos vientos y bajo todos los cielos, como su paisano León Felipe:  Ser solo un peregrino que lo ha olvidado todo -incluso el sendero- todo menos lo que en la palma de su mano sostiene.


 AL AMOR DE LA LUMBRE
Cuando las hojas son pájaros 
y los pájaros son hojas 
en un abrazo de lumbre 
crepitan las brasas rojas.
Y si los brotes apuntan 
y rondan las mariposas 
y bulle el agua del río 
y estallan las blancas rosas. 
Y si fuera el viento sopla 
que sin soplo no sucede 
en el temblor de una copla 
nace el amor vive y muere.


Otros enlaces a la obra de Ezequías:

Sólo hay una clase de monos que estornudan

Tierra de Luz Blanda

BARE NOSTRUM


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Maratón de Madrid 2022

27 miércoles Abr 2022

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Texto y fotos de Gabriel de Araceli

La clase obrera va al purgatorio. Purga sus pecados cotidianos corriendo sobre el duro pavés durante 42,195 Km para alcanzar la gloria, la satisfacción del deber cumplido, la alegría de haberse impuesto a una penitencia agobiante, a una tortura asfixiante que le dé sentido a la rutina vital en la que la mayoría de los ciudadanos inundan su existencia. Meses y años de metódico entrenamiento para demostrarse que el reto victorioso de correr una distancia extrema otorga al atleta urbano el control sobre sí mismo. Ese triunfo de la voluntad, de la disciplina de los cuerpos ante la adversidad, ante el dolor físico, ante el agobio diario de pelearse con la vida, de imponerse un recogimiento cartujo, una santidad monacal en busca de la divinidad atlética. El asceta urbano se transforma en Filipides, en portador de la buena nueva de la victoria, recorre el tránsito interior necesario para demostrarse fuerte, inasequible al desaliento, portador de la llama que foguee sus penumbras acechantes, que ilumine los dinteles torcidos y oscuros de la mente. Traspasan, vencedores de sus cuerpos, la meta de lo imposible, han derrotado con su fuerza al enemigo de la duda. De Atenas a Esparta, de la mediocridad diaria a la plenitud de la alegría del éxito sobre nosotros. La meta era esa, acabar la carrera: ¡La Felicidad de patear a nuestros fantasmas, al asfalto!

Maratón de Madrid, domingo 24 de abril de 2022 


El Estado Mayor Central a su paso por el Km 8,400. Por debajo de 3′ el Km.
Km 8,4.
Amor de padre. Km 19
El Estado Mayor Central a su paso por el Km 19,2.
El Estado Mayor Central a su paso por el Km 26,6.
Km 26.6. Sólo quedan en cabeza los generales.
¡Más deprisa, mamá! Km 31.5.
No todo va ser correr.
La élite femenina a su paso por el Km 33.
Pelotón agrupado. La clase de tropa va al purgatorio.
Amor de padre, Km 31,5.
Les poursuivants. Km 33.5.
Tête de la course, Km 33,6.

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Vicente Rojo Lluch: el último romántico

21 jueves Abr 2022

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

≈ 2 comentarios

Gabriel de Araceli: textos y fotos

Nunca la lanza embotó la pluma, ni la pluma la lanza (Don Quijote, capítulo XVIII. Miguel de Cervantes)

El terror se ha hecho dueño de la actualidad. Almorzamos todos los días compungidos por las imágenes de muerte y destrucción que vomitan los telediarios. Un paisaje de desolación, de cadáveres, de refugiados que huyen de la guerra atroz de Ucrania convive con nosotros mientras engullimos la sopa y la pescadilla frita. El monstruo de Putin y su cohorte de generales sanguinarios concita el rechazo y repulsa de un Occidente solidario con el sufrimiento de esas víctimas infantiles que nos saludan con una sonrisa desde el autobús que los llevará a un país libre. O sufrimos con aquella imagen de la embarazada herida tras un bombardeo a la maternidad. Murió. También el bebé.

La degollación de Herodes. Barro modelado y pintado obra de José Ginés Marín, 1789-1794. Museo de Bellas Artes de la Real Academia de San Fernando, Madrid.

Fue otra época, otra historia cruel, otros asesinos. Aunque los asesinos son siempre los mismos a lo largo de la historia. Sólo cambia el momento, pero todos los dictadores invocan las mismas cuestiones morales o religiosas o patrióticas para cometer las mismas atrocidades, las mismas barbaridades, los mismos crímenes con que conseguir sus propósitos espurios, aunque para ello deban destruir un país o masacrar a miles de inocentes ajenos a sus bizarros deseos. Era Madrid, julio de 1936. Un grupo de militares africanistas organizados por el general Emilio Mola, “el Director”, se levanta en armas contra el poder constituido. Se desencadena la Guerra Civil que durante tres años asolará España convirtiéndola en algo parecido a las imágenes que vemos ahora de Kiev o de Mariúpol, o de Járkov. Dolor y destrucción. Si ahora el Kremlin trata de tomar una ciudad portuaria entonces se trataba de ocupar la capital del Estado por unas columnas de mercenarios africanos —chechenos ahora— que avanzaban por Extremadura llenando de horror, sangre y de muerte su avance. En noviembre la situación es crítica en Madrid. El gobierno constitucional huye a Valencia y ordena la defensa de la ciudad, en un caótico intercambio de mensajes, al general Miaja, que nombra jefe de Estado Mayor a un oscuro teniente coronel sin apenas experiencia bélica, exprofesor de la Escuela de Infantería de Toledo: Vicente Rojo Lluch.   

General Vicente Rojo

Rojo es un racionalista, un estudioso de la actualidad que se ha dedicado como docente a elevar el precario conocimiento táctico y técnico que existía en la enseñanza militar. Fue el número cuatro de 390 cadetes de su promoción, 1914, en la Academia de Infantería de Toledo (recordemos que Franco fue el 252 de 312, cuatro años antes). También es un hombre conservador, católico practicante, patriota amante de España, culto y entregado a la defensa de su país desde el orden constitucional. Ha sido tentado por compañeros de armas para que se adhiera al movimiento subversivo. Pero fiel a sus principios morales y a la ley se mantiene leal a la República y no participa en ningún conciliábulo golpista.

Desde ese momento, 6 de noviembre de 1936, Rojo será el protagonista de la defensa de Madrid y asumirá durante el resto de la contienda un papel clave en el desarrollo de todas las batallas que se libran a lo largo de tres años de lucha feroz, salvando infinidad de dificultades, desobediencias, intrigas, envidias profesionales y alguna traición. Considerado como el gran estratega del ejército republicano, reconocidos sus méritos por historiadores como Martínez Reverte, Alberto Reig Tapies (Franco: el César Superlativo. Pág. 62) o Paul Preston (La Guerra Civil española. Pág. 191 y posteriores) se verá obligado al exilio en enero de 1939 y permanecerá varios años como cronista de la terrible 2ª Guerra Mundial, que en se momento se libra, en un periódico de Buenos Aires. Hasta que su enfrentamiento con el nacionalismo vasco, también presente en el exilio argentino, le hace partir nuevamente a Bolivia en 1943, donde es nombrado profesor en la Escuela de Estado Mayor de ese país, con reconocimiento del grado de general.

La competencia profesional del general Rojo ha sido largamente estudiada en referencia a la exigua capacidad táctica y militar del jefe vencedor de la contienda, un africanista empeñado en el ataque frontal rifeño. Las opiniones del alto mando de la Wehrmacht, así como las de los jefes italianos del Corpo di Truppe Volontarie, que prestaban ayuda interesada al ejército rebelde, se mostraban muy críticas con la estrategia militar que desvió el objetivo principal, la toma de Madrid, por uno secundario como Toledo, con el rearme defensivo de la capital que ese retraso supuso. O la estrategia desarrollada en las posteriores batallas del Jarama y Guadalajara, donde la iniciativa y visión guerrera de Rojo se mostró superior, evitando en su momento la derrota en Madrid; o la imposición al general Varela de permanecer anclado en sus posiciones y no avanzar hacia la capital tras la batalla de Brunete, cuando el ejército republicano, exhausto, hubiera sido presa fácil.  

La degollación de Herodes. Barro modelado y pintado, obra de José Ginés Marín, 1789-1794. Museo de Bellas Artes de la Real Academia de San Fernando, Madrid.

HISTORIA DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

Rojo se ve obligado a cumplir prisión domiciliaria tras su vuelta a Madrid, en marzo de 1957. A pesar de haber pactado con el ministro Martín Artajo un regreso digno, el terrible fiscal coronel Enrique Eymar le incoa un expediente informativo acusándole de “auxilio a la rebelión”, por el que es condenado, en diciembre de ese mismo año, a cadena perpetua, interdicción civil e inhabilitación absoluta. Franco escribió de su puño y letra: «Negarle el pan y la sal», quizás en represalia por las derrotas que le infligieron en Madrid, en el Jarama, en Guadalajara.

Así pues, su vida, en su domicilio de la calle Ríos Rosas, 48, 1º A, se reduce a recopilar los miles de folios, de cartas, notas, ensayos, crónicas y artículos que fue redactando durante su estancia en Argentina y Bolivia. Fruto de ese hercúleo esfuerzo, de esa escritura torrencial nacen sus memorias de la Guerra Civil y una novela inconclusa titulada con el signo de interrogación: ? En el Archivo Histórico Nacional, en Madrid se conserva todo el legado documental de Rojo. Sólo una parte se ha estudiado. Y está pendiente de un trabajo de investigación detallado para darle forma. La escritura fue una catarsis, una evasión, su tabla de salvación en el ostracismo al que fue castigado por el régimen franquista, que le impidió incluso mantener su amistad con el doctor Marañón, una vida reducida a escasas visitas al café con antiguos compañeros también represaliados, siempre vigilado de cerca por un policía de paisano.

No hay ninguna placa en la fachada de la calle Ríos Rosas 48 que recuerde la memoria del general Rojo. La vivienda está muy cerca de los Nuevos Ministerios y del conjunto del Museo de Ciencias y la Residencia de Estudiantes, obras de Secundino Zuazo, y de Arniches y Martín Domínguez, todos ellos expedientados y sancionados por el franquismo.

Su Historia de la Guerra Civil Española es un inmenso acopio de información escrita entre 1958 y 1962, que a Rojo no le da tiempo de corregir y ordenar serenamente. Rojo la ofrece a varios editores, entre ellos a Carlos Barral, que parece interesado en su publicación, pero el momento histórico impide su publicación. El general fallece en 1966. Presionado porque el tiempo se le acaba y llevado por el afán de informar sobre los hechos acaecidos a veces su redacción se hace prolija y su prosa extensa y farragosa. Y fatiga al lector al que le cuesta encauzar ese torrente de datos que bullen del encomio del general. Incluso, en un descuido debido al editor, se repite  en el libro textualmente un capítulo en el que habla, con respeto, del coronel Gorev, asesinado en 1938, meses después de su heroísmo en Madrid por Stalin, dato que ignora Rojo. Otros personajes no salen tan bien parados, como el jefe de los brigadistas Kléber (Stern), al que considera indisciplinado y llevado por su afán de protagonismo partidista al servicio de la Unión Soviética.

 

El libro es también un exaltado homenaje a los milicianos, al soldado anónimo español, a los que atribuye el éxito de la defensa durante la contienda por encima de la exigua ayuda internacional recibida y vetada por la injerencia del Comité de No Intervención y la postura intransigente de Francia y Reino Unido. Y un compendio de opiniones sobre los protagonistas republicanos que se vieron responsabilizados de asumir decisiones incómodas: Negrín, Largo Caballero, Indalecia Prieto (“hombre astuto, inteligente y correcto. Políticamente su talla era superior a la de Negrín, era una garantía anticomunista”), su audiencia con Azaña, etc. O sobre Cipriano Mera, el albañil anarquista, héroe en la defensa de Madrid, elevado por méritos al grado de mayor (comandante) y que después se uniría al golpe del coronel Casado.

A Rojo le da tiempo a leer la obra capital de Hugh Thomas: “La Guerra Civil Española”, aparecida en 1961, de difícil obtención en España en esa época, y con la que mantiene encontradas diferencias en lo referente a la participación de los brigadistas internacionales en la defensa de Madrid y en la batalla del Jarama.

Destaca la dedicatoria del capítulo “Así fue la defensa de Madrid” a la mujer: «A la anónima mujer española, abnegada, heroica, ejemplar entre todos los horrores, la angustia y la desesperanza…Y hoy, cuando nadie recuerda lo que recibió de ella, sigue perpetuando, anónima, su vida sencilla; sigue erguida y en calma, sin rencor por el daño que le hayan hecho…». Sin duda unas palabras de amor a su esposa Teresa Fernández, el centro de su vida que sufrió la guerra y el exilio desde la trinchera de su hogar. Y un homenaje anticipado, sin saberlo, a todas las mujeres víctimas posteriores y constantes de las guerras, como las que ahora sufren las brutalidades rusas en Ucrania.

Susana y los viejos. Peter Paul Rubens, 1610. Museo de BBAA de la Real Academia de San Fernando, Madrid

La obra está prologada magníficamente por Jorge Martínez Reverte, historiador profesional que explica detalladamente las circunstancias políticas, sociales, militares e internacionales que se arrastran desde la Restauración borbónica y que confluyen, 62 años más tarde, en el trágico momento histórico del alzamiento bélico: la alternancia consensuada del bipartidismo en los gobiernos durante la regencia de María Cristina, la pérdida de Cuba y el final del imperio español, el funesto reinado de Alfonso XIII, la guerra en Marruecos, la dictadura de Primo de Rivera, la división polarizada en el Ejército, los nacionalismos periféricos, el papel intransigente de la Iglesia, la lucha de clases y el comienzo del movimiento obrero y el sindicalismo… y el advenimiento de la República y la asunción casi inmediata de sus enemigos.

 «En la década de los 30, en Europa había muy pocas manifestaciones de repugnancia en contra de las guerras. La guerra se consideraba un fenómeno natural. El odio, la liquidación del adversario eran moneda corriente en los escritos políticos, en los debates parlamentarios y en las páginas de los periódicos. El ejército español estaba tan dividido internamente como lo estaba el resto de la sociedad… era una España de sotanas, sables y señoritos… el golpe es desde su concepción y su inicio, un movimiento de carácter sangriento, de enorme violencia. O bolcheviques o fascistas. No hay militares que abracen la causa nacionalista. Azaña, Rojo, Negrín, todos los dirigentes republicanos viven su relación con el nacionalismo como una pesadilla», son algunas de las explicaciones que M. Reverte introduce en su análisis del texto de Rojo.

Rojo es ecuánime y templado en sus opiniones. Nunca desmerece ni acusa de traición a sus antiguos camaradas, nunca utiliza palabras de desprecio u opiniones malsonantes o cargadas de ira. Resuena su compañerismo, siempre fiel a la legalidad vigente, siempre bajo la lealtad a la República y actuando con su honor de militar. La lealtad y sumisión a la ley eran la garantía del orden que necesitaba la nación. Su catolicismo no está ligado al patriotismo. Incluso se muestra crítico con la carta que los obispos publican en junio de 1937 en defensa de la “Cruzada”: «Quien esto escribe es católico… pero también es español, es militar y es hombre». Rojo es un idealista que escribe con tono épico, afectado de patriotismo y lealtad en la defensa de las libertades del ciudadano, su escritura es emocionante y sentida. Escribe desde la tristeza de la derrota, desde el romanticismo de las causas perdidas.

  Como epílogo se incluyen unas notas del periodista José Andrés Rojo, nieto del general, en las que se mencionan los avatares sufridos por el militar para la gestación de esta historia y el tiempo borrascoso en el que se desarrolló su vida.  



OTROS ENLACES DE INTERÉS:

Traidores

https://escaparateignorado.com/desafeccion-i/

80 aniversario de la Batalla de Brunete
PERDEDORES (Fragmento)

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Semana de Pasión

17 domingo Abr 2022

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Agustina de Champourcín. Texto y fotos (todas tomadas en Madrid)

Ay, esa pasión que se nos resistía, esas oscuridades en la que nos habían sumergido las circunstancias. ¡Maldito virus! Pero todo llega y al final, la ciencia, el perseverar humano ha podido con el bicho y las restricciones y la alegría ha vuelto a ocupar los rincones ciudadanos que nos había vedado la pandemia. Y las calles de toda España se han llenado esa semana de luna llena de tallas de cristos desnutridos, ¡pobrecitos!, vírgenes dolorosas, señoras apasionadas, caballeros uniformados, cofrades militantes, curiosos callejeros y penitentes que purgaban sus penas cargando con la cruz de su conciencia. Y también de parejitas de enamorados, de mujeres poderosas marcando territorio bajo sus ternos negros y sus trebejos oratorios, de hombres arrobados a la sombra de las amadas, de niños despertando a la vida, de papás y mamás orgullosos de ellos. La alegría rebrota, se anuncia con orgullo el querer, el florecer de los cuerpos, el deseo desatado, la búsqueda del placer carnal. Revolotean los pajaritos, se anuncia la felicidad en cada esquina, esos besos primorosos aislados del mundo. ¡Los primeros, los mejores!  La primavera ha venido, nadie sabe cómo ha sido. Llevo la vida, conmigo, el que quiera que me siga, dice. ¡Aquí estoy yo! El amor.


Viernes Santo, Procesión de los Alabarderos
Señoras santas y apasionadas del cuerpo… de Cristo
Domingo de Ramos. Calle del Carmen, al lado de doña Manolita
Virilidad inhiesta
¡Ay, esas señoras tan elegantes!
¡Vuelve el hombre!
Castigadora
Lunes Santo. Cerro del tío Pío. Aprendiendo modales
Domingo de Ramos, Brunete, Madrid
Unas horas después. Reservoir Girls. El Retiro
¡Ay, qué bonito es el amog! 1
¡Ay, qué bonito es el amog! 2
Las chicas tienen algo especial…
Lindas parejitas
La edad de la inocencia
Amor de padre
Amor de madre
Stabat Mater
Guerreras 2
Guerreras 3

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Julio

04 lunes Abr 2022

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Agustina de Champourcín

No te borró la parca tu sonrisa, que el horror quebró tu infancia en una cuneta perdida. Ni pudo robarte el odio cainita la bondad con la que afrontaste la vida, ni la alegría con que premiaste a los tuyos por demás. Silencios y pena negra en la majada escondida para evitar los puñales de la falange homicida de borrachera y de rabia. Perdón para todo fue consigna. Que no olvido. La inocencia arrebatada no fue freno, sino espuela para alzarte sobre las trampas traidoras que el río oculta en remolino. Porque forjado de ánimo y virtud, luchaste por recorrer el camino sin maldad. Y te entregaste con gozo a sortear los peligros escondidos en el pozo de la vida con sonrisa y humildad.

Años de siembra y coraje, tránsito sin horizonte, días de pan con tomate y noches al claro de luna, lucero de la mañana que alumbraba el alba pronta, que diste luz a los tuyos por el sendero de sombras. Éxodo, Madrid al final del túnel, trabajo, sudor y manos para conseguir pan tierno, para salir adelante, siempre adelante, para reír bajo un techo de calor y de cariño, la familia lo primero, para olvidar para siempre las largas noches de invierno.  

Escuchabas sin alzar jamás la voz, ponme a la grupa contigo caballero del sosiego y del honor, evitabas el consejo con prudencia, valiosa palabra tu mirada alejada del chirriante quejido sin dolor. Tu presencia era más grande en tu silencio, por tu paciencia infinita con el frenesí externo de los tiempos lacerantes que te azotaron el rostro sin beneficio. Ni un desatino, ni una queja ni exabrupto salió jamás de tu boca, que a todo le regalabas la fortaleza de tu calma y la resignación del espíritu forjado en un destino de lucha, de dolor, de sacrificio.

Gozamos con tu recuerdo, regalo para nosotros, ángel bueno, custodio de la ilusión, faro que alumbró los pasos librándonos de los tropiezos. Amigo de sus amigos. ¡Qué maestro de esforzados y valientes! ¡Qué seso para discretos! ¡Qué gracia para donosos! Así con tal entender, todos sentidos humanos olvidados. Cercado de tu mujer y de hijos y de nietos diste el alma a todos ellos. Que en todos perdura tu recuerdo y será dicha graciosa tu sonrisa y tu sereno caminar, que paz, amor, serenidad a todos supiste dar.

Y quedes para la gloria, que aunque la vida murió nos dejó harto consuelo tu memoria.


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Tierra de Campos: El negocio, que fue, de la salvación

02 sábado Abr 2022

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Agustina de Champourcín. Palabras y fotos

Palencia, llanura y soledad. Las tierras de Castilla se pierden por un mar de trigos verdes y villorrios abandonados. La línea infinita de su horizonte limita con la eternidad. Calles vacías por las que sólo pasea un gato, canta un gallo orgulloso o grazna la corneja. El silencio lo rompe el crotorar de las cigüeñas, más abundantes en algunos pueblos que vecinos, como en Requena de Campos, que tiene censados a 22 habitantes y seis nidos de cigüeñas. Socorro Ortega, 82 años, fue alcaldesa del lugar. Enseña la iglesia que ella misma restauró. Habla un castellano perfecto y distingue la ll de la y griega como ya no se distingue en ningún otro lugar castellanoparlante. Ni siquiera hay grafitis por las paredes de estos despoblados, que amenazan ruina, que no tiene quien las mire ni quien las ensucie. Noche oscura en ansias derramadas, nostalgias de un pasado esplendor de lanas que se exportaban a Flandes, a la tierra del emperador Carlos I, donde los tapices; de cereales, el granero que alimentaba a España. Duerme la Tierra de Campos olvidada temiendo su despertar. Camino de Aquitania por el que el peregrino se acerca despacio al premio de la compostela. Espiritualidad y tránsito. El viento no sopla, apuñala al caminante con su daga fría. El arte sacro aparece de súbito como una erupción de retablos magníficos plagados de tablas policromadas y blasones aristocráticos, en órganos musicales, en tallas de cristos lacerados, de rufianes judíos, de vírgenes dolorosas y angelotes inocentes y en arcángeles matadiablos, en santiagos matamoros y en murallas defensivas, en arquitecturas monumentales, en iglesias gigantescas de triples espadañas y catedrales ocultas levantadas con los diezmos que en su día reclamaban la fe del villano, curas que hurgaban en su temor, en su pobreza para que su padecer terreno no se extendiera más allá de la muerte, en la otra vida prometida.

Iglesia de Támara, de torre puntillosa y excepcionalidad artística.

Todo a cambio de unas monedas, de unos talentos de plata, de unos maravedíes. Era el negocio de la salvación. Todos, la nobleza, la milicia, la burguesía, las gentes ingenuas del pueblo llano compraban bulas, indulgencias, perdones para librarse del castigo divino. Gran negocio el de la Iglesia. Veinte siglos de beneficios continuados en la cuenta de resultados del santo emporio empresarial. Con eso se elevaron estas catedrales que sólo lucen el día de la fiesta del lugar. En Támara se libró en 1037 la batalla que decidió la unión de los reinos de León y Castilla. Ahora es difícil encontrar un vecino. Por sus calles vacías resuenan los pasos del viajero que reclaman, con su eco, la atención de un viejecito sorprendido que toma el sol. ¡Tanto esplendor y tan lejano! No mucho más lejos, algo más de una legua, en Santoyo existe otra iglesia catedral inesperada, innecesaria, tan cercana a la otra. Horacio la muestra al visitante orgulloso de prolongar su saber al desconocido, como si lanzara al mar embravecido el salvavidas de la historia.

En Piña de Campos cuatro señoras juegan al parchís. La visita del caminante altera la partida por un instante, pequeña novedad, ligera turbación en las miradas. El bodeguero prepara una tortilla con alegría, esa tarde va a hacer caja con el forastero. Se está calentito en el bar, el centro social de Piña, seis personas, multitud. «El seis doble, te como y me cuento veinte. Asunción, ponnos una cervecita con torreznos», pide doña Milagros con alegría. La tarde enrojece hacia el ocaso. Amayuelas tiene dos barrios, el de Arriba y el de Abajo. Y tuvo un proyecto de revitalización pagado por la Junta que pretendía poblar de familias sus abandonadas casas. «Vinieron por el dinero, el proyecto no cuajó, se fueron a otro pueblo con las mismas. De eso hace ya veinte años» resume un pastor con malas pulgas y dos perros que sale al paso del caminante sin muchas ganas de hablar. La aspereza desconfiada del castellano. Melgar de Fernamental, Osorno, Lantadilla, Santillana, Amusco, San Cebrián, Monzón de Campos. Boadilla del Camino con su rollo, el de picota. Y Frómista, la cabeza de partido que tiene tres iglesias románicas y tres esclusas del Canal, la columna vertebral que modula Castilla.

Un angelito de un retablo de la Iglesia de Piña de Campos.

El Canal de Castilla comenzó a construirse en 1753, en tiempos de Fernando VI, segundo hijo rey de Felipe V. Y continuó en funcionamiento hasta 1959. El Pisuerga, el Carrión, el Ucieza añaden alegrías a sus aguas, a veces bravas, que regulan subcanales adyacentes. Decenas de esclusas en su recorrido conseguían salvar los desniveles del terreno a las barcazas. Era una vía de comunicación que permitía el transporte de cereal, de vinos, de ganados, de personas y mercancías por todo el interior de esa Castilla invertebrada e inconexa. 207 Km en forma de Y invertida. El ferrocarril le arrebató su sentido económico y lo expulsó a la categoría de belleza paisajística y bien de interés cultural histórico. Integra tres provincias, Burgos, Valladolid y Palencia. Y dio durante cien años vida a la planicie con su tránsito de barcazas, de yuntas, de trigos, de arrieros, de ajetreo portuario fluvial, que contaba, incluso, con sus casas de lenocinio o regocijo. Una obra de ingeniería faraónica de difícil encaje en las mermadas arcas de las haciendas borbónicas. Ni la privatización de su construcción y posterior explotación a manos de la banca logró un lucro económico. Entonces los canales, como ahora las carreteras radiales, proyectos faraónicos infructuosos que los gobiernos rescatan de la quiebra y se nacionalizan, las pérdidas, con el dinero público del Estado.

Canal de Castilla

Ha llovido en la seca Castilla y los meandros del canal trasiegan agua para regadíos, para saciar la sed de los pueblos de la Tierra de Campos. Y es el Canal reclamo turístico. Por sus caminos de sirga, arcenes de gravilla y juncos, transita una legión de ciclistas ansiosos de románico y buen yantar. La vista se le va al viajero entre la torre espinosa de la iglesia de Támara y la ensalada de nabos de Monzón. Vino de la cercana Ribera del Duero para endulzar el itinerario, oración para los espíritus turbados, y grano, llanura y campos para el caminante.  


Copia de «La duda de Santo Tomás», original de Caravaggio, 1602. Iglesia de Piña de Campos.
Se la debía. Santiago Matamoros le ajusta las deudas a un moro. Iglesia de Támara.
Esclusas 22, 23 y 24 del Canal, en Calahorra de Ribas
Virgencita de un retablo de la Iglesia de Támara.
Piedad, iglesia de Támara
Retablo principal de la iglesia de Sontoyo.
Abside de la iglesia de Sontoyo
La Tierra de Campos está llena de arcángeles matadiablos. Este está en la Iglesia de Piña de Campos.
Tres de los veinte habitantes que viven en Cabañas de Castilla. El gallo no es el de Dionisio Ridruejo, pero no dice ni pío.
Arcángel salvando angelitos del fuego. Piña de Campos.
Los monarcas católicos van a la pelu. Piña de Campos.
Mamás generosas: «Un chorrito más, por favor». Piña otra vez.
Piedad, Piña de nuevo.
Tierra de Campos y Abandono
Esclusas 17, 18, 19 y 20 a su paso por Frómista.
«En campo lleno de oro batallé con el moro y alcancé sus despojos. Ave María». Traducción del ilustre latinisista Emilio Pascual de Góngora y Argote. Retablo, uno de ellos, de PIña de Campos.

Enlaces relacionados:

Viajes por Tierras de Castilla y Cantabria

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Idus de Marzo

15 martes Mar 2022

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Un cuentecito de Carmelita Flórez

»Óyeme cachita, tengo una rumbita pa que tú la bailes como bailo yo. Muchacha bonita, mi linda cachita, la rumba caliente es mejor que el fox…

La pareja se mueve al compás, con ritmo, ella le saca casi la cabeza, la tarde cae lentamente, las nubes cubren las calles próximas de Vallecas, las torres de Castellana en la lejanía, el Pirulí, la Telefónica, la ciudad, sus gentes como hormiguitas a los pies del Cerro del Tío Pío.

—Suelo venir algunas tardes a tomarme mi cerveza fresquita, unas aceitunitas. Se está bien aquí, todo se llena de familias con los abuelitos, de amigos, de novios que se miran con deseo, que miran al cielo buscando un lugar donde amarse. Hay que venir abrigado, la luz tan brillante, el sol del crepúsculo te engaña, un sombrero, una bufanda, esta brisa es muy traicionera…

Arriba, muy arriba vuelan bandadas de grullas alineadas en uve, se relevan constantemente, como ciclistas en una carrera, el guía marca el norte y enseguida se deja caer. Es una flecha y otra y otra. Nadie repara en las aves. Abajo las parejas marcan también el ritmo con los pies.

—Es época de emigración, tal vez vayan a centro Europa, o vienen de África, no sé, las grullas van, vienen, no tienen las barreras de los hombres, son libres, no las somete ningún sátrapa, cruzan las fronteras sin temor. Sí, el mundo está muy revuelto. Mala cosa. Ese loco ruso se ha propuesto joder al mundo. El horror televisado en directo, esa mamá embarazado que no pudo dar a luz… Quizás dentro de poco no podamos tomar con calma nuestra cervecita…

—A esa pareja el mundo le importa poco, tan jóvenes, sólo buscan un lugar donde abrazarse, qué más les da la guerra, sólo quieren besarse, temblar el uno con el otro, sentirse eternos en un segundo.

Ella, de golpe, se ha soltado de los brazos, se aleja y se sienta en el poyo de cemento deslucido al otro lado del parque, bajo la emparrada. En su soledad, el muchacho parece aún más bajito, como si hubiera menguado de repente, sin la chica nada es igual, abandonado en medio de la pista. La música suena para todos, las demás parejas se cimbrean sabrosonas, las cinturas pegadas, comiéndose con los ojos. Un, dos, tres, un, dos, tres.

»Mira que se rompen ya de gusto las maracas y el de los timbales ya se empieza a alborotar…

            —Venía con un amigo, le llamaré José Luis, no sé su nombre. Tomábamos unos vasos, rioja, nuestra botellita de rioja. No preguntábamos nada, no sabíamos nada el uno del otro, cada uno contaba lo que quería. O callaba. Después supe que era poeta, leía a Juan Ramón, que estudió en la Sorbonne, amigo del Bryce, un día dejó de venir, seguí tomando mi vinito en soledad, uno sólo, la botella era mucho para mí, me enteré, alguien me dijo, no recuerdo quién, que se lo llevó un cáncer, cosa fulminante, quizás él lo sabía, sí, lo sabría, pero nunca me contó nada, bebíamos en silencio para olvidarnos del presente, para recordar cuando fuimos felices, uno, dos, tres momentos en la vida, nada más. Por eso ahora bebo cerveza, ya no puedo con el tinto…

El muchacho duda, las parejas bailan a su alrededor ajenas a su aturdimiento, un, dos, tres, un, dos, tres. En el cielo, unas grullas retrasadas persiguen al pelotón que las antecede, aletean, se esfuerzan, se oyen sus graznidos como una llamada de auxilio. Consiguen integrarse en la gran bandada unas nubes más allá, sobre las torres del Retiro. Dubitativo, con parsimonia, el muchacho se sienta junto a la chica en el poyo deslucido.

»Cachita está alborotá, ya no baila el cha, cha, cha. Y si baila esto el inglés se le mete el alboroto, que es pa volverse loco hasta un japonés.

—Me gusta este mirador, ahí abajo las personas viven sus vidas, sus alegrías, sus penas, ajenas al mundo, lejos de las intenciones de los tiranos. Siento reparo, como si abusara del poder de observar sin ser visto. Aquí también hubo una guerra dentro de otra guerra, fue también en marzo, los amigos se mataban sin saber por qué. El coronel traidor, el jurista inocente y un albañil anarquista enfrentándose al poder legítimo. Los africanistas del otro lado aguardando el resultado. Todo eso de ahí abajo era pasto de las bombas. Sí, ya sé, de eso hace muchos años, que esa es otra historia. ¡Qué va! Es la misma. Era como ahora, otro loco, otros locos que querían imponer a los demás cómo pensar, cómo amarse, cómo bailar, cómo tomar las cervecitas a media tarde…

Le recibe con indiferencia, gesticulan, el muchacho la mira con insistencia, aunque ella pierda la mirada por las nubes del poniente, donde las grullas. Se ha abierto un claro y el sol renace un momento antes de ocultarse detrás de las montañas. La terraza del bar se ha llenado de gentes, beben, ríen, a veces no se entiende qué idioma hablan. El camarero deja dos cervezas sobre la mesa. La pareja se levanta y vuelve a la pista. La música se confunde con el rumor de la ciudad que sube acunándose por las faldas del cerro.

—Esa señora viene siempre con su perrito, observa un momento a los bailarines y después se marcha. Es un perrito muy obediente, a veces lo coge entre los brazos y baila con él como si fuera su pareja. No debe tener a nadie con quien compartir su vida. El perrito le hace compañía. Tal vez me compre un perrito, dicen que evitan la locura de la soledad. Quizás alguno de esos dictadores debiera comprarse un perrito, el mundo viviría más tranquilo… ¡Está buena la cerveza fresquita al atardecer!

—Sí, es una suerte compartir una cerveza fresquita con un desconocido teniendo a los pies una ciudad bulliciosa. ¡Salud!

—¡Salud!

La pareja se entrelaza y vuelve a marcar el compás. Así, entre el resto de las parejas que bailan apenas se nota que ella le saque casi una cabeza.

—¡Vamos, Chispas! —le dice la señora al perrito. Se sientan ambos en el poyo para contemplar a los danzantes.

—A esta invito yo.

—Gracias.

»Pa la rumba no hay fronteras pues la bailan en el polo. Yo la he visto bailar solo hasta a un esquimal. Se divierte así el francés y también el alemán, y se alegra el irlandés y hasta el musulmán…

Fotos de Terry Mangino


Enlaces relacionados:

El Cerro del Tío Pío


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8 M en Madrid

09 miércoles Mar 2022

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Agustina de Champourcin (Texto y fotos)

Andaban muy desunidas las señoras manifestantes el 8 M por las calles de Madrid, que aquello parecía una persecución, un que te pillo, un pasito palante, María, un pasito para atrás, que donde acababa una manifestación, en Cibeles, empezaba la otra, por la Gran Vía, amigas para siempre, pero no tanto como para unirse bajo el mismo lema. Juntas, pero no revueltas. Gargantas al viento para abolir el vicio, el pecado, la explotación sexual, como si con un decreto se erradicara el deseo, la lujuria, el estupro, la maldad, la violencia contra la mujer, la guerra del hijo de Putin. Un 0,35% del PIB genera el consumo nacional mercenario de sexo. Triste país, España, el mayor consumidor de Europa. Las mismas bocas, los mismos gritos, los mismos deseos de rebelarse contra el trato machista y reivindicar una actitud de equiparación de trato, de aplicación de derechos y libertades en todos los sectores sociales de la vida. Los mismos puños en alto, las mismas banderas, las mismas pancartas, los mismos colores, los mismos gestos airados atronando los oídos de los concurrentes. Mamás y papás orgullosos de la iniciación combativa de sus retoñas. Jóvenes maquilladas con el espejito de Venus en sus mejillas. Los novios en segundo plano, acompañantes dóciles ante el clamor de sus chicas. Mezcla de razas, de sexos, de edades, de culturas, de creencias reclamando un trato más humano para la mujer. Madrid era una fiesta, una romería. Pero cada una por su lado. La dispersión propia de cualquier actitud crítica que siempre se ha evidenciado en la reivindicación de la Izquierda, ya sea de partidos o de asociaciones ciudadanas. Un quítate tú que me ponga yo, un sí, pero no.    

Al paso por Montera, jóvenes hetairas cerraban el trato con clientes despistados mirando de reojo a las jóvenes airadas. ¡Y esas!, ¿quiénes son? Pensaban.



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