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La luz en la batalla

25 jueves Nov 2021

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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CENTENARIO DEL FALLECIMIENTO DE EMILIA PARDO BAZÁN

Agustina de Champourcín

Este año se ha cumplido el centenario de la muerte de Emilia Pardo Bazán y para homenajear a tal extensa dama y comprender su obra, sus inquietudes, sus éxitos, el rechazo que provocaba en los hombres sus exigencias, las personalidades que acompañaron su vida, los hechos históricos que se desarrollaron en aquella difícil época y su tiempo nada mejor que leer su biografía “La luz en la batalla”, una obra faraónica escrita por la profesora Eva Acosta, que ha empleado trece años de estudio y metódica aplicación en investigar y desvelar la trayectoria existencial de la gran condesa de Pardo Bazán.  La biografía va pareja a la vida superlativa de la biografiada.  Un empeño y un resultado excelso, impropio de estos tiempos de prisas y emborronados. Usa la autora una prosa ágil que el lector agradece y que al interesado en las “hazañas” de doña Emilia le resultará provechosa y le desvelará algunos secretos de la sin par condesa. Está editada cuidadosamente por Ediciones del Viento, lo que también es de agradecer si el lector no quiere dejarse los ojos en su lectura. Aunque no se garantiza que el espíritu de doña Emilia no se le aparezca al reticente caballero que dude de sus propuestas feministas y le diga, trasferido a la jerga actual: «Macho, bájate del burro».


EXCESIVA, arrolladora, un volcán en erupción serían epítetos apropiados para calificar la personalidad exuberante de doña Emilia Pardo Bazán. Una vida interior exagerada y una lucha por sus ideas feministas, reivindicativas de los derechos de la mujer que aquella sociedad masculina tan raquítica y misógina no entendía o no estaba dispuesta a permitir. Su existencia fue un combate constante contra una legión de laureados hipopótamos, literatos oscuros que no admitían que una señora pudiera ser más inteligente o escribir mejor que ellos, o que pensara más allá de las tareas “propias de su género”, sesudos académicos interesados en darse esplendor y excluirla de los cenáculos donde decidían quién era el catecúmeno aceptado. Incluso tuvo que lidiar contra la opresión de su confesor, un retromacho franciscano próximo a la inquisición moral que la recriminaría por abandonar a su marido exigiéndola la vuelta al himeneo. No le hizo caso doña Emilia que recibió, no obstante, el apoyo decisivo de su padre, José Pardo Bazán Mosquera, hacendado, alcalde de La Coruña y diputado a Cortes, hombre tolerante y abierto que le animó a fluir por sus deseos de libertad y de saber.   

            Vivió la historia agitada de un país en descomposición que se arrastraba imparable a la tragedia. Nació en 1851, en tiempos de la reina de los tristes destinos. Se casa con 16 años, uno antes de La Gloriosa. Verá el asesinato de Prim, el efímero reinado de Amadeo, “Macarronini I”, la república federal, el golpe de estado del general Pavía, la república unionista, el golpe de estado del general Martínez Campos que llevó a Restauración borbónica del joven Alfonso XII, la regencia de María Cristina, el desastre del 98, el regeneracionismo, el reinado degradante de Alfonso XIII y los ecos de la Gran Guerra que destruía Europa. Y tres magnicidios más, el de Cánovas del Castillo en 1897, el de Canalejas en 1912 y el de Dato en 1921, apenas dos meses antes de su fallecimiento.

Fue el suyo un matrimonio de conveniencia al que renunció impulsada por el afán de conocimiento que le hervía en su espíritu. Aunque la relación cordial con su marido, José Quiroga Pérez, se mantuvo hasta el final. Él le concedió todos los poderes legales que la permitieran disponer de su hacienda a su voluntad en busca de la cultura y de los libros que calmaran su sed de luz. Y ella le guardó luto tras su muerte, en 1912. Fue madre de tres hijos (el primogénito, Jaime, militar africanista, fue fusilado en Madrid, en 1936 por los chequistas) y a pesar de eso viajera incansable por media Europa, sobre todo por el París más cosmopolita e ilustrado, amiga de los grandes escritores del momento: Zola, Goncourt e incluso Víctor Hugo (con el que tuvo una sonora pero amistosa controversia) le reconocieron su ingenio. Aunque sufrió las críticas acerbas de los más próximos, sus paisanos de la España consuetudinaria: Clarín fue el abanderado de una persecución contra sus escritos a la que se sumaron Menéndez Pelayo, o Palacio Valdés, o después Pío Baroja. Hasta el final de sus días sufrió el ensañamiento de la machista y refinada intelectualidad.

Emilia Pardo Bazán pintada al pastel por Joaquín Vaamonde, 1896. El pintor falleció en su casa de Meirás en 1900, con 29 años, fue su protegido y posiblemente amante.

Ateneísta, editora de colecciones formativas para la mujer, crítica literaria, poetisa juvenil, ensayista, autora dramática, mantiene amistad y correspondencia a lo largo de toda su vida con Francisco Giner de los Ríos, su padre espiritual, y con los krausistas, aquellos para los que la ecuación mujer-saber no es tabú. Y es amante de grandes figuras del momento como fueron el periodista José Lázaro Galdiano o don Benito Pérez Galdós, su amor secreto. Doña Emilia fue la primera en asistir al velatorio del maestro, fallecido el 4 de enero de 1920 en su domicilio de la calle Hilarión Eslava de Madrid, no muy lejos del 27 de Princesa donde ella vivía.

 Siempre fue contraria al regionalismo, ya fuera político o literario, lo que le valió el rechazo de un buen número de galleguistas próximos a Rosalía de Castro, con la que apenas si se vieron. Y también fue carlista militante en su juventud, contrarrevolucionaria, ultraconservadora, partidaria de las guerras del Rif (fue la suegra del general Cavalcanti) y patriota convencida de que era necesaria una mano de hierro que repusiera el honor perdido en Cuba. Y que metiera en cintura a la nación sin rumbo y sin gobierno. Y a poco estuvo de verlo, murió dos meses antes del terrible Desastre de Annual. Y dos años antes del golpe de estado de Primo de Rivera.

Pues todo esto y mucho más se cuenta en la biografía “La luz en la batalla”.

Y al igual que el marqués de Bradomín, el hijo literario de su amigo Valle Inclán al que trató en el Ateneo, la condesa de Pardo Bazán era fea, católica y sentimental.

Enlaces relacionados:

Los amores asimétricos de Galdós

Centenario del fallecimiento de Galdós   

Monumento a Emilia Pardo Bazán en la C/ Princesa, Madrid, enfrente de donde vivió y falleció. Obra de Rafael Vela del Castillo, 1928.

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El matemático Puig Adam, el abuelo del punki y la memoria

18 jueves Nov 2021

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Teodosia Gandarias

La memoria, frágil latido que vuela con el tiempo sin dejar rastro. «El que no tiene memoria se hace una de papel» decía García Márquez, memorias de sus putas tristes que se abrazaban, viejas, al deseo tardío de las carnes jóvenes antes del final inexorable. Como nuestros seres queridos que permanecen vivos mientras les recordamos más allá del tiempo en que partieron.

«Estando yo un día en el Alcaná de Toledo, llegó un muchacho a vender unos cartapacios y papeles viejos a un sedero; y como yo soy aficionado a leer aunque sean los papeles rotos de las calles, llevado desta mi natural inclinación tomé un cartapacio de los que el muchacho vendía y vile con caracteres que conocí ser arábigos» cuenta Cide Hamete Benengeli, aquel apócrifo recolector de historias que se las ofrece al lector de Don Quijote rescatándolas del olvido y de la destrucción del tiempo y de la materia.

Eso hace Josefina Carabias con sus memorias de “Azaña. Los que le llamábamos don Manuel”, libro reeditado actualmente, éxito de ventas escrito hace ya cuarenta años de que ella trascribiera sus recuerdos de otros cuarenta años antes. Don Manuel, persona y personaje al que las circunstancias llevaron a la tragedia, a la laguna Estigia, condenado al Hades por Polifemo. Época terrible de enfrentamientos en la historia de este país que azotó a generaciones de perdedores y que Carabias narra con la perspicacia de su saber periodístico.

Y es sentimiento encendido, puro ardor amoroso el que doña Pardo Bazán trasmite en su epistolario con Pérez Galdós, gozo y desenfreno que ha llegado a nuestros días y que causa rubor al lector de ahora que curiosea sus íntimos deseos, sus memorias descubiertas 135 años después: «A mí no sé qué me parece la idea de estar sin ti, y tú, pobrecito, también sin mí te encontrarías muy mal… Pues bien: yo no quiero que me dejes. No; tú eres para mí. Para mí tus besos todos, todos».

Fermat apeló, en 1637, a la falta de espacio en su cuaderno para obviar la demostración de su conjetura: an≠bn+cn siempre que n>2.  Fueron necesarios 358 años para que Andrew Wiles la demostrara en 1995. Un paso atrás en la historia de la humanidad que se hubiera evitado con un poco más de papel, con un poco más de memoria. Quizás fuera demasiado corta para el porvenir de este país la vida de Pedro Puig Adam (1900-1960), matemático, ingeniero, músico, pintor y pedagogo iniciado en su saber a la sombra de la Junta de Ampliación de Estudios. Hombre de ciencia cultivado junto a Rey Pastor, junto a Blas Cabrera, que impartió su saber en las enseñanzas medias y universitarias, y que escribió infinidad de obras dirigidas a la divulgación de los números para los más jóvenes. Aún se puede disfrutar de su docencia repasando sus libros de geometría escritos para los aprendices, o de cálculo diferencial para los técnicos. En Getafe, un pueblo enorme de la periferia de Madrid famoso por ser la cuna de la aeronáutica, existe un instituto de enseñanza media que lleva su nombre, un homenaje a un tiempo de esplendor y de amor por el conocimiento.

Por ese instituto ejerció también de profesor Ezequías Blanco, enseñante de varias generaciones, poeta, cuentista redomado, facedor de triquiñuelas admirables, enredador lírico, descriptor de la única clase de monos que estornuda, abuelo de un punki y editor durante treinta años (1988-2018) de una revista literaria que recogía a los más y a lo más destacado del panorama de las letras y de las artes que se producía en España: Cuadernos del Matemático.  

«Cuadernos del Matemático era una revista de vanguardia a la antigua usanza; es decir, luchó por llevar a buen término proyectos y sueños, pretendió abordar críticamente la realidad de la creación en todos sus ámbitos, aunque, sobre todo, en el literario, en el poético, dando cabida en sus páginas a las tendencias creativas más diversas. Convivieron en ella esencias maduras y elixires jóvenes, sin más pretensión que la de mostrar, la de ser espejo de su presente. Por otra parte, fue un lujo literario en el que el rigor se asoció con la experimentación dentro de una presentación impecable».

De aquella aventura —porque conseguir financiación y patronazgo para la cultura es tarea heroica— se editaron 61 números. Cíclopes y lotófagos sucumbieron en sus intentos de arruinar el viaje de Cuadernos, pero las circunstancias económicas de los últimos tiempos hicieron que mantenerla fuera imposible. Ezequías puso punto final a la odisea a la que se entregó durante tantos inviernos tempestuosos, cruzó victorioso el Hades del desánimo y desembarcó en Ítaca impulsado por los vientos venturosos del Aqueronte. Se reencontró con Penélope en el parnaso.

Afortunadamente, esa labor recolectora de un tiempo y de las obras de los hombres no se ha perdido. Sus cartapacios no cayeron en el desván de la intemperie de un sedero. Los ha recogido el Museo de Getafe, impulsado por la Asociación de Amigos del mismo y ahora están al alcance de cualquier curioso que quiera revisarlos y extraer de ellos aquella constancia de tres décadas de clasificación letrada y plástica.

Están disponibles en la siguiente dirección:  https://museo.getafe.es/omeka/collections/show/58#.YYGNLkHkz1w.facebook

 Es necesaria la memoria escrita, mantener encendidos los rescoldos del gran incendio de la vida. Gracias a esos testimonios, a esos archivos abiertos sabemos de la inexpugnable conjetura de Fermat y su desentrañamiento por Wiles; del interés lector de Cide Hamete Benengeli; de los amores de doña Emilia y don Benito; de don Manuel, cubierto su ataúd en Montauban, Francia, con la bandera de México, madrastra España; de la geometría de Puig Adam; de los gustos literarios y artísticos de aquella irreverente post-transición. Gracias al papel sentimos la presencia de nuestros seres queridos en los altarcillos domésticos, sus fotografías, que disponemos en nuestros hogares. Las memorias de las cosas, de las personas siguen vivas mientras alguien les dispense el tributo de su consulta, de su mirada.

Último número de Cuadernos del Matemático, marzo de 2018

Enlaces relacionados:

Los caprichos de Ceres

Tierra de luz blanda

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Quema de brujas en Logroño

07 domingo Nov 2021

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Gabriel de Araceli

Para María (el agente JDR63)

Entre el 7 y el 10 de noviembre de 1610 se celebró en Logroño un auto de fe que llevó a la hoguera a cincuenta y tres personas, a cinco estatuas y a cinco esqueletos. Aquello concitó la presencia de más de treinta mil almas, que hasta de las Galias francesas llegaron miles, deseosas de oler la chamusquina de las carnes y de saber (esto era secundario) qué había pasado en la cueva de Zugarramurdi, en Navarra, donde los tratos con el maligno eran tan habituales entre la población (en todo el territorio vasco-navarro) como ahora lo es entregarse a la maledicencia de las redes sociales. No había otra diversión.

Auto de fe presidido por santo Domingo de Guzmán. Pedro de Berruguete, sobre 1499, anterior a los hechos que se narran. Museo del Prado.

Repasemos el momento histórico. Reinaba en la corte más grande del universo conocido Felipe III. Aunque el que llevaba el bastón de mando era su valido el duque de Lerma, don Francisco Gómez de Sandoval-Rojas y Borja, un… cómo decirlo: especulador, emprendedor, traficante de influencias, corrupto, sinvergüenza, embaucador, prevaricador, genocida y ladrón, que tenía al monarca agarrado por los… desde hacía tiempo inmemorial (Felipe II, el papá de FIII, había apartado de la influencia del de Lerma a su retoño, conocido por su estulticia y amor a la oración; pero cuando FII falleció, en 1598, don Francisco Gómez de Sandoval volvió a la jefatura del cargo y proyecto su rapiña sobre el tullido FIII).

El duque de Lerma es el hacedor, entre otros notables éxitos políticos, de la expulsión de los moriscos, entre 1609 y 1613, que dejó al campo de la nación exhausto, sin hortelanos que lo trabajaran, y sin comestibles ni para la corona ni para sus gentes. Pero que llenó sus bolsillos ducales de riquezas ilimitadas apropiándose de los territorios que los moriscos abandonaron por real orden. Aquellos apátridas terminaron masacrados en Argel por los piratas berberiscos, que querían apropiarse de las fabulosas riquezas que, imaginaban, portaban consigo los desterrados. No había tales réditos, sólo sangre, sudor y lágrimas lo que llevó consigo la población morisca al exilio. Sin embargo, el duque de Lerma sí consiguió una considerable fortuna apropiándose y comerciando con los campos de labor de los huidos. Y, sobre todo, trasladando la corte de Madrid a Valladolid en 1603, y devolviéndola a Madrid en 1609. ¡Un pelotazo!

El duque de Lerma pintado por Rubens, 1603. Museo del Prado.

Claro, que a cada cerdo le llega su san Martín. La reina doña Margarita de Austria, prima y esposa de FIII, y sobre todo más inteligente que el devoto monarca, sospechaba de las irregularidades empresariales del duque de Lerma, por lo que ayudada del intrigante confesor real fray Luis de Aliaga, nombrado para el cargo por el de Lerma (y en 1619 inquisidor real) consiguió que traicionara la confianza de este y le denunciara por corrupción y estafa continuada en los caudales públicos (la reina murió en 1611, con ¡26 años!). Es notorio y determinante considerar que, también, las riquezas que llegaban de las Américas menguaron considerablemente en 1604. No había pan para tanto chorizo. Así que en 1610 la reina y fray Luis de Aliaga elevaron una denuncia sobre el de Lerma que acabó con Rodrigo Calderón, el valido del valido y cooperador necesario en el fraude, ejecutado en la horca (en 1621), y con el de Lerma imputado. Y don Francisco Gómez de Sandoval abrazó, más si cabe, la fe del evangelio y consiguió que Roma le nombrara cardenal, con lo que, aquella púrpura le evitó el escarmiento público que le hubiera llevado al cadalso en la Plaza Mayor de Madrid. El populacho recitaba, estafado, aquella coplilla que ha llegado hasta nosotros, como cualquier otro meme o emoticón de esos que ahora bombardean las pantallas de los móviles: “Para no morir ahorcado, el mayor ladrón de España se viste de colorado”.

Leandro Fernández de Moratín, pintado por Goya en 1799. Museo de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid.

El caso es que, hace hoy 411 años, en Logroño era todo espectáculo y apuesta: que si a estos pocos les cae la hoguera, que a esos cientos la prisión perpetua y a aquellos receptos el destierro. Hete aquí que dos siglos después de aquellos sucesos diabólicos, hacia 1811, a don Leandro Fernández de Moratín le llegó aviso de que el impresor Juan de Mongastón imprimió en el año del señor de 1618 una exhaustiva relación del proceso acaecido en Logroño, que la tomó como suya y que de la cual escribió unas notas esclarecedoras de tanta oscuridad y nocturnidad que ahora resultan resucitadas en el libro “Quema de brujas en Logroño”, interesantes para todos aquellos que quieran recrearse con el conocimiento de la historia. Que ya lo hizo Alex de la Iglesia en su película “Las brujas de Zugarramurdi”, aquel relato mefistofélico que entre aquelarres y mistificaciones embrujaba a los espectadores.

Auto de fe en la Plaza Mayor de Madrid. Francisco Rici. 1683. Museo del Prado.

Sabido es que Leandro Fernández de Moratín (1760-1828) fue un adelantado intelectual, afrancesado y contrario a las letanías sacras, santerías y oscuridades eclesiales que opacaban la razón del siglo de las luces. En Pastrana, sus orígenes maternos, escribió una comedia que incitaba en las gentes a la reflexión sobre los casamientos que obligaban a las mujeres a aceptar un varón inconveniente y viejo (es decir, impotente) sólo por razón de conveniencia mercantil, un adelanto al tiempo en materia de feminismo: “El sí de las niñas”. Fue amigo de Goya y murió como él en el destierro. Don Francisco en Bordeaux, y don Leandro en París, el mismo año, 1828.

Leer las anotaciones festivas de esta crónica satánica y el teatro de Moratín es un placer en estos tiempos de prisas y trapisondas cibernéticas. Que todo se confunde y altera como si volviéramos a los estragos de la sinrazón, que parece que retornan los siglos de oscuridades a pesar de las pantallas móviles y la conexión permanente. Y aunque se reprueben las demoníacas sentencias que el Santo Oficio fallaba contra los acusados, muchos de ellos inocentes, que crepitaban entre estertores agónicos, las carnes cremadas por el fuego redentor (los condenados morían por la asfixia del humo, eso les libraba del horror de las llamas) no crean en los machos cabríos ni en las brujas ni en las meigas, porque haberlas las hay.

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Memento mori

31 domingo Oct 2021

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Fotos y frases de Terry Mangino

Al marinero bávaro Karl Schmidt le faltó un día para cumplir los 19 años. Su submarino U77 fue bombardeado por un avión Hudson inglés cerca de Cartagena, Murcia. Sus restos aparecieron días después en la playa. La mayoría de la tripulación yace en el fondo del mar. Cementerio Alemán Militar de Cuacos de Yuste, Cáceres.
Suzon Garrigues sólo quería divertirse aquella tarde del 13 de noviembre de 2015. Unos terroristas yihadistas la asesinaron en la Sala Bataclan, en París. Cementerio del Pere Lachaise, Paris.

12000 marines murieron el 6 de junio de 1944 en el desembarco de Normandía. Cementerio de Omaha Beach, Arromaches sur Mer, Normandía, Francia.

Jim Morrison era el cantante de The Doors. Murió en 1971 por una sobredosis de heroína en París. Tenía 27 años, como Pergolesi. Coppola le rinde homenaje en su película Apocalypse Now, en la que abre el film con un tema de The Doors. Cementerio del Pere Lachaise, París.
Alguien se acuerda aún de los soldados alemanes que participaron en la Batalla de Brunete y ha puesto unas flores en la lápida del cementerio de esa localidad madrileña.
  • Homenaje a los republicanos españoles que liberaron París. Cementerio del Pere Lachaise.
  • Placa en recuerdo a las 13 Rosas, fusiladas bajo el régimen de Franco. Cementerio Civil, Madrid.
  • Sepulcro de Marcelino Camacho, sindicalista. Cementerio Civil, Madrid.
  • Tumba de Théodore Géricaut. Cementerio del Pere Lachaise, París.
  • Monumento a La Fornarina, cupletista fallecida en 1915, a los 31 años. Obra de Mariano Benlliure, cementerio de San Isidro. Madrid.
  • Panteón de Rafael Leónidas Trujillo, el sanguinario dictador dominicano y de su hijo Ramfis. Mingorrubio, Madrid.
  • Quimera en el cementerio de San Isidro, Madrid.
  • Ante Pavelic, el dictador croata, falleció en Madrid en 1959. Cementerio de San Isidro. Madrid.
  • Tumba de Fulgencio Batista. Falleció en Marbella en 1973. Cementerio de San Isidro, Madrid.
  • Bajorrelieve en el Camino de Santiago, en Castrojeriz, Burgos.
  • Desconsuelo, obra de Joseph Llimona, 1907, Museo del Prado.
  • Arthur Byne fue el encargado de expoliar para William Randolph Hearst el monasterio de Sacramenia. Cementerio Inglés, Madrid.
  • Leonor Izquierdo falleció a los 18 años. Cementerio de Soria.
  • Tumba de Antonio Machado, Colliure, Francia.
  • Coquetería post mortem. Jesus Aguirre nació en 1934. Panteón de la Casa de Alba, Loeches.

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Rafael Alonso Solís, Premio Nacional de Fisiología Antonio Gallego 2021

30 sábado Oct 2021

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Gabriel de Araceli

Millón y medio de ejemplares vendía cada domingo el diario de referencia de España. La Associated Press y Reuter abrieron despachos en Madrid para informar al mundo de la situación política que aquí se vivía. Los directores de los periódicos influían más en la opinión pública que los secretarios generales de los partidos políticos. Al del PC, un zorro rojo que usaba peluca, el súper-policía Roberto Conesa, alumno juvenil de la Gestapo y doctorado en la CIA y ayudado de su fiel escudero Billy el Niño, le confesó, tras su detención —un rato en la DGS, en la Puerta del Sol—, que le preocupaban más los desórdenes que causaran los Guerrilleros de Cristo Rey que las protestas de los peceros por su arresto. Isidoro insistía en que «¡Hay que ser sosialihta anteh que marxihta!». Una revista ilustrada se marcó un éxito jamás soñado en la prensa mostrando en portada los pechos de Marisol, millones y millones de ejemplares vendidos que excitaban la libido (qué es eso) de los españolitos sin cultura sexual. Y el Butano y los transistores eran los reyes de la noche, bien retransmitiendo en directo el golpe de estado de Tejero, bien arremetiendo contra Pablo, Pablito, Pablete, el presidente del furbo español, español, español, antiguo falangista de pro. Sí, el periodismo era el rey del mambo de la Transición democrática.

Rafael Alonso Solís en Valsaín, Sierra del Guadarrama, donde se refugia del asedio de las raposas. Photo by Terry Mangino.

 Así que no es raro que un joven Rafael Alonso —no, no tiene nada que ver con el recordado actor—, licenciado en Medicina y Cirugía por la Complu, doctorado por la Universidad de La Laguna y con postgrados en el Massachusetts Institute of Technology —donde conoció a Hildy Johnson, redactor jefe de Sucesos del The Examiner— se inclinara por la aventura de escribir antes que por la fisiología neuronal. Rafael hizo su entrada triunfal como plumilla con un reportaje informando de los efectos de la colza sobre las barriadas, unas cuartillas que se las quitó de las manos Interviú, y que publicó a doble página justo después de las fotos atrevidas que llenaban de gozo el corazón de los lectores masculinos. Aquello fue el comienzo de una gran carrera periodística que continuó con exclusivas en Triunfo, en Hermano Lobo, en D16, en Mundo Obrero, en Claves de la Razón Práctica, en El Jueves, incluso le llamaron de Miguel Yuste 40 para encargarle las páginas de investigación sobre la situación sanitaria de aquel bichito malvado que tenía nombre, pero aún no tenía apellidos.

Afortunadamente, Rafa Alonso recobró la lucidez, bien porque maduró, bien porque se cruzó en su camino una señora, Dulce, chicharrera experta en la razón de Descartes que le dijo: ¡Tú, pa mí! Y Rafa encaminó su devenir por los senderos de la ciencia, volvió a la universidad y a Cajal y enfocó su existencia en la enseñanza a las generaciones sucesivas interesadas en los secretos de la Fisiología. Y aunque nunca abandonó el vicio de publicar crónicas negras en periódicos y escribir novelas llenas de crímenes sangrientos, crónicas presocráticas, pensamientos kantianos y ensayos por peteneras fue su faro la transmisión de conocimientos a los jóvenes, y el estudio de la fisiología su preocupación primaria, por más que alguna linda raposa le devolviera al lado oscuro del crimen literario.

Así que no es de extrañar que a Rafael Alonso, catedrático de Fisiología y profesor emérito de la Universidad de La Laguna, la Asamblea General de la Sociedad Española de Ciencias Fisiológicas (SECF), en su sesión del mes de octubre, le haya concedido el Premio Nacional de Fisiología Antonio Gallego 2021.

Todos nos alegramos por este premio fisiológico y médico tan merecido a don Rafael Alonso Solís, aunque sabemos que guarda en la cintura una chaira para coadyuvar las acometidas que las zorras literarias y el periodismo inoculan en su ser de novelista.

Enlaces relacionados

El canto de la raposa

La vacuidad de la monarquía

España y su ciencia

Évame si me transito

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VIAJE POR TIERRAS DE CASTILLA (Y CANTABRIA)

05 martes Oct 2021

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Teodosia Gandarias


PASCUAL IZQUIERDO nació en Castilla y a ella ha dedicado o de ella le viene su poesía. Hombre inquieto y andariego entre las mieses y los retablos burgaleses, alfanhuí sobre dos ruedas, ingenioso con las palabras, las llena de belleza y de ellas se sirve para alzar bóvedas de albas, trazar catedrales de ocasos y pétalos o pentagramas de luces bermejas. También es crítico literario y alguna generación se educó en el rigor de sus anotaciones que acompañaban los libros de don Benito Pérez Galdós o de Gustavo Adolfo. Sus letras han ganado tantos premios que su casa parece la sala de trofeos de un ciclista campeón, pero él prefiere beber un vino en copa de vidrio antes que adentrarse por los oropeles de los bajíos traidores del mundanal ruido.

Viajero, guía de los senderos castellanos, poeta, crítico literario, ingeniero aeroespacial y experto en prosas y en caldos de la Ribera del Duero Pascual Izquierdo pertenece a esa saga de escritores forjados en la fragua del amor a las letras y a los libros.  Como tal, acaba de terminar un texto de caminantes en el que glosa la tierra épica que le vio nacer, arcillas y espadañas, campanarios y retablos, barbechos y rocíos, adanes y evas, capiteles y emociones, blasones y monasterios se dan cita en sus páginas. Es un libro de prosa mayúscula, refinada, destilada en el alambique de los chopos, de los páramos y de las pedaladas épicas por campos infinitos de cereales y vides: VIAJE POR TIERRAS DE CASTILLA (Y CANTABRIA).

SANTIAGO IZQUIERDO se detiene en el zaguán de un claustro, o de una alameda de sombras crepusculares y con sus pinceles retrata el aire, las viñas, los campos de trigo o de vides rebosantes de frutos y de colores. Después cabalga en su bicicleta de acero de dos arrobas y pedalea hasta el atardecer para llenar sus cuadernos de luces y de pigmentos mientras lee a Machado o a Rubén Darío.

También es músico y cuando el sol se pone entre los cipreses y la hierbabuena sube hasta el órgano de la iglesia de su pueblo para deleitar a los oyentes con una fuga de Juan Sebastián Bach o una tocata del maestro Tomás Luis de Victoria.

Son suyas las ilustraciones de VIAJE POR TIERRAS DE CASTILLA (Y CANTABRIA).


VIAJE POR TIERRAS DE CASTILLA (Y CANTABRIA) se presenta en Burgos el 7 de octubre, a las 19:00, en la Sala Polisón. Está editado por Oportet Editores



Enlaces de interés:

Entrevista a Pascual Izquierdo en El Correo de Burgos

Comentario de textos

El telero

El blog de Alfredo Fernández Alameda

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La aristocracia y el pueblo: maratón de Madrid 2021

26 domingo Sep 2021

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Gabriel de Araceli y Terry Mangino. Domingo 26 de septiembre de 2021

Angelitos bellos, querubines negras que vuelan sobre el asfalto, levitando sobre las punteras como bailarines en un minueto de cancanes, hematocrito y sudor. Vistos apenas, quizás presentidos como efímeras sombras que se deslizan acompasando aplausos y admiración. Una exhalación, un zumbido de abeja libando lirios y rosas tardías del otoño de Madrid. Etéreos torsos de piernas infinitas esculpidos en ébano barnizado de seda de marfil. Zancadas sin dejar huella como cigüeñas que aletearan sobre un cielo de kilómetros fundidos a sus pies, a sus alas. Esa elegancia de los serafines del altiplano africano. La maratón, la aristocracia del atletismo.

El barquero Caronte aguarda en la laguna Estigia (entre los km 27,6 y 33 lago de la Casa de Campo) para llevar las almas de los atletas al inframundo del Hades, la derrota, o a los Campos Elíseos, la victoria sobre sí mismos.

Y allá lejos, inmensamente detrás de los arcángeles, una legión de congestionados proletarios zapatea con rigor el pavor del camino largo, eterno y áspero. Una promesa quizás, un reto, una agonía prolongada, un deseo o la necesidad de demostrarse capaces. Aunque el cansancio infinito perfore los cuerpos, aunque el dolor se adueñe de ellos, aunque flaqueen las fuerzas y la voluntad se resista a soportar el castigo, son los náufragos golpeados por la tempestad, los embates de cada kilómetro les susurran a los oídos el canto perverso de las sirenas: ¡No llegarás, no llegarás! Y en una curva del camino, a lo lejos, como el faro que alerta del buen rumbo aparece la salvación, el refugio, el puerto. Filípides aguarda en la meta para llenar de laureles la cabeza de los vencedores. El pueblo. ¡Alegraos, vencimos!  

Enlaces relacionados:

17 Keniatas y un blanquito

Angelitos negros

Maratón de Madrid 2017

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Vuelve la Feria del Libro del Retiro

09 jueves Sep 2021

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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DESOCUPADO LECTOR, sin juramento me podrás creer que quisiera que esta Feria del Libro que nuevamente vuelve a Madrid fuera el más hermoso, el más gallardo y el más discreto momento para retornar a las lecturas de volúmenes y cartapacios y a las ensoñaciones, aventuras y recreaciones que nos regalan las páginas pergeñadas de los libros. Singulares han sido los coloquios y momentos de placer que nos han proporcionado y es menester regresar a ellas como se vuelve a la amistad de un amigo al que hace tiempo que no vemos.

No han podido los virus malandrines desbaratar nuestros deseos de leer y henos aquí dispuestos a reconquistar la ínsula Barataria de los renglones y la república de las letras, mal que le pese al gigante Briareo de la desidia y al sabio Frestón de la ignorancia, que no han hecho, a pesar de sus malas artes y encantamientos, sino aumentar el deseo de imbuirnos en las páginas llenas de garabatos y de grabados que conforman los libros.

Yo no quiero encarecerte el servicio que nos hará tu conversación y tu visita en estos días de la próxima feria, pero quiero agradecerte la confianza que nos depositas eligiendo alguno de esa caterva de libros vanos que torpemente hemos escrito aun con todo nuestro entendimiento y saber. Así que esperamos tu presencia, tus palabras y tus confianzas en el parque de El Retiro entre los próximos 10 y 26 de septiembre. Y con esto Dios te dé salud y a mí no olvide. Vale.

Enlace relacionado

PATAGONIA, Premio de Novela Ciudad de Salamanca, 2018

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