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Gabriel de Araceli

     La Junta de Ampliación de Estudios (JAE), creada en 1907 fue dirigida por Santiago Ramón y Cajal desde esa fecha hasta su fallecimiento, en 1934. La JAE se inspiraba en la Institución Libre de Enseñanza (ILE), que Francisco Giner de los Ríos, a su vez inspirado en las ideas educadoras del krausismo, había desarrollado para favorecer un modelo de enseñanza basado en la libertad de cátedra, ajeno a dogmas religiosos, políticos o morales.  Adheridos a la ILE, o tal vez apasionados de la misma hubo toda una pléyade de pensadores y formadores empeñados en la renovación pedagógica a lo largo del siglo XIX y bien entrado el XX. Entre ellos personalidades tan notables como Nicolás Salmerón, Teodoro Sainz Rueda, Gumersindo de Azcárate… [La lista de notables pensadores que a caballo entre los dos siglos expusieron sus tesis y aportaron su esfuerzo para crear la ILE es muy extensa y supera con creces el propósito de este artículo. Quede su estudio para el interesado.]

    La Institución Libre de Enseñanza supuso un despertar en las enseñanzas en España. La JAE recogió su ideario, renovó el panorama científico español, acercándolo a los países europeos del entorno, principalmente Alemania, Francia, Inglaterra, etc., las potencias que en ese momento marcaban el avance en la investigación y el conocimiento. De la JAE son frutos Ángel Cabrera Latorre, Blas Cabrera o Juan Negrín o Severo Ochoa o Ignacio Bolívar o Américo Castro o Pío del Río Hortega o Julio Rey Pastor o María de Maeztu, por citar sólo algunos nombres de la extensa nómina de científicos, pensadores e intelectuales que desfilaron bajo su paraguas.

   En 1918, la JAE, decidida a mejorar la educación en España, crea el Instituto Escuela, cuya primera sede estuvo en la C/ Miguel Ángel, en lo que ahora es el Instituto Internacional. Era un centro educativo elitista, donde estudiaban los hijos de las clases culturalmente elevadas, los retoños de la burguesía liberal, que practicaba una docencia muy diferente de la que impartían los colegios religiosos de la época, que casi ostentaban el monopolio de la enseñanza. Recordemos que nos encontramos en un momento delicado del reinado de Alfonso XIII, inmerso en las guerras africanas, el final de la Gran Guerra europea, el caciquismo, el borboneo politiquil, el descrédito y el rechazo social que dará lugar, el 13 de septiembre de 1923, al golpe de estado de Primo de Rivera.

     El éxito del Instituto Escuela fue enorme. El patronato que lo dirigía junto con la JAE deciden ampliarlo y trasladarlo a una nueva sede. Será en 1920, en los Altos del Hipódromo, al lado de donde funciona ya la Residencia de Estudiantes (sí, habitada por Buñuel, Lorca, Dalí, Pepín Bello, Bacarisse, Luis Calandre, etc., etc., etc.), detrás del actual Museo de Ciencias Naturales y la Escuela de Ingenieros Industriales. El Instituto se desdobla en dos centros, masculino y femenino. Aunque quizás para mitigar esta contradicción, esa incoherencia de eliminar la coeducación se nombra a María de Maeztu directora de la Residencia de Señoritas, la equivalente femenina a la residencia masculina. Y con posterioridad, será María directora del Lyceum Club Femenino, una selecta sociedad (Zenobia Camprubí, Victoria Kent, Ernestina de Champourcí, Elena Fortún, Clara Campoamor, María Teresa León, etc., estaban entre sus socias) que entre muchos otros actos acogió en sus salones, en enero de 1930, una conferencia de Alfonsina Storni (no es cierto que se suicidara adentrándose en el mar. Sí lo hizo lanzándose al mar desde un barco en Letonia Ángel Ganivet), a la que el fascista César González Ruano asedió durante su presencia en Madrid, no necesariamente con fines educativos.

El Instituto Escuela, sobre 1930, en la Colina de los Chopos

   Y es a dos arquitectos salidos del espíritu de la JAE a los que se les encomienda la construcción del nuevo edificio que albergará el Instituto Escuela: Carlos Arniches Moltó (hijo del comediógrafo) y Martín Domínguez Esteban. La colaboración entre ambos arquitectos dará lugar a importantes edificios en la Colina de los Chopos (Juan Ramón Jiménez tituló así un libro de poesía), ese lugar emblemático en el panorama intelectual, artístico y científico del primer tercio del siglo XX. Uno de ellos será el Instituto Escuela, lo que ahora es el Instituto Ramiro de Maeztu. Después, la larga noche del nacional-franquismo enmudeció la renovación pedagógica y sumergió en las tinieblas los ideales de varias generaciones empeñadas en el progreso. Para mitigar el desastre, el régimen salido de la guerra creó en 1940 el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, huérfano de aquellos cerebros que emprendieron el exilio.

    La Guerra Civil interrumpió la labor arquitectónica de Carlos Arniches y Martín Domínguez, creadores entre muchas obras del Hipódromo de la Zarzuela. Martín Domínguez sufrió dos exilios. Perseguido por sus simpatías republicanas se vio obligado a marchar a Cuba en 1936. Y posteriormente, la revolución de los barbudos también le obligó a refugiarse en USA, en 1960. Un calvario.

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Martín Domínguez con su mujer, Josefina Ruz, y su hijo en el Estado de Nueva York, en la década de los 60.

La Fundación ICO dedica a ambos arquitectos una exposición en su sede de la C/Zorrilla, detrás del Congreso de los Diputados, donde se exponen maquetas, proyectos, planos, dibujos y fotografías de las obras que firmaron conjuntamente y del tiempo que les tocó vivir. Estará abierta hasta el 21 de enero. Una reflexión sobre la educación, la historia, la vida y la arquitectura.

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Excepcionales arquitectos madrileños: la Generación del 25

Textos y fotos de Gabriel de Araceli

El actual Teatro Barceló, en la C/ Larra, 2, es obra de Luis Gutiérrez Soto, uno de los arquitectos más prolíficos del siglo XX que llenó de obras Madrid. Su catálogo de construcciones es interminable, desde el Cine Callao hasta las Galerías Preciados, actual FNAC, la Torre del Retiro pasando por el Ministerio del Aire, en Moncloa. Permanecer leal al régimen rebelde durante la contienda civil (después vencedor) le supuso a Gutiérrez Soto trabajar sin descanso. Rien à dire.

El antiguo Cine Bilbao, en la C/ Fuencarral, obra de José de Azpiroz Azpiroz.

Las Galerías Piquer (1952) de José de Azpiroz Azpiroz, en El Rastro Madrileño. La obra arquitectónica de Azpiroz en Madrid es tan amplia como interesante.

El antiguo edificio del diario Nuevo Mundo, en la Calle Larra 12, Madrid, es obra de Antonio Álvarez Redondo (1915). Carlos Arniches y Martín Domínguez hicieron unas modificaciones en él en 1932.

 

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Manuel Muñoz Monasterio es autor del edificio sito en Fuencarral 77, ahora cerrado. Fue el arquitecto del primer Estadio Bernabeu.

 

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La Telefónica es obra de Ignacio de Cárdenas Pastor (1898-1979), que permaneció varios años en Nueva York trabajando con Louis S. Weeks, arquitecto de la ITT, la propietaria de la Telefónica. Se inauguró en 1929 y fue por unos meses el rascacielos más alto de Europa, mide 89 m. Cárdenas es de la misma generación que Carlos Arniches, Martín Domínguez, Gutiérrez Soto, Muñoz Monasterio o José de Azpiroz, arquitectos que llenaron Madrid de obras de arte. Mientras que el general Franco bombardeaba la Gran Vía durante la Guerra Civil, Cárdenas Pastor permanecía leal a la República y tomaba notas de los muertos que los obuses Schneider 155, que Franco disparaba desde el Cerro Garabitas, causaban entre la población civil. También de los desperfectos en su edificio, lo que le supuso a Ignacio Cárdenas Pastor el exilio al acabar la guerra.

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