Mohamed Ali también fue boxeador. En los 70 se estaba produciendo en todo occidente una revolución inesperada. Comenzaron los barbudos allá por el lejano 1959. Cuba dejó de pronto de ser el lupanar de la mafia USA y los comandantes verde-oliva inundaron Sudamérica de socialismo y se alinearon con el enemigo ruso contra las plutocracias que sangraban el  destino de Bolivia, Paraguay, Uruguay, Brasil, etc. La guerra del Vietnam había desencadenado las protestas de una juventud que se negaba a disparar contra los amarillos. Make love not war  gritaban unos melenudos que follaban en el festival de Woodstock; a Jimmy Hendrix le estallaba la heroína mientras tocaba su Stratocaster y la Beaute est dans la rue decían los amiguetes de Cohn-Bendit y de Sartre mientras tiraban ladrillos a los CRS en mayo del 68. Unos meses después,black_panter_web en México 68, los atletas negros ganadores en el 200, Tommie Smith y John Carlos, empuñaban en un gesto insólito el saludo del Black Power en señal de protesta por el trato que en su país, USA, recibían los negros. Y una profesora marxista y negra, Angela Davis, era acusada de asesinato por enaltecer al Black Panther Party. Para colmo, Salvador Allende ganó la presidencia de Chile en 1970 y la OPEP se marcó en 1973 una subida del petróleo que dejó en pelotas a las economías del primer mundo. Una tormenta inesperada que trajo de cabeza a los gobiernos “democráticos”. El mundo se había vuelto loco. De pronto se rompía el esquema conservador-burgués salido del triunfo en la 2ª Guerra Mundial.

Mientras tanto, en un lugar remoto de la Vía Láctea, en España, no pasaba nada. Ni el contubernio de Múnich del 62, ni la ejecución de Julián Grimau en el 63, ni las expulsiones en 1965 de los catedráticos Aranguren, Tierno Galván y García Calvo, entre otros, ni el estado de excepción de 1969, ni la irrupción de ETA, ni las protestas y huelgas de ese año movilizaron al Movimiento ni un milímetro, porque en Londres habíamos vencido a la Pérfida Albión. Massiel ganó Eurovisión en 1968.

Mohamed Alí también fue boxeador. En USA la violencia contra los negros había llegado a tal extremo que el presidente Kennedy tuvo que intervenir en 1963 mandando al ejército a Alabamausa_60_web y enfrentándose al gobernador Wallace, un racista declarado, para que dos estudiantes colored pudieran matricularse en su universidad. Eso entre otras cosas le costó la vida a JFK en 1963, al activista Malcom X en febrero de 1965, tres  años más tarde a Martin Luther King y dos meses después de King a Robert Kennedy.

En aquel clima de terror que sufrían los negros nació en 1942 un muchachote fuerte e inconformista, en Louisville, una ciudad en la que la violencia racial era algo cotidiano. El boxeo era una de las pocas salidas que se ofrecía a los negros y el impresionante físico de Cassius Marcellus Clay le sirvió al “Louisville Lip”  para alzarse con apenas dieciocho años en campeón olímpico en los juegos de Roma, en 1960. Su carrera profesional brilló a partir del asesoramiento que le prestó otro mítico preparador de boxeo, Angelo Dundee, con el que conquistó su primer campeonato del mundo profesional. Era 1964 y el rival Sonny Liston, al que Alí derribó en el séptimo asalto. En 1966 se negó a incorporarse a filas y aquella oposición a la guerra de Vietnam le valió la retirada de su título de campeón mundial y erigirse en portavoz de una muchedumbre que rechazaba la violencia contra el pequeño país asiático. Fue el estandarte de la población negra en la lucha por sus derechos sociales, y asimismo el abanderado de la protesta de una sociedad que reclamaba más justicia y más libertades.

El Tribunal Supremo de su país le dio la razón en su recurso por su objeción de conciencia y pudo recuperar su licencia de boxeador en 1971. Tras su vuelta protagonizó en 1974 un histórico combate contra Georges Foreman en Kinshasa, Congo, donde recuperó su título de campeón del mundo. Alí estaba recibiendo una fenomenal paliza aquel 30 de octubre por parte de Foreman, sin embargo, en el octavo asalto reaccionó y destrozó a su rival con certeros golpes que le noquearon mientras la multitud exaltada gritaba ¡Alí bomaye, Alí bomaye, Ali bomaye!

¡Alí, mátalo!, le gritaban por las calles cuando Alí se desplazaba en improvisadas carreras por los barrios inhóspitos de Kinshasa preparando el combate, rodeado por una multitud de seguidores. Aquella pelea mítica atrajo la atención de los medios de comunicación internacional, hasta tal punto que el sanguinario dictador, Mobutu Sese Seco, tuvo que esconderse previendo su derrocamiento, algo que no sucedió hasta 1997. El grotesco Mobutu permaneció 32 años en su trono zaireño, sometiendo a la población de su país a un horrible holocausto y expolio comparables al terror nazi.

Mural con la imagen de Mohamed Alí en Falls Road, barrio católico de Belfast. La foto está tomada en abril de 2014.

Con posterioridad, Mohamed Alí mantuvo su carrera hasta 1981 y aún se enfrentó en singulares combates contra Joe Frazier o Ken Norton, en los que su verborrea arrogante y su personalidad extrovertida le predisponían a la victoria que firmaba con la contundencia de sus guantes en el ring. Su habilidad de bailarín, impropia de un peso pesado y su heterodoxo estilo le valieron las críticas o las alabanzas de la afición, pero todos coinciden en señalar a Mohamed Alí como uno de los más grandes deportistas del siglo XX y un símbolo en la lucha por los derechos sociales y libertades de la población negra en USA. En su carrera peleó 61 combates, con 56 victorias, 39 por NKO. Ya retirado recibió el reconocimiento de su país y los honores reservados a los héroes. Naciones Unidas le nombró embajador de buena voluntad. Fue abanderado de USA en los juegos olímpicos de Atlanta, en 1996. El presidente Georges Busch le entregó la medalla del Congreso. Nelson Mandela le recibió en 1997. Pero sobre todas esas condecoraciones queda el recuerdo de un luchador incansable por la justicia social y los derechos y libertades de las clases oprimidas y un estandarte universal en la denuncia de los abusos cometidos contra las poblaciones desfavorecidas. Durante treinta años mantuvo otra pelea contra la enfermedad de Parkinson, que le golpeó duramente. Y contra su propia ex-esposa y familia, que trataron de apropiarse de su fortuna de cualquier manera. Su deteriorada salud  le llevó a una septicemia, de la que falleció el pasado 4 de junio, tenía 74 años. Sí, Mohamed Alí también fue hasta el final boxeador. Descanse en paz.

Gabriel de Araceli

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