Carmelita Flórez

Nunca ha sido fácil ser mujer artista en España. Y menos en aquellos tiempos difíciles en los que le tocó vivir a Carmen Gal Orendain, nacida en Irún en 1919. Menchu ingresa con 15 años, 1934, en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, y reside en la Residencia de Señoritas, que dirigía María de Maeztu. Un centro de formación donde la mujer es protagonista pero que no pudo sobrevivir a los terribles acontecimientos que se declararían en julio del 36. Menchu Gal tuvo que refugiarse con su familia en Francia, donde también le tocaría vivir la terrible experiencia bélica que se declara en 1939. Acontecimientos, que, sin embargo, no influyeron dramáticamente en su visión artística, siempre modelada por el color y la alegría.

Menchu Gal en su estudio de Madrid, a comienzo de los años 40.

Menchu Gal es de la generación anterior a Isabel Quintanilla, Amalia Avia o María Moreno, todas ellas grandes pintoras que tuvieron que subordinar su faceta artística a su condición femenina. En 1945, Menchu regresó a Madrid donde tuvo el privilegio de conocer casi al final de sus días a Gutiérrez Solana. Y la obra de aquella fascinante generación de pintores de la escuela madrileña: Benjamín Palencia, Rafael Zabaleta o Díaz Caneja. Más tarde, en los años setenta, formó parte del grupo de artistas que en el País Vasco buscaban nuevas formas de expresión como Eduardo Chillida, Jorge Oteiza, Luis Vallet o Gaspar Montes Iturrioz.

Menchu Gal en Fuenterrabía en los años setenta, con Gaspar Montes Iturrioz, Benjamín Palencia, Eduardo Chillida, Luis Vallet, Manolo Monte y Jorge Oteiza.

Sus paisajes coloridos de su tierra natal y de la Castilla interior muestran esa faceta de observación minuciosa y tratamiento creativo reservado a los más grandes. Fue también una excelente retratista.

Retrato del pintor José Vela Zaneti, 1977.

En la galería del Espacio Cultural Serrería Belga, en Madrid, se expone una interesante muestra de su obra que recoge las inquietudes pictóricas de una artista poco conocida, pero de indudable valor. Todo un descubrimiento de una gran pintora que emociona, sorprende y cautiva por su arte. Vayan a verla, la disfrutarán.

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