Doña Emilia escribe a don Benito

La correspondencia que la condesa de Pardo Bazán envía a don Benito Pérez Galdós

Teodosia Gandarias

ESOS AMORES TORMENTOSOS que embargan el corazón, o la razón, de los humanos. Que ni están ni se les esperan y aparecen cuando el deseo ya se ha debilitado, o cuando nos creíamos inmunes y a salvo de cualquier jugarreta de los guiños y melindres de los geniecillos del amor, porque a nuestra edad ya hemos saboreado todas las mieles de Cupido y el intelecto mira a Eros con altivez, despreciando sus tentaciones empalagosas, amparándose en la experiencia acumulada.

«Sí, sí, que te crees tú eso», le dijo Venus a doña Emilia cuando, a los treinta y un años, un señor nueve años mayor que ella se cruzó en su camino.

Emilia Pardo Bazán pintada al pastel por Joaquín Vaamonde, 1896. El pintor falleció en su casa de Meirás en 1900, con 29 años, fue su protegido y posiblemente amante.

Doña Emilia, condesa de Pardo Bazán (1853-1921), una aristócrata con bienes materiales suficientes, casada a los dieciséis años con un hombre liberal y abierto a sus deseos, tres años mayor que ella, José Quiroga, disfrutaba de una autonomía económica e independencia personal que le permitía codearse y cartearse con la crema de la intelectualidad y literaria, no sólo gallega, sino con la más selecta y leída de la capital del reino de Alfonso XII, monarca “espurio” de dudosa paternidad, que reinó de 1874 a 1886 tras la Restauración borbónica. La revolución de la Gloriosa, encabezada por Prim, expulsó a los Borbones por segunda vez de septiembre de 1868 a diciembre de 1874.

Corría el año 1885, doña Emilia, viajera incansable por Europa, tenía tres hijos de corta edad, un matrimonio estable y un marido abierto a sus deseos. Había iniciado un camino literario que traspasaba el reducido círculo gallego que la vio nacer. Se carteaba con José María de Pereda. Leopoldo Alas, alias Clarín, había escrito, antes de transformarse en un reacio enemigo de su obra, alguna reseña favorable a sus escritos. Y su recopilación de ensayos, “La cuestión palpitante”, supuso una innovación en la crítica literaria y una ruptura con el modernismo romántico, ya decadente. Doña Emilia era, ¿cómo decirlo?, una reina regional de la escritura que escribía en la lengua de Cervantes como alejándose del reducido y aldeano localismo que la vio nacer. Pasaba largas temporadas en Madrid. Era una mujer con dinero, independiente y trasgresora para la inteligencia misógina masculina a la que empezaba a molestar su contundencia femenina. Una mujer de peso, no sólo en las letras.

Y entonces, llegó Galdós.  

Don Benito (Las Palmas,1843-Madrid,1920) era, 1884, un reconocido y admirado escritor. Había ya publicado las dos primeras series de los Episodios Nacionales, las conducidas por Gabriel de Araceli y Salvador Monsalud. Dos de sus Novelas españolas contemporáneas, “Tormento” y “La de Bringas”, suponían una introspección profunda en las interioridades humanas de la sociedad alfonsina, un examen de entomólogo en las costumbres decadentes de las bocas cortesanas agradecidas, la sociedad madrileña desnuda. Además, don Benito resultaba un hombre muy atractivo para las mujeres y cultivaba secretamente su intimidad ocultando su vida privada. Razones más que suficientes para que aquel volcán galaico quedara prendado de la virilidad desatada del hombre y escritor, lo viera y dijera, en castellano para sí: «Este, para mí».

Monumento a Emilia Pardo Bazán en la calle Princesa, de Madrid, muy cerca donde tuvo su última residencia.

«Soy de los primeros y más vehementes admiradores de sus escritos», le dice galante Galdós a doña Emilia en una primera carta de 1884. A lo que la Bazán responde en mayo de ese año: «Las pocas veces que veo la letra de V. son para mí días de fiesta». Ambos sospechaban que era el comienzo de una gran amistad. Algo más, sí.

Primavera de 1887. Lo que empezó siendo una relación “profesional” de escritores avanzaba en términos muy cariñosos, existe entre ellos una amitié amoureuse:

«…la verdad es que aún no me he dado una mano de charlar con V., y lo estoy soñando como una chica de quince años sueña con una temporada de división y bailoteo…»,

le escribe la Bazán en el otoño de 1887 a su amigo, hospedada durante dos meses en Madrid, en un hostal de la Plaza de Santa Ana, 31, mientras preparaba unas conferencias en el Ateneo (sito entonces en la calle Montera).

Verano de 1888, doña Emilia, a instancias de Narcís Oller, intelectual catalán, visita la Exposición Internacional de Barcelona. Allí conoce a José Lázaro Galdiano. Sí, el del museo. Con el que, además de promocionar su proyecto de revista literaria “La España moderna”, tiene un idilio repentino que continuará semanas después en Oporto.

Ya se sabe, son cosas de las relaciones fluctuantes que en alas del amor mantienen el hombre y la mujer: «Y yo acordándome de V. a cada rato, y deseando verle, como si no nos hubiésemos separado nunca», le escribe días después doña Emilia. En el otoño de 1888 el lugar de cita con don Benito es en la Ronda de Atocha esquina con el Paseo de Santa María de la Cabeza, en Madrid. Galdós mantenía una relación de varios años con Lorenza Cobián*, mujer de notable belleza que era modelo del pintor Emilio Sala.

«Eras mi felicidad y tuve miedo a quedarme sin ella». Le escribe cuando se traslada a La Coruña, él a Santander, idas y venidas de La Coruña a Madrid.

«Amigo del alma, ante todo no llames caridad a lo que es acendrada ternura… podré desahogar un poco el corazón rogándote que no pierdas enteramente el cariño a la que te lo profesa santo y eterno… Haz por comer y no fumes mucho»,

le escribe a su amante desde Madrid el 26 de febrero de 1889.

«Por Dios, no me quites ese afecto que necesito y que acaso necesitaré más cada día que pase… No me quieras mal, que te quiero mucho», le escribe tan sólo dos días después.

Y el 13 de marzo le escribe desde Madrid:

«Creo que hace un siglo que no le veo, ni oigo su voz tan querida, ni comunico con ese espíritu que había llegado a ser como la mitad del mío propio: siento un vacío muy grande… Sería para mí una alegría tan grande encontrarle a V. en la calle por casualidad; tenga por cierto que le pararía y que me daría el gustazo de verle a V, siquiera diez minutos…

¡Qué ganas tengo de verle!

Hace un siglo.

Un beso en la mano»

«Su amiga que le quiere mucho, mucho, mucho», le escribe desde Madrid el 28 de marzo de 1889. Para continuar desde La Coruña en abril: «Mi siempre amado (siempre amado) ¡tu cartita me da un rato más bueno! …Te muerdo un carrillito y te doy muchos besos por ahí, en la frente y en el pelo y en la boca. Gracias por tus bondades todas y no me destierres al fin de ese corazón mío».

 Y ya doña Emilia se desborda desde La Coruña el 13 de abril de 1889:

«Te quiero, te abrazo, y pido a Dios que estés hecho una torre de fuerte, aunque sin ti haya en esa torre dueñas libertinas y suspironas doncellas. Te como un pedazo de mejilla y una guía del bigote. Envía el retratito, mono.

Un beso por él».

«Este pícaro que no me concede sino tres o cuatro horas, entonces me dará por fuerza el día todo. Y la noche también. Dormiremos juntitos y pasaremos las horas de la mañana, esas horas tan íntimas, en brazos el uno del otro».

Doña Emilia a don Benito.  Primavera de 1889, vísperas del viaje de ambos a París.

Y sigue la pasión ciega desde La Coruña una semana después:

«Ya sabes que te doy mucho, mucho, mucho del alma, mucho de todo. Sostenme y consuélame, porque lo gracioso es que me hace falta un consuelito tuyo. Ratoncito, adiós, no me quieras mal».

O desde París, en una de sus frecuentes visitas, 18 de junio de 1889:

«Adiós, miquiño. Escríbeme volando. Estos franchutes me empalagan. ¿Te acuerdas de mí? Un besito en la sien en el pelo, si la Peluda* (vaya de pelos) no ha profanado ese palacio de tu hermosa cabeza inteligente.

Ya sabes que te quiero mucho.

Tu Porcia.»

«…estaré de cinco a cinco y media en Palma Street [Calle de la Palma, en el barrio de Malasaña, de Madrid, refugio secreto de los amantes], junto a la Iglesia de las Maravillas… Es necesario que nos veamos, y además lo deseo mucho». Julio de 1889.

«Triste, muy triste… como diría un orador de la mayoría, me quedé al separarme de ti, amado compañero, dulce vidiña.

Peinetita.

Que te besa un millón de veces el pelo, los ojos, la boca y el pescuezo»,

 le escribe el 28 de septiembre de 1889 desde París, tras separarse del viaje que realizan ambos a la exposición universal con motivo de la inauguración de la Tour Eiffel. Curiosamente, un joven veinteañero, Miguel de Unamuno, había realizado un viaje iniciático unos meses antes con un itinerario similar. No coincidieron. Tampoco se conocían.

«…Sí, yo me acuesto contigo y me acostaré siempre, y si es para algo execrable, bien, muy bien, sabe a gloria, y si no, también muy bien, siempre será una felicidad inmensa, que contigo y sólo contigo se puede saborear, porque tienes la gracia del mundo y me gustas más que ningún libro». Doña Emilia a Galdós en su viaje a París, octubre de 1889.

Y esta epístola del 25 de noviembre de 1889 no deja lugar a dudas sobre el furor femenino que doña Emilia sentía por su africanito grandullón:

«…Mono, hasta luego. Perdóname el involuntario retraso… te quiero muchito, muchito, y estoy deseando el fiero instante

Porcia»

Tras aquellos meses de viajes y aventuras parisinas los dos amantes regresaron a Madrid. Ella se trasladó a La Coruña y él a su villa de Santander, necesitado tal vez de aislarse de la presión familiar o de reencontrarse con Lorenza Cobián, con la que ya había tenido un hijo un año antes que falleció al poco de nacer. Doña Emilia y don Benito siguieron su amistad hasta el final de sus días.

Retrato de Emilia Pardo Bazán pintado por Joaquín Sorolla. 1913.

La vida de doña Emilia continuó entre sus viajes por Europa, su carrera literaria y su familia. Su hijo mayor, Jaime Quiroga Pardo Bazán, emprendió muy pronto la carrera militar a pesar de la reticencia materna. Heredó el linaje aristocrático como II conde de Pardo Bazán, participó en las guerras africanas y fue un conspirador antirrepublicano. Al producirse el golpe de estado del general Franco fue arrestado en Madrid y fusilado por un comando anarquista en agosto de 1936. Su hija Blanca se casó en 1910 con el teniente coronel José Cavalcanti, el que fuera héroe africano de Taxdirt, 1909, y conspirador junto a su cuñado Jaime y a los generales Sanjurjo y Franco contra la II República.

En abril de 1912 doña Emilia se postuló para la Academia de la Lengua, pero el machismo dominante de la época (igual que como ahora en tan Real Casa) la rechazó. El 12 de noviembre de 1912 fallece en La Coruña su marido, José Quiroga. Ella permaneció junto a él los últimos días de su vida. Esa misma jornada muere en la Puerta del Sol José Canalejas, presidente del Consejo de Ministros, asesinado por el anarquista Manuel Pardiñas, que se suicidó tras el atentado sin que pudiera saberse qué motivó su acto sangriento.

El 4 de enero de 1920 fallece don Benito Pérez Galdós en la calle Hilarión Eslava, 5, del barrio madrileño de Argüelles. Doña Emilia, que residía en aquella época muy próxima a su gran amor, en la calle Princesa, 27, acudió la primera a rendir homenaje de cariño y admiración al galán de sus días.

Doña Emilia falleció en Madrid el 12 de mayo de 1921. La diabetes y la gripe norteamericana minaron su existencia.

¡Ay, qué bonito es el amor!

*Doña Emilia se refiere a Lorenza Cobián, mujer de notable belleza, la amante permanente (y no la única) que frecuentaba los brazos de don Benito, nueve años más joven que el escritor. Y que sería, en 1891, la madre de su hija María, reconocida por él. Galdós mantuvo económicamente hasta el final de sus días a Lorenza, que falleció trágicamente en Madrid en 1906.

Galdós pintado por Joaquín Sorolla, 1894.

 Apéndice bibliográfico

Para cualquier lector interesado en Galdós es muy recomendable la biografía Vida de Galdós, obra de Pedro Ortiz-Armengol, editada por Crítica en su Biblioteca de Bolsillo. 2000.

El mismo don Benito publicó entre 1915 y 1916 unas memorias tituladas “MEMORIAS DE UN DESMEMORIADO”, que dicta a su sobrino José María Hurtado de Mendoza y Pérez (1857-1932), ya que en esas fechas don Benito estaba ciego y con graves problemas de movilidad. Son unos recuerdos tibios y acelerados, que no reportan excesivas sorpresas al lector ni se adentran en su vida personal, de la que el autor mantiene todos sus secretos. Hay una edición muy prolija con prólogo de Juan Van-Halen, editada por VISOR LIBROS.

Para ampliar el conocimiento de su obra se recomiendan los estudios y ediciones críticas de Joaquín Casalduero y Ricardo Gullón; para Tristana, la de Germán Gullón, en Austral; o Fortunata y Jacinta, de Francisco Caudet en Cátedra.

También es posible aún encontrar en Anaya, en la colección Tus Libros, ediciones de Trafalgar o Misericordia, obras ambas anotadas por Pascual Izquierdo.

Para sorprenderse con la ajetreada vida de doña Emilia nada mejor que leer su biografía EMILIA PARDO BAZÁN La luz en la batalla, excelente y laborioso trabajo de Eva Acosta, editado magníficamente por EDICIONES DEL VIENTO.

Para conocer la extensa correspondencia que doña Emilia mantuvo con su “grandullón” es recomendable la obra “Miquiño mío”. Cartas a Galdós, doctoral trabajo de investigación realizado por Isabel Parreño y Juan Manuel Hernández, editado por TURNER NOEMA.

 Y sobre el viaje juvenil que Miguel de Unamuno realizó a París en 1889 se recomienda la lectura de APUNTES DE UN VIAJE POR FRANCIA, ITALIA Y SUIZA, del latinista unamuniano POLLUX HERNÚÑEZ. O el no menos trabajado ensayo del mismo autor VENCERÉIS, PERO NO CONVENCERÉIS, sobre el incidente universitario salmantino que le costó a don Miguel, el 12 de octubre 1936, la fama, la persecución, la reclusión domiciliaria y la vida. Ambas obras editadas por OPORTET.

Don Benito Pérez Galdós, ya anciano

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Don Benito siempre tuvo las mujeres a sus pies. Como don Ramón María.

Ya queda menos para la San Silvestre 2026

Agustina de Champourcín

Correr hacia el futuro para olvidar el pasado, patear en muchedumbre sobre el asfalto, el río que nos lleva, como una catarsis redentora o una introspección sanadora o una purga vomitiva que arrojen de nosotros las heces de la existencia y alivien las heridas que nos ha dejado el año que queda atrás. Un rito colectivo al que la multitud se somete anualmente como si pasara página, como si borrara un mal recuerdo, deseosa de olvidar el ahora y adentrarse en un futuro feliz y dichoso. Más de cuarenta y dos mil almas navegan la tarde madrileña de san Silvestre en la odisea atlética desde el rico Bernabéu a la humilde Vallecas en busca de la ventura prometida. Por unas horas la ciudad pierde su aspecto agresivo y se convierte en camino hacia una esperanza efímera, nueva, brillante, prometedora de ilusiones y nuevos rumbos que volverá a ser la misma de la que huimos con el paso de los días, de los meses. Miles y miles de pasos resonando en el silencio de la tarde por las calles sin coches, pero llenas de espectadores escépticos, prisioneros de sí mismos que tal vez el año próximo formen parte de ese pelotón trashumante hacia los sueños. Solidaridad en ese amasijo compacto de zancadas y sudores. La ciudad parece más humana, menos árida, dispuesta por un rato a albergar en su seno al ciudadano errante. Ánimo, valiente, corazón de hierro en esta última tarde del año. En poco menos de una hora habrás llegado al paraíso, a tu Ítaca. Al otro lado de la meta Penélope te espera.


Fotos de Terry Mangino


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Navidad 2025: ¡Felicidad! Vete tú a saber dónde te metes

Textos de los Caballeros de la Ilustre Cofradía del Pedal. Fotos de Terry Mangino

A la noble y muy ilustre Cofradía del Pedal y a su eximio Prior, que nos conduce y guía por desusados caminos: virga et baculus eius consolati sumus. 

Es un raro privilegio
viajar en la Cofradía
do pedal, arte y poesía
componen tal florilegio.
Con este modesto arpegio
de herético villancico,
me pregunto y me replico
cómo el que va a fenecer
tan nefasto pudo ser:
apenas si me lo explico.
EP (Sobrenombre de don Miguel de Tejares Saavedra)
De nuevo se nos ofrece, 
a los jóvenes y viejos,
un paquete de festejos,
en la fecha que acontece.

Con ánimo bien dispuesto,
se acercan los familiares,
desde lejanos lugares,
mostrando su mejor gesto.

Ante el gran mantel unidos,
comen y beben felices,
evitando los deslices
de gestos mal avenidos.

Turrones y peladillas,
polvorones, mazapanes...,
nuestros mejores afanes
y sones de campanillas.

La vieja cuita olvidada
nos permite disfrutar
de nuestro mejor estar
y de la fruta escarchada.

Desde mi provecta edad,
deseo con plenitud,
que tengáis buena salud
y una feliz Navidad.
Alfredo (Duque de las Alcarrias)
NAVIDAD 2025

Desde el principio, le pareció sospechoso que fuera
precisamente un ángel quien hiciera acto de presencia en la
majada para anunciar a los pastores que tenían que acudir a la
cueva donde iba a nacer un niño.
Y se preguntó: «¿Por qué un ángel? ¿Por qué aparecía
una figura bella, poderosa y radiante en aquel escenario tan
humilde? ¿Por qué debían celebrar aquel alumbramiento, y no
otro que tuviera lugar en una majada próxima?»
Además, no le gustaron las formas de aquel enviado
celestial, más acostumbrado a mandar que a sugerir, más
habituado a hacerse obedecer que a aceptar propuestas.
Ya había sido engañado muchas veces en su vida y
sospechaba que esta podría ser una más. Pero, tras un tiempo
de dudas, decidió ir. Y se sumó al grupo ocupando el último
lugar. Caminó por sendas y veredas, siempre expectante y
temeroso de una sorpresa o un suceso inesperado.
Llegó finalmente al espacio reservado para los pastores y
se apostó en un rincón desde el que divisaba la entrada de la
cueva. Allí permaneció entre las sombras, pendiente de que se
produjera el acontecimiento para el que había sido convocado.
Harto de esperar, había decidido volver a su majada
cuando, de pronto, se encendieron las luces. Unas luces
potentes y avasalladoras, que contrastaban con la pobreza del
escenario.
Cuando sus ojos se habituaron a ellas, pudo comprobar
con estupor que, detrás de las tiendas de los mercaderes,
asomaban su amenazante silueta las cámaras de televisión.

Pascual IZQUIERDO (Delfín del Canal de Castilla)


¿De dónde sale tu luz,
de dónde sale tu fuerza?
Que se te abre el corazón
por las puertas sin cerrar:
que enciendes la llama viva,
los deseos sin cumplir,
los deseos de besarte,
el morir por no tenerte.
¿De dónde sacas la luz?
¿Del corazón de las piedras,
del luto de los te quiero,
del dolor de la distancia,
de lo que no podré darte?
Alumbra mi vida, amor.
Sálvame de mis delirios.

Santiago IZQUIERDO Y LUCIENTES

AGUINALDO RUCHABEL
La navidad ocurre en el pasado:
las vacas que eran sábanas de aliento
los copos de la nieve en la que pacen
junto a las aves y a los potros.
La risa de los niños la vejiga
el hígado y la sangre del cochino
el aguinaldo ruchabel que suena
entre aquellas dos fuentes de porcelana blanca.
Todo ocurre solo en el recuerdo.
Todo sucede siempre en el pasado:
la cambriza del invierno sobre nuestros hombros
que desciende como en la primavera
las níveas mariposas de la col.
Se quedó en la niñez la navidad:
la baraja al brasero
el frío que respiraba en el cristal
de huesos y ventanas… El musgo de las tejas
las toses cavernosas del pastor
los corderos que triscaban con el rabo nervioso
y las campanas de Belén
cuyo repique se oye aún allá a lo lejos.

Ezequías Blanco (Del libro "Algo tendrá que ver el cine)

ANNUS HORRIBILIS: Navidad, ¡qué bonito nombre tienes!

Teodosia Gandarias

Y ya están dispuestos en la línea de salida los participantes que se van a disputar la final del título de sátrapa del año. Un año, por cierto, muy competido debido a la altísima maldad de los mandatarios aquí presentes que han conseguido, gracias a sus gestiones internacionales, llevar al planeta a una situación de estrés nunca antes vivido.

Por la calle número uno saldrá Cañoncito Donald, el “Justiciero del Caribe”, con una mejor marca acreditada de al menos 87 muertos en los 22 ataques a supuestas narcolanchas en los últimos tres meses, además del bombardeo a instalaciones nucleares a Irán durante el pasado verano. Un verdadero as despreciando el Derecho Internacional que opta, sin embargo, al Nobel de la Paz. Por la calle número dos saldrá Vladimiro Raskólnikov, alias Rasko, que a lo largo de los últimos cuatro años ha ordenado contra la población civil de un país extranjero una contienda bélica que lleva exterminados a un millón de seres humanos, aproximadamente. Por la calle número tres saldrá Bibi Mauser, con una plusmarca personal de más de cien mil civiles inocentes muertos por residir en la Franja de Gaza. Por la calle número cuatro el representante asiático Kim Pum Pum, gregario a las órdenes de Rasko, conocido por su papel de liebre en las matanzas de media distancia enviando al frente a súbditos de su país. Por la calle número cinco tenemos a Lucas Hinco, que progresa adecuadamente entrenando a diario también en el pelotón Vladimiro y del que se espera su lucha incondicional contra cualquier rival que intente cerrar el paso a su jefe de equipo. Por la calle número seis tenemos a Viktor Bombán, un líder en ascenso que últimamente desempeña un papel de aguador también a las órdenes de Rasko.

El resto de las calles lo ocupan los representantes de la ultra-reacción europea sin opciones al título, meros comparsas: Marine Lapena, últimamente en baja forma; Jorgita Melones, aprendiz contumaz, y Santiago Cierraespaña, observador adelantado, aunque sin opciones de medalla.

Y comienza la carrera, Donald ha salido como una bala, a su espalda le siguen Vladi y Bibi pisándole los talones. Pum Pum, Lucas y Bombán se han situado por la calle exterior para cerrar el paso al resto de competidores. Posición muy igualada al paso de la recta de ochocientos. Donald insiste en zancadillear a sus competidores, pero la experiencia en malas artes de Bibi y Vladi lleva a una reñidísima lucha por el primer puesto. El trío se destaca, ha dejado atrás al resto de competidores. El juez toca la campana anunciando la última vuelta. Nos aproximamos a la curva final. El trío de cabeza lucha encarnecidamente por la victoria, es cosa de aportar más muertos y crímenes en estos días de Navidad. En ello se aplican los tres con entusiasmo. Cincuenta metros para la meta, Donald, Bibi y Vladi echan el resto, más muertos y muertos a escasos quince días para cerrar el año. Y estamos asistiendo a un final inédito. Los tres llegan a la meta con la misma marca. Habrá que recurrir a la foto-finish para determinar quién es el ganador. Se han reunido los jueces y parece, parece que ya está el resultado. Los jueces consideran que el ganador ha sido… ¡Ex-aequo!

Sí, efectivamente, no ha habido un ganador claro dada la altísima compenetración de los aspirantes. Se saludan entre ellos con gestos amistosos, tienen el planeta a sus pies. Así que habrá que esperar al año próximo para saber quién es el líder que aspira a poner el orbe bajo sus botas, perdón, bajo sus zapatillas de pinchos. Los tres han prometido que lucharán con ahínco por ser los primeros en amortajar el mundo.

Ezequías Blanco, desde Getafe al universo

Agustina de Champourcín. Fotos de Terry Mangino

Era un lunes cualquiera del mes de noviembre del año en curso. Don Ramón María del Valle se sentó en la penumbra del Café Comercial, sí, el de la glorieta de Bilbao, de Madrid, para no ser reconocido mientras escuchaba atento a Ezequías Blanco, el poeta matemático, x, y, z, abscisas y ordenadas, rimas, frases y quebrantos. La pobre Concha, sonata de otoño parecían sus mejillas encendidas, apenas le tomó de la mano a don Ramón María del Valle reclamando su atención, ella siempre delicada de salud. Un poco más allá, Ramón Gómez de la Serna chisporroteaba greguerías tiernas: «Ezequías tiene la poesía en las encías, por eso cuando se ríe le salen décimas locas que Garcilaso envidiara, ecuaciones, teoremas y poemas para Sara» —decía Ramón.

Y era verdad:

Hoy hace un año llegaste
a inundarnos de alegrías
la rutina de los días
desde el amor que anunciaste.
Y se produjo el contraste:
se despertaron ternuras
en almas que estaban duras
y en corazones berruecos
que se ablandan a los ecos
del calor de tus dulzuras.

 El Café Comercial estaba lleno de gentes variopintas: poetas, periodistas, desocupados lectores, prosistas de tinta azul, aprendices de bohemios, antiguos linotipistas, agrimensores de estrellas, recaudadores de besos, emisores de caricias, pragmáticos eruditos, editores de alegrías, enamorados del alba, forjadores de sonrisas, señoras de seda y tul, tan bonitas, princesita, tan bonitas como tú, mi niña Sara:

«Agua»: palabra primera
que pronunciaste bajito
para no quebrar el rito
de la dulce primavera.
Y sentada en la escalera
hablabas en jerigonza
a un muñeco a la peonza
a los vientos y a los gatos
a un jarrón y a los zapatos
con gracejo de una onza.

¿Qué tendrá Ezequías que lo llena todo?, se preguntaba el pragmático profesor que moderaba la charla con enjundia, mientras, en un rincón de la sala, Gutiérrez Solana tomaba apuntes de grafito, acuarela y tiza profunda. La Tertulia del Café Comercial, diría Solana a quien quisiera observar sus esbozos, mientras Ezequías leía a la audiencia sus versos claros, postrado ante ella de hinojos:

Todavía no se ha ido
el ruiseñor de tu boca
ni te asusta ya la oca
con su perenne graznido.
Y a veces te vas del nido
con jilgueros en los ojos
para calmar tus enojos
por lo mayor que te has hecho.
Te vas alejando un trecho
y poniéndonos cerrojos.

Ezequías nació en una tierra donde las historias corren con presteza: Paladinos del Valle, en Zamora. Comarca del rio “Ahogaborricos», el lejano oeste de Zamora, tierras del “abranado”, zona muy seca. “Abranado”, palabra que no viene en el diccionario. «Ya vendrá», dijo para sí don Miguel de Unamuno, que semioculto desde su cátedra altiva de un rincón del café seguía punto por punto la prosopopeya del Blanco Ezequías.

Ahogaborricos, tierra donde las historias corren con presteza. Como el humor de Ezequías, intelectual, una sonrisa en los labios y dobles significados, como esa tradición de reunirse en los pueblos de Zamora las largas tardes de invierno para contarse cuentos siguiendo la tradición de Jorge Manrique, de aquella cultura latina tan cervantina. El escritor es el guardián del lenguaje, su emisor, su novio fiel, su abnegado servidor, recoge lo significante para mantenerlo candente, significado, actual, atractivo, como esos nombres que inundan de gloria presente los caminos de la prosa: Atilano, Zoilo, Longinos… Todos somos rurales. A un Pepe no le pueden pasar cosas extraordinarias, pero si le llamas Celedonio le aventuras infinidad de sorpresas… Como a las mujeres de los personajes de las obras de Ezequías, son nombres del Renacimiento: Laura, Beatriz…

Y Ezequías Blanco, desde un rincón del boceto que Gutiérrez Solana inflama de atardeceres sobre el lienzo blanco, derrama a la audiencia del Comercial sus poemas sin igual, sus versos de cal y canto, sus rimas y sus pesares, sus mieles y atardeceres, el otoño de sus hojas, alegrías y quebrantos como el que no quiere la cosa: «Intento la parodia. La creación empieza por el narcisismo bien entendido. Cuando uno escribe se le escapa de las manos lo que ha escrito. Como los personajes, que llevan al autor por donde les salen de las narices. Porque las cosas no son como fueron, sino como las recordamos. Ahí tenemos a “Niebla”, esa novela, o nivola, de don Miguel en la que el personaje somete al autor a un reto a muerte: o tú o yo. Y claro, al autor no le queda más remedio que cometer un infanticidio, acabar con su creación».

Y a don Miguel de… ¡Salamanca!, se le enciende la ira de la soberbia escuchando al zamorano y para calmarse y no acogotar a ese Ezequías tan rebelde, de fiebres calendarias y artrosis áulica herido, invita a don Ramón María del Valle, a don Ramón Gómez y a Gutiérrez Solana, el espíritu de la colmena cafeística, a un apartado del Comercial, a espaldas de todos, en un rincón. Y allí se engullen de un trago una absenta, dos, tres, cuatro, invita la casa. Mientras, Ezequías, novela y poesía, lee a la audiencia, que le aplaude, un poema para Sara, su nieta y armonía:

Eres sensata y prudente
eres lista y eres guapa
y llevas en la solapa
la inocencia de tu frente.
Como el río en su corriente
fluye la sangre en tus venas…
Eres alivio de penas
eres risueña y mimosa
y fulges como la rosa
que florece en las arenas.

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Jackson Pollock y Andy Warhol en el Thyssen

Agustina de Champourcín

El espectador que asistía en el Museo Thyssen a la exposición de las obras de Jackson Pollock y Andy Warhol dudaba entre si aquellos cuadros que veían sus ojos eran arte o eyecciones intestinales de un gran mamífero (no olían). No entendía nada, por más que releía los juicios de los sesudos críticos que se explayaban en argumentos elogiosos de los artistas encumbrando “los espacios figurativos y abstractos representados en los lienzos de ambos pintores como diálogos y no como antítesis que empiezan a fluir y hacen que el espacio tradicional se tambalee para volverse rastros y vestigios que consiguen que, al acumularse en capas, las repeticiones rompan la noción aceptada del espacio y construyan una visualidad compartida en la cual no es sencillo diferenciar qué es sólo abstractizante y qué se rige por la pura figuración en la obra de estos dos nombres clave en el arte del siglo XX”.

A aquel espectador algunas obras de Warhol le parecían sacadas del cubo de reciclaje de las pruebas mal entintadas de una imprenta artesanal. O los ensayos de sobre o subexposición de un fotógrafo aficionado buscando el número f adecuado para impresionar el papel de gelatina de plata con su ampliadora casera para economizar gastos. Pruebas y pruebas de fotos repetidas sin foco, objetos aburridos sacados de un trastero, sin orden, sin concierto, sin interés, sin contenido, sin calidad gráfica… Ah, pero era… ¡Warhol!

Total, que se subió a la primera planta del museo y allí se encontró con el “Arlequín” de Picasso y con “La ninfa de la fuente, de Lucas Cranach el Viejo. Apenas un boceto. Cuatro líneas de grafito sobre un papel desnudo y aquella figura de Venus le parecieron suficientes para diferenciar lo sublime de lo humano, para dudar de la figuración abstractizante como genialidad expresiva, para confirmarse que el genio era eso. Y fue así que halló la razón para reconciliarse con el arte puesto en duda por la subversión de las perspectivas marcadas por los espacios de Warhol. Permaneció largo tiempo observando la obra de aquellos dos pintores, era como si la anterior telaraña frondosa del abstraccionismo figurativo se le cayera de sus pupilas, como si, de golpe, lo comprendiera todo, como si se le hiciera la luz y su epidermis se electrizara de efluvios felices que le devolvían la fe en la inspiración, sintió como que una felicidad balsámica le recubría la epidermis confundida por los malabarismos sin tapujos entre las abstracciones  de Jackson y los rastros  figurativo de los territorios intermedios en la captura de la realidad espacial de los objetos en compartimentos estancos de Andy, como que recuperaba la paz y la confianza en el arte.

Y aún flotaba de júbilo aquel espectador anónimo cuando, de amor curado por Picasso y Cranach y henchido de gozo, ascendió a la segunda planta del Thyssen y se dejó guiar por su instinto y ansia de belleza. Y hete aquí que, de pronto, se encontró frente a santa Catalina de Alejandría, que con su mirada perdida le llamaba a acercarse a su seno y compartir con ella, íntimamente, el gozo por lo divino. Y el espectador, de amor herido, se aproximó a la mujer que con rostro sereno le requería desde el lienzo y deslizó sus ojos por los ojos de la bella, por sus labios encendidos de promesas, por su cuello de seda forjado, por sus manos hacedoras de caricias, por sus cabellos de seda repujados. «Hízome Michelangelo Merissi, Caravaggio, con apenas veintisiete años, pendenciero, se marchó muy pronto de este mundo, pero su obra perdura, resiste y se abrillanta con el paso de los siglos y se antepone a cualquier especulación o filosofía. La belleza es tan sencilla como sentirla cuando me contempla un espectador que como tú tiembla de emoción y frente a mí su espíritu se serena porque ha comprendido que el arte es esto: no sentir dudas sobre la felicidad que un cuadro te entrega al contemplarlo», escuchó que le decía Catalina.

La tarde avanzaba, anochecía cuando el espectador abandonó el Thyssen y se encaminó por el Paseo del Prado. Santa Catalina de Alejandría, Caravaggio, el arlequín de Picasso, la ninfa de la fuente de Lucas Cranach el Viejo… Hizo memoria. No recordaba qué pintores había visto en la planta baja.


Fotos de Terry Mangino



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MATISSE Y MADRAZO EN MADRID

WARHOL, POLLOCK Y OTROS ESPACIOS AMERICANOS

Quijotes

Agustina de Champourcín

Sostiene Trapiello que gracias a su “traducción” del Quijote al castellano actual se han beneficiado 200.000 lectores que no necesitan de 5.500 notas a pie de página para entender el texto de Cervantes. Que en los últimos años ha habido un alejamiento del lenguaje del Quijote del siglo XVI. Que don Miguel es un escritor muy poco español, que escribe casi en voz baja, que el Quijote es un libro profundamente triste que deja un poso de enorme melancolía.

Sostiene Trapiello que el gremio de cervantistas es enormemente riguroso e intocable, que los hispanistas se replegaron con su libro. «No tiene ningún valor», decían, y que incluso los pelmas cervantistas descubren cosas buenas en cada lectura del Quijote, aunque no sea de su libro.

Andrés Trapiello, Espido Freire y Fernando Savater durante la charla sobre el Quijote.

Y Fernando Savater hace gala de su libro “Instrucciones para olvidar el Quijote” y dice que él practica una lectura ética del libro comprometida con el protagonista, que era un héroe sin crueldad, que los héroes actuales se satisfacen castigando a los demás, que vivimos en un mundo cruel, que don Alonso Quijano, un santo laico, se informaba a sí mismo por los libros de caballería: la representación novelesca del mundo era la realidad que percibía el hidalgo.

Sostiene Trapiello que don Quijote hace el bien al lector, que autor y lector forman parte del mismo texto, que lo que le sucede al lector no es muy diferente de lo que le sucede a los personajes. Que Sansón Carrasco es una aportación narrativa novedosa de Cervantes al relato novelesco: un personaje de ficción habla de la novela dentro de la misma novela.

Y dice Savater que es peligroso convertir a un personaje en símbolo de todo un pueblo. Que don Quijote se convierte en héroe cuando es derrotado en Barcelona y aun así mantiene que Dulcinea es la más bella, a pesar de que el caballero de la Blanca Luna (Sansón Carrasco) le amenace con su lanza rebanarle las anginas. Que, por lo general, el escritor más representativo de un país se parece poco al habitante del país, que de lo primero que se libera don Quijote es de la realidad. Que así pasó con Shakespeare, que es más apreciado en el extranjero que en Inglaterra.

Sostiene Trapiello que don Miguel es un escritor muy poco español, que escribe casi en voz baja, que menos del veinte por ciento de los españoles han leído el Quijote (según una encuesta del CIS) y que Cervantes tiene mil vidas.

Y muchas cosas más sostuvieron Trapiello y Savater en el coloquio que mantuvieron el sábado 8 de noviembre en la Serrería Belga, lugar que alberga la exposición “Mil y un Quijotes. De El Paular al Castillo de Peralada”. Una ocasión única de disfrutar de los cientos de ediciones y versiones que sobre la obra de don Miguel de Cervantes se han escrito a lo largo de cuatro siglos. Y ambos recomendaron dejarse de zarandajas y discusiones estériles, bizantinas y turbadoras de la razón y leer a don Quijote, incluso la edición de don Andrés, sostenía Trapiello.

¡Ay, Fernando, tú eres mi guía, mi luz y mi alegría cuando leo a don Miguel!

Fue moderadora y guía Espido Freire, que mantuvo a raya a esos dos gigantes de las letras, Andrés Briareo y Fernando Brandabarbán de Boliche, por más que agitaban sus aspas de escribidores con argumentos literarios, llenaban de historicismos académicos las orejas de los asistentes   y daban como buena esa historia de don Quijote sabida de los niños, no ignorada de los mozos, celebrada y aun creída de los viejos y, con todo esto no más verdadera que los milagros de Mahoma.  

El Ingenioso Hidalgo apócrifo de Avellaneda, que se exhibe en la exposición “Mil y un Quijotes. De El Paular al Castillo de Peralada”

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EL CAUTIVO

SOSTIENE PEREIRA


Matisse y Madrazo en Madrid

Agustina de Champourcín

Los Madrazo: José, Federico, Ricardo, Mariano Fortuny, Mariano Fortuny Madrazo… Raimundo de Madrazo. Desde los cuadros historicistas del fundador de la dinastía, José de Madrazo, hasta las inspiraciones tardías-románticas de Raimundo de Madrazo, coincidentes ya con las vanguardias rompedoras de comienzos del siglo XX, la dinastía de los Madrazo ofrece un panorama pictórico sobre la historia de este país y la evolución de la pintura española y el arte a lo largo de siglo y medio. Cuatro generaciones de pintores, tendencias, gustos, modas, costumbres, reflejos y bellezas femeninas recogidas para el placer íntimo del observador.

Aline Masson, esa venus serena de belleza extraordinaria y candente con la que tanto se recreaban los pinceles de Raimundo de Madrazo (Roma, 1841-Versalles, 1920). Aline Masson, sus desnudos voluptuosos que aún ahora al contemplarla desatan la pasión y el deseo de un cuerpo perfecto. ¡Ay, Aline Masson, un bombón!

Aline Masson, la musa de Raimundo de Madrazo. Original en el Museo del Prado.

 O la pasión dramática reflejada en el rostro de la reina y regente María Cristina de Habsburgo Lorena, aquella princesa austriaca a la que casaron con un petardo fornicador: Alfonso XII*. Al que soportó sus constantes infidelidades y abandonos hasta su muerte, seis años de adulterios continuados de 1879 hasta el fallecimiento de Alfonsito, en 1885. Madre que fue de otro tarambana, Alfonso XIII. Los estudios que sobre la reina María Cristina realiza Raimundo de Madrazo muestran bien ese abatimiento personal, esa angustia de vivir en un país desconocido, reinando en una sociedad ajena a la suya, con unas formas de gobierno para las que no estaba educada la princesita austriaca. Drama, preocupación, tal vez una llamada de auxilio es lo que su rostro reclama al espectador que contempla los retratos de Raimundo.

Henri Matisse (Pas de Calais, 1869-Nize, 1954), protagonista de todos los ismos finales y primeros del XIX y XX: impresionismo, fauvismo, puntillismo, cubismo, abstracto, orientalismo… Vivió con energía el siglo XX, tuvo como amigo-opositor al mismo Picasso. Su obra sirvió de referencia incluso a movimientos arquitectónicos como los de Charles Édouard Jeanneret, alias Le Corbusier, al que sin duda influyó en algunos de sus diseños constructivos.

El eje Paseo del Prado-Recoletos de Madrid recoge estos meses dos importantes exposiciones de las obras de estos artistas y allegados en una época en la que, sin embargo, no llegaron a tratarse. Ninguno tuvo jamás el menor interés por el otro. En el Centro de Arte Caixaforum se puede apreciar una parte significativa de la obra de Matisse, junto con la de otros autores contemporáneos a los que influyó con su arte. Un panorama ilustrativo de las corrientes artísticas que explosionaron a comienzos del XX.

Y en la Sala Mapfre, Recoletos, se exhibe una gran muestra del arte de Raimundo de Madrazo. Ocasiones únicas de contemplar los rabiosos lienzos fauvistas de Matisse. O la tristeza infinita de la reina extranjera malherida. O la belleza carnal venérea de Aline Masson. ¡Ay, volando voy a verlas!


Fotos de Terry Mangino


*Tal vez en un futuro próximo se compruebe el origen legítimo de la ascendencia de Alfonso XII respecto a la paternidad de su persona. Sabida es la tendencia sexual de su progenitor oficial, el príncipe Francisco de Asís María Fernando de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, al que casaron con su prima Isabel II, ella tenía dieciséis años, en un intento de mantener unida la rama de los Borbones que se precipitaba, como ahora, al abismo. «Francisco de Asís pertenece a esa categoría de hombres bien determinada. Pequeño, delgado, de gesto amanerado, de voz atiplada y andares de muñeca mecánica. Le gustaban los baños, los perfumes, las joyas y las telas finas», decía de él el historiador Pierre Luz. Y se desvelen las sospechas de que la paternidad de Alfonsito se deba, más bien, a los encuentros volcánicos que la joven e insatisfecha reina practicaba, para resarcirse del desafecto de su rey, con su amante, Enrique Puigmoltó y Mayans, uno más de los que irrigaron de amor el vientre de la reina de los tristes destinos, deseosa de ardor uterino. Todos esos personajes guardan sus restos, bien en la cripta de El Escorial, bien en el cementerio de Onteniente, Valencia. Un simple análisis de ADN determinaría la paternidad de Alfonso XII.


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Habitar en una obra de arte: Villa Savoye

It’s genocide, stupid!

Carmelita Flórez

Más de 100.000 ciudadanos protestones se juntaron el pasado sábado 4 de octubre (según la Delegación del Gobierno) en el centro de Madrid para clamar contra la matanza que el estado de Israel, y a su cabeza su presidente Bibi Netanyuso, perdón, Netanyahu, está aplicando contra la población civil palestina de la franja de Gaza. Netanyuso, perdón, Netanyahu, practica la guerra de tierra calcinada en Palestina con objeto de exterminar a los supervivientes exhaustos de ese territorio masacrado (se calcula que, desde el principio de la conflagración, hace ahora dos años, han muerto más de 65.000 civiles ajenos a la guerra). No se sabe cuántos muertos más estarán bajo los escombros, en la inmensa tumba de cadáveres inocentes en la que Israel ha convertido la franja de Gaza…

—Mama, sí, es que… es mi novio… sí… pero no tengo otro, no, a los palestinos que les den, qué me importan a mí esos desgraciados, que se mueran todos, que me acerco a la cincuentena… por eso, ahora o nunca, sí, lo tengo difícil, por eso, sí, el de la lancha, sí, el de las rías baixas, no ¡bah!, un pasmaooo, lo tiene peor que yo, naaa, ese no va a ninguna parte, sí, el amigo de Adolf, sí, por eso, sí, hay un montón de niños que le votan… por eso, sí, o me postulo yo ahora o me quedo para vestir santos. Por eso, que sí, mama, mientras que haya quien me vote yo adelante, bah, 25.000 niños palestinos muertos en bombardeos de Israel… ¿a quién les importa esos canallitas? ¡Que les den!

…desde Atocha hasta Cibeles, Alcalá, Gran Vía y Callao la marea humana se extendía como una bandera que iba proclamando: ¡Dejad vivir a los palestinos, son inocentes, demasiados muertos por el hecho de vivir en el lugar que el sionismo quisiera anexionarse!

Netanyuso, perdón, Netanyahu, brindaba con Donald por el éxito del casino que iban a construir en la franja:

—La próxima a tres hoyos en tu golf de Florida, Donald. Oye, que no estoy para más. Matar tanto niño palestino me deja exhausto.  

—Hecho, Bibi. El resort que voy a construir en Gaza, con tu permiso, va a tener treinta hoteles, todos con campos de golf de 28 hoyos. Sí, se lo digo a Vladimir, seguro que se apunta. Eso sí, que pague los derechos por jugar con nosotros. Le metemos un quinientos por ciento de aranceles sobre el presupuesto inicial de nuestro proyecto. Que quiere vivir con los ricos, pues que pague. No, no es lo mismo embocar un birdie frente a las costas de nuestro Mediterráneo, Mare Nostrum, en el que vamos a construir el paraíso a nuestra medida, que en el Volga, todo lleno allí de conspiranoicos rojos, con el colgaoo ese del Volodimir a la cabeza dando por el ojete. Que se tiene que ir el Volodimir ese a la Europa del mercado común con todos los europeos que aún creen en la justicia de la igualdad y los valores democráticos y los derechos sociales, pues peor para ellos. Que se vaya. Para eso tenemos en nómina a la Meloni, al Orban, a la Marine Le Pen, al Santi y ahora me dicen que a esa chica madrileña que anda fatal con el novio. Así acabamos con esa amenaza para nuestro deseo conjunto de hacer un mundo sin proletarios. Sí, vale, te mando un eléctrico, Elon, sí, nada, él me regala doscientos coches y yo le dejo que haga lo que le salga de los cojones, perdón por la palabrota. Ya sabes que tienes que matar a un millón de palestinos más para seguir mandando. Pues se matan. No, tranquilo, Bibi, yo no digo nada. Pero no te pases, ¡Dos millones de muertos palestinos más dices! Bueno, bien, me parecen pocos. Sí, vale Bibi, que después cuento con tu apoyo para lo del Nobel de la paz.

—Sí, mama. No, los muertos, ¿a quién le importa lo que pase en Palestina? Entonces, sí, lo del piso en Chamberí, bueno, lo importante es que yo te dé un nieto. Seguro que vale más que esos 25.000 niños que han muerto ya en la franja de Gaza. Perdón, ya sabes, es que un niño palestino, en el fondo, no vale nada.


«Es la economía, estúpido». fue el lema que Bill Clinton utilizó para ganar las elecciones en los USA en 1992. Enfrente tenía al impresentable de Georges Buch padre. El que invadió Kuwait, que a su vez había invadido Sadam Huseín, dos personajes despreciables a la altura de Trump.

‘It’s the economy, stupid’ was the slogan Bill Clinton used to win the US elections in 1992. Opposite him was the unpresentable George Bush Sr. The man who invaded Kuwait, which had in turn been invaded by Saddam Hussein, two despicable characters on a par with Trump. (Traducción de Ángel Aguado Pulido, licenciado pour la Sorbonne, París)


Fotos de Terry Mangino

Fotos de la manifestación celebrada el 4 de octubre de 2025 en el Paseo del Prado de Madrid.