Manhattan Transfer: ¡Marchando una de vecinos!

Lecturas de verano: Barriada II

Viene de «La calle de Valverde»

Carmelita Flórez

John Dos Passos (1896-1970) publicó esta novela en 1925, estando aún presentes en la memoria colectiva de la sociedad gringa los horrores de la 1ª Guerra Mundial. Y en un momento de eclosión literaria de autores como James Joyce (1882-1941), o Marcel Proust (1871-1922), que daría como resultado obras innovadoras y polémicas como “Ulises”, o “Por el camino de Swan”, que sin duda influyeron en el autor, de origen portugués, en su técnica narrativa y en la construcción coral de sus personajes.

John Dos Passos

La novela es un rompecabezas que el lector debe armar a su gusto. O a su disgusto. Desde la referencia espacial inicial de una estación de metro, Manhattan Transfer, se asiste al desarrollo de una ciudad y a su expansión física y humana a lo largo de un laberinto de personajes, situaciones, tiempos y lugares. Pueblan sus páginas un enjambre de desheredados, vagabundos, alcohólicos, buscavidas, pobres de solemnidad y aspirantes a millonarios, marginados y anarquistas: la masa. El drama diario de la vida. Una hormigonera donde se mezclan todas las almas en pena compartiendo dolores, anhelos, triunfos (escasos), deseos, derrotas y decepciones.

Dos Passos emplea, en ocasiones, una narrativa áspera, un estilo libre indirecto, experimental, subjetivo, que convierte la lectura de la obra en un esfuerzo exigente para el lector. A veces mezcla situaciones, espacios, protagonistas y lugares de diferentes tramas en el mismo tiempo narrativo, lo que obliga al lector a un minucioso y detenido análisis que puede inclinarle al abandono del libro. Tal vez Dos Passos metabolizara residuos que le dejara en su inconsciente literario la obra reciente y vanguardista del Joyce y del Proust.

Ya en ese momento, recordemos, comienzos de los años 20 del siglo XX, se refleja en la novela el discurso antiinmigración contra el extranjero, contra el diferente, contra todo aquel que no es de allí en un momento en el que un aluvión de recién llegados conforma la convivencia urbana en New York. “En esta ciudad nadie es de aquí”, dice uno de los personajes, en oposición al bramido contra los “inmigrantes católicos italianos que no hablan inglés, franceses, la escoria de Europa, negros, las heces de los guetos de Polonia, los sucios judíos y los piojosos irlandeses, cochinos extranjeros que acabarán echándonos de nuestro país”, frases que grita el tío Jeff, un figurante más. Son los mismos argumentos racistas y xenófobos que ahora predica el irascible hipopótamo naranja que habita en la White House, tan de dudosa procedencia extranjera (su abuelo, un barbero, emigró desde Alemania a Nueva York en 1885) como cualquier otro habitante de la gran ciudad que describe el relato.


Ernest Hemingway y John Dos Passos: los alegres muchachos de Key West, Florida,1928, poco después de la publicación de Manhattan Transfer. Tiempos felices de pesca y novias. Se habían conocido en Italia durante la 1ª Guerra Mundial.

La novela se circunscribe en un momento histórico previo a un acontecimiento de trascendencia universal: el hundimiento de la Bolsa neoyorquina, el crack del 29 y la Gran Depresión económica mundial que originó el hecho. Algunos de los intérpretes corales que aparecen en la novela sueñan, como el hipopótamo naranja, con enriquecerse con las técnicas especulativas que originó aquel fracaso. Los personajes de Dos Passos de alguna forma se adelantan sin saberlo a aquella desoladora situación bursátil cuando luchaban por mejorar su porvenir.

Y aunque es improbable que Federico conociera la novela de Dos Passos, resulta una coincidencia el atractivo y confrontación que suponía para el poeta la ciudad de New York, a la que se trasladó también en 1929. En ese viaje se fraguó su libro de poesía “Poeta en Nueva York”, marcado por el tenebrismo y aspereza lírica que conmocionaron su alma sensible ajena al mundanal ruido de la inmensa urbe. No le duró mucho tiempo la emoción, ahora se cumplen 90 años de su asesinato.

José Robles Pazos

Y la figura de John Dos Passos en España está ligada a la del profesor de la universidad John Hopkins, en Baltimore, José Robles Pazos, que tradujo al castellano la novela. Ambos se habían conocido en 1916 durante un viaje a Toledo y su amistad perduró hasta la desaparición trágica de Robles Pazos durante la Guerra Civil, en Valencia en el primer trimestre de 1937, poco después de la de Federico. El intento desesperado, en su viaje a España en ese año, de Dos Passos por resolver los porqués del enigma de la pérdida de Robles Pazos le llevaron a solicitar la ayuda de su otro gran amigo de farras y pesquerías, Ernest Hemingway. Y el desprecio y desinterés que recibió de Ernesto, simpatizante con el espionaje comunista ruso del NKVD y Alexander Orlov, su temible y sanguinario jefe, supuso el final traumático de la amistad entre ambos.

Primavera de 1937 John Dos Passos llega a España para colaborar en el rodaje de la película “Tierra de España”, junto a Hemingway y al productor Joris Ivens. Su amistad se truncó poco después. Como si habitaran en el mismo patio de vecinos.

Sin duda, la novela tendría alguna influencia en alguno de los escritores que ampliaron el género de relatos de habitantes de barrio. “La Colmena” y “Café de artistas”, ambas de Cela; o “La calle de Valverde”, de Max Aub; o “La Puerta del Sol”, de Fernando Fernán Gómez todas ellas posteriores, recuerdan la obra de Dos Passos.

No es fácil leer Manhattan Transfer, un patio de vecindad mal avenida.


Enlaces relacionados:

Dos Passos, tras los pasos de Pazos

La calle de Valverde: Max Aub, el recuerdo de las ausencias


Al arrullo de los versos en Castilla: “DULCES RUINAS III”

Carmelita Flórez

Castilla interior, verano, granito, románico, endecasílabos, acordes y poetas. Una propuesta para disfrutar de la paz, de la música y de los versos en un paraje extraordinario, el Convento de San Román del Valle, Zamora.

¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruido,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!

decía Fray Luis de León cansado de envidias, de infamias, de falsas denuncias, del ajetreo del mundo.

Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.

San Román del Valle, un pequeño pueblo de Zamora, acoge este festival músico poético que reúne a escritores e intérpretes con la intención de disfrutar del verso y de la música en un entorno histórico singular, con la tranquilidad del sosiego castellano.

Y como codiciosa
por ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura.

Intervendrán Cristóbal López de la Manzanara, poeta y ensayista que con sus libros de poemas ha obtenido premios prestigiosos como el Nicolás del Hierro o el Rafael Morales.


Y luego, sosegada,
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo
y con diversas flores va esparciendo.

Natalia Carbajosa, poeta, traductora y profesora de la Universidad Politécnica de Cartagena. Ha recibido importantes premios nacionales por su obra literaria y académica, y está especializada en la traducción de poetas norteamericanas del siglo XX.

Del monte en la ladera,
por mi mano plantado tengo un huerto,
que con la primavera
de bella flor cubierto
ya muestra en esperanza el fruto cierto.

José Luis Morales, licenciado en Filosofía y Letras. Ha ejercido el periodismo, la investigación y la docencia. Ha recibido premios como el Miguel Hernández, el José Hierro o el León Felipe.

A mí una pobrecilla
mesa de amable paz bien abastada
me basta, y la vajilla,
de fino oro labrada
sea de quien la mar no teme airada.

Lola Gálvez Peces es profesora de piano y repertorio de canto en el Conservatorio Profesional de Alcalá de Henares (Madrid). Para ella, la música habita allí donde las palabras ya no alcanzan.

Y mientras miserable-
mente se están los otros abrasando
con sed insaciable
del peligroso mando,
tendido yo a la sombra esté cantando;

Carolina Alcaide, profesora superior de canto, cantante y musicoterapeuta.

A la sombra tendido,
de hiedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado.

Será en San Román del Valle, Zamora, el sábado 15 de agosto de 2026, a las 20 h. Allí, el visitante podrá degustar de los versos de Fray Luis de León y de la música que emanan los espíritus.  


ENLACES RELACIONADOS:

Ezequías Blanco, desde Getafe al universo

Sólo hay una clase de monos que estornudan

BARE NOSTRUM


La calle de Valverde: Max Aub, el recuerdo de las ausencias

Lecturas de verano: Barriada I

Agustina de Champourcín. Fotos de Terry Mangino

La esperanza perdida, la necesidad de rememorar el tiempo feliz de la juventud, la reflexión sobre lo que pudo ser y no fue, ¡ay, éramos tan jóvenes!, están presentes en cada párrafo de esta novela, publicada en 1961 por Max Aub en su exilio mexicano como si de un ajuste de cuentas con el pasado se tratara. En el paisaje de la Gran Vía madrileña y en sus calles próximas se dan cita multitud de personajes. Es una colmena zumbona y laboriosa de preguntas sin respuesta que sobrevuela como un zumbido un tiempo turbio, desde 1926 hasta el final de la dictadura del general Primo de Rivera, enero de 1930. Son sus artífices una maraña de figurantes anónimos que revolotean en la oscuridad previa a la caída vertiginosa de la monarquía y a la gran tragedia que se desencadenará en 1936. Un sortilegio de secundarios y primeros papeles que conforman un relato de esfuerzos colectivos sin más éxito que la huida. O el fracaso.

Max Aub en su exilio mexicano

Max Aub nace en París en 1903. Y muere en México en 1972. Exiliado y apátrida por partida doble. Militante del PSOE se ve obligado al exilio en Francia en febrero 1939. Es hecho prisionero por el gobierno de Vichy y deportado a un campo de concentración en Argelia. Y será en 1942 cuando, desde Casablanca y por la intervención de John Dos Passos*, pueda recuperar la libertad y embarcarse rumbo a México, que le acoge como héroes a él y a tantos otros españoles, entonces poco gustosos de la fruta. Ahí rumiará, menesteroso, el resto de sus días, el recuerdo de su querida España, esa España mía, esa España nuestra… dónde están tus ojos, dónde están tus manos, dónde tu cabeza…

Y casi como en una película, su liberación del campo argelino sucede en el mismo momento narrativo en el que se rueda el filme protagonizado por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman. Y sufre la misma situación que aquellos héroes ficticios del cinematógrafo: desprenderse de los seres queridos, del paisaje amado, de sus raíces, de su historia para viajar a lo desconocido.

El edificio Metrópolis, en el arranque de la Gran Vía con la calle Alcalá

“La calle de Valverde”, la novela coral de Max Aub, es un retablo de escenas y situaciones de una multitud de seres que deambulan perdidos en busca de un porvenir, de un futuro, por una realidad opaca y fea en la que todo se cede a la incertidumbre. Hay aspirantes a escritores fantásticos que se mezclan con los mortales: Unamuno, Valle Inclán, Baroja, Ortega y Gasset, Gerardo Diego, Alberti, Federico, el mismo Max Aub… Hay artistas petulantes de los pinceles que sueñan en sus fantasías con ser Benjamín Palencia, Dario de Regoyos, Zuloaga, Gutiérrez Solana, o el inmenso Picasso, ya en el tiempo de la narración un genio extraordinario. Hay una reflexión sobre ese Madrid lleno de pensiones, miles de pensiones y estudiantes opositores a un puesto para chupar del bote de la Administración del Estado. Hay referencias a lugares protagonistas que siguen siendo memoria principal, entonces como ahora, de Madrid: la Residencia de Estudiantes, el Círculo de Bellas Artes, el Ateneo, la calle Barquillo, la Puerta del Sol, el Palacio de la Prensa, el café Villa Rosa… Y aparece el conformismo, sin reprobación, que los dirigentes del PSOE mantuvieron con la dictadura de Primo: Besteiro, Prieto, Negrín, Largo Caballero… O una nota de “Sociedad” citando a Carmen Moragas, la amante de Alfonso XIII. O al arte flamenco del cantaor Antonio Chacón… Y todo con un lenguaje que en la trama dramática recuerda a don Benito Pérez Galdós, sin igualarlo jamás, a veces un tanto abrupto y selecto, como para marcarse un do de pecho. Sí, un rompecabezas, un conglomerado de aluvión.

La marquesina frente al edificio de Telefónica, obra de Ignacio Cárdenas, 1929

No se puede obviar, para comprender la novela, la relación epistolar que Max Aub mantuvo entre 1958 y 1962 con Dionisio Ridruejo, un opositor, casi un enemigo durante la guerra fratricida del general Franco. Y, desde finales de los 50, un compañero de fatigas en el largo camino para desembarazarse de la dictadura militar. Sí, en un principio, ambos escritores se refugiaron en sus ideales infranqueables. Pero el paso del tiempo y mientras que Max Aux sufrió el exilio exterior Dionisio sufrió el confinamiento en Ronda en 1942, de nuevo ese año, al que le llevó su apuesta por la libertad. Después varios meses de prisión en Carabanchel entre 1956 y 1957. Y después el exilio por participar en el “Contubernio de Munich”, en 1962. Fue esa desgracia en común lo que les haría aproximarse en las ideas y en los deseos de libertad para la patria en común. Max Aub volvió a España en 1969, tal vez para encontrarse con su memoria. Y en 1971 para decirle adiós a su patria querida.

Dionisio Ridruejo en su época de Secretario de Propaganda política de Falange durante la Guerra Civil, 1937

 Y no sería justo olvidar la figura de los arquitectos Secundino Zuazo, Martin Domínguez Esteban —que también sufrió el exilio por partida doble, España y Cuba— y Carlos Arniches, hijo del dramaturgo, que con sus ideas innovadoras urbanísticas y sociales transformaron el caserón manchego madrileño y el paisaje novelístico de Max Aub en una urbe cosmopolita e intentaron hacerlo habitable. Un enjambre, esa ciudad, esa “La Calle de Valverde”, novela que no pretendía más que relatar que la convivencia era posible en ese aluvión de almas que medran en una gran urbe. Tal vez para evitar lo inevitable:

“Se acaba siendo siempre extranjero en todas partes”.



*John Dos Passos, el autor de “Manhattan Transfer”, intervino impulsivamente en la búsqueda de su amigo José Robles Pazos, profesor de la universidad americana John Hopkins, llegado a España de vacaciones en julio de 1936, afecto a la causa republicana y nombrado teniente coronel por la República por sus conocimientos de varios idiomas, y desaparecido en Valencia en abril de 1937. Robles Pazos era sospechoso, sin prueba determinante alguna, por el Partido Comunista ruso, de ser un espía franquista. Dos Passos solicitó a Ernest Hemingway su intervención ante los líderes comunistas para saber cuál era su paradero. No lo consiguió y aquella amistad entre ambos escritores se rompió. Aún hoy es un misterio saber dónde reposan los restos de José Robles Pazos. Stalin se apuntó una medalla más de sangre en su guerrera asesina.


Con unas sábanas recortadas a modo de parasol pretende el Ayuntamiento madrileño sofocar el calor de alto horno que la nueva configuración urbanística ha dejado en la Puerta del Sol.

Enlaces relacionados:

Manhattan Transfer: ¡Marchando una de vecinos!

Dos Passos, tras los pasos de Pazos

Arniches y Domínguez: la arquitectura, el exilio y la vida

Dionisio Ridruejo: rebelde con causa

Bibliografía recomendada:

Max Aub y Dionisio Ridruejo (edición del Instituto Cervantes. 2018)


Gran Vía, obra de Antonio López, pintado entre 1974 y 1981.

España Campeona del mundo: el furbo es asín

Etiquetas

Carmelita Flórez

«Una nación es, a la postre, una ingente comunidad de individuos y grupos que cuentan los unos con los otros. Este contar con el prójimo no implica necesariamente simpatía hacia él… Nada se parece tanto al abrazo como el combate cuerpo a cuerpo».

ESPAÑA INVERTEBRADA. José Ortega y Gasset. 1921

Comentaba Manuel Vázquez Montalbán, reconocido por su amor a la camiseta blau-grana, que lo único que vertebra a España y le da sentido de nación colectiva es el Fútbol. En este estruendo que caracteriza la actualidad informativa de conflictos permanentes en las comunidades autónomas, gobiernos locales, nacionalismos excluyentes, pactos maquiavélicos forzados para repartir carteras y restricciones para eliminar derechos del ciudadano que nos resulta “diferente” las palabras de Vázquez Montalbán parecen adquirir un sentido categórico que, nunca antes hubiéramos imaginado, tras la victoria del “equipo de todos” y las muestras de orgullo patriótico que ha desatado el Mundial en todos los sectores sociales.

Celebración en las calles de Madrid.

Y ha tenido que ser la victoria de la selección de fútbol, ese conglomerado de razas, culturas y procedencias la que haya articulado en torno a una pelota el éxito de un país, la conciencia nacional por encima de regionalismos, orígenes, credos o culturas. Tanto es así que incluso el rinoceronte rubio demente que habita la White House se quiso apuntar al éxito de la victoria española saliendo en la foto con los ganadores, tras haber denostado en los días anteriores al país con todo tipo de menosprecios y desconsideraciones.

Todo un pueblo, Brunete, entregado a la selección el día de la final.

Un equipo es eso, un montón de personas de ideas y procedencias diferentes que se aúnan para conseguir un objetivo común. A veces se logra el triunfo, a veces te quedas en la cuneta. Convendrá reflexionar y ver en qué queda todo esto una vez que se amortice el éxito deportivo y regresen a la actualidad del debate nacional los argumentos prioritarios nacionales, xenófobos o ultranacionalistas que promueve el neofascismo en auge, que, de momento, se han guardado en el armario por el gol marcado a diez minutos del final.

Eso sí, ahora todos unidos alrededor de una pelota. Yo soy español, español, español, español…


Fotos de Terry Mangino


Orgullo Gay 2026: fin de fiesta en Madrid

Etiquetas

, ,

Texto Carmelita Flórez

Una explosión de júbilo y alegría recorría el Paseo del Prado de Madrid la tarde del sábado cuatro de julio. Y eso a pesar de los 40 grados que marcaba el termómetro. Era el broche final a una semana de activismo del colectivo LGTBIQ+ reivindicando derechos a los poderes públicos y actitudes favorables de la sociedad para aquellos que tienen una personalidad diferente a la entendida como habitual, como buena. Gentes venidas de diferentes lugares desfilaron por el centro de Madrid liberados de caretas y apariencias formales en un ambiente de alegría y optimismo. Todos estaban invitados y todos disfrutaban del resto de los presentes en un abrazo cordial de risas. Era como si las libertades, el respeto al otro y la aceptación de las diferencias se hubieran dado un abrazo cordial bajo la mirada del pintor Velázquez y la diosa Cibeles.

Madrid, liberado por unas horas del ruido, del humo y las prisas, se convirtió en el altavoz sonoro internacional —se dice que la manifestación ha sido la más numerosa de todas las celebradas en diferentes ciudades de Europa— que más ha gritado por normalizar unas relaciones entre personas, estamentos y poderes. La miopía intransigente de la óptica machista social siempre ha grabado al diferente con el rechazo, cuando diferentes y únicos somos todos los seres humanos y ninguno de nosotros poseemos aquella virtud que nos haga superiores a los demás.

Ahora cabe esperar las respuestas que los dirigentes políticos y el comportamiento social den a las propuestas y exigencias que estos días se han emitido desde el colectivo LGTBIQ+. Pasar de la fiesta, de las reivindicaciones y de las risas compartidas es un compromiso de todos y en ello nos va el respeto mutuo, la aceptación del otro y la convivencia.

Ya queda menos para el Orgullo Gay 2027.


   Fotos de Terry Mangino

Todas las imágenes tomadas en el Paseo del Prado de Madrid, la tarde del 4 de julio de 2026. Se recomienda verlas en pantalla grande para apreciar mejor el esmerado trabajo del fotógrafo.


ENLACES RELACIONADOS

Carrera de Tacones de la calle Pelayo 2026


Carrera de Tacones de la calle Pelayo 2026

Etiquetas

, ,

Carmelita Flórez. Fotos de Terry Mangino

A principio de los 70 del siglo pasado el barrio madrileño de Chueca era un lugar poco recomendable para vivir. Sucio, viejo, feo, inhóspito, sin servicios sociales, gris, abandonado por el Ayuntamiento de Arias Navarro, sí, Carnicerito de Málaga. “El mundo sigue”, la película de Fernando Fernán Gómez de 1963, rodada ahí, recoge un testimonio fiel de la realidad dramática habitual que constituía la vida en el barrio. Y a primeros de los años 80, con la llegada a la alcaldía del profesor Tierno Galván, empiezan a llegar a sus calles vecinos atraídos por los bajos precios de los inmuebles. Y es con la Movida madrileña y aprovechando la oferta de viviendas baratas cuando se instalan en él ciudadanos de diversas culturas y gustos que buscan la comodidad de un barrio muy céntrico, bien comunicado y con un vecindario abierto de ideas y tolerante, con el que se puede convivir sin ser objeto de burla o señalado por los gustos de su condición humana. El barrio cobra auge y se convierte en un lugar de convivencia y relación vecinal donde el trato amistoso se extiende entre los habitantes. En la actualidad, el barrio de Chueca, como muchos otros de Madrid, sufre el proceso de invasión turística y de “gentrificación”, esa pérdida de personalidad urbana y de habitantes tradicionales que se ven desplazados por población forastera de presencia efímera y de alto nivel adquisitivo, que con su presencia encarece los precios del consumo, modifica la naturaleza urbana, el arraigo social y las relaciones entre sus gentes.

Chumina Power, en el centro, desde el podium donde se dirigía la carrera.

Desde hace unos años y dentro de las reivindicaciones sociales que el colectivo LGTBIQ+ desarrolla para conseguir una sociedad más justa y tolerante con el que tiene una visión diferente de su personalidad, ha procurado que el barrio de Chueca mantenga su espíritu abierto y vecinal donde la tolerancia y la bienvenida al otro se den la mano. Todo esto a pesar de la homofobia y persecución al diferente que algún partido neofascista intenta implantar en Madrid. Y desde hace más de dos décadas se celebra en la calle Pelayo la carrera de tacones, una fiesta a la que todos están invitados para que el jolgorio, la diversión, la relación social y la acogida al diferente sean la norma que mueva el trato con el vecino, en un clima de fiesta, de entendimiento y de diversión.

A pesar de la Prioridad Nacional volveremos siempre a la Carrera de Tacones de la Calle Pelayo.


Enlaces relacionados:

Carrera de tacones de la calle Pelayo, 2015

Carrera de tacones de la calle Pelayo, 2016

Carrera de tacones de la calle Pelayo, 2017

Ponte la máscara, orgullo gay, Madrid, 2018

Carrera de tacones de la calle Pelayo, 2022

Carrera de tacones de la calle Pelayo, 2023


60 aniversario de Radio Clásica

Carmelita Flórez

Mi tío Lulio retiraba del infiernillo eléctrico la cafetera y nos servía un negro y oloroso chorro de café bien cargado. En la radio sonaba la señal horaria de las tres de la tarde y como un torbellino chispeante se escuchaban las voces festivas y desenfadas de Fernando Argenta y Araceli González: comenzaba Clásicos Populares.

Sí, aquellas voces llenaban las sobremesas del taller de sastrería que mi familia tenía en la calle Hileras, de Madrid. Diez personas, oficiales, planchadoras, cortadores, aprendices, chalequeras, pantaloneras escuchábamos en completo silencio las travesuras y bromas que Fernando y Araceli hacían desde el otro lado de las ondas y reíamos sus jocosos comentarios mientras nos instruían con sus conocimientos musicales. Aquello era una fiesta.

Pasados cuarenta y muchos años la programación de Radio Clásica se ha hecho imprescindible para una gran masa de oyentes que todos los días se embarcan en la aventura de escuchar “Sinfonía de la mañana”, o “Músicas con alma”, o “Melodías Pizarras”, o “Música a la carta”, o “Clásicos Populares”, ahora con Ana Cortijo y Fernando Blázquez, o “Café Zimmerman”, o “La libélula, o “La taberna del puerto”… Es la compañía de la radio, de la música que permanece como un amante fiel para distraerte, para instruirte, para divertirte, para apasionarte, para alegrarte con esa melodía que se instala en tu cerebro y te transporta a la felicidad sin pedir nada a cambio.

Equipo titular de Radio Clásica.

Se han cumplido sesenta años de la creación de Radio 2, ahora Radio Clásica. Y para muchos de sus oyentes veteranos aún perdura el recuerdo de aquellas sobremesas y veladas adornadas de música de Tchaikovski, de Schubert, de Wagner, de Falla, de Albéniz, de Granados… Para celebrarlo, el pasado noviembre se emitió un programa especial desde el auditorio del Centro Cultural Conde Duque, en Madrid, en el que se ofreció a la audiencia un extracto de la historia de la emisora que han escuchado ya tres generaciones de oyentes. Y rtve acaba de publicar un libro en el que las voces que escucha la audiencia se hacen letras y cuentan a los lectores los motivos que les llevan a buscar las mejores músicas para complacer y recrear al oyente.

Concierto en el Teatro Monumental de Madrid interpretado por la Orquesta Sinfónica de RTVE que emite Radio Clásica.

«Buen viaje se le dice al viajero antes de que parta… la música es un bálsamo para tempestades… pueblos aguerridos como los vikingos, celtas, íberos, cartagineses, o musulmanes se entregaban al solaz del noble arte de los sonidos para amenizar y sobrellevar con ánimo y entusiasmo las duras y penosas travesías», escribe Germán García Tomás, conductor del programa “La Taberna del Puerto”, que se emite todos los días de nueve a diez de la noche. El libro está prologado por el director de orquesta Gustavo Dudamel y la escritora Espido Freire.

Estudio 206 desde el que se emite la programación de Radio Clásica con el piano Steinway and Sons.

Sí, la radio es ese velero etéreo en el que te embarcas para cruzar a diario la travesía de la vida, el que te lleva a buen puerto, el que te ampara de las tempestades, el que te cuenta lo que los tramposos quieren que no sepas, el que te acompaña para que olvides la soledad en la que navegas, el que hace que tus días transcurran de la mano del amigo, para que te tomes el café negro, calentito y bien cargado en la sobremesa. Feliz viaje, feliz travesía, feliz música en el barquito de Radio Clásica.

Germán García Tomás, conductor del programa «La taberna del puerto«, junto con Kamal Abkari en la cabina de control del Teatro Monumental durante la transmisión de un concierto.

Radio Clásica se escucha en Madrid en 96.5 FM.

Aquí puede encontrar la programación de verano de Radio Clásica: https://www.rtve.es/play/guia-rne/radioclasica/


Carmen Laffont: la sal y la cal en los lienzos

Carmelita Flórez

Tal vez la fortuna acompañó a Carmen Laffont (Sevilla, 1934-Sanlúcar de Barrameda, 2021) desde su nacimiento. Sus padres se conocieron en los años 30 del siglo pasado en la Residencia de Estudiantes de Madrid y educaron a la niña Carmen en aquel espíritu modernista, innovador e inquieto que ellos recibieron de la Institución Libre de Enseñanza. Los viajes posteriores de formación a París; el contacto, a partir de 1958 cuando expone en el Ateneo de Madrid, con las vanguardias madrileñas que surgían alrededor de la galerista Juana Mordó, los viñedos y las orillas del Guadalquivir, el paisaje marino alrededor del Coto de Doñana, su admiración por el pintor expresionista abstracto Mark Rothko, su técnica depurada en el dibujo y el análisis de formas y planos forjaron su pintura de sinfonías de luz, texturas impresionistas y atmósferas geométricas emanadas de la contemplación interior y abrazo a la naturaleza que la rodeaba.

«Primus circundedisti me» Sí. La obra de Carmen Laffont recorre el mismo paisaje desde el que Magallanes y Elcano zarparon un lejano septiembre de 1519 en busca de lo desconocido o en busca de una ilusión. La misma que aparece en esas marismas, líneas y planos coloridos de salinas y caleras, de viñas saturadas de fruto, de cuadrículas de tejados vistos desde su terraza. Con ellos Carmen evoca una naturaleza infinita acompasada de luces, una sinfonía de colores en armoniosa serenidad. Una máquina de coser, unos cestos, un simple armario o una carretilla de albañil pierden su condición de objetos cotidianos cuando el pincel de Carmen los transforma en sentimiento, en serenidad, en arte.

Carmen Laffont, otra sensibilidad pictórica más como Isabel Quintanilla, como Rosario de Velasco, como Amalia Avia, como Menchu Gal, como María Moreno, como Soledad Fernández, mujeres artistas que nos regalan su mirada y nos emocionan con sus pinturas.

El Museo Thyssen-Bornemisza presenta una cuidada exposición de su obra, segunda mujer en ingresar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando como académica de número. Estará abierta hasta el 26 de septiembre. No se la pierdan.


ENLACES RELACIONADOS

Isabel Quintanilla: interiores en el Thyssen

Menchu Gal, un descubrimiento extraordinario

Rosario de Velasco: feliz descubrimiento

Soledad Fernández expone en El Retiro