VIAJE POR TIERRAS DE CASTILLA (Y CANTABRIA)

Teodosia Gandarias


PASCUAL IZQUIERDO nació en Castilla y a ella ha dedicado o de ella le viene su poesía. Hombre inquieto y andariego entre las mieses y los retablos burgaleses, alfanhuí sobre dos ruedas, ingenioso con las palabras, las llena de belleza y de ellas se sirve para alzar bóvedas de albas, trazar catedrales de ocasos y pétalos o pentagramas de luces bermejas. También es crítico literario y alguna generación se educó en el rigor de sus anotaciones que acompañaban los libros de don Benito Pérez Galdós o de Gustavo Adolfo. Sus letras han ganado tantos premios que su casa parece la sala de trofeos de un ciclista campeón, pero él prefiere beber un vino en copa de vidrio antes que adentrarse por los oropeles de los bajíos traidores del mundanal ruido.

Viajero, guía de los senderos castellanos, poeta, crítico literario, ingeniero aeroespacial y experto en prosas y en caldos de la Ribera del Duero Pascual Izquierdo pertenece a esa saga de escritores forjados en la fragua del amor a las letras y a los libros.  Como tal, acaba de terminar un texto de caminantes en el que glosa la tierra épica que le vio nacer, arcillas y espadañas, campanarios y retablos, barbechos y rocíos, adanes y evas, capiteles y emociones, blasones y monasterios se dan cita en sus páginas. Es un libro de prosa mayúscula, refinada, destilada en el alambique de los chopos, de los páramos y de las pedaladas épicas por campos infinitos de cereales y vides: VIAJE POR TIERRAS DE CASTILLA (Y CANTABRIA).

SANTIAGO IZQUIERDO se detiene en el zaguán de un claustro, o de una alameda de sombras crepusculares y con sus pinceles retrata el aire, las viñas, los campos de trigo o de vides rebosantes de frutos y de colores. Después cabalga en su bicicleta de acero de dos arrobas y pedalea hasta el atardecer para llenar sus cuadernos de luces y de pigmentos mientras lee a Machado o a Rubén Darío.

También es músico y cuando el sol se pone entre los cipreses y la hierbabuena sube hasta el órgano de la iglesia de su pueblo para deleitar a los oyentes con una fuga de Juan Sebastián Bach o una tocata del maestro Tomás Luis de Victoria.

Son suyas las ilustraciones de VIAJE POR TIERRAS DE CASTILLA (Y CANTABRIA).


VIAJE POR TIERRAS DE CASTILLA (Y CANTABRIA) se presenta en Burgos el 7 de octubre, a las 19:00, en la Sala Polisón. Está editado por Oportet Editores



Enlaces de interés:

Entrevista a Pascual Izquierdo en El Correo de Burgos

Comentario de textos

El telero

El blog de Alfredo Fernández Alameda

La aristocracia y el pueblo: maratón de Madrid 2021

Gabriel de Araceli y Terry Mangino. Domingo 26 de septiembre de 2021

Angelitos bellos, querubines negras que vuelan sobre el asfalto, levitando sobre las punteras como bailarines en un minueto de cancanes, hematocrito y sudor. Vistos apenas, quizás presentidos como efímeras sombras que se deslizan acompasando aplausos y admiración. Una exhalación, un zumbido de abeja libando lirios y rosas tardías del otoño de Madrid. Etéreos torsos de piernas infinitas esculpidos en ébano barnizado de seda de marfil. Zancadas sin dejar huella como cigüeñas que aletearan sobre un cielo de kilómetros fundidos a sus pies, a sus alas. Esa elegancia de los serafines del altiplano africano. La maratón, la aristocracia del atletismo.

El barquero Caronte aguarda en la laguna Estigia (entre los km 27,6 y 33 lago de la Casa de Campo) para llevar las almas de los atletas al inframundo del Hades, la derrota, o a los Campos Elíseos, la victoria sobre sí mismos.

Y allá lejos, inmensamente detrás de los arcángeles, una legión de congestionados proletarios zapatea con rigor el pavor del camino largo, eterno y áspero. Una promesa quizás, un reto, una agonía prolongada, un deseo o la necesidad de demostrarse capaces. Aunque el cansancio infinito perfore los cuerpos, aunque el dolor se adueñe de ellos, aunque flaqueen las fuerzas y la voluntad se resista a soportar el castigo, son los náufragos golpeados por la tempestad, los embates de cada kilómetro les susurran a los oídos el canto perverso de las sirenas: ¡No llegarás, no llegarás! Y en una curva del camino, a lo lejos, como el faro que alerta del buen rumbo aparece la salvación, el refugio, el puerto. Filípides aguarda en la meta para llenar de laureles la cabeza de los vencedores. El pueblo. ¡Alegraos, vencimos!  

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17 Keniatas y un blanquito

Angelitos negros

Maratón de Madrid 2017

Vuelve la Feria del Libro del Retiro

DESOCUPADO LECTOR, sin juramento me podrás creer que quisiera que esta Feria del Libro que nuevamente vuelve a Madrid fuera el más hermoso, el más gallardo y el más discreto momento para retornar a las lecturas de volúmenes y cartapacios y a las ensoñaciones, aventuras y recreaciones que nos regalan las páginas pergeñadas de los libros. Singulares han sido los coloquios y momentos de placer que nos han proporcionado y es menester regresar a ellas como se vuelve a la amistad de un amigo al que hace tiempo que no vemos.

No han podido los virus malandrines desbaratar nuestros deseos de leer y henos aquí dispuestos a reconquistar la ínsula Barataria de los renglones y la república de las letras, mal que le pese al gigante Briareo de la desidia y al sabio Frestón de la ignorancia, que no han hecho, a pesar de sus malas artes y encantamientos, sino aumentar el deseo de imbuirnos en las páginas llenas de garabatos y de grabados que conforman los libros.

Yo no quiero encarecerte el servicio que nos hará tu conversación y tu visita en estos días de la próxima feria, pero quiero agradecerte la confianza que nos depositas eligiendo alguno de esa caterva de libros vanos que torpemente hemos escrito aun con todo nuestro entendimiento y saber. Así que esperamos tu presencia, tus palabras y tus confianzas en el parque de El Retiro entre los próximos 10 y 26 de septiembre. Y con esto Dios te dé salud y a mí no olvide. Vale.

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PATAGONIA, Premio de Novela Ciudad de Salamanca, 2018

TRÍO IRLANDÉS

Gabriel de Araceli

UN BLOOMSDAY iniciático sirve como excusa para el viaje que tres amigos realizan por la verde Irlanda glosando el que Leopold Bloom hiciera el 16 de junio de 1904 por Dublin. Bloom es el protagonista de Ulises, esa novela críptica que James Joyce escribió tras su encuentro sicalíptico con Nora Barnacle en aquella fecha. Trío Irlandés es un viaje, la excusa ideal para desahogarse de las penas y desvelar los secretos que las prisas de la relación cotidiana nos cargan en la conciencia. Un púdico menage à trois de pláticas desnudas de tres caballeros lejos de sus ambientes, de sus mujeres, de las miradas del entorno cerrado de su día a día. «La sociedad funcionaría mejor si estuviera formada por tríos en lugar de parejas» declara gallardamente uno de los protagonistas.

Esta es la premisa que rige el libro: Viajar, andar para depurar el alma de los fantasmas habituales, caminar como excusa para expeler las afecciones que la vida nos provoca en cada recodo, apagar a zancadas los rescoldos que el fuego de la pasión nos deja en el brasero de la existencia, moverse es practicar la catarsis, liberar el espíritu de todos los lastres que lo obstruyen.

Trío Irlandés es un libro de viajes, puede enmarcarse en la larga tradición literaria castellana que convierte al camino en protagonista. “El Quijote”; “La ruta de don Quijote”, de Azorín; “Viaje a la Alcarria”, de Cela; “El camino”, de Delibes, “El peregrino”, de Torbado; “El camino más corto”, de Leguineche; “Milenium”, de Vázquez Montalbán, etc., son obras en las que los protagonistas se enfrentan a los imprevistos que un itinerario desconocido les plantea cada jornada. Quizás en Trío Irlandés prime la intimidad, las conversaciones libertinas, tal vez florentinas que los protagonistas se cuentan, las reflexiones filosóficas sobre la obra de Ludwig Wittgenstein, los recuerdos de una juventud alojada entre las oquedades de las amantes que se aleja y el paso desbocado hacia la madurez, esa fase en la que nos vemos claramente en la antesala de la nada. «Siempre necesité a los demás para no oírme a mí mismo, para envolver los silencios y no cortarme con sus aristas» confiesa uno de los protagonistas. Todo a golpe de zapatos, de recorridos imprevistos por paisajes verdes de lágrimas del alma. «La ciudad hay que conocerla por los pies», dice uno de los protagonistas. Y todo al amparo de la “triple E: ética, estética y etanol”. Ese estado fronterizo entre el nirvana y la Casa de Socorro que se consigue armonizando las conversaciones alrededor de varias pintas de cerveza Guinness, el símbolo más conocido de la Irish Republic. Incluso cabe en el relato una reflexión sobre los poetas y novelistas malditos, sobre la moral que rige la industria editorial, la concesión de sus premios y sobre la fauna que habita en los renglones torcidos y excluidos de los desheredados que no acceden a ellos.

Juan Fernández Sánchez piensa que sus apellidos quizás no sean muy novelescos. Que llamarse don Ramón María del Valle Inclán o John Dos Passos o Simone de Beauvoir abren inmediatamente las puertas de los lectores más reacios a los libros, al descubrimiento de lo nuevo. Se equivoca porque su prosa está escrita con la experiencia que su extenso conocimiento librero le ha proporcionado a lo largo de su viaje introspectivo por la geografía de sus amoríos, a lo largo de su navegar por un océano de volúmenes, cartapacios y papeles, en sus varias décadas de enseñanza como profesor de alumnos antropófagos, en sus incontables cuadernos salpicados de anotaciones amanuenses, en sus horas y horas de lectura y reescritura. Sus novelas están salpicadas con las reflexiones de los sabios y la sapiencia de los pícaros. Trío Irlandés se desliza por los recovecos filosóficos del pensamiento ilustrado y por los guiños taberneros de la jerga popular. Así que no extraña que Juan Fernández Sánchez obtuviera el Premio Tiflos de Novela 2018 por su obra “La silla vacía”, editada por Edhasa Castalia. Una novela que conjuga el savoir faire con las vergüenzas íntimas de aquellos exquisitos existencialistas parisinos que no veían con buenos ojos que a Camus le dieran el Nobel. Y no ha sido el único premio en su carrera. Trío Irlandés está editado por Editora Regional de Extremadura.

 Pub, bares, qué lugares tan gratos para conversar. No hay como leer Trío Irlandés en un bar.


IRISH REPUBLIC

Fotos de Terry Mangino

Chiquita Banana

Ángel Aguado López

Cuando la revolución se precipita no tiene límites ni control e incluso a los revolucionarios espanta porque no previeron sus resultados…

Acabado el gran conflicto bélico con la derrota del nazismo y de Japón, la hegemonía mundial se la disputan las potencias occidentales enfrentadas a los demonios comunistas, el ogro Stalin y el maligno Mao Tse Tung, se declara la Guerra Fría. Coincide el momento histórico con los levantamientos anticolonialistas de la Indochina francesa y el conflicto de Corea. Añádase el temor a la hecatombe nuclear, o la histeria anticomunista que provocó la caza de brujas del beodo senador MacCarthy y se obtendrá un panorama crítico que provocará traumáticas transformaciones en las relaciones internacionales durante al menos tres décadas, de 1945 a 1975.

Así que, al general Eisenhower, el vencedor de la 2ª GM, desde su atalaya presidencial (1953-1961) no le cuesta mucho trabajo convertirse en vigilante de la ética capitalista —si es que el capitalismo tiene alguna ética— en su lucha por defender los intereses del colonialismo empresarial yanqui, presente en las costas del vecino mar Caribe desde finales del siglo XIX.

United Fruits Company

Una de esas empresas, no especialmente escrupulosa obteniendo beneficios es la United Fruits Company, la Frutera, la UFCO, el Pulpo, la Yunai, implantada en toda Centroamérica, dedicada al cultivo y exportación a USA del banano, una fruta exótica y casi desconocida allá a comienzos de la década de los 40. Y tan brutal con los indígenas jornaleros como generosa en sobornos con los dirigentes corruptos de esos países. Bajo la paranoia de apalear al diablo comunista y con la pretensión de obtener la máxima riqueza posible —durante la presidencia de Eisenhower, Estados Unidos gozará de un extraordinario desarrollo económico sin precedentes en su historia— se ejercerá la política exterior americana derribando gobiernos díscolos o colocando mandatarios a su gusto, o contando con la ayuda de sátrapas locales a los que premiará con el refugio de su protección.

La United Fruits Company era propiedad de Samuel Zemurray, Sam the Banana Man, un emigrante ruso llegado a USA con apenas tres años, en 1880, un self made man que con la ayuda, en 1948, de otro emigrante, el publicista Eduard L Bernays, un judío austriaco, sobrino de Freud, que llegó a USA con poco más de cinco años, en 1896, un mago en el desarrollo de las publics relations, idearon un plan de desestabilización y acusaciones falsas de socialismo y aproximación a la URSS (lo ahora conocido como fake news) sobre el gobierno del guatemalteco Juan José Arévalo con objeto de lograr la intervención del gobierno USA en la política caribeña. La UFCO fue el motor del mal que desgajó países, corrompió gobiernos, alteró políticas sociales, provocó golpes de estado, retrasó el desarrollo económico de naciones, impidió el acceso a una vida digna a millones de trabajadores —muchos de ellos indios nativos desheredados—, derribó presidentes, provocó matanzas y se infló a ganar millones de dólares libres de impuestos a costa de los más débiles con la excusa de que, aquella zona merenguera del Caribe, apenas a doscientos km del Canal de Panamá, era el objetivo de penetración de la URSS en Centroamérica. La administración Eisenhower, con la inocente ayuda de la prestigiosa prensa —The Washinton Post, The New York Times o el semanario Time apostaron ingenuamente por unas noticias que no existían. Una trasposición temporal de lo que hicieron los periódicos de William Randolph Hearst provocando una guerra contra España, la guerra de Cuba de 1898— y bajo la batuta de la CIA —la Madrastra— del escalofriante Allan Dulles esgrimió la amenaza de la presencia soviética en la zona para desacreditar al presidente electo Juan José Arévalo, derrocar, en 1954, el gobierno legítimo del presidente de Guatemala Jacobo Árbenz y colocar allí a un militar sin prestigio ni liderazgo, un alocado extremista que tan sólo aguantó tres años en el poder antes de ser asesinado: el coronel Carlos Castillo Armas. Sin embargo, jamás existió el peligro soviético, los rusos ni estaban ni se les esperaba.

Los ingredientes

Guatemala, un país desconocido para la opinión pública norteamericana; el genocida dominicano Trujillo; marionetas gobernando aquí y allá; mises sabedoras del poder que su sexo despierta en los instintos básicos de los mandatarios; “Caca” —Carlos Castillo Armas—, el mequetrefe presidente impuesto por USA en 1954 y asesinado en 1957 por Johnny Abbes García, un sádico que leía poemas de Amado Nervo mientras aplicaba las torturas chinas que había aprendido con la policía mexicana, becado por Trujillo, la Araña, a sus víctimas; sicarios borrachos de sangre; asesinos nómadas; mercenarios de un ejército fantasma, el “ejército liberacionista”; espías triples; un gringo xenófobo, el embajador Peurifoy, marcando revólver en la sobaquera; aviones USAF bombardeando a la población civil; militares corruptos; Jacobo Árbenz, el presidente víctima de sus ideales reformistas; burdeles, garitos, casinos, o el obispo Rossel y Arellano, un fanático integrista que consigue el ascenso a general del Cristo Negro de Esquipulas* son los ingredientes que maneja Mario Vargas Llosa para guisar la novela: “Tiempos recios”.

Tiempos recios

 Porque “Tiempos recios” son muchas cosas a la vez: novela histórica, reportaje periodístico, crónica de una época, melodrama tragicómico con vocación cinematográfica y ensayo sociológico. Tiempos recios requirió al autor un enorme esfuerzo de documentación, de inmersión en archivos y hemerotecas, de visitas a protagonistas y a expertos en el Caribe. Oficio de periodista que el autor ejerce desde siempre. Prima en la estructura la narración secuencial, pequeños capítulos donde los protagonistas, los espacios, los tiempos, los diálogos, las tramas y la información que el lector recibe se alternan cinematográficamente como si de una película se tratara. Un trabajo de planificación precisa del argumento, minucioso labrado de las piezas, de los personaje y encaje de bolillos el que ha realizado Vargas Llosa para desplegar este relato extenso de vida, peregrinación e historia trágica de un tiempo tormentoso, no necesariamente aclarado ni mejorado ahora.

Un relato protagonizado por una mujer, una barragana que se enfrenta a la legítima esposa del títere, el coronel “Caca”, rivalizando con ella por el poder entre las sábanas e intrigando en una corte de mercenarios ebrios de ron y de lascivia: «Con miss Guatemala, con Marta he vuelto a tener deseos, a ser un hombre en la cama», confiesa Castillo Armas, Cara de Hacha. Las novelas de Vargas Llosa están llenas de protagonismo femenino: Marta Barrero (en la realidad se llama Gloria Bolaños y vive actualmente en Florida). O Urania Cabral, la protagonista, heroína y víctima de “La Fiesta del Chivo” (2000). O como Lily-Arlette, la intermitente provocadora de “Travesuras de la niña mala” (2006), aquella mujer que aparece y desaparece en la vida de Ricardo, el hombre muñeco desestabilizado por los caprichos de la dama. O la tía Julia con su escribidor (1977); o Flora Tristán, la abuela de Paul Gauguin, luchadora por los derechos de la mujer que trató de niña a Simón Bolívar, en “El paraíso en la otra esquina” (2003); o las visitadoras de Pantaleón (1973).

Mario Vargas Llosa en la Biblioteca Nacional, Madrid, octubre 2012.

Tetralogía

El Caribe y la intervención americana en los años 40-60 es un tema recurrente en la narrativa hispanoamericana. Basta recordar la extensa novela que sobre el vasco Jesús Galíndez escribió, hace más de treinta años, Manuel Vázquez Montalbán. El historiador y escritor Tony Raful ha publicado varias obras de investigación sobre el terrible sicario Johnny Abbes García, el ejecutor implacable de Leónidas Trujillo. Y sin duda, la gran novela sobre el terrible mandato del sátrapa dominicano es “La Fiesta del Chivo”. Tiempos Recios completa una tetralogía sobre un tiempo y una zona del planeta que vio arruinada su paz por la codicia del capitalismo yanqui.

Rescoldos

La crisis de los misiles, la expansión del socialismo cubano y sus lazos con la URSS fueron consecuencias directas de aquella intervención norteamericana en el Caribe. Quizás para prevenir una acción yanqui, aquellos barbudos se radicalizaron para evitar que la CIA actuara en La Habana como lo había hecho en Guatemala. El desarrollo social y económico de todos aquellos países se vio comprometido durante décadas. Y aquella política de Eisenhower fue el origen de la terrible pobreza actual que fuerza a la emigración a millones de parias hacia el gran norte, hacia el origen de sus desdichas. Nunca se resolvió el entramado económico del asesinato de Kennedy ni sus inductores intelectuales, sucedido apenas dos años después de la crisis de Bahía de Cochinos y del asesinato de Trujillo.

Y desmitificar la actuación del Che Guevara en sus logros revolucionarios —presente en Guatemala en el momento del asesinato de Castillo Armas. Vendía enciclopedias puerta a puerta para sobrevivir—, tal vez desvelar sus responsabilidades en los fusilamientos de la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, que Mario Vargas Llosa nos sugiere al final de la novela. “Una gran torpeza de USA preparar el golpe de estado contra Árbenz”, declara uno de los protagonistas. Un Vargas Llosa que parece identificarse con la política social de los presidentes Arévalo y Árbenz, para sorpresa del lector que ubique al novelista intelectualmente en el liberalismo conservador.

La UFCO es en la actualidad Chiquita Brands International, Chiquita Banana, y sigue manteniendo una presencia empresarial importante en el Caribe sin que las condiciones económicas de esos países hayan mejorado mucho ni se vea perspectiva de solución a medio plazo.  

La retirada sincopada de Afganistán es el último rescoldo de la presencia perpetua del policía de Occidente:

 «Cuando se echa a correr una bolita desde lo alto de la montaña, se puede desencadenar una avalancha». 

Todo fue, no más, por un puñado de plátanos.

Gloriosa Victoria, mural de Diego Rivera en el que aparecen todos los protagonistas del golpe de estado propiciado por la CIA y que encumbró al títere de Carlos Castillo Armas en la presidencia de Guatemala.

*Recuérdese la medalla que otorgó aquel ministro del Interior, supernumerario de la Obra, ahora imputado por espionaje, a una imagen religiosa; o la emosión con que aquella ministra de Trabajo nos recomendaba resar a la virgen del Rosío para que nos diera curro, y comprobaremos lo poco que evoluciona el mundo, o lo mucho, según se mire quien lo dirige: el mal.

Enlaces relacionados:

El agente Rojas ND507

Historia de Mayta