Ponte la máscara

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Gabriel de Araceli. Fotografías de Terry Mangino

     —Solo la peineta de carey me costó 500€, y otros 500 la mantilla de chantilly y pedrerías. Y el vestido de terciopelo bordado, imitación de Balenciaga, otros 500. Que me salió por una pasta la Procesión de los Alabarderos. Porque no podía ir así, de trapillo, que después doña Cayetana nos mira mal, la cofradía del santo sepulcro, los muchachos, los de la Guardia Real, ya sabes, con esos calzones apretados, que se les marca todo, en fin, que dios me perdone los malos pensamientos.

     —Uy, pero tú vas al cielo, es como pagar un seguro —le dijo Lola a doña Pura. Aunque eso de rezarle a una imagen cadavérica que te amenaza con el fuego eterno no lo acababa de entender. Por lo menos ella se lo pasó de vértigo el finde en Madrid. Se tiró todo el orgullo besos por aquí, roces por allá, incluso una arremetida con una desconocida, ¿o era desconocido?, que se dio en un bar en Chueca, no lo recordaba bien, demasiado alcohol, aún tenía resaca. Bueno, pensó, lo mío también es por una buena causa, la reivindicación de los derechos de los transexuales y la aprobación de la ley de igualdad de las personas elegetebei.

     —El tatoo del conejito en el ombligo, 200, pero me han dicho que me lo puedo borrar. Aunque no sé, tantos pinchazos en esa zona tan delicada, ¿sabes?, no termina de gustarme. El piercing, el imperdible en el… sí, ahí, otros 200, porque es de plata inalterable, bañado en oro y no produce alergias.

    —¡Qué te has puesto un imperdible en el..! —Doña Pura fingió un gesto de estupor y dirigió a Lola una mirada recriminatoria. Aunque bien pensado podía probar. La idea la perturbó, sintió como si se le alterasen las entrañas. Total, doña Cayetana no se iba a enterar y tampoco tenía tanta fe en el del madero. Ya era hora de darse una alegría, no todo iba a ser rezar, quitarse el disfraz de beata. Lo de la cara de sorpresa que le puso a Lola era… sí, un “postureo”, así lo llaman ahora, se dijo.

    —Pues a mí el imperdible, como tú dices, Pura, me costó 300. Y ahora me arrepiento, porque eso de que iba a tener unos orgasmos explosivos, ¡mentira! —soltó a bocajarro Soraya—.  Me lo puse cuando lo de Neptuno. Sí, lo de la copa esa que ganó mi Atleti, lo hablé con Manolo y se puso que no veas… Y ahí sigue, sin estrenarse, Manolo… na de na, los hombres ni te miran el artefacto, todo se les va en empujar y empujar hasta… lo suyo. Y yo allí, en Neptuno, toda rojiblanca, disfrazada por una buena causa, celebrando la victoria, que me costó una pasta el imperdible, el vestido hecho a medida. Y el maquillaje, toda la tarde en el esteticista, un chino, que no me entendía, lojo no, rojo, rojo, por ahorrarme unos euros. Eso sí, los periodistas, los fotógrafos todos pendientes de mí esa tarde, salí en Telemadrid, como Simeone.

     El camarero del Café Barbieri les dejó el cubo con los seis botellines de Mahou, el segundo. Las tres mujeres tan normalitas pasaban desapercibidas entre el público del café. «Tres amas de casa que se cuentan sus problemas matrimoniales» pensó un momento aquel hombre que escribía lo que escuchaba, la oreja atenta a la conversación de las señoras. Parecía Ian Gibson, parecía.

    «Cómo va a ser una buena causa disfrazarse de rojo y de blanco. Esta Soraya ha perdido la razón. Y también con imperdible, por un hombre, ni que tuviera quince años… Y marcharse ahí, a Neptuno, enfrente del Palace, donde tomo yo el brunch los domingos por la mañana con doña Cayetana, no puede ser una buena causa eso del fútbol, como si fuera un tiorro» se dijo para sí doña Pura mientras sonreía a sus amigas como agradeciéndoles sus confidencias.

     «Anda que está buena esta doña Pura. Más le valía quitarse el luto y venirse al orgullo, o a la calle Pelayo, a ver si le sale un novio y le quita las telarañas de las entrañas. O una novia, que se diera un homenaje transexy o elegetebei… y menos andar con gazmoñerías y rezos fúnebres y balenciagas de mentira, que se le pasó el arroz hace ya tiempo» pensó para sí Lola y dirigió una sonrisa a sus amigas.

     «Pues anda que no se ha vuelto idiota la Lola con la novia esa que se ha echao. Si yo la recuerdo de siempre morreándose por los bares de Lavapiés con tíos. Si ha tenido un montón. Y ahora, ¡que se ha hecho torti! y que se ha puesto un imperdible ahí. Vamos, a mí ni se me ocurre, con lo que debe de doler. Cómo que me lo voy a creer. Ni por una buena causa ni por nada, que no, que no, que a mi me gustan los tíos, el Manolo, y el Atleti. Bueno, tampoco tanto, fui a Neptuno porque Manolo me dijo que iría, que después ni fue, que si no, ahí me iban a ver a mí, tan ridícula disfrazada de rojo y blanco. Pero si no me gusta el fútbol» se dijo para sí Soraya y sonrió a sus amigas.

    «Somos tan iguales en el hecho diferenciador que sólo nos diferencia, o nos une el disfraz, el color de la máscara, o de la bandera, o de los pendientes, que unos los llevan en las orejas y otros ahí, sí, en ese sitio tan incómodo. A las procesionarias de negro les siguen los disfraces rojiblancos y con el calor el sarampión de los guerreros y las guerreras del arco iris. Todos reivindicamos algo, ya sea el abrazo a la diferencia y al homónimo o la explicación de lo inexplicable. Tacones por aquí, balenciagas por acá, correajes por allá, plumas por acullá, sudor, oraciones o goles en propia puerta… Ponte la máscara y podrás tener felicidad, porque todos llevan su disfraz, ponte la máscara, tu máscara y te servirá de talismán. No salgas a la calle sin la máscara» escribió en su cuaderno aquel señor que se parecía a Ian Gibson, se parecía.

    El camarero les sirvió a las señoras un cubo con botellines de Mahou. El tercero.

 

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Hoja de servicios

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Gabriel de Araceli

En la guerra como en la vida es peor el traidor que el enemigo

  El 2 de mayo de 1808, los capitales de Artillería Luis Daoiz y Torres y Pedro Velarde y Santillán se levantan contra las tropas napoleónicas y entregan las armas al pueblo contradiciendo las órdenes recibidas de la superioridad. Murieron en combate ese mismo día. La historia los convirtió en héroes.

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Daoiz y Velarde a lo suyo, en la Plaza del 2 de mayo

     El 6 de julio de 1937, de madrugada, la 11ª División del Ejército Popular de la República, a las órdenes de Enrique Líster toma Brunete. En el búnker del Canto del Pico, sede del Estado Mayor republicano, el coronel Manuel Matallana Gómez, ayudante del coronel Vicente Rojo Lluch está inquieto. La operación bélica no transcurre según los planes trazados y días después, el 25 de julio, festividad de Santiago matamoros, o matacristianos y tras dejar 40.000 muertes la batalla de Brunete queda en tablas.

    El ejército republicano no fue suficientemente municionado ni pertrechado, algunas acciones de distracción no fueron ejecutadas y en los días previos al ataque se exhibió una gran cantidad de material bélico y armas por las calles de Madrid, que sin duda fueron observadas por los quintacolumnistas que espiaban al servicio de las tropas rebeldes. Aunque nadie responsabilizó de esos desaciertos a Matallana. Entre los, posteriormente, generales Rojo y Matallana se forjó una camaradería académica. Desde su exilio en Bolivia, Rojo procura retomar la amistad con el antiguo compañero de armas, e incluso su mujer, Teresa Fernández, visita Madrid en 1949 e intenta transmitir a Matallana un mensaje de Rojo. Sin resultados. A Matallana, Franco lo condenó a treinta años de cárcel. Aunque finalmente sólo cumplió dos y salió en libertad en 1941.

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Casamatas en Brunete, son de 1938, nunca entraron en combate

   El capitán de Infantería Enrique Eymar Fernándezsostuvo el 23 de septiembre de 1924 en el punto fortificado de Hadia (sigue nombre ilegible) duro fuego con el enemigo y resultando este oficial con una herida producida por arma de fuego con orificio de entrada en espina iliaca antero superior derecho y salida en región lumbar izquierda penetrante de vientre siéndole pronosticada de muy grave y evacuado al hospital de Tetuán”. Promovido a teniente coronel de Inválidos en 1932 fue cesado como subdirector del Museo Histórico Militar el 25 de julio de 1936 “por orden del Comité rojo”. Pasó la Guerra Civil sin responsabilidad alguna hasta la “liberación total de España por las tropas nacionales… A este jefe se le forma expediente de depuración en averiguación de la conducta observada durante el dominio rojo y según copia del testimonio fue sobreseído provisionalmente dicho expediente”.

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El entonces coronel Eymar recibe el 1 de enero de 1950 la medalla de Plata al Mérito Policial de manos del Director General de Seguridad, Francisco Rodriguez Martínez.

  El teniente de Caballería Segismundo Casado López estaba “de guarnición en el Regimiento 1 en Madrid en 1917. Durante los días 13 al 24 de agosto coadyuvó con el Regto al mantenimiento del orden público alterado en esta Corte con motivo de la huelga general habida en los expresados días… de clara inteligencia, celo en el servicio, su espíritu militar y sus iniciativas hacen que pueda calificársele como muy brillante oficial”.

    El teniente de Infantería Manuel Matallana Gómez, “de guarnición en Melilla, se trasladó el 26 de mayo de 1916… y participa en la toma de Assel y Benilu cerca del Monte Arruit”. Cerca de Ceuta, en El Biutz es herido el 29 de junio el capitán Francisco Franco Bahamonde. El 29 de enero de 1929, el ya capitán de Infantería Matallana, a las órdenes del general Luis Orgaz Yoldi, “toma parte en la represión de los sucesos acaecidos en Ciudad Real, en la sede del Regimiento de Artillería Ligera nº 6”. Un levantamiento militar contra la dictadura de Primo de Rivera.

La justicia vale menos que el orín de los perros (León Felipe)

     El 23 de julio de 1910, el teniente Enrique Eymar Fernández “marchó por ferrocarril a la villa de Castro Urdiales (Santander), con motivo de la huelga minera desarrollada en dicha provincia y en la de Vizcaya… y prestando el servicio propio de la situación”.  Conflicto minero en el que participaron Pablo Iglesias y el líder local Facundo Perezagua. Y que no se había solucionado el 12 septiembre de 1911, como recoge El Correo Español: “Los Sres. Canalejas, Barroso y Luque expusieron las medidas tomadas, las órdenes dadas a las Autoridades… y el envío de tropas a Bilbao, Asturias y Santander… Al capitán general de la sexta región, Sr. Aguilar… se le han dado órdenes de que proceda con muchísima energía”.

   Al ya coronel en 1940 Enrique Eymar Fernández le habían matado un hijo los chequistas que efectuaban en Madrid las sacas de las cárceles en noviembre de 1936. Quizás fuera por esa pérdida por lo que, nombrado juez especial de la 1ª Región militar el 8 de marzo de 1941, mostró celo implacable en la persecución de los rojos, permaneciendo en activo hasta el día de su fallecimiento, el 21 de agosto de 1967. Entre los procesos que instruyó y las sentencias que dictó sobresalen los de Heriberto Quiñones, fusilado; las trece rosas, fusiladas; Julián Grimau, fusilado; Vicente Rojo, condenado a cadena perpetua y absuelto en la misma sentencia…

   El general de brigada honorífico Enrique Eymar Fernández sirvió en el ejército la asombrosa cifra de 64 años, 10 meses y 13 días.

     El 18 de julio de 1936, el comandante Segismundo Casado López quedó en zona no liberada, donde finó el año. Por medio de declaración jurada del interesado (sin fecha en la matriz existente en el Archivo Militar de Segovia), su hoja de servicios fue ampliada en los siguientes términos:

1937-1938. En zona no liberada todo el año.
1939. En zona no liberada hasta el 28 de marzo en que se ausentó al extranjero, fijando su residencia en Londres.
1940. En el extranjero todo el año.
1941. En la misma situación en que finó el año anterior. Por orden de 28 de octubre marginal es baja en el ejército por hallarse en ignorado paradero.

     Quizás sin saberlo sirvió Casado a los intereses británicos, que deseaban a toda costa la caída de la República y no se opusieron al golpe de estado que protagonizó el 6 de marzo de 1939 y en el que participó Matallana. Tras su huida, Casado llega a Londres en 1940 y trabaja con el pseudónimo de Coronel Juan de Padilla en el BBC Word Service, el lugar ideal donde se camuflaba a los espías. Se enamora de Norah Purcell, mujer algo más que inteligente. Con el apoyo consular del Reino Unido reside en Colombia y Venezuela trabajando para el grupo Nestlé. Su exilio fue una justificación constante de su asonada y un resentimiento permanente al resto de los republicanos. Afectada su salud regresa a España en 1961. Se enfrenta a un proceso de depuración del que sale absuelto y fallece en su domicilio de la calle Cea Bermúdez en 1968.

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Casado lee por radio desde el bunker de la Posición Jaca el enfrentamiento contra el gobierno de Negrín, el 6 de marzo de 1939.

     No sólo hubo dificultades en las comunicaciones y en el municionamiento en la Batalla de Brunete. En la ofensiva que Rojo pretendió realizar en la Batalla de Peñarroya, al final de la guerra, en enero 1939, abundaron los sabotajes en la concentración y traslado de tropas. También se suspendió en esas fechas el desembarco previsto en la costa de Motril, una acción pensada para reducir la presión franquista sobre Madrid. Sucedió con anterioridad algo parecido en el Plan P, una estrategia que pretendía romper en dos al ejército rebelde presionando sobre Extremadura y que no se llevó a cabo por las divergencias existentes entre los mandos de Estado Mayor republicano. Rojo se queja en sus memorias de las dificultades que constantemente se encontraba al reclamar a Miaja (tan respetado por Rojo como denostado por los rebeldes y algunos compañeros de armas) refuerzos para la batalla de Teruel y más tarde en el Ebro. También insinúa las envidias que levantaban sus planes entre sus compañeros de armas. Según los militares comunistas Enrique Castro Delgado y Juan Modesto, Matallana favorecería estos fallos ofensivos y la desidia observada entre los jefes del Ejército Popular. Tras la victoria de Franco, las sospechas de colaboración de Matallana con la Quinta Columna se vieron confirmadas por Juan Hortoneda Juliá y Celestino Mora, miembros de esta organización clandestina enquistada en el Madrid sitiado, que testificaron a su favor en la causa que se le abrió, así como José Centaño de la Paz, exagente del SIPM, que corroboró la actuación pro-rebelde del coronel. De nada le sirvió a Matallana, que vivió con dificultades los últimos años de su vida y falleció en Madrid a los 58 años, en 1952.

Daoiz, Velarde, Matallana, Casado, Eymar: héroes, villanos, jueces, víctimas, traidores…

La fidelidad a las leyes o a las ideas se disuelve en el juicio de la historia y son la victoria o la derrota las que marcan la legitimidad de las conductas.

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En primera fila El Campesino (al que Rojo consideraba inútil para el arte militar), el general Miaja y el coronel Matallana (dcha.).

 

No sabe de edad don Amor

El 30 de julio de 1909, se casaron Leonor Izquierdo y Antonio Machado, ella tenía 15 años y 18 días

Gabriel de Araceli. Fotos de Terry Mangino

     Un mirlo quiebra el silencio en el cementerio del Espino, en Soria. Se va, como si advirtiera que su trino mortificara, más aún, al poeta, que quizás vele escondido bajo los cipreses a su amor juvenil, a Leonor Izquierdo Cuevas. Juegan los niños más allá, alegrías infantiles, y tañe, lejana, la campana de un reloj. Las seis de la tarde.

            Mi niña quedó tranquila, dolido mi corazón. ¡Ay, lo que la muerte ha roto era un hilo entre los dos!

     El poeta llegó en 1907 a Soria, un hombretón de 32 años que se cruza con una mujercita de 13. Y algo le trastorna el entendimiento al profesor de francés, experto en transitar recovecos proverbiales pero indefenso al hechizo de mujer:

Colmenero es mi amante,/y, en su abejar,/abejicas de oro/vienen y van./De tu colmena,/colmenero del alma/yo colmenera.

           Sentí tu mano en la mía, tu mano de compañera, tu voz de niña en mi oído como una campana nueva, como una campana virgen de un alba de primavera.

Leonor Izquierdo el día de su boda, el 30 de julio de 1909. Tenía 15 años y 18 días.

         Tuvo que esperar la pareja hasta que ella cumpliera los 15, edad mínima en la época para contraer matrimonio. La maledicencia, qué diría de un amor tan asimétrico la sociedad de entonces. Soria, una pequeña ciudad provinciana, apenas presente sino en el rigor castellano. Era 1909. Largos paseos, quizás para besarse a escondidas entre san Polo y san Saturio, amarraditos los dos: antes que salga la luna dos palabritas contigo tengo que hablar.

           Estos chopos del río que acompañan con el sonido de sus hojas secas, el son del agua cuando el viento sopla, tienen en sus cortezas grabadas iniciales que son nombre de enamorados, cifras que son fechas.

         Y duró la felicidad lo que dura el beso de media tarde, que la niña enferma de muerte estaba. Y en París, 1911, se le declaró el horror y Antonio, deudor de la pasión y de la tragedia víctima, requirió ayuda a Rubén Darío, que allí señalado por la absenta y la depresión trabajaba de diplomático solemne y mercenario periodista. Rubén le prestó a Machado el dinero necesario, poeta a poeta, enamorado a enamorado, para que Leonor regresara a Soria en busca de la salud del cuerpo.

        Amor por amor. Francisca Sánchez, el gran amor de Rubén. Si vino la primavera/volad a las flores,/no chupéis cera. Esos amores que no entienden de edad, inexplicables. Fue mucho antes, en 1899. Rubén visitaba la Casa de Campo con Ramón María del Valle Inclán. Ni es la torcaz benigna, ni es el cuervo protervo: Son formas del Enigma la paloma y el cuervo. Y allí, entre las azucenas olvidada, se encontró Rubén con Francisca, 13 años más joven. Extenuado y deseoso de amor quedó el poeta, que le duró el hechizo eternamente. Y entre sus duros pechos, lirios del Aqueronte. Hay un olor que llena la barca de Caronte.

      Y en Soria nuevamente, Leonor y Antonio, apenas unos besos, desgarrado pasear a san Saturio, que se le fue entre los brazos Leonor una tarde de verano, el 1 de agosto de 1912. Apenas una semana después abandonó Soria el poeta dolido eternamente por la pérdida de su amada. Y ya no recobró la quietud del alma, por más que fuera a Baeza o a Madrid.

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           Y a poco se le fue a Francisca Sánchez su Rubén Darío, consumido de amor, o de alcohol. Este buitre voraz de ceño torvo/que me devora las entrañas fiero/y es mi único constante compañero/labra mis penas con su pico corvo.

     Que de azul y en 1916, cuatro años después que Leonor murió el poeta, que en 1914 marchó a Nicaragua, y nunca regresó a los besos de Francisca, separados por un océano cruel de submarinos y cirrosis. Francisca guardó para sí el gozo de sus besos, y expandió por los cielos a Rubén Darío, gozosa de haberle amado.

        Ella de la hembra humana fuera ejemplar augusto; Ante su rostro olímpico no habría rostro adusto.

       Por fin catedrático y destinado en Segovia en 1919. Don Antonio permaneció 13 años en la humilde pensión ahora convertida en museo. Eran tiempos de aplauso y homenaje, de esperanza paciente en el brotar de los trigos, de un tiempo nuevo. Machado, republicano significado, fotografías ilustres en los cafés y meriendas de torrezno y cochinillo. Guiomar le perturbó apenas los cuadernos, que el ánimo siempre le quedó marchito sin su ruiseñor, su corazón vacío entre las orillas del Eresma y el Clamores.  Y cuando la serpiente envenenó de truenos y de sangre los campos castellanos y todo fue bramido, bayoneta y osario calcinado emprendió ligero el viaje a la vuelta del camino, donde esperaba Leonor. Despertad, cantores, acaben los ecos, empiecen las voces.

        Y Francisca muchos años después, en 1963, se unió a Rubén Darío, cerbera de sus memorias.

        Las Gracias junto a ella quedarían confusas, Y las ligeras Horas y las sublimes Musas.

 

Tumba de Machado, en Collioure


Carta de Machado a Bergamín agradeciéndole su ayuda:

Colliure -­ Hôtel Rosignol-Quintino

9 de febrero 1939 (P y r – Or)

Sr. Dn José Bergamín

Muy querido y admirado amigo:

                                                                                                                        Después de un éxodo lamentable, pasé la frontera con mi madre, mi hermano José y su esposa, en condiciones impeorables (ni un solo céntimo francés), hoy me encuentro en Collioure, Hôtel Rossygnol-Quintana y gracias a un pequeño auxilio oficial con recursos suficientes para acabar el mes corriente. Mi problema más inmediato es el de poder resistir en Francia hasta encontrar recursos para vivir en ella de mi trabajo literario o trasladarme a la U.R.S.S. donde encontraría amplia y favorable acogida.

Con toda el alma agradezco los generosos ofrecimientos de esa Asociación de Escritores, muy especialmente los de Mr. Jean Richard Bloch y el Prof. Cohen, pero temo no solamente quedarme muy aislado como Vd. indica, sino además no disponer de medios pecuniarios para mantenerme con mi familia en esas casas y para trasladarme a ellas. Así pues, el problema queda reducido a la necesidad de un apoyo pecuniario a partir del mes que viene, bien para continuar aquí en las condiciones actuales, bien para trasladarme a alguna localidad no lejana donde poder vivir en un pisito amueblado en las condiciones más modestas.

Vea Vd. cual es mi situación de hecho y cual puede ser el apoyo necesario.

Con toda el alma le agradezco sus cariñosas palabras: nada tiene Vd. que agradecerme por las mías; son expresión muy sincera, aunque todavía insuficiente de mi admiración por su obra.

Si en estos días cambiásemos de residencia ya se lo haría saber telegráficamente.

Mientras tanto mi residencia es siempre la misma.

Le envía un fuerte abrazo su siempre amigo

Antonio Machado

P.D. Muy afectuosos saludos de mi familia. De Carlos Riba [Carles Riba i Bracons. Barcelona, 1893-1959] no tengo noticia alguna de que esté en este pueblo.


Al poeta no le dio tiempo de recibir la respuesta de José Bergamín, pues falleció 13 días después.

 

Enlaces relacionados

El Fardo (un cuento de Rubén Darío)

Guía de Segovia

Segovia Inédita

Jueces de la horca

Rafael Alonso Solís

      Aunque la justicia se representa como una dama ciega que hace pesadas con una romana de garito, todo hace pensar que ciega no es, sino que en ocasiones mira torcida, atravesada o tal vez de reojo, como si estuviese sometida a intereses diversos y con frecuencia encontrados. Al fin y al cabo, en realidad la justicia no es una señora –es curioso que la hayamos dotado de un género, aunque la mayoría de quienes la ejercen en los escalones superiores de la magistratura pertenezcan al otro–, sino un pacto, un acuerdo, un arreglo de la ciudadanía para solventar los repartos de tierras, la equiparación de las ofensas o la forma de cuantificar con precisión hasta donde llega una libra de carne. Lo cual probablemente dependerá de si se trata de carne cruda o guisada, fresca o amojamada, de tórtola o de gacela. Cuando uno andaba por las tierras indias, persiguiendo forajidos por el condado de Lincoln, todos los jueces eran de la horca, y aplicaban las escasas leyes de la frontera de acuerdo a la presión que ejercían la banda de Chisum o la de Tunstall. Esa fue, por cierto, la primera vez que nos topamos con Billy el Niño, mucho antes de su carrera en la Brigada Político Social.

       Para que una sociedad se mueva en un espacio de inseguridad permanente no hay nada más apropiado que desconfiar de los jueces. El poder judicial depende demasiado de la condición humana, pero hay que reconocer que no disponemos de otra cosa. Únicamente el control de la endeble democracia que hemos diseñado, la cual es mucho más que lo que podríamos haber sospechado hace tan solo unas décadas. Cuando un aplicador de la justicia sostiene que una mujer violada disfrutó con la agresión sería un error pensar que está loco, porque su aparente locura debe ser la manifestación de un abuso oculto y deseado, una vía para ejercer, precisamente, el poder de un ser humano sobre otro. Esa debía ser la explicación de aquel juez que imaginara Guy de Maupassant en su relato titulado El loco, quien, tras haber enviado a muchos asesinos a la guillotina, decidió dejarse llevar por la turbia atracción de la sangre y experimentar él mismo el placer que adivinaba en sus condenados. Si la vida y la muerte eran solo aspectos simétricos de la misma cosa, lo único sagrado era el registro civil. Primero le cortó el cuello a un pajarillo, luego estranguló a un niño. Más tarde siguió dibujando una carrera oculta por la toga, disfrutando del ejercicio de lo que Thomas De Quincey consideró como una de las bellas artes bajo la protección de la casta privilegiada a la que pertenecía. Es cierto que no parece aconsejable legislar en caliente ni usar la balanza bajo la presión de quien reclama justicia. Pero la inseguridad en que están las mujeres como piezas de caza, no solo hace dudar de la cordura de los magistrados, sino del grado de patología patriarcal al que están sometidos.

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La tumba de Franco

Rafael Alonso Solís

    A finales de los años cincuenta, mientras la productora Hammer realizaba algunas de las mejores películas de terror del cine británico –Drácula, Frankestein o La Momia refrescaban las pantallas de los cines de culto con un colorido rojo sangre y un inquietante brillo escarlata, que daba miedo y ponía cachondo–, el cine mejicano producía El Vampiro y El Ataud del Vampiro, versiones del mito con acento charro y una puesta en escena en la que se mezclaban el tono cutre y la ingenuidad erótica. En el segundo film, la tumba del Nosferatu era un centro de poder del que emanaba el mal en toda su perversión, haciendo que los ladrones de criptas, por efecto de sus efluvios, se transformaran en zombies sedientos de sangre femenina y juvenil. También hacia 1958 –aunque la obra se iniciara en 1940– terminaba la construcción del “conjunto monumental español” del Valle de los Caídos, fastuosa y ridícula obra puesta en marcha por el dictador Franco, siguiendo el estilo del faraonismo fascista. La misma escenografía de cartón y piedra, sin alma propia, pero bañada en la sangre y el sudor de los perdedores de la guerra civil, condenados no solo a ser prisioneros, sino a participar como mulos de carga en la construcción de lo que alguien consideró una muestra destacada del kitsch cristiano, del nacionalcatolicismo de banderas y de la exaltación del culto al tirano, si bien se dice que no fue él quien decidió la ubicación de su tumba. Pero el vampiro no necesita escribir su testamento, como saben los expertos y los descendientes de Van Helsing, sino que su mensaje queda latente en el aire que se ha respirado en su entorno y en los vapores que han emanado de su fétido aliento, y cuyo poder, una vez alcanzada la inmortalidad, se extiende más allá de los esquemas temporales de la física. El primer habitante de la cripta de Cuelgamuros fue José Antonio Primo de Rivera, el precursor de esas ideologías que emergen de nuevo, y que hablan de España como de un sacramento. El segundo, aunque tal vez primero en importancia, fue el dictador gallego, y fue su heredero, Juan Carlos de Borbón, quien decidió ubicar la tumba maléfica en ese lugar. Los demás restos no cuentan, y se acumulan en una fosa común que recoge las osamentas de más de 30.000 personas de ambos bandos. Durante décadas, el poder de la sangre del vampiro ha emanado desde el valle de Cuelgamuros y ha extendido su poder sobre el país contra el que se levantaron los facciosos en 1936. Hay una mística del mal que se ha guisado allí, que se ha cocinado al amparo de los vencedores, que se ha elaborado a partir de los vapores producidos entre los restos de Nosferatu, y que ha impedido a los ciudadanos y ciudadanas de este país diseñar su futuro en libertad y sin la amenaza trágica de los vurdalak de la cruz y de la espada. Es hora de quemar el ataud.

PERDEDORES, presentación en la Librería Alberti

Gabriel de Araceli

     Edhasa-Castalia y Librería Alberti les invitan a la presentación de la nueva obra de Ángel Aguado López, PERDEDORES, galardonada con el Premio Tiflos de Cuento 2017. Acompañará al autor el escritor y crítico literario Pascual Izquierdo.

     Será el miércoles 13 de junio, a las 19 H, en la Librería Alberti, C/ Tutor, nº 57, en el barrio de Argüelles, Madrid.

     «El ajedrez es como la vida, o quizá la vida es como el ajedrez» dice el gran maestro Rodolfo Cardoso en la primera de estas tres historias, que podrían constituir un manual de perdedores. Hasta Sancho Panza le recordó a don Quijote tan «brava comparación… que, mientras dura el juego, cada pieza tiene su particular oficio, y, en acabándose el juego, todas se mezclan, juntan y barajan, y dan con ellas en una bolsa, que es como dar con la vida en la sepultura».

     PERDEDORES. Tres Arturos (Pomar, Duperier, Barea), Dionisio Ridruejo, Camilo Cienfuegos, Erik Satie o el general republicano Vicente Rojo, son los protagonistas en este sugerente tríptico. Paca la culona, un taimado Fidel Castro, un seboso demonio capitalista, Trump, o un desorientado Ernesto Guevara conforman el otro lado de la falsa monea que de mano en mano va y ninguno se la quea.

     Y la vida, el campo de batalla donde todos apostamos, algunos ganan y donde todos, casi siempre, pierden.

 

 

 

Cazar a Billy

Rafael Alonso Solís

    En dos ocasiones he mencionado en esta columna a un ya célebre torturador, Juan Antonio González Pacheco, que ha conseguido convertirse en la representación de lo que fue la Brigada Político-Social y de su papel como brazo armado de la represión franquista. La primera vez, en 2013, la cita venía a cuento porque una jueza argentina había solicitado extraditar al ex policia durante una investigación sobre torturas. La segunda, en 2015, tras aparecer en varias fotografías y un video, mientras se escurría por las calles de Madrid perseguido por algún reportero gráfico, ansioso por cazar al trasunto del forajido con chapa. Hace pocos días, el ya ex ministro del Interior ha tenido la desverguenza de defender la legitimidad de la medalla de plata al mérito policial que, en 1977, le concediera Rodolfo Martín Villa, con su correspondiente pensión aneja, en forma de homenaje y desagravio por el asedio al que le sometían ciertos medios de comunicación. Hay que reconocer que no han sido muchos, y que, salvo en las ocasiones en que alguna de las personas que fueron torturadas por el matón pagado, González Pacheco suele pasearse tranquilamente por su barrio, y dicen que asiste a comidas y cenas en un restaurante de la Cava Baja madrileña, donde se reune con compañeros de carrera, probablemente pertenecientes en la actualidad al gremio de la seguridad privada, o militantes de esos grupos de investigadores de las cloacas que le pasan la información a Eduardo Inda. Al Billy el Niño histórico lo mato en 1881 Pat Garret –su antiguo amigo o compinche de correrías fronterizas–, en el rancho Maxwell, en Nuevo México, cuando solo tenía 21 años y el mismo número de muescas en la culata de su revolver.

  bily_el_nino_3  La vida y el careto de William Bonney han pasado a la historia mediante un lírico y manipulado proceso de postverdad, gracias a las excelentes novelas de José Mallorquí –al menos en España–, y a la poderosa capacidad mitificadora del cine americano, que utilizó la prestancia de Robert Taylor, Marlon Brando, Paul Newman o Kris Kristofferson –este último en la maravillosa balada fronteriza dirigida por Sam Peckinpah en 1973– para dar imagen al vaquero esmirriado que fue Bonney. A la de González Pacheco le sobran la paga y la medalla –concedida “por su actuación ejemplar y extraordinaria, con destacado valor, capacidad o eficacia reiterada en el cumplimiento de importantes servicios con prestigio para el Cuerpo”–. Y le falta un desagravio que el Estado debe a sus víctimas, a todas las del franquismo, a las que Zoido faltó al respeto y de las que Albert Rivera se rió como un imbécil de salón en la misma sesión del Parlamento, tal vez porque no llevaba las gafas de ver españoles, sino las de cristales oscuros, que solo muestran hordas de separatistas, comunistas y populistas. Esperemos que la nueva legislatura vea aflorar al hombre o a la mujer capaces de matar a Liberty Valance y le quiten a Billy la medalla y la pensión.

Enlaces:

El careto de Billy el Niño

Café Barbieri

Gabriel de Araceli. Todas las fotos de Terry Mangino

(Viene de Una de rabo de toro)

[Nota del autor: El contenido íntegro de este cuento se publica en CUADERNOS DEL MATEMÁTICO,  nº especial 56 a 58, que acaba de reaparecer tras dos años de orfandad sufrida por la grey literaria. La actual propiedad del Café Barbieri no sabía que Mario Vargas Llosa escribió algunas partes de “Travesuras de la niña Mala” (2006) ahí. Bueno, tampoco sabía quién es Ian Gibson.]

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      —Ian Gibson es otro más en el barrio, el español de Dublín. A veces viene con Lorca, a veces con don Antonio Machado, a veces con Dalí, a veces con Buñuel. Se ve a la legua que es un tío con mundo. Por eso hay un montón de críticos literarios que no le soportan, envidia cochina, que un guiri irlandés, medio español de hace un rato, le mente a un menda de toda la vida la historia de España, pues no… Eso de cartearse con Galdós… sí, ya sabes, cuando la berlina de Prim. Por qué me miras así…

      Julieta no entiende nada, no entiende cómo puede un escritor cartearse con personajes desaparecidos hace cien, ochenta, cuarenta años. Piensa que Simón se aprovecha de su desconocimiento de la actualidad española. Y en su mirada de estupor se mezclan la necesidad de saber y el deseo por el hombre que le susurra las palabras con ese acento fino y cheli que la confunde y la seduce.

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      —Y en esa mesa de ahí les daban las diez y las once, las doce, la una, las dos y las tres a Ángel González y a Sabina. Sé que no lo soñé, yo los veía, escribían sonetos, bebían chatos de vino, hablaban de la vida, o del paso del tiempo, o sobre los sueños rotos. El Sabina está ya muy cascao, mucha nieve. Eran una buena pareja de golfos.

     El pianista se sube al escenario y comienza a apretar las teclas. Se parece a Aznavour, quizás para que no le disparen. Suena la música. Bares, qué lugares tan gratos para conversar, no hay como el sabor del amor en un bar. Amiguetes y novietas se frotan los morros garbeando sus palmitos pintureros. Hay cuatro rosas en tu honor dentro del vaso que te doy, dice el Uly mientras toca el saxo una vez más, la gente atónita escuchándole. Julieta quisiera apretarse en los labios de Simón.

      —Y por aquí también venía Francis Bacon, otro nacido en Dublín. Él y Vargas Llosa eran vecinos, ¿sabes? Un personaje tragicómico y un artista fascinante. Sus weekend madrileños, olor a letrina y a pachuli. Madrid, su Sodoma. Las pinturas negras de Goya que veía en el Prado, en privado, acompañado del director del museo, un honor reservado para muy pocos. Los monstruos de la Quinta del Sordo, negros como su vida, como la noche negra en la que murió, muy cerca de aquí. Bacon es en sí mismo una pintura negra.

      La fauna que puebla el Barbieri fascina a Julieta. Personajes sacados del desván de la inconsciencia o de una borrachera de prozac, pintores que nunca han vendido un cuadro, calvos barbudos, ciclistas disfrazados de Ermenegildo Zegna, poetas de los que nadie leyó un verso, músicos que sólo cantan cuando se afeitan. Dos muchachas se besan en un rincón ante la indiferencia general. Toma mi vaso y bebe de él, las cuatro rosas que te doy…

     —En Lavapiés nadie sabía quién era Bacon y eso le permitía pasearse de la mano de sus amantes sin el acoso que sufría en Londres. Aquí a los gays nadie les presta mucha atención. Bacon era un masoca. Aún corren leyendas de las palizas que le daban los chaperos en los urinarios de la estación de Atocha. Dicen que le breaban a palos, que era así como se corría, que necesitaba que le pegasen, que terminó varias veces en las urgencias de la Ruber, que más de una vez tuvo que asistirle el cónsul de Gran Bretaña…

Continúa en la página 13 de CUADERNOS DEL MATEMÁTICO, Nº 56, 57 Y 58

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       Pedro Puig Adam (1900-1960) fue matemático, ingeniero y profesor, discípulo de Julio Rey Pastor (matemático luminoso, ligado a la Junta de Ampliación de Estudios, exiliado en Buenos Aires) y una de las mentes preclaras que tuvo este país. Su ciencia y su ingenio inmensos no fueron aprovechados o no se correspondieron con el raquítico y ramplón panorama científico en el que quedó sepultada España tras la belicosidad caudillista.rey_pastor_puig_adan 001

      Puig Adam y Rey Pastor redactaron libros para la enseñanza de los números en el bachillerato. El de la fotografía superior se escribió en 1926, aunque la re-edición corresponde a 1956. Ese ejemplar se cosiguió recientemente en la Cuesta de Moyano por 5€, una joya bibliográfica. Desde los 80, un instituto de Getafe de Enseñanza Media lleva su nombre.

    Y desde hace ahora treinta años, un grupo de aguerridos profesores edita una revista literaria contra viento y marea, más bien contra tempestades y maremotos. Ezequiel Blanco es el coordinador-activista-director de Cuadernos del Matemático, que así se llama la revista. Es la decana de la prensa literaria española. En ella han aparecido las letras de muchos de los grandes nombres de la literatura, las fotos de grandes fotógrafos, los dibujos de grandes artistas, el pensamiento de grandes filósofos. Pero los recortes y el desinterés oficial por la cultura han llevado a Cuadernos del Matemático al borde de la extinción. Aún quedan posibilidades de supervivencia, aunque la cosa está más complicada que lo del lince.

     En mayo de 2018 ha salido un triple número, quizás el último. Para evitar su desaparición hacen un llamamiento para que todos aquellos que amen la literatura, el pensamiento, el arte, las letras… haga una donación y CUADERNOS pueda mantenerse a flote, un faro en la negritud cultural del país.

     Esta es la cuenta que admite donaciones, incluso de 20€:  ES92 3067 0163 1828 1628 0024 a nombre de la “Asociación Amigos de El Matemático

Don Mario Vargas Llosa en la Biblioteca Nacional, Madrid, 9 de octubre de 2012.

PERDEDORES: firma de ejemplares el próximo 2 de junio en la Feria del Libro

Gabriel de Araceli

      Ángel Aguado López firmará el próximo sábado, 2 de junio, de 18 a 20 h. ejemplares de su obra “Perdedores” en la Feria del Libro, en el Retiro madrileño, en la caseta 307, de la Editorial Edhasa-Castalia.

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     La obra obtuvo por unanimidad el premio TIFLOS 2017 en la categoría de cuentos, organizado por la ONCE. Los miembros del jurado fueron Fanny Rubio, José Manuel Caballero Bonald, Santos Sanz Villanueva y la editora Penélope Acero.portada_perdedores

    “Perdedores” es una reflexión jocosa sobre el destino impreciso de las ilusiones humanas. Personajes desdeñados por el poder juegan una partida desigual contra la historia que escribieron los fatuos vencedores. Arturo Duperier, Dionisio Ridruejo, Arturo Barea, José Antonio Primo de Rivera, Camilo Cienfuegos o Erik Satie conforman un retablo de acreedores a los que los falsos vencedores no pueden responder sino con la hipocresía de sus mentiras. «El amor y la guerra es como un juego de pasión, de afecto y desafecto, de crueldad y de bondad, trágico y cómico, donde todos apuestan y algunos ganan. Pero donde todos, casi siempre, pierden» dice el general Vicente Rojo Lluch, protagonista en uno de los cuentos que conforman este tríptico ganador.

Fotografías de Terry Mangino, enviado especial al Retiro

_DSC0469_webEnlaces relacionados

Entrega de Premios Tiflos 2017

Entrega de premios Tiflos de Literatura 2017

Gabriel de Araceli

Los escritores Felipe Benítez Reyes, Ángel Aguado López y Juan Fernández Sánchez recogen los Premios Tiflos de Literatura 2017 convocados por la ONCE

Foto: Miguel Gener

    Las obras ganadoras han sido publicadas por las editoriales Visor (Poesía) y Edhasa Castalia (Cuento y Novela).

    En cuanto al ganador de Cuento, Ángel Aguado (Madrid, 1957) descubrió su verdadera  vocación en el periodismo gráfico, durante la transición democrática y la movida madrileña, como fotógrafo callejero. Y así consiguió empezar a trabajar para El País. Tras unos años en Francia como docente universitario y profesor de ajedrez infantil, volvió a Madrid, donde reside actualmente y ejerce su profesión de periodista.

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    “Perdedores” es un sugerente tríptico donde los protagonistas parecen condenados a ser exiliados de la vida, donde todos apostamos, algunos ganan y “donde todos, casi siempre, pierden”.

     En los Premios Tiflos de Literatura, los jurados para cada uno de los géneros contaron con la colaboración de literatos de reconocido renombre. En el apartado de Poesía, los jurados han sido los prestigiosos escritores Luis Alberto de Cuenca, Ángel García López, Ángel Luis Prieto de Paula y el editor Jesús García Sánchez (Editorial Visor). En Cuento, los miembros fueron Fanny Rubio, José Manuel Caballero Bonald, Santos Sanz Villanueva y la editora Penélope Acero (Editorial Edhasa Castalia). Y en Novela, el jurado ha estado compuesto por el académico de la RAE Luis Mateo Díez, Manuel Longares, Ángel Basanta Folgueira y la editora Penélope Acero.

    Ángel Aguado recibe el premio en la categoría de Cuento de manos de Andrés Ramos, director general adjunto de la ONCE y de Penélope Acero, editora de Edhasa-Castalia. Foto: Enrique Heredia

El próximo jueves, 24 de mayo, se entregan los premios TIFLOS 2017 de narrativa

Gabriel de Araceli

    La ONCE organiza desde hace más de 30 años los premios TIFLOS de narrativa en sus diferentes versiones: Novela, Cuento y Poesía. También hay premios especiales para escritores con discapacidad visual. El jurado de los premios está compuesto por relevantes personalidades del mundo de las letras:

    D. Andrés Ramos Vázquez • D.ª Ana Isabel Ruiz López • D.ª Gemma León Diaz • Excmo. Sr. D. Luis Mateo Díez • Excmo. Sr. D. Luis Alberto de Cuenca • D.ª Fanny Rubio Gámez • D. Ángel García López • D. Jesús García Sánchez • D. José Manuel Caballero Bonald • D. Manuel Longares Alonso • D. Ángel Luis Prieto de Paula • D. Santos Sanz Villanueva • D. José Ángel Basanta Folgueira • D.ª Penélope Acero Cayuela y D.ª Mª José Sánchez Lorenzo.

    En Novela el premio ha sido otorgado a Juan Fernández Sánchez, por su trabajo “La silla vacía”. En Poesía a Felipe Benítez Reyes, por su trabajo “Ya la sombra”. Y en Cuento a Ángel Aguado López, por su trabajo “Perdedores”.

El Premio Especial de Poesía ha sido para  Carolina Alcalá Núñez, por su trabajo  “Alas del Subconsciente
El Premio Especial de Cuento ha sido para  Manuel Domínguez Marín, por su trabajo “Se buscan lectores en buen estado
El Premio Especial de Novela ha sido para Wladimiro Pareja Siverio, por su trabajo “Los valles de San Bartolomé”.

Deseamos que los autores cuenten con el calor de los lectores. Felicidades a todos.

Portada del libro PERDEDORES, ganador en la modalidad de Cuento

 

Iconoclasta

Gabriel de Araceli

     Andrés Vázquez de Sola tiene 91 años. O 19, no me queda muy claro cuando le oigo hablar. Granaíno él y ciudadano del mundo. Tuvo que salir por pies durante el franquismo porque resultaba incómodo para el régimen y podía haber terminado en Carabanchel, algo bastante más incómodo, sobre todo para él. Cuenta que fue el padre de Forges el que le avisó de que se pirara, que le iban a detener. Se instaló en París, en la Avenue Kleber, al lado del escondrijo de los amiguetes de Federico Sánchez. Pero el mismo 21 de noviembre de 1975 cogió el tren y se plantó en Madrid, con la lucecita de El Pardo aún de cuerpo presente porque quería darse un hartazgo de alegría y respirar el aire limpio de la mañana de libertades que se anunciaba. Fue editor-periodista-dibujante-propietario de “Le Canard Enchainé”, donde levantaba informaciones molestas al gobierno de Giscard d’Estaing y publicaba viñetas irreverentes del Vaticano.

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     43 años después resulta que el aire limpio y aquellas esperanzas de cambio se han pervertido de aromas de revanchismo, que lo de comulgar con ruedas de molino es ahora algo cotidiano y que sus viñetas siguen siendo irreverentes para los seguidores de la gran multinacional romana. vazquez_sola1 001Tanto que teme que cualquier asociación de abogados cristianos le meta una denuncia por decir que de los 17 prepucios (el niño Jesús era un judío y le circuncidaron) que existen en Hispania de Jesulín de Nazaret alguno debe ser falso, porque el Jesusín no podía tener 17 cipotes, o ¿sí? Pero Vázquez de Sola no se amilana y acaba de publicar un libro —“Vida y milagros de Jesulín de Nazaret”— en el que se ríe felizmente de los apócrifos cristianos que han transformado en ortodoxia los disparates de la tradición creyente. Esa religión elevada a oficial en las poltronas del ejecutivo cuyas mujeres asisten a representaciones de Estado con peineta y mantilla y ministros que son novios de la muerte.vazquez_sola2 001.jpg

   Andrés Vázquez de Sola es un contumaz. En el fondo lo que quiere es que algún comando cristiano le denuncie por desacato evangélico. Seguro que entonces sus libros se transformarán en éxitos editoriales, porque la alegría ya la pone él con sus palabras. María de los Dolores ruega por nosotros y por Jesulín de Nazaret.


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Vida y milagros de Jesulín de Nazaret

Oportet Editores

¡Arriba, parias de la tierrra!

Gabriel de Araceli (textos); Terry Mangino (fotos)

     ¡Que te follen! le sueltan las Love Madrid, muy chonis ellas, al reportero dicharachero que las fotografía, haciéndole una obscenidad con el dedo.

     No, las Love Madrid no son sindicalistas. Seguramente el 1º de mayo les importe un coño y sólo aspiren a figurar diez segundos en alguna peli de Alex de la Iglesia. Suponiendo que sepan quién es Alex de la Iglesia. No, su reivindicación femenina, su conciencia social no da para hacer un máster. Tampoco lo pretenden ni deben ser prejuzgadas por pensar eso. Si en la Puertalsol alguien les suelta un euro por retratarse con sus cuerpos serranos, ¡tan contentas! Y si no, ¡que te den!

     Refugio Sánchez Emperador sí estaba afiliada a Comisiones. Se tiró treinta y cinco años trabajando en el metal, en Canillejas, en una fábrica de circuitos impresos. A punto de cumplir sesenta la reforma del Mariano la puso de patitas en la calle con una indemnización miserable. Cinco años en el paro, tres de ellos sin cobrar una puta pela y se ha jubilado con una pensión de 750€.

     —Después, en el Revuelta nos tomamos un blanco con bacalao —se dicen lo excompañeros del metal en el Paseo del Prado. Entre Neptuno y la batucada los jóvenes desafiantes de la tricolor miran al personal con cara de capitanear una compañía de operaciones especiales.

     —Hace.

    Refugio se junta con Joaquina, jubilada, también del metal; con Fernanda Claudín, septuagenaria, de la CASA de Getafe; con Trifón Cañamares, fresador en la Pegaso; con Marcelino Redondo, histórico de la Perkins; con Paulino, de la Peugeot de Villaverde; con Federico Sánchez, de la Barreiros; con Nicolás Gutiérrez, preso en Carabanchel; con Juana Doña, maestra en Yeserías; con Manolo Garnacho, estuquista del sindicato del andamio, con… sombras de un pasado de pleno empleo y agitación social.

     Y todos parecen recobrar el vigor veinteañero del grito reivindicativo bajo la pancarta —¡en pie famélica legión!—, como si corrieran delante de los grises o besaran a sus novias/os en la penumbra desconchada de un portal. Aunque la tamborrada moleste un poco los oídos. ¡Pii, pii, pi, pi, piii! ¡Mira que dan por culo los jodíos pitos de los compañeros músicos! —se dice el compañero Garnacho—. Todo sea por la causa obrera.

     —El compañero Moisés Fernández nos va a hablar sobre el convenio que Amazon quiere imponer a todos los compañeros y compañeras trabajadores y trabajadoras de la empresa de distribución más capitalista y más salvaje del mundo, que amenaza con destruir nuestros puestos de trabajo.

     Y el compañero Moisés se abalanza sobre el micro y habla a empellones a la masa proletaria, a la compañera Izaskun, que apenas le escucha mientras se lía un peta, para compartir, oye, que aquí todos somos colegas; al compañero Barry Gota que hace fotos sin parar; a Feli Vegana, la compañera kelly; a los compañeros y compañeras que entran desde Atocha empuñando las litronas a guisa de banderas revolucionarias. ¡Atruena la razón en marcha…!

     —El que quiera ser águila, que vuele. El que quiera ser gusano, que se arrastre, pero que no grite cuando le pisen. Sin lucha no se consigue nada. Ni un paso atrás. Salud y libertad —suelta a tirones el compañero Moisés—. Si luchas, puede que pierdas, pero si no luchas, ya has perdido. A ver si se dan cuenta los capitalistas que son los trabajadores y trabajadoras, son los que hacen Amazon, y de una vez dan lo que se pide y son más humildes porque lo real y lo que hace nombre a una empresa son sus trabajadores y trabajadoras. Y nada más. Salud y fuerza amigos y amigas, hermanos y hermanas, no nos callamos. Y después del encuentro nos vemos en el Café Potemkin para debatir nuestra lucha con una pinchada de música reggae y una cafeta proletaria, compañeros y compañeras. ¡Es el fin de la opresión!

     Tímidos aplausos de los compañeros y compañeras amazonos y amazonas al entusiasmado discurso de Moisés. Pasan disciplinados los japos y fotografían a los compañeros y compañeras sindicalistas y sindicalistos como si formaran parte del Reina Sofía, del escenario turístico. Una rubia yanqui, o eso parece, se morrea en una esquina con un punki autóctono con rastas, moreno como un carbón. Agrupémonos todos en la lucha final.

     —¡A la rica papa frita, a la rica papa frita!

     El compañero argentino Diego Armando se infla a vender chucherías entre Cibeles y Sol. Y el sindicato de manteros y lateros extiende sobre el cemento sus bolsos falsos, sus zapatos falsos, sus camisetas falsas entre la solidaridad falsa de los asistentes.

     —La de Cristiano, 30€ —le dice el negrota al manifestante de Orcasitas. Pero la suelta por diez rápidamente, no sea que pierda la presa. En la manifa hay mucho público de Orcasitas, de Vallekas, de San Blas, de la colonia de San Fermín, de Manoteras. Casi tantos como los turistas que llenan Alcalá. Soufflons nous-mêmes notre forge, battons le fer quand il est chaud.

     —No se cabe —le suelta Refugio a Fernanda cuando ven la fila de guiris que bloquea la puerta del Revuelta. El bar está tan lleno como toda la Puerta Cerrada. Se jodió el blanco y el bacalao. La culpa la tiene el turismo, la globalización, que llena Madrid de extranjeros el primero de mayo y el dos de mayo y el tres de mayo… ¡todos los días!

     —Joder, ni un chato puede tomarse uno en su pueblo —gime desolado el compañero Garnacho, del sindicato del andamio—, todo invadido de forasteros en busca de lo auténtico. La puta globalización, la puta globalización de los cojones. Y los derechos de los trabajadores, de los pensionistas, ¿qué?

     Y los viejos sindicalistas se meten en un DIA y se compran unas mahous y unas aceitunas de sobre con las que acompañar las patatas fritas.

     —Todos al suelo, que viene Barrionuevo, gritábamos enfrentándonos al compañero José. ¿Os acordáis?

     —Pues, anda, ¡que lo que vino después…!

     Los compañeros sindicalistas se relamen con las cervezas en medio de la Puertalsol. La pensión da para poco, la brecha salarial, no más.

     —Lo mismo nos detienen, tú, que está prohibido beber en la vía pública —suelta el compañero Nicolás. Y todos se ríen, los labios espumosos de las birras.

     Las Love Madrid no son precisamente eso que pone en la pancarta: el trabajo digno y la emancipación juvenil. Siguen ahí, en mitad de la plaza. Ni se acercan a los sindicalistas a proponerles una foto, mucha pluma, mucho escote, mucha carne joven para tanto carca. Suena desde la tribuna otro discurso incendiario, ahora es una compañera sindicalista de flequillo batasuno. El género humano es la internacional.

 

 

 

 

ETA mató a 853 personas

Gabriel de Araceli (texto). Terry Mangino (fotos)

     ETA mató a 853 personas. Que no se olvide, que las generaciones venideras sepan que en nombre de la intolerancia una organización terrorista asesinó en todo el estado español a 853 personas. Que nunca tenga que suceder algo parecido. Que nunca ningún ciudadano se vea aterrorizado por las pistolas del odio que esgrimieron un puñado de asesinos en nombre de oscuras reivindicaciones totalitaristas bañadas en nacionalismos anacrónicos.

     ETA mató a 853 personas. Que nunca se repita aquel holocausto de seres inocentes. Que nunca nadie tenga que vivir la desazón del estruendo de las bombas, los cuerpos mutilados, los charcos de sangre coagulada sobre el asfalto, el llanto de los familiares al enterarse, el miedo de que cualquiera podría ser víctima de la barbarie genocida.

    Los que vivimos los años de plomo quizás perdonemos, pero nunca olvidaremos.

 

Luis Montes

«El director de La Opinión me ha pedido que quite el término “sicario” y que no mencione al consejero de sanidad de Canarias, “porque el artículo le pone en apuros”. Tras pensarlo, le he hecho el favor, de modo que la versión original solo se podrá ver en el escaparate y sitios similares».

La anterior nota es del autor: Rafael Alonso Solís

      Luis Montes, luchador por el derecho a morir dignamente, ha muerto hace pocos días de un infarto de miocardio, mientras conducía su coche. Con apellido de torero antiguo, a pesar del ejercicio de maledicencia y falsedad puesto en marcha contra él en 2005 por la mafia sanitaria que gobernaba la Comunidad de Madrid, que le acusó de sedaciones irregulares, era una persona pacífica, pacifista y entrañable. Su carrera como médico había transcurrido siempre en primera línea, al lado de quien sufría y en las barricadas en defensa de la sanidad pública. En alguna entrevista de la época había afirmado que en España “te mueres bien o mal, según el médico que te toque”. Tras una denuncia anónima, un oscuro sicario del PP a las órdenes de Esperanza Aguirre –Manuel Lamela, que ejercía de Consejero de Sanidad mientras manejaba negocios en la sanidad privada– puso en marcha una inspección que acabó apartándole de su puesto en el hospital Severo Ochoa de Leganés. La relación de los responsables políticos con las empresas del sector que administran no es inhabitual, sino todo lo contrario. En Canarias, por ejemplo, el responsable de dirigir la sanidad pública procede de un consorcio de clínicas privadas al que, según informaciones varias, se ha desviado un significativo número de intervenciones quirúrgicas durante los últimos años, en los que ha sido –y aún es, por desgracia– Consejero de Sanidad. En el caso de Montes, a pesar de que en 2007 la justicia sobreseyó el caso, el daño estaba hecho. No le perdonaron dos cosas: que defendiera la sanidad pública, y que tuviera la sensibilidad suficiente para tratar de mitigar el dolor de quienes iniciaban el trance de la muerte. En la campaña contra él se implicó la derecha española más casposa con toda la mala baba de que era capaz, con todo el odio que había acumulado contra un médico comprometido, con todo el potencial de los medios de comunicación a su servicio, con toda la inmensa hipocresía que caracteriza a la casta de meapilas del rosario en familia, pasión por la sotana y afición al cilicio. A Luis Montes lo llamó nazi y lo comparó con Hítler una colección de tertulianos que presumían de cristianos, una banda de periodistas que cobraban de las cloacas y hacían guardia frente a los luceros, y un grupo de médicos cobardes que decidieron apuntarse a la jauría que inició su caza. En parte –o tal vez por eso–, porque también era la caza de la sanidad pública. Como recordara el mismo Montes años después, por parte de la Comunidad de Madrid se aprovechó la situación para incrementar la creación de hospitales privados en pocos años. A Luis Montes le dolían el enfermo y la enferma que sufrían innecesariamente al coger el último tren. En realidad, la persecución a que fue sometido ni siquiera fue en respuesta a los deseos del dios tronante y patriarcal del ultracatolicismo, sino, sencillamente, porque molestaba. Levantemos una copa y, con respeto y admiración, brindemos por Montes.

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