Hay gente pa too

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Gabriel de Araceli. Fotos de Terry Mangino

      —Oye, la negra Ataulfa te agarraba el troncocono en todo su esplendor con aquellas manos que simulaban alicates y yo me quedaba como acobardadito, sin decir esta boca es mía. ¡Menuda era la negra Ataulfa! ¡Una mujer de bandera! Te cogía la vicisitud y te hacía replicar y replicar y tú recitabas la novena de Beethoven de un tirón sin fallar un si bemol sostenido. Era una mujer. Pero, por un equipo de furbo… ¡no lo entiendo!

     —Yo tampoco, querido Séneca, comprendo que por una mujer uno pierda la cordura y se descomponga. A mí me pasaba igual con la rubia Sigfrida. Era blanquita como la nieve, tanto, que te deslumbraba cuando se te posaba encima y te restregaba su mujerío por la jeta, que tú no podías ni respirar con aquella bandera de flecos blancos que te tapaban hasta la nariz y te dejaban exhausto. ¡Menuda melena la de la rubia Sigfrida!, que te cortaba la respiración tanto helecho níveo. ¡Ay, sí, que me viene a la cabeza tremenda perversión, que no quiero ni pensarlo! ¡Pero por un equipo de furbo!

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     —Incluso por la gloria, querido Platón. Uno puede dar la vuelta al mundo en la nao Victoria, ser el primero. ¡Qué mayor gloria la de la circunvalación terráquea! Yo daría todo por la gloria, por haber descubierto la penicilina, incluso la teoría de la relatividad. ¡Pero, por un equipo de furbo!

     —Igual me pasa a mí, mi muy estimado Séneca, aunque ya sabemos que todo es relativo, que por muy grande que sea el universo no es comparable a la estupidez humana. Admito que por dinero uno es capaz de cualquier cosa. Ahí tienes a Judas. Condenado para la eternidad por treinta denarios.

     —Un infeliz, un simple, un emprendedor torpe, no estaba bien aconsejado. Ahora lo de la pasta se ha puesto muy exigente. Como poco tienes que arrimarte treinta millonazos de euros en Ginebra. Y encima tienes que ser fuerte y andar apuntando con un grafito que si una contabilidad B, lo que le das a eme punto erre, que si el chófer se chiva a la bofia patriótica… Mucho riesgo, corres mucho peligro llevando llena de billetes de 500 euros la samsonite hasta el Lac Leman. Pero es cierto que por dinero te la juegas. ¡Anda que si te la juegas! Si te sale bien, ¡cojonudo! Pero si no, te vas al talego. Ahí tienes al de la campana. ¡Es el mercado, amigo!, decía. Aunque ya sabemos que Suiza sobrevive gracias a muchos campaneros que se la jugaron. Pero, por un equipo de furbo… ¡No lo entiendo, no lo entiendo!, querido Platón.

     —Y hay muchos que se han venido desde Buenos Aires por un puto partido de furbo.

     —Sí, alguno incluso ha dejado el curro. Y les cuesta una pasta venirse para acá, que allá la cosa está muy jodida, se gastan lo de un año en un finde.

      —Y, ¿qué felicidad te reporta que tu equipo gane o pierda un partido? ¡Pero si al día siguiente te tienes que levantar igual para ir a currar y ver el careto del hijo puta ese de tu jefe otra vez!

     —Si no hay ninguna diferencia. Unos van de azul y otros con una raya roja. Pero todos en calzoncillos.

     —Ninguna, ninguna, no son más que veintidós tíos pegándole patadas a una pelota con el borceguí. Esto del furbo es que no tiene explicación.

     —Uno cambia de ciudad, de religión, de país, de amante, de amigos, incluso de matrimonio, o se hace gay o lesbiana o adorador de las musarañas venusinas, o vegetariano, o vegano. Peor aún. ¡Pero de equipo de furbo, no! Nadie cambia jamás de equipo de furbo, es algo irracional, esto del furbo es que no tiene explicación, es algo… ¡humano! Siempre seguimos con el mismo equipo. Hay gente pa too, querido Seneca.

    —Así es, querido Platón, hay gente pa too.

 

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Hagan juego, sucio

Juan Fernández Sánchez

      Bajo la hojarasca de la política, plena de exabruptos, gestos para la galería y brindis al sol, va creciendo una cosecha de especies amenazantes. De un tiempo a esta parte proliferan las casas de apuestas, publicitadas sin pudor por numerosos equipos deportivos; las opiniones de un payaso se han vuelto materia judicial y un gag de mal gusto puede dar con tus huesos en el calabozo; existe un doble rasero que permite exculpar a los de tu tribu, aun negando lo evidente, y enviar al averno al rival. Crece la desigualdad sin que a nadie parezca importarle, enfrascados como estamos en el color de las banderas y la existencia o no de los escupitajos; multimillonarios de todo laya se enzarzan por unos euros del salario mínimo. Y todavía hay quien se pregunta por qué triunfa el populismo.

El Estado es el primer casino español. Por los aledaños de la Puerta del Sol, de Madrid, decenas de loteros manolitos hacen su navidad revendiendo décimos con el reclamo de que provienen de Doña Manolita.

       Juan Fernández Sánchez es escritor. Ha obtenido el premio TIFLOS de Novela 2017 por su obra “La silla vacía“, publicada por Edhasa Castalia.

Nosotros, que nos quisimos tanto

Gabriel de Araceli

            Iba yo a comprar el pan y me encontré con aquellos novios comunistas de antaño. Nicolás Sartorius, Cristina Almeida, Gaspar Llamazares y sus amigos charlando sobre la perversión del lenguaje. Casi en la clandestinidad, en el Foro Actúa, en el Rastro madrileño. Estaban en un sótano, como escondidos o huyendo del futuro que les llegó sin avisar. Había cierta nostalgia a la juventud pasada entre carreras delante de los grises, olía a consenso constitucional, a Comité Central y a pasillos del Congreso debatiendo una moción de censura. Pocos jóvenes entre el público pero aplicados, escuchando metódicamente las batallas de los abuelos.

Gaspar Llamazares, Cristina Almeida y Nicolas Sartorius durante la presentación del libro “La manipulación del lenguaje. Breve diccionario de los engaños”, obra de Sartorius, el pasado 26 de noviembre en el Rastro madrileño.

     El lenguaje, esa máscara oral a la que todos recurren para engañar, para equivocar las palabras. «La mentira forma parte de la sociedad desde que existe. Necesita algo de verosímil y escucharse por una grey también mentirosa. Ahora a la mentira se le llama posverdad. La reflexión empieza a ser un lujo» dice Sartorius, patricio del pensamiento que ha escrito este libro “La manipulación del lenguaje. Breve diccionario de los engaños” ante el cúmulo de perfumes que camuflan el tufo de las conversaciones cotidianas, ante el eufemismo habitual que corrompe las palabras y falsifica la realidad comunicativa de la tribu.

     «Ninguna cosa se dice por su nombre, se tergiversa, se banaliza, la lengua se llena de eufemismos. Se habla para que no se entienda nada, nadie. La usurpación de las palabras está cambiando las ideas de la sociedad. Emprendedor sustituye a empresario, economía de mercado a capitalismo, autónomo por cuenta propia a trabajador en precario y sin derechos. Las batallas ideológicas se empiezan a ganar o a perder por el habla. Se consigue la hegemonía cuando tus ideas, las ideas de los grupos de presión, se convierten en sentido común, en el sentido común de un registrador de la propiedad» reflexiona Sartorius sobre los usos que al lenguaje le da el neoconservadurismo actual que nos circunda.

     »Nacionalismo. Otra palabra de moda, bueno en su origen contra los imperios decimonónicos, tan liberador entonces como castrador ahora, contrario a las naciones y a los individuos, la lepra de unos pocos reaccionarios. El internacionalismo, señal de identidad de la izquierda, no puede existir con el nacionalismo. Son contrarios.

     Las palabras tienen vida propia y cambian de significado. Pasa con populismo, con populares.

     »Se habla de populismo como si fuera un éxito, cuando más bien es un fracaso universal. El neoliberalismo popular, la apropiación de la libertad individual por un grupo económico contrario al pueblo. Empezó en Chicago, con Milton Friedman. Y enseguida lo adoptaron Reagan y la Thatcher y los populares europeos. Ha vuelto la pobreza.

     »Socialismo y comunismo se han asimilado a la denominación de partidos políticos, cuando deberían asociarse a estadios de la sociedad. Nunca se ha llamado a un partido capitalista, se utiliza el eufemismo de liberal o conservador.

     »En los años del plomo etarra, a los terroristas desconocidos que atentaban se les llamaba “comando legal”, en lugar de comando clandestino. O se llamaba izquierda abertzale [patriota en eusquera] a los violentos, aunque los que luchaban por la libertad y por el progreso social pacíficamente fueran los peneuvistas, los comunistas o los socialistas, patriotas que no estaban manchados de sangre. Perversiones que enmascaraban la verdadera cara del terrorismo.

    «La democracia, el estado del bienestar y Europa. Esos son los tres pilares que unen a los españoles y es lo que está erosionando el populismo y camufla con su jerga ambigua la perversión del lenguaje. Si no ponemos remedio los nacionalismos periféricos acabarán con ese logro». Y propone Sartorius dos ideas sobre la reforma de la Constitución: «en el sentido federal y en la mejora de los derechos sociales: mantener los éxitos conseguidos en educación, sanidad, etc».

     Que reste-t-il de ces beaux jours? Esas tertulias demiúrgicas de los compañeros unidos por la izquierda. Enciclopédico Sartorius, brillante Cristina Almeida, cartesiano Llamazares, recuerdos de un parlamentarismo olvidado, sepultado por los exabruptos que invaden de crispación el debate político. La promesa del cambio gozoso de aquellos años, los sueños de aquellos novios enamorados, de toda una generación, de toda una época ahora convertidos en una disputa tripartita por el voto de la extrema derecha.

      Que reste t’il de nos amours?

La Gran Vía

Gabriel de Araceli. Fotos de Terry Mangino

       La principal arteria de Madrid acaba de lavarse la cara y ponerse guapa. Sus edificios son una antología de la arquitectura del siglo XX. Por sus algo más de mil trescientos metros de longitud se ha escrito la historia de la ciudad. En ella, la vida ocupa cada uno de sus rincones.  El río de personas que transcurre a diario por su cauce es como un torrente inagotable de todos los ejemplares humanos que conforman la sociedad madrileña, posiblemente una de las más tolerantes y abiertas con el visitante, con el diferente. Cualquiera que la recorra percibirá una acogida amable, difícil de encontrar en cualquier otro rincón urbano.  La Gran Vía tiene su razón de ser cuando se humaniza, cuando sus aceras se llenan de gente, de vida. ¡Arriba urbanita! A galoparla, a patearla. Corra vecino, forastero, visitante a disfrutarla antes de que algún consistorio populero la privatice y la venda a un fondo buitre que cobre un peaje por transitarla. Una calle pública de gestión privada, lo llamarían. Ya lo habrán pensado. Seguro.

 

 

Neruda bebía Johnny Walker: puro Realismo Mágico

Gabriel de Araceli. Fotos de Terry Mangino

     «Johnny Walker, black lavel. A veces, Buchanan’s. Eso era lo que Neruda bebía. Yo no podía permitírmelo, no tenía plata. Me conformaba con red label —confiesa Jorge Edwards en la conferencia celebrada en la Fundación Juan March, en Madrid, el pasado 16 de noviembre—. Allí en Rangun, en Birmania, casi le mata a Neruda [Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, así se llamaba realmente] una amante despechada que descubrió que tenía esposa. ¡Con un cuchillo de cocina! Intentó asesinar a Neruda con un puñal enorme de rebanar yugulares a los puercos. Que fue a través de un mosquitero y en mitad de la noche que se deslizó la salomé en busca de la cabeza del bautista. Claro, Pablo huyó aterrorizado de aquella tigresa que horas antes lo había colmado de lascivia y de impudicia. Oh, Maligna, así empieza su poema “Tango del mundo” que le dedicó a la asesina. Y por eso fue que Neruda solicitó el traslado a Sri Lanca y acabó divorciándose de Maruca, su mujer holandesa, años más tarde. Pero dudo mucho que Neruda fuera un buen bailarín de tangos. ¡Era gordo!, flebítico, lento, un poco elefantino, muy divertido y tragón. Quería siempre que los amigos le contaran detalles de sus novias, cualquier detalle turbio de alcoba. ¡Qué curioso, qué malandrín»!

Jorge Edwards el pasado 16 de noviembre de 2018

     »Recuerdo que cuando vi a Neruda por primera vez, sería sobre 1950, a mis dieciocho años, me presenté como el escritor más joven y más flaco de Chile. Iba vestido con una casaca de flores primaverales, no le tenía miedo al ridículo. Y Neruda me enseñó una fotografía en la que aparecía vestido con una capa negra.

    —Yo a su edad iba vestido de murciélago —me dijo Pablo. En su casa de Isla Negra instaló un catalejo marino para observar el mar. Bueno, observaba a las bañistas de la playa, pero le podía el embrujo agitado del terrible océano Pacífico. El mar era su pasión, como las mujeres.

    »Y después, cuando un tribunal francés prohibió la importación del cobre chileno, Neruda se fue a parlamentar con Pompidou, que para eso era el embajador en París [1971]. Y a Monsieur le Président de la Republique, que había sido profesor de español, le regaló un Quijote, puro realismo mágico. Y le dijo que si la France no importaba cobre le haría un flaco favor al pueblo chileno, que ya estaba amenazado de muerte por la Escuela de las Américas y el imperialismo yanqui. Y Georges Pompidou dijo que él no podía hacer nada, que había sido un tribunal francés, la soberanía del poder judicial, el que había dictado la sentencia. Y que Monsieur le Président no podía anular una decisión de la Justicia. Pero después la Republique Française compró el cobre chileno y fue un pequeño respiro para el gobierno del presidente Salvador Allende, que ya estaba sentenciado por los milicos y la CIA.

     »No, no creo que Pinochet matara a Neruda. Por aquella época [septiembre de 1973], cuando el sanguinario golpe de estado Neruda tenía ya el cáncer prostático muy avanzado. Lo mató el cáncer. ¿Quién iba a matar a un hombre que ya estaba muriéndose? ¡Ay! Aquellos tiempos, aquellos amigos escritores. Todos eran como esponjas, se lo bebían todo: Vinicius de Moraes, Gil de Biedma, Carlos Barral. Donoso era el único que bebía agua y leche Una sociedad tan letrada como alcohólica.

    Jorge Edwards tiene 87 años y habla plácidamente, intercalando silencios que hacen más expectante su discurso. Un viejo truco de cuentista. Lo que es Edwards, un cuentista, un narrador de tradición oral que va desgranando las perlas de sus recuerdos como píldoras de canela que aventara una guacamaya de plumas exóticas por las orejas de los oyentes. Diplomático, crítico literario, periodista, escritor, pasó por diversas cancillerías, por muchos países y diferentes épocas. No fue muy bien considerado por la Cuba del Comandante, que le tachó, al igual que la inteligentzia izquierdista europea de los 70, de disidente.

     »Ese sistema político —el cubano— no era bueno para Chile, aquello era estalinismo tropical. Chile se estaba metiendo en un experimento peligroso, socialismo de daiquiris.

     De su experiencia en La Habana parió “Persona non grata”, obra que le valió el distanciamiento de algunos integrantes del “boom” de la literatura hispanoamericano.

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     »El boom fueron gentes de escritura abundante y diferente y no siempre bien avenidos. Alejo Carpentier se peleó con Neruda, celos entre escritores. Neruda dijo de Carpentier que era el escritor más neutro que había leído. Así que Carpentier firmó una carta contra él y después no se saludaban en las recepciones diplomáticas. La literatura sirve para conversar y tomar buen vino mientras escuchas buena música, a Foret, a Debussy, a Ravel. Todos los del boom eran melómanos. Julio Cortázar decía que: “Edwards es un amigo al que no quiero ver”. Tampoco se siente muy próximo a Mario Vargas Llosa. «El mundo está lleno de escritores que quieren ser Vargas Llosa. Debería haber un uniforme Vargas Llosa» dice como si temiera meterse en un lío. Y de Gabo (García Márquez) cuenta que era un poco vanidoso, a veces un poco pesado, pero buen narrador oral.

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    »Lo que venía a decir en mi “Persona non grata” es que el rey andaba desnudo, pero todos le regalaban los oídos, refiriéndome a Castro, como el cuento del Conde Lucanor.

     Los recuerdos de su vida, los personajes con los que se topó se abren torrencialmente en el relato oral de Jorge Edwards. Por sus memorias fecundas aparece un retablo de figuras antológicas de la literatura universal del siglo XX.

    »Dar la lata es lo más peligroso en literatura. Por eso yo no escribo novelas largas. Soy un maestro de la casi-novela. Escribo para recuperar el tiempo, como Marcel Proust. Conocí a Albert Camus en Santiago, yo era entonces muy chico. Y al que quiero mucho es a Alfredo Bryce Echenique. Es el mayor bebedor de vodka con limón que hay en el mundo. Es distraído, es cómico, un bebedor gozoso. Si yo fuera católico rezaría por Bryce.

     Educado en un colegio jesuita de curas vascos, Jorge Edwards es un amante de prosistas tan dispares como Unamuno o Azorín o Cervantes. «Cervantes es el primer autor de literatura fantástica. Adelantó al siglo XVII el realismo mágico. No hay más que leer el capítulo del Quijote de La Cueva de Montesinos. Está lleno de encantamientos y aventuras imposibles, de fantasías geniales, de locuras fabulosas.

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Pienso, luego estorbo

 

Vestidos de domingo

Fotografías de Terry Mangino

      Los recovecos y rincones del Rastro madrileño son un escenario abierto al espectáculo de la vida los domingos por la mañana. Solo hay que asomarse al patio de la Ribera de Curtidores para contagiarse de la alegría de los actores anónimos que ocupan la escena callejera e interpretan su papel, protagonistas de sí mismos. Aunque el sol se haga el remolón y apriete el frío o la lluvia.  Si te gusta la función, aplaudes o dejas unas monedas. Si no, sigues caminando en busca de nuevas actuaciones. El observador atento ve pasar ante sus ojos todas las secuencias que conforman la existencia de sus semejantes: alegrías, anhelos, deseos, ansiedades, duelos, dramas. Son las historias que cada individuo lleva en su interior reflejadas en sus rostros. Solo es cuestión de mirar detrás de las máscaras. La calle, el mejor teatro del mundo.

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Los alegres vecinos del Campo de la Cebada

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Retorno a Wounded Knee

Rafael Alonso Solís

        Los nuevos fascistas se estimulan entre sí todos los días ante el anuncio del apocalipsis –la invasión de las ciudades blancas por las hordas negras y cobrizas, la multiplicación de los homosexuales, las pretensiones de las mujeres y la complementaridad cromática de los trapos de colores–. Ya no cabe duda de que estaban ahí, de que siempre han estado ahí, agazapados hasta que llegara el momento y reunieran las armas necesarias. Tampoco de que cada vez son más y de que han decidido competir entre ellos mismos por ver quién la tiene más larga, quién es más chulo y quién está dispuesto a disparar contra el primer inmigrante. Se trata de una disputa en el mejor estilo de la mafia, en la que la capacidad de entendimiento responde al habitual pragmatismo que rige en las relaciones entre familias que se dedican al mismo negocio. Y ahí sí puede detectarse la amenaza real de que comiencen a venir por cada uno de nosotros. Cuando los esclavos que seguían a Espartaco se comenzaron a dividir en facciones –quien sabe si envueltos en banderas de distintos tonos o tras rezar a dioses diferentes–, se vieron rodeados por veinte legiones romanas venidas arriba tras una campaña victoriosa en las tierras de Hispania, y la rebelión de los gladiadores terminó por exterminación y acumulación de cuerpos sin vida en las cunetas. Siglos después, en 1876, durante la fase crepuscular de las guerras indias, un importante ejercito cobrizo, formado por guerreros de nueve tribus bajo el mando de los jefes Sioux Caballo Loco y Toro Sentado, aniquiló sin piedad al mismísimo Séptimo de Caballería en Little Big Horn, acabando con la leyenda torcida de George Armstrong Custer, un militar bravucón, dicen que borracho y con aspecto de emocionarse con facilidad ante el ondear de los trapos de colores. Puede que con aquel triunfo los indios firmaran su definitiva sentencia de desaparición como pueblo. En 1890, catorce años después de que al cadaver de Custer le arrancaran la cabellera, en Wounded Knee el ejército blanco pasó por las armas a cerca de 350 lakotas, de los que dos terceras partes eran mujeres y niños, no directamente implicados en las labores de la guerra. Caballo Loco murió a bayonetazos un año después de su triunfo sobre Custer, y a Toro Sentado lo asesinaron soldados americanos, algo antes de la matanza de Wounded Knee. Como en Gaza, como en Alepo, como puede ocurrir en la frontera de Estados Unidos cuando la marcha de inmigrantes se enfrente al más poderoso ejército del planeta. Porque el apocalipsis que se atisba no es ése del que alertan los nuevos fascistas. Son ellos mismos, con Trump o Bolsonaro al mando del Séptimo de Caballería. Con miles de legionarios dispuestos a alistarse en la vieja Europa y en el Nuevo Mundo. Con un escogido grupo de aspirantes a ponerse de nuevo los correajes, cubrirse con la bandera y echarse al monte. En Wonded Knee, despistados y rodeados por sus huestes, estamos nosotros.

Fotos de Terry Mangino

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Inmigrantes marroquíes en Boadilla del Monte, Madrid, sobre 1987.

 

 

Topar con la iglesia

Rafael Alonso Solís

        En la memoria literaria de quienes comenzamos a leer en castellano, hay que reconocerle a don Alonso Quijano el privilegio de ser uno de los primeros que nos avisara de los riesgos de topar con la iglesia. Es posible, en su caso, que se refiriera a la versión católica y romana –única que se define a sí misma como santa y apostólica–, la que tenía más cerca y entre cuyos lodos ideológicos deberían moverse los caballeros andantes de la época. Aunque, teniendo en cuenta el amplio conocimiento de la vida y sus desgracias por parte de su inventor y maestro, particularmente las asociadas a las creencias religiosas –no hay que olvidar que Cervantes respiró, por lo menos, los aromas de dos religiones, y hay quien apunta a que tal vez hubiese una tercera–, puede que el aviso fuese genérico y englobase a todas ellas. Lo cierto es que en lo referente a este país uno siempre ha tenido la sensación de estar rodeado de hábitos y sotanas por todas partes, entrometiéndose con vulgaridad de comerciantes en los aspectos más temporales de la existencia, permitiendo y alimentando el flujo del odio entre congéneres si ello les beneficiaba, y representando la versión más cutre y tramposa de la espiritualidad. De esa forma, y con una indiscutible habilidad para  mantener un negocio próspero durante siglos, los clérigos –de momento no hay clérigas, porque en el caso de la iglesia las mujeres tienen garantizado su papel como cocineras y camareras de hotel– han vivido de oficios tan bien escogidos como el ejercicio de la prédica, se han aprovechado de la lógica angustia que a los seres humanos les produce la imposibilidad de encontrar respuestas convincentes a las preguntas que bullen en su cerebro, y se han apuntado a los bandos ganadores de cada conflicto, con el cinismo de quien ha diseñado una moral específica para el control de la parroquia. Pocos espectáculos más repugnantes que los de aquellos curas gordos como cochinos que, tras la guerra civil española, levantaban el brazo en saludo fascista, sonreían melifluos cada vez que recibían al dictador y a su familia, y lo escoltaban bajo palio durante su entrada a los templos, en un gesto tan insolente como pueril. Por desgracia, parece nuestro destino topar con la iglesia –en su versión más rancia– una y otra vez, aguantar la desvergüenza de sus privilegios fiscales y contemplar como su intromisión en la vida de la ciudadanía sigue estando relacionada con sus propios negocios materiales. Ahora que la sociedad civil parece dispuesta a reparar alguno de sus errores, es la misma iglesia que ganó la guerra la que se ofrece a alquilar una suite mortuoria en el centro de Madrid, para ubicar los huesos del último dictador al que se rinde culto en la vieja Europa. Al final, va a ser el dinero el que decidirá el lugar de la tumba de Franco, tal vez cerca del ático desde el que Rouco Varela disfruta del aire de las Vistillas.

Los olvidados

Gabriel de Araceli

     Los archivos son inmensos pecios en los que el investigador bucea ajeno a las misterios que pueden albergar. De repente salta la sorpresa, se encuentra con tesoros sumergidos en el fondo del tiempo, salen a la superficie testimonios de la historia que vivieron las generaciones anteriores.

             Hace ahora 120 años el Tratado de París, firmado por España y los Estados Unidos ponía fin a los restos del imperio español: Filipinas, Puerto Rico y la joya de la corona, Cuba. Las colonias de ultramar quedaban en manos yanquis o conquistaban una independencia sojuzgada por el tío Sam de la que aún no se han liberado. Pasaron de una opresión a otra. Aquello fue un trauma nacional, una catarsis colectiva que sumió a la nación en el desencanto, en el pesimismo y en la derrota. Veinticinco años antes, en 1874, el capitán médico Santiago Ramón y Cajal, un joven de 22 años que ya había participado en la última guerra carlista, la que va de 1872 a 1876, embarca rumbo a La Habana. Regresará a la península en junio de 1875 afectado de paludismo y en estado de extrema debilidad. En 1906 recibió el Nobel de Medicina, compartido con Camillo Golgi.

         Estas son dos joyas que el buceador ha encontrado en el mar de los legajos.

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Coronel Lulio Aguado Nieto

Guerra de Cuba

Hoja de servicios del coronel Lulio Aguado Nieto (Procede del Archivo Militar de Segovia)

…- 1894.  Según certificado presentado por el interesado y expedido por el Excmo Señor General de División don Agustín Luque y Coca comandante Gral. de la división de la Trocha, este oficial en el año 1895 prestó a las inmediatas órdenes de dicho Gral. los servicios siguientes: Declarado el estado de Guerra en territorio de Las Villas en 24 de febrero de 1895 quedó auxiliando con gran inteligencia, celo y actividad los trabajos reservados de Secretario de la Sección de Campaña del gobierno Militar y Civil que posteriormente se le confió, acompañando al mencionado General en cuantas salidas tuvo necesidad de hacer por las jurisdicciones de Cienfuegos y Remedios y fue comisionado para desempeñar en Sancti Spiritus

Guerra de Filipinas

  1. En su anterior situación [el anterior jefe] hasta el 15 de enero que desembarcó en la plaza de Manila incorporándose a su destino en la Capitanía General de Filipinas el 16 del mismo… Declarado otra vez el territorio de las Islas en estado de guerra el día 23 de abril por la ruptura de relaciones con los Estados Unidos sufrió el bloqueo de Manila por la escuadra Norte-americana que dio comienzo el 12 de mayo, en cuya madrugada se presentó en bahía librando combate con la española y hostilizando a la plaza con fuego de cañón. También sufrió el total asedio de la Capital que por tierra sitiaron desde el 5 de junio los insurrectos del país, quienes primero por sí y después en común acción con las fuerzas Norte-americanas desembarcadas atacaron a diario la población, empleando ambos enemigos artillería de sitio. Según orden general de 4 de agosto fue honrado con la felicitación que el Ministro de la Guerra dirigió a las fuerzas del Ejército en cablegrama de 21 de julio, en nombre de S. M. la Reina, el Gobierno y la Nación por la enérgica y prolongada resistencia de la Plaza, calificando el servicio de heroico e inapreciable. Por la defensa de la plaza contra Americanos e insurrectos hasta el 7 de agosto se le concede por el E. S. C. Gral [Excelentísimo Señor Capitán General] del distrito en 12 del mismo mes la cruz de 1ª clase del Mérito Militar con distintivo rojo. El 13 de agosto y después del combate habido en que tomó principal parte la escuadra enemiga que bombardeó y rompió la línea de defensa, capituló la plaza con el Ejército Norte-americano que la ocupó; y en ella quedó este oficial con las tropas españolas finando el año en esta situación.

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Soldados españoles en Filipinas

Acciones de guerra en el distrito de Manila, 1898 (Archivo Militar de Madrid).

Copia que se cita a Exmo Sr.

       Después de 39 días de prisión conseguí burlar la vigilancia de los rebeldes y con gran sentimiento pongo en conocimiento de VE lo que ha sucedido con mi desgraciada compañía compuesta por 149 hombres y 4 oficiales. Estando en el pueblo de Seamoan [actual Sasmuan] a las 1 de la madrugada del 31 de mayo recibí una orden del Exmo Sr. Comandante General del Centro de Luzón para que con mi fuerza marchar a Orani (Bataan) a ponerme a las órdenes del Coronel Francia. Sin pérdida de momento y embarcados en el Cañonero Arayat marché hasta dicho punto llegando a las 8 y ½ de la misma encontrando en ella al Coronel Francia que dispuso continuase mi marcha al pueblo de Samal (¿) y de allí al barrio de Mabatang donde encontré fuertemente atrincherado al enemigo a las 4 de la tarde y que al divisar a mi pequeña columna rompieron fuego de fusilería y cañón que fueron inmediatamente contestado por nuestras fuerzas, que después de dos horas de fuego y habiendo observado el movimiento envolvente que querían hacer por superioridad y que sin temor alguno pasarían de 1500 hombres ordené la retirada hacia el pueblo de Samar, que al llegar cerca de él encontré al Teniente de la Guardia Civil D. Emilio Salazar con 20 cazadores que venía a protegerme quedando otros 40 de el convento al mando de un Teniente de Cazadores, en vista de que el enemigo venía siguiéndome me vi obligado a meterme en el convento de Samar donde casi podría sostenerme hasta que el Coronel Francia me auxiliare. Cuatro días me tuvieron completamente sitiados los rebeldes y en continuo fuego, el segundo día nos encontramos sin agua, sin comida y como los refuerzos no venían intenté romper el sitio, habiendo tenido la desgracia de perder en las tres veces que quise salir del convento 100 voluntarios y 2 cazadores que como fieras murieron frente del enemigo, recibiendo el que tiene el honor de dirigirse a V.E. un balazo en el pecho, así todo me mantuve 48 horas más hasta que habiendo consumido hasta el último cartucho me vi obligado a capitular con el enemigo que se obligaban a respetar las vidas de todos, más esto no lo cumplieron, pues los 44 voluntarios que me quedaban fueron macheteados cobardemente por ellos, llevándose prisioneros a los 88 cazadores, un teniente del mismo, el teniente de la Guardia Civil d. Emilio Salazar, cuatro oficiales de mi compañía y el que suscribe, que fuimos todos conducidos a Cavite. Dios guarde a V.E.  ms. al Mando. 13 de Julio de 1898. Antonio Gómez.

Exmo Sr. Coronel Jefe principal del Regimiento Movilizados. Blanco. Manila.

Es copia- Blanco rubricado.

El Capitán de E. M encargado del Detall

Antonio Vuian [(¿) ilegible]

 

El Diablo de la Guarda, presentación en Torrelodones

Gabriel de Araceli

    El 18 de octubre a las 19:00 h se presentará, en la Casa de Cultura de Torrelodones, la nueva novela de Alfredo F. Alameda (escritor de la localidad) El Diablo de la Guarda.
    Se iniciará el acto con un breve sketch cervantino a cargo de Emilio Pascual.

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       El pasado lunes la novela fue presentada en Gijón, como se ve en la referencia publicada en el diario La Nueva España.

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Fuera sotanas

Rafael Alonso Solís

La invención de la religión constituye uno de los descubrimientos estrella de ciertas élites. Tal vez de la élite por excelencia, cuyo objeto no es otro que dirigir el rebaño a partir de un par de ideas sencillas. El mundo ha sido creado por un ser omnipotente que se ha arrogado el derecho a hacer lo que le venga en gana; un sátrapa capaz de tomar decisiones expeditivas sin la obligación de dar explicaciones; un director de escena con una imaginación más bien escasa, ya que se repite en exceso, pero siempre con la rotundidad de los cineastas de fuste. ¿Por qué decidió enviarnos el famoso diluvio universal? Porque podía hacerlo. Es más que probable, por lo visto después, que no haya sido el único de la historia antigua, pero sí el primero registrado por los medios de comunicación de la época y el que más fama le dio, como si hubiese sido escogido como manifestación de poder. ¿No teneis claro quién manda? Pues ahí va eso. Después ha habido muchos otros gestos de la misma calaña. De hecho, el último espectáculo aún muestra sus efectos devastadores sobre las costas de Indonesia, una región en la que casi siempre se encuentran localizaciones apropiadas para mostrar la potencia del inventor. En una ocasión, alguien preguntó a Hugo Lasalle –un jesuita alemán que concilió el misticismo cristiano con el budismo Zen– por el lugar en que había que ubicar a Dios a la hora de dirigirse a él durante la oración. Tras unos segundos, contestó que en el interior de cada persona. Es posible que Lasalle, que había sobrevivido al bombardeo de Hiroshima, quisiese desvincularse de aquel monstruoso pintor de batallas, y que a través del silencio hubiera encontrado en el suyo un espacio en el que comprender el misterio del origen frente a los horrores del mundo. Tal vez no se atrevió a expresar la realidad que, a poco que hubiera reflexionado sobre ella, debía emerger luminosa ante sus ojos. Si el ataque atómico sobre Japón había sido ordenado por una cabeza militar, no parecía algo muy distinto de aquellos montajes del pasado, cuando las aguas arrasaban la tierra y la limpiaban de basura biológica, al menos hasta que otro ciclo tuviese lugar. Ahí, quizá, radicaba el papel de la iglesia –en este caso la católica, si bien no existen diferencias sustanciales en los objetivos y el procedimiento de los distintos credos–, el de transmitir el mensaje del jefe a traves de sus portavoces oficiales, es decir, de los portadores de sotanas. Menudo chollo. La sotana, al final, ha servido para encubrir lo que hiciese falta. Bajo su manto oscuro se ha producido la mayor operación de abuso infantil de la historia. Pero es solo ahora, cuando el escándalo no resiste más verguenza, el momento en que las jerarquías regionales han decidido prohibir los achuchones, los magreos, los sobos y los besos húmedos. Todo ello relatado en el lenguaje característico de la hipocresia litúrgica y la mafia vaticana. Fuera sotanas.

Volando voy, volando vengo

Gabriel de Araceli. Fotos de Terry Mangino

     Las chicas andan muy deprisa. Y el que lo dude que intente ponerse a rueda y seguirlas. El ciclismo, un deporte mayoritariamente masculino hace unos años, ha visto como la mujer se ha puesto en cabeza a tirar del pelotón. Y lo hacen muy bien. Estas ciclistas corrían la primera etapa de la Madrid Challenger by La Vuelta, una contrarreloj por equipos en línea de 12,8 Km, prueba que se disputó el pasado sábado 15 de septiembre en Boadilla del Monte, Madrid, en paralelo a la Vuelta a España y que tuvo dos etapas.

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El equipo alemán Sunweb, ganador de la contrarreloj

Sobre una distancia de 12,6 Km triunfó el equipo alemán Sunweb, que corrió a 43,25 Km/h. Corrieron 68 ciclistas de una veintena de países. La segunda etapa, sobre una distancia de 100 Km, se corrió en el circuito del Paseo del Prado, coincidiendo con la carrera masculina el domingo 16. La ganadora final fue la holandesa Ellen Van Dijk, componente del equipo Sumweb, cinco veces campeona mundial contrarreloj y tres de Europa.

 

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¿Viva el rey?

Rafael Alonso Solís

      La monarquía británica procede de relatos elaborados durante un sueño brumoso, nacidos en una época en que los dragones velaban el honor de quienes ejercían el liderazgo, los caballeros lucían armaduras luminosas cuya prestancia no se alteraba durante las contiendas y las damas de la corte consumían su belleza en oscuros aposentos, mientras la brujería dominaba los espíritus que moran en la niebla y diseñaba talleres especializados para fabricar espadones mágicos y pabellones de descanso regio en la isla de Avalon. Los ingleses siempre han sido respetuosos con sus monarcas o, al menos, han tenido la habilidad de generar esa sensación de cara al turismo, y suelen pedir a Dios que salve al rey o a la reina en cuanto tienen ocasión, le pagan un sueldo generoso y parecen orgullosos de que los visitantes se hagan fotos frente al palacio de Buckingham.

Fernando VII con manto real

  La monarquía española, especialmente la rama borbónica que nos azota, y que va y viene como el Guadiana, siempre ha lucido un tono entre astracán y esperpento,  y ha hecho de la campechanería una extraña virtud por la que presumir y marcar palmito. Valle-Inclán, que tenía una mirada sensible para captar las imágenes y los sonidos de la calle, nos habló de los calores de la reina castiza, a la que “un temblor cachondo le sube del papo al anca fondona de yegua real”, cada vez que algún amante le olía los sudores y le manoseaba las nalgas. Es cierto que, en el caso de la institución española, la nómina suele ser más liviana, y tal vez por ello a lo largo de la historia hayan sentido la necesidad de desarrollar actividades de emprendeduría y tener cierta presencia en el mundo de los negocios. El casticismo de la saga viene de lejos, dicen los expertos que desde Fernando VII, es decir, a partir de la llamada primera restauración, y ha estado marcada por el morro, una supuesta cercanía con la basca, amplia tolerancia a los aromas de los garitos, un fuerte componente rijoso y una indiscutible vocación por la cópula. Si Andy Warhol afirmó en una ocasión que el sexo es nostalgia del sexo, podría decirse que el casticismo regio de los borbones más recientes se ha movido entre la filmografía erótica, la afición al café cantante y la admiración por las vicetiples. La segunda restauración está representada por los Alfonsos, que reinaron unos 55 años, si bien el segundo lo hizo de forma casi apócrifa, ya que en la primera fase quien rigió fue su madre, y en la última el mismo monarca colocó a un milico en el poder. Ahora vivimos la tercera, de génesis similar a la anterior, pero a la inversa, puesto que fue otro militar quien dió un golpe de Estado y, con objeto de garantizar la continuidad de su obra, puso de nuevo a un borbón en el trono. Mantener la inviolabilidad de tan altas figuras ante sospechas de delincuencia no es de recibo y requiere una urgente modificación de la norma.

[La imagen superior es un fragmento de Los fusilamientos de Torrijos en la playa de Málaga, obra monumental pintada por Antonio Gisbert en 1887, que recoge el ajusticiamiento del general Torrijos y sus seguidores, que se levantaron en armas contra Fernando VII (en el centro, por Goya) en 1831. Museo del Prado, Madrid]

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Caricatura del libelo “Los Borbones en pelota”, atribuido, con dudas sobre su autoría, a los hermanos Becquer. Es un conjunto de acuarelas pornográficas y satíricas para denunciar las intrigas palaciegas y vida sexual de la reina de los tristes destinos. En esta aparecen los ministros Marfori y Luis González Bravo, junto a la reina Isabel II. Para saber más pinchar aquí

Si las piedras hablaran

Gabriel de Araceli

     Los vencedores escriben la historia e imprimen en las piedras sus verdades, aunque sea con los renglones torcidos.

     El 17 de noviembre de 1936 la Legión Cóndor, al servicio del general Franco, bombardea Madrid, algo habitual en esos meses de asedio de la capital. El Palacio de Liria, muy cerca del frente, sufre un incendio provocado por dieciocho bombas que lo destruyen prácticamente en su totalidad. En previsión de desastres se había vaciado previamente de obras de arte, depositándolas en la Embajada Británica, en el Museo del Prado y en la caja fuerte del Banco de España. Aún así, las milicias encargadas de la defensa, consiguen rescatar del fuego varias pinturas y obras de arte, aunque una gran cantidad de documentos se perdieron.

     El Duque de Alba, Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, padre de Cayetana, residía en esas fechas en Londres, donde era de facto el embajador de Franco. El Duque de Alba, muy amigo de Winston Churchill, había gestionado con el dinero del banquero Juan March el alquiler del avión Dragon Rapid con el que el Generalísimo se desplazó desde Gando a Casablanca el 18 de julio de 1936, y de allí a Tetuán el 19 (llegó con retraso, cuando pudo confirmar que la asonada había triunfado entre la guarnición africana y que su vida no corría peligro, no antes).

     El Palacio de Liria fue iniciado por el arquitecto francés Louis Guilbert en 1767 y rediseñado en gran parte y acabado por Ventura Rodríguez en 1785. Es de estilo entre barroco tardío y neoclásico. Al acabar la contienda bélica, el Duque de Alba empleó parte de su inmensa fortuna en reconstruir el palacio, algo para lo que contó con fondos generosamente provistos por el nuevo estado. Cayetana de Alba continuó con la reconstrucción hasta completarla en 1956.  El Duque había fallecido en 1953.

     Para conmemorar la reconstrucción, en 1959 se erigió una placa en la fachada del palacio en la que el Ayuntamiento de Madrid le reconoce al Duque su noble rasgo.

    Hay que señalar que el alcalde de Madrid en esa época era José Finat y Escrivá de Romaní, el Conde de Mayalde. Finat fue un filonazi, colaborador con la Gestapo y amigo personal de Heinrich Himmler, al que festejó en Madrid con una corrida de toros. Y también era amigo de Reinhard Heydrich, ambos colaboradores personales de Hitler y atroces genocidas. Finat fue director de la Dirección General de Seguridad, la temida DGS. Durante su labor al frente de ella, en 1940 fueron detenidos en Francia, conducidos a España y fusilados por el régimen muchos exiliados republicanos, entre ellos el socialista Julian Zugazagoitia y el ex-presidente de la Generalitat Lluis Companys. Al Conde de Mayalde le sustituyó en 1965 al frente de la alcaldía de Madrid Carlos Arias Navarro, Carnicerito de Málaga. En 2000, el alcalde Álvarez del Manzano puso el nombre de Conde de Mayalde a una calle en Madrid.

Como se puede leer, nada de eso se dice en la placa.

     Jesús Aguirre y Ortiz de Zárate, el Magnífico, fue Duque consorte de Alba por su matrimonio con Cayetana desde 1978 hasta su fallecimiento, el 11 de mayo de 2001. Hombre inteligente, instigador, exquisito, culto, su vida fue un frenesí digno de la mejor novela de intriga. Son recomendables los libros que sobre él escribieran Manuel Vicent: “Aguirre, el Magnífico”; y “El cura y los mandarines”, de Gregorio Morán.

     Jesús Aguirre nació en una época inquieta, el 9 de junio de 1934, hijo de madre soltera, su infancia en Santander fue difícil, quizás por ello se propuso triunfar desde pequeño y llegar a lo más alto. Lo consiguió, fue académico y duque consorte. Quizás fuese vanidad o una muestra más de su carácter altivo o mistificador. En  el panteón de Loeches, propiedad de la Casa de Alba donde yacen sus restos mortales y los de Cayetana, en su sepultura está escrito que nació el 9 de junio de ¡1937!

¡Qué son tres años en la vida de los mortales!

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El apostol y la duquesa

 

 

 

 

 

El ataque de las arpías

Rafael Alonso Solís

Para darme a entender que las vacaciones habían terminado, hace un par de días fui atacado por tres energúmenas cuando deambulaba por una zona solitaria. Sé que no debía estar allí, solo y sin protección. Si te saltas las normas te arriesgas a que te tomen por un intruso. Por un momento me sentí como aquella vez en que, avanzada la noche, fui asaltado por un par de adolescentes en una zona poco aconsejable de Boston, cerca de la frontera con el barrio de Roxbury, y mientras me alejaba imprudentemente de las luces familiares del Prudential Center. La primera arpía me entró por la izquierda, clavando un agudo estilete en el brazo de ese lado, lo que hizo por dos veces con inusitada rapidez, sin permitirme acción defensiva alguna ni darme tiempo para pedir auxilio. El dolor fue muy intenso y agudo, lo que, además de provocarme terror, me llevó de inmediato a identificarlo como el producido por una aguja hipodérmica al atravesar mis carnes. Solo un par de segundos después, la segunda bruja hundió su arma en el brazo derecho con el mismo acierto que su compinche y con idéntica eficacia. Al verlas delante de mí, moviéndose con aparente odio e instinto asesino, dispuestas a continuar con su salvaje agresión y quién sabe con qué intenciones, traté de cubrirme la cara, ante la que se organizaban ya las tres asaltantes –puede que inconscientes, pero indudablemente peligrosas–. Con una habilidad insuperable, la tercera atacante dirigió su pincho hacia mi rostro y lo insertó con crueldad sobre el puente de mi nariz, en el lado izquierdo y cerca de los ojos –lo cual no le resultó muy difícil, porque, en mi caso, ese apéndice es amplio y ofrece una gran superficie como diana–. Salí corriendo como pude, alejándome del lugar de la agresión a toda velocidad, realmente asustado, consciente de que estaba solo frente a aquella jauría y sospechando que no se trataba únicamente de un asalto fortuito, sino de la reacción de una avanzadilla en defensa de su territorio. Estaban allí para eso y, si podían, no iban a permitir que saliera indemne del encuentro. En la huida perdí las gafas de sol, que salieron volando por el aire durante el forcejeo. Una vez que me encontré en un lugar supuestamente seguro hice un recuento de mis heridas. Ambos brazos mostraban ya señales inequívocas como resultado de los pinchazos, y unos cuantos puntitos sanguinolentos –fruto, seguramente, de la cotidiana toma de anticoagulantes– se convertían en señales de mi desigual lucha. A los pocos minutos mi nariz comenzó a hincharse como una verruga desatada, adquiriendo un tono enrojecido que auguraba un mal pronóstico. Tal vez por la cercanía de la zona, mis ojos comenzaron a lagrimear sin freno y una especie de rinitis por contacto me jodió el resto del día. Sé que no debía estar allí, que nunca debí haber invadido un territorio marcado, y que fue un atrevimiento tratar de abrir una verja protegida por un avispero.