Lecturas de verano: Barriada II
Viene de «La calle de Valverde»
Carmelita Flórez
John Dos Passos (1896-1970) publicó esta novela en 1925, estando aún presentes en la memoria colectiva de la sociedad gringa los horrores de la 1ª Guerra Mundial. Y en un momento de eclosión literaria de autores como James Joyce (1882-1941), o Marcel Proust (1871-1922), que daría como resultado obras innovadoras y polémicas como “Ulises”, o “Por el camino de Swan”, que sin duda influyeron en el autor, de origen portugués, en su técnica narrativa y en la construcción coral de sus personajes.

La novela es un rompecabezas que el lector debe armar a su gusto. O a su disgusto. Desde la referencia espacial inicial de una estación de metro, Manhattan Transfer, se asiste al desarrollo de una ciudad y a su expansión física y humana a lo largo de un laberinto de personajes, situaciones, tiempos y lugares. Pueblan sus páginas un enjambre de desheredados, vagabundos, alcohólicos, buscavidas, pobres de solemnidad y aspirantes a millonarios, marginados y anarquistas: la masa. El drama diario de la vida. Una hormigonera donde se mezclan todas las almas en pena compartiendo dolores, anhelos, triunfos (escasos), deseos, derrotas y decepciones.

Dos Passos emplea, en ocasiones, una narrativa áspera, un estilo libre indirecto, experimental, subjetivo, que convierte la lectura de la obra en un esfuerzo exigente para el lector. A veces mezcla situaciones, espacios, protagonistas y lugares de diferentes tramas en el mismo tiempo narrativo, lo que obliga al lector a un minucioso y detenido análisis que puede inclinarle al abandono del libro. Tal vez Dos Passos metabolizara residuos que le dejara en su inconsciente literario la obra reciente y vanguardista del Joyce y del Proust.
Ya en ese momento, recordemos, comienzos de los años 20 del siglo XX, se refleja en la novela el discurso antiinmigración contra el extranjero, contra el diferente, contra todo aquel que no es de allí en un momento en el que un aluvión de recién llegados conforma la convivencia urbana en New York. “En esta ciudad nadie es de aquí”, dice uno de los personajes, en oposición al bramido contra los “inmigrantes católicos italianos que no hablan inglés, franceses, la escoria de Europa, negros, las heces de los guetos de Polonia, los sucios judíos y los piojosos irlandeses, cochinos extranjeros que acabarán echándonos de nuestro país”, frases que grita el tío Jeff, un figurante más. Son los mismos argumentos racistas y xenófobos que ahora predica el irascible hipopótamo naranja que habita en la White House, tan de dudosa procedencia extranjera (su abuelo, un barbero, emigró desde Alemania a Nueva York en 1885) como cualquier otro habitante de la gran ciudad que describe el relato.

Ernest Hemingway y John Dos Passos: los alegres muchachos de Key West, Florida,1928, poco después de la publicación de Manhattan Transfer. Tiempos felices de pesca y novias. Se habían conocido en Italia durante la 1ª Guerra Mundial.
La novela se circunscribe en un momento histórico previo a un acontecimiento de trascendencia universal: el hundimiento de la Bolsa neoyorquina, el crack del 29 y la Gran Depresión económica mundial que originó el hecho. Algunos de los intérpretes corales que aparecen en la novela sueñan, como el hipopótamo naranja, con enriquecerse con las técnicas especulativas que originó aquel fracaso. Los personajes de Dos Passos de alguna forma se adelantan sin saberlo a aquella desoladora situación bursátil cuando luchaban por mejorar su porvenir.
Y aunque es improbable que Federico conociera la novela de Dos Passos, resulta una coincidencia el atractivo y confrontación que suponía para el poeta la ciudad de New York, a la que se trasladó también en 1929. En ese viaje se fraguó su libro de poesía “Poeta en Nueva York”, marcado por el tenebrismo y aspereza lírica que conmocionaron su alma sensible ajena al mundanal ruido de la inmensa urbe. No le duró mucho tiempo la emoción, ahora se cumplen 90 años de su asesinato.

Y la figura de John Dos Passos en España está ligada a la del profesor de la universidad John Hopkins, en Baltimore, José Robles Pazos, que tradujo al castellano la novela. Ambos se habían conocido en 1916 durante un viaje a Toledo y su amistad perduró hasta la desaparición trágica de Robles Pazos durante la Guerra Civil, en Valencia en el primer trimestre de 1937, poco después de la de Federico. El intento desesperado, en su viaje a España en ese año, de Dos Passos por resolver los porqués del enigma de la pérdida de Robles Pazos le llevaron a solicitar la ayuda de su otro gran amigo de farras y pesquerías, Ernest Hemingway. Y el desprecio y desinterés que recibió de Ernesto, simpatizante con el espionaje comunista ruso del NKVD y Alexander Orlov, su temible y sanguinario jefe, supuso el final traumático de la amistad entre ambos.

Sin duda, la novela tendría alguna influencia en alguno de los escritores que ampliaron el género de relatos de habitantes de barrio. “La Colmena” y “Café de artistas”, ambas de Cela; o “La calle de Valverde”, de Max Aub; o “La Puerta del Sol”, de Fernando Fernán Gómez todas ellas posteriores, recuerdan la obra de Dos Passos.
No es fácil leer Manhattan Transfer, un patio de vecindad mal avenida.
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