Orgullo Gay 2026: fin de fiesta en Madrid

Etiquetas

, ,

Texto Carmelita Flórez

Una explosión de júbilo y alegría recorría el Paseo del Prado de Madrid la tarde del sábado cuatro de julio. Y eso a pesar de los 40 grados que marcaba el termómetro. Era el broche final a una semana de activismo del colectivo LGTBIQ+ reivindicando derechos a los poderes públicos y actitudes favorables de la sociedad para aquellos que tienen una personalidad diferente a la entendida como habitual, como buena. Gentes venidas de diferentes lugares desfilaron por el centro de Madrid liberados de caretas y apariencias formales en un ambiente de alegría y optimismo. Todos estaban invitados y todos disfrutaban del resto de los presentes en un abrazo cordial de risas. Era como si las libertades, el respeto al otro y la aceptación de las diferencias se hubieran dado un abrazo cordial bajo la mirada del pintor Velázquez y la diosa Cibeles.

Madrid, liberado por unas horas del ruido, del humo y las prisas, se convirtió en el altavoz sonoro internacional —se dice que la manifestación ha sido la más numerosa de todas las celebradas en diferentes ciudades de Europa— que más ha gritado por normalizar unas relaciones entre personas, estamentos y poderes. La miopía intransigente de la óptica machista social siempre ha grabado al diferente con el rechazo, cuando diferentes y únicos somos todos los seres humanos y ninguno de nosotros poseemos aquella virtud que nos haga superiores a los demás.

Ahora cabe esperar las respuestas que los dirigentes políticos y el comportamiento social den a las propuestas y exigencias que estos días se han emitido desde el colectivo LGTBIQ+. Pasar de la fiesta, de las reivindicaciones y de las risas compartidas es un compromiso de todos y en ello nos va el respeto mutuo, la aceptación del otro y la convivencia.

Ya queda menos para el Orgullo Gay 2027.


   Fotos de Terry Mangino

Todas las imágenes tomadas en el Paseo del Prado de Madrid, la tarde del 4 de julio de 2026. Se recomienda verlas en pantalla grande para apreciar mejor el esmerado trabajo del fotógrafo.


ENLACES RELACIONADOS

Carrera de Tacones de la calle Pelayo 2026


Carrera de Tacones de la calle Pelayo 2026

Etiquetas

, ,

Carmelita Flórez. Fotos de Terry Mangino

A principio de los 70 del siglo pasado el barrio madrileño de Chueca era un lugar poco recomendable para vivir. Sucio, viejo, feo, inhóspito, sin servicios sociales, gris, abandonado por el Ayuntamiento de Arias Navarro, sí, Carnicerito de Málaga. “El mundo sigue”, la película de Fernando Fernán Gómez de 1963, rodada ahí, recoge un testimonio fiel de la realidad dramática habitual que constituía la vida en el barrio. Y a primeros de los años 80, con la llegada a la alcaldía del profesor Tierno Galván, empiezan a llegar a sus calles vecinos atraídos por los bajos precios de los inmuebles. Y es con la Movida madrileña y aprovechando la oferta de viviendas baratas cuando se instalan en él ciudadanos de diversas culturas y gustos que buscan la comodidad de un barrio muy céntrico, bien comunicado y con un vecindario abierto de ideas y tolerante, con el que se puede convivir sin ser objeto de burla o señalado por los gustos de su condición humana. El barrio cobra auge y se convierte en un lugar de convivencia y relación vecinal donde el trato amistoso se extiende entre los habitantes. En la actualidad, el barrio de Chueca, como muchos otros de Madrid, sufre el proceso de invasión turística y de “gentrificación”, esa pérdida de personalidad urbana y de habitantes tradicionales que se ven desplazados por población forastera de presencia efímera y de alto nivel adquisitivo, que con su presencia encarece los precios del consumo, modifica la naturaleza urbana, el arraigo social y las relaciones entre sus gentes.

Chumina Power, en el centro, desde el podium donde se dirigía la carrera.

Desde hace unos años y dentro de las reivindicaciones sociales que el colectivo LGTBIQ+ desarrolla para conseguir una sociedad más justa y tolerante con el que tiene una visión diferente de su personalidad, ha procurado que el barrio de Chueca mantenga su espíritu abierto y vecinal donde la tolerancia y la bienvenida al otro se den la mano. Todo esto a pesar de la homofobia y persecución al diferente que algún partido neofascista intenta implantar en Madrid. Y desde hace más de dos décadas se celebra en la calle Pelayo la carrera de tacones, una fiesta a la que todos están invitados para que el jolgorio, la diversión, la relación social y la acogida al diferente sean la norma que mueva el trato con el vecino, en un clima de fiesta, de entendimiento y de diversión.

A pesar de la Prioridad Nacional volveremos siempre a la Carrera de Tacones de la Calle Pelayo.


Enlaces relacionados:

Carrera de tacones de la calle Pelayo, 2015

Carrera de tacones de la calle Pelayo, 2016

Carrera de tacones de la calle Pelayo, 2017

Ponte la máscara, orgullo gay, Madrid, 2018

Carrera de tacones de la calle Pelayo, 2022

Carrera de tacones de la calle Pelayo, 2023


60 aniversario de Radio Clásica

Carmelita Flórez

Mi tío Lulio retiraba del infiernillo eléctrico la cafetera y nos servía un negro y oloroso chorro de café bien cargado. En la radio sonaba la señal horaria de las tres de la tarde y como un torbellino chispeante se escuchaban las voces festivas y desenfadas de Fernando Argenta y Araceli González: comenzaba Clásicos Populares.

Sí, aquellas voces llenaban las sobremesas del taller de sastrería que mi familia tenía en la calle Hileras, de Madrid. Diez personas, oficiales, planchadoras, cortadores, aprendices, chalequeras, pantaloneras escuchábamos en completo silencio las travesuras y bromas que Fernando y Araceli hacían desde el otro lado de las ondas y reíamos sus jocosos comentarios mientras nos instruían con sus conocimientos musicales. Aquello era una fiesta.

Pasados cuarenta y muchos años la programación de Radio Clásica se ha hecho imprescindible para una gran masa de oyentes que todos los días se embarcan en la aventura de escuchar “Sinfonía de la mañana”, o “Músicas con alma”, o “Melodías Pizarras”, o “Música a la carta”, o “Clásicos Populares”, ahora con Ana Cortijo y Fernando Blázquez, o “Café Zimmerman”, o “La libélula, o “La taberna del puerto”… Es la compañía de la radio, de la música que permanece como un amante fiel para distraerte, para instruirte, para divertirte, para apasionarte, para alegrarte con esa melodía que se instala en tu cerebro y te transporta a la felicidad sin pedir nada a cambio.

Equipo titular de Radio Clásica.

Se han cumplido sesenta años de la creación de Radio 2, ahora Radio Clásica. Y para muchos de sus oyentes veteranos aún perdura el recuerdo de aquellas sobremesas y veladas adornadas de música de Tchaikovski, de Schubert, de Wagner, de Falla, de Albéniz, de Granados… Para celebrarlo, el pasado noviembre se emitió un programa especial desde el auditorio del Centro Cultural Conde Duque, en Madrid, en el que se ofreció a la audiencia un extracto de la historia de la emisora que han escuchado ya tres generaciones de oyentes. Y rtve acaba de publicar un libro en el que las voces que escucha la audiencia se hacen letras y cuentan a los lectores los motivos que les llevan a buscar las mejores músicas para complacer y recrear al oyente.

Concierto en el Teatro Monumental de Madrid interpretado por la Orquesta Sinfónica de RTVE que emite Radio Clásica.

«Buen viaje se le dice al viajero antes de que parta… la música es un bálsamo para tempestades… pueblos aguerridos como los vikingos, celtas, íberos, cartagineses, o musulmanes se entregaban al solaz del noble arte de los sonidos para amenizar y sobrellevar con ánimo y entusiasmo las duras y penosas travesías», escribe Germán García Tomás, conductor del programa “La Taberna del Puerto”, que se emite todos los días de nueve a diez de la noche. El libro está prologado por el director de orquesta Gustavo Dudamel y la escritora Espido Freire.

Estudio 206 desde el que se emite la programación de Radio Clásica con el piano Steinway and Sons.

Sí, la radio es ese velero etéreo en el que te embarcas para cruzar a diario la travesía de la vida, el que te lleva a buen puerto, el que te ampara de las tempestades, el que te cuenta lo que los tramposos quieren que no sepas, el que te acompaña para que olvides la soledad en la que navegas, el que hace que tus días transcurran de la mano del amigo, para que te tomes el café negro, calentito y bien cargado en la sobremesa. Feliz viaje, feliz travesía, feliz música en el barquito de Radio Clásica.

Germán García Tomás, conductor del programa «La taberna del puerto«, junto con Kamal Abkari en la cabina de control del Teatro Monumental durante la transmisión de un concierto.

Radio Clásica se escucha en Madrid en 96.5 FM.

Aquí puede encontrar la programación de verano de Radio Clásica: https://www.rtve.es/play/guia-rne/radioclasica/


Carmen Laffont: la sal y la cal en los lienzos

Carmelita Flórez

Tal vez la fortuna acompañó a Carmen Laffont (Sevilla, 1934-Sanlúcar de Barrameda, 2021) desde su nacimiento. Sus padres se conocieron en los años 30 del siglo pasado en la Residencia de Estudiantes de Madrid y educaron a la niña Carmen en aquel espíritu modernista, innovador e inquieto que ellos recibieron de la Institución Libre de Enseñanza. Los viajes posteriores de formación a París; el contacto, a partir de 1958 cuando expone en el Ateneo de Madrid, con las vanguardias madrileñas que surgían alrededor de la galerista Juana Mordó, los viñedos y las orillas del Guadalquivir, el paisaje marino alrededor del Coto de Doñana, su admiración por el pintor expresionista abstracto Mark Rothko, su técnica depurada en el dibujo y el análisis de formas y planos forjaron su pintura de sinfonías de luz, texturas impresionistas y atmósferas geométricas emanadas de la contemplación interior y abrazo a la naturaleza que la rodeaba.

«Primus circundedisti me» Sí. La obra de Carmen Laffont recorre el mismo paisaje desde el que Magallanes y Elcano zarparon un lejano septiembre de 1519 en busca de lo desconocido o en busca de una ilusión. La misma que aparece en esas marismas, líneas y planos coloridos de salinas y caleras, de viñas saturadas de fruto, de cuadrículas de tejados vistos desde su terraza. Con ellos Carmen evoca una naturaleza infinita acompasada de luces, una sinfonía de colores en armoniosa serenidad. Una máquina de coser, unos cestos, un simple armario o una carretilla de albañil pierden su condición de objetos cotidianos cuando el pincel de Carmen los transforma en sentimiento, en serenidad, en arte.

Carmen Laffont, otra sensibilidad pictórica más como Isabel Quintanilla, como Rosario de Velasco, como Amalia Avia, como Menchu Gal, como María Moreno, como Soledad Fernández, mujeres artistas que nos regalan su mirada y nos emocionan con sus pinturas.

El Museo Thyssen-Bornemisza presenta una cuidada exposición de su obra, segunda mujer en ingresar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando como académica de número. Estará abierta hasta el 26 de septiembre. No se la pierdan.


ENLACES RELACIONADOS

Isabel Quintanilla: interiores en el Thyssen

Menchu Gal, un descubrimiento extraordinario

Rosario de Velasco: feliz descubrimiento

Soledad Fernández expone en El Retiro


Roberto Bolaño: romántico enigmático

Agustina de Champourcín

Una suerte de fantasma iluso o de encarnación de la voluntad de escribir inasequible al desaliento viene a la memoria al revisar la novela “La literatura nazi en América”, obra del chileno Roberto Bolaño, escrita en 1996. Sí, el lector se encontró en el expurgo de una biblioteca pública con un ejemplar impecable de ella, edición de 1998, absolutamente virginal, sin mácula alguna, clara señal de que nadie jamás, ningún lector a lo largo de treinta años se había interesado por ella. Y del autor recordaba que aparece como un figurante secundario en la novela de Javier Cercas “Soldados de Salamina”. Ese fue el motivo que le indujo a adentrarse en la espesura del libro, lo que podría ser una selva enciclopédica de citas, lugares y personajes irrelevantes apostantes por la intransigencia e inventados por la fantasía de un escritor romántico.

Roberto Bolaño en Barcelona, fecha indeterminada.

Porque la novela, así es a pesar del despiste que provoca el título, se forja entre la patraña, la invención y la proclama de un autor iluminado que nunca tuvo amores con la ayahuasca, ni siquiera con el alcohol. Locura y genialidad a partes iguales, como un disco rayado de Pink Floyd. Se deslizan varias preguntas realizadas por un mudo que ofrece varias respuestas silenciosas. Escritura bárbara en la que se mezclan poemas escritos por presos de Carabanchel, junto con una suerte de fantasmas o de encarnación de la voluntad en el taller de literatura del personaje Martín García, alias Ramírez Hoffman, o alias los Mendiluce, situado en el sórdido anfiteatro de la facultad de medicina de Concepción, Chile, donde los estudiantes diseccionaban cadáveres.  Nada tiene sentido en esa relación de fingidos autores que recorren el paisaje sudamericano ensalzando en silencio el nazismo en tiempos de las dictaduras chilenas o argentinas. Y el mismo autor recoge que la obra, vislumbres de una originalidad implacable y quimérica, con creadores ficticios, fue leída por amigos y enemigos como una tomadura de pelo monumental rayana en la esquizofrenia.

Y en ella se funden, disparate tras disparate, los violentos futboleros de las “Barras Bravas”, junto con la subversión que produjo la Guerra de las Malvinas. O se cita dos veces a Dionisio Ridruejo, pobre él, tan comprometido con sus ideas sociales y amoríos germánicos. Libro de no escritores para que sea leído por no lectores, las palabras pasan como escarabajos incomprensibles. Personajes efímeros, tiempos imposibles y sucesos falsos como una tomadura de pelo, aliñados por un carrusel de invenciones salidas de la imaginación de dos hermanos siameses y un vidente estrafalario comprometidos todos con el fascismo, donde el sadismo y el masoquismo son juegos de niños.

De Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953-Barcelona, 2003) su biografía recoge el agitado momento histórico que le tocó vivir en su infancia en el continente sudamericano y que de alguna manera se refleja en la novela. Fueron tiempos inciertos: el final de la guerra de Korea, la gestación y parto catastrófico de la guerra de Vietnam, el final agónico del imperialismo europeo, guerras coloniales en África, pronunciamientos revolucionarios en Sudamérica, crisis de misiles, agitación social, iluminados profetas, golpes de estado fascistas, la presencia ominosa de la CIA de Allen Welsh Dulles en el Coño Sur, el más jodido por la doctrina Monroe; la Escuela de las Américas, Eisenhower, Kennedy, Nixon, Kissinger y su Realpolitik, Pinochet, Somoza, D’Aubuisson, Hugo Banzer, Stroessner, Videla, Trujillo, Noriega, Efraín Ríos Mont… todas aquellas políticas y toda aquella historia que ahora pretende emular el actual huésped de la Casa Blanca. ¡Una pesadilla!

Pinochet y Kissinger se saludan en Santiago de Chile una vez consumado el golpe de estado. Septiembre de 1973.

Tras una juventud romántica, inquieta y viajera por México y Chile es en Blanes, Barcelona, donde se asienta Roberto Bolaño en 1985, pasando incontables penurias económicas. Y es ahí donde empieza a destacar como escritor mientras se ve obligado a compartir las letras con oficios variopintos para poder alimentarse. Su empeño heroico y sus letras llaman la atención de algunas editoriales y recibe algún premio literario que le permite sobrevivir. Es en 1998 cuando entabla amistad con Cercas y le cuenta, fantasía literaria, que conoció en un cámping, donde él trabajaba los veranos, a Miralles, el personaje bienhechor de “Soldados de Salamina”, el salvador de Sánchez Mazas que de alguna manera también le salvó a él del anonimato. Y como todo héroe, Bolaño murió joven, apenas con cincuenta años, leído ahora con curiosidad crítica de entomólogo.


ENLACES RELACIONADOS:

El agente Rojas ND507

Cincuenta años del golpe de estado de Pinochet

Dionisio Ridruejo: corazón loco

Dionisio Ridruejo: rebelde con causa


CÁMARA NEGRA: al suelo todo el mundo

Carmelita Flórez

Al lector le invade una sensación extraña de estar vigilado al recorrer las páginas de “CÁMARA NEGRA”, la novela de Juan Fernández Sánchez. Y se le eriza la piel cuando al pasar la vista por sus párrafos su pensamiento abstracto se concreta en reticencias sobre la legitimidad del Sistema que le ofrece la lectura, que esas dudas pueden estar siendo grabadas y usadas en su contra por algún instrumento secreto incrustado en su cerebro, que se ha iniciado ya contra él un juicio sumarísimo con sentencia previa condenatoria inapelable. Porque presiente que un dedo acusador, un ente invisible le señala como enemigo a batir simplemente por dudar de la necesidad de un centinela fiscal atento a cualquier deriva que elabore su mente contra el Gran Hermano. Porque al volver la página puede encontrarse con una denuncia anónima si su opinión no comparte la bondad y necesidad de la opresión que sufre por su bien, si es reticente sobre el método obscuro que, en su beneficio y en el de la comunidad ejecuta, implacable, el Estado.

Juan Fernández, autor de CÁMARA NEGRA, junto a Luis Miguel Úbeda, periodista de Radio Nacional durante la presentación en la Librería La IMPRENTA, calle Monteleón, 5, en el madrileño barrio de Malasaña, donde se puede adquirir la novela.

Todos dudamos de todos, vigilantes siempre, atentos, todos podemos convertirnos en cómplices, en aliados fieles al Sistema. O sus enemigos a los que hay que eliminar. Vivimos un momento en el que el Poder oprime al ciudadano desde todos los ángulos de su observada existencia: el vecino con el que te cruzas en el portal al bajar la bolsa de basura puede ser un colaborador secreto, un espía a sueldo que delatará cualquier duda que te surja. O el amigo íntimo, o el compañero de mus, o esa viejecita con lumbago a la que ayudas a subir al ascensor y dejar en su puerta el carrito de la compra. Puede que haya transmitido al Poder aquel comentario jugoso que hiciste sobre aquel ministro cocinero del Interior y su ángel de la guarda, Marcelo, que premió a una talla de una virgen con medallas policiales. Hay que ser y estar con el Sistema. Siempre.

 Y vienen a la memoria del lector, ya prevenido y vigilante cuando pasa las páginas, esas grandes cloacas del Estado en las que todos los gobiernos depositan sus bolsas de basura a escondidas para perpetuarse en el Mando. Ese partido único que son todos a la vez, esas prácticas ejecutivas decoradas exteriormente de Democracia, ese relato colectivo secreto que no es más que un ente anónimo que se reproduce continuamente y que sin citarse se citan en el libro: el caso Almería, o la desaparición de Pertur, o de Publio Cordón, o Lasa y Zabala, o el secuestro de Segundo Marey, o el cuartel de Inchaurrondo, o las prácticas cocineras contra el contable genovés para eliminar de sus asientos los apuntes molestos del libro Diario.

Juan Fernández, premio TIFLOS de Novela 2017 entre otros premios recibidos, durante la presentación de CÁMARA NEGRA el pasado 23 de mayo.

Conducido por una reportera de guerra transida de dolor la novela transcurre en un ambiente ominoso. Se adivina un homenaje a Robert Capa y Gerda Taro, aquellos héroes inocentes que perdieron su vida en plena juventud por denunciar la opresión que el Poder ejecutaba eliminando, entonces como ahora, las libertades públicas. La acompaña en la narración una médica fiscal, testigo incómodo y a la vez necesario para la legitimación del Poder, que autodesaparece para evitar su desaparición absoluta. Conmigo o contra mí si quieres sobrevivir, o quedar eliminado. La Inteligentza es una cámara negra que lo graba todo.

Mire por los rincones, debajo de la cama no sea que le hayan adosado en el somier un paquete sospechoso, compruebe que no hay micrófonos escondidos al empezar a leer la novela. Baje la persiana. No se fie de nadie, mantenga el teléfono cerrado. Mejor es asegurarse de que nadie le observa cuando comience la lectura de esta absorbente novela.

Una estética de ficha policial presenta la portada del libro. ¿Estará el autor libre de toda sospecha?

Richard Avedon: sin pistola en el Salvaje Oeste

Carmelita Flórez

In American West, el trabajo fotográfico que Richard Avedon (Nueva York, 1923-San Antonio, 2004) realizó en el salvaje Oeste americano de 1979 a 1984, retratando el penoso modo de vida de la población, tiene un antecedente en las fotos de Walker Evans o Dorothea Lange. Dos fotoperiodistas que ya habían retratado de 1937 a 1944 la América profunda que sufría las consecuencias de la Gran Depresión de 1929, originada por el hundimiento de la Bolsa y que llevó a la catástrofe y a la miseria a las capas sociales más necesitadas. Evans y Lange trabajaron para la Farm Security Administration (FSA), una agencia estadounidense creada en 1937 dentro de la política del New Deal del presidente Franklin D. Roosevelt para combatir la pobreza rural extrema que asolaba las zonas rurales del Oeste americano tras el desastre bursátil.

Un aspecto de la exposición en la Sala Mapfre, en el Paseo de Recoletos, Madrid.

Richard Avedon, un fotógrafo exquisito y afamado por sus portadas en la revista de moda y lujo VOGUE, de Nueva York, se puso el mono de currante, se olvidó de las alfombras rojas y se bajó a la mina cual Gerardo Iglesias de la Fotografía, se trasladó a unos escenarios similares a los de la FSA cuatro décadas después y durante cinco años se sumergió entre la población sumida en la pobreza y la crisis económica que las políticas liberales de la Administración de Richard Nixon y Gerald Ford habían dejado, de 1969 a 1977, entre las clases sociales más débiles. Con su cámara de placas, con luz natural y frente a un simple telón blanco fotografió a todos aquellos menesterosos y perdedores, el espejo roto y deslucido de la sociedad surgida de la ambición capitalista.

 Los retratados, gente corriente anónima, se enfrentaban a largas sesiones de tomas de fotos una a una, simplemente posando en la calle, en su lugar de origen, frente a una gran cámara de placas de negativos de 20 por 25 cm. montada sobre un trípode, sin flashes, en un fondo neutro, sin asesor de imagen, sin maquilladores, sin peluqueros, sin efectos especiales ni programas digitales de retoque posterior, sin inteligencia artificial, tal como eran, mostrando su naturaleza interior, su simplicidad o su heroicidad reflejada en la indumentaria humilde que vestían todos los días. Fue un trabajo colosal que requería la ayuda de dos asistentes y largas horas posteriores de laboratorio fotográfico muy intenso debido a la gran cantidad de delicado material que había que revelar y positivar. Era como escuchar desde el sofá del psicólogo, o desde el interior de un confesionario, la cámara, el relato pormenorizado de la vida menesterosa que el penitente modelo confesaba al sacerdote, al fotógrafo. A veces los retratados quedaban ligeramente fuera de cuadro, produciendo en las fotos una inquietud compositiva que le da aún mayor interés a la confesión. Porque el fotógrafo no interviene para nada en sus gestos, porque son almas inocentes que nos abren su interioridad, su intimidad, su desnudez, la expresión más pura, casi virginal del retratado.

Ronald Rischer, apicultor, 9 de mayo de 1981, California.

«Un retrato fotográfico es la imagen de alguien que sabe que está siendo fotografiado, y lo que hace con ese conocimiento forma parte de la fotografía tanto como lo que lleva puesto o su apariencia», escribe Richard Avedon, en la revista Camera, noviembre de 1974. Y son el testimonio de un submundo olvidado por los poderosos, molesto para el Capital, que trata de ocultarlo ahora con las concepciones políticas que desde la sinrazón psicópata del crujido de una motosierra y la brutalidad grosera y obesa de un perturbado de la Casa Blanca quieren imponerse en la flaca economía y política mundial.

Muy lejos de pretender una denuncia ni de hacer una fotografía social los retratos de Avedon parece que nos trasladaran al principio de la creación, o a los tiempos actuales, en los que la incertidumbre, la pobreza, la discriminación, la exclusión social por la procedencia del individuo o la persecución al diferente o al que tiene otro credo o color de piel siguen presentes y en auge cuarenta años después con mayor presión y rabia, si cabe, que entonces.

La muestra que se expone en Madrid en la Sala Mapfre recoge las ciento diez imágenes que componen el libro IN THE AMERICAN WEST, publicado en 1985, así como láminas y borradores en los que Avedon indica diferentes precisiones técnicas sobre el revelado y exposición correcta de las fotos. Estará abierta hasta el 30 de agosto. No se la pierdan, por lo que más quieran.

Boyd Fortin, destripador de serpientes de cascabel, 13 años, Texas, 10 de marzo de 1979.

Portada del Libro IN THE AMERICAN WEST, aparecido en 1985.

Enlaces de interés:

https://www.avedonfoundation.org/the-work

El agente Rojas ND507

Chiquita Banana

Historia de Mayta


OMISSION

Carmelita Flórez. Fotos de Terry Mangino. Vídeo Anne de Saint Germain des Prés

Guitarras, batería desmesurada decorada teatralmente de calaveras neandertales y cráneos de cabras montaraces, bajo, voz que estimula y avisa como el silbido de la locomotora de carbón, amplificadores Marshall, decibelios, underground subterráneo de garaje, atletas melenudos ejecutando implacables arpegios en las Jackson y en las Gibson.

 

OMISSION: Una banda de veteranos rockeros de acordes pétreos como un tsunami que avanzara rompedor por la atmósfera, la piel erizada al contacto con ese sonido granítico de barriada industrial. Habitantes de la periferia obrera de San Blas, lugar que fue sede de los periódicos en papel de la Transición, el suburbio de Madrid al que aún no llega la “gentrifricación” ni la avalancha del turista maletero, lejos del “perreo” y del papamóvil que amenaza con inundar las calles de la gran ciudad de homilías y llenarlas con felicidad espuria importada de las fábricas de sotanas blancas y ritmos de barranquillas latinas.

OMISSION: Casi una nostalgia de sonido ajeno al paso del tiempo y de las modas; duro, correoso, inasequible al desaliento, contrario a la música de usar y tirar. Una estatua bruñida de bronce entre las escayolas raídas de las efímeras modas musicales.

OMISSION: Pelotazo agridulce, casi ácido, contra el consumismo de las orejas dependientes de las listas de éxitos bastardos impuestos desde Miami. Chicos malotes y honrados padres de familia.

OMISSION: La trinchera donde regresa siempre el fugitivo, un agujero queda para tí, donde no queda sitio para nadie que no sea vencedor en la derrota diaria con la que arrastramos la existencia.

OMISSION: Una encrucijada, guerrilleros refugiados en la cantera del rock, los últimos valientes en la refriega contra el aullido del consumo musical invasivo. Un puñetazo en los oídos para espantar los fantasmas de lo estéticamente correcto, desaprensivos entre las dieciséis cuerdas del cuadrilátero: pegada, comba y esgrima en el combate del escenario. Victoria por KO técnico en el tercer asalto. Su calor llega al público expectante como una sorpresa inesperada.

Pongamos que hablo de OMISSION: Escúchenlos. Si se atreven.

https://www.facebook.com/OMISSION.ES