Carmelita Flórez
In American West, el trabajo fotográfico que Richard Avedon (Nueva York, 1923-San Antonio, 2004) realizó en el salvaje Oeste americano de 1979 a 1984, retratando el penoso modo de vida de la población, tiene un antecedente en las fotos de Walker Evans o Dorothea Lange. Dos fotoperiodistas que ya habían retratado de 1937 a 1944 la América profunda que sufría las consecuencias de la Gran Depresión de 1929, originada por el hundimiento de la Bolsa y que llevó a la catástrofe y a la miseria a las capas sociales más necesitadas. Evans y Lange trabajaron para la Farm Security Administration (FSA), una agencia estadounidense creada en 1937 dentro de la política del New Deal del presidente Franklin D. Roosevelt para combatir la pobreza rural extrema que asolaba las zonas rurales del Oeste americano tras el desastre bursátil.

Richard Avedon, un fotógrafo exquisito y afamado por sus portadas en la revista de moda y lujo VOGUE, de Nueva York, se puso el mono de currante, se olvidó de las alfombras rojas y se bajó a la mina cual Gerardo Iglesias de la Fotografía, se trasladó a unos escenarios similares a los de la FSA cuatro décadas después y durante cinco años se sumergió entre la población sumida en la pobreza y la crisis económica que las políticas liberales de la Administración de Richard Nixon y Gerald Ford habían dejado, de 1969 a 1977, entre las clases sociales más débiles. Con su cámara de placas, con luz natural y frente a un simple telón blanco fotografió a todos aquellos menesterosos y perdedores, el espejo roto y deslucido de la sociedad surgida de la ambición capitalista.

Los retratados, gente corriente anónima, se enfrentaban a largas sesiones de tomas de fotos una a una, simplemente posando en la calle, en su lugar de origen, frente a una gran cámara de placas de negativos de 20 por 25 cm. montada sobre un trípode, sin flashes, en un fondo neutro, sin asesor de imagen, sin maquilladores, sin peluqueros, sin efectos especiales ni programas digitales de retoque posterior, sin inteligencia artificial, tal como eran, mostrando su naturaleza interior, su simplicidad o su heroicidad reflejada en la indumentaria humilde que vestían todos los días. Fue un trabajo colosal que requería la ayuda de dos asistentes y largas horas posteriores de laboratorio fotográfico muy intenso debido a la gran cantidad de delicado material que había que revelar y positivar. Era como escuchar desde el sofá del psicólogo, o desde el interior de un confesionario, la cámara, el relato pormenorizado de la vida menesterosa que el penitente modelo confesaba al sacerdote, al fotógrafo. A veces los retratados quedaban ligeramente fuera de cuadro, produciendo en las fotos una inquietud compositiva que le da aún mayor interés a la confesión. Porque el fotógrafo no interviene para nada en sus gestos, porque son almas inocentes que nos abren su interioridad, su intimidad, su desnudez, la expresión más pura, casi virginal del retratado.

«Un retrato fotográfico es la imagen de alguien que sabe que está siendo fotografiado, y lo que hace con ese conocimiento forma parte de la fotografía tanto como lo que lleva puesto o su apariencia», escribe Richard Avedon, en la revista Camera, noviembre de 1974. Y son el testimonio de un submundo olvidado por los poderosos, molesto para el Capital, que trata de ocultarlo ahora con las concepciones políticas que desde la sinrazón psicópata del crujido de una motosierra y la brutalidad grosera y obesa de un perturbado de la Casa Blanca quieren imponerse en la flaca economía y política mundial.

Muy lejos de pretender una denuncia ni de hacer una fotografía social los retratos de Avedon parece que nos trasladaran al principio de la creación, o a los tiempos actuales, en los que la incertidumbre, la pobreza, la discriminación, la exclusión social por la procedencia del individuo o la persecución al diferente o al que tiene otro credo o color de piel siguen presentes y en auge cuarenta años después con mayor presión y rabia, si cabe, que entonces.

La muestra que se expone en Madrid en la Sala Mapfre recoge las ciento diez imágenes que componen el libro IN THE AMERICAN WEST, publicado en 1985, así como láminas y borradores en los que Avedon indica diferentes precisiones técnicas sobre el revelado y exposición correcta de las fotos. Estará abierta hasta el 30 de agosto. No se la pierdan, por lo que más quieran.


Enlaces de interés:
https://www.avedonfoundation.org/the-work














































