Agustina de Champourcín

Sostiene Trapiello que gracias a su “traducción” del Quijote al castellano actual se han beneficiado 200.000 lectores que no necesitan de 5.500 notas a pie de página para entender el texto de Cervantes. Que en los últimos años ha habido un alejamiento del lenguaje del Quijote del siglo XVI. Que don Miguel es un escritor muy poco español, que escribe casi en voz baja, que el Quijote es un libro profundamente triste que deja un poso de enorme melancolía.

Sostiene Trapiello que el gremio de cervantistas es enormemente riguroso e intocable, que los hispanistas se replegaron con su libro. «No tiene ningún valor», decían, y que incluso los pelmas cervantistas descubren cosas buenas en cada lectura del Quijote, aunque no sea de su libro.

Andrés Trapiello, Espido Freire y Fernando Savater durante la charla sobre el Quijote.

Y Fernando Savater hace gala de su libro “Instrucciones para olvidar el Quijote” y dice que él practica una lectura ética del libro comprometida con el protagonista, que era un héroe sin crueldad, que los héroes actuales se satisfacen castigando a los demás, que vivimos en un mundo cruel, que don Alonso Quijano, un santo laico, se informaba a sí mismo por los libros de caballería: la representación novelesca del mundo era la realidad que percibía el hidalgo.

Sostiene Trapiello que don Quijote hace el bien al lector, que autor y lector forman parte del mismo texto, que lo que le sucede al lector no es muy diferente de lo que le sucede a los personajes. Que Sansón Carrasco es una aportación narrativa novedosa de Cervantes al relato novelesco: un personaje de ficción habla de la novela dentro de la misma novela.

Y dice Savater que es peligroso convertir a un personaje en símbolo de todo un pueblo. Que don Quijote se convierte en héroe cuando es derrotado en Barcelona y aun así mantiene que Dulcinea es la más bella, a pesar de que el caballero de la Blanca Luna (Sansón Carrasco) le amenace con su lanza rebanarle las anginas. Que, por lo general, el escritor más representativo de un país se parece poco al habitante del país, que de lo primero que se libera don Quijote es de la realidad. Que así pasó con Shakespeare, que es más apreciado en el extranjero que en Inglaterra.

Sostiene Trapiello que don Miguel es un escritor muy poco español, que escribe casi en voz baja, que menos del veinte por ciento de los españoles han leído el Quijote (según una encuesta del CIS) y que Cervantes tiene mil vidas.

Y muchas cosas más sostuvieron Trapiello y Savater en el coloquio que mantuvieron el sábado 8 de noviembre en la Serrería Belga, lugar que alberga la exposición “Mil y un Quijotes. De El Paular al Castillo de Peralada”. Una ocasión única de disfrutar de los cientos de ediciones y versiones que sobre la obra de don Miguel de Cervantes se han escrito a lo largo de cuatro siglos. Y ambos recomendaron dejarse de zarandajas y discusiones estériles, bizantinas y turbadoras de la razón y leer a don Quijote, incluso la edición de don Andrés, sostenía Trapiello.

¡Ay, Fernando, tú eres mi guía, mi luz y mi alegría cuando leo a don Miguel!

Fue moderadora y guía Espido Freire, que mantuvo a raya a esos dos gigantes de las letras, Andrés Briareo y Fernando Brandabarbán de Boliche, por más que agitaban sus aspas de escribidores con argumentos literarios, llenaban de historicismos académicos las orejas de los asistentes   y daban como buena esa historia de don Quijote sabida de los niños, no ignorada de los mozos, celebrada y aun creída de los viejos y, con todo esto no más verdadera que los milagros de Mahoma.  

El Ingenioso Hidalgo apócrifo de Avellaneda, que se exhibe en la exposición “Mil y un Quijotes. De El Paular al Castillo de Peralada”

ENLACES RELACIONADOS:

EL CAUTIVO

SOSTIENE PEREIRA