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80 aniversario del fallecimiento de Miguel de Unamuno

Ángel Aguado López

Hace hoy ochenta años, el 31 de diciembre de 1936, a las cinco de la tarde fallecía en su encierro vigilado de Salamanca Miguel de Unamuno. Sus últimos días estuvieron marcados por la amargura de la Guerra Civil, su repentino apoyo al franquismo y el incidente sufrido en su universidad dos meses antes, al rebelarse contra las proclamas de los adláteres de la sangría que se derramaba en España. Tenía dos hijos en Madrid, que fueron heridos defendiendo la República por los rebeldes franquistas a los que, quizás inconscientemente Unamuno apoyó, incluso económicamente.

unamuno_2Unamuno, por Pablo Serrano, en Salamanca

El genio o la vehemencia de Unamuno le impelió siempre a rebelarse contra aquello que creía doloso para la dignidad humana. Por eso, el 12 de octubre de 1936, en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, no dudó en tomar la palabra y rechazar las frases que minutos antes dos catedráticos, un dominico y Pemán, “el juglar del franquismo”, habían pronunciado con odio a lo antiespañol (a todo lo republicano) durante el acto de exaltación bélica que él presidía como rector y en representación de Franco. Bajo la consigna de la fiesta de la hispanidad y homenajeando a la civilización cristiana, aquella tropa levantisca, aquel griterío iracundo no pretendía más que legitimar la guerra civil y justificar el terror desatado por Franco en aquellos primeros meses de la sangrienta contienda que anegaba de muertos España. En un salón en el que se encontraba Carmen Polo (la mujer de Franco), el arzobispo Pla y Deniel y abarrotado de falangistas, legionarios, requetés, soldadesca y todas las fuerzas negras que vitoreaban el alzamiento del Generalísimo, Unamuno tuvo las agallas suficientes para criticar la barbarie de los que se significaron contra la razón de la que él era catedrático. Y en un acto de valentía, o de locura, o de redención se enfrentó a toca aquella caterva de exaltados. Le replicó airado el general Millán Astray, en mitad de un altercado que ha pasado a la historia como un alegato violento. ¡Viva la muerte! ¡Muera la inteligencia! se gritó allí.

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Unamuno saliendo del paraninfo acompañado del arzobispo Pla y Deniel y rodeado de falangistas exaltados y soldadesca poco después del “acto literario”.

Se la jugó don Miguel. Si Millan Astray o sus testiculados muchachos no le pegaron dos tiros fue porque estaba muy reciente el asesinato de Lorca, y dos muertos, reconocidos escritores universales, hubieran supuesto por parte de las potencias occidentales una condena moral que Franco no podía asumir. «Unamuno era cristiano, no católico, y ese día, voluntariamente buscó el martirio» comenta Pollux Hernúñez, salmantino, estudioso de Unamuno, historiador y filólogo latino, que ha hecho una “unamoniana” y esclarecedora investigación sobre aquel alboroto, de la que ha nacido su libro: «Venceréis, pero no convenceréis: la última lección de Unamuno», que ha presentado recientemente en Madrid.

Pollux Hernúñez

Un trabajo complicado y laborioso que le ha llevado a Pollux Hernúñez años de estudio, análisis de fuentes y pistas, a veces confusas y ocultas, de perseguir una verdad esquiva y efímera, perdida por el tiempo y la incuria de los que quisieron disfrazar con velos de patriotismo lo que fue una tragedia nacional. La policía de Franco y la censura fueron implacables con Unamuno los dos meses que aun sobrevivió. Las cartas y reflexiones que envío a periodistas y conocidos nunca llegaron a sus destinatarios, se perdieron y quizás duerman el sueño de los justos escondidas en algún archivo secreto del franquismo residual. Unamuno sufrió el rechazo de los cuatro regímenes en los que le tocó vivir. Tanto la Monarquía como la dictadura de Primo de Rivera, la República y el incipiente franquismo le nombraron y le retiraron del cargo de rector. Se sabe que en la Biblioteca Nacional existen muchas cajas del archivo de Giménez Caballero, que pueden contener datos desconocidos, quizás exista alguna epístola requisada del pensador entre los poemas secretos de sus carceleros falangistas, algunos entonces enamorados poetas. Pollux ha revisado las notas taquigráficas de los periodistas asistentes al acto, las crónicas publicadas en los periódicos, las fotografías. Ya no quedan testigos vivos de aquel momento. Su investigación clarifica un hecho que el paso del tiempo ha emborronado. Un grave momento de la historia aun no resuelto, «las dos formas “cóncava y convexa” de una misma enfermedad colectiva» y explora en la personalidad polimórfica del gran pensador, tratado como traidor por los bandos enemigos, los “hunos y los hotros”».

«Los venideros se encontrarán perplejos ante el montón de leyendas, contradictorias entre sí, con que se les presentará esta que llamamos revolución y la que llamamos contrarrevolución».

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«Venceréis, pero no convenceréis»:
la última lección de Unamuno
POLLUX HERNÚÑEZ
110 paginas
OPORTET Editores
Madrid, noviembre, 2016

 

 

 

 

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