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Buscando entre las efemérides de la fecha, hoy se cumplen 120 años del nacimiento de Dolores Ibárruri y 90 del fallecimiento de Pablo Iglesias. Al mirar hacia los iconos del pasado es imposible separar la querencia de la objetividad, y cualquier aproximación estará marcada por cierto tinte sectario o por la pertenencia a alguna cofradía. Uno era tan sólo una propuesta de adolescente que descubría cada mañana los afluentes de la Gran Vía baja –donde se mezclaban los vapores del Manzanares con los guisos de posguerra–, cuando un amigo me mencionó por primera vez a Dolores Ibárruri. Dolores_ibarruriA pesar de que los miembros de mi familia habían militado en su bando –tal vez por eso, ya que el miedo aún se olía en la calle–, en mi casa jamás se había pronunciado aquel nombre, como tantos otros que se musitaban con inquietud, mirando hacia los lados por temor a alguna amenaza inidentificable. Cuando le pregunté a mi compañero de juegos acerca de aquella señora contestó que, según su madre, “era una tía asquerosa”, lo que según la terminología de la época, la convertía en guarra, puta, rojilla y piculina, todo en un paquete definitivo, que permitía ocultar cualquier otro matiz con la facilidad con que la ideología se usa como arma de la infamia. Es decir, que Dolores era todo lo contrario a aquellas muñecas asexuadas que formaban las filas de la Sección Femenina, saltaban a la comba separadas de los chicos, se estiraban con pudor la falda para tapar sus rodillas, y se preparaban con fervor para servir el chocolate al finalizar el rezo del rosario en familia. Lo perverso es que aquella mala educación de los cincuenta asociaba con intención al sexo y al infierno, lo cual ha quedado impreso en el genoma de los intelectuales de la derecha. Basta leer lo que, aún hoy, ha escrito más de una vez Jiménez Losantos acerca de Dolores Ibárruri, sin darse cuenta de que en su alegato machista y en su pueril acusación de haber tenido amores con un hombre más joven le hace el mejor homenaje._DSC6355_web No es difícil suponer que el rechazo a la pasión de la mujer madura lo tuvo que sufrir Dolores también de sus camaradas, cuya moralina comunista no se diferenciaba demasiado de la fascista en cuestiones de bragas y braguetas. Pocas voces habrán reclamado, con mayor claridad que ella y sin darse demasiada importancia, el rechazo de la mujer “a servir como criada, a convertirse en una simple sirvienta nada más despertar de la inocencia infantil”. Cuando se escribe la historia del feminismo en España se suele hacer énfasis en su versión más burguesa y liberal, el de Clara Campoamor y Victoria Kent –más blando, incluso, el de la segunda–. Pero fue Pasionaria quien planteó la cuestión en sus verdaderos términos al afirmar que cualquier explotación de un ser humano por otro es doble si la explotada es mujer. Más de un siglo después, las cosas no han cambiado lo suficiente.

Rafael Alonso Solís

_DSC0200_webFotografías: Día de la mujer trabajadora, 8 de marzo de 2015, Madrid. ©Ángel Aguado López



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