Troncos

Crece el domingo feroz en la memoria.
Los caminos del bosque, los caminos
donde amantes injertaban corazones
en el tiempo sin tiempo de los árboles.
Teamo no es sino un manso lema que una flecha
clava en el más dormido centro de la savia.
Veo nueces alrededor del tronco, oigo
nueces como palabras secas, crepitar
su música de lapidarios frutos.
En la memoria.
Feroz no sé por qué aquel día
de repente y aquí, pico de pájaro.
Me tiendo en el frío mientras tanto,
me hacen daño las barras de metal,
miro las luces
para ser blanca y así diluir el surco.
Nadie te sigue cuando estás tumbada,
de viaje loco, en los pasillos de la noche,
lejos los árboles, las nueces, la humedad.
Tergal y gasas, solamente sola.
Y esa piedad vigía, ese poema
que como pálida enfermera cierra
contra tu voluntad tus párpados contra
tu voluntad
te hace dormir.
Esa noche que te asfixia con su rosa.
Todo vive mientras tú piensas en partir,
mientras te duermes boca adentro letra a letra.
Un amormío se desvanece bajo el musgo.
Sin ruido caen los amorosos troncos
tras su corteza de corazones rotos,
cuando navaja que en la entraña hendía,
cuando abrazaba el bisturí que saja.

Ana de la Robla

Ana de la Robla es poetisa, crítica musical y viajera, vive en el mundo.
Otros textos de Ana:
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