Correr hacia el futuro para olvidar el pasado, patear en muchedumbre sobre el asfalto, el río que nos lleva, como una catarsis redentora o una introspección sanadora o una purga vomitiva que arrojen de nosotros las heces de la existencia y alivien las heridas que nos ha dejado el año que queda atrás. Un rito colectivo al que la multitud se somete anualmente como si pasara página, como si borrara un mal recuerdo, deseosa de olvidar el ahora y adentrarse en un futuro feliz y dichoso. Más de cuarenta y dos mil almas navegan la tarde madrileña de san Silvestre en la odisea atlética desde el rico Bernabéu a la humilde Vallecas en busca de la ventura prometida. Por unas horas la ciudad pierde su aspecto agresivo y se convierte en camino hacia una esperanza efímera, nueva, brillante, prometedora de ilusiones y nuevos rumbos que volverá a ser la misma de la que huimos con el paso de los días, de los meses. Miles y miles de pasos resonando en el silencio de la tarde por las calles sin coches, pero llenas de espectadores escépticos, prisioneros de sí mismos que tal vez el año próximo formen parte de ese pelotón trashumante hacia los sueños. Solidaridad en ese amasijo compacto de zancadas y sudores. La ciudad parece más humana, menos árida, dispuesta por un rato a albergar en su seno al ciudadano errante. Ánimo, valiente, corazón de hierro en esta última tarde del año. En poco menos de una hora habrás llegado al paraíso, a tu Ítaca. Al otro lado de la meta Penélope te espera.
Fotos de Terry Mangino
Más de 42000 participantes tomaron la salida desde el estadio Bernabeu rumbo al éxtasis.Momento de concentración previo a la salida.La Policía en ayuda del ciudadano.Salida de la segunda oleada.Cada oleada estaba formada por más de 10000 atletas.Pelotón compacto de la cuarta oleada a su paso por la calle Serrano.El keniano Geoffrey Kamworor, en el centro del pelotón de escapados a su paso por la calle Alcalá, fue el ganador de la carrera, con un tiempo de 27`42″. A su izquierda y derecha aparecen el segundo y tercer clasificado, Jesús Ramos y Aaron de las Heras. Marta Gallardo fue la tercera mujer.
Textos de los Caballeros de la Ilustre Cofradía del Pedal. Fotos de Terry Mangino
A la noble y muy ilustre Cofradía del Pedal y a su eximio Prior, que nos conduce y guía por desusados caminos: virga et baculus eius consolati sumus.
Es un raro privilegio viajar en la Cofradía do pedal, arte y poesía componen tal florilegio. Con este modesto arpegio de herético villancico, me pregunto y me replico cómo el que va a fenecer tan nefasto pudo ser: apenas si me lo explico. EP (Sobrenombre de don Miguel de Tejares Saavedra)
De nuevo se nos ofrece, a los jóvenes y viejos, un paquete de festejos, en la fecha que acontece.
Con ánimo bien dispuesto, se acercan los familiares, desde lejanos lugares, mostrando su mejor gesto.
Ante el gran mantel unidos, comen y beben felices, evitando los deslices de gestos mal avenidos.
Turrones y peladillas, polvorones, mazapanes..., nuestros mejores afanes y sones de campanillas.
La vieja cuita olvidada nos permite disfrutar de nuestro mejor estar y de la fruta escarchada.
Desde mi provecta edad, deseo con plenitud, que tengáis buena salud y una feliz Navidad. Alfredo (Duque de las Alcarrias)
NAVIDAD 2025
Desde el principio, le pareció sospechoso que fuera precisamente un ángel quien hiciera acto de presencia en la majada para anunciar a los pastores que tenían que acudir a la cueva donde iba a nacer un niño. Y se preguntó: «¿Por qué un ángel? ¿Por qué aparecía una figura bella, poderosa y radiante en aquel escenario tan humilde? ¿Por qué debían celebrar aquel alumbramiento, y no otro que tuviera lugar en una majada próxima?» Además, no le gustaron las formas de aquel enviado celestial, más acostumbrado a mandar que a sugerir, más habituado a hacerse obedecer que a aceptar propuestas. Ya había sido engañado muchas veces en su vida y sospechaba que esta podría ser una más. Pero, tras un tiempo de dudas, decidió ir. Y se sumó al grupo ocupando el último lugar. Caminó por sendas y veredas, siempre expectante y temeroso de una sorpresa o un suceso inesperado. Llegó finalmente al espacio reservado para los pastores y se apostó en un rincón desde el que divisaba la entrada de la cueva. Allí permaneció entre las sombras, pendiente de que se produjera el acontecimiento para el que había sido convocado. Harto de esperar, había decidido volver a su majada cuando, de pronto, se encendieron las luces. Unas luces potentes y avasalladoras, que contrastaban con la pobreza del escenario. Cuando sus ojos se habituaron a ellas, pudo comprobar con estupor que, detrás de las tiendas de los mercaderes, asomaban su amenazante silueta las cámaras de televisión. Pascual IZQUIERDO (Delfín del Canal de Castilla)
¿De dónde sale tu luz, de dónde sale tu fuerza? Que se te abre el corazón por las puertas sin cerrar: que enciendes la llama viva, los deseos sin cumplir, los deseos de besarte, el morir por no tenerte. ¿De dónde sacas la luz? ¿Del corazón de las piedras, del luto de los te quiero, del dolor de la distancia, de lo que no podré darte? Alumbra mi vida, amor. Sálvame de mis delirios.
Santiago IZQUIERDO Y LUCIENTES
AGUINALDO RUCHABEL La navidad ocurre en el pasado: las vacas que eran sábanas de aliento los copos de la nieve en la que pacen junto a las aves y a los potros. La risa de los niños la vejiga el hígado y la sangre del cochino el aguinaldo ruchabel que suena entre aquellas dos fuentes de porcelana blanca. Todo ocurre solo en el recuerdo. Todo sucede siempre en el pasado: la cambriza del invierno sobre nuestros hombros que desciende como en la primavera las níveas mariposas de la col. Se quedó en la niñez la navidad: la baraja al brasero el frío que respiraba en el cristal de huesos y ventanas… El musgo de las tejas las toses cavernosas del pastor los corderos que triscaban con el rabo nervioso y las campanas de Belén cuyo repique se oye aún allá a lo lejos.
Ezequías Blanco (Del libro "Algo tendrá que ver el cine)
ANNUS HORRIBILIS: Navidad, ¡qué bonito nombre tienes!
Teodosia Gandarias
Y ya están dispuestos en la línea de salida los participantes que se van a disputar la final del título de sátrapa del año. Un año, por cierto, muy competido debido a la altísima maldad de los mandatarios aquí presentes que han conseguido, gracias a sus gestiones internacionales, llevar al planeta a una situación de estrés nunca antes vivido.
Por la calle número uno saldrá Cañoncito Donald, el “Justiciero del Caribe”, con una mejor marca acreditada de al menos 87 muertos en los 22 ataques a supuestas narcolanchas en los últimos tres meses, además del bombardeo a instalaciones nucleares a Irán durante el pasado verano. Un verdadero as despreciando el Derecho Internacional que opta, sin embargo, al Nobel de la Paz. Por la calle número dos saldrá Vladimiro Raskólnikov, alias Rasko, que a lo largo de los últimos cuatro años ha ordenado contra la población civil de un país extranjero una contienda bélica que lleva exterminados a un millón de seres humanos, aproximadamente. Por la calle número tres saldrá Bibi Mauser, con una plusmarca personal de más de cien mil civiles inocentes muertos por residir en la Franja de Gaza. Por la calle número cuatro el representante asiático Kim Pum Pum, gregario a las órdenes de Rasko, conocido por su papel de liebre en las matanzas de media distancia enviando al frente a súbditos de su país. Por la calle número cinco tenemos a Lucas Hinco, que progresa adecuadamente entrenando a diario también en el pelotón Vladimiro y del que se espera su lucha incondicional contra cualquier rival que intente cerrar el paso a su jefe de equipo. Por la calle número seis tenemos a Viktor Bombán, un líder en ascenso que últimamente desempeña un papel de aguador también a las órdenes de Rasko.
El resto de las calles lo ocupan los representantes de la ultra-reacción europea sin opciones al título, meros comparsas: Marine Lapena, últimamente en baja forma; Jorgita Melones, aprendiz contumaz, y Santiago Cierraespaña, observador adelantado, aunque sin opciones de medalla.
Y comienza la carrera, Donald ha salido como una bala, a su espalda le siguen Vladi y Bibi pisándole los talones. Pum Pum, Lucas y Bombán se han situado por la calle exterior para cerrar el paso al resto de competidores. Posición muy igualada al paso de la recta de ochocientos. Donald insiste en zancadillear a sus competidores, pero la experiencia en malas artes de Bibi y Vladi lleva a una reñidísima lucha por el primer puesto. El trío se destaca, ha dejado atrás al resto de competidores. El juez toca la campana anunciando la última vuelta. Nos aproximamos a la curva final. El trío de cabeza lucha encarnecidamente por la victoria, es cosa de aportar más muertos y crímenes en estos días de Navidad. En ello se aplican los tres con entusiasmo. Cincuenta metros para la meta, Donald, Bibi y Vladi echan el resto, más muertos y muertos a escasos quince días para cerrar el año. Y estamos asistiendo a un final inédito. Los tres llegan a la meta con la misma marca. Habrá que recurrir a la foto-finish para determinar quién es el ganador. Se han reunido los jueces y parece, parece que ya está el resultado. Los jueces consideran que el ganador ha sido… ¡Ex-aequo!
Sí, efectivamente, no ha habido un ganador claro dada la altísima compenetración de los aspirantes. Se saludan entre ellos con gestos amistosos, tienen el planeta a sus pies. Así que habrá que esperar al año próximo para saber quién es el líder que aspira a poner el orbe bajo sus botas, perdón, bajo sus zapatillas de pinchos. Los tres han prometido que lucharán con ahínco por ser los primeros en amortajar el mundo.
Era un lunes cualquiera del mes de noviembre del año en curso. Don Ramón María del Valle se sentó en la penumbra del Café Comercial, sí, el de la glorieta de Bilbao, de Madrid, para no ser reconocido mientras escuchaba atento a Ezequías Blanco, el poeta matemático, x, y, z, abscisas y ordenadas, rimas, frases y quebrantos. La pobre Concha, sonata de otoño parecían sus mejillas encendidas, apenas le tomó de la mano a don Ramón María del Valle reclamando su atención, ella siempre delicada de salud. Un poco más allá, Ramón Gómez de la Serna chisporroteaba greguerías tiernas: «Ezequías tiene la poesía en las encías, por eso cuando se ríe le salen décimas locas que Garcilaso envidiara, ecuaciones, teoremas y poemas para Sara» —decía Ramón.
Y era verdad:
Hoy hace un año llegaste a inundarnos de alegrías la rutina de los días desde el amor que anunciaste. Y se produjo el contraste: se despertaron ternuras en almas que estaban duras y en corazones berruecos que se ablandan a los ecos del calor de tus dulzuras.
El Café Comercial estaba lleno de gentes variopintas: poetas, periodistas, desocupados lectores, prosistas de tinta azul, aprendices de bohemios, antiguos linotipistas, agrimensores de estrellas, recaudadores de besos, emisores de caricias, pragmáticos eruditos, editores de alegrías, enamorados del alba, forjadores de sonrisas, señoras de seda y tul, tan bonitas, princesita, tan bonitas como tú, mi niña Sara:
«Agua»: palabra primera que pronunciaste bajito para no quebrar el rito de la dulce primavera. Y sentada en la escalera hablabas en jerigonza a un muñeco a la peonza a los vientos y a los gatos a un jarrón y a los zapatos con gracejo de una onza.
¿Qué tendrá Ezequías que lo llena todo?, se preguntaba el pragmático profesor que moderaba la charla con enjundia, mientras, en un rincón de la sala, Gutiérrez Solana tomaba apuntes de grafito, acuarela y tiza profunda. La Tertulia del Café Comercial, diría Solana a quien quisiera observar sus esbozos, mientras Ezequías leía a la audiencia sus versos claros, postrado ante ella de hinojos:
Todavía no se ha ido
el ruiseñor de tu boca
ni te asusta ya la oca
con su perenne graznido.
Y a veces te vas del nido
con jilgueros en los ojos
para calmar tus enojos
por lo mayor que te has hecho.
Te vas alejando un trecho
y poniéndonos cerrojos.
Ezequías nació en una tierra donde las historias corren con presteza: Paladinos del Valle, en Zamora. Comarca del rio “Ahogaborricos», el lejano oeste de Zamora, tierras del “abranado”, zona muy seca. “Abranado”, palabra que no viene en el diccionario. «Ya vendrá», dijo para sí don Miguel de Unamuno, que semioculto desde su cátedra altiva de un rincón del café seguía punto por punto la prosopopeya del Blanco Ezequías.
Ahogaborricos, tierra donde las historias corren con presteza. Como el humor de Ezequías, intelectual, una sonrisa en los labios y dobles significados, como esa tradición de reunirse en los pueblos de Zamora las largas tardes de invierno para contarse cuentos siguiendo la tradición de Jorge Manrique, de aquella cultura latina tan cervantina. El escritor es el guardián del lenguaje, su emisor, su novio fiel, su abnegado servidor, recoge lo significante para mantenerlo candente, significado, actual, atractivo, como esos nombres que inundan de gloria presente los caminos de la prosa: Atilano, Zoilo, Longinos… Todos somos rurales. A un Pepe no le pueden pasar cosas extraordinarias, pero si le llamas Celedonio le aventuras infinidad de sorpresas… Como a las mujeres de los personajes de las obras de Ezequías, son nombres del Renacimiento: Laura, Beatriz…
Y Ezequías Blanco, desde un rincón del boceto que Gutiérrez Solana inflama de atardeceres sobre el lienzo blanco, derrama a la audiencia del Comercial sus poemas sin igual, sus versos de cal y canto, sus rimas y sus pesares, sus mieles y atardeceres, el otoño de sus hojas, alegrías y quebrantos como el que no quiere la cosa: «Intento la parodia. La creación empieza por el narcisismo bien entendido. Cuando uno escribe se le escapa de las manos lo que ha escrito. Como los personajes, que llevan al autor por donde les salen de las narices. Porque las cosas no son como fueron, sino como las recordamos. Ahí tenemos a “Niebla”, esa novela, o nivola, de don Miguel en la que el personaje somete al autor a un reto a muerte: o tú o yo. Y claro, al autor no le queda más remedio que cometer un infanticidio, acabar con su creación».
Y a don Miguel de… ¡Salamanca!, se le enciende la ira de la soberbia escuchando al zamorano y para calmarse y no acogotar a ese Ezequías tan rebelde, de fiebres calendarias y artrosis áulica herido, invita a don Ramón María del Valle, a don Ramón Gómez y a Gutiérrez Solana, el espíritu de la colmena cafeística, a un apartado del Comercial, a espaldas de todos, en un rincón. Y allí se engullen de un trago una absenta, dos, tres, cuatro, invita la casa. Mientras, Ezequías, novela y poesía, lee a la audiencia, que le aplaude, un poema para Sara, su nieta y armonía:
Eres sensata y prudente eres lista y eres guapa y llevas en la solapa la inocencia de tu frente. Como el río en su corriente fluye la sangre en tus venas… Eres alivio de penas eres risueña y mimosa y fulges como la rosa que florece en las arenas.
El espectador que asistía en el Museo Thyssen a la exposición de las obras de Jackson Pollock y Andy Warhol dudaba entre si aquellos cuadros que veían sus ojos eran arte o eyecciones intestinales de un gran mamífero (no olían). No entendía nada, por más que releía los juicios de los sesudos críticos que se explayaban en argumentos elogiosos de los artistas encumbrando “los espacios figurativos y abstractos representados en los lienzos de ambos pintores como diálogos y no como antítesis que empiezan a fluir y hacen que el espacio tradicional se tambalee para volverse rastros y vestigios que consiguen que, al acumularse en capas, las repeticiones rompan la noción aceptada del espacio y construyan una visualidad compartida en la cual no es sencillo diferenciar qué es sólo abstractizante y qué se rige por la pura figuración en la obra de estos dos nombres clave en el arte del siglo XX”.
A aquel espectador algunas obras de Warhol le parecían sacadas del cubo de reciclaje de las pruebas mal entintadas de una imprenta artesanal. O los ensayos de sobre o subexposición de un fotógrafo aficionado buscando el número f adecuado para impresionar el papel de gelatina de plata con su ampliadora casera para economizar gastos. Pruebas y pruebas de fotos repetidas sin foco, objetos aburridos sacados de un trastero, sin orden, sin concierto, sin interés, sin contenido, sin calidad gráfica… Ah, pero era… ¡Warhol!
Total, que se subió a la primera planta del museo y allí se encontró con el “Arlequín” de Picasso y con “La ninfa de la fuente”, de Lucas Cranach el Viejo. Apenas un boceto. Cuatro líneas de grafito sobre un papel desnudo y aquella figura de Venus le parecieron suficientes para diferenciar lo sublime de lo humano, para dudar de la figuración abstractizante como genialidad expresiva, para confirmarse que el genio era eso. Y fue así que halló la razón para reconciliarse con el arte puesto en duda por la subversión de las perspectivas marcadas por los espacios de Warhol. Permaneció largo tiempo observando la obra de aquellos dos pintores, era como si la anterior telaraña frondosa del abstraccionismo figurativo se le cayera de sus pupilas, como si, de golpe, lo comprendiera todo, como si se le hiciera la luz y su epidermis se electrizara de efluvios felices que le devolvían la fe en la inspiración, sintió como que una felicidad balsámica le recubría la epidermis confundida por los malabarismos sin tapujos entre las abstracciones de Jackson y losrastros figurativo de los territorios intermedios en la captura de la realidad espacial de los objetosen compartimentos estancos de Andy, como que recuperaba la paz y la confianza en el arte.
Y aún flotaba de júbilo aquel espectador anónimo cuando, de amor curado por Picasso y Cranach y henchido de gozo, ascendió a la segunda planta del Thyssen y se dejó guiar por su instinto y ansia de belleza. Y hete aquí que, de pronto, se encontró frente a santa Catalina de Alejandría, que con su mirada perdida le llamaba a acercarse a su seno y compartir con ella, íntimamente, el gozo por lo divino. Y el espectador, de amor herido, se aproximó a la mujer que con rostro sereno le requería desde el lienzo y deslizó sus ojos por los ojos de la bella, por sus labios encendidos de promesas, por su cuello de seda forjado, por sus manos hacedoras de caricias, por sus cabellos de seda repujados. «Hízome Michelangelo Merissi, Caravaggio, con apenas veintisiete años, pendenciero, se marchó muy pronto de este mundo, pero su obra perdura, resiste y se abrillanta con el paso de los siglos y se antepone a cualquier especulación o filosofía. La belleza es tan sencilla como sentirla cuando me contempla un espectador que como tú tiembla de emoción y frente a mí su espíritu se serena porque ha comprendido que el arte es esto: no sentir dudas sobre la felicidad que un cuadro te entrega al contemplarlo», escuchó que le decía Catalina.
La tarde avanzaba, anochecía cuando el espectador abandonó el Thyssen y se encaminó por el Paseo del Prado. Santa Catalina de Alejandría, Caravaggio, el arlequín de Picasso, la ninfa de la fuente de Lucas Cranach el Viejo… Hizo memoria. No recordaba qué pintores había visto en la planta baja.
Sostiene Trapiello que gracias a su “traducción” del Quijote al castellano actual se han beneficiado 200.000 lectores que no necesitan de 5.500 notas a pie de página para entender el texto de Cervantes. Que en los últimos años ha habido un alejamiento del lenguaje del Quijote del siglo XVI. Que don Miguel es un escritor muy poco español, que escribe casi en voz baja, que el Quijote es un libro profundamente triste que deja un poso de enorme melancolía.
Sostiene Trapiello que el gremio de cervantistas es enormemente riguroso e intocable, que los hispanistas se replegaron con su libro. «No tiene ningún valor», decían, y que incluso los pelmas cervantistas descubren cosas buenas en cada lectura del Quijote, aunque no sea de su libro.
Andrés Trapiello, Espido Freire y Fernando Savater durante la charla sobre el Quijote.
Y Fernando Savater hace gala de su libro “Instrucciones para olvidar el Quijote” y dice que él practica una lectura ética del libro comprometida con el protagonista, que era un héroe sin crueldad, que los héroes actuales se satisfacen castigando a los demás, que vivimos en un mundo cruel, que don Alonso Quijano, un santo laico, se informaba a sí mismo por los libros de caballería: la representación novelesca del mundo era la realidad que percibía el hidalgo.
Sostiene Trapiello que don Quijote hace el bien al lector, que autor y lector forman parte del mismo texto, que lo que le sucede al lector no es muy diferente de lo que le sucede a los personajes. Que Sansón Carrasco es una aportación narrativa novedosa de Cervantes al relato novelesco: un personaje de ficción habla de la novela dentro de la misma novela.
Y dice Savater que es peligroso convertir a un personaje en símbolo de todo un pueblo. Que don Quijote se convierte en héroe cuando es derrotado en Barcelona y aun así mantiene que Dulcinea es la más bella, a pesar de que el caballero de la Blanca Luna (Sansón Carrasco) le amenace con su lanza rebanarle las anginas. Que, por lo general, el escritor más representativo de un país se parece poco al habitante del país, que de lo primero que se libera don Quijote es de la realidad. Que así pasó con Shakespeare, que es más apreciado en el extranjero que en Inglaterra.
Sostiene Trapiello que don Miguel es un escritor muy poco español, que escribe casi en voz baja, que menos del veinte por ciento de los españoles han leído el Quijote (según una encuesta del CIS) y que Cervantes tiene mil vidas.
Y muchas cosas más sostuvieron Trapiello y Savater en el coloquio que mantuvieron el sábado 8 de noviembre en la Serrería Belga, lugar que alberga la exposición “Mil y un Quijotes. De El Paular al Castillo de Peralada”. Una ocasión única de disfrutar de los cientos de ediciones y versiones que sobre la obra de don Miguel de Cervantes se han escrito a lo largo de cuatro siglos. Y ambos recomendaron dejarse de zarandajas y discusiones estériles, bizantinas y turbadoras de la razón y leer a don Quijote, incluso la edición de don Andrés, sostenía Trapiello.
¡Ay, Fernando, tú eres mi guía, mi luz y mi alegría cuando leo a don Miguel!
Fue moderadora y guía Espido Freire, que mantuvo a raya a esos dos gigantes de las letras, Andrés Briareo y Fernando Brandabarbán de Boliche, por más que agitaban sus aspas de escribidores con argumentos literarios, llenaban de historicismos académicos las orejas de los asistentes y daban como buena esa historia de don Quijote sabida de los niños, no ignorada de los mozos, celebrada y aun creída de los viejos y, con todo esto no más verdadera que los milagros de Mahoma.
El Ingenioso Hidalgo apócrifo de Avellaneda, que se exhibe en la exposición “Mil y un Quijotes. De El Paular al Castillo de Peralada”
Los Madrazo: José, Federico, Ricardo, Mariano Fortuny, Mariano Fortuny Madrazo… Raimundo de Madrazo. Desde los cuadros historicistas del fundador de la dinastía, José de Madrazo, hasta las inspiraciones tardías-románticas de Raimundo de Madrazo, coincidentes ya con las vanguardias rompedoras de comienzos del siglo XX, la dinastía de los Madrazo ofrece un panorama pictórico sobre la historia de este país y la evolución de la pintura española y el arte a lo largo de siglo y medio. Cuatro generaciones de pintores, tendencias, gustos, modas, costumbres, reflejos y bellezas femeninas recogidas para el placer íntimo del observador.
Aline Masson, esa venus serena de belleza extraordinaria y candente con la que tanto se recreaban los pinceles de Raimundo de Madrazo (Roma, 1841-Versalles, 1920). Aline Masson, sus desnudos voluptuosos que aún ahora al contemplarla desatan la pasión y el deseo de un cuerpo perfecto. ¡Ay, Aline Masson, un bombón!
Aline Masson, la musa de Raimundo de Madrazo. Original en el Museo del Prado.
O la pasión dramática reflejada en el rostro de la reina y regente María Cristina de Habsburgo Lorena, aquella princesa austriaca a la que casaron con un petardo fornicador: Alfonso XII*. Al que soportó sus constantes infidelidades y abandonos hasta su muerte, seis años de adulterios continuados de 1879 hasta el fallecimiento de Alfonsito, en 1885. Madre que fue de otro tarambana, Alfonso XIII. Los estudios que sobre la reina María Cristina realiza Raimundo de Madrazo muestran bien ese abatimiento personal, esa angustia de vivir en un país desconocido, reinando en una sociedad ajena a la suya, con unas formas de gobierno para las que no estaba educada la princesita austriaca. Drama, preocupación, tal vez una llamada de auxilio es lo que su rostro reclama al espectador que contempla los retratos de Raimundo.
Henri Matisse (Pas de Calais, 1869-Nize, 1954), protagonista de todos los ismos finales y primeros del XIX y XX: impresionismo, fauvismo, puntillismo, cubismo, abstracto, orientalismo… Vivió con energía el siglo XX, tuvo como amigo-opositor al mismo Picasso. Su obra sirvió de referencia incluso a movimientos arquitectónicos como los de Charles Édouard Jeanneret, alias Le Corbusier, al que sin duda influyó en algunos de sus diseños constructivos.
El eje Paseo del Prado-Recoletos de Madrid recoge estos meses dos importantes exposiciones de las obras de estos artistas y allegados en una época en la que, sin embargo, no llegaron a tratarse. Ninguno tuvo jamás el menor interés por el otro. En el Centro de Arte Caixaforum se puede apreciar una parte significativa de la obra de Matisse, junto con la de otros autores contemporáneos a los que influyó con su arte. Un panorama ilustrativo de las corrientes artísticas que explosionaron a comienzos del XX.
Y en la Sala Mapfre, Recoletos, se exhibe una gran muestra del arte de Raimundo de Madrazo. Ocasiones únicas de contemplar los rabiosos lienzos fauvistas de Matisse. O la tristeza infinita de la reina extranjera malherida. O la belleza carnal venérea de Aline Masson. ¡Ay, volando voy a verlas!
Fotos de Terry Mangino
Aline Masson, la musa parisina de Raimundo de Madrazo.Vista de la exposición de Matisse en el Caixaforum.María Cristina me quiere gobernar y yo le sigo le sigo la corriente porque no quiero que diga la gente que María Cristina me quiere gobernar… decía el capullo de su marido.MatisseAline Masson, ¡un bombón!MatisseObra de Le Corbusier.
*Tal vez en un futuro próximo se compruebe el origen legítimo de la ascendencia de Alfonso XII respecto a la paternidad de su persona. Sabida es la tendencia sexual de su progenitor oficial, el príncipe Francisco de Asís María Fernando de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, al que casaron con su prima Isabel II, ella tenía dieciséis años, en un intento de mantener unida la rama de los Borbones que se precipitaba, como ahora, al abismo. «Francisco de Asís pertenece a esa categoría de hombres bien determinada. Pequeño, delgado, de gesto amanerado, de voz atiplada y andares de muñeca mecánica. Le gustaban los baños, los perfumes, las joyas y las telas finas», decía de él el historiador Pierre Luz. Y se desvelen las sospechas de que la paternidad de Alfonsito se deba, más bien, a los encuentros volcánicos que la joven e insatisfecha reina practicaba, para resarcirse del desafecto de su rey, con su amante, Enrique Puigmoltó y Mayans, uno más de los que irrigaron de amor el vientre de la reina de los tristes destinos, deseosa de ardor uterino. Todos esos personajes guardan sus restos, bien en la cripta de El Escorial, bien en el cementerio de Onteniente, Valencia. Un simple análisis de ADN determinaría la paternidad de Alfonso XII.
Más de 100.000 ciudadanos protestones se juntaron el pasado sábado 4 de octubre (según la Delegación del Gobierno) en el centro de Madrid para clamar contra la matanza que el estado de Israel, y a su cabeza su presidente Bibi Netanyuso, perdón, Netanyahu, está aplicando contra la población civil palestina de la franja de Gaza. Netanyuso, perdón, Netanyahu, practica la guerra de tierra calcinada en Palestina con objeto de exterminar a los supervivientes exhaustos de ese territorio masacrado (se calcula que, desde el principio de la conflagración, hace ahora dos años, han muerto más de 65.000 civiles ajenos a la guerra). No se sabe cuántos muertos más estarán bajo los escombros, en la inmensa tumba de cadáveres inocentes en la que Israel ha convertido la franja de Gaza…
—Mama, sí, es que… es mi novio… sí… pero no tengo otro, no, a los palestinos que les den, qué me importan a mí esos desgraciados, que se mueran todos, que me acerco a la cincuentena… por eso, ahora o nunca, sí, lo tengo difícil, por eso, sí, el de la lancha, sí, el de las rías baixas, no ¡bah!, un pasmaooo, lo tiene peor que yo, naaa, ese no va a ninguna parte, sí, el amigo de Adolf, sí, por eso, sí, hay un montón de niños que le votan… por eso, sí, o me postulo yo ahora o me quedo para vestir santos. Por eso, que sí, mama, mientras que haya quien me vote yo adelante, bah, 25.000 niños palestinos muertos en bombardeos de Israel… ¿a quién les importa esos canallitas? ¡Que les den!
…desde Atocha hasta Cibeles, Alcalá, Gran Vía y Callao la marea humana se extendía como una bandera que iba proclamando: ¡Dejad vivir a los palestinos, son inocentes, demasiados muertos por el hecho de vivir en el lugar que el sionismo quisiera anexionarse!
Netanyuso, perdón, Netanyahu, brindaba con Donald por el éxito del casino que iban a construir en la franja:
—La próxima a tres hoyos en tu golf de Florida, Donald. Oye, que no estoy para más. Matar tanto niño palestino me deja exhausto.
—Hecho, Bibi. El resort que voy a construir en Gaza, con tu permiso, va a tener treinta hoteles, todos con campos de golf de 28 hoyos. Sí, se lo digo a Vladimir, seguro que se apunta. Eso sí, que pague los derechos por jugar con nosotros. Le metemos un quinientos por ciento de aranceles sobre el presupuesto inicial de nuestro proyecto. Que quiere vivir con los ricos, pues que pague. No, no es lo mismo embocar un birdie frente a las costas de nuestro Mediterráneo, Mare Nostrum, en el que vamos a construir el paraíso a nuestra medida, que en el Volga, todo lleno allí de conspiranoicos rojos, con el colgaoo ese del Volodimir a la cabeza dando por el ojete. Que se tiene que ir el Volodimir ese a la Europa del mercado común con todos los europeos que aún creen en la justicia de la igualdad y los valores democráticos y los derechos sociales, pues peor para ellos. Que se vaya. Para eso tenemos en nómina a la Meloni, al Orban, a la Marine Le Pen, al Santi y ahora me dicen que a esa chica madrileña que anda fatal con el novio. Así acabamos con esa amenaza para nuestro deseo conjunto de hacer un mundo sin proletarios. Sí, vale, te mando un eléctrico, Elon, sí, nada, él me regala doscientos coches y yo le dejo que haga lo que le salga de los cojones, perdón por la palabrota. Ya sabes que tienes que matar a un millón de palestinos más para seguir mandando. Pues se matan. No, tranquilo, Bibi, yo no digo nada. Pero no te pases, ¡Dos millones de muertos palestinos más dices! Bueno, bien, me parecen pocos. Sí, vale Bibi, que después cuento con tu apoyo para lo del Nobel de la paz.
—Sí, mama. No, los muertos, ¿a quién le importa lo que pase en Palestina? Entonces, sí, lo del piso en Chamberí, bueno, lo importante es que yo te dé un nieto. Seguro que vale más que esos 25.000 niños que han muerto ya en la franja de Gaza. Perdón, ya sabes, es que un niño palestino, en el fondo, no vale nada.
«Es la economía, estúpido». fue el lema que Bill Clinton utilizó para ganar las elecciones en los USA en 1992. Enfrente tenía al impresentable de Georges Buch padre. El que invadió Kuwait, que a su vez había invadido Sadam Huseín, dos personajes despreciables a la altura de Trump.
‘It’s the economy, stupid’ was the slogan Bill Clinton used to win the US elections in 1992. Opposite him was the unpresentable George Bush Sr. The man who invaded Kuwait, which had in turn been invaded by Saddam Hussein, two despicable characters on a par with Trump. (Traducción de Ángel Aguado Pulido, licenciado pour la Sorbonne, París)
Fotos de Terry Mangino
Fotos de la manifestación celebrada el 4 de octubre de 2025 en el Paseo del Prado de Madrid.
Alto Tajo, despeñaderos, umbrías, recuerdos tenebrosos de un pasado presente en cada instante. Los últimos gancheros, la última maderada descendiendo por el río Tajo primavera y verano de 1946, tras el aún reciente enfrentamiento fratricida hispano y el apocalipsis mundial, almas que conducen los troncos de los pinos, o su propia derrota, por parajes que rezuman fantasías románticas: Huertahernando, Ocentejo, Azañón, la leprosería de Trillo, Mantiel, la Ermita de la Esperanza, Anguix, Sacedón, Zorita de los Canes, Mazuecos, Villamanrique… hasta el futuro incierto de la nueva luz de Aranjuez. El Tajo, el cauce por el que discurre la vida de los perdedores, un escenario desnudo a la luz de las estrellas donde los madereros meditan los porqués del camino que emprendieron y sobre las trampas que la vida les tendió de las que salieron airosos pero heridos.
“El río que nos lleva”, crónica social, popular, realista, humana, vitalista que José Luis Sampedro publica en 1961, casi a contracorriente de la literatura experimental y vanguardista que los modernos de la generación de los 50 imponían por derroteros rompedores con la tradición. Seis años antes, Rafael Sánchez Ferlosio había obtenido el Premio Nadal por “El Jarama”, ese escarceo cotilla por la intimidad de un grupo de jóvenes que pasa un domingo de meriendas en el afluente del Tajo. Novela de la que siempre renegó Ferlosio y que le llevó a su exilio interior excluido del mundo en su retiro de diecisiete años en la calle Fuencarral, de Madrid. Y trece años después de que Cela publicara su “Viaje a la Alcarria”, comarca por la que los gancheros de Sampedro navegan en sus palos, coetáneos de los personajes de don Camilo.
“El río que nos lleva”, un retablo en el que están labrados a cincel las costumbres rurales de una sociedad abierta a la esperanza de un tiempo nuevo y las almas supervivientes de la tragedia española: Shannon, el Inglés (irlandés en realidad), que huye del horror (como Kurtz en “El corazón de las tinieblas”) de la 2ª Guerra Mundial; El Americano, que huye, vencido, de la revolución mexicana; Paula, víctima de un terrible suceso, que huye de su pasado, y la única mujer protagonista tanto en esta novela como en la de Twain y Conrad, la hembra, el deseo, la tensión sexual no resuelta que alborota a los hombres casi hasta la locura; Benigno Ruiz, el cacique ominoso y lascivo que acompañado de sus hermanas celestinas y urdidoras de quebrantos ordena el oprobio de los rústicos aldeanos aterrados que le rinden vasallaje; el cura don Ángel, que espanta a sus fieles con su sermón mortuorio de viernes santo; el Chepa, que huye de su deformidad proclamando lealtades; la pareja de la Guardia Civil, condolente con el triste destino de los cautivos del río, tal vez porque sin ellos no serían nada; don Pedro, el caballero que devoró su juventud en el París de la Boheme de los felices veinte, de la beauté est dans la rue, que se siente ajeno a su tierra viviendo en su sueño eterno de ficción de sus libros, tal vez Rimbaud, tal vez Verlaine, tal vez Proust; las muchachas alcarreñas, hembras libres avanzadas a su tiempo, que perturban los sueños de los hombres asilvestrados en meandros y torrentes; el milagro de la resurrección de la vida del Galerilla, casi un niño, que el Inglés (irlandés en realidad), el único de los gancheros que sabía nadar, consigue salvar la vida de las aguas revueltas en las que ha caído accidentalmente aún a costa de peligrar la suya, como una metáfora de que la vida de esa España necesita de la ayuda exterior; la cuadrilla de gancheros, los perdedores, sin destino ni beneficio que al llegar a la meta, a Aranjuez, deberán aprender un nuevo oficio para seguir navegando en el río de la vida que los llevará por otros caminos ya sin aguas.
Y no es sencillo leer la prosa de Sampedro. Tal vez su mente numérica de economista añada demasiados adjetivos a las frases y demasiados párrafos a los capítulos para asegurarse lectores clásicos, previendo que los experimentos vanguardistas del momento romperían los esquemas y le restarían lectores. Cuesta meterse en la novela, mojarse los pantalones en ese charco frío del caudal inhóspito del Tajo. Pero a medida que el lector se moja (más de 400 páginas) el realismo mágico alcarreño te empapa y quedas atrapado en el misterio de Paula, del Americano, de Shannon, de Antonio, del Galerilla, del Chepa, de don Pedro… de El río que nos lleva.
De la novela se hizo en 1989 una película de igual título dirigida por Antonio del Real. Más allá del carácter granítico interpretativo de Alfredo Landa en su papel de El Americano, de la excelencia de Fernando Fernán Gómez como el cura don Ángel, o la sensualidad de Eulalia Ramón en el papel de Paula, la película se pierde en una monotonía de planos y contraplanos sin profundizar en la esencia de grupo que destacan las páginas de la novela, por más que el paisaje agreste y montaraz refleje el interior de los personajes.
José Luis Sampedro (Barcelona, 1917—Madrid, 2013) sufrió en sus carnes los avatares del tiempo peligroso que le tocó vivir en su juventud. Economista brillante, alumno de Enrique Fuentes Quintana y profesor de Economía en la Complutense entre otras universidades, fue senador por designación real en la primera legislatura constituyente (1977-1979) desarrolló su carrera profesional tanto en la banca pública como en la privada. Dotado de numerosos galardones y premios se caracterizó por el amor a la enseñanza humanística siempre crítico con el capitalismo salvaje.
Quien esto suscribe tuvo el honor de entrevistarle en su domicilio del barrio madrileño de Argüelles, en octubre de 1992, tras acabar la Olimpiada de Barcelona y en pleno éxtasis de la expo de Sevilla. Sus reflexiones aparecieron publicadas en el nº 19 de la revista mesual LA ESFERA. De aquella charla se rescatan estas frases suyas que ahora, releídas en otro mundo distinto dotado de adelantos técnicos y crisis internacionales impensables hace 33 años, suponen una confirmación sobre el incierto paso que conduce a la humanidad por el alambre de la vesania de esos dirigentes descerebrados que nos gobiernan, a pesar del desarrollo tecnológicos y científico ilimitado que poseemos, ese río que nos lleva al precipicio:
«Reacciono contra una sociedad que ha reducido todo a lo económico, al puro mercado, y que cree que lo que no tiene precio no tiene valor. Que ha reducido al hombre a dos únicas funciones: productor y consumidor… El intelectual ha de ser por fuerza un poco ácrata. El poder de un hombre sobre los demás me repugna. La autoridad moral es otra cosa. La abnegación, la altura de miras, la visión de futuro. Eso sí son cosas admirables… Es terrible la perversión que implica el poder político… A largo plazo no hay más alternativas que la educación y la cultura. El escepticismo actual se debe a la facilidad con que la gente acepta lo establecido, a la falta de capacidad crítica… El sistema no funciona. Un niño en Rusia le pregunta a su padre qué es el capitalismo. El padre le responde que la explotación del hombre por el hombre. ¿Y el comunismo, qué es? —continúa el chaval—. Justo lo contrario —responde el padre.»