Honorables

Gabriel de Araceli. Fotos de Terry Mangino

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Valverde, Roglitz y Pogecar, los vencedores, los honorables.

      —NO TE VAYAS A LA GUERRA.
—No es la guerra, es solo una carrera en bicicleta.
—Lloverá, te sofocará un hervor de caldera, te congelarás en las bajadas, te granizará, caerás en las trampas de cualquier descenso, sangrará tu piel desgarrada por el asfalto abrupto, te dolerán las entrañas y sufrirás como un perro sarnoso, el cansancio infinito te roerá la voluntad como si una hiena te devorara las tripas. Para qué. Todo eso para qué, te preguntarás abandonado de la esperanza. Miles de Km por un campo minado de fatigas y pesares, una pesadilla de tres semanas, sinsabores, condenado eternamente a pedalear como Sísifo subiendo su roca por la montaña traidora para después caer al abismo de los infiernos de la clasificación general, el 102 de 176 condenados, a casi cuatro horas del líder, del vencedor. Sísifo pedaleando. Y si llegas a Madrid, chulapo mío, tu única recompensa será mirar la Cibeles, ni siquiera podrás refrescarte en la fuente porque los guripas la tendrán clausurada, el huerto abierto solo para Hipomenes y Atalanta. Y cuando llegue la noche, Narciso, ángel mío, no tendrás nadie que te socorra, nadie que te solace, sollozarás en la soledad de un hotel de carretera tan remoto como el amor que rechazaste, frío como un témpano y te ahogarás en la complacencia ignorante de tu belleza esquelética reflejada en la pátina de una laguna sin azogue. No vayas a la Vuelta, amor.

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Las chicas calientan antes del diluvio en que se convirtió la primera etapa, de dos, de la Vuelta femenina, 2019. En Boadilla del Monte, Madrid.

—Es el honor. ¡El honor! —Qué es el honor. El azahar de la derrota, el bálsamo con el que se alivian los perdedores, el néctar que consuela el sufrimiento infinito. Te cambio el honor por el amor. Por mi amor venéreo, mi placer extático contra tu pedaleo agónico. ¡Gózame! Mi arquitectura apolínea por el barro de tu clasificación remota, tus cicatrices por mi piel cérea, te derramarás sin fatigas por mi pubis y yo complaceré tus deseos oscuros con mis besos robados al dolor de las caídas. Quédate aquí, amor mío, en el jardín secreto de Atalanta, lejos de las cornadas de las curvas y el desaliento del viento de cara y las rotondas suicidas. El honor no es sino el consuelo de los perdedores.

Venus y Marte

Venus y Marte. Grupo de Antonio Cánova. 1820-1830. Museo del Prado, Madrid.

      —El deber me llama, mi corcel de carbono me espera en la espesura del laberinto del vellocino de oro, mi velocípedo, mi bucéfalo honroso. El honor no sabe de victorias. La victoria no sabe de honor, el honor sí sabe de gloria, amarga victoria la de los vencedores sin honor. Debo partir, subirme en mi jaca enjaezada de carbonos, tubulares y desarrollos imposibles: 54X11. Y si llego a la meta, al ágora, al Partenón, tal vez me espere la suavidad de tus senos acogedores, el oasis de tu vientre y tu melena aurea esparcida por la túnica del placer de los Campos Elíseos. Queda tú aquí, en tu jardín, mi Venus complaciente que tanto me desea, porque yo te deseo tanto como el vértigo de la carrera, vesania de taquicardias y asfixias, de fracturas y hemorragias, de derrotas y de glorias, de la gloria del forzado de la ruta. Del honor.

     Y Marte partió a la guerra, a la Vuelta en busca del honor.

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¡Este es mi chico! Fabio Jakobsen, ganador de la última etapa de la Vuelta 2019 “homenajeado” por su novia.

La Vuelta 2019

          Fueron 3272 Km distribuidos en 21 etapas; participaron 176 corredores de 22 equipos de los que acabaron 153. El “campamento” itinerante que mueve la Vuelta necesita más de un km cuadrado para extenderse, lo componen más de 3000 personas, 900 vehículos, más de 130 guardiasciviles, 60 de ellos motoristas, otras 30 motos de publicidad o medios de comunicación, media docena de helicópteros, un avión receptor-emisor de señales de TV y más de 400 millones de espectadores.

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A la izquierda, de azul, Luis León Sánchez, en el centro, de blanco UAE, Tadej Pogacar, tercer clasificado.

     El Honor

        Luis Ángel Maté se estrelló contra unas vallas publicitarias debido a la lluvia el 27 de julio de 2019 en la Vuelta a Polonia. El impacto fue tan grande que, gracias al casco, solo tuvieron que darle 60 puntos de sutura en la cabeza. La caída fue tan aterradora que el público presente no se atrevió ni siquiera a tocarle. El golpe fue tan fuerte que, otro compañero, el italiano Filippo Fortin, sufrió una perforación pulmonar provocada por la fractura de una costilla de la que aún hoy, 16 de septiembre de 2019, no se ha recuperado. Al día siguiente perdió la vida en otra caída el joven ciclista belga Bjorg Lambrecht. La guerra, o el ciclismo, se cobraba su cuota de vida. Luis Ángel Maté perdió mucha sangre, daba miedo su figura quebrada en el asfalto. En el hospital al que le trasladaron, en Cracovia, apostaron por transfundirle sangre. Él se negó. Pasó varios días hospitalizado y apenas si comía, devorado por el cansancio infinito que conlleva el ciclismo. El 24 de agosto, cuando comenzaba la Vuelta, su valor de hematocrito sanguíneo no llegaba al 37% y su hemograma rojo señalaba menos de 3.5 millones de hematíes, la hemoglobina en 11g/dl, síntomas de una anemia grave incompatible con el esfuerzo deportivo. Era una incógnita su participación en la Vuelta para la que se había preparado concienzudamente. El médico deportivo no recomendaba su participación, pero lo dejaba a su elección. Luis Ángel Maté decidió participar. Sufrió como un perro durante las 21 etapas, pero terminó victorioso, aunque fuera el 102. No sabe qué o cómo le aupó para que consiguiera cumplir aquella condena, aquella guerra perdida. Tal vez fuera el honor.

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Luis Ángel Maté en el hospital tras su grave caída, el pasado 27 de julio de 2019. en Polonia.

Justicia criminal

Rafael Alonso Solís

         PESE AL VERGONZOSO SILENCIO e invisibilidad con que parte de los medios de comunicación han tratado la condena de un juez tramposo por prevaricación, cohecho y falsificación de pruebas, la operación criminal organizada contra Victoria Rosell constituye una muestra de la existencia de tramas mafiosas en las que están implicados representantes de la justicia, funcionarios policiales y políticos en ejercicio. En el caso de la magistrada Rosell, parlamentaria nacional y una de las figuras relevantes de Unidas Podemos en la campaña electoral de 2016, es decir, en el momento de ocurrir los hechos, han participado jueces y fiscales, abogados colegiados pertenecientes a despachos de alcurnia, empresarios del fango, plumillas enfangados y políticos de derechas que han sido referentes en las políticas desarrolladas en Canarias y en España bajo la disciplina del Partido Popular. Los nombres de unos y otros están por ahí, y es de esperar que irán saliendo, ahora que una sentencia ha condenado a Salvador Alba, magistrado de la Audiencia de Las Palmas, a más de seis años de estancia en el maco, además de a dieciocho de inhabilitación, lo que le mantendrá alejado de la posibilidad de reincidencia durante una temporada. Al menos, en el sector jurídico, puesto que sus relaciones comerciales, deben estar, previsiblemente, bien establecidas y sus actividades diversificadas, lo cual es posible que le garantice un futuro acomodado en Panamá, una vez cumplida una sentencia aliviada por buena conducta y probado fervor cristiano. Quién sabe, incluso, si más adelante no se produce el descubrimiento de que el juez Alba reúne un excelente perfil para ocupar un cargo de importancia en la administración pública o en el gabinete jurídico de alguna multinacional con futuro. Al fin y al cabo, la realidad cotidiana nos ha hecho comprender que las sentencias tienen diferentes consecuencias dependiendo de la clase y circunstancias de los condenados.

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José Manuel Soria durante su etapa de ministro de Energía, 2015. Esa mirada genovesa, las mano prietas en el bolsillo de su gabán pa que no sepan en cual de ellas lleva el puñal… (Foto. T. Mangino) 

       Detrás o delante de todo, un empresario con turbias actividades e imputaciones diversas, como Miguel Ángel Ramírez, y un político como José Manuel Soria, que dirigió el Partido Popular de Canarias durante diecisiete años, fue vicepresidente de Canarias y responsable de la Consejería de Economía, Empleo y Hacienda durante tres, y ministro de Industria, Energía y Turismo del Gobierno de España, donde tuvo la oportunidad de inventarse el impuesto al sol o, más correctamente, el Real Decreto sobre autoconsumo voltaico. Jueces, abogados, empresarios, políticos y periodistas, formando parte de operaciones que encuentran en los períodos de crisis el mejor escenario para innovar en los procedimientos de enriquecimiento personal, tanto en hacienda como en posición, con la connivencia del sistema y la perplejidad de la ciudadanía, que observa cómo, hagan lo que hagan, no pasa nada. Ante la solidez de la vieja farsa, uno aún se pregunta cuáles son los motivos por los que los líderes de los dos partidos que deberían entenderse para poner en marcha un gobierno de progreso –especialmente el que tiene más escaños y es más responsable– actúan como gallos inútiles, alimentando el palmeo de sus incondicionales y jodiendo al resto.

Otras columnas de Rafa Alonso

El careto de Billy el Niño

La farsa del discurso

El agente Rojas ND507

Ángel Aguado López

     SUS TRIPAS SE LAS COMIERON LOS TIBURONES. Al vasco Jesús Galíndez lo secuestraron los agentes de Trujillo en Nueva York y tras narcotizarle lo trasladaron a Santo Domingo. Dos meses estuvieron torturándolo sádicamente los esbirros del Benefactor, el Padre de la Patria Nueva, el Restaurador de la Independencia Financiera, Generalísimo, Primer Escritor, Dios y Trujillo. El general Arturo Espaillat, alias Navajita, el jefe del terrible SIM, el servicio de inteligencia militar dominicano, se tomó la orden del Benefactor como algo personal (“El Jefe daba las patadas, pero Arturo le escogía las botas más adecuadas para darlas” —Galíndez. MVM. Pág. 288—). Fue el encargado de darle chalina. Al vasco lo sometieron a todo tipo de vejaciones, lo interrogaron con una crueldad sin límites y le ahorcaron. Después, le abrieron en canal y lo arrojaron a la sima de Luperón, al norte de la isla de Santo Domingo, con las vísceras colgando para que el cadáver no flotara y fuera pasto fácil de los escualos. Todo eso sucedió entre el 12 de marzo y el 5 de junio de 1956.

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       Se cumplen treinta años de la aparición de la novela “GALÍNDEZ” (1989), de Manuel Vázquez Montalbán (MVM). Una obra que dio a conocer al público lector a un personaje olvidado incluso para una gran mayoría de peneuvistas. Un personaje menor, Jesús Galíndez Suárez, triturado por la voracidad de las guerras que le tocó vivir, un hombre apremiado por su compromiso con el vasquismo y deslumbrado por la figura altiva del lendakari José Antonio Aguirre, al que quería servir como fiel patriota. Su asesinato y desaparición a manos del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo Molina provocó, a partir de 1957, el rechazo y la condena de la Administración de Estados Unidos a un régimen que, hasta ese momento, era un aliado incondicional del policía de Occidente en su lucha contra el comunismo. Gracias a la novela de Vázquez Montalbán, “Galíndez”, se desveló el mundo del espionaje que los exiliados republicanos, de uno u otro partido, realizaban para redimirse de sus faltas, agarrarse a sus sueños o, y esta era la condición principal: sobrevivir.

“No hay éxito comparable al del exilio. Y sólo los que permanecimos en el exilio interior o exterior hemos salvado la integridad”. (Galíndez. Pág. 262)

        Jesús Galíndez Suárez había nacido en Madrid, en 1915. Su madre murió unos días después del parto y a los cuatro años su padre, Jesús Galíndez Rivero, médico dentista, lo envió con sus abuelos al caserío de Larrabeobe, en Amurrio, Álava, donde se forjó su conciencia de vasco bueno, abrazando las ideas nacionalistas del PNV, emanadas de las doctrinas del iluminado carlista Sabino Arana. Regresa con catorce años a Madrid y su espíritu juvenil le lleva a participar tanto en tertulias literarias como en protestas contra la dictadura de Primo de Rivera. Se gradúa en Derecho por la Universidad Central (actual Universidad Complutense) el 20 de junio de 1936. Aún no había cumplido los 21 años.

       Veintiocho días después se produce el golpe de estado del ejército africano y estalla la Guerra Civil española. Su ardor guerrero le lleva a presentarse como voluntario para frenar, en la sierra del Guadarrama, en el Frente Norte de la capital, a las tropas rebeldes capitaneadas por Franco. Pero Manuel de Irujo, el líder del PNV, que se integra como ministro de Justicia en el gobierno de concentración formado por el socialista Largo Caballero, el 4 de septiembre de ese año, prefiere para él un destino más acorde con su valía y le designa delegado vasco, jurista, en la Junta de Defensa que, atropelladamente, se forma en Madrid el 6 de noviembre de 1936, tras el traslado (los historiadores hablan de huida) del gobierno de la República a Valencia. Durante la guerra defiende como abogado a los vascos que luchan en Madrid y en los diferentes frentes bélicos, es el Hogar Vasco, interesándose de que los suyos no sean objeto de presión por las autoridades republicanas. Obtiene el grado de teniente del ejército y en febrero de 1939, con la derrota inminente de la República, emprende el exilio a Francia y es internado en el campo de concentración de Vernet d’Ariège, desde donde, unos meses después, conseguirá exiliarse a la República Dominicana gracias a los contactos diplomáticos que había realizado durante la guerra y su condición de militante del PNV.

 

       En Santo Domingo permanece desde 1939 a 1946. Ahí estrecha relaciones con el resto del exilio español y consigue prestigio como intelectual, jurista y escritor, razones por las que el dictador Trujillo le designa como profesor de su hijo Ramfis. Esto le permite relacionarse con las altas esferas de la política trujillista y examinar las cavernas de un régimen basado en el terror, la represión y la muerte de sus súbditos. El lendakari José Antonio Aguirre le convierte en delegado del PNV en Santo Domingo y le sugiere que participe como agente del FBI, pasando al servicio secreto americano información sobre las actividades de los camaradas republicanos españoles, muchos antiguos comunistas y presuntos colaboradores de la URSS. Y por tanto enemigos de USA en la Guerra Fría que se acaba de declarar.

       Temeroso de sufrir alguna represalia por su actividad como espía y por sus cono-cimientos del terror que practica Trujillo consigue marcharse a Estados Unidos tras recalar previamente en Cuba. Llega con un baúl de documentos comprometedores para el sátrapa dominicano y tras obtener un puesto de profesor de Derecho en la Universidad de Columbia, recomendado por el lendakari Aguirre, presenta, en febrero de 1956, su tesis doctoral titulada: La era de Trujillo: un estudio casuístico de dictadura hispanoamericana. Un pormenorizado análisis en el que denunciará las atrocidades que Trujillo comete sobre el pueblo dominicano y el carácter esquizoide del hijo del dictador y antiguo alumno suyo: Ramfis Trujillo. En paralelo a su empleo como profesor y escritor mantiene sus actividades de espía del FBI. Es el agente Rojas ND507.

       Galíndez informa al FBI sobre los exiliados españoles y las relaciones que estos llevan a cabo con los activistas centroamericanos de la Legión del Caribe, la organización o “ejército popular” con que la izquierda revolucionaria pretendía implantar democracias liberales en las dictaduras caribeñas y sudamericanas. La tesis doctoral provocó la cólera iracunda de Trujillo, que dio órdenes terminantes para acabar con la vida de Galíndez. Recibió in absentia su título de doctor poco tiempo después de su desaparición.

         El profesor vasco fue secuestrado el 12 de marzo de 1956, tras dar una conferencia en el salón 307, del edificio Hamilton, del Departamento de Español de la Universidad de Columbia, en Nueva York. El SIM contrató con engaños al piloto americano Gerald Lester Murphy. Con la excusa de que llevaban a un enfermo Galíndez fue trasladado, sedado, a Ciudad Trujillo, el nombre con la que el sanguinario Benefactor había rebautizado Santo Domingo. Todos los participantes en el secuestro, todos, fueron posteriormente ejecutados por Trujillo para evitar testimonios comprometedores. Sus cadáveres fueron arrojados, abiertos en canal, sin eviscerar, a los tiburones.

 

La política exterior de USA en el Caribe de los 40 a los 80

       Fue gracias a Stuart Mckeeve, un abogado norteamericano interesado en la suerte de su compatriota Gerard Lester Murphy, el piloto aviador contratado por Trujillo, que la opinión pública estadounidense conoció el caso Galíndez y la implicación de la CIA y del FBI en el mismo, denunciando al agente John Frank como el principal responsable americano del secuestro.
La red de corruptelas que Trujillo había tendido en Estados Unidos era tan opaca y enredaba a tantos políticos que el pánico se disparó en la Administración USA. Trujillo había proporcionado ayuda económica al senador Joseph McCarthy y patrocinado la campaña electoral de Richard Nixon, vicepresidente con Eisenhower en las presidencias de 1953 y 1957, e incluso el hijo de Roosevelt, Franklin Delano Roosevelt junior, estaba en la nómina del dictador. La opinión pública americana se escandalizó tanto que algunos congresistas pusieron el grito en el cielo por el uso que Trujillo daba a los fondos que recibía de USA para el desarrollo: matar a ciudadanos americanos. La prensa aireó tanto el asunto Galíndez que el gobierno estadounidense se vio obligado a reaccionar para calmar a una opinión que le acusaba de complicidad: ¡la CIA mezclada en un affaire tan feo!, cómo podía ser, el FBI…

        La excusa para castigar al sátrapa fue el intento fallido de magnicidio del presidente venezolano Rómulo Betancourt (1960), planeado por el sicario de Trujillo Johnny Abbes García [véase Johnny Abbes García, el ensayo-reportaje del poeta dominicano Tony Raful, Editora Buho. República Dominicana. 2019] el jefe implacable del SIM a partir de 1957. Aquello fue el desencadenante de las sanciones contra Trujillo a través de la Organización de Estados Americanos, la OEA, durante el final del mandato de Eisenhower y el comienzo del de Kennedy, septiembre de 1960 a 30 de mayo de 1961, fecha del asesinato de Trujillo.

       Así que la República Dominicana, sobre todo sus clases sociales más depauperadas sufrieron el bloqueo económico que los países vecinos, encabezados por USA, ejercieron contra el opresor Rafael Leónidas a raíz del atentado fallido contra Betancourt. Fue algo parecido a lo que comentaba, ¡gozoso!, el falangista Agustín de Foxá, cuando España sufrió el bloqueo y el rechazo de las democracias victoriosas tras el final de la 2ª Guerra Mundial: «Le pegaron a Franco una patada en el culo de los españoles».

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Trujillo saluda y Franco se ríe durante la visita que el dictador caribeño realizó al dictador español, en 1954. El atuendo napoleónico de Trujillo y sus poses causaron risa entre los prebostes del franquismo.

       En este caso fueron los dominicanos los pateados en el culo en lugar de Trujillo, sancionados a través de la OEA. El hambre lo pasaron ellos mientras que Trujillo proveía de fondos millonarios a los políticos opuestos a Kennedy con el objeto de que desapareciera y Ramfis, el hijo esquizoide, jugaba al polo en París (Ramfis moriría en Madrid, refugiado por su Excelencia, estrellando el Ferrari 330 GT que conducía contra el Jaguard de una duquesa, en 1969).
Pero había otro problema más para Washington: un barbudo llamado Fidel Castro.

      La política expansionista que los yanquis habían comenzado en el siglo XIX siguiendo los principios de la Doctrina Monroe: «América para los americanos», debía adecuarse a los momentos agitados que vivía el continente en las décadas de los 40-50-60 del siglo XX. El enemigo era el comunismo, en especial los barbudos de Sierra Maestra. Para frenarlo, nada mejor que fundar primeramente la Escuela de las Américas y darle una aplicación práctica, una salida posterior para todos los clientes de la Escuela con la Operación Cóndor.

«Todo poder tiende a ensimismarse y a autolegitimarse desde ese ensimismamiento, aunque sea el poder democrático». (Galíndez. Pag. 242)

       En 1946 se funda en el Canal de Panamá la Escuela de las Américas, una academia militar que tiene como objetivo, básicamente, formar a los militares sudamericanos en los métodos de represión, tortura y aniquilación de todo aquello que oliera a subversivo o izquierdista. Para ello, se contrató incluso a un experto, al nazi Klaus Barbie. Aquella doblez que los green go! practicaban ajusticiando a algunos nazis en Nuremberg, mientras que reclutaban, amparándose en su lucha contra el estalinismo, a los científicos sobresalientes alemanes para desarrollar, entre otros proyectos humanitarios, el cohete Saturno V.

«La democracia necesita un poder dispuesto a construir y practicar la doble moral, de lo contrario perece por culpa de su propia inocencia e indefensión». (Galíndez. Pág. 58)

     Fue Clinton el que cerró “oficialmente” la Escuela en 2000, aunque ahora funciona bajo el eufemismo de Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad y tiene su sede en Fort Benning, en el estado de Georgia.

      Muchos de los gobernantes de las repúblicas caribeñas y sudamericanas de ese período fueron alumnos de la Escuela de las Américas, la fábrica yanqui de propagación del recetario capitalista y cuna de dictadores sanguinarios: Efraín Ríos Mont (Guatemala), Noriega (Panamá. «Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta», comentaban en la “Compañía”, la CIA de Allen Welsh Dulles, un poder dentro del poder), Hugo Banzer (Bolivia), Roberto D’Aubuisson (El Salvador), Velasco Alvarado (Perú), Vladimir Montesinos (Perú), Galtieri (Argentina)… Y otros que no estuvieron pero que siguiendo sus consignas se aplicaron con celo en la barbarie y represión de sus pueblos: Stroessner, Somoza, Barrientos, Pinochet, Videla…

      «En la dirección del Estado crearemos el caos y la confusión. De una manera imperceptible, pero activa y constante, propiciaremos el despotismo de los funcionarios, el soborno, la corrupción, la falta de principios. La honradez y la honestidad serán ridiculizadas como innecesarias y convertidas en un vestigio del pasado. El descaro, la insolencia, el engaño, la mentira, el alcoholismo, la drogadicción y el miedo irracional entre semejantes». (“The Craft of Intelligence”. Allen Welsh Dulles, director de la CIA en ese momento)

       La Operación Cóndor, o Plan Cóndor, fue una estrategia desarrollada en los países del cono sur de América (Bolivia, Argentina, Chile, Paraguay, Uruguay, Brasil, etc.) en las décadas de los 80-90 del siglo pasado, con objeto de desarrollar políticas neoliberales afines a Washington, desestructurar en esos países el Estado como garante de las libertades públicas, además de promover acciones represivas contra todo conato de sindicalismo, socialismo o progresismo que pudiera ir en contra del imperialismo americano.
El principal adalid de este Plan e impulsor fue el intrigante Henry Kissinger, secretario de Estado durante las administraciones Nixon y Ford, 1973-1976. Kissinger fue uno de los mayores practicantes del terrorismo de Estado, premiado por Occidente con el Premio Nobel de la Paz en 1975.
Fruto del Plan Cóndor fueron las dictaduras brasileñas, o la chilena de Pinochet, o la argentina de Videla.

 

La Alianza para el Progreso

     Kennedy se propone “endulzar” la política exterior de USA tras el fracaso de la invasión de Cuba en Bahía de Cochinos (15-19 de abril de 1961), y promueve una conferencia en Uruguay, en agosto de ese año (Trujillo había sido asesinado dos meses antes) para limar asperezas y lavar la cara del gigante americano. A esa conferencia, la Alianza para el Progreso, asiste Ernesto “Che” Guevara. Aunque JFK sólo consiguió que, desde el reaccionario establishment demócrata, encabezado por Lyndon Baines Johnson, se empezara a planear su sustitución, o mejor aún, su eliminación [sobre las implicaciones de la CIA y Lyndon B Johnson en el asesinato de Kennedy véase: JFK El último testigo. William Reymond & Billie Sol Estes. La Esfera de los Libros. 2004].

«La política es así, abrirse camino entre cadáveres» se dice en “La Fiesta del Chivo”, la monumental obra de Mario Vargas Llosa sobre la monstruosidad del genocida dominicano.

       Kennedy fue asesinado el 22 de noviembre de 1963. El “Che” fue abatido en la selva boliviana en 1967. Fidel Castro permaneció en el poder hasta su muerte, acaecida en 2016, en su camita de La Habana.

«Los hombres de hoy nacen criminales; debo reivindicar mi parte en sus crímenes si quiero mi porción de su amor y de sus virtudes. Quise el amor puro; necedad; amarse es odiar al mismo enemigo; me desposaré, pues, con vuestro odio. Quise el Bien; tontería; sobre esta tierra y en estos tiempos, el Bien y el Mal son inseparables; acepto ser malvado para llegar a ser bueno». (El diablo y el buen Dios. Jean Paul Sartre)

 

Galíndez, la novela

       «Galíndez era personalmente un bandido y políticamente un comunista» dice el 30 de mayo de 1956, desaparecido ya el vasco, Joaquín Balaguer, el presidente títere a sueldo de Trujillo. Galíndez era un ser solitario. «El PNV había descuidado las realidades sociales, mientras el PSOE, por ejemplo, iba en sentido contrario, descuidaba las razones patrióticas y sólo se justificaba por las sociales. Ser vasco no supone superioridad alguna sobre los demás pueblos» sentenciaba Galíndez, sentencia que le supuso la reprobación de los “sabinistas” del exilio en New York. El fervor peneuvista de Galíndez sería una sorpresa tanto para su padre como para Fermín, su hermanastro menor, casi un falangista pasional en 1954, cuando lo visita en New York. «A mí los nacionalismos me ponen nervioso y casi todos los nacionalistas me recuerdan a Hitler y a Perón. Hay que ser algo simplón para ser nacionalista. Galíndez era un zascandil» pone MVM en boca del personaje Francisco Ayala, en la conversación que este mantiene con Muriel Colbert, la protagonista de la novela, la investigadora americana, víctima de sus padres, de su religión mormona, de sus amantes y de su educación, que ha venido a España para conocer los orígenes de Jesús Galíndez Suárez, un personaje olvidado, desconocido incluso por los vascos radicales de su Amurrio infantil. Una investigadora, Muriel, que ha desdoblado su tesis en pasión y casi enamoramiento y que persigue las huellas del vasco como una obsesión a lo largo de las 348 páginas del relato.

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Manuel Vázquez Montalbán en julio de 1990, en El Escorial, Madrid. Foto: A. Aguado

       “Galíndez” es una novela intensa y extensa. La prosa de Manuel Vázquez Montalbán es contundente, surge como una cascada que inunda la imaginación del lector y le arrastra sin remedo en la búsqueda de la personalidad escondida del vasco transparente. MVM realiza un ejercicio inmenso de documentación enciclopédica, una exhibición de datos, de personajes, de lugares, de acontecimientos históricos, de sucesos, de tramas complejas, de secundarios eficaces en la vertebración de un retablo humano que transforman el relato en historia y en el que la ficción se confunde con la verdad, enmascarada por la vorágine de un tiempo tortuoso y asesino.

      Galíndez, un nacionalista fuera de época, un huérfano de madre confundido por la marea de refugiados que desembarca en el Caribe, un idealista fuera de lugar, ingenuo y esforzado gudari arrastrando su doblez de espía por un territorio ajeno, hostil, desconocido, lejos de Madrid, su cuna, o de la colina mágica de Larrabeode, su bautismo de vasco ancestral.

       «…La personalidad es como una sucesión de fotogramas de todas las posibles actitudes que has asumido a lo largo de toda una vida y de pronto te fijas en una, la escoges y ésa será tu personalidad dominante, la que crees tener, porque los otros seguirán asumiendo la que ellos escogen y así te encuentras con todos los Galíndez posibles: el duro ejecutor de la República, el zascandil de Ayala, el noble patriota de los exilados vascos, el hombre secreto y lúcido… el superagente taimado.. y probablemente Galíndez era todos esos posibles tipos y ninguno de ellos».

        El poder, o sus sicarios, también están presentes en la novela. La MALDAD consustancial del ser humano encarnada en el hombre cúbico, el MALO de Robert Robarts, las tinieblas del sistema, su brazo ejecutor. Será Robarts la parte oscura, los ojos del gran hermano que todo lo vigila y de los que nadie escapa: «La inutilidad del compromiso. Lo evidente e irreversible. ¿Se ha vuelto alguna vez de la evidencia? ¿Para qué escapar de la evidencia?». Será Robarts el que diluya por las cloacas del poder los detritus vaporosos de la CIA y del FBI, el que ponga las cosas en su sitio ocultando el hedor de los gobiernos “democráticos” a la opinión pública, a pesar de la tozudez y oposición de Muriel empeñada en esclarecer la verdad, en redimirse con su revelación de su anterior vida de esclava de una secta negacionista de la vida. Muriel es el BIEN, la BONDAD enamorada de un fantasma idealizado por el romanticismo y el fracaso de una época en la que vivir o morir era indiferente. Y en el que las ideas no valían nada porque el poder, el sistema imperial, la fábrica expansionista de la Doctrina Monroe impregnaba el caribe con su ponzoña de exclusión capitalista.

      Y en el retablo novelesco que MVM ha construido artesanalmente hay también cuadros de personajes agotados y serviles, los fariseos: Don Angelito, el espía triple que cambió sus ideales de brigadista de la Lincoln por pesetas, o por rublos, o por libras esterlinas, o por francos, o por dólares. O el acomodado e íntegro profesor Norman Radclife, ese honorable representante del prestigio universitario americano, judas capaz de cambiar sus principios por otros más convenientes para el poder y para su posición social, aunque traicionara con ello a su pupila Muriel. O ese novio imberbe, Roberto, el pretendiente secundario de Muriel incapaz de comprender que solo es un accidente fortuito en el itinerario erótico de la investigadora, de la mujer. O la legión de eruditos pensadores exiliados que descargan su decepción existencial vencidos por la evidencia. O el niño aldeano, el adolescente eterno que buscó en la adhesión al nacionalismo euskaldún compensar sus carencias del cariño materno, el vasco Jesús Galíndez Suárez, el agente Rojas ND507.

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GALÍNDEZ, de MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN, 1989. 348 páginas. Premio Nacional de Narrativa (España) 1991. Premio Europa-Literatura en 1992.

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Gabriel de Araceli (texto). Fotografías de Terry Mangino

 

Los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla

     El 24 de agosto de 1944, los republicanos españoles de la 2ª División Blindada Francesa, La Nueve, a las órdenes del mariscal Philippe Leclerc arrestaban al general alemán Dietrich von Choltitz, comandante en jefe de las fuerzas de la Werhmacht que ocupaban París. En la fiesta posterior de la victoria, el 25 de agosto, desfilaron por los Champs Elysées tanques con los nombres de las batallas de la Guerra Civil: Brunete, Guadalajara, Teruel… Era el comienzo de la liberación de la capital francesa, de la Grandeur une autre fois.
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Monumento a los héroes españoles en el Cementerio du Pere Lachaise, París.

     Sin embargo, la Grandeur no lo fue tanto con aquellos exiliados españoles famélicos, piojosos y derrotados a los que la Françe trató con el mismo desprecio y humillación que los países europeos tratan ahora a los emigrantes que huyen de las guerras o de la miseria y de la hambruna, que intentan llegar a Europa para poder llevarse un mendrugo de pan a la boca y dormir sin preocuparse por ser asesinados en sus países de origen, aunque sea  malviviendo como manteros y tirados en el suelo del primer mundo. Posiblemente, muchos de los que ahora se juegan la vida en el Estrecho de Gibraltar sean bisnietos de aquellos fusileros senegaleses que la Françe utilizaba para custodiar a los esqueléticos españoles en aquel campo de concentración improvisado, Argeles sur Mer, con alambradas, sin un techo bajo el que cobijarse, sin letrinas y con todo el agua del mar para beber como único alimento.

 

“No hay éxito comparable al del exilio. Y sólo los que permanecimos en el exilio interior o exterior hemos salvado la integridad”. (Galíndez. Manuel Vázquez Montalbán. Pág. 262)

 

         La doblez del primer ministro, Leon Blum, negando el apoyo a la República Española mientras mantenía conversaciones con la Alemania nazi le pasó factura en septiembre de 1939. La Françe fue ocupada en junio de 1940.

resistence_paris    Foto anónima de la Resistance durante el asedio de París

      Ni siquiera el cine victorioso, el yanqui, recogió la aportación de los exiliados españoles, que atribuyó la liberación de París a los resistentes franceses y a las tropas americanas, obviando cualquier mención a los españoles (¿Arde París? Rene Clement. 1966. El nacionalismo, que oculta todo éxito ajeno y se apropia de él para sí). Los más de 500.000 refugiados españoles que cruzaron la frontera al comienzo de 1939 tuvieron que elegir, siete meses después del final de la guerra española, entre volver a la España franquista o integrarse en la Françe de Petain (muchos consiguieron emigrar a Sudamérica: México, Bolivia, República Dominicana, etc.). Soluciones en sí heroicas o suicidas. O integrarse en la Resistance Française, opción que eligieron muchos de ellos ante el terror que suponía regresar a España.

 

“Por ti valsea en re bemol agradecido el tibio sol de este otoño que hiciste primavera. El vaso de mi juventud yo lo levanto a tu salud, rey del país del sueño y la quimera”. (Joan Manuel Serrat)

 

       Fue en 2017 cuando la Françe rindió homenaje a los republicanos españoles que liberaron París. Y fue gracias a la alcaldesa de la Ville Lumiere, una emigrante española nacida en Cádiz, Anne Hidalgo, que la Françe reconoció oficialmente la ayuda prestada por los exiliados a la Republique.

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Placa Homenaje a los republicanos españoles situada en la Mairie de París en 2017

«El fascismo está en todas partes, incluso en el fondo de nuestros corazones». (Galíndez. Pág. 299)

 

        Quizás no en el fondo, sino mucho más en la superficie esté el fascismo, en el corazón de ese orangután de origen alemán y de flequillo rubio que quiere construir un muro en su frontera con México (pido perdón a los orangutanes, primates pacíficos e inteligentes, por el símil). Y bien exhibe su condición de neo-fascista el ministro italiano del Interior cuando niega el permiso de desembarco a los africanos que huyen del terror de sus países. O los políticos de los países ribereños mediterráneos y europeos, que negocian los votos de la ciudadanía atribuyendo a los emigrantes los males de su pésima gestión.

        El relato que a continuación se expone es obra de José Caballero Caballero, un republicano que huyó muy joven a Francia perseguido por el franquismo. Fue un soldado y un héroe de la Resistance francesa. José no volvió a España, falleció en 2012 en Annecy, Haute Savoie. No se ha cambiado ni corregido ni una coma de su relato, en un castellano que mezcla modismos de la France, que, si primero le trató como basura, después le condecoró con la Legión de Honor.

Da todo lo que puede dar, su casa, abierta de par en par, quien quiere entrar, tiene un plato en la mesa. Pero no os cambia el cielo por la Orden de la Legión de Honor que le dio la República Francesa.

 

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Antiguos resistentes en Nize, durante la celebración del final de la 2ª Guerra Mundial, 8 de mayo de 2005.

José Caballero Caballero (In memorian. Fallecido en 2012)

       En la “Retirada”, crucé los Pirineos á media tarde del 9 de febrero de 1939. Conocí la vida de los Campos de concentración de Saint Cyprien y Barcarés durante un mes y el mes siguiente en Argelés sur Mer. De ahi, sali con la Compañia de Trabajadores Estranjeros nº 127 para Saint Livrade en Lot et Garonne, donde permanecí hasta septiembre de 1940. En esta Compañia, viví el acontecimiento de la firma del Armisticio, el 24 de junio de 1940. Salida para la Haute Savoie y llegada a la estación de Annecy el 20 de septiembre de 1940. Somos imediatamente dirijidos hacía el pueblo de Faverges en la Compañia de Trabajadores Estranjeros n’ 517.

          El Puesto de Mando de esta Compañia está al pie del monte Semnoz, cerca de Annecy. Nosotros, los trabajadores, nos metieron en barracas que pertenecían al organismo “des Eaux et Foréts” en La Combe d’lre. Estabamos cerca del lugar donde teníamos que trabajar á Hacer carbon. También teníamos que ejecutar trabajos de cantera, refección de carreteras etc… Estabamos mandados por oficiales franceses a las ordones de Vichy. De esta epoca, tengo el recuerdo de mi primer encuentro con Miguel VERA. Era a primeros de septiembre de 194 1. Teníamos la tarea de colocar cajones de fruta en la nave de una finca. Nos dio por comer peras y nos comimos mas de tres Kg cada uno. Poco a poco nos fuimos organizando en Maquis. P [ilegible] amos -de muy pocas armas. A pesar de eso, participamos a varias emboscadas contra las fuerzas de ocupación italianas, cerca de Doussard. Una forma de Resistencia interna, era de hacer falsos documentos, utilizando los cuños y el material de la oficina del capitan de la Compañia. A demas, José MORA tenia la habilidad de imitar perfectamente la firma del capitan. José ESCRIBANO conducía la camioneta. Lo cual, nos permitía comunicar entre los diferentes grupos. Antonio JURADO, Manuel JOYA y Yo, participamos a una formación en la escuela de cuadros para los Maquis en Manigod (Chalets de la Cola). La ¡da la hicimos en coche, acompañados de Richard ANDRES. Pero la vuelta, fue andando que la tuvimos que hacer. Pasamos por Serraval y Faverges hasta llegar a la Combe d’lre (20 km) Ese cursillo se desarrolló del 20 de diciembre 1943 hasta el 5 de enero de 1944. Eramos 20 Españoles en este Maquis, todos subimos al Plateau des Gliéres el 1 de febrero de 1944. Salimos de Doussard en camion para llegar al Valle de Thones via el puerto de Serraval. La noche estaba muy avanzada cuando llegamos al pueblecito del Petit Bornand. De ahí 5 prosegimos andando la subida a la Meseta des Gliéres. Rapidamente tomamos posesión del sitio y organizamos nuestra instalación. Tom MOREL demanda a Miguel VERA de organizar los Españoles militarmente.

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José Caballero Caballero, exiliado republicano, héroe de la Resistance, Caballero de la Legión de Honor y participante en la liberación de París. Vivió en Annecy, Haute Savoie. Fallecido en 2012.

         Se crea La Sección “EBRO” que se divide en dos Subsecíones, cada una defiende una entrada en la Meseta. Una Subsección esta mandada por VILCHES (capitan Antonio) y la otra por JURADO de la cual, yo hago parte. Estamos divididos en escuadras de 10 a 12 hombres. Yo mando una escuadra y Francisco PEREA otra. Ambos bajo las ordenes de JURADO. Durante toda la epopeya de la Meseta de Glieres, nosotros, los Españoles, tomamos parte a todas las acciones y a todas las operaciones emprendidas, primeramente por el teniente Tom MOREL y despues por el capitan ANJOT. El 26 de marzo 1944, ante el fatal desenlace devido a la situación (465 guerrilleros defendiendo la Meseta contra una Division de la Wehrmacht de 11.000 hombres mas 3000 Milicianos y GNW) y el honor salvo, para preservar el maximo de vidas humanas, el Capitan ANJOT, da el orden de repliegue general a la 22 horas. Los Españoles han defendido sus posiciones hasta el ultimo minuto. La noticia llegó a mi escuadra, a las 3 de la mañana. Despues de haber cruzado la Meseta des Gliéres de Este a Oeste, decidimos de separarnos en pequeños grupos. Cada uno tomando un camino diferente. El sol ya estaba alto cuando dimos los ultimos pasos dejando el Plateau des Gliéres. En mi grupo, éramos 6. Como de todos modos no conocíamos los caminos, solo podiamos decidir de tomar una dirección. Nuestra dirección era Doussard para alcanzar el Maquis de la Combe d’lre. Es asi que nos encontramos detenidos por los acantilados del monte Parmelan. No sé por que presentimiento, uno de nosotros traia cordeles de paracaidas. Con esos cordeles pudimos bajar los acantilados por el sitio mas favorable. Despues, siguiendo la bajada, llegamos a las alturas de la Balme de Thuy. De este punto dominante de la montaña, podiamos ver que habia cordones de soldados Alemanes cortando la carretera de Th’ones en varios sitios. Hizímos marcha atras subiendo de nuevo, pero oblicuando a la izquierda para pasar más arriba de la Bionniére y alcanzar el puerto de La Pierre des Trois Croix. Volcamos por la otra ladera del monte y bajamos hasta llegar algo más arriba del camino llamado “la Voie Romaine”.

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         Un antiguo resistente durante la celebración del final de la 2ª Guerra Mundial, 8 de mayo de 2017, en París.

De esta posisión, podiamos ver aún mejor todavia (porque mas cerca) que la carretera de enfrente que sube del puente Saint Clair a Sur les Bois, estaba cortada por cordones de soldados. Podiamos observar rondas que iban y venian de un cordon al otro. Tubimos que quedamos ahí tres dias esperando que desapareciera el rodeo de la fuerzas alemanas. Estabamos muertos de hambre. Comiamos raices y hierbas. Teniamos que atravesar el Fier (un rio) y era muy dificil porque corria mucha agua. Para comprobar la fuerza de la corriente y la profundidad, me amarré a una cuerda y dos compañeros me iban sujetando. Pero tube que regresar porque era mucha la profundidad. Un campesino de este lugar, que habia observado nuestras maniobras, se acercó y nos explicó que poco mas abajo habia un cable que los leñadores utilizan para pasar la madera. También nos dio un trozo de pan a cada uno que lo tragamos con ansia. Por fin pudimos cruzar el Fier por ese cable. La noche caida, encontramos refugio en una casa de campo más arriba de Sur les Bois. Los amos de la casa nos dieron de comer y ropa seca. Después quisieron que durmieramos en el pajar. De primero rechasamos la oferta de miedo de comprometerlos. A cada momento podia llegar una patulla de Alemanes. Pero insistieron tanto que tubimos que aceptar.

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        Pasamos una noche como reyes durmiendo en la paja. Por la mañana, salimos temprano, pero antes tomamos un copioso desayuno que esta familia tan generosa nos preparó. Siempre estaré agradecido de esta gente tan buena, sabiendo el riesgo tan grande que corrian por ampararnos. Los Alemanes quemaron casas y fusilaron gente por mucho menos que eso. Cojimos nuestro camino hacia el Monte Baron. Al bajar por el vertiente de Alex, encontramos a M. PARIS y un amigo suyo. Nos dijeron que teniamos que volver rápidamente porque habia una barrera de alemanes en la carretera que sube de Alex al puerto de Bluffy (por donde teniamos que pasar). Regresamos otra vez hacia el Monte Baron donde tuvimos la sorpresa de encontrar a “Madffles” Angel GONEZ que habia encontrado refugio en una cabaña que pertenecía a M. PARIS. Siguiendo los consejos de Madffles y M. PARIS, nos instalamos con ellos y al final nos quedamos ahí hasta fin de junio. Fue cuando Miguel VERA vino a decirnos de ir al Maquis de la Chapelle-Rambaud. Todos los Maquis españoles fueron trasladados a la Chapelle-Rambaud donde con otros guerrilleros franceses, constituimos la Compañia F.T.P. 93-17, el 1 de julio de 1944. Este traslado fue una cosa muy buena para nosotros porque en ese nuevo Maquis teniamos buena y abundante comida. También estábamos bien vestidos. En cambio teniamos una intensa actividad guerrillera. Era nuestra lucha que continuaba, hostilizando y desarticulando el enemigo por todas partes. Sin cesar, acosábamos los convoys de camiones alemanes que tomaban la carretera de Bouneville a Annecy. También teníamos que dar golpes de mano para abastecer la Intendencia. Uno de ellos, particularmente espectacular, al cual yo participé se efectuó casi en plena ciudad de Annecy. Exactamente en el barrio de] “Pont Neuf’. Se trataba de desvalijar en pleno dia, un deposito de calzados. Eso, en un plazo muy corto antes que se pudiera dar la alerta. Y todo esto, ante un personal muy impresionado por nuestras armas. Los Españoles nos distinguimos, participando activamente a la liberación de la Haute Savoie y claro está, a la liberación de Annecy el 19 de agosto de 1944. En septiembre siguiente, tomé parte en la liberación de la “Vallée de la Maurienne”.

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Física eróticA

Gabriel de Araceli. Fotos de Terry Mangino

          —¿SABES CUÁL ES LA DIFERENCIA ENTRE UN TANGA Y UN CAMISÓN?
Terry se quedó mirando a Carmelita sin saber qué decir. Carmelita tenía esas cosas, de pronto soltaba al aire una cuestión imposible y Terry se veía en un callejón sin salida. No, no sabía la diferencia entre un tanga y un camisón. Bueno, sí. Bueno, no. ¡Imposible descubrir qué se le había pasado a la Flórez por el cacumen! Sonrió una mueca estúpida a modo de respuesta.
—Cómo sois los hombres, enseguida os quedáis callados —dijo Carmelita—. Piensa un poco.
Terry tiró las fotos que tenía en las manos, un reportaje en el Open Arms que le costó una denuncia del ministro de Interior italiano por provocar la entrada de inmigrantes en Lampedusa. Qué pretendía aquel facha, ¿que se comieran los tiburones a los negros? ¿Qué los abandonaran en el mar? Se quedó mirando a las musarañas para desentrañar las palabras de Carmelita. Los Feroculus paracrocidura tampoco le ayudaron mucho. Por lo visto, los bichitos no sabían la diferencia entre tangas y camisones.

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—A ver, Terry. Piensa un poco, que eres un hombre —repitió mordaz la Flórez.
El Mangino se encomendaba al demonio. Ni por esas, nada, Terry se sentía un ratoncito en las manos de un gigante, en las manos de Carmelita. Y mira que lo sabía. Sabía que haber fotografiado guerras no le infería ninguna ventaja para adivinar qué conspiraba Carmelita. De nada le valía haber conocido el peligro de entrevistar al neo-fascista Salvini si una mujer disparaba primero. Un camisón, un tanga. ¡Joder! Son armas de guerra, ¿no?, se las ponen las mujeres para asustar a los tíos, pensó. ¡O se las quitan!, pero no daba con la respuesta. Sonrió de nuevo como un estúpido.
—A veces los hombres os hacéis el idiota —dijo Carmelita—. Un tanga tiene un tirante para sujetarlo a la cadera, así, ¿ves? —Y Carmelita se levantó el camisón y le enseñó la cadera.
Efectivamente, el trapo con el que apenas si Carmelita tapaba su intimidad se anudaba en la cadera con un lacito coquetón, un lacito negro a punto de desprenderse a poco que se tirara de él. Terry enmudeció, parecía que le hubiera explotado una granada de racimo lanzada desde un Mig 31 sobre los opositores sirios a Bashar al-Ásad, aquel reportaje en que casi le matan con los kurdos en Alepo…
—Sin embargo —continuó Carmelita—, el camisón tiene un tirante que se apoya sobre el hombro de la mujer que evita que el peso de la prenda recaiga sobre el pecho. En realidad, un camisón se basa en el principio físico del puente de cantiléver, es decir, el camisón se diseña para que moldee el busto femenino y lo convierta en un todo isostático, de forma que lo distribuye en una serie de masas corpóreas contrapuestas, contrapesos simplemente apoyados en sus extremos por ménsulas en vanos alternos que se enlazan entre sí por lazos apoyados en los extremos de los hombros. Con este sistema se tienen las ventajas de la viga continua y de la estructura isométrica: el pecho femenino queda resaltado, porque la ley de momentos flectores tiene signos alternos en apoyos y centros de vanos parejos en todo el plexo solar. Y, por tanto, sus valores máximos son coincidentes en ambos hombros, porque sus esfuerzos no se ven afectados por las deformaciones del sujetador donde se apoya, condición fundamental y en ocasiones determinante cuando ambas tetas no son iguales. Ya sabes, mi vida, que los pechos de las mujeres no son iguales, no, el derecho suele ser más grande porque la parte izquierda del tórax alberga al corazón. Eso lo saben muy bien los diseñadores del Wonderbra, que hacen esos teteros maravillosos que tanto gustan a los hombres, bueno, a las mujeres sobre todo —dijo Carmelita Flórez de un tirón.
Terry Mangino no dijo ni pío, tampoco sabía qué decir. Sabía que era inútil hablar cuando una mujer hablaba, cuando ella llevaba la voz cantante. Carmelita continuó su explicación.

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—El camisón cantiléver tiene otras ventajas sobre el camisón habitual y muchas diferencias respecto al tanga. En primer lugar, se pueden fijar los tirantes y hacer móviles los canesús, acumulando en ellos las deformaciones producidas por el aumento de la temperatura corporal en el pecho y expulsándolas al exterior, algo muy corriente en una mujer ante la presencia de un hombre. ¿Comprendes, querido? —dijo Carmelita intuyendo que Terry no había comprendido nada. Prosiguió.
—Un camisón basculante tiene su razón de ser en las diferentes longitudes de ondas producidas por las variaciones isocinéticas que transfiere el movimiento femenino al pasar de un plano vertical a otro frontal, es decir, y con este ejemplo lo entenderás rápidamente, en la observación que sugiere a simple vista la representación gráfica hiperboloide de la traslación de las carnes, que no es otra cosa que un dibujo en el sistema de representación diédrico de la curva que describen las tetas al moverse. Cuando la mujer gira sobre sí misma se produce una fuerza rotacional ascendente que se traslada desde las caderas, donde se anuda el tanga, a la parte superior del tórax, a las tetas, vamos, y todo el conjunto tablero-contrapeso, es decir: tetero-tetas, se desplazan del centro de gravedad del cuerpo, digamos que ese punto correspondería al ombligo, hacia el exterior del plano sagital que una señora mantiene al estar de pie de forma pendular, derecha-izquierda, arriba-abajo, lo que sin duda confiere a las curvas femeninas una especial gracia y en los hombres una aprobación de lo que, podríamos denominar gráficamente como curva sinusoidal antero-pectoral. En resumen, les bailan las tetas. Por eso, a las mujeres les gusta en su gran mayoría asistir a escuelas de danza. ¿Comprendes ahora, Terry?
Terry parecía un presidente en funciones o un alcalde canijo. Ponía cara de memo y miraba al tendido, a Carmelita, que prosiguió con su explicación.

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—Ahora bien, apenas si se le ha buscado una aplicación práctica a la simple adecuación de la Conjetura de Fermat en la biónica que engarza las formas modulares y las curvas elípticas, es decir, en el diseño de los sujetadores. Está demostrado que tn≠c1n+c2n para todo número n entero mayor que 2, donde t representaría el número de tetas y c1 y c2 el número de copas receptivas. No quiero adentrarme en los detalles de la prolija demostración, eso de sobra lo sabes tú. Pero si accionamos mediante un sistema hidráulico, o con la mano, los tirantes basculantes del camisón conseguiremos una estructura muy singular y moduladora, porque el tramo móvil de las tetas aumentaría considerablemente su recorrido natural al desplazarse balísticamente sin tener que soportar el peso superior de ningún otro vestido, compensando así los tramos colgados asimétricos laterales de cualquier otra prenda, bien sea esta una estructura resistente rígida, por ejemplo un tetero de mercadillo con armadura de acero oxidable, ¡un asco!, ¿sabes?, bien sea esta una estructura resistente liviana de seda natural con encajes de Holanda, por ejemplo un tetero haute couture Christian Lacroix. ¿Comprendes?, Terry, amor mío —terminó Carmelita la perorata.
A Terry no le cabía ninguna duda, todo estaba clarísimo. Sabía por experiencia que cuando las cosas se ponían complicadas lo mejor era quedarse en el refugio y no exponerse al fuego enemigo. La física no era su fuerte. Lo único que comprendió fue no sé qué de balística y no sé qué de un puente cantiléver que pasaba del plano vertical al frontal y por un momento pensó en aquellas fotos que tomó siendo un joven reportero cuando los croatas volaron el puente de Mostar, durante la guerra en la antigua Yugoslavia, en 1993. Dieron la vuelta al mundo. En el fondo era un cobarde, le dijo a Carmelita que sí con la cabeza.
—Pero la diferencia fundamental entre un tanga y un camisón es la curva que sujeta las partes íntimas de la prenda. La forma ideal de un tanga sería un triángulo cuyo vértice inferior, el que se presume más cerca de la parte íntima femenina, fuera disminuyendo, con lo que los tirantes laterales del tanga se elevarían por la cadera y enlazarían con otro tirante que ascendería por entre ambas nalgas hasta encontrarse los tres en la parte lumbar, sobre la vértebra LIII, que denominaríamos punto G. Esto daría al cuerpo de la mujer un atractivo especial. Sin embargo, y fíjate bien —Carmelita no paraba, Terry se había rendido a las declamaciones descriptivas de la chica—, en el camisón esta estructura portante no funcionaría. Aquí es recomendable una catenaria invertida simple, que no es, como tú piensas, una parábola. No, en realidad tiene la forma del coseno hiperbólico, como los puentes atirantados actuales, porque aquí, la torsión de una teta es insignificante respecto a la flexión que se produce por la deformación general del sujetador. Si en un principio la finalidad de los tirantes era crear una serie de apoyos adicionales al relleno y realzar el busto, ahora eso es innecesario desde que la liberación de la mujer y los movimientos feministas que pregonaban el rechazo al sujetador han conseguido que cada vez las mujeres lo utilicen menos. Por eso, los creadores de corsetería se han visto obligados a diseñar sus modelos inspirándose en los puentes de luces grandes, este planteamiento ha evolucionado hasta considerar a los tirantes como un medio de sujeción casi continuo, dada la elasticidad del tejido humano. Cuando ves un puente en cierto modo parece que ves un sujetador y cuando ves un sujetador en cierto modo estás viendo una síntesis textil de un cálculo de estructuras colgantes, un puente, que permite a las mujeres un equilibrio de masas que no sería posible sin su uso. Las tetas quedarían a su libre albedrío y el desequilibrio de fuerzas les provocaría dolores musculares en la espalda, cuando no lesiones irreversibles. Pero la misión de un camisón no es la de sujetar una masa muscular, no, porque se usa cuando vas a dormir y en posición horizontal, por lo que la proyección vertical del peso del pecho femenino no afecta tanto al desplazamiento intervertebral predominante en la posición erecta. El camisón no tiene misión portante, sino aislante, o seductora. Por eso el tirante del camisón es mínimo, como el del tanga.

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Carmelita miró fijamente a Terry. Terry a veces no entendía a las mujeres. En el Hotel Palestina, en Bagdad, en 2003, fue gracias al corresponsal de EL PAÍS, Paco Perejil, que se salvó de milagro del obús que un tanque americano Abrahams lanzó sobre los periodistas que allí se alojaban cuando la invasión yanqui de Irak. «¡Agáchate, Terry. Agáchate, Terry! Tira la puta cámara al suelo, que nos van a volar los sesos», le gritó el Perejil segundos antes de la explosión. Murieron varios periodistas españoles. El gobierno de Aznar miró para otro lado. Y cuando en la explanada de las mezquitas, en Jerusalén, en 2000, el ejército israelí disparó indiscriminadamente a los palestinos que lanzaban piedras a Ariel Sharon masacrando a siete de ellos, Terry pudo salir indemne y enviar unas fotos que se publicaron en todo el mundo. Sin embargo, Carmelita tenía algo que le paralizaba, no sabía qué. Por mucho aplomo que le había dado la vida de reportero la Flórez siempre le arrinconaba con sus palabras y nunca podía zafarse de sus argumentos irrefutables. ¿El tirante del tanga? No, no era eso, no era eso. Carmelita continuó.

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—Ahora bien, y con esto termino, a poco que conozcas algo de la evolución histórica del arte observarás que tanto en tiempos de Nefertiti como en la Grecia clásica las mujeres se ceñían el pecho con objeto de hacerlo más atractivo a las miradas masculinas. La seducción ha sido siempre una norma o un arma en el alma femenina. Qué crees que relajaba a Akenatón cuando llegaba cansado de pelear durante dinastías con las tribus levíticas, qué crees que era lo primero que hacía. Sí, eso, sólo le quedaba el consuelo de contemplar absorto la belleza de su esposa Neferu Aton, alias Nefertiti, luciendo la estola sagrada que colgaba de sus hombros a través de tirantes de seda mesopotámica. O cuando el dios supremo Zeus paseaba por los campos elíseos tras haber dirimido sus cuitas con Marte, ¿qué crees que deseaba? Sí, no otra cosa que contemplar la belleza serena del talle elevado que lucía Afrodita gracias al milagro de fruncir su túnica justo por debajo de sus senos. En el fondo, tanto Nefertiti como Afrodita no hacían sino aprovecharse de los principios físicos que antes te he enumerado: la conjetura basculante de fuerzas contrapuestas en los momentos flectores de las ménsulas sobredimensionadas; y el principio del puente cantiléver de distribución en catenaria de las masas flotantes, las tetas, ajustadas a un momento sinusoidal alternativo positivo-negativo en ángulos inferiores a 180 grados. Esa ha sido siempre y será la mejor arma de una mujer. El alma femenina es audaz y renueva en cada época los viejos trucos.  ¿Comprendes ahora, cariño mío, la diferencia entre un tanga y un camisón?

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Carmelita sonrió con una sonrisa cantiléver. Sus dientes blanquísimos resplandecían tanto que Terry se inquietó más aún. No sabía qué decir, se había quedado catatónico. Se sintió Mario Draghi, el todopoderoso capo del BCE, allí en Frankfurt, en el 2015, cuando aquella activista de Femen, apenas una niña, se subió a la mesa de conferencias y le arrojó a la chepa papelitos. Gracias a que el Draghi se acojonó Terry consiguió unas fotos que dieron la vuelta al mundo. ¡Qué careto de terror que puso el Draghi! Parecía que le atacara un ejército yihadista, el gurú de la economía, el sacamantecas de los gobiernos allí escondido bajo la mesa porque una chica le tiró confetis a la cara. Recordó aquellas fotos, la chica saltando, los escoltas corriendo, Draghi cagado, la chica tan contenta, él disparando su cámara, tres cachas la sujetaban con fuerza desmedida y ella riéndose de todos, gritando, le habían casi arrancado la ropa, medio desnuda, se le veía, se le veía el tanga…

         —No hay ninguna diferencia, bobo —sentenció Carmelita. La Flórez se desprendió del camisón y descorrió los lacitos coquetos que sujetaban su tanga y este, sin ataduras, se deslizó libre por la entrepierna cayendo al vacío.       —Ves —le dijo—, las dos prendas sirven para lo mismo, para quedar arrugadas en el suelo. Anda, ven.

        Terry Mangino entendió de golpe la teoría de la relatividad.

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     Fotos de Terry Mangino: Puentes sobre el río Jarama, Madrid. Los de estructura metálica son de 1910, ubicados en Arganda y Titulcia. El de hormigón y acero Frotrán es de 2002, también en Titulcia. Lema del Ala 12, del Ejército del Aire, dibujada sobre un Phantom F4 dado de baja que prestó servicio en Vietnam.

Largas esperas en las urgencias del hospital

Gabriel de Araceli (Texto y fotos)

                        LEER SOBRE LOS DUROS BANCOS DE ESPERA DE UN GRAN HOSPITAL. El paciente ha leído libros enteros (El guardián del centeno, J. D. Salinger. No le gustó) durante las esperas en esos tortuosos bancos de chapa metálica. A veces el paciente toma apuntes y escribe secuencias de un guion que duerme su noche eterna olvidado en una librería. Hoy se ha llevado “El hombre que amaba a los perros”, de Padura, un habanero que ama La Habana. Se lo recomendó su cirujano de digestivo en una de las consultas en las que hablan de literatura. A veces hablan del estado de salud del paciente, que es a lo que va al hospital. Leer sobre los duros bancos de espera en las urgencias. Una vez el paciente estuvo doce horas sentado en los duros bancos de espera, tenía una hemorragia por el recto. Por donde don Camilo absorbía una palangana de agua de un chupetón anal. En lugar de absorber como don CJC, el paciente vertía un líquido sanguinolento. Hacía dos semanas que le habían extirpado el tumor y le quedaba mucho líquido abdominal que debía evacuar. Se pasó doce horas en aquel duro banco de las urgencias del hospital. No tenía control sobre sus esfínteres y cagaba aquel líquido sanguinolento con vergüenza. La tensión en las urgencias se cortaba con un cuchillo. La gente es muy mal educada, la gente cree que tiene más derecho que nadie. Los otros pacientes, que están también muertos de dolor no existen para la gente, que se cree que son ellos los importantes y los que tienen preferencia. Y parece que se establece una carrera de exigencias para que te traten primero basada en los méritos dolorosos propios. La gente es muy mal educada y se pone nerviosa y trata mal a los médicos y a las enfermeras y a los administrativos que les asisten en las urgencias porque tardan el tiempo que requiere la cosa. Y los enfermos se creen que todo es automático y que las pruebas y las radiografías y los análisis y las ecografías y las resonancias son instantáneos y no entienden que todo necesita un esfuerzo y empiezan a suspirar y a poner caras agrias y levantan la voz y después se quejan chillando y por más que les dicen que les están atendiendo y que esperen, porque no hay otro remedio, la gente se enfada y se altera y pierde la compostura y el decoro y se ponen bordes como si fueran a descabellar a un toro y miran para los médicos como si tuvieran el estoque en la mano, o en los ojos. ¡No sabe usté con quién está hablando!

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          El paciente leía y leía sobre los duros bancos de chapa metálica mientras la tensión iba subiendo. Al final estalló casi con violencia y tuvo que venir Seguridad para poner orden, para que los pacientes y los acompañantes no increparan a los médicos o a las enfermeras o a los administrativos. Pero no fue suficiente porque la gente es muy mal educada y muy borde y la emprendieron a gritos y a insultos con los seguratas porque la gente es muy mal educada. Y vinieron hasta los guardiasciviles. No intervinieron, sólo rogaron a la gente que se tranquilizara. Y la gente maleducada se tranquilizó. La gente maleducada se observaba con miradas perdonavidas, venga a decir que ¡vaya hospital y que vaya médicos y que vaya seguratas y que no pagaban a la Guardia Civil para que entrara en un hospital! Y que ellos pagaban sus impuestos y que les iban a oír y que los políticos eran unos canallas y que les robaban a los ciudadanos y que la corrupción y que si tal y que si cual, y que no iban a votarles más. Y después, ¡hala!, se pusieron todos a hablar a gritos por teléfono a pesar de que estaba prohibido. En las salas de espera de urgencias de los hospitales está prohibido hablar por el móvil. Lo pone en carteles muy grandes cada cinco metros: Prohibido hablar por teléfono. Apague su móvil. Prohibido hablar por teléfono. Apague su móvil. Pero nadie hace caso, todo el mundo habla por teléfono a gritos, como si quisiera contar a los demás sus problemas. Además, llevan unos teléfonos enormes y carísimos. Cuando suenan los teléfonos carísimos se oye un soniquete hortera que pone los pelos de punta a los calvos que esperan sobre los bancos de chapa dura de las salas de los hospitales doblados por el dolor, en las urgencias. Todo el mundo habla a gritos conversaciones banales en las que se cuentan sus aburridas existencias y se reprochan o se insultan por teléfono: Eres un ¡chingado de la gran chingada! O se besan y se aman: ¡Amog mío, te quiero tanto!

          Pasan muchas cosas en las salas de espera de las urgencias de los grandes hospitales. La gente está muy malita y busca remedio a sus males. Y ves por el pasillo a personas en sillas de rueda con un rictus de dolor y de agonía, o van gentes muy flaquitas con el rostro descompuesto, o con mascarillas, o con oxígeno, o con muletas, o acompañados por un familiar que se desvive por ellos. Y las salas de espera de urgencias están siempre llenas de personas muy feas y muy mal vestidas, horriblemente vestidas porque son muy humildes y llevan años con su enfermedad, o están aterrorizadas porque sospechan que sus males son muy malos y se espantan sólo de pensar que puede llegar pronto su final porque lo que tienen no tiene buena pinta. Y en los hospitales hay un montón de gente de todas las razas, nacionalidades y clases sociales, que hablan lenguas raras, algunos muy bordes e irascibles que parecen los malos de una película de Alex de la Iglesia, pero que son personas y no actúan, porque las urgencias no son un cine. O sí. Y otros pacientes son educadísimos y elegantísimos, que parecen maniquíes del Vogue o de Elle. Y hay otros que parecen salidos de la revolución chavista. Y los bancos de las salas de espera de las urgencias de los grandes hospitales se llenan también de viejecitos que acaban de venir desde un pueblecito de la sierra, con su chaqueta de pana y su boina de domingo y no saben cómo sentarse porque se creen que molestan. Y hay otros viejecitos vencedores, que parecen sacados de un anuncio de esos en los que venden vacaciones y snorkle para jubilados en los celotes de México lindo y querido. Y hay tipos calladitos que lo observan todo, sentaditos sin decir ni mu en los duros bancos de espera de los grandes hospitales. Y hay otros, mayores, que hablan por los codos y se enrollan con el vecino de banco incómodo y le cuentan lo ¡guapos que son sus nietos!, y que su hijo mayor conduce un furgón de custodia de dinero que va recogiendo las recaudaciones por los Ahorramás, y que está muy contento porque llevaba tres años sin trabajar y que no gana mucho pero que lo mismo el año que viene lo hacen fijo y entonces, ya, lo mismo gana mil euros, que no está nada mal en estos tiempos. Y el otro mayor, que no es tan mayor, le cuenta que trabajó treinta y cinco años en la fundición Aristrain y que lo prejubilaron, y que le quedó una pensión muy mala, y que ahora se pasa todo el día escuchando las manías que tiene su mujer, que siempre le está molestando porque no se pone el traje nuevo que le compró en las rebajas de un utlé para ir al médico, que él está más cómodo con el jersey de lana. Y el paciente está deseando irse a su casa porque le duele la espalda y el pecho y las piernas y el culo y los brazos y no sabe cómo ponerse por más vueltas que da en los bancos duros de chapa de las urgencias. Y el paciente se estira y se encoge y se pone de pie y se sienta y se pone de nuevo de pie. Y su número no sale en la pantalla porque hay tantos enfermos y tanta gente malita venida de toda la provincia que las esperas se hacen interminables. Cuando le llaman, ¡por fin!, brinca del banco de chapa incómodo y al principio le cuesta mantenerse en pie porque tiene el cuerpo anquilosado y como de cartón-piedra de tan larga espera. Y entonces camina los primeros pasos dubitativo y con miedo, pero enseguida recupera su compostura y pasa a una cabina y enseguida pasa a la sala de radiografía. Y una señora, muy educada y muy amable, que tiene una vocecita que casi no se la oye le dice que te pongas así y asá y asado y él se pone así, de espaldas, y asa, de perfil, y asado, con los brazos en alto. Y le dicen que muy bien y que yastá y que te puedes ir. Y el paciente se va a la otra consulta porque le están esperando desde hace ya treinta minutos. Y cuando pasa al lado del banco de chapa, ese tan incómodo, le dan ganas de sacarle la lengua. Pero no lo hace porque hay otra paciente con aspecto de india sudamericana con un teléfono carísimo y muy grande que habla a gritos y que le dice a un conversador al otro lado del móvil que le ¡quiere mucho, amog, amog, no sé qué haría sin ti, mi vida! Esperar y esperar en las salas de espera de las Urgencias de los grandes hospitales es lo que tiene. Sí, es como asistir a un concentrado de la realidad cotidiana, es escuchar las tristes existencias de las gentes que se sientan en los bancos, enterarse de sus tristes vidas, de sus tristes problemas, de sus historias descarnadas y de sus enfermedades tan malas y de sus inquietudes y de sus miedos y de sus necesidades y de sus esperanzas, la triste realidad de las tristes vidas de las tristes personas que están en el mundo, a nuestro alrededor. Es como si, de repente, buceáramos en nuestra aburrida y triste vida.

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         Y por eso no queremos saber nada de la existencia de los otros, porque nos recuerdan la nuestra y nosotros nos creemos diferentes y mucho más guapos y mejor vestidos que ellos. ¡Dónde va a parar! Y nos ponemos nerviosos y nos enfadamos y miramos de forma asesina a los médicos y a las enfermeras y a los administrativos y a los seguratas y a los guardiasciviles…Y somos, en el fondo, igual que todos esos que se sientan a esperar en los bancos incómodos de chapa gris de las urgencias de los grandes hospitales. Un hospital es tu vida misma. Y ahí, sentados en los bancos incómodos de los grandes hospitales nos pasan la película de nuestra vida que no queríamos ver. Las salas de espera de las urgencias son el mejor cine al que podemos asistir porque está lleno del drama diario de vivir, de nuestros íntimos deseos, de nuestras profundas frustraciones y de alguna alegría cuando te dicen que no tienes nada, que estás más sano que un rosal en primavera.