Gabriel de Araceli

El 26 de abril de 1937 la Legión Cóndor junto con la aviación italiana y el beneplácito de Franco  bombardeaba Guernica, dejando un reguero de muertos inocentes, de sangre y de destrucción. Era la primera vez que se utilizaba a la población civil como objetivo de guerra. Ahora es una práctica habitual como sucede en Siria o en Afganistán. En todos los conflictos bélicos los muertos no son más que una estadística del terror de los tiranos o de la política geoestratégica que utilizan los estados para conseguir sus oscuros fines.

En el 9, rue des Grands Augustins pintó Picasso, en mayo de 1937, el Guernica.

Picasso andaba renqueante ante el encargo que le hizo la República, a primeros de enero de 1937, de pintar un cuadro de gran formato para el pabellón que representase a España en la Exposición de París, que se iba a celebrar de mayo a noviembre de ese año. El bombardeo de Guernica propició la inspiración de su arte y en poco más de un mes realizó el cuadro, que se expuso en el pabellón diseñado por Jose Lluis Sert. En el Museo Reina Sofía se guardan, además del cuadro y de los bocetos preparatorios, fotografías, maqueta del pabellón, etc., los documentos acreditativos que certifican el pago por el estado español al pintor, una carta que Max Aub envía a Luis Araquistain, embajador de España en París, en la que consta el pago de 150.000 francos franceses al artista.

La historia legendaria del cuadro forma parte de la historia de España, o de la historia de los seres humanos, una historia que a veces se confunde con la actualidad de forma indisoluble. Los demonios del mal siguen planeando sobre la humanidad, prestos a descargar sus bombas a la menor ocasión.

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