Hace un año, París se teñía de sangre por la barbarie terrorista de los fanáticos islamistas asesinos. Un año después, La France rinde homenaje a las víctimas inocentes masacradas por la barbarie de la intolerancia. Esta es una crónica escrita desde el corazón de la France.


Ana María Pulido

“París rima con vie y tolerance con France”. Un año después llueve intensamente en París, parece que la ciudad llorase a sus muertos en este día de duelo nacional. 130 vidas segadas cruelmente y otros cientos y cientos que apenas se recobran de sus heridas y sus pérdidas. En este viernes 13, dejamos atrás un año que nos ha cambiado la vida cotidiana pero también nos ha enseñado muchas cosas. Hemos tenido que enfrentarnos con el miedo ante las multitudes, aprender a hacer la cola dócilmente para acceder al cine, a las grandes superficies,  convivir con el detector de metales, y dejar el pudor de lado quitándonos el abrigo, abriendo nuestro bolso  ante un desconocido para entrar a museos, teatros, supermercados. Los profesores, además, hemos debido acostumbrarnos a hacer simulacros de ataque en los centros cada cierto tiempo, encerrados en la clase, sentados en el suelo bajo las mesas, intentando que la cotidianeidad de guardar silencio en total oscuridad no reste importancia y seriedad al acto. Durante este año también en los barrios, en el metro, hemos visto formar parte del paisaje urbano las patrullas militares que en número de seis o siete pasean metralleta en mano.

Una patrulla del ejército francés vigila una calle de París, 13 de noviembre de 2016.

París era un sueño y bruscamente unos asesinos nos dejaron una ciudad en estado de guerra. Sin embargo nadie parece estar dispuesto a despertar de ese sueño: “Paris debout”, “Même pas peur” fueron las consignas al despertar de la noche sangrienta. Los parisinos hacen colas, se quitan el abrigo, las viejecitas hablan con los militares, algunas personas les dan la mano, los alumnos aceptan los simulacros obedientes, las terrazas se llenan cuando el tiempo lo permite… nadie protesta, nadie se doblega. No se puede renunciar a la vida.

Varias cadenas de televisión informan en directo frente a la sala Bataclan, el 13 de noviembre de 2016.

La madre de una de las víctimas del Bataclán, una señora elegante y serena, con carmín en los labios, decía ayer en televisión que había perdido a su hija de veinte años y estaría presente en el concierto de apertura de la sala.”Paris c’est la vie”, nadie nos quitará las ganas de vivir, decía esta asombrosa mujer. El hijo de la única víctima en el estadio de Saint Dénis, a la inversa ha perdido un padre. Y agradecido a Francia por su acogida, portugueses ambos, lo único que pudo decir con vehemencia al destapar la placa homenaje in memoriam fue: “¡Vive la paix et la tolerance!”, “¡Vive la France!”

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Controles de seguridad en la sala Bataclan el pasado 12 de noviembre de 2016, en el panel se anuncia la actuación de Sting.

Un español nunca dejará de asombrarse ante este pueblo unido y orgulloso de la Galia que hace dos días enarbolaba patrióticamente sus banderas en los ayuntamientos, edificios públicos, parques, autobuses. Cada francés desde hace casi cien años cuando llega el 11 de noviembre celebra la fiesta del Armistice, el fin de la 1ª Gran Guerra. Desde ahora en adelante, el 13 de noviembre celebrarán la paz y la vida ante la barbarie porque “Paris c’est la vie”.

® Fotos y texto de Ana María Pulido


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