Creerse inmortal y no serlo. La vanidad de perpetuarse. La necesidad  de ser recordado. El miedo a lo desconocido, ese maná del que se nutren los profetas del apocalipsis.


El sueño va sobre el tiempo
flotando como un velero.
Nadie puede abrir semillas
en el corazón del sueño.

El tiempo va sobre el sueño
hundido hasta los cabellos.
Ayer y mañana comen
oscuras flores de duelo.

Sobre la misma columna,
abrazados sueño y tiempo,
cruza el gemido del niño,
la lengua rota del viejo.

García Lorca

®Fotos de Ángel Aguado López

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