Gabriel de Araceli (®Fotos y texto)

Aún no disfrutaba a perpetuidad de la suite imperial que se había construido en el Valle de los Caídos, que jugaba al golf en La Herrería. «Su Excelencia ha hecho un birdie en el hoyo siete» aseguraba entusiasmado al diario PUEBLO Alfredo Sánchez Bella, entonces ministro de Información y Turismo, mientras una legión de súbditos españoles, entonces no eran ciudadanos, aprovechaba el verano para trasladarse a Perpignan para ver “El último tango en París”. A la vuelta a la patria todo era mantequilla y el felpudo de la Maria Schneider, que eso fue lo que sacaron en claro aquellas hordas de reprimidos forzosos tras ver la película de Bertolucci.  1972. Era un mundo… diferente. Bobby Fischer noqueaba a Spassky en Reykiavik; Mark Spitz conseguía siete medallas de oro en Munich antes de que Septiembre Negro aterrorizara los Juegos Olímpicos. USA explotaba su 753 bomba termonuclear de las 1132 que estalló con fines experimentales, mientras que sus B52 bombardeaban científicamente las posiciones de los vietcong más allá del paralelo 17. En Derry, Ulster, el Primer Batallón de Paracaidistas inglés dispara contra una protesta católica a favor de los presos del IRA y mata a 13 personas, el Domingo Sangriento.

Y en España, qué. Pues en Galdácano, un comando de encapuchados de ETA exhibiendo armas lee por primera vez un manifiesto independentista. Pepe Legrá se confirma como campeón de Europa de los plumas tras vencer al inglés Armstrong. El ministro Gregorio López-Bravo, 100 por cien Opus Dei, declara que los saharauis decidirán ellos mismos su futuro. El cardenal Tarancón es elegido presidente de la Conferencia Episcopal. Y un hecho insólito, increíble en un país sin vocación nevada, que todo era fútbol, como ahora: Paquito Fernández Ochoa consigue en Sapporo la medalla de oro en el eslalon especial. Y lo mejor, lo más plus de lo plus, se proyecta en las pantallas españolas “El padre de la criatura”, interpretada por Paco Martínez Soria y Florinda Chico.

Una obra de arte. Last tango in Paris, cuarenta y cinco añitos. La vida que se le escapa a Brando, la que quiere descubrir la Schneider. Víctimas-verdugos recíprocos. El personaje tontorrón de Jean Pierre Léaud, la música de Gato Barbieri, esa atmósfera gris interior de París y Bertolucci, inmenso.

Que reste t’il de nos amours?

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