Gabriel de Araceli

     El ajedrez es como la vida, o quizás la vida es como el ajedrez. Los dos se juegan en un tiempo y en un espacio determinado (el tablero, el mundo). Los dos son cruentos, si te equivocas lo pagas caro. Y no hay marcha atrás, hay que mover siempre, no se puede parar porque se te acaba el tiempo. Y pierdes.

     Robert James Fischer y Arturito Pomar y Rodolfo Tan Cardoso tenían algo en común. Fueron niños prodigios y genios. Se sabe que Bobby Fischer tiene acreditado el cociente de inteligencia más alto de todo el siglo XX, superior a Einstein: 187. Y, sin embargo, su vida fue dura, arrastraba una enfermiza paranoia que le hacía odiar al mundo y murió en la indigencia, hace ahora diez años, a los sesenta y cuatro, como las casillas del tablero. Las victorias de los tres ajedrecistas las utilizaron los gobiernos de sus respectivos países como arma propagandística.

     Arturito Pomar hizo tablas con Alekhine con doce años, en 1944. Aquello fue para el régimen franquista una mina inesperada y exhibió por los NO-DOs a Arturito como un éxito de su política. En medio de la penuria post-bélica en la que se encontraba la ruinosa patria, aquel niño trajeado y repeinado, con pantalones cortos suponía un éxito demasiado goloso como para no asignarse su paternidad. Después, el régimen lo olvidó y lo condenó a un ostracismo, a un exilio interior, a la mediocridad de una vida de cartero, en un momento histórico en el que las grandes figuras del tablero representaban para sus países la mejor publicidad nacional posible.

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      En 1957, la Pepsi-Cola organizó en Nueva York un enfrentamiento entre los dos grandes maestros más jóvenes de la historia, de Asia y de América: Rodolfo Tan Cardoso, que tenía entonces veinte años, y Bobby Fischer, con apenas catorce y que acababa de proclamarse campeón absoluto de USA. El acontecimiento se presentó en Filipinas como un desafío entre un país emergente que luchaba contra el colonialismo imperialista yanqui. Fischer destrozó a Cardoso por 6-2. Y la derrota fue tan dolorosa para el régimen filipino que lo dejó abandonado a su suerte. Tuvo que ser la Pepsi-Cola, un representante simbólico del capitalismo, la que repatriara a Cardoso y se hiciera cargo de sus gastos, porque la dieta con la que Filipinas lo envió a USA, 200$, no le alcanzó ni para las necesidades básicas.

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     Cuando, en 1972, Fischer propinó a Boris Spassky (otro niño prodigio) una tremenda paliza en Reikiavik (+7, -3, =11), la administración Nixon-Kissinger se apresuró a abanderar el éxito de Bobby como su victoria. Era el mundo libre el que vencía al comunismo. En el momento más álgido de la guerra de Vietnam, cuando los B52 bombardeaban con napalm por encima del paralelo 38, USA se arrogaba la victoria sobre la perversa URRS en el terreno en donde el enemigo siempre se mantenía hegemónico, el ajedrez. Triunfaba la libertad de pensamiento, de consumo frente al totalitarismo del Kremlin. Sin embargo, la personalidad rebelde y caótica de Fischer condujeron al ajedrez a una situación explosiva. Fischer se negó a enfrentarse a Kárpov y fue despojado de su título en 1975, precisamente cuando la federación internacional de ajedrez, la FIDE, estaba dirigida en la sombra por el filipino Florencio Campomanes, un gánster próximo a Ferdinand Marcos. Parecía que Filipinas se vengara de aquella derrota ominosa que sufrió años antes Cardoso. Pero el gran Bobby no toleró aquella usurpación y tras dos décadas de olvido y oscurantismo propios de su carácter, en 1992 volvió a derrotar a Spassky en la antigua Yugoslavia. Un encuentro prohibido por la administración de George Busch (padre) que en mitad de la guerra de los Balcanes y cuando ya había apuntado maneras en la guerra contra Sadam, en Kuwait, impidió a sus conciudadanos cualquier contacto con el régimen de Belgrado. El ajedrez era más peligroso que los misiles Tomahawk. Las consecuencias para Fischer fueron terribles. Se enfrentó a Busch y renegó de su país. Aquel gesto de desobediencia le costó convertirse en un perseguido, en un apestado, en un paria internacional, en un apátrida. Su fama de genio inconformista y obsesivo se extendió por el orbe. En 2005 Islandia le dio la nacionalidad como gesto humanitario y agradecimiento por el reconocimiento mundial que para la isla tuvo el match de 1972 y allí pasó sus últimos años, casi escondido y rumiando su odio al mundo.

     En 1962 Fischer y Arturito Pomar se enfrentaron en el torneo interzonal de Estocolmo. Pomar tenía treinta años y estaba en la cima de su carrera. De haber sido soviético sin duda hubiera llegado a campeón del mundo. Los rusos le temían, le planteaban siempre aperturas cerradas que le obligaban a estar muchas horas frente al tablero. Llegaba agotado a la siguiente partida. El equipo soviético era un bloque impenetrable, rocoso, con tantos agentes del KGB como analistas, que desmenuzaban cualquier posición para sus grandes maestros sin que estos se fatigaran. Entre ellos acordaban las victorias o las derrotas. Pomar luchaba solo ante el peligro, como Gary Cooper, abandonado por su pueblo, se tuvo que pagar el hotel de su bolsillo, sin saber inglés, sin ayudantes, sin nadie con quién hablar durante los dos meses que duró el torneo, en el crudo invierno nórdico. Él, que venía de Mallorca. Y, sin embargo, ganó entre otros al temible Geller (¡le venció en 29 jugadas!), hizo tablas con Portisch y con Gligorich y terminó el once entre veintitrés: +7 -5 =10. El rendimiento de Bobby fue extraordinario: +13 -0 =9.

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     Robert James Fischer y Arturo Pomar Salamanca se enfrentaron en la 9ª ronda, el 10 de febrero de 1962. Fischer jugaba con blancas y abrió el juego con e4. Pomar respondió con c5. Planteó una defensa siciliana, variante Nimzowitsch. Y durante nueve horas, ¡nueve horas!, según confesó Pomar después, ambos contendientes se acuchillaron mutuamente sin conseguir doblegar al contrario. Una partida a la bayoneta, agresiva, dinamitera. Un final en el que Pomar se vio obligado a repetir jugadas y Fischer a dar jaques continuos ante la imposibilidad de coronar su peón de torre de la columna a, su rey ahogado en la esquina a8, la navaja del alfil negro de Fischer incapaz de pinchar a las piezas de Pomar, atrincheradas en casillas blancas, el caballo de Arturito saltando como loco de blanco a negro, de negro a blanco, de blanco a negro, el rey negro en un movimiento pendular c6, c7, c6, c7, c6, c7. Firmaron tablas tras setenta y siete movimientos.

     Bobby Fischer falleció el 17 de enero de 2008, en Reikiavik. Rodolfo Tan Cardoso falleció en Manila, el 21 de agosto de 2013. Pomar falleció el 26 de mayo de 2016, en Barcelona. El hombre propone y la vida, o el ajedrez dispone.

 

Enlaces relacionados

Arturito Pomar, un genio en el país de la nada

Partida entre Bobby Fischer y Arturo Pomar. 10 de febrero de 1962. Interzonal de Estocolmo.

[El que esto escribe tuvo el honor siendo niño (que no prodigio) de jugar en Madrid (¿1971?) contra Rodolfo Cardoso. Perdió. Lamentablemente no conserva la planilla con la anotación de aquella partida.]

 

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