Hace ahora cinco años se inició en la Puerta del Sol de Madrid una concentración espontánea de personas inconformistas sin nexo alguno (más allá de la indignación que les producía el estado de las cosas, el sistema), que sin aparente organización o sin una cabeza rectora se pusieron a protestar por lo que veían de injusto y discriminatorio y por el trato que la Administración les ofrecía. Y como una gran bola de nieve aquel movimiento infantil creció y se hizo adulto y desembocó en una protesta multitudinaria que hizo temblar a los gobernantes, que asombrados veían que los adormilados ciudadanos despertaban de su modorra gritando consignas molestas. El 15 de mayo, el 15 M fue a más y a más y traspasó las fronteras y empezó a hablarse de la Spanish Revolution y tuvo brotes epidémicos en diferentes lugares del mundo y parecía que el virus de la indignación se inoculaba por el supuesto planeta del bienestar y atacaba a los tejidos sin que los dirigentes del club Bilderberg ni los de FMI ni el G20 ni los gobiernos de Bruselas pudieran hacer nada por detenerlo, que estaban temblorosos y cabizbajos pensando como atajar semejante sarampión. Y en Madrid duró cuarenta días con cuarenta noches, aquellos microbios acampados en tiendas de plástico solidario soportando el calor o el frío, doña Espe a la sazón marquesa de Madrid toda acongojada, ¡qué asco de perroflautas! decía huyendo por la Gran Vía porque le ocupaban el patio de su casa, que como broma yastaba bien decían los banqueros, el ministro del Interior que si mando o no a los de la porra, el gallardo don Alberto todo camuflado de demócrata mirando al tendido sin pestañear.

Pero era mucho aquello para que el sistema no lo engullera, el 68 madrileño no podía cambiar el mundo y el mundo lo cambió a él no haciendo nada. Todo se quedó en un susto, aunque brotaron inquietudes y lamentos, aunque la ciudadanía se desperezó y aparecieron nuevos partidos y exigencias el sistema reaccionó a tiempo y la farsa democrática absorbió la inflamación y se hizo aún más fuerte a la enfermedad de los indignados. Cinco años después el panorama no ofrece muchas esperanzas. Se vislumbran pocos cambios en el horizonte político y ni el tumor de la corrupción  evita que la amenaza de la inacción de don Tancredo se proyecte de nuevo sobre la sociedad como una fatalidad insalvable. Todo está atado y bien atado, que decía el maestro de los que ahora nos gobiernan.

¡Ay, qué bonito fue el 15 M!

Textos y fotografías de Ángel Aguado López


 

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