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IMG-20150111-WA0002  Ayer, viernes 13, por la noche preparaba un examen de historia sobre las civilizaciones antiguas. Mi hijo veía tranquilamente el fútbol a mi lado cuando los comentaristas comenzaron a decir: “fussillade à Paris, prise d’otages…”, las palabras terribles que aún resonaban en nuestros oídos desde los ataques de enero.

¡No, otra vez no! Era “du déjà vu”. Inmediatamente nos peleamos por el mando a distancia para cambiar de canal. Faltaban unos minutos para acabar el partido pero era primordial saber qué estaba pasando. Nos quedamos sin habla.IMG-20150111-WA0011 - copia

A mi hijo ya le daba igual el fútbol. El horror desfilando por la pantalla, desgranando el mismo tipo de imágenes que vimos a comienzo de año. Aún más terrible por el desconcierto generalizado. Diversos tiroteos simultáneos y miles de personas atrapadas en una sala de conciertos. Disparos, carreras, gritos, ambulancias. Después el Presidente de la República con voz titubeante: “État d’emergence, fermeture de frontières…”

Demasiado para encajar de nuevo. No queremos habituarnos a la violencia. Lucharemos para que no nos deje indiferente la barbarie si se tiene que convertir en algo cotidiano. Y vamos a seguir viviendo, paseando por el Sena, trabajando y defendiendo nuestras ideas, dejando el miedo de lado.
El viernes por la mañana en la clase de historia hablábamos de las supersticiones de los pueblos antiguos debido a su ignorancia. Una alumna dijo que a pesar de todo, los viernes trece pasan cosas y creía en ello.
El lunes cuando entre en clase seguiré convenciendo a mis alumnos de que las supersticiones son absurdas y que son la ignorancia y la barbarie las que engendran violencia, guerras y falta de libertad.

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Texto y ©fotografías: Ana María Pulido Infante

(Ana María Pulido es profesora de español en París)

(Las fotografías corresponden a la manifestación celebrada en París en protesta contra el atentado sufrido por el semanario Charlie Hebdo, en enero de 2015)



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