Carmelita Flórez

Al lector le invade una sensación extraña de estar vigilado al recorrer las páginas de “CÁMARA NEGRA”, la novela de Juan Fernández Sánchez. Y se le eriza la piel cuando al pasar la vista por sus párrafos su pensamiento abstracto se concreta en reticencias sobre la legitimidad del Sistema que le ofrece la lectura, que esas dudas pueden estar siendo grabadas y usadas en su contra por algún instrumento secreto incrustado en su cerebro, que se ha iniciado ya contra él un juicio sumarísimo con sentencia previa condenatoria inapelable. Porque presiente que un dedo acusador, un ente invisible le señala como enemigo a batir simplemente por dudar de la necesidad de un centinela fiscal atento a cualquier deriva que elabore su mente contra el Gran Hermano. Porque al volver la página puede encontrarse con una denuncia anónima si su opinión no comparte la bondad y necesidad de la opresión que sufre por su bien, si es reticente sobre el método obscuro que, en su beneficio y en el de la comunidad ejecuta, implacable, el Estado.

Juan Fernández, autor de CÁMARA NEGRA, junto a Luis Miguel Úbeda, periodista de Radio Nacional durante la presentación en la Librería La IMPRENTA, calle Monteleón, 5, en el madrileño barrio de Malasaña, donde se puede adquirir la novela.

Todos dudamos de todos, vigilantes siempre, atentos, todos podemos convertirnos en cómplices, en aliados fieles al Sistema. O sus enemigos a los que hay que eliminar. Vivimos un momento en el que el Poder oprime al ciudadano desde todos los ángulos de su observada existencia: el vecino con el que te cruzas en el portal al bajar la bolsa de basura puede ser un colaborador secreto, un espía a sueldo que delatará cualquier duda que te surja. O el amigo íntimo, o el compañero de mus, o esa viejecita con lumbago a la que ayudas a subir al ascensor y dejar en su puerta el carrito de la compra. Puede que haya transmitido al Poder aquel comentario jugoso que hiciste sobre aquel ministro cocinero del Interior y su ángel de la guarda, Marcelo, que premió a una talla de una virgen con medallas policiales. Hay que ser y estar con el Sistema. Siempre.

 Y vienen a la memoria del lector, ya prevenido y vigilante cuando pasa las páginas, esas grandes cloacas del Estado en las que todos los gobiernos depositan sus bolsas de basura a escondidas para perpetuarse en el Mando. Ese partido único que son todos a la vez, esas prácticas ejecutivas decoradas exteriormente de Democracia, ese relato colectivo secreto que no es más que un ente anónimo que se reproduce continuamente y que sin citarse se citan en el libro: el caso Almería, o la desaparición de Pertur, o de Publio Cordón, o Lasa y Zabala, o el secuestro de Segundo Marey, o el cuartel de Inchaurrondo, o las prácticas cocineras contra el contable genovés para eliminar de sus asientos los apuntes molestos del libro Diario.

Juan Fernández, premio TIFLOS de Novela 2017 entre otros premios recibidos, durante la presentación de CÁMARA NEGRA el pasado 23 de mayo.

Conducido por una reportera de guerra transida de dolor la novela transcurre en un ambiente ominoso. Se adivina un homenaje a Robert Capa y Gerda Taro, aquellos héroes inocentes que perdieron su vida en plena juventud por denunciar la opresión que el Poder ejecutaba eliminando, entonces como ahora, las libertades públicas. La acompaña en la narración una médica fiscal, testigo incómodo y a la vez necesario para la legitimación del Poder, que autodesaparece para evitar su desaparición absoluta. Conmigo o contra mí si quieres sobrevivir, o quedar eliminado. La Inteligentza es una cámara negra que lo graba todo.

Mire por los rincones, debajo de la cama no sea que le hayan adosado en el somier un paquete sospechoso, compruebe que no hay micrófonos escondidos al empezar a leer la novela. Baje la persiana. No se fie de nadie, mantenga el teléfono cerrado. Mejor es asegurarse de que nadie le observa cuando comience la lectura de esta absorbente novela.

Una estética de ficha policial presenta la portada del libro. ¿Estará el autor libre de toda sospecha?