Carmelita Flórez. Fotos de Terry Mangino. Vídeo Anne de Saint Germain des Prés

Guitarras, batería desmesurada decorada teatralmente de calaveras neandertales y cráneos de cabras montaraces, bajo, voz que estimula y avisa como el silbido de la locomotora de carbón, amplificadores Marshall, decibelios, underground subterráneo de garaje, atletas melenudos ejecutando implacables arpegios en las Jackson y en las Gibson.

 

OMISSION: Una banda de veteranos rockeros de acordes pétreos como un tsunami que avanzara rompedor por la atmósfera, la piel erizada al contacto con ese sonido granítico de barriada industrial. Habitantes de la periferia obrera de San Blas, lugar que fue sede de los periódicos en papel de la Transición, el suburbio de Madrid al que aún no llega la “gentrifricación” ni la avalancha del turista maletero, lejos del “perreo” y del papamóvil que amenaza con inundar las calles de la gran ciudad de homilías y llenarlas con felicidad espuria importada de las fábricas de sotanas blancas y ritmos de barranquillas latinas.

OMISSION: Casi una nostalgia de sonido ajeno al paso del tiempo y de las modas; duro, correoso, inasequible al desaliento, contrario a la música de usar y tirar. Una estatua bruñida de bronce entre las escayolas raídas de las efímeras modas musicales.

OMISSION: Pelotazo agridulce, casi ácido, contra el consumismo de las orejas dependientes de las listas de éxitos bastardos impuestos desde Miami. Chicos malotes y honrados padres de familia.

OMISSION: La trinchera donde regresa siempre el fugitivo, un agujero queda para tí, donde no queda sitio para nadie que no sea vencedor en la derrota diaria con la que arrastramos la existencia.

OMISSION: Una encrucijada, guerrilleros refugiados en la cantera del rock, los últimos valientes en la refriega contra el aullido del consumo musical invasivo. Un puñetazo en los oídos para espantar los fantasmas de lo estéticamente correcto, desaprensivos entre las dieciséis cuerdas del cuadrilátero: pegada, comba y esgrima en el combate del escenario. Victoria por KO técnico en el tercer asalto. Su calor llega al público expectante como una sorpresa inesperada.

Pongamos que hablo de OMISSION: Escúchenlos. Si se atreven.

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