Agustina de Champourcín
Una suerte de fantasma iluso o de encarnación de la voluntad de escribir inasequible al desaliento viene a la memoria al revisar la novela “La literatura nazi en América”, obra del chileno Roberto Bolaño, escrita en 1996. Sí, el lector se encontró en el expurgo de una biblioteca pública con un ejemplar impecable de ella, edición de 1998, absolutamente virginal, sin mácula alguna, clara señal de que nadie jamás, ningún lector a lo largo de treinta años se había interesado por ella. Y del autor recordaba que aparece como un figurante secundario en la novela de Javier Cercas “Soldados de Salamina”. Ese fue el motivo que le indujo a adentrarse en la espesura del libro, lo que podría ser una selva enciclopédica de citas, lugares y personajes irrelevantes apostantes por la intransigencia e inventados por la fantasía de un escritor romántico.

Porque la novela, así es a pesar del despiste que provoca el título, se forja entre la patraña, la invención y la proclama de un autor iluminado que nunca tuvo amores con la ayahuasca, ni siquiera con el alcohol. Locura y genialidad a partes iguales, como un disco rayado de Pink Floyd. Se deslizan varias preguntas realizadas por un mudo que ofrece varias respuestas silenciosas. Escritura bárbara en la que se mezclan poemas escritos por presos de Carabanchel, junto con una suerte de fantasmas o de encarnación de la voluntad en el taller de literatura del personaje Martín García, alias Ramírez Hoffman, o alias los Mendiluce, situado en el sórdido anfiteatro de la facultad de medicina de Concepción, Chile, donde los estudiantes diseccionaban cadáveres. Nada tiene sentido en esa relación de fingidos autores que recorren el paisaje sudamericano ensalzando en silencio el nazismo en tiempos de las dictaduras chilenas o argentinas. Y el mismo autor recoge que la obra, vislumbres de una originalidad implacable y quimérica, con creadores ficticios, fue leída por amigos y enemigos como una tomadura de pelo monumental rayana en la esquizofrenia.
Y en ella se funden, disparate tras disparate, los violentos futboleros de las “Barras Bravas”, junto con la subversión que produjo la Guerra de las Malvinas. O se cita dos veces a Dionisio Ridruejo, pobre él, tan comprometido con sus ideas sociales y amoríos germánicos. Libro de no escritores para que sea leído por no lectores, las palabras pasan como escarabajos incomprensibles. Personajes efímeros, tiempos imposibles y sucesos falsos como una tomadura de pelo, aliñados por un carrusel de invenciones salidas de la imaginación de dos hermanos siameses y un vidente estrafalario comprometidos todos con el fascismo, donde el sadismo y el masoquismo son juegos de niños.
De Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953-Barcelona, 2003) su biografía recoge el agitado momento histórico que le tocó vivir en su infancia en el continente sudamericano y que de alguna manera se refleja en la novela. Fueron tiempos inciertos: el final de la guerra de Korea, la gestación y parto catastrófico de la guerra de Vietnam, el final agónico del imperialismo europeo, guerras coloniales en África, pronunciamientos revolucionarios en Sudamérica, crisis de misiles, agitación social, iluminados profetas, golpes de estado fascistas, la presencia ominosa de la CIA de Allen Welsh Dulles en el Coño Sur, el más jodido por la doctrina Monroe; la Escuela de las Américas, Eisenhower, Kennedy, Nixon, Kissinger y su Realpolitik, Pinochet, Somoza, D’Aubuisson, Hugo Banzer, Stroessner, Videla, Trujillo, Noriega, Efraín Ríos Mont… todas aquellas políticas y toda aquella historia que ahora pretende emular el actual huésped de la Casa Blanca. ¡Una pesadilla!

Tras una juventud romántica, inquieta y viajera por México y Chile es en Blanes, Barcelona, donde se asienta Roberto Bolaño en 1985, pasando incontables penurias económicas. Y es ahí donde empieza a destacar como escritor mientras se ve obligado a compartir las letras con oficios variopintos para poder alimentarse. Su empeño heroico y sus letras llaman la atención de algunas editoriales y recibe algún premio literario que le permite sobrevivir. Es en 1998 cuando entabla amistad con Cercas y le cuenta, fantasía literaria, que conoció en un cámping, donde él trabajaba los veranos, a Miralles, el personaje bienhechor de “Soldados de Salamina”, el salvador de Sánchez Mazas que de alguna manera también le salvó a él del anonimato. Y como todo héroe, Bolaño murió joven, apenas con cincuenta años, leído ahora con curiosidad crítica de entomólogo.

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