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8 M en Madrid

09 miércoles Mar 2022

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Agustina de Champourcin (Texto y fotos)

Andaban muy desunidas las señoras manifestantes el 8 M por las calles de Madrid, que aquello parecía una persecución, un que te pillo, un pasito palante, María, un pasito para atrás, que donde acababa una manifestación, en Cibeles, empezaba la otra, por la Gran Vía, amigas para siempre, pero no tanto como para unirse bajo el mismo lema. Juntas, pero no revueltas. Gargantas al viento para abolir el vicio, el pecado, la explotación sexual, como si con un decreto se erradicara el deseo, la lujuria, el estupro, la maldad, la violencia contra la mujer, la guerra del hijo de Putin. Un 0,35% del PIB genera el consumo nacional mercenario de sexo. Triste país, España, el mayor consumidor de Europa. Las mismas bocas, los mismos gritos, los mismos deseos de rebelarse contra el trato machista y reivindicar una actitud de equiparación de trato, de aplicación de derechos y libertades en todos los sectores sociales de la vida. Los mismos puños en alto, las mismas banderas, las mismas pancartas, los mismos colores, los mismos gestos airados atronando los oídos de los concurrentes. Mamás y papás orgullosos de la iniciación combativa de sus retoñas. Jóvenes maquilladas con el espejito de Venus en sus mejillas. Los novios en segundo plano, acompañantes dóciles ante el clamor de sus chicas. Mezcla de razas, de sexos, de edades, de culturas, de creencias reclamando un trato más humano para la mujer. Madrid era una fiesta, una romería. Pero cada una por su lado. La dispersión propia de cualquier actitud crítica que siempre se ha evidenciado en la reivindicación de la Izquierda, ya sea de partidos o de asociaciones ciudadanas. Un quítate tú que me ponga yo, un sí, pero no.    

Al paso por Montera, jóvenes hetairas cerraban el trato con clientes despistados mirando de reojo a las jóvenes airadas. ¡Y esas!, ¿quiénes son? Pensaban.



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Los almuerzos, la política y la vida

07 lunes Mar 2022

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Pemán a lo suyo

Agustina de Champourcín

De dictadura a dictadura. De la de Primo de Rivera a la del Caudillo por la gracia de dios. Ese podría ser el subtítulo del libro “Mis almuerzos con gente importante” —Editorial DOPESA, Madrid, 1970—, en el que Pemán recuerda anécdotas y conversaciones que mantuvo, manteles o no por medio, con destacados protagonistas de aquella tenebrosa época. Personajes extraídos de la ciénaga de la historia de España que don José María, nacido en Cádiz en 1897 —el mismo año del asesinato de Cánovas del Castillo, constatación de una nación que ya se desangraba—, en el seno de una familia aristocrática, recoge con la simpatía socarrona del viejo juglar. Casa Lhardy, el Hotel Ritz, el Hotel Palace, el restaurante Jockey, el salón oval de la Real Academia de la Lengua, la residencia del embajador nazi en la “corte” de Burgos, durante la “cruzada”, el despacho de Evita en Buenos Aires, o palacios presidenciales como el de Perón, o el del sátrapa dominicano Trujillo —«asombrosa era la obra progresiva del Presidente» dice sin mesura cuando se refiere al Benefactor, ya asesinado por los suyos nueve años antes— son los escenarios en donde se desarrollan sus memorias, a veces desmemoriadas, a veces imprecisas, o anacrónicas, o asincrónicas, o reiterativas, escritas sin notas previas y con la intención de agradar al mencionado en ellas.

Un retablo de personajes que el paso del tiempo ha diluido, cuando no exorcizado. Pero a los que el poeta del Régimen aclama con agasajo, si no con devoción. Y alabanza enfermiza a su Excelencia, inundando de babeo glandular al Generalísimo, cuando Pemán era una pieza valiosa en los anaqueles del museo hagiográfico de la noche del franquismo.

Miguel Primo de Rivera —eran parientes—, su hijo José Antonio —me hallará la muerte si me llega y no te vuelvo a ver—, el Conde de Romanones —¡un tímido!, lo califica don José María—, José Calvo Sotelo, el cardenal Herrera Oria, el patibulario Millán Astray —que le encarga unas loas a Celia Gámez, su querida, para leerlas el día de su boda con otro señor. «¡Hecho, mi general!»—, el general radiofónico Queipo de Llano, el cardenal Segura, con Jacinto Benavente, Raquel Meller, Carmen Ruiz Moragas —la querida de Alfonso XIII, una de ellas—, Ortega y Gasset, Eugenio D’Ors, el general Camilo Alonso Vega, Jean Cocteau, o el ministro José Solís —la sonrisa del régimen. Franco le envió como su representante al funeral del canciller Konrad Adenauer, 1967—, o el superministro Fraga Iribarne —¡aquel baño en calzoncillos en las playas de Palomares, 1966— desfilan por sus almuerzos con optimismo de gentileshombres preocupados por la salvación de la patria. Elevada intelectualidad de los mentados: Pedro Sainz Rodríguez, el doctor Marañón, Menéndez Pelayo, Francisco Cambó, Antonio Maura, etc., que regalan graciosamente sus pensamientos al escritor para que los airee a la plebe y se aclare el porvenir del país.

Inteligente, patricio educado con los Jesuitas, doctor en Derecho, estilo rancio y decadente, poeta ignorado por los de la Generación del 27, estudioso de la historia y del lenguaje arcano. Escultor de las letras imperiales, prosa culterana, exquisita, a veces críptica y de difícil comprensión para el lector medio, erudito don José María Pemán y Pemartín, regalándose a sí mismo, y al que quiera leerle, el mimo de sus versos preciosistas.

Recoge del fundador de Falange, José Antonio, su versión de la democracia: «Las urnas electorales no tienen mejor destino que el de romperse de un garrotazo» (pág. 128). O dedica “décimas conceptistas y calderonianas” a su camarada de despertares, impasible el ademán, Rafael Sánchez Mazas:

…Como flores de un pensil

mil conceptos mustia y troncha,

bajo tus gafas de concha

la agresión de tu perfil…

Devoto confeso de la monarquía, furibundo españolista y extremista religioso. Fue colaborador muy cercano al cardenal Ángel Herrera Oria, miembro de la Asociación Católica Nacional de Propaganditas, con la que pronunció mítines por toda España de “orientación social” durante la República: «es tiempo de escoger definitivamente entre Jesús y Barrabás» —citado por Preston; “Un pueblo traicionado”, pág. 213—, Pemán es un defensor, casus belli, del levantamiento de los africanistas en Marruecos. No duda en justificar la tragedia nacional: «Se había votado ya, sin urnas ni papeletas, en un sufragio emocional e intelectual la Guerra Civil, el resolver a tiros la situación irresoluble» (página 89).

El inconsciente de bufón de El Pardo delata a Pemán. Rezuma admiración empalagosa, agradecimiento enfermizo hacia el guerrero: «El momento en que tuvo mayor contenido unánime el sufragio universal español fue aquel en que decidió ir a la Guerra Civil» (página 159). O, «La guerra había nacido con mucha más raíz telúrica en dimensión vertical —independencia ibérica; guerrilla, comunidades— que hojarasca lateral: fascismo, racismo». Pemán entra con las tropas victoriosas en Madrid en marzo de 1939: «Era todo nuevo: ¡Arriba España…! Viva Franco… ¡Qué emoción!». Y cita con ambigüedad al coronel Segismundo Casado, o condescendiendo amablemente con Julián Besteiro: «No lograron los curas que se confesase: no varió nunca su semblante pacífico… O acaso, por su humildad resignada, estaría mejor dicho que se confesaba todos los días».

Es Séneca, rotundo, dinámico en el análisis histórico de la cuestión de esa España llevada al paroxismo por la milicia purificadora: «Cada generación tiene en la barriga, no gatos, pero sí tres siglos a medio digerir, peleándose y empujándose entre ellos» (página 105). Y se recrea en recordar la anécdota que le cuenta el doctor Marañón sobre la huida de Juan March —uno de los nuestros— de la cárcel de Alcalá en tiempos de la República, el financiero del Régimen por fin liberado de la tiranía republicana, 1933: «Ah, ¿ese…? Ese se viene conmigo», refiriéndose al director de la prisión (página 329).

Es conveniente leer la letra prodigiosa de Pemán, recrearse con sus vanidades prosísticas, abandonarse más allá de sus concepciones ideológicas, más allá de su vanidad egocéntrica de literato universal, más allá de su partidismo franquista, a veces canalla, a veces imperdonable. «Lea mucho a los clásicos, cuando los olvide existirán dentro su espíritu, y poseerá usted el clasicismo», le dice Gabriel Maura, página 98.

El rey emérito le distinguió con la orden del Toison de Oro en mayo de 1981, tres meses después del 23 F.


Mis almuerzos con gente inquietante

Han cambiado las circunstancias políticas y sociales entre los dos libros, catorce años separan sus publicaciones.  Cuarenta y dos años separan el nacimiento entre los dos autores, Pemán y Manuel Vázquez Montalbán. ¡Toda una vida! Tiempo decisivo en la historia de España, de la dictadura a la democracia: últimas ejecuciones sumarísimas del tirano, su muerte, la restauración de los Borbones, —la tercera—, el gobierno continuista, nostálgico de Arias Navarro, la Transición, la aprobación de la Constitución, la elevación a los cielos y la caída a los infiernos de Suárez, el intento de golpe de Estado de Tejero. Y la victoria sosialista de Isidoro. «¡Hay que ser sosialihta anteh que marxihta!», declamaba tras su dimisión Felipe en aquel congreso extraordinario de Sevilla, ¡en mayo de 1979! ¡Aclamación!

Mientras Pemán, con su discurso retórico satisface la vanidad de la corte del Régimen, las entrevistas de MVM van dirigidas a la opinión pública. Otros actores, otro momento histórico. Todo el espíritu de aquella primavera democrática está expresado en boca de los entrevistados: la cultura, la patronal, los artistas, la banca, los vascos, los catalanes, la política, el deporte, el cuarto poder: la prensa, la radio, el PODER, el pasado franquista, la Iglesia…

Manuel Vázquez Montalbán fotografiado en El Escorial, agosto de 1990. Foto de Ángel Aguado López

El cura-duque Aguirre el Magnífico —«mi biografía que la escriba Manuel Vicent*», anticipa—, Bibi Andersen —«sí, yo elegí ser mujer»—, Antonio Asensio, Juan Mari Bandrés, Carlos Ferrer Salat, Martín Villa, Pablo Porta, Jesús Quintero, Luis Olarra, Carmen Romero, etc., etc., etc. son los protagonistas de un periodo único que despertó esperanzas y blanqueó las tinieblas heredadas de aquellos tiempos de silencio.

Todo bajo la degustación hedonista de un amante de la haute cuisine, ya sea en Lhardy, en el Restaurante Solchaga con Alfonso Guerra —«En su intervención en el famoso congreso de Suresnes [1974] Felipe estuvo mágico. Parecía el niño Jesús hablando en el templo entre los doctores… El día siguiente a la victoria del 29 O desaparecí. Me fui al Museo del Prado y me pasé allí todo el día bajo los cuadros de Murillo», secretea Guerra, muy sevillano él—, en la bodeguilla de la Moncloa, en un convento de Murcia con el cardenal Tarancón —“¡Tarancón al paredón!” gritaban los fascistas de Blas Piñar, los padres de los que ahora hociquean sus colmillos por el hemiciclo—, o en Mayte Commodore con Fraga Iribarne: «Yo soy fiel sentimentalmente a Franco, pero no al franquismo… Quien no esté conmigo es un bellaco», le confiesa don Manuel al periodista.

La sinceridad que descubre el placer de la buena mesa. Esas confesiones que el paso de los años actualiza: «La Unión Soviética sería una Roma comunista del Este, que ha ocupado media Europa» le cuenta Carlos Ferrer Salat a Montalbán, ¡1984!, mientras saborean un pudding de cabrarroca con variados betunes rojizos sobre tostadas macilentas y una inenarrable brioche al tuétano de vaca, foie-gras, bechamel, trufa picada y crema fresca en Jockey. La economía liberal unida a la exaltación culinaria, coloquio metafísico entre el capataz y el periodista gourmet, pura entelequia: «La historia nos enseña que la conducta exterior de los países se mueve por razones de Estado, por razones geopolíticas, no para hacer beneficencia revolucionaria».

Secretos que se revelan al olor de un lenguado a la meunière en Casa Lhardy. Vázquez Montalbán anticipa la escritura de Galíndez, aquel vasco siempre fiel al lendakari Aguirre. No como Juan Mari Bandrés, que embriagado de candor pronuncia referencias angustiosas en esos tiempos del plomo, del terror: «ETA mantiene una lucha desesperada contra la democracia española en nombre de unos principios confusos». O arreándole fuerte al PNV: «…soy marxista, aristotélico, cristiano…pero sabiniano no, eso nunca. Es más, el PNV ha sido siempre militante en el frente antimarxista de la sociedad vasca, por su componente de integrismo carlista».

Rodolfo Martín Villa y el SEU, de nuevo en Lhardy, cocido de tres vuelcos. «Los jóvenes de la oposición que se subieron al carro de la transición política no han tenido que ver… A Franco le destituyó la biología…el franquismo sí necesitó de ex franquistas para pasar a mejor vida». Y se le suelta la lengua al súper ministro pactando la elección del postre, soufflé barroco, consensuado en helado de vainilla que llegará cuando acabe esta montaña de cocido estilizado: «Yo era más partidario de los palos que de los tiros… no conocía al comisario Conesa, le nombré comisario especial para el asunto Oriol-Villaescusa y lo resolvió… Billy el Niño… el proceso de la transición: el empresario había sido el Rey; el autor Torcuato Fernández Miranda, y el actor Adolfo Suárez… Ninguna decisión del PSOE tiene por qué intranquilizar. Son de un conservadurismo que hoy día no podría permitirse un gobierno de derechas. Me han decepcionado».

Concesiones al cuarto poder. Terapia nocturna repartida entre Jesús Quintero, el loco loquísimo y José María García: «Miles y miles de oyentes quedaron prendidos en el ligue de este loco que les leía poemas y creaba un lugar imaginario, confesionario, sofá de psiquiatra». O a Antonio Asensio y el invento de Interviú, llenando de tetas, de corrupción, de escándalos políticos la prensa: «El poder tiende al cinismo, a la palmada en la espalda y a la zancadilla. La clave es mantenerlo a distancia». O a Xavier Vinader, el reportero estrella de Interviú: «El fascismo es un ejército ideológico que está aparentemente dormido, pero no muerto».

«Tengo prohibido por el médico que me hablen de ese señor. Me produce urticaria», advierte Pablo Porta al sabor de una triste Pepsi Cola. “Más de un García necesitaríamos para sanear el país”, le decían los taxistas a Montalbán. José María García y su enemigo íntimo, Pablo Porta —proveniente también del SEU—, tan necesarios, tan amantes, tan deseados, tan fieles el uno contra el otro: «El fútbol es fascinante, es un veneno, se basa en la posibilidad de fracaso antes que de éxito. Fracaso económico, deportivo. Una lotería constante, la desesperación o el reuma».

«Ese hombre que ha estado en la cárcel vuelve a la cárcel cada vez que muerde un pedazo de pan», le confiesa en su ático de la Castellana, menestra de verdura y besugo al horno por medio, Mariano Rubio, todo un gobernador del Banco de España, que tuvo sus tropiezos juveniles antifranquistas. Es el momento de la expropiación de Rumasa. «Las grandes instituciones económicas tienden por su propia naturaleza a ser muy prudentes y cautelosas en sus actuaciones políticas», despacha el economista, lejos de anticipar aquel rescate multimillonario pagado con el dinero público.

«Si disparan alguna vez contra mí, que no duerman tranquilos a partir de ese día. Y sobre el GAL, ni lo sé ni me interesa saberlo. Y los obispos que se callen. Que no líen la cosa más de lo que la han liado», explota Luis Olarra frente a un bacalao, esa espléndida bestia que una vez desalada se convierte en un tercer pez que es una transustanciación, en un milagro explicado por la participación del Espíritu Santo en el alma de las aguas.

Y el punto femenino lo pone Carmen Romero, profesora de literatura en el nocturno del BUP, en el instituto público Calderón de la Barca. «Mira, mantengo una manera de ver muy, cómo te diría, muy andaluza, desdramatizando… eso que llamamos el cachondeo y que no es tomárselo todo a broma, no, con una sorna que te alcanza a ti mismo, autocrítica, relativizadora… una manera de ser muy sevillana que te ayuda cuando has de dar saltos mentales».

Sólo se negó al juego del confesionario Julio Anguita, por más que los supuestos secretos del Califa pretendían desvelarse en el restaurante cordobés “El caballo rojo”. Cosa de los comunistas.

 Expresidiario criptocomunista, así se definía MVM, analista preciso de una época que transformó una sociedad y un país entero. La muerte prematura de Manuel Vázquez Montalbán nos dejó sin uno de los más brillantes cronistas de la realidad social y de la política de este país en los últimos cincuenta años. Una generación entera se educó sentimentalmente leyendo el examen perspicaz de su columna de los lunes, en la última página del periódico de referencia en España. Aquel espacio quedó huérfano, nadie pudo llenar su hueco en las dos décadas posteriores a su fallecimiento, ocurrido en octubre de 2003. Era conocido su amor por la zamarra blau-grana, a pesar del papel segundón, más bien advenedizo que su Barça ha tenido siempre en el ideario patriótico nacional del fútbol. Algún defectillo debía de tener.  


La conjunción entre Telémaco y Palas Atenea permitió encontrar estos almuerzos en Libros Ancana, una Ítaca de tesoros reposados por el tiempo. Prueben suerte.

*Querida prima Mariluz: Pemán me parece horrible, lleno de tópicos. Cada vez me afirmo más en que Pemán no es un valor sino un antivalor… no perdono al que por seguir un camino más fácil y de éxito, más populachero, deja un fruto colgando en el árbol de la fecundidad que Dios le da. Aguirre el magnífico. Manuel Vicent. Página 100. 2011.


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El Garci: ¡un crack!

21 viernes Ene 2022

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

≈ 1 comentario

Ángel Aguado. Texto y fotografías

Secuencia única. Interior, noche.

Sube desenfadado José Luis Garci al escenario, 20 de enero de 2022, y la multitud que llena el auditorio de la Fundación Juan March le recibe entonando el “Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, te deseamos todos…” como si se tratara del bueno, del protagonista, del chico que todas las señoras bien del barrio madrileño de Salamanca quisieran de novio para sí mismas. Le acompaña el, a su pesar, exfiscal general del Estado, Eduardo Torres Dulce, que parece su asistente de dirección amurallado en su terno de senador vitalicio, que le indica al Garci dónde debe iniciarse el plano y el recorrido de la grúa hasta los protagonistas. Y se oye el ruido del motor y los eléctricos suben las luces, la asistencia se calla y la cámara enfoca al héroe. Silencio, vamos a rodar: ¡Acción!

«Somos la generación del cine y de la radio… ¡Aquella boda de Fabiola que veíamos en el NODO! El cine era un refugio, se estaba calentito, dónde, si no, iban a ir las parejas. —Y con un punto de ruptura en el relato, recuerda José Luis Garci su educación sentimental al calor del celuloide, en los años 60 del siglo pasado— El cine nos enseñó a besar en primer plano. Mi primer beso, en El Retiro, con mi primera novia, África. Lo veíamos venir, lo adivinábamos, lo deseábamos, pero algo fallaba… ¡no se oía la música de la banda sonora!».

Garci es un torrente de palabras, combina tramas secundarias con flash back, figurantes con acciones paralelas engatusando a la audiencia. Algún espontáneo intenta robarle un plano, pero no se deja. Torres Dulce ni se atreve a intervenir, calladito, calladito. Garci ocupa toda la pantalla, en Technicolor, en Cinemascope: «El paraíso del hombre es su infancia. El cine fue una aventura planetaria, era una radio que veías. Yo asistía todos los días a los cines de la Gran Vía, tras salir del trabajo en el Banco Ibérico, donde ganaba 1316,10 pts. al mes. Le daba 1000 pesetas a mi madre y con el resto iba al cine. Descubrí que el cine americano era la novela, mientras que el europeo era el ensayo. Fue ahí donde conocí a Alfonso Sánchez, el crítico de cine al que tanto debo y con el que tantas conversaciones compartí».

Y habla de su amor por la pintura, recuerda a su padre, pintor artista aficionado que le llevaba al Museo del Prado una vez a la semana. Que era una forma de ver cine, de estudiarlo, de escribirlo: «Ahí lo tienes todo, en “Las Lanzas”, de Velázquez, ¡el mejor plano general del cine! Y con su plano inserto, la entrega de las llaves. Y la fantasía desbordante de “El jardín de las delicias”. Puedes estar horas y horas imaginando cientos de aventuras, cientos de tramas, sólo observando el cuadro de El Bosco… O ese tratamiento de la luz de Las Meninas, una luz convaleciente. O la luz de “Las hilanderas”, que quise trasmitir en mi película “Canción de cuna”. O la épica de los cuadros de Goya o de Gisbert, los fusilamientos del 3 de mayo, de Torrijos en la playa de Málaga».  

Hace una pausa Garci, tal vez recordando las películas en blanco y negro de su juventud, “El apartamento”, o “Sunset Boulevard”, o “Avanti”, de su admirado Billy Wilder para insistir en que «el guion es la clave. Los diálogos son importantísimos, quizás lo más difícil de escribir. Si están bien escritos, si el guion está bien amarrado, funciona la película. En el cine todo es mentira, todo es falso, pero tiene que ser sincero».  

Y recuerda a sus compañeros de profesión, a Antonio Mercero y “La cabina”, y a González Sinde con el que realizó su primera película, un éxito inesperado: “Asignatura pendiente”, que lo convirtió en director de cine, algo que jamás él pensó, que sólo quería escribir historias. Y habla de los grandes actores de teatro, de su querido Alfredo Landa, de José Bódalo, de José Luis Sacristán con los que se veía una vez al mes y compartían, junto al reportero Manolo Alcántara, Dry Martinis para hablar de cine, la excusa perfeta para «salir a cuatro patas».

»Escribir es un don, dirigir es un oficio. Y el cine es un arte colectivo donde el trabajo de todos es necesario para que la historia triunfe. De no haber sido por la excelente labor de Gil Parrondo, que ya había ganado dos óscars, del amor profesional que se tenían Antonio Ferrándiz y Encarna Paso, de que la película la comprara la Fox, y del trabajo de producción, no hubiéramos obtenido el óscar por “Volver a empezar”. Si quieres a los actores, eres un buen director, son fundamentales.

Y habla el Garci de lo que le gusta el fútbol. «El fútbol te rejuvenece». Y lo dice convencido, a pesar de aquel fracaso económico que le supuso su primer documental sobre el furbo, rodado en el Estadio Vicente Calderón, con González Sinde de productor, el primer día que Luis Aragonés se estrenaba como entrenador. Que no les devolvió ni una peseta de subvención oficial. ¡Este Atleti!

Y de lo que le gusta el boxeo. Manuel Lorenzo relatando el combate apócrifo que contempló en el Madison Square Garden, Rocky Marciano noqueando a Jersey Joe Walcott en el undécimo asalto, ¡cómo si allí no hubiera pasaoo naa!, Germán Areta escuchando impertérrito en el sillón de la barbería del antiguo Frontón Madrid. El Crack. 1981.  

Y ya, contada la película, no queda más que cerrarla bien. Y el Garci, un cuentista al fin y al cabo, destaca su admiración por Cary Grant; por su película preferida, su niña mimada, “Tíovivo”; y por las de Berlanga, por “El verdugo”, por “Plácido”; por la primera parte de “Centauros del desierto”, de John Ford, «parece rodada en Marte»; por “Roma citta aperta”, de Fellini, con Anna Magnani; de su amor por el cine de Hollywood: «cambié Manhattan por Los Ángeles». «El cine es el reflejo de la sociedad, el arte de contar historias. Un buen guion y los actores. Eso es el cine». Funde en negro. Toda la sala se levanta y aplaude a Garci. Incluso Torres Dulce dibuja una sonrisa comedida. FIN

Eduardo Torres Dulce y José Luis Garci tras el coloquio que mantuvieron en la Fundación Juan March.

Enlaces relacionados:

El Crack 0

Audio de la conversación entre Garci y Torres Dulce

Vídeo de la conversación entre Garci y Torres Dulce

Programa de conferencias de la Fundación Juan March 2021/2022

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Ya queda menos para la san Silvestre 2022

03 lunes Ene 2022

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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 Texto de Teodosia Gandarias. Fotos de Terry Mangino

La noche y el día. Alfa y omega. Principio o final. El huevo o la gallina. Qué fue primero: ¿la marcha Radeztky del concierto vienés o la carrera nocturna vallecana? Antes o después. Todo es variable. Pueden distanciarse doce meses o apenas unas horas. La felicidad o la desdicha que arranca de cada comportamiento humano. Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar… allá van los ríos caudales, allí los otros medianos y más chicos y llegados son iguales… La laguna Estigia, Caronte aguarda para llevarnos al Hades o a los Campos Elíseos, el óbolo, tributo adherido al paladar de nuestros deseos. La travesía de los corredores, miles, gordos, flacos, penitentes, aplicados pataleando disciplinados por la aristocrática madrileña calle Serrano en busca del tiempo perdido. La Ilíada, Penélope preparando en la cocina la cena de fin de año. Del todo poderoso Bernabeu de estructuras galácticas a la choza lumpemproletaria y humilde del campo del Rayo, el rico y el pobre. El Ramiro y el Magariños, la Residencia de Estudiantes, la calle doctor Arce, donde vivía Ava Gardner, el lujo de Gucci, de Emporio Armani, de Louis Vuitton, de Salvatore Ferragato, de Loewe… la residencia del embajador de la Republique Française, la poderosa embajada de los United States of America, ese pijerío inasequible y guapo que mira con indiferencia, casi con sorna al atleta de ocasión… y allí, al final del túnel, nueve mil patadas más sobre el asfalto del Aqueronte, al otro lado del mundo la cuesta interminable de la avenida de la Albufera, Vallecas: Colchonerías Paco, Salones Lupita, pura Lima en sus platos, Payaso Fofó, Whang Cheng, lollitos de plimavela.  Cerbero vigilante decide dónde van las almas. Ved de cuán poco valor son las cosas tras que andamos y corremos, que en este mundo traidor aun primero que muramos las perdemos. De ellas deshace la edad, de ellas casos desastrados que acaecen, de ellas, por su calidad, en los más altos estados desfallecen. La catarsis. Memento mori.

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La vida es una pompa de jabón

25 sábado Dic 2021

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Fotos de Terry Mangino

Hipomenes y Atalanta tiran del carro de Cibeles como castigo por haberse dado a la lujuria en el templo de Zeus.

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Me asustas, nochebuena, porque estás como ausente

16 jueves Dic 2021

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Pascual Izquierdo

Pasen, pasen y vean, señoras y señores. Pasen, pero, por favor, no se agolpen ni amontonen, que hay para todos. Pues no en vano la fiesta dura ahora cuatro meses. Pasen, pasen y compren, señoras y señores, que ya hace unas cuantas semanas se inauguró oficialmente la campaña.

Pasen, pasen y vean, señoras y señores. Pero con orden y con calma, que hay para todos. En esta temporada afloraron los turrones cuando la última partícula de arena aún no se había desprendido de los cuerpos desnudos. Unos días después, a comienzos del otoño, llegaron los perfumes, pues convendrán conmigo que es absolutamente necesario inundar cuanto antes de fragancias exquisitas este presente tan nauseabundo que nos cerca. 

Pasen, pasen y admiren la constelación de luces que, desde finales de octubre, alegran los es­caparates y las calles. Algo absolutamente fabuloso, señoras y señores. Ya está encendido el universo. Y la ciudad que no se sumerja en este derroche de energía es que no existe en el mapa y no entiende el fenómeno de la modernidad, sólo al alcance de los más avispados. Ya está encendido el universo porque hay que ocultar la intensa oscuridad que nos rodea, hay que ahuyentar las tinieblas que nos amenazan, hay que espantar el miedo que sentimos ante un futuro que se nos va de las manos.

Pero pasen y vean, señoras y señores. No se dejen envolver por estos presagios tan impropios de estos tiempos en que se impone la felicidad casi por decreto. Pasen y compren, que ya ha llegado la feria tan esperada de la Navidad.


Conde Duque de Torrelodones

Son fechas tradicionales,

De abusos y de invasiones,

Donde abundan ocasiones,

En estos tiempos globales,

De tocarnos los c…


Luis de Góngora y Argote

Dineros son calidad
¡Verdad!
Más ama quien más suspira
¡Mentira!

Cruzados hacen cruzados,
Escudos pintan escudos,
Y tahúres muy desnudos
Con dados ganan condados;
Ducados dejan ducados,
Y coronas majestad,
¡Verdad!

Pensar que uno sólo es dueño
De puerta de muchas llaves,
Y afirmar que penas graves
Las paga un mirar risueño,
Y entender que no son sueño
Las promesas de Marfira,
¡Mentira!

Todo se vende este día,
Todo el dinero lo iguala;
La corte vende su gala,
La guerra su valentía;
Hasta la sabiduría
Vende la Universidad,
¡Verdad!

En Valencia muy preñada
Y muy doncella en Madrid,
Cebolla en Valladolid
Y en Toledo mermelada,
Puerta de Elvira en Granada
Y en Sevilla doña Elvira,
¡Mentira!

No hay persona que hablar deje
Al necesitado en plaza;
Todo el mundo le es mordaza,
Aunque él por señas se queje;
Que tiene cara de hereje
Y aun fe la necesidad,
¡Verdad!

Siendo como un algodón,
Nos jura que es como un hueso,
Y quiere probarnos eso
Con que es su cuello almidón,
Goma su copete, y son
Sus bigotes alquitira
¡Mentira!

Cualquiera que pleitos trata,
Aunque sean sin razón,
Deje el río Marañón,
Y entre el río de la Plata;
Que hallará corriente grata
Y puerto de claridad
¡Verdad!

Siembra en una artesa berros
La madre, y sus hijas todas
Son perras de muchas bodas
Y bodas de muchos perros;
Y sus yernos rompen hierros
En la toma de Algecira,
¡Mentira!


Fotos de Terry Mangino

  • La infanta Margarita falleció a los 21 años, en Viena, en 1673 por sobreparto de su quinto embarazo.
  • María Agustina Sarmiento de Sotomayor y Isabel de Velasco eran las dos meninas que acompañan a la infanta Margarita. Isabel falleció apenas tres años después de que fuera representada en el cuadro, en 1659.
  • Diego Ruiz de Azcona era el guardacamas de la infanta Margarita.
  • María Bárbola Asquín, bufona de origen alemán al servicio de la infanta Margarita, disfrutaba de paga, raciones y cuatro libras de nieve durante el verano.
  • Nicolasito Pertusato, el bufón que la emprende a patadas con el mastín, vivió 75 años y conoció tres reyes y una regencia.
  • Marcela de Ulloa era la guardesa de la infanta, cuidaba que no le faltara de nada.
  • Felipe IV y Mariana de Austria aparecen reflejados en el espejo como un halo de misterio.

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Las cartas de los Machado a Unamuno

04 sábado Dic 2021

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Agustina de Champourcín

El género epistolar.  Vincent escribiendo decenas, cientos de cartas a su hermano Theo, su consuelo, la tabla de salvación de aquel loco maldito. Tres cuadros vendió en su vida. El muchacho frente al océano inmenso, allá en su garita, el recuerdo de su novia, tan lejos ella, ellos: Margarita, está linda la mar y el aire lleva esencia sutil de azahar, tu acento… Margarita, te voy a escribir una carta de amor…

 35000 escribió don Miguel de Unamuno a lo largo de su vida, no todas de amor, que sí lo hizo, enamorado, deseando a su novia Concepción durante aquel viaje juvenil con su tío: Apuntes de un viaje por Francia, Italia y Suiza, de 1889. Tenía 25 añitos, ¡cómo iban a ser castas! Después tuvieron nueve hijos. Y alguna denunciando el terror franquista que le costó la vida, la última visita que recibió, del falangista Bartolomé Aragón, ignoto personaje presente, ¡Presente! en su muerte. Aquella que escribió al ABC de Sevilla, el 11 de diciembre, apenas veinte días antes de morir: «… debo decirle [al director, Juan Luca de Tena] que por muchas que hayan sido las atrocidades de los mandos rojos, los hunos, son mayores las de los blancos, los hotros. Asesinatos sin justificación. A dos catedráticos, a uno en Valladolid y a otro en Granada por si eran masones. Y a García Lorca…». Cartas a Azorín, a Rubén («Hay que ser justo y bueno», tituló una carta de homenaje al poeta tras su muerte, en 1916), a doña Emilia, a las mujeres poetisas, no a las poetas hombre, con las que se debilitaba su emoción. Cartas que recibió de los Machado, muchas, cuyas respuestas se han perdido con el trajín del tiempo y las condenas de los exilios, que aparecen de repente en la almoneda de los mercaderes que comercian con los sueños ajenos.

Antonio y Manuel Machado, los hijos de Demófilo, el pretendiente folklorista del ingenio literario de doña Emilia, noviembre de 1883. Los Machado, vidas atribuladas por la tragedia nacional. Antonio, la humildad de siempre, la modestia, el sufrimiento perpetuo de su alma, la pérdida de su ser más querido, Leonor. Rubén les ayudó económicamente, en 1911, a regresar al hogar soriano desde París, herida de muerte su esposa-niña. Escribe Antonio a Unamuno una epístola dolorosa para ahogar sus penas, agonizando ella en la alcoba próxima. Y desnuda en sus misivas su espíritu patético marcado por el desenlace: «El hombre que habla como un libro es incapaz de escribir un libro que hable sobre el hombre». O aquella otra, la número 69, donde confiesa que: «Empiezo a comprender el valor de las cartas: en ellas se dice lo que se siente, fuera del ambiente social, donde ni el hombre se oye a sí mismo ni oye a su prójimo». ¡Ay, don Antonio! Nunca descendió de la edad de la inocencia. Y Manuel cabizbajo, a la sombra siempre, reconoce “el enorme talento literario de mi hermano Antonio y su libro Soledades”. Y le pide favores, que escriba don Miguel opiniones encomiables para sus libros, recomendaciones para publicar en los periódicos de Ortega Munilla, el padre de don José Ortega y Gasset. Y se ve a un don Manuel marcado por la presencia gloriosa de su hermano, subyacente a su figura, que después, amenazado por el terror del fascio, se verá obligado a vender su existencia por un plato de lentejas. Y a veces las ideas de todos son más contundentes en las cartas que en los textos. Y el mismo don Miguel, enriscado en algún debate teosófico duda de la autoría de su pensamiento: «Pero esto, ¿quién lo ha escrito, Machado o yo?».

Pollux Hernúñez, salmantino, investigador erudito y doctor en Unamuno lleva años persiguiendo la huella de don Miguel y los avatares temporales que soplaron su derrotero por los procelosos años que le tocó vivir. Una época terrible de la historia que le condenó al rechazo o al reconocimiento extremo de las dos Españas, que don Miguel afrontaba impasible, serena la mirada, firme su voz desde el rompeolas de su nao capitana en la que navegaba su azaroso batallar. Si antes Pollux se interesó por los viajes juveniles parisinos de don Miguel, o indagó, sabueso de Scotland Yard, en aquel terrible episodio del Día de la Raza, 12 de octubre de 1936, Unamuno levantando su voz contra Pemán, contra el tullido, también de cerebro, Millán Astray, ¡Viva la muerte! ¡Muera la inteligencia! pregonaba en un graznido de sarro el coronel, contra todo el falangisterio cavernícola que le amenazó con la hoguera en aquel bufido patriótico de la universidad, retirándose a su exilio interior, a la próxima muerte, protegido por el brazo de la Franca, ahora, Pollux, decíamos, se ha sumergido en las cartas conocidas de los hermanos Machados, una labor prolija de años de buceo. El fruto es este libro: Los Machado y Unamuno: Cartas, editado por Oportet Editores, recopilación de las epístolas íntimas que intercambian los tres escritores donde se desmenuza un tiempo y unos hombres víctimas de las circunstancias, aquellas que apuntaba el hijo de Munilla, el filósofo don José. Un trabajo hercúleo que ahora sale a la luz incluyendo textos relacionados con ellas, y añadiendo notas documentales, una bibliografía esencial, un índice onomástico general, y la reproducción fotográfica de varias cartas.

Pollux Hernúñez en la presentación del libro el pasado 28 de noviembre. Foto de Manuela Lozano.

En estos tiempos de prisas, de mensajes de 144 matrices, de abandono de los libros y de los periódicos, de las falsas noticias que anulan la crítica colectiva o convierten a la opinión pública en un campo abonado para el sistema, esa confabulación que ha encontrado en la tecnología el soma adormecedor del populacho, el pan y el circo del gran hermano, el aturdimiento colectivo a través de una pantalla de un teléfono móvil, ahora conviene reflexionar y hacer un alto en el camino. Y enfrentarse a la turbamulta de la estulticia con la valentía con la que se enfrentó Unamuno aquel 12 de octubre, a la caverna falangista. Hazme un sitio en tu montura, caballero derrotado. Y releer las reflexiones de los Machado. El género epistolar. Ese que ya no se practica. Quizás aún haya algún centinela que desde su garita escriba cartas de amor a una novia lejana, cercana en su corazón, como don Antonio, como don Manuel, como don Miguel enamorados: “Ya que lejos de mí vas a estar, guarda, niña, un gentil pensamiento al que un día te quiso contar un cuento”.

Enlaces relacionados:

Venceréis, pero no convenceréis

La tía Tula


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“Tormento”: Almudena y don Benito

30 martes Nov 2021

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

≈ 4 comentarios

Agustina de Champourcín

Aún impresionados y maltrechos por la inesperada pérdida de Almudena Grandes viene a la memoria la charla coloquio que pronunció en la Sala Mapfre, Madrid, el 3 de diciembre de 2014. Almudena Grandes habló en aquella ocasión sobre “Tormento”, una de las tres Novelas Contemporáneas de Benito Pérez Galdós, cuya influencia en su obra admitió, en particular en sus “episodios” basados en la vida y personas que sufrieron la terrible contienda y la eterna posguerra que asoló este país bajo las órdenes del general bajito. Defensora a ultranza de Galdós, hay en sus novelas, más allá de su primer gran éxito, aquella historia femenina del descubrimiento tumultuoso y excesivo del sexo, una predilección por escribir bajo el aura galdosiana. Almudena se siente influida por don Benito, y como él, necesita comprender España. Quizás porque «la literatura es el ajuste de cuentas con la realidad. El espejo de la vida es la novela —dice—. Y hay que escribir de lo que se conoce».

Almudena Grandes en la Feria del Libro de Madrid, mayo de 2018.

Almudena Grandes contó aquel día que leyó “Tormento” (escrita en 1884) a los quince años, en el verano de 1975, en Becerril de la Sierra, un pueblo de la sierra de Madrid donde pasaba los veranos de su juventud. Recordemos que el 27 de septiembre de ese año el general Franco fusila a tres activistas del FRAP y a dos de ETA, las últimas condenas a muerte que llevará a cabo su Excelencia, que fallecerá apenas dos meses después. También recuerda que la República hizo una edición económica de los Episodios Nacionales para leerla en las trincheras. Y que el primer acuerdo del Ayuntamiento de Las Palmas (abril de 1939) tras la victoria de Franco en la Guerra Civil fue borrar a Galdós del Registro Civil. Galdós no existió para ese consistorio.

            Sobre la mujer en “Tormento” y la ambigüedad Pipaón-Amparo, Almudena declaraba que «me cae bien el personaje de la Pipaón, Rosalía. Las mujeres fuertes de Galdós suelen ser secundarias. La Pipaón está un paso por encima de la burguesa Francisca, de “Misericordia”. Francisca es el ama de la Benina, la mendicante que, ayudada por el judío y pordiosero Almudena, recurre al sacrificio personal con tal de proporcionar a su señora el lujo que no tiene. Rosalía-doña Francisca son el quiero y no puedo. En “Tormento”, el precio de la virtud es la humillación, la perdición que sufre Amparo. Rosalía es un planeta del sistema solar. Amparó, en sí, es abúlica y débil. Agustín Caballero es el “buen salvaje” que viene de América, un continente a medio hacer despreciado por los españoles. Agustín escoge a Amparo por guapa y por mansa, porque es el único resquicio de inocencia en esa casa. Rosalía está mendigando constantemente en la novela. Y abusa de Amparo como después la marquesa de Tellería abusaría de ella, de la de Bringas».

»Para la mujer sólo había tres opciones en la vida: casarse, la mala vida o meterse a monja. En un país tan corrupto como España, la de Bringas acabará en la mala vida. Refugio —hermana de Amparo— posa vestida para un artista (¿referencia galdosiana a Lorenza Cobián, madre de su única hija y modelo de Emilio Sala?).

»Hay una correlación entre “La Regenta” —con el magistral y Ana Ozores— y “Tormento” —con Amparo y Pedro Polo— (escritas ambas en 1884).

»“Tormento”, es una novela de interiores, sin protagonista, de antihéroes. Galdós rompe con el romanticismo. Galdós mimaba a sus personajes. Con Galdós se acaba leyendo en primera persona, el él se convierte en nosotros. Aunque sus personajes sean pusilánimes, como todos los españoles. Agustín Caballero es un pusilánime. También lo es Francisco Bringas. Como lo es Felipe Centeno. No lo es Pedro Polo, el cura apuesto del que se apiada Galdós, aunque sea un acosador. Y secundarios como José Ido del Sagrario, como Marcelina Polo son personajes que te dejan con hambre.

»El protagonista es España. El otro protagonista es La Gloriosa, la revolución fracasada, reina ya Alfonso XII. Galdós escribe desde la perspectiva de que nada ha servido para nada. La de Bringas es una pirámide de corrupción. Como ahora. ¿Hasta qué punto está podrido este país? Galdós detesta esa España. Estaría cerca del personaje de Agustín Caballero. No hemos llegado a ninguna parte, como en las novelas galdosianas.

Y sobre la influencia que las novelas del canario han tenido en la literatura española baste recordar a Buñuel, a Max Aub, a Alberti, a Cernuda… Galdós: “El estilo es mentira, la verdad mira y calla”. Tolstoi: “El estilo, mejor limpio que brillante”.

Y acabó con una frase rotunda, que quizás explique aquel rechazo que don Benito sufrió de este país cainita y clerical negándole el pan, la sal, la candidatura al Premio Nobel. Y que aún hoy enzarza a seguidores y detractores galdosianos: “Lo que no le perdonaban a Galdós es que fuera guapo”.


Enlaces relacionados:

Los amores asimétricos de Galdós

Centenario del fallecimiento de Galdós

El callejero novelístico de Galdós

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