Dionisio Ridruejo: Corazón loco

Agustina de Champourcin

«El tren de la historia no se toma en la estación de origen, se toma cuando pasa».

Figura política contradictoria, incómodo, tocapelotas para el régimen franquista, traidor y enemigo para sus antiguos cofrades falangistas a los que embarcó en su ideología nacionalsindicalista, que no comprenden su evolución ideológica y que se sienten decepcionados con su tránsito del fascismo a la socialdemocracia. “Yo era un joven fervoroso de ida, que se soñaba reformador del mundo”, dice de sí mismo Ridruejo, que se ve como un hombre que suscita rechazo: “Se opinó que yo no debería llegar vivo al frente, que debería ser de los primeros en caer”, escribe en sus “Cuadernos de Rusia”, a donde marcha, divisionario azul, a mitad de julio de 1941, quizás para redimirse ante sus camaradas por no pisar el frente como combatiente en la Guerra Civil. Analista perspicaz y metódico de la tristeza política y ruindad moral del aburrido Caudillo (“No teníamos contra Franco ningún prejuicio absoluto, pero de ningún modo lo considerábamos nuestro jefe”, escribe en su libro “Casi unas memorias”), que no sabe qué hacer con él; sospechoso de ser un topo para los exiliados republicanos, por más que él les tendiera sus brazos abiertos al diálogo; prosista prolijo, poeta épico y dolido, purgado, condenado, encarcelado, exiliado, multado, confinado, vilipendiado… y sobre todo amado, protegido, mimado y deseado carnalmente hasta el éxtasis por las mujeres.

Dionisio Ridruejo en su época de director general de Propaganda, de 1937 a 1941.

La vida de Ridruejo parece la de un corredor de obstáculos que fuera impregnando de fragancias revolucionarias los cenáculos literarios y políticos por donde declamaba sus meditaciones sociales, sus arrebatos filosóficos, todos los oyentes rendidos a sus palabras. Y Romeo facedor de besos enardecidos, devaneos, ilusiones y de calentones fogosos alterando los corazones femeninos a él entregados sin condiciones. De físico frágil y de salud delicada —“mi desnudo es el de un espectro: huesos y piel”, escribe en el frente ruso, el 9 de diciembre de 1941— siempre anduvo rodeado de mujeres. Su gineceo. Su madre (40 años más joven que su padre, este fallece cuando el cumple tres años), sus tres hermanas, sus ayas… todas le atendían con delicadeza; los encuentros en Madrid a los 22 años, 1935, en la calle Espalter, detrás del Museo del Prado, con Eve, la mujer del pintor Maurice Fromkes, con Marichu de la Mora, después con Gloria de Ros en Valladolid; su viaje al Hamburgo nazi (el primero a Alemania), 1937, acompañado, entre otros personajes, de Carmen de Icaza (hermana de Sonsoles, marquesa de Llanzol, musa de Balenciaga, sí, esa a la que la Collares prohibió su asistencia a los veraneos de La Granja), “una señora muy guapa” escribe sobre Carmen; o con Marichu Fresno, actriz, que le escribe cartas amistosa desde Cinecitta, Via Veneto, 146, 3º, Roma, el 14 de enero de 1940: “Leo tu libro muchas noches y es un buen sedante para el cansancio de todo el día. Hay cosas buenísimas, y te agradezco de verdad me haya servido de buena compañía en Roma”; o con la condesa Von de Podewils en Berlín, 1942, Hexe, la bruja, espía alemana de segunda clase después en Madrid a las órdenes del agregado en la embajada de ese país, el todopoderoso y enigmático Hans Lazar. O el viaje a la Italia fascista del Duce, en 1938, acompañado de Pilar Primo de Rivera, Carmen Werner —novieta romántica que fue, a ratos, de José Antonio— y de nuevo Carmen de Icaza. “El contacto femenino viriliza”, dice de sí mismo sin reparos. “Periquito entre ellas que me correspondió en la infancia y en la adolescencia”, se inicia como gallito cuando se aloja en Salamanca, en 1937, en una pensión dirigida por siete chicas de la Sección Femenina. Él, tan contento.

Un ejemplo. En la fecha de la carta que se trascribe a continuación, Ridruejo era el jefe nacional de Propaganda de Franco:

Falange Española Tradicionalista de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalistas

SECCIÓN FEMENINA DELEGACIÓN NACIONAL

Burgos 11 X 1938. III Año Triunfal

Camarada Dionisio Ridruejo

Estimado camarada: …porque expresas tu sentir español, que mamastes [sic.] en la mejor fuente: nuestro JOSE ANTONIO; porque prefieres la incomodidad de la vigilia a la comodidad de la tertulia burguesa, todos nosotros y con nosotros nuestros Caídos te queremos hoy más que nunca y te ratificamos que nos tienes de manera total a tus órdenes.-

[Firmado por 17 mujeres] María Luisa Ontiveros, Pepita Morales, Anita Moreno, Inés Santra (?), Lujralita (?) (ilegible), María Victoria de (ilegible), Felicitas Holiaz, Inés Primo de Rivera, Manolita Mouris, Blanca Rivas, Pilar G. Ontiveros, Lupe Manteolaz, María Antonia San Román, A. M. Hurtado de Mendoza, Mª Ángeles P. Sopeña, Angelita Ramos, Josefina López Ortiz

O esta otra de una seguidora que sin querer decir lo dice todo sobre la pasión que siente por Dionisio (caligrafía difícil de leer):

¡¡Arriba España!! Madrid 4-IV-40

Ridruejo: nuestro buen amigo Antonio Valencia me ha devuelto ayer el álbum que yo le había dado, para que en él me pusierais vuestras firmas, y en el que tú tan amable me has escrito el final de un soneto, que creeme [sic.] me ha entusiasmado, y aunque bien sé que el libro nada merece, las firmas de los que como tú representáis “y sois” las glorias de nuestra España, lo hacen tener un gran valor y estoy con él, francamente ilusionada. Perdona lo que esto te haya molestado, y con mil gracias te envío en mi saludo todo el afecto y simpatía, de amiga y camarada. Mariana M Aguirre

«Dionisio, que seas bueno. Ya sabes lo que te quiero decir. Quizás esta sea una buena ocasión para que pienses en otras cosas. La distancia, la guerra y la virtud procura que te hagan olvidar… Arriba España» le escribe Pilar Primo de Rivera el 27 de octubre de 1941, membrete oficial de la Sección Femenina, a su destino en la Bielorrusia nevada. Pilar Primo de Rivera, que desaprobaba su relación con Marichu de la Mora, casada y madre de tres hijos ya, señora de Chávarri, madre después del cineasta Jaime Chávarri, a la que conoció en casa del pintor americano Fromkes, en Madrid, al igual que a Zenobia Camprubí, o a José Antonio, o a Neruda, o a Luis Escobar, el marqués de Leguineche berlanguiano. Marichu, que le había escrito el 1 de octubre de 1941 a las Rusias nevadas que le echa de menos: «Para mi querido Ridruejín con un apretado abrazo. ¡Arriba España! Aurea».

Aurea, su musa con la que viajó desde Segovia a Valladolid el 29 de diciembre de 1936, hospedándose en el Hotel Isabel y Fernando, a la que escribe desde el frente ruso, 25 grados bajo cero, 30 de octubre de 1941:

«…como ahora tengo una Leika [sic., regalo del jefe de Prensa en el Ministerio de Propaganda, doctor Dietrich, que le lleva al frente el pronazi José Finat, entonces embajador de Franco en Berlín, que fuera después alcalde de Madrid. Primun vivere es su lema para sobrevivir en el infierno de las nieves] mis salidas al exterior adquieren una vaga fisonomía turística… Últimamente me he sentido muy humano pensando en ti…».O esta otra carta, 23 de noviembre de 1941, 30 grados bajo cero:

«…Gracias por tu delicadeza, por tu pasión, por tu ternura y por tu inteligencia. No sospechas siquiera en qué clase de ser te estás convirtiendo para mí. Te recuerda cada hora con todo el corazón. Dionisio».

Y a la que dedicó estos versos juveniles en Valladolid:

Loca y grave, con voz de primavera

la palabra en tus labios extrañada

citó al amor para su sed primera.

Y brotas de ti como una espada

desnuda, repentina, verdadera

como yo te vivía y te pensaba.

Recientemente se ha sabido (marzo de 2015) de una supuesta amante que requirió a su Excelencia interceder por la vida de su amado José Antonio. Una misteriosa señorita envió el 24 de noviembre de 1936 (José Antonio llevaba muerto ya cuatro días) una carta rogando por la vida del falangista:

«Mi general: Soy la novia de José Antonio Primo de Rivera. Prefiero darle esta explicación escueta, con la sobriedad que él ha impuesto a su Falange, porque creo que ella excluye comentarios de lo que está siendo para mí estos meses… las señas más seguras son: María Santos Kant. Sección Femenina de la Falange. Juan Bravo 6. Segovia».

Un ayudante de Franco respondió a la desconocida señorita:

“Salamanca el 1 de diciembre de 1936: El Sr GENERAL FRANCO me encarga manifieste a usted que recibió su carta del 24 actual referente al Sr. Primo de Rivera. El Sr. General no sabe directamente nada relativo a la suerte de dicho señor… Sintiendo no poderle dar mejores noticias, usted disponga de su affmo…”.

Y sí, efectivamente, aquella señorita desconocida no era sino Marichu de la Mora y Maura, nieta de Antonio Maura, y Aurea para Dionisio, la misma con la que emprendió el viaje romántico a Valladolid un mes después.

Marichu de la Mora

Ay, pero el amor es ciego y puede encontrarse, o perderse, en cualquier curva del camino. “Una señora encantadora de pelo castaño, preciosos ojos azules, cuerpo esbelto, con una conversación divertidísima que vino el día 14. Se llama Podewils y está empleada en la prensa extranjera” escribe en sus Cuadernos de Rusia, el 17 de enero de 1942, mientras se recupera en un hospital en Berlín de su salud quebrada. A la que seguirán requiebros y piropos de amante deslumbrado a su regreso del frente. Su corazón encendido no daba para más entre las nieves. Y Serrano Súñer le retorna a Madrid en abril de 1942, la Falange vive horas bajas:

«Salgo un par de noches con Hexe Podewils, que se divierte mucho con mis discursos y tiene unos ojos bastante eficaces». (31 de enero de 1942)

»Invito a Hexe a cenar en el hotel. De pronto me dice que soy el hombre con quien le gustaría vivir toda la vida… hubiera sido indecoroso no besarla apasionadamente al dejarla en su casa. (2 de febrero de 1942)

»Me he dedicado intensamente a Hexe, a quien encontré enferma a mi llegada… estaba guapísima… con su pecho adolescente bajo la leve seda rosa. No me fío mucho de amores que tienen tantas fronteras por medio, incluso dentro de mí mismo. (Berlín, abril de 1942)

»Ella ha estado tan amorosa, tan enternecida, convaleciendo en la cama y despertando con lentitud, tan acariciable y manual, tan niña y tentadora que no he tenido más remedio que dejarme llevar. (Berlín, 21 de abril de 1942)

Ridruejo continuará con Hexe (su hechicera) en su confinamiento en Ronda, donde le envía Paca la Culona, condenado por su carta trasgresora del 7 de julio de 1942. Allí llega el 16 de octubre y Hexe le visitará el 8 de noviembre, hospedados en el Hotel Reina Victoria, su nidito de amor, pasando con él una semana. Aún flaco y cadavérico, Ridruejín tenía fuerzas sobradas para el amor. La condesa Von Podewils, 27 años, tres más joven que Ridruejo, hablaba un castellano perfecto aprendido en Colombia y en ese momento se había divorciado y era madre de tres hijos.

Condesa de Von Podewils

Todo se sabe, y Pilar Primo de Rivera, que le trata como a un hermanito pequeño, le escribe unas líneas a Ronda, conocedora de sus lances:

«Voy a tratar de convencer a Lali [Ridruejo, su hermana] para que vaya a pasar las Pascuas contigo, y así te hará más llevadera esta semisoledad en que estás. Aunque me figuro no sé por qué, que ya debes haber buscado compañía… ¡Arriba España!» (Carta manuscrita, Madrid. 4 diciembre 1942)

En agosto de 1943 Hexe y Ridruejo pasan quince días en Arenys de Mar, Barcelona. Pero la relación se rompe el 21 de diciembre, divorciada ella era difícil contraer matrimonio en una España nacionalcatólica abrumada por la catequesis castrante de la Iglesia. Hexe quedará profundamente afectada y a pesar de sus escarceos amorosos con diferentes hombres, incluyendo actores de Hollywood o espías de la CIA, siempre recordará el fuego de Ridruejo. Hexe regresó al final de sus días a Ronda, quizá para rememorar aquel amor. Murió en Sotogrande, Cádiz, en 2009, a los 94 años. 

Y el 26 de junio de 1944 Ridruejo y Gloria de Ros contraen matrimonio en Llavaneras, Barcelona. Su viaje de bodas es a Ibiza, donde Ridruejo se entrevista con Hedilla, allí confinado. Sigue su disidencia y en ella continuará los ratos que no está en la cárcel o en el exilio. Quizás ya más atenuada su pasión amorosa juvenil, quizás atemperada por su activismo político. Ridruejo dijo adiós el 29 de junio de 1975, apenas tres meses antes de los cinco fusilamientos con los que puso el broche de sangre final a su dictadura el general Franco. Su corazón loco, de fiebre de amor herido, no pudo más.

FUENTES PRIMARIAS CONSULTADAS:

Correspondencia de Dionisio Ridruejo. Centro Documental de la Guerra Civil. Salamanca.

Biblioteca Nacional. Diario “Arriba” 1941-1942.

Biblioteca Regional de Madrid
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA Y RECOMENDADA:

Dionisio Ridruejo. Poesía. Selección de Luis Felipe Vivanco. Alianza. 1987

Mis conversaciones privadas con Franco. Francisco Franco Salgado-Araujo. Prólogo de Julio Gil Pecharromán. Planeta. Edición 2005

La Roja y la Falangista. Inmaculada de la Fuente. Editorial Planeta. 2006

Casi unas Memorias. Edición de Jordi Amat. 2007

No deseo ser inventado. Folleto de la exposición celebrada en Burgo de Osma en 2008.

Cuadernos de Rusia. Edición de Jordi Gracia. 2012

Ecos de Munich. RBA. Edición de Jorge M. Reverte y Jordi Gracia. 2012

Cartas íntimas desde el exilio. Edición de Jordi Gracia y Jordi Amat. 2012

Epistolario inédito de Dionisio Ridruejo. Jordi Gracia. Planeta. 2012

Revista de Soria. Nº 23. Otoño 2013

Vueltas sin regreso. Correspondencia con Max Aub. Domingo Ródenas. Instituto Cervantes. 2018

Perdedores. Ángel Aguado López. Edhasa-Castalia. 2018

ENLACES RELACIONADOS:

Dionisio Ridruejo: Rebelde con causa

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Ya queda menos para la san Silvestre 2024

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Carmelita Flórez

11’08’’ marcaba el cronómetro al paso de la elite por el Km 4,3. Un tiempo inferior a 2’50’’ por Km, algo sólo reservado a los grandes atletas de las altiplanicies africanas. El resto, el populacho, más de 45.000 corredores, se tomaba la carrera como una diversión para despedir el año y justificar el exceso de ingesta que ha hecho de occidente la bandera de su ser privilegiado. Comida frente a hambre, consumo frente a la destrucción de las bombas, inmediatez frente a la amenaza de exterminio que muestran todos los días las televisiones, agradecimiento por haber recorrido un año más la senda tenebrosa de la vida. Carpe Diem. Una traslación desde el poderío económico, brillante y social del barrio rico, Chamartín, al humilde, poblado, feo y remezclado aglutinamiento de gentes de la batidora de Vallecas. De la calle de las embajadas americana, francesa, la grandeur, o marroquí; de la Residencia de Estudiantes donde flirteaba el poeta Lorca con Dalí y Buñuel; de los bustos de bronce de Ramón y Cajal y Severo Ochoa en el jardín del Consejo Superior de Investigaciones Científicas; de la aristocracia educativa del Ramiro; de la casa donde Ava Gardner celebraba sus fiestas gitanas y llamaba maricón al general Perón; al lado de donde el almirante Carrero Blanco rindió su último servicio a la patria: “E volavo, volavo felice più in alto del sole ed ancora più su”; del museo del amante de doña Emilia, Lázaro Galdiano; de las tiendas de lujo: Gucci, Loewe, Louis Vuitton, Ermenegildo Zegna, etc., de la ostentación y el esplendor de la gente guapa a la supervivencia de los latinos gordos, ebrios, feos y malvestidos que se alimentan de aceites refritos y ceviches de ají panca; a las tiendas de los chinos y su aloz tles delicias; al territorio de los paquis invisibles para el paseante y explotados que se buscan la vida vendiendo chucherías navideñas que nadie compra. Un paseo del todo a la nada. Un comienzo y un final que desciende por el Aqueronte de la calle Serrano para desembocar en el hades de la Avenida de la Albufera. Un viaje que cada corredor emprende al interior de uno mismo agradeciendo a Caronte que le haya mantenido en su barca un año más sin daño ni tara. Beatus ille. Y tras ese frenesí de zancadas, sudores y pulsaciones y la arribada nocturna al campo del Rayo, el regreso a la realidad del metro abarrotado de congéneres y la incertidumbre, la intuición de que hay que correr, correr mucho y sin descanso para huir del destino chungo, cruel y canalla antes de que te atrape y te engulla en el desamparo de la mediocridad y de la existencia cotidiana. Tempus fugit.

El paso de la laguna Estigia. Joaquin Patinir. 1520. Museo del Prado.

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2023: Felicidad: ¡Qué bonito nombre tienes!

Carmelita Flórez

Entre bombas y muertos palestinos acaba el año. Los mejores deseos de la humanidad chocan con el muro de terror que los gobernantes imponen desde los púlpitos de sus estrategias homicidas. Netanyahu y Putin encabezan el “top ten” de los sátrapas sanguinarios. Eso sí, matan en nombre de la paz y de su justicia nacionalista. No hay esperanza para el ser humano. Amanece, que no es poco, un nuevo año.

ENERO

Fallecimiento de Nicolás Redondo, líder sindical histórico de UGT. En la foto aparece junto a José María Cuevas, presidente de la patronal CEOE, y Antonio Gutiérrez en la cumbre que las tres organizaciones celebraron en Madrid, el 23 de septiembre de 1992.
Las chicas sólo quieren divertirse. Netanyahu las hubiera masacrado por llevar velo. Menos mal que paseaban por El Retiro madrileño.

FEBRERO

Crimen y castigo de la reina de Tardajos. A sangre fría asesinó Pascuala Calonge a su marido, Valentín Lacarta, rico labrador, el 4 de enero de 1845, en Tardajos de Duero, un pueblecito de Soria. Contó con la ayuda de su criado y amante, José Díez Moreno. El 18 de abril de 1846 ambos, declarados culpables en sentencia firme por la Audiencia Provincial de Burgos, fueron ajusticiados a garrote vil en Soria capital. La ejecución fue pública y contemplada por una multitud variopinta que asistió al espectáculo como si de una fiesta se tratara. La historiadora Rosario Consuelo Gonzalo ha hecho una reconstrucción del caso digna de Truman Capote.

MARZO

8 M: Separadas pero revueltas

El “Orgullo” femenino se dio de bruces con la división, ese filtro que enturbia todas las comuniones de las izquierdas. Se juntaron en Atocha, que aquello parecía la madre de todas las manifestaciones, miles y miles de personas levantado banderas moradas, ternos morados, labios morados, puños morados, pancartas moradas como si un dios padre nazareno hubiera llamado de pronto a sus amados/as seguidores/as. Pero fue un espejismo, un guiño efímero, porque un poco más allá se separaban, la facción Movimiento Feminista decidió seguir calle Atocha arriba, mientras que la facción 8M Movimiento Feminista ponía proa hacia Cibeles. Tan juntas pero tan lejos.

ABRIL

60 aniversario del fusilamiento de Julián Grimau

El régimen de Franco mostró su rostro más abyecto, brutal y sanguinario el 20 de abril de 1963, cuando fue fusilado en los acuartelamientos de Campamento, un barrio al oeste de Madrid, Julián Grimau, dirigente del comité ejecutivo del Partido Comunista. Grimau llevaba varios años de actividad clandestina entre Barcelona y Madrid analizando la situación política del país con objeto de declarar la HGP, huelga general política, instrumento de protesta y movilización de masas con el que la dirección del PCE, asentada en París y desconocedora absoluta de la realidad social del interior, pretendía derribar al dictador e instalar la democracia.

MAYO

SALUTEM PLURIMAM

Hay libros que son una vida, que escribes lentamente con el paso de los días, de los meses, de los años, de la infancia, de la juventud, de la madurez, amasados con la soledad de los dolores y con las sonrisas compartidas que graba en la memoria el discurrir de la existencia. “EL GABINETE MÁGICO Libro de las bibliotecas imaginarias vale por toda una vida. «Si no una, media» asegura Emilio Pascual, su hacedor, que ha trabajado en él durante más de treinta años.

JUNIO

¿QUIÉN MATÓ A VÍCTOR MOLERO?

Un rayo mató a Víctor Molero el 12 de junio de 1915. Venía de visitar a su prometida, Eurídice, que atendía con mimo su deseo, sus deseos, en el vecino lugar de Quijorna. El fruto del amor quedó impreso en la roca de la memoria eterna. Orfeo, te perpetuaste en el tiempo a través de una lápida. Tu recuerdo pétreo entre las azucenas olvidado, Víctor, es más prolongado que tu corta vida.

JULIO

EL EXTRAÑO CASO DEL SEMANARIO EL CASO

El morbo, el crimen ajeno, el castigo y la contrición del delincuente llenaron las páginas del semanario EL CASO durante sus 45 años de vida. Dos Españas, dos historias complementarias, dos mundos diferentes, dos realidades casi inimaginables que se desarrollaron en tan escaso período de tiempo.

AGOSTO

EL CRIMEN DE LA NIÑA MELCHORA

La cosa va de crímenes. Forastera, tuerta y madrastra. Estos fueron los cargos que le valieron a Juliana Velasco Díez la condena a muerte por el asesinato de la niña Melchora, su hijastra, infanticidio acaecido en la villa de Cigales, Valladolid, el 16 de julio de 1905. Melchora, huérfana de madre, de seis añitos, era hija de Miguel Velasco Pastor, de 42 años, cooperador necesario en el crimen según la sentencia, hombre de carácter apocado, analfabeto, casado en segundas nupcias con su prima Juliana, a término de embarazo cuando sucedieron los hechos, declarada asesina, analfabeta también, mujer bravía y de carácter irascible, de poca belleza física y antipática para sus vecinos.

SEPTIEMBRE

UN SIGLO DE LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA, 50 AÑOS DEL GOLPE DE ESTADO DE PINOCHET

Todos los tiranos encuentran enseguida argumentos para justificar sus acciones contra la población civil, para responsabilizar a los demás de sus actos terroristas, para “legalizar” sus levantamientos contra el poder democrático, para culpar a los otros de sus asesinatos. Y cuentan con seguidores negacionistas, con voceros que apoyaran por un pequeño precio de subsistencia sus reprobables crímenes. El número de muertos en la población civil es la única diferencia entre Primo de Rivera, Franco, Stalin, Hitler, Mao, Castro, Pinochet, Pol Pot (los Jémeres Rojos), Videla, Putin o Netanyahu. ¿Quién de ellos mató más?

OCTUBRE

COMIENZA EL EXTERMINIO EN PALESTINA

Cincuenta, cien, tal vez ciento cincuenta. ¿A cuántos niños palestinos matará hoy Netanyahu? ¿Y mañana? Y a lo largo de la semana, ¿cuántos barrios de la franja de Gaza, parques, polideportivos, carreteras, escuelas, mercados, hospitales habrá destruido el fragor ejecutor con que los blindados y la aviación de Israel se emplean esforzadamente en borrar del mapa a la población civil que habita en ella? Dos millones de personas inocentes confinadas en un enorme campo de exterminio sin salida, sin provisiones, sin agua, sin comida, sin combustible, sin electricidad, sin médicos, sin medicinas, miles de familias que huyen a ninguna parte del horror vengativo con el que el primer ministro israelí justifica su derecho a defenderse del ataque terrorista de Hamas.

 

NOVIEMBRE

ZARAGAZA

Zaragoza es el sexto Episodio Nacional, escrito por Galdós entre marzo y abril de 1874, dos meses después del golpe de estado del general Pavía contra la primera república española (no es cierto que el golpista entrara a caballo en el Congreso de los Diputados), asalto que dará paso a la dictadura republicana, previa a la restauración borbónica de 1875 con la coronación de Alfonso XII. El heroismo y sufrimiento de la población de Zaragoza es similar al infierno que vive la población de la Franja de Gaza. Los tiranos genocidas se repitan a lo largo de la historia.

DICIEMBRE

JULIA SE QUEDA

Estás ahí, en tu pedestal, ajena al mundo, al ruido de los coches y a los murmullos de admiración de los mortales que provoca tu ensoñación, tu ausencia tan presente y tan cercana, cinco años ya que te persigo buscando la felicidad en tu mirada esquiva, tu complicidad en tu silencio, la complacencia en la tranquilidad de tus párpados entornados y el amor en la blancura de tus mejillas.

Julia se queda

Gabriel de Araceli

Estás ahí, en tu pedestal, ajena al mundo, al ruido de los coches y a los murmullos de admiración de los mortales que provoca tu ensoñación, tu ausencia tan presente y tan cercana, cinco años ya que te persigo buscando la felicidad en tu mirada esquiva, tu complicidad en tu silencio, la complacencia en la tranquilidad de tus párpados entornados y el amor en la blancura de tus mejillas. Mi mujer imposible y huidiza, mi chica de hielo y nácar que me esconde la luz de sus ojos y el brillo de sus labios, siempre esquiva a mi mirada, a mis suspiros, a mis sueños y a mis caricias imposibles porque sabes que soy tu cautivo fiel entregado a tu perfil sereno, tu amante ignorado y deseoso de tu semblante regio y de tu melena de azúcar derramada por el viento y por el sol, Julia, que iluminas la plaza entera desde que llegaste, que enciendes de pasión la triste realidad de mis deseos.

El pobre Colón, desorientado, te envidia desde su atalaya, tal vez quiera descubrir la profundidad de tu perfil sereno y adentrarse en el océano de pensamientos que encubre tu rostro de reina pétrea, sabe que hay un más allá en el horizonte de tu mirada al poniente desconocido, otra dimensión idílica en tu alma de diosa griega, quiere navegar mar adentro contigo por el misterio de tu aliento enmudecido, por tu isla misteriosa de Ogigia, devanando las tardes púrpuras de primavera. Piensa en mí, mírame, soy tu amor, regresé. Y aunque no sea quien tú esperas, iré a contemplarte cada tarde, todos los días, cuando el sol te da en el rostro y te embellece el alma cazadora de afrodita. Julia, no te vayas, quédate siempre con nosotros.


Fotos que Terry Mangino ha ido pillando a lo largo de cinco años


ZaraGaza

Teodosia Gandarias

Zaragoza es el sexto Episodio Nacional, escrito por Galdós entre marzo y abril de 1874, dos meses después del golpe de estado del general Pavía contra la primera república española (no es cierto que el golpista entrara a caballo en el Congreso de los Diputados), asalto que dará paso a la dictadura republicana, previa a la restauración borbónica de 1875 con la coronación de Alfonso XII. La fecha de escritura de Zaragoza coincidirá después con el tiempo narrativo de la segunda parte de su novela “Fortunata y Jacinta”. En ese momento histórico, 1874, don Benito es un joven escritor de apenas 31 años que goza ya de un amplio prestigio literario. La aplicación cuasi espartana y el oficio con los que Galdós se entregaba a la escritura le llevó a escribir los diez primeros Episodios, los de las guerras napoleónicas, en apenas dos años, entre 1873 y 1875.

Dentro del friso de novelas históricas emprendido por Galdós, Zaragoza cuenta la destrucción de la ciudad durante el segundo asedio que sufre por las tropas napoleónicas, de diciembre de 1808 a febrero de 1809. La ciudad queda reducida a escombros y según don Benito, la población, atacada por la artillería, las minas, las granadas de mano y las bayonetas del imperio de Francia sufre más de 53.000 pérdidas humanas. A lo que contribuye también la epidemia de tifus que asola a sus habitantes.

La novela es un ejemplo de la febril creatividad literaria de Galdós. Casi un manual para escribir novelas descrito en los rasgos característicos y personalidades con las que modela a sus personajes protagonistas y secundarios, la habilidad fabril con las que desarrolla trama principal y accesorias, la arquitectura moduladora de su espacio dramático, tiempo de exposiciones y planteamientos narrativos, punto de ruptura y desenlace. La maestría narrativa de Galdós no se limita a una alabanza épica de los defensores y exaltación del patriotismo con que se enfrentan a los invasores bárbaros, sino que, además de repartir críticas a la avaricia de los frailucos que acaparaban vino y viandas en sus conventos sin compartirlo con la tropa heroica, encierra también un folletín amoroso entre dos jóvenes pertenecientes a dos clases sociales diferentes, un “Romeo y Julieta” aragonés, Agustín de Montoria y Mariquilla Candiola, amantes en mitad de una batalla atroz que destruye su entorno sin afectar a su amor. La novela está narrada en primera persona por el conductor de toda la primera serie, su personaje Gabriel de Araceli, que aquí no persigue a su amada Inés, sino que es testigo del amor de otros jóvenes. Agustín es el hijo menor de un influyente político y patriota, don Manuel de Montoria, representante del bien, que le ha destinado a la carrera eclesiástica y que sin duda alcanzará el tocado obispal, aunque la guerra y el amor por una mujer le desvíe temporalmente del claustro. Sin embargo, y he aquí la dificultad de la relación, Mariquilla es hija de un prestamista y usurero, odiado por toda la ciudadanía, antipático e insolidario con el esfuerzo bélico que acometen los vecinos. Y para mayor desprecio, de procedencia judía, nacido de los chuetas mallorquines. El representante del mal.

Ese es el conflicto terrible que marcará el amor de los protagonistas y lo que da actualidad a este episodio de Galdós, Zaragoza es entonces como la franja de Gaza ahora, las dos sufren las consecuencias de las pasiones de la locura humana que mueve los destinos del mundo:

 Por un lado, la maldad del judío, abominable personaje ajeno al drama nacional que sufre la ciudad, interesado sólo por su fortuna, sus bienes materiales y su dinero, sin sentimientos humanos, egoísta, odiado por el resto de los vecinos, enfrentado a la causa común contra el francés, aunque recibirá el castigo literario de ver sus posesiones arrasadas por el fuego del invasor al que no quería oponerse y con el que emocionalmente se sentía próximo. Tampoco le valió de mucho la rapiña al jefe del ejército opresor, el Netanyahu de entonces, el mariscal Lannes, robando las joyas del manto de la imagen de la virgen en febrero de 1809. Lannes falleció tres meses después en la guerra contra Austria. Fue como si el destino se hubiera resarcido cobrándose una deuda de sangre.

Y por el lado bueno la épica y patriotismo de los Montoria, antagonistas del tío Candiola. Ellos son las víctimas del extranjero napoleónico que sufren la agresión sangrienta, defensores acérrimos del orden nacional encarnado por el general Palafox y devotos todos de la virgen del Pilar.

Y el escenario de ruinas (y eso revierte a la actualidad a la novela galdosiana), escombros, las escenas de destrucción y cadáveres ensartados en las bayonetas napoleónicas que escribe Galdós son iguales que las imágenes de cadáveres amortajados y bebés muertos, nacidos de una cesárea sin anestesia que ahora contemplamos a diario en los informativos de la televisión. Una carrera hacia la muerte en la franja de Gaza 215 años después de la de Zaragoza. Los blindados judíos que sepultan Gaza son el equivalente a los cañones del mariscal Lannes, el encargado por el sátrapa Napoleón de arrasar Zaragoza.  

Sabemos por los medios de información occidentales destacados en la franja que los informativos de la televisión de Israel no ofrecen a la ciudadanía hebrea imágenes de la destrucción que sus tropas cometen a diario en territorio palestino. Así, la opinión pública de Israel carece de información de lo que pasa ahí, es ajena al dolor que sufre la población civil, desconoce la muerte de los bebes prematuros, no sabe de los miles de muertos del furor de Netanyahu, no conoce la destrucción de hospitales ni el exterminio de civiles que sus tropas cometen a diario con la excusa de buscar terroristas en los quirófanos. Algo parecido a la manipulación informativa que sufre la población rusa desconocedora también de las atrocidades que el ejército de Putin perpetra en Ucrania.

El heroísmo de los defensores sirvió de poco y Zaragoza se rindió el 21 de febrero de 1809. Aunque poco tiempo le valió al invasor la conquista. En agosto de 1813 las tropas napoleónicas se rindieron. Se aproximaba el fin del imperio de uno de los más terribles genocidas de la historia, Napoleón, que sucumbiría en Waterloo apenas dos años después. Zaragoza y Gaza, principio y fin.


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Viaje por el Canal de Castilla

Agustina de Champourcin

Las esclusas del Canal de Castilla a su paso por Frómista, Palencia.

El material con el que están forjados los sueños. Así se construyó el Canal de Castilla, con la pretensión de crear una vía navegable por la que fluyera la riqueza exportadora de merinas y viñedos por el interior granítico de la que fue la región vertebradora de un reino invertebrado y potencia mundial en los siglos precedentes, Castilla, esplendor agónico de retablos de pan de oro y clerecía rancia de clausuras despobladas. Comienzan las obras el 16 de julio de 1753, el siglo de las luces, la Ilustración, todo para el pueblo, pero sin el pueblo, reinado de Fernando VI. Pronto se verá que el Estado es insolvente para financiar tan singular proyecto y se acudirá a la banca privada para que acometa, para que se lucre, mucho, con tan singular iniciativa. Y durante dos siglos, por los más de doscientos kilómetros de su trazado en y griega, navegaran barcazas y mercancías por un mar interior de apenas dos metros de profundidad y cinco de ancho, hasta que el ferrocarril y el desarrollo de las comunicaciones plegaron al Canal al baúl de los proyectos fallidos y a los viajes turísticos.

Pascual Izquierdo, autor de Viaje por el Canal de Castilla.

Pascual Izquierdo, timonel de candeales y de olivas, jinete sobre caballo de acero, poeta, forjador de sueños, cronista galdosiano y notario del paisaje castellano ha recorrido el Canal infinidad de ocasiones buscando tal vez el aleteo de una golondrina en el zaguán soleado de una plaza mayor. Geometría. O el norte del nido que una cigüeña elevara sobre la torre de una iglesia. Y ha plasmado el sollozo del aire entre los chopos, el zureo de las palomas y el recuerdo de las bocas femeninas, lascivas, húmedas, inquietantes entre los bordes ovalados de alguna esclusa en su lírica endecasílaba de este espejo humano lleno de puentes, dársenas y acueductos del Canal castellano. Porque hubo 365 embarcaciones que navegaron un tiempo entre sus 150 metros de desnivel de esa arteria líquida y pleamar de las espigas, trashumancias, palomares, torres harineras. Parece que en sus palabras también restallan las trallas con las que los patrones de agua dulce arreaban a las mulas para remolcar, veloces, las barcazas. ¡Arre muuula! Viejas caballerías conocedoras del álgebra metafísica del canal, de los vectores e hipotenusas de los caminos de sirga. Y hay también una denuncia del abandono que por parte de las autoridades que sufre el Canal. Y en el retablo de personajes que pueblan sus páginas resuenan los latidos de la vida, un viaje interior por el corazón de sus moradores, héroes silenciosos, pobladores anónimos, seres virtuosos ceñidos con la disciplina de la austeridad del paisaje infinito que recogen el testamento de un tiempo glorioso, de esplendor de arquitecturas portentosas y escaseces seculares. El mayor patrimonio del Canal, la mayor riqueza, la razón de su ser, el pueblo, tan llano como Castilla.

Viaje por el Canal de Castilla, libro de espumas de agua dulce por un cauce de terciopelo de merina y campanario, poemario de rosa de los vientos entre Alar del Rey, Palencia, Valladolid y Medina de Rioseco, el norte en alguna veleta sobre una torre torcida y la palabra del poeta en el corazón del verso.  

Las esclusas del Canal de Castilla a su paso por Frómista, Palencia.

Ningún niño palestino verá jamás Cortylandia

Agustina de Champourcin

—Cincuenta, cien, tal vez ciento cincuenta. ¿A cuántos niños palestinos matará hoy Netanyahu? ¿Y mañana? Y a lo largo de la semana, ¿cuántos barrios de la franja de Gaza, parques, polideportivos, carreteras, escuelas, mercados, hospitales habrá destruido el fragor ejecutor con que los blindados y la aviación de Israel se emplean esforzadamente en borrar del mapa a la población civil que habita en ella? Dos millones de personas inocentes confinadas en un enorme campo de exterminio sin salida, sin provisiones, sin agua, sin comida, sin combustible, sin electricidad, sin médicos, sin medicinas, miles de familias que huyen a ninguna parte del horror vengativo con el que el primer ministro israelí justifica su derecho a defenderse del ataque terrorista de Hamas. ¿Quedará algún habitante de la franja vivo después de que el homicida Netanyahu haya respondido a la barbarie con su barbarie sanguinaria? ¿Cuántas víctimas estarán bajo los escombros de esos bloques de viviendas que se derrumban a plomo tras los bombardeos del ejército israelita? Y en los barrios calcinados que muestran las imágenes horribles de la televisión ¿cuántos cadáveres no podrán recibir sino la sepultura de los escombros? El horror, la solución final, borrar del mapa esa población incómoda para el estado hebreo, privada de presente y sin futuro.

Carmelita y Terry pasean un domingo de octubre por la Puerta del Sol de Madrid, de la Mallorquina salen parejas alegres zampando bambas de nata, napolitanas, palmeras glaseadas. La gente invade el parque del Retiro, luce un sol tímido, los enamorados se besan, las chicas lucen tipazos y se fotografían tal vez para alborotar más aún al novio enamorado. Los niños se ríen de los equilibrios de un cómico sobre un rodillo inestable. Bajo una alameda se reúnen músicos para tocar sus guitarras todos juntos, otros juegan al ajedrez o disfrutan del saxofón del músico cubano. Y las burbujas de jabón iluminan el rostro de los más pequeños, ¡explotan inofensivas! El otoño llena de paz la ciudad.

—Vivir en occidente tiene sus ventajas, Terry. ¿Pero por cuánto tiempo? ¿Cuánto aguantará el mundo a esa maldad ultraliberal negacionista que se extiende como una masa de chapapote y que amenaza con cubrir de mierda el estado de bienestar que disfrutamos? ¿Caeremos de nuevo en la tragedia? ¿Seremos pasto de la maldición de algún nuevo Putin o de algún nuevo Netanyahu salvador que nos redima con el fuego de sus cañones?

Las calles siguen abarrotadas, es difícil circular por Gran Vía, por Fuencarral, por Arenal, por la Plaza Mayor todo lleno de gentes que se apuran en disfrutar los momentos de la tarde.

—No lo pienses más, Carmelita. Como humanidad estamos condenados al fracaso. No hay solución. Sólo vivir el momento. Mira, ya están engalanando las calles con guirnaldas y faltan más de dos meses para navidad. Parece que los ediles tienen más afán en competir en bombillas que en solucionar los problemas de los ciudadanos.

—Sí, otra compostura, otra mascarada, vivimos en la escena de un teatro falso. Pan y circo en casa de los ricos. Los niños palestinos jamás podrán disfrutar de un paseo por el Retiro, ni ver el decorado callejero de Cortylandia, tal vez no sobrevivan dentro de dos meses, tal vez en esa fecha la franja de Gaza sea un inmenso cementerio.

Se hace el silencio entre ellos. Carmelita y Terry entran en la sidrería asturiana de Lavapiés, en un rincón hay una mesa libre.

—Te invito a unos chopitos antes de que el dedo de fuego de un estadista asesino nos señale con su rayo vesánico, antes de que nos convirtamos en un número de una estadística fatal, antes de que nos robe la felicidad algún profeta del apocalipsis.

Se sientan. Se está bien en ese rinconcito de un bar cualquiera escuchando el bullicio alegre y desenfadado de los clientes.

—Marchando una de chopitos —confirma el camarero cuando le llaman.   


Derecho y revés de una misma realidad

Fotos de Tery Mangino tomadas en Madrid durante el mes de octubre.


El negro de Vargas Llosa

Agustina de Champourcín

 —Escuchen —dijo Roger Casement al público reunido un martes de octubre reciente en los bajos de la librería “Tipos Infames”, de Malasaña—, un tipo que tiene su dormitorio presidido por un cuadro basado en una foto del maestro Ontañón que retrata a Juan Carlos Onetti tumbado en la cama y confiesa orgulloso que se ha leído “Volverás a región”, o al “Ulises”, pertenece al mundo de la quimera, de los sueños, no ha existido nunca, es imposible, es una invención de las musas. Por eso, la última novela de Eduardo Riestra: “El negro de Vargas Llosa”, se mueve en los terrenos de la ficción, aunque apueste por la confusión realista, en el estrecho margen entre realidad y deseo, las palabras de ese negro promueven el engaño y la especulación sobre los personajes que aparecen en la obra del escribidor de Arequipa, pero permiten revisitar la obra de don Mario sin tener que releerlas de nuevo, lo cual nos llevaría un siglo y un quebradero de cabeza doloroso y es una gran ventaja, sin tener que someterse a las evoluciones ideológicas que sufre el maestro propias de su edad catedralicia.

Fonchito posó su cabecita sobre el escote de Lucrecia, su madrastra, a pesar de la mirada recriminatoria de don Rigoberto, mientras que Zavalita se preguntaba ¿en qué momento se jodió el Perú?, la tía Julia confesaba lo que Varguitas no dijo, Pantaleón Pantoja regalaba a Pochita un collar de esmeraldas de la Amazonía y la niña mala le hacía travesuras innombrables a Ricardo muy cerca de allí, en el Café Barbieri. Y Urania Cabral le recriminaba con dolor a su padre haberla vendido al vicio depravado del Chivo.

El negro de Vargas Llosa, o sea, Eduardo Riestra.

¿Pero de verdad Llosa tiene un negro?, se preguntaba el público con la boca abierta. Naturalmente, ¿quién lo duda? Es imposible escribir tanto y tan bien, ganarse la aversión de aquella izquierda militante que antes le subió al altar, atender a tantas mujeres, tías, primas, amantes porculanosas dipsómanas, agentes literarias, residir en tantas ciudades y declamar en los púlpitos universitarios, Priston entre otros, liarse a puñetazos con Gabo, viajar por todos los rincones del planeta y ganar premios y premios y premios sin la ayuda secreta de un maromo que le toque las teclas a la Olivetti por él y que le ponga las letras derechas en los renglones torcidos. “El negro de Vargas Llosa” es eso, un ensayo, una novela, una ficción o una memoria o una crónica y un análisis errático (porque es aleatorio, sin comienzo ni final determinado), sin pretensiones didácticas ni académicas, con el único afán de divertir y de explicar cómo y dónde pesca don Mario para fraguar sus historias. Y, además, enseña por qué caminos feriales se mueve o movió la literatura hispanoamericana para poder ver la claridad en las encrucijadas del túnel del siglo XX. Entra la luz por una ventana reveladora, el negro no cuenta lo evidente, sino lo que no se ve.

Por eso don Mario llamó un día a Eduardo, el negro, no el editor, y le propuso que le hiciera de mamporrero. Y claro, ante aquella oferta que no podía rechazar Riestra, es decir, el negro, aceptó. Y escribió una crónica, amable y a la vez profunda introspección de la obra de aquel Vargas Llosa que marcó nuestra juventud de lectores deslumbrados por el boom de la literatura hispanoamericana. ¡Eran tantos y tan buenos! Y también la novela, que no ficción, nos revela el proceloso mundo de la edición literaria contado con la precisión del artesano, ese oficio viajero, duro y resbaladizo que lo único que pretende es trasmitir la belleza, la serenidad, la armonía y la frescura que de las cabecitas de los autores brotan desnudas para que las reciba ya vestidas y ornamentadas el lector. Y también la ficción de Riestra, que no novela, juega con la confusión homérica provocando en el lector un viaje a la isla de las palabras de Ogigia donde queda atrapado por el canto de las sirenas de la verosimilitud de lo imposible. Ese negro Eduardo es a la vez editor y escritor sin ínfulas, infectado por el virus de las letras.

Y pretendía rendir homenaje el autor, ¿el negro o el blanco?, ¡el blanco!, a la novela popular de Sautier Casaseca o de Corín Tellado desvelando que el genio de la botella de “El paraíso en la otra esquina” le envió el manuscrito de su novela “Amor infinito”, firmada por un tal Marino Valle, para que le diera forma y la pusiera en el mercado. Una novela “popular” que ovacionaba a esa literatura fugaz que leíamos de juveniles en los abarrotados vagones del metro de Madrid de la línea 1, en los tiempos del desarrollismo de los tecnócratas, con olor a sobaquina y sobresaltados roces de cruzados mágicos. “Patricia, arrebatándome aquellas hojas, mostró ser una mujer sin corazón”, se queja Riestra, el negro, porque le quitaron el juguete con el que pretendía arrebolarse su corazón infantil.

Quizás para una próxima segunda edición se incluya un índice onomástico, aunque sea una novela y no un ensayo crítico. Lo requiere la cantidad de nombres, personajes, autores y lugares que convierten el libro también en un estudio universitario. Al lector le resultaría útil. No se cita, sin embargo, “El paraíso en la otra esquina”. Gauguin y Flora Tristán le perdonarán también al negro su olvido en otra edición próxima. Lectura ágil y risueña, divertida, un retablo repleto de ilustrados caballeros de la creación llena las páginas de ficción, que no novela. El camino de la magia a través del ensueño y de la fantasía.

—Y ahora voy a hablar ya de verdad de Mario Vargas Llosa y el sexo, que es como hablar de Landero y la guitarra flamenca —se despide el negro Riestra de la librería—. Pero eso será en la próxima novela, que no ficción.

«Me meoo toaa con el negro de don Marío, qué gusto, qué gusto me da el Edu, digo Varguitas» —piensa para sí doña Patricia, victoriosa y con una sonrisa exultante de oreja a oreja semioculta en un rincón de la librería.

—Por cierto —aclara Riestra, el negro—, dipsómana significa borracha.

Fotografías de Terry Mangino


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