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Escaparate ignorado

~ La actualidad examinada

Escaparate ignorado

Publicaciones de la categoría: Uncategorized

Julia se queda

20 miércoles Dic 2023

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Gabriel de Araceli

Estás ahí, en tu pedestal, ajena al mundo, al ruido de los coches y a los murmullos de admiración de los mortales que provoca tu ensoñación, tu ausencia tan presente y tan cercana, cinco años ya que te persigo buscando la felicidad en tu mirada esquiva, tu complicidad en tu silencio, la complacencia en la tranquilidad de tus párpados entornados y el amor en la blancura de tus mejillas. Mi mujer imposible y huidiza, mi chica de hielo y nácar que me esconde la luz de sus ojos y el brillo de sus labios, siempre esquiva a mi mirada, a mis suspiros, a mis sueños y a mis caricias imposibles porque sabes que soy tu cautivo fiel entregado a tu perfil sereno, tu amante ignorado y deseoso de tu semblante regio y de tu melena de azúcar derramada por el viento y por el sol, Julia, que iluminas la plaza entera desde que llegaste, que enciendes de pasión la triste realidad de mis deseos.

El pobre Colón, desorientado, te envidia desde su atalaya, tal vez quiera descubrir la profundidad de tu perfil sereno y adentrarse en el océano de pensamientos que encubre tu rostro de reina pétrea, sabe que hay un más allá en el horizonte de tu mirada al poniente desconocido, otra dimensión idílica en tu alma de diosa griega, quiere navegar mar adentro contigo por el misterio de tu aliento enmudecido, por tu isla misteriosa de Ogigia, devanando las tardes púrpuras de primavera. Piensa en mí, mírame, soy tu amor, regresé. Y aunque no sea quien tú esperas, iré a contemplarte cada tarde, todos los días, cuando el sol te da en el rostro y te embellece el alma cazadora de afrodita. Julia, no te vayas, quédate siempre con nosotros.


Fotos que Terry Mangino ha ido pillando a lo largo de cinco años


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ZaraGaza

16 jueves Nov 2023

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Teodosia Gandarias

Zaragoza es el sexto Episodio Nacional, escrito por Galdós entre marzo y abril de 1874, dos meses después del golpe de estado del general Pavía contra la primera república española (no es cierto que el golpista entrara a caballo en el Congreso de los Diputados), asalto que dará paso a la dictadura republicana, previa a la restauración borbónica de 1875 con la coronación de Alfonso XII. La fecha de escritura de Zaragoza coincidirá después con el tiempo narrativo de la segunda parte de su novela “Fortunata y Jacinta”. En ese momento histórico, 1874, don Benito es un joven escritor de apenas 31 años que goza ya de un amplio prestigio literario. La aplicación cuasi espartana y el oficio con los que Galdós se entregaba a la escritura le llevó a escribir los diez primeros Episodios, los de las guerras napoleónicas, en apenas dos años, entre 1873 y 1875.

Dentro del friso de novelas históricas emprendido por Galdós, Zaragoza cuenta la destrucción de la ciudad durante el segundo asedio que sufre por las tropas napoleónicas, de diciembre de 1808 a febrero de 1809. La ciudad queda reducida a escombros y según don Benito, la población, atacada por la artillería, las minas, las granadas de mano y las bayonetas del imperio de Francia sufre más de 53.000 pérdidas humanas. A lo que contribuye también la epidemia de tifus que asola a sus habitantes.

La novela es un ejemplo de la febril creatividad literaria de Galdós. Casi un manual para escribir novelas descrito en los rasgos característicos y personalidades con las que modela a sus personajes protagonistas y secundarios, la habilidad fabril con las que desarrolla trama principal y accesorias, la arquitectura moduladora de su espacio dramático, tiempo de exposiciones y planteamientos narrativos, punto de ruptura y desenlace. La maestría narrativa de Galdós no se limita a una alabanza épica de los defensores y exaltación del patriotismo con que se enfrentan a los invasores bárbaros, sino que, además de repartir críticas a la avaricia de los frailucos que acaparaban vino y viandas en sus conventos sin compartirlo con la tropa heroica, encierra también un folletín amoroso entre dos jóvenes pertenecientes a dos clases sociales diferentes, un “Romeo y Julieta” aragonés, Agustín de Montoria y Mariquilla Candiola, amantes en mitad de una batalla atroz que destruye su entorno sin afectar a su amor. La novela está narrada en primera persona por el conductor de toda la primera serie, su personaje Gabriel de Araceli, que aquí no persigue a su amada Inés, sino que es testigo del amor de otros jóvenes. Agustín es el hijo menor de un influyente político y patriota, don Manuel de Montoria, representante del bien, que le ha destinado a la carrera eclesiástica y que sin duda alcanzará el tocado obispal, aunque la guerra y el amor por una mujer le desvíe temporalmente del claustro. Sin embargo, y he aquí la dificultad de la relación, Mariquilla es hija de un prestamista y usurero, odiado por toda la ciudadanía, antipático e insolidario con el esfuerzo bélico que acometen los vecinos. Y para mayor desprecio, de procedencia judía, nacido de los chuetas mallorquines. El representante del mal.

Ese es el conflicto terrible que marcará el amor de los protagonistas y lo que da actualidad a este episodio de Galdós, Zaragoza es entonces como la franja de Gaza ahora, las dos sufren las consecuencias de las pasiones de la locura humana que mueve los destinos del mundo:

 Por un lado, la maldad del judío, abominable personaje ajeno al drama nacional que sufre la ciudad, interesado sólo por su fortuna, sus bienes materiales y su dinero, sin sentimientos humanos, egoísta, odiado por el resto de los vecinos, enfrentado a la causa común contra el francés, aunque recibirá el castigo literario de ver sus posesiones arrasadas por el fuego del invasor al que no quería oponerse y con el que emocionalmente se sentía próximo. Tampoco le valió de mucho la rapiña al jefe del ejército opresor, el Netanyahu de entonces, el mariscal Lannes, robando las joyas del manto de la imagen de la virgen en febrero de 1809. Lannes falleció tres meses después en la guerra contra Austria. Fue como si el destino se hubiera resarcido cobrándose una deuda de sangre.

Y por el lado bueno la épica y patriotismo de los Montoria, antagonistas del tío Candiola. Ellos son las víctimas del extranjero napoleónico que sufren la agresión sangrienta, defensores acérrimos del orden nacional encarnado por el general Palafox y devotos todos de la virgen del Pilar.

Y el escenario de ruinas (y eso revierte a la actualidad a la novela galdosiana), escombros, las escenas de destrucción y cadáveres ensartados en las bayonetas napoleónicas que escribe Galdós son iguales que las imágenes de cadáveres amortajados y bebés muertos, nacidos de una cesárea sin anestesia que ahora contemplamos a diario en los informativos de la televisión. Una carrera hacia la muerte en la franja de Gaza 215 años después de la de Zaragoza. Los blindados judíos que sepultan Gaza son el equivalente a los cañones del mariscal Lannes, el encargado por el sátrapa Napoleón de arrasar Zaragoza.  

Sabemos por los medios de información occidentales destacados en la franja que los informativos de la televisión de Israel no ofrecen a la ciudadanía hebrea imágenes de la destrucción que sus tropas cometen a diario en territorio palestino. Así, la opinión pública de Israel carece de información de lo que pasa ahí, es ajena al dolor que sufre la población civil, desconoce la muerte de los bebes prematuros, no sabe de los miles de muertos del furor de Netanyahu, no conoce la destrucción de hospitales ni el exterminio de civiles que sus tropas cometen a diario con la excusa de buscar terroristas en los quirófanos. Algo parecido a la manipulación informativa que sufre la población rusa desconocedora también de las atrocidades que el ejército de Putin perpetra en Ucrania.

El heroísmo de los defensores sirvió de poco y Zaragoza se rindió el 21 de febrero de 1809. Aunque poco tiempo le valió al invasor la conquista. En agosto de 1813 las tropas napoleónicas se rindieron. Se aproximaba el fin del imperio de uno de los más terribles genocidas de la historia, Napoleón, que sucumbiría en Waterloo apenas dos años después. Zaragoza y Gaza, principio y fin.


Enlaces relacionados:

Los amores asimétricos de Galdós

El callejero novelístico del Madrid galdosiano

Tormento, Almudena y don Benito

Centenario del fallecimiento de Galdós

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Viaje por el Canal de Castilla

10 viernes Nov 2023

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Agustina de Champourcin

Las esclusas del Canal de Castilla a su paso por Frómista, Palencia.

El material con el que están forjados los sueños. Así se construyó el Canal de Castilla, con la pretensión de crear una vía navegable por la que fluyera la riqueza exportadora de merinas y viñedos por el interior granítico de la que fue la región vertebradora de un reino invertebrado y potencia mundial en los siglos precedentes, Castilla, esplendor agónico de retablos de pan de oro y clerecía rancia de clausuras despobladas. Comienzan las obras el 16 de julio de 1753, el siglo de las luces, la Ilustración, todo para el pueblo, pero sin el pueblo, reinado de Fernando VI. Pronto se verá que el Estado es insolvente para financiar tan singular proyecto y se acudirá a la banca privada para que acometa, para que se lucre, mucho, con tan singular iniciativa. Y durante dos siglos, por los más de doscientos kilómetros de su trazado en y griega, navegaran barcazas y mercancías por un mar interior de apenas dos metros de profundidad y cinco de ancho, hasta que el ferrocarril y el desarrollo de las comunicaciones plegaron al Canal al baúl de los proyectos fallidos y a los viajes turísticos.

Pascual Izquierdo, autor de Viaje por el Canal de Castilla.

Pascual Izquierdo, timonel de candeales y de olivas, jinete sobre caballo de acero, poeta, forjador de sueños, cronista galdosiano y notario del paisaje castellano ha recorrido el Canal infinidad de ocasiones buscando tal vez el aleteo de una golondrina en el zaguán soleado de una plaza mayor. Geometría. O el norte del nido que una cigüeña elevara sobre la torre de una iglesia. Y ha plasmado el sollozo del aire entre los chopos, el zureo de las palomas y el recuerdo de las bocas femeninas, lascivas, húmedas, inquietantes entre los bordes ovalados de alguna esclusa en su lírica endecasílaba de este espejo humano lleno de puentes, dársenas y acueductos del Canal castellano. Porque hubo 365 embarcaciones que navegaron un tiempo entre sus 150 metros de desnivel de esa arteria líquida y pleamar de las espigas, trashumancias, palomares, torres harineras. Parece que en sus palabras también restallan las trallas con las que los patrones de agua dulce arreaban a las mulas para remolcar, veloces, las barcazas. ¡Arre muuula! Viejas caballerías conocedoras del álgebra metafísica del canal, de los vectores e hipotenusas de los caminos de sirga. Y hay también una denuncia del abandono que por parte de las autoridades que sufre el Canal. Y en el retablo de personajes que pueblan sus páginas resuenan los latidos de la vida, un viaje interior por el corazón de sus moradores, héroes silenciosos, pobladores anónimos, seres virtuosos ceñidos con la disciplina de la austeridad del paisaje infinito que recogen el testamento de un tiempo glorioso, de esplendor de arquitecturas portentosas y escaseces seculares. El mayor patrimonio del Canal, la mayor riqueza, la razón de su ser, el pueblo, tan llano como Castilla.

Viaje por el Canal de Castilla, libro de espumas de agua dulce por un cauce de terciopelo de merina y campanario, poemario de rosa de los vientos entre Alar del Rey, Palencia, Valladolid y Medina de Rioseco, el norte en alguna veleta sobre una torre torcida y la palabra del poeta en el corazón del verso.  

Las esclusas del Canal de Castilla a su paso por Frómista, Palencia.

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Ningún niño palestino verá jamás Cortylandia

30 lunes Oct 2023

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Agustina de Champourcin

—Cincuenta, cien, tal vez ciento cincuenta. ¿A cuántos niños palestinos matará hoy Netanyahu? ¿Y mañana? Y a lo largo de la semana, ¿cuántos barrios de la franja de Gaza, parques, polideportivos, carreteras, escuelas, mercados, hospitales habrá destruido el fragor ejecutor con que los blindados y la aviación de Israel se emplean esforzadamente en borrar del mapa a la población civil que habita en ella? Dos millones de personas inocentes confinadas en un enorme campo de exterminio sin salida, sin provisiones, sin agua, sin comida, sin combustible, sin electricidad, sin médicos, sin medicinas, miles de familias que huyen a ninguna parte del horror vengativo con el que el primer ministro israelí justifica su derecho a defenderse del ataque terrorista de Hamas. ¿Quedará algún habitante de la franja vivo después de que el homicida Netanyahu haya respondido a la barbarie con su barbarie sanguinaria? ¿Cuántas víctimas estarán bajo los escombros de esos bloques de viviendas que se derrumban a plomo tras los bombardeos del ejército israelita? Y en los barrios calcinados que muestran las imágenes horribles de la televisión ¿cuántos cadáveres no podrán recibir sino la sepultura de los escombros? El horror, la solución final, borrar del mapa esa población incómoda para el estado hebreo, privada de presente y sin futuro.

Carmelita y Terry pasean un domingo de octubre por la Puerta del Sol de Madrid, de la Mallorquina salen parejas alegres zampando bambas de nata, napolitanas, palmeras glaseadas. La gente invade el parque del Retiro, luce un sol tímido, los enamorados se besan, las chicas lucen tipazos y se fotografían tal vez para alborotar más aún al novio enamorado. Los niños se ríen de los equilibrios de un cómico sobre un rodillo inestable. Bajo una alameda se reúnen músicos para tocar sus guitarras todos juntos, otros juegan al ajedrez o disfrutan del saxofón del músico cubano. Y las burbujas de jabón iluminan el rostro de los más pequeños, ¡explotan inofensivas! El otoño llena de paz la ciudad.

—Vivir en occidente tiene sus ventajas, Terry. ¿Pero por cuánto tiempo? ¿Cuánto aguantará el mundo a esa maldad ultraliberal negacionista que se extiende como una masa de chapapote y que amenaza con cubrir de mierda el estado de bienestar que disfrutamos? ¿Caeremos de nuevo en la tragedia? ¿Seremos pasto de la maldición de algún nuevo Putin o de algún nuevo Netanyahu salvador que nos redima con el fuego de sus cañones?

Las calles siguen abarrotadas, es difícil circular por Gran Vía, por Fuencarral, por Arenal, por la Plaza Mayor todo lleno de gentes que se apuran en disfrutar los momentos de la tarde.

—No lo pienses más, Carmelita. Como humanidad estamos condenados al fracaso. No hay solución. Sólo vivir el momento. Mira, ya están engalanando las calles con guirnaldas y faltan más de dos meses para navidad. Parece que los ediles tienen más afán en competir en bombillas que en solucionar los problemas de los ciudadanos.

—Sí, otra compostura, otra mascarada, vivimos en la escena de un teatro falso. Pan y circo en casa de los ricos. Los niños palestinos jamás podrán disfrutar de un paseo por el Retiro, ni ver el decorado callejero de Cortylandia, tal vez no sobrevivan dentro de dos meses, tal vez en esa fecha la franja de Gaza sea un inmenso cementerio.

Se hace el silencio entre ellos. Carmelita y Terry entran en la sidrería asturiana de Lavapiés, en un rincón hay una mesa libre.

—Te invito a unos chopitos antes de que el dedo de fuego de un estadista asesino nos señale con su rayo vesánico, antes de que nos convirtamos en un número de una estadística fatal, antes de que nos robe la felicidad algún profeta del apocalipsis.

Se sientan. Se está bien en ese rinconcito de un bar cualquiera escuchando el bullicio alegre y desenfadado de los clientes.

—Marchando una de chopitos —confirma el camarero cuando le llaman.   


Derecho y revés de una misma realidad

Fotos de Tery Mangino tomadas en Madrid durante el mes de octubre.


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El negro de Vargas Llosa

19 jueves Oct 2023

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Agustina de Champourcín

 —Escuchen —dijo Roger Casement al público reunido un martes de octubre reciente en los bajos de la librería “Tipos Infames”, de Malasaña—, un tipo que tiene su dormitorio presidido por un cuadro basado en una foto del maestro Ontañón que retrata a Juan Carlos Onetti tumbado en la cama y confiesa orgulloso que se ha leído “Volverás a región”, o al “Ulises”, pertenece al mundo de la quimera, de los sueños, no ha existido nunca, es imposible, es una invención de las musas. Por eso, la última novela de Eduardo Riestra: “El negro de Vargas Llosa”, se mueve en los terrenos de la ficción, aunque apueste por la confusión realista, en el estrecho margen entre realidad y deseo, las palabras de ese negro promueven el engaño y la especulación sobre los personajes que aparecen en la obra del escribidor de Arequipa, pero permiten revisitar la obra de don Mario sin tener que releerlas de nuevo, lo cual nos llevaría un siglo y un quebradero de cabeza doloroso y es una gran ventaja, sin tener que someterse a las evoluciones ideológicas que sufre el maestro propias de su edad catedralicia.

Fonchito posó su cabecita sobre el escote de Lucrecia, su madrastra, a pesar de la mirada recriminatoria de don Rigoberto, mientras que Zavalita se preguntaba ¿en qué momento se jodió el Perú?, la tía Julia confesaba lo que Varguitas no dijo, Pantaleón Pantoja regalaba a Pochita un collar de esmeraldas de la Amazonía y la niña mala le hacía travesuras innombrables a Ricardo muy cerca de allí, en el Café Barbieri. Y Urania Cabral le recriminaba con dolor a su padre haberla vendido al vicio depravado del Chivo.

El negro de Vargas Llosa, o sea, Eduardo Riestra.

¿Pero de verdad Llosa tiene un negro?, se preguntaba el público con la boca abierta. Naturalmente, ¿quién lo duda? Es imposible escribir tanto y tan bien, ganarse la aversión de aquella izquierda militante que antes le subió al altar, atender a tantas mujeres, tías, primas, amantes porculanosas dipsómanas, agentes literarias, residir en tantas ciudades y declamar en los púlpitos universitarios, Priston entre otros, liarse a puñetazos con Gabo, viajar por todos los rincones del planeta y ganar premios y premios y premios sin la ayuda secreta de un maromo que le toque las teclas a la Olivetti por él y que le ponga las letras derechas en los renglones torcidos. “El negro de Vargas Llosa” es eso, un ensayo, una novela, una ficción o una memoria o una crónica y un análisis errático (porque es aleatorio, sin comienzo ni final determinado), sin pretensiones didácticas ni académicas, con el único afán de divertir y de explicar cómo y dónde pesca don Mario para fraguar sus historias. Y, además, enseña por qué caminos feriales se mueve o movió la literatura hispanoamericana para poder ver la claridad en las encrucijadas del túnel del siglo XX. Entra la luz por una ventana reveladora, el negro no cuenta lo evidente, sino lo que no se ve.

Por eso don Mario llamó un día a Eduardo, el negro, no el editor, y le propuso que le hiciera de mamporrero. Y claro, ante aquella oferta que no podía rechazar Riestra, es decir, el negro, aceptó. Y escribió una crónica, amable y a la vez profunda introspección de la obra de aquel Vargas Llosa que marcó nuestra juventud de lectores deslumbrados por el boom de la literatura hispanoamericana. ¡Eran tantos y tan buenos! Y también la novela, que no ficción, nos revela el proceloso mundo de la edición literaria contado con la precisión del artesano, ese oficio viajero, duro y resbaladizo que lo único que pretende es trasmitir la belleza, la serenidad, la armonía y la frescura que de las cabecitas de los autores brotan desnudas para que las reciba ya vestidas y ornamentadas el lector. Y también la ficción de Riestra, que no novela, juega con la confusión homérica provocando en el lector un viaje a la isla de las palabras de Ogigia donde queda atrapado por el canto de las sirenas de la verosimilitud de lo imposible. Ese negro Eduardo es a la vez editor y escritor sin ínfulas, infectado por el virus de las letras.

Y pretendía rendir homenaje el autor, ¿el negro o el blanco?, ¡el blanco!, a la novela popular de Sautier Casaseca o de Corín Tellado desvelando que el genio de la botella de “El paraíso en la otra esquina” le envió el manuscrito de su novela “Amor infinito”, firmada por un tal Marino Valle, para que le diera forma y la pusiera en el mercado. Una novela “popular” que ovacionaba a esa literatura fugaz que leíamos de juveniles en los abarrotados vagones del metro de Madrid de la línea 1, en los tiempos del desarrollismo de los tecnócratas, con olor a sobaquina y sobresaltados roces de cruzados mágicos. “Patricia, arrebatándome aquellas hojas, mostró ser una mujer sin corazón”, se queja Riestra, el negro, porque le quitaron el juguete con el que pretendía arrebolarse su corazón infantil.

Quizás para una próxima segunda edición se incluya un índice onomástico, aunque sea una novela y no un ensayo crítico. Lo requiere la cantidad de nombres, personajes, autores y lugares que convierten el libro también en un estudio universitario. Al lector le resultaría útil. No se cita, sin embargo, “El paraíso en la otra esquina”. Gauguin y Flora Tristán le perdonarán también al negro su olvido en otra edición próxima. Lectura ágil y risueña, divertida, un retablo repleto de ilustrados caballeros de la creación llena las páginas de ficción, que no novela. El camino de la magia a través del ensueño y de la fantasía.

—Y ahora voy a hablar ya de verdad de Mario Vargas Llosa y el sexo, que es como hablar de Landero y la guitarra flamenca —se despide el negro Riestra de la librería—. Pero eso será en la próxima novela, que no ficción.

«Me meoo toaa con el negro de don Marío, qué gusto, qué gusto me da el Edu, digo Varguitas» —piensa para sí doña Patricia, victoriosa y con una sonrisa exultante de oreja a oreja semioculta en un rincón de la librería.

—Por cierto —aclara Riestra, el negro—, dipsómana significa borracha.

Fotografías de Terry Mangino


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Soria, poetas, santos y amores turbadores

09 lunes Oct 2023

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Agustina de Champourcín

Soria, su Calle Mayor va de Antonio Machado a la niña Leonor. Bajo los soportales Gerardo Diego toma café y lee a Juan Ramón y a León Felipe. Y en un rincón, Dionisio le escribe a la vez versos de amor a Marichu y a la Von Podewils antes de que ellas se tiren de los pelos por sus magras carnes en la embajada alemana en Madrid. Fue en 1943. Ridruejo tenía un no sé qué que lo hacía irresistible a las señoras. Y a los intelectuales de izquierda. Contubernio él. Señoras bien llenan a la hora del aperitivo la plaza de Ramón Benito Aceña, algo así como la Puerta del Sol versión soriana, llena de bares y mesones. Toman rosado de Cigales o blanco de Rueda. Y torreznos. Y se miran entre ellas presumiendo de tipazos. «¡Ay que ver cómo está de ajada la Jimena! De nada le vale llevar un sostén Christian Lacroix», piensa para sí doña Elvira. «¡Por más que se vista de Prada la Elvira es un adefesio!», piensa para sí doña Jimena. Es sólo un momento en la eternidad castellana, a las cuatro de la tarde la Calle Mayor queda vacía y abandonada al silencio:

Soria está allí, por donde tuerce un río

y unas piedras se queman y un castillo

ha muerto en pie y un árbol amarillo

será cuerpo glorioso y está el frío…

Ridruejo, sí. Un tío con un par…

Por la calle Mayor de Soria marcharon camino del patíbulo Pascuala Calonge y su amante José Díez. Fue el 18 de abril de 1846. Su crimen fue matar al marido de ella. Y el castigo, el garrote vil. Al parecer, José Díez no se fiaba mucho de su amante y pidió que ella fuera ajusticiada primero, no fuera que le cargaran a él sólo el marrón y ella se fuera de rositas. Qué va, qué va. Gentes de toda la provincia presenciaron en directo el acontecimiento social, tan ejemplarizante como terrible espectáculo. Aquello fue como una final de la Champions. Todo Soria, la provincia más despoblada de España, asistió al dramático esperpento. Garrotazo vil. Pascuala dejó dos hijos de corta edad. «Era preñez, parto y fallecimiento del nacido. Así hasta cinco embarazos”. Esa fue la esclerótica vida de Pascuala», cuenta Rosario Consuelo, profe de la Universidad de Castilla. Si quiere saber más sobre tan luctuoso suceso léase su “Crimen y castigo de la reina de Tardajos”, que ella, doctora por Salamanca (asegura que don Miguel no formaba parte del tribunal académico que examinó su tesis, Cum Laude), se entretuvo en esclarecer. Casi una novela de terror al estilo Truman Capote. Pero este no ha sido el único crimen cometido en Soria. El 22 de marzo de 1953, el mendigo Carlos Soto Gutiérrez, procedente de Carabanchel, donde la cárcel, asesino y violó (profanó), por ese orden, a la niña de 13 años Purificación Tejero Jimeno, en Ribarroya, a siete kms de Tardajos. La Benemérita le pilló en un plis plas y el 5 de febrero de 1955 le ajusticiaron. Fue la última vez que se aplicó tan terrible castigo en Soria.

Leonor, protagonista a su pesar

Misterioso y silencioso

iba una y otra vez.

Su mirada era tan profunda

que apenas se podía ver.

Cuando hablaba tenía un deje

de timidez y de altivez.

Y la luz de sus pensamientos

casi siempre se veía arder…

¡Ay! ¡El gran Rubén!

Aún se preguntan los sorianos cómo puedo ser aquello del amor del, aún virginal, poeta con la niña Leonor. Como son parte del folklore y de la historia buena de Soria nadie se hace demasiadas preguntas. Porque ella murió siendo aún una niña. La tuberculosis. Porque incluso el Príncipe de las letras castellanas, Félix Rubén García Sarmiento, alias Rubén Darío, ayudó a don Antonio para que regresaran de París en 1911. De nada les valió, herida ella de muerte y él muerto en vida. Ay, Antonio, ay, Leonor…

El cabezón de Antonio es obra de Pablo Serrano . Hay otra copia igual en el Museo de Bellas Artes de San Fernando, Madrid.

¡Primavera soriana, primavera

humilde, como el sueño de un bendito,

de un pobre caminante que durmiera

de cansancio en un páramo infinito!

¡Campillo amarillento,

como tosco sayal de campesina,

pradera de velludo polvoriento

donde pace la escuálida merina!

El dolor le duró toda la vida a don Antonio.

Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería.

Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.

Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía.

Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.

Y hay un san Juan que va por el Duero de san Polo a san Saturio. Ruinas y camino donde Antonio y Leonor hacían manitas inocentes y castas, hija ella de un sargento de la Guardia Civil. Los álamos y el olmo seco, como la vida que arrastró el poeta hasta su exilio final, en el fracaso universal y en el triunfo de la muerte.

Y hay un san Baudelio, no muy lejos de Burgo de Osma, la villa natal de Dionisio, que muestra las cicatrices que en su ermita dejó la codicia del expolio ajeno del arte propiciado por la ignorancia propia de sus moradores.

Y ahora hay poetas anónimos, a la ribera del Duero mi amor, te espero, camino Soria, que llenan sus paredes de proverbios y cantares efímeros que a don Antonio, en Colliure, ¡menudo jari por allí has organizado!, le hacen rebrotar una efímera sonrisa: «Allí me encontré en la gloria que no sentí jamás», recuerda. Y a Leonor, garbeando su palmito pinturero, presentir una felicidad desconocida que apenas atisbó, quizás nunca, en su inocencia de niña.


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San Baudelio de Berlanga

No sabe de edad don Amor

Leer a Rubén Darío

Dionisio Ridruejo: Rebelde con causa

Arroz con frijoles


Fotografías de Terry Mangino

Ruinas de San Juan de Duero
Gerado Diego comparte penas con un amigo
Esto también es poesía I
Esto también es poesía II
Esto también es poesía III
Esto también es poesía IV
Gerardo Diego se lo hace leyendo a Juan Ramón
Tute en el casino de Soria
Dionisio Ridruejo. Rebelde con causa
La plaza de Burgo de Osma donde nació Dionisio Ridruejo
Bueyes de san Baudelio
Leonor, el amor efímero del poeta
El día de la boda, 30 de junio de 1909.
Tumba de Leonor en Soria
Tumba de Antonio en Colliure, France
El aula donde Machado daba clases de francés en el Instituto que lleva su nombre, en Soria. No parece que fuera un gran parlante de la lengua de Víctor Hugo, apenas si pasó temporadas en la Ville Lumiere.
El Duero entre san Polo y san Saturio
San Saturio, donde los iluminados de la fe son consentidos en sus arrebatos místicos desde tiempos ignotos.


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San Baudelio de Berlanga

04 miércoles Oct 2023

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Agustina de Champourcín

El afán expoliador de las potencias coloniales europeas ha llenado sus museos de tesoros provenientes de los países antiguamente ocupados. El museo Pergamon de Berlín tiene uno de los tesoros de la corona del antiguo Egipto: Nefertiti. El Louvre es un catálogo de tesoros provenientes de las rapiñas que Napoleón hizo en Oriente Medio y Grecia. El obelisco de Luxor contempla el paso de los ciclistas del Tour en la Place de la Concorde, ligeramente alejado de su emplazamiento original, Tebas. El British Museum recoge sin ninguna duda el ansia depredadora de riquezas artísticas que el United Kingdom ejerció en sus colonias durante siglos imperiales: frisos del Partenon, piedra de Rosetta, cacería de leones de Asurbanipal…

Perdida en la quietud de la soledad soriana, rodeada de la nada se alza en una colina la ermita mozárabe de San Baudelio de Berlanga, construida en el siglo XI. Una comarca despoblada a una altitud media que supera los 1100 m. Por fuera parece una construcción anodina, una lonja para guardar herramientas o carruajes o ganado. Nada indica las riquezas pictóricas que guardaba su interior, utilizado como redil a comienzos del siglo XX por los moradores de la comarca, que veían con cierto pavor las pinturas murales de su interior fechadas sobre 1125. Figuras amenazantes, trazos antiguos, animales descabalados y misteriosos, un elefante (nadie vio durante aquellos siglos en la Península Ibérica un paquidermo), unos bueyes, escenas de caza, santurrones hieráticos mezclados con el hedor de los orines y excrementos de las merinas. ¿Para qué conservar esas paredes pintarrajeadas si de ellas se podía obtener un buen puñado de dólares?

Exterior de la ermita de San Baudelio de Berlanga, en la altitud soriana

Dictadura de Primo de Rivera, septiembre de 1923, cien años ha. Aprovechando el desconcierto corren por España marchantes de arte en busca de tesoros ignorados. El parisino Gabriel Dereppe era uno de aquellos emprendedores desvergonzados, trabajaba para un anticuario de la Ville Lumiere. Vio una oportunidad única de negocio en los muros de la ermita ruinosa. La ignorancia de los escasos moradores y la codicia de los dueños hicieron el resto y por la ínfima cantidad de 65.000 pesetas fueron compradas a los propietarios los murales del corral que guardaba las ovejas. 23 fragmentos de las pinturas fueron arrancados de las paredes. La alarma saltó cuando algún vecino se apercibió de la opacidad del asunto y la denuncia creó una alarma nacional propiciada por los periódicos y el miedo al extranjero. Pero la escasa legislación vigente protectora del patrimonio nacional y la sentencia inexplicable del Tribunal Supremo confirmando la legalidad de la venta derivó en que las pinturas salieran de España en 1925 rumbo primero a París y después a los United States of America. Está acreditado que el negociante Dereppe vendió un fresco de San Baudelio al Museo de Bellas Artes de Boston por 75.000 dólares, una cifra infinitamente superior a la ridícula pagada por su compra fraudulenta.

Posteriores negociaciones entre los gobiernos español y americano consiguieron una permuta de parte de las pinturas de San Baudelio por el ábside de la ermita de Fuentidueña. No salió gratis. Traspasadas a lienzo las pinturas se exhiben como depósito temporal indefinido en el Museo del Prado desde 1957. El patrimonio artístico español sufrió el expolio de una potencia colonizadora. Tal vez como antes se hizo con el patrimonio perteneciente a los pueblos americanos que formaron su imperio.

Habría que señalar en la bolsa de los expoliadores a Arthur Byne, el agente de Williams Randolph Hearst, Citizen Kane para Orson Welles, que saqueó por las mismas fechas las ermitas de Sacramenia y Fuentidueña en la vecina Segovia. Arthur Byne, sin embargo, estaba considerado en España como un experto hispanista que recibió de la dictadura la Cruz del Mérito Civil de manos del ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, en 1927.

La visita a San Baudelio es gratuita. Los visitantes exclaman sorprendidos ¡ohs! de admiración al penetrar en su interior de luz atenuada. La inmensa palmera de ocho brazos, columna central del edificio, parece derramar las miradas sobre los siglos pretéritos. ¿Cuántas personas habrán pasado por aquí y se habrán, también, emocionado? Las huellas de los frescos arrancados aún hablan al observador atento. Se escuchan palabras antiguas, corren por el aire las oraciones, los rezos que durante siglos pronunciaban los fieles, tal vez los vocablos malsonantes con los que los pastores arracimaban las merinas. O las exclamaciones de satisfacción del marchante Gabriel Dereppe cuando conseguía de la estulticia de los propietarios de la ermita los contratos codiciosos que le hicieron rico, inmensamente rico.

ENLACES RELACIONADOS

Rosebud

Sacramenia, piedra a piedra


Fotos de Terry Mangino

Vista general del interior de la ermita.
La palmera de ocho brazos.
Bosque de columnas en el interior de la ermita
Cacería de liebres. Museo del Prado.
Elefante. Museo del Prado.
Guerrero. Museo del Prado
Huella que dejó la pintura mural arrancada.
Bueyes

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Vuelta a España 2023: Cántico espiritual

18 lunes Sep 2023

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Agustina de Champourcín

Sepp Kuss, o Hipomenes, lanza sus manzanas de oro a lo largo del Paseo del Prado y vence a Atalanta —el cansancio físico, el infortunio, la derrota, la duda, los rivales— 3154 Km después. Su esfuerzo, su ambición, su exigencia máxima, su excelencia deportiva, tal vez su modestia es premiada por Cibeles con el laurel de los ganadores, aunque envidiosa de su belleza encadene a los amantes eternamente a su carro y se sirva de su fuerza, del sacrificio de su pedaleo eterno antes de que la gloria efímera del triunfo se pierda en una curva cualquiera del tiempo desmemoriado. «Entrado se ha la esposa en el ameno huerto deseado, y a su sabor reposa, el cuello reclinado sobre los dulces brazos del Amado».

 

Remco busca impaciente el reconocimiento del vellocino de oro por el Helesponto del Guadarrama, sus argonautas le abren pedaleando los caminos. Pero su esfuerzo se pierde en un déficit de glucógeno, tal vez se diluye en la trampa de su inconsciencia juvenil. El éxito siempre es esquivo y Calipso le reclama el óbolo del derroche de su generosidad enardecida, de su temperamento furibundo, de su torrente fogoso. Su empeño volcánico es pasto de sí mismo, de su avaricia, de su gallardía deportiva. «Buscando mis amores iré por esos montes y riberas; ni cogeré las flores, ni temeré las fieras y pasaré los fuertes y fronteras».

 

 

 

La victoria es como el amor, exige esfuerzo y disciplina, entrega y sacrificio. Se disuelve en un momento, en una curva errada, en un bache del camino, en un collado traidor quedan la ambición y el deseo olvidados, desasidos de las manos que antes lo aupaban a las bocas, a las flores y a los besos. Remco imbatible, Remco rebelde, Remco gigante. Remco, vuelve otra vez el año próximo, le pide Calisto enamorada. «Y luego a las subidas cavernas de la piedra nos iremos que están bien escondidas, y allí nos entraremos, y el mosto de granadas gustaremos».

 


Fotos de Terry Mangino

Tête de la course
Pelotón agrupado
Remco y sus boys subiendo por Fresnedillas
Los alegres muchachos de Sepp Kuss
Paso por la Gran Vía
¡Remco, Remco, Remco!
Paso por la Gran Vía
Remco persevera hasta el final
Luis León Sánchez se despide de ustedes

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