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Escaparate ignorado

~ La actualidad examinada

Escaparate ignorado

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La vulgaridad de una ciudad: Madrid

12 martes Ene 2016

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Dalian Wanda, Especulación inmobiliaria, Eurovegas, Ley del Suelo, Ordenación del territorio, Plaza de España, Plaza Mayor, Puerta del Sol, Relaxing cup of café con leche, Urbanismo

DSCN3356_webLos centros históricos de las grandes ciudades sufren una paulatina presión especulativa que está acabando con su personalidad y su identidad histórica-cultural. En el caso de Madrid es notable la metamorfosis que ha sufrido, convirtiéndose sus calles en un decorado espurio de cartón piedra levantado para atraer al turismo. Los anglicismos del casual food, coffe shop, café&tapas, de callos a la madrileña o de bocadillos de calamares-plástico invaden los comercios de Madrid como una versión actualizada de un bienvenidomistermarshall postmoderno. En fachadas y escaparates del centro histórico madrileño abundan los tópicos españolistas tan recurrentes como falsos de folklorismo andaluz, de tauromaquia caduca, de espadachines hidalgos, de personajes goyescos, de retratos de bodas reales o de camisetas de futbolistas mercenarios, como si todo ese conjunto informe de fetiches ambulantes definieran la personalidad de la capital. Es el Relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor, por el que tanto apostó la anterior alcaldesa Ana Botella, de infausta memoria.

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Una gran parte del espacio público de calles y plazas del centro de la ciudad se ha ocupado por terrazas o reclamos comerciales. Es el uso privado de un suelo público. Si quieres sentarte tienes que pagar.

Los partidos políticos o grupos de presión económica han luchado por el control del territorio despiadadamente a lo largo de los últimos veinticinco años. En 1990, el partido socialista aprobó una ley del suelo ampliamente contestada por los conservadores, porque suponía el control centralizado sobre el territorio y supeditaba al gobierno central la intervención de las comunidades periféricas sobre sus dominios, además de regular la colegiación de los profesionales de la edificación. Con la entrada en el gobierno, en 1996, del marido de la señora Botella (Famaztella es la empresa de ambos conyuges, no necesariamente marital ni afectada por la crisis) cambió por completo la legislación en materia de territorio. Tras sucesivos fallos derogatorios de las ordenanzas socialistas y nuevas leyes se promulgó en 1998 la Ley del Suelo, que venía a liberalizar el comercio del suelo público, modificaba la colegiación y ponía en manos de las comunidades autónomas el control de un inmenso territorio. Con las manos libres la Comunidad de Madrid ha realizado desde 2001 no menos de doce modificaciones sucesivas de la Ley del Suelo aprovechando las rendijas de los presupuestos o diferentes leyes de medidas fiscales, que eludían así la vía ordinaria de tramitación parlamentaria y el debate y transparencia políticos.

El poder tiene miedo de que se ocupe el suelo público para manifestarse en su contra. Por eso procura hacer incómodo su uso, bien despoblándolo de mobiliario urbano, ausencia de bancos donde se sienten los vecinos, bien colocando obstáculos e impedimentos -un ejemplo son las marquesinas antimendigos-, bien retirando árboles que den sombra en los tórridos veranos madrileños. Tanto en la Puerta del Sol, como en la Plaza del Callao no existen bancos para sentarse y muy pocos en la Plaza Mayor, pero eso no impidieron las manifestaciones espontáneas del 11 de mayo de 2011. Desde entonces, el poder se ha encastillado en leyes mordazas que limitan el libre derecho de expresión. En la foto, el profesor Juan Carlos Monedero da su clase en la Puerta del Sol a pesar del frío del 28 de noviembre de 2012.

El poder tiene miedo de que se ocupe el suelo público para manifestarse en su contra. Por eso procura hacer incómodo su uso, bien despoblándolo de mobiliario urbano, ausencia de bancos donde se sienten los vecinos, bien colocando obstáculos e impedimentos (un ejemplo son las marquesinas antimendigos), bien retirando árboles que den sombra en los tórridos veranos madrileños. Tanto en la Puerta del Sol, como en la Plaza del Callao no existen bancos para sentarse y muy pocos en la Plaza Mayor, pero eso no impidió las manifestaciones espontáneas del 11 de mayo de 2011. Desde entonces, el poder se ha encastillado en leyes mordazas que limitan el libre derecho de expresión. En la foto, el profesor de la Complutense Juan Carlos Monedero da su clase en la Puerta del Sol a pesar del frío del 28 de noviembre de 2012.

De aquellos polvos de la reordenación y construcción del suelo surgió el lodo de la burbuja inmobiliaria y las consecuencias económicas y urbanísticas que supuso en 2008 la explosión de la misma: caída del mercado inmobiliario, enorme parque acumulado de viviendas, desahucios, venta de viviendas sociales a fondos buitres de inversión (Ana Botella vendió al fondo Blackstone 1.890 viviendas públicas por 128,5 millones de euros en noviembre de 2013. En este grupo figuraba como consejero su hijo José María Aznar Botella), recalificación para fines comerciales de suelo destinado a equipamiento urbano, invasión de los lugares emblemáticos de las ciudades por las elites económicas, aeropuertos sin aviones, autopistas de peaje por las que no pasa nadie, circuitos de Fórmula 1 sin bólidos, vías férreas sin trenes, cesiones a grupos privados de suelo público a bajo precio, concesiones de infraestructuras hospitalarias, educativas, recreativas públicas a la gestión privada, dificultades para el acceso a la vivienda, etc., etc.

Recientemente, el grupo empresarial chino Dalian Wanda compró el Edificio España por 265 millones de €, que quiere convertir en un hotel de lujo y en un centro comercial.

Recientemente, el grupo empresarial chino Dalian Wanda compró el Edificio España por 265 millones de €, que quiere convertir en un hotel de lujo y en un centro comercial.

La caída del precio inmobiliario propicia el interés de fondos de inversión internacional, que aprovechan el bajo costo de los inmuebles madrileños para comprarlos. El poderío económico de estos grupos les permite imponer sus normas y o modificar leyes adaptándolas a sus intereses. Era la pretensión de Sheldon Adelson, un oscuro mafioso condenado en varios países que se tiró el rollo de que iba a construir en Alcorcón un macrocasino, Eurovegas, un polo de expansión económica que contaba con las sonrisas beatíficas de doña Esperanza Aguirre y al que iba a dotar tanto de ruletas como de prostitutas internacionales para reducir las cifras del paro. La pretensión de desarmar el Edificio España y modificar no sólo el uso original del mismo, sino alterar por completo el tejido social y las relaciones vecinales de todo el barrio contaba así mismo con el visto bueno del anterior gobierno municipal. El cambio de ayuntamiento ha supuesto la negativa a los planes caprichosos del inversor chino, al menos de momento.
Diferentes inmuebles o zonas de la ciudad experimenta situaciones similares y los negocios tradicionales o actividades que encierran se ven alterados cuando no obligados a desaparecer. La personalidad del barrio se transforma en otra ajena a la actual. Es el caso de la transformación de la antigua sede de Banesto, ahora en las garras del grupo Villar Mir, o la transformación en grandes superficies de ropa de los antiguos cines de la Gran Vía, o del pequeño comercio secular, incapaz de sobrevivir al pago de altos alquileres, o de cafés históricos y lugares de reunión que han echado el cierre. La ciudad se convierte en un parque temático de franquicias y marcas globalizadas, iguales en Madrid que en Chicago o Berlín. Calles llenas de turistas, espectadores erráticos en un decorado de opereta y pintura al agua, la vulgaridad de una ciudad cualquiera.

El fin de la moratoria sobre los contratos de alquileres produjo que miles de establecimientos tradicionales desaparecieran al no poder pagar los elevados costes de actualización de arrendamientos. Eso ha supuesto una pérdida del comercio minoritario, que se ve sustituido por grandes cadenas o franquicias internacionales basadas en el lucro y desvinculadas totalmente con el barrio donde se ubican.

El fin de la moratoria sobre los contratos de alquileres produjo que miles de establecimientos tradicionales desaparecieran al no poder pagar los elevados costes de actualización de arrendamientos. Eso ha supuesto una pérdida del comercio minoritario, que se ve sustituido por grandes cadenas o franquicias internacionales basadas en el lucro desmedido y desvinculadas totalmente con el barrio donde se ubican.

©Texto y fotografías: Ángel Aguado López

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La conspiración

06 miércoles Ene 2016

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Aristocracia financiera, Club Bilderberg, Club de Roma, Comisión Trilateral, Conspiración, Daniel Estulin, FMI, Henry Kissinger, Illuminati, Nuevo Orden Mundial, Sociedades secretas

Una fotografía difundida en Facebook muestra a Henry Kissinger en la segunda fila de una grada. El viejo zorro se inclina hacia delante, mientras parece vigilar atentamente a tres ex presidentes españoles –González, Aznar y Zapatero–. Los políticos, en posición de firmes, contemplan una misma escena y aprietan los puños con gesto preocupado. El comentarista compara a Kissinger con el auriga conductor, pero se pregunta con perspicacia sobre quién se sienta detrás del trono. Lo cual implica, al menos, una cadena de mando de carácter infinito o circular, y apunta hacia los diferentes papeles en los que se abordan las teorías conspiratorias y, en particular, al club Bilderberg. La idea de una trama inspiradora de un Nuevo Orden Mundial ha llenado páginas durante las últimas décadas y ha dado publicidad consentida a las diferentes cofradías que la conforman, a veces con los mismos componentes, como consejeros de una multinacional tentacular que se manifiesta de manera diversa y adopta ropajes complementarios. metropolisAl fin y al cabo, la organización de las sociedades secretas no es un invento exclusivo de la mafia siciliana, aunque puede que sea un hallazgo romano, tal vez como consecuencia del éxito de la iglesia católica en su imparable desarrollo y establecimiento universal. El club Bilderberg –del que Kissinger es miembro relevante–, el de Roma, la Comisión Trilateral, el FMI o hasta el Papa Francisco serían algunos focos o manifestaciones de la conspiración, aunque resulta difícil identificar el contenido ideológico de cada versión, tal vez con el factor común de la sinarquía como elemento presente en el argumento de todas ellas.

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Para investigadores de lo extraño, charlatanes de los medios y conspiracionistas convencidos, como el ruso Daniel Estulin –quien presume de haber trabajado en la agencia rusa de contraespionaje, y ha encontrado en su interés por las tramas ocultas una forma de vida–, la conspiración existe, y en ella participan banqueros y barandas de importancia, junto a elementos representativos del capitalismo internacional, si bien no suele aclarar si se trata de una hidra con muchas cabezas, o de diversas manifestaciones con objetivos similares. Su tesis de una “aristocracia financiera del propósito” ha seducido hasta al mismísimo Fidel Castro, que se ha manifestado entusiasmado acerca de los escritos de Estulin, tal vez porque una parte de la explicación le sirve para explicarse a sí mismo y justificar su longevidad política. En realidad, desde el vasto poder que la literatura especializada en amenazas cósmicas atribuye a los Illuminati, hasta la contienda eterna que, al menos en la ficción, mantienen las sectas Jedi y Sith, el funcionamiento del mundo parece el resultado de una lucha permanente entre bandas oscuras, en las que ángeles y demonios forman parte, alternativamente, de una y otra facción. Como si todo fuese parte de ese juego infinito que Borges situara en un tablero de ajedrez gobernado por el destino, cuyos cuadros negros y blancos el poeta y astrónomo persa Omar Khayyam imaginara como el escenario en que se suceden las noches y los días.

Rafael Alonso Solís

llamador_verona_web©Fotografías de Ángel Aguado López

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San Silvestre Vallecana

01 viernes Ene 2016

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Adidas, Carreras populares, Explotación laboral, Linet Masai, Mike Kigen, Nike, Rayo Vallecano, San Silvestre Vallecana, Sergio Salinero

El negocio de las carreras populares

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El keniata Mike Kigen ganó el pasado 31 de diciembre, en Madrid, la 51 edición de la San Silvestre Vallecana, carrera que se corre de noche desde el estadio Santiago Bernabeu hasta el campo del Rayo Vallecano (observen la diferencia estilística: estadio-campo; el Madrid, el Rayo), separados algo más de diez Km. entre el barrio rico de La Castellana y la popular barriada de Vallecas (barrio-barriada). El tiempo del bi-vencedor (también ganó el año 2014) fue extraordinario, inhumano, keniata: 27’37”, a un ritmo medio de ¡2’40” el Km! La primera mujer fue… otra keniata, Linet Masai, atleta llamada a ser una referencia en las pruebas de fondo, que hizo un tiempo de ¡31’40”!
Mike Kigen ahora es turco, renombrado Ozbilen Kigen. A los atletas de elite los países les conceden su nacionalidad sin ningún problema. Pasa también en España, donde la posibilidad de conseguir un triunfo exonera de reticencias patrióticas a los extranjeros, a los que las federaciones tratan con delicado mimo buscando el rédito de una medalla olímpica que expíe el maltrecho granero nacional._DSC0442_web
En la categoría “popular” repitió triunfo el atleta Sergio Salinero (¡30’09”!), que también ganó el año pasado, aunque fue descalificado porque corrió con la camiseta de su club, en lugar de llevar la camiseta publicitaria a la que obliga el organizador de la prueba. En total corrieron unos 38.000 corredores (ahora desde la imbecilidad colonialista del inglés que nos invade se llaman “runnings”), que aportaron cada uno 20 € para financiar los costosos gastos de la organización de la prueba (gestión, policía, protección civil, seguro de accidentes deportivos, asistencia sanitaria, etc. Multipliquen, por favor, 20×38.000), obtener una camiseta oficial, con el chip de identificación y cronometraje y el derecho a participar en la carrera pagando la publicidad que lucían en su indumentaria. Aunque en ella se infiltran infinidad de corredores que corren sin inscribirse y con el espíritu más “coubertiniano” de que lo importante es participar, haciendo de la carrera una fiesta de carnaval._DSC0422_web
Las carreras populares se han multiplicado por cien en los últimos veinte años en España. Hay pruebas deportivas en todos los pueblos de la geografía patria, que se desarrollan con cualquier excusa, desde la aportación desinteresada para la investigación del cáncer de mama hasta la colaboración para ayudar a las personas afectadas del síndrome de… Asperge, pasando por las carreras solidarias con los desplazados por la guerra de Siria, o las que reivindican el protagonismo de la mujer. Para inscribirse basta con pagar una cantidad, con la garantía moral de que así el atleta contribuirá con su esfuerzo a un bien encomiable y socialmente justo.
El deporte popular ha sufrido una metamorfosis propiciada por la mercadotecnia de las multinacionales de la moda deportiva, interesadas en comercializar sus productos a los deportistas domingueros. Los fabricantes de ropa venden sueños espúreos de bienestar a los aficionados que corretean por los parques. Cuestiones como el peso de la industria deportiva dentro del PIB, la creación de puestos de trabajo (en qué condiciones, con qué salarios, con cuánta duración), o la explotación (cuando no esclavitud) _DSC0481_webque sobre poblaciones del tercer mundo ejercen las multinacionales de la moda deportiva para conseguir precios irrisorios en sus productos que venden después al primer mundo rebasarían ampliamente el objeto de esta crónica, pero merecen analizarse detenidamente por parte del deportista.
Dato relevante sería evaluar la cantidad de basura textil que genera una prueba deportiva como esta. Los aficionados se desprenden a lo largo del recorrido de la ropa que les molesta. Durante los diez Km que recorre la San Silvestre es frecuente ver abandonadas en la calzada las prendas que los participantes tiran: guantes, bufandas, gorros, camisetas, sudaderas, chubasqueros, etc. yacen por el suelo porque los corredores no saben qué hacer con ellas. ¿Una tonelada, dos? No hay datos, pueden conseguir otras a buen precio en la tienda de la multinacional que ha organizado la prueba. ¿Para qué preocuparse?
Hágalo usted, señor lector.

Gabriel de Araceli_DSC0427_web©Fotografías de Ángel Aguado López

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¡Adiós, 2015; bienvenido, 2016!

31 jueves Dic 2015

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Campanadas 2015, Puerta del Sol

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Se acaba un año y sólo por llegar a la meta ya somos campeones, hemos pedaleado contra el viento y cuesta arriba en esta aventura existencial tan hostil y tan difícil. Sí, vencedores, aunque estemos perdidos en la clasificación general a más de tres horas del podio, aunque nadie nos recuerde. Escaparete Ignorado quiere felicitaros a todos ustedes/vosotros, héroes anónimos en la carrera de la vida. Porque seguir pedaleando un año más, el 2016, ya es un éxito._DSC0374_webCampanadas a mediodía. La Puerta del Sol se llenó de personas el 30 de diciembre durante la prueba del reloj de la torre del edificio de Gobernación.

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El territorio

30 miércoles Dic 2015

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Discurso del Rey, Territorio español, Unidad de España

Cuando alguien se refiere a la “unidad territorial de España” –lo que, con cierta ingenuidad, podría sugerir la idea de hogar, de refugio o de plaza pública–, parece hacerlo como si se tratase de un recinto, una ciudadela o un cortijo. El concepto de unidad se desborda con facilidad por sus márgenes y acaba mutando sin remedio hacia el de integridad, término sugestivo de cierto dinamismo, pero susceptible de precipitarse hacia la inalterabilidad de las cosas. El discurso invernal del rey tiene siempre ese tono y esa música de fondo, lo que, junto a los tapices que adornaron la escena en la última representación, indican un posicionamiento nada ambiguo en torno a su idea de España. _DSC0846_web2La misma que parecen compartir las dos fuerzas políticas a las que hemos dado el poder en este país durante las últimas décadas, cautivas de un españolismo de cartón piedra e incapaces de liberar al país de sus demonios. En un poema de su libro Moralidades, Jaime Gil de Biedma escribió que “de todas las historias de la Historia, sin duda la más triste es la de España, porque termina mal”. En el caso del discurso real, la combinación de los tapices y bordados, junto a la elección del color de la corbata y de otros adornos escenográficos, no reflejan otra cosa que el ejercicio repetido de un oportunismo institucional. Escenificar el mensaje en los salones de palacio, en lugar de hacerlo en el despacho de trabajo o en la salita en la que se reciben las visitas, ha sido el elemento innovador aportado por los guionistas, en una especie de retorno al pasado glorioso de los tercios de Flandes. No hay que olvidar que el rey sólo es un empleado que cobra del presupuesto, y que los guionistas no son otra cosa que una prolongación del gobierno, responsables de escribir el discurso, revisar el estilo y ubicar los adjetivos sonoros en los lugares más adecuados para la entonación. El esfuerzo principal consiste en no decir nada. En el fondo, se trata de una suerte de deconstrucción, gracias a la cual el análisis posterior del discurso lo llevan a cabo los mismos que lo diseñaron, con objeto de poder alabarlo sin reparos y manejarlo a su antojo, haciendo como si les resultase ajeno o se asombrasen de su propia finura, de su precisión y de su gramática. Con lo cual el discurso se legitima o no por sus autores, que no sienten rubor ante el ejercicio de cinismo repetido, como si no fuesen los arquitectos de una trama agotada. La misma idea de legitimidad es tan despreciable como poco fiable, al tener su origen en la violencia creadora como resultado de algún tipo, aceptado o no, de dominación, al ser la consecuencia final del uso de las armas. ¿Qué significa, entonces, el territorio y qué sentido tiene su inalterabilidad? Me temo que se trate de conceptos etéreos, que se mueven entre la nada y la gallina, pero con un indiscutible potencial de distracción.

Rafael Alonso Solís

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La Luisi os desea en navidá mucha salú, parné y algo de felicidá

24 jueves Dic 2015

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Ama Rosa, Guillermo Sautier Casaseca, Kitin Nogueroles, Radio Madrid, Sociedad Española de Radiodifusión

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«La Sociedad Española de Radiodifusión presenta: Ama Rosa. Novela original de Guillermo Sautier Casaseca. Con Juana Ginzo, José Fernando Dicenta, Matilde Conesa, Matilde Vilariño, Julio Varela y el gran cuadro de actores de Radio Madrid…»

A las cinco en punto de la tarde todas las mujeres del número 11 de la calle Antillón se reunían en el saloncito-dormitorio-trastero de la casa de mi abuela, frente a la radio Telefunken que los primos argentinos le habían regalado a mi papá por ser yo el primogénito varón y en un silencio sepulcral escuchaban, casi sin respirar, el serial radiofónico, la novela.
Allí estaban todas las vecinas de la escalera: la señora Misericordia, octogenaria, llegó a los cien años; su hija, la Julia, modista y casada con el Pedro, guardia civil por las mañanas y taxista por las tardes; mi abuela Luisa, siempre la conocí viejecita, viejecita; la Jacinta, recién casada con el Sandalio, el músico, que tocaba el clarinete en el Pasapoga; Pasaypaga, decían los castizos, entonces todos eran muy castizos; mi tía Luisa, que era novia del Miguel; mi mamá, Agustina, la Tina; la Natalia, que quería irse a Alemania con su novio fresador, que trabajaba allí en la Volkswagen; la Luisi, que aún estaba soltera; la señora Remedios, a su novio, miliciano, lo mataron hacía muchísimos años en el alto de El León, pero de eso nadie decía nada; la tía abuela Feliciana, inválida porque la atropelló un tranvía; la tía Juliana, viuda del tío Serapio; Marcelina la fea, unos culos de botella en los ojos, hija del tío Rascayú, un viejo malencarado de mirada torva, que decían, decían, que abusaba de ella; la señora Trini, que tenía un hijo barrendero empleado por caridad en el Ayuntamiento; la señora Casimira, cincuenta años, viuda de un jockey que falleció en un hándicap desdoblado. Por el patio interior subía un olor a repollo de la casa de comidas que ellas maldecían siempre:
«¡Huele toda la casa a coliflor, qué asco!» –chillaba mi abuela Luisa.
Sentadas en círculo sobre sillitas de tijera las mujeres remendaban calcetines, o zurcían ropas, o hacían punto, o no hacían nada, oído avizor a las declamaciones hertzianas. Mientras yo, un mocoso de cuatro añitos, me zampaba tirado en el suelo (no teníamos alfombra, nadie tenía entonces alfombras) una rebanada de pan con azúcar y mantequilla, una onza de chocolate Kitín Nogueroles y un plátano. Y desde aquel emplazamiento avanzado observaba con curiosidad inocente aquel mar de muslos regordetes, de patorras que se desbordaban sobre las sillas de tijera, las ligas a media pierna, las impecables braguitas blancas, algunas de perlé rizado por las que a veces se escapaban pelitos hirsutos que se agitaban trémulos, como oleajes al ritmo de los lamentos de la Ginzo. Aquello era como un regalo ofrecido a mi ingenuidad infantil, el único niño, ¡qué rico!, merendando golosón mi bocadillo de azúcar.
Después, con el tiempo comprendí que los besos, los pellizcos en mis mofletes y las caricias que tras la novela me propinaba la Luisi, que aún estaba soltera, quizás tuvieran que ver con el hecho de que ella se sentaba siempre más cerca de mí y era la única que no llevaba nada bajo la falda de tubo.

Gabriel de Araceli

viejasLa Luisi no sale en la foto


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La danza de las letras

23 miércoles Dic 2015

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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La Alfama, Lisboa, qué escribir, qué leer, Verona

grafitti_giulieta_web2Periódicamente, al menos una vez a la semana, uno se enfrenta al reto sublime del papel vacío con la sensación de haber gastado ya todas las ideas, de haber abordado todos los asuntos, de haber abusado de todos los tópicos. Si cada autor escribe una única novela, aquélla que le contó su abuela cuando era niño, le da la vuelta y la impregna de adornos ambientales, convirtiéndola en retazos de historia individual o colectiva, es posible que cada articulista sólo sea capaz de escribir una única columna, a la que retuerce una y otra vez, alargando el remate hasta alcanzar la última línea, adaptando el contenido al estilo de moda, a la audiencia y al estado de ánimo. Con lo cual, simplificando hasta los límites del absurdo, puede que no exista más que una sola novela, lógicamente construida a partir de las combinaciones posibles entre las letras de la infinita biblioteca de Babilonia, y a la que las diferentes encarnaciones de un autor patrón consiguen darle una cierta sensación de diversidad, en base a la elegancia del ropaje y a la calidad y duración de los afeites empleados para su exhibición en sociedad. También una sola columna, inicialmente vacía, en la que conviven la lucidez y la vanidad, y la que, únicamente en muy raras ocasiones, adquiere la categoría de literatura, más allá del texto de trinchera o del cumplimiento de algún pago por servicios en vigencia._DSC0190_web Otra cosa es la poesía, pero ahí se precisa la participación de algo más, quizá de alguien, ya se llame duende o inspiración, gracia o kundalini, la extraña materia de la que están hechos los sueños y que cuando estalla llena el alma de luz, invade el papel con su condición de inexplicable y, también en muy escasas momentos, es capaz de parar el mundo –o, al menos, ralentizarlo– para darnos la oportunidad de bajarnos, aunque sea en marcha. En las practicas más tradicionales del yoga se enseña a meditar sobre la sílaba primitiva, el primer sonido de la creación, según los maestros vedánticos. En la Biblia se comienza por situar el origen de todo en el verbo, la vibración significante, la palabra, la cual se multiplica impulsada por una fuerza interior hasta dar lugar al resto de sus congéneres gramaticales, a las montañas, los mares y los ríos, los seres vivos, el ritmo, la música, el lucero del alba y la bomba atómica. Uno ya ha escrito en varias ocasiones la asombrosa capacidad de las letras para combinarse sin que nadie les marque el destino final, la inteligencia interior que les permite acabar alcanzando la categoría de palabras, y su papel global en la construcción de un mundo que sólo se explica hablando o escribiendo, ya sean trazos o conciertos, sagas o frescos, y que, a pesar de que periódicamente se quemen los libros en que han conseguido aparecer, se guardan con todo cuidado en los archivos acásicos y en el inmenso almacén de la memoria. Tal vez, en eso consista todo.

Rafael Alonso Solís

(Rafael Alonso es médico y catedrático de Fisiología en la Universidad de San Cristobal de la Laguna, Tenerife)


_DSC0184_webFoto superior: Grafitis en el jardín de Romeo y Julieta, Verona. Resto de fotos: barrio de la Alfama, Lisboa. ©Fotografías de Ángel Aguado López.

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¿Dexe qué?

17 jueves Dic 2015

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Dexedrina, El Jarama, Espartaco Santoni, Rafael Sánchez Ferlosio

A veces iba tan pedo que me quedaba dormido en cuanto caíamos en la cama. A veces ni las besaba ni llegaba a desnudarlas, recuerdo una que tenía unos ojos rasgados de tigresa, una amenaza, sólo recuerdo eso. Cuando desperté estaba a mi lado, me acariciaba, se frotaba con su pecho el mío y yo, sonámbulo, la sonreía. Eso, creo, fue todo….

–Sólo escribes cochinadas –le dijo Carmelita Flórez. Terry Mangino la miró vencido porque su culo poderoso era un argumento irrefutable y tuvo que buscar en su intelectualidad más compleja algún pensamiento con el que enfrentarse a la verdad de la vida, a la vida, a Carmelita.
–No cariño, esto no son cochinadas. Son las memorias de Espartaco Santoni, un, digamos playboy, reconocido amante de cientos de mujeres, famoso en los desmadres marbellíes de los setenta y de los ochenta. Después se juntó con la vulgaridad cutre de Gil y Gil y entre muchos otros convirtieron aquello en una cloaca, o en un proceso judicial, que es lo mismo.
Y siguió tocándole las teclas al ordenata.

Aunque fallara ellas jamás se quejaron. Después comprendí que sus egos nunca les confiarían a las amigas que su noche conmigo fue un desastre, que inventarían cualquier fantasía, cualquier mentira para presentarse como odaliscas complacidas por el macho rugiente, por mí, por el gran Espartaco. ¡Qué lejos estaba la verdad!

–Un salido, un impotente, un viejo verde –le susurraba a gritos en la oreja la Flórez a Mangino leyendo en su nuca los párrafos que iban apareciendo en la pantalla.bolonia_ninfa_web
–No cariño, no fue ni un salido ni un impotente, fue un galán, famoso por haber amado a cientos de mujeres. Sus romances fueron célebres y las señoras se lo rifaban. Cuando acababan en sus sábanas después corrían para contárselo entre ellas, en secreto, todas: ¡Que me he acostado con Espartaco Santoni! Como Dominguín con la Gardner, lo primero que hizo fue gritárselo a sus amigotes. Las mujeres no son tan diferentes de los hombres.
«Hombres» pensó Carmelita rechupeteando un chicle y volvió la vista hacia aquel volumen roto que Terry tenía en su mesa como si de una reliquia se tratase. Siguió leyendo.

Nunca me lo he pasado mejor que en aquellos años de dexedrina en exclusiva y de furor escribiente…

–¿Qué es la dexedrina?, cariño –preguntó Carmelita mirando a Terry por encima de sus gafas de pasta negras. Terry descendió de su mundo literario y se encontró con aquellos ojos negros sin comprender la pregunta.
–¿Dexe qué? Ah, sí, una anfetamina, la tomaban mucho los estudiantes en los 60 para prepararse los exámenes, les daba mucha energía, aguantaban horas y horas sin dormir.
Carmelita pareció complacida con la respuesta. Siguió leyendo.

—¡Falta te hacía! Eso es. Que entendieras lo que es una muchacha, para que no la tuvieras por ahí, de mesa en mesa, como un mozo de taberna. Falta te hacía enterarte de una vez que una chica es asunto delicado —discutía con su marido a través del mostrador y le agitaba el gran peine negro delante de la cara—. Parece hasta mentira, Mauricio, que abuses de esa manera con tu hija. Me alegro que se la lleve; en eso le alabo el gusto, ya ves tú.

A Carmelita le gustaba aquella novela tan antigua y no las cosas tan guarras que escribía el Mangino. Unos chicos de excursión por un río, en un merendero, un domingo, podían ser ella y Terry.

—Eso está bien pensado —dijo Lucio —; una buena sangría se agradece, con estos calores. Y yo que ustedes, ¿saben lo que le echaba? Pues tres o cuatro cepitas de ginebra. Así el alcol que se pierde al ponerle gaseosa, se recobra, es decir, se compensa con el alcol de la ginebra, ¿eh? ¿Qué les parece la receta?
—Está bien; pero es que eso es mucha mezcla ya, y después a las chicas se les sube a la cabeza por menos de nada.
—Ah, bueno, en ese caso… Si ustedes quieren tener consideraciones con las faldas, ahí ya no entro yo. Pero le advierto que en mis tiempos no andábamos con esos respetos; se hacía lo que se podía. Se conoce que ahora…

Otras veces sí me sentía pletórico, como un caballo. Pero en el fondo me aburría representar el papel de macho, repetir una y otra vez la misma función. Follar se convirtió en un trabajo. Me perseguían, había cola esperándome. Era como una fábrica. Entraba a la cuatro de la mañana y salía a las ocho, cuatro horas follando, repitiendo mecánicamente frases, caricias, sonrisas, arremetidas, suspiros, abrazos, risas y gemidos…

galo1_web

Terry levantó la cabeza del teclado y contempló a Carmelita embebida en su lectura. Carmelita era sorprendente. A veces se ponía tan burra que parecía sacada de las memorias del marbellí, Terry se acojonaba. O le daba por leer un libro cualquiera y parecía un ángel, calladita en un rincón horas y horas, extasiada en una página cualquiera.

—Cuidado no se caigan…—dijo el hombre—. Ustedes lo pasen bien.
Ya se alejaba por los árboles; «¡Qué ricos! ¡Tostaaos!» Sebas se daba media vuelta en el regazo de Paulina; le dijo:
—Anda, Pauli, lucero, ráscame la espalda un poquito.
—¡Míralo él!
—Si es que pica mucho, mujer.
—No haberte puesto al sol. Además, es peor si te rasco. Lo que te puedo hacer es untarte de nivea; eso sí.
—No quiero pringues; luego se pega todo el polvo.
—Entonces nada, hijo mío; lo siento. De rascarte, ni hablar.

Terry aprovechó que Carmelita no decía ni pío para seguir con lo suyo:

Con Tita todo era diferente. A poco de empezar ya andábamos gimiendo y enseguida nos llegaba el placer como un relámpago, nos retorcíamos como muelles descontrolados entre las paredes del cuarto, por el suelo, por el jardín, hasta en la piscina. Retumbaban nuestros cuerpos como campanas, ella me pedía tanto que parecía que me sacaba los hígados y yo sudaba y sudaba por complacerla porque era la única que de verdad me interesaba, porque era la…

—Menos bromas, que os quedáis sin sangría. El hielo está para pocas.
—¿No se lo habrá guardado Mely por dentro del bañador?—dijo Fernando—. A ver, Mely…
—Anda, búscalo, chato —le contestaba Mely—; a ver si te quemas. Pero va a ser del guantazo que te arreo.
—¡Pues si está aquí! ¿O es que no tenéis ojos en la cara? Se ha espachurrado un poquito, pero le queda sustancia todavía…

Maruja era lasciva y bruja, mucho, parecía una perra en celo, cochina y marrana, me provocaba delante de todos en los saraos de los Hohenlohe con una vulgaridad extrema. Bueno, ellos estaban encantados de que apareciéramos por allí porque sabían que montaríamos el espectáculo y después se hablaría durante meses de aquel día en que Maruja iba enseñando el felpudo rasurado, porque fue de las primeras que se afeitó el coño, que entonces todas llevaban unos felpudos de vikingas…

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«Joder, esto es una mierda, cada vez escribo peor –pensó Terry releyendo sus textos– no sé lo que me pasa, es de una vulgaridad suprema, aunque pondría cachonda a cualquiera de esas focas que leen la prensa rosa o ven la telebasura, aunque seguro que Espartaco lo hubiera firmado».
Terry seleccionó el último párrafo y le dio al suprimir. Suspiró más tranquilo, bueno, aquello parecía más coherente. Él quería escribir… bueno, lo que realmente él quería comunicar era el ambiente pernicioso de las fiestas marbellíes, que… aunque, en el fondo lo que intentaba explicar de los verdaderos amantes, los que de verdad interesan a las mujeres no son los fornicadores viciosos, no, son los… sí, los que se interesan por ellas, los que dicen frases cariñosas, con alguna picardía, eso, sí, los que… Levantó los ojos, Carmelita seguía enfrascada en su libro. Se apoyaba en los codos tirada en el suelo, inflando el chicle y explotando los globitos, plaf, plaf. Después se rechupeteaba los restos de chicle que le quedaban en los labios y volvía a inflar globitos y volvía a explotarlos, plaf, plaf. Terry la miraba, llevaba un pie descalzo y las medias rotas hasta la pantorrilla… llevaba, Terry no sabía lo que llevaba, miraba y miraba…

Todos miraban riendo hacia Santos y Carmen. Dijo Santos:
—¡Bueno, hombre!, ¿qué os pasa ahora? ¿Me la vais a quitar? —Echaba el brazo por los hombros de Carmen y la apretaba contra su costado, afectando codicia, mientras con la otra mano cogía un tenedor y amenazaba, sonriendo: —¡El que se arrime…!
—Sí, sí, mucho teatro ahora —dijo Sebas—; luego la das cada plantón, que le desgasta los vivos a las esquinas, la pobre muchacha, esperando.
—¡Si será infundios! Eso es incierto.
—Pues que lo diga ella misma, a ver si no.

Si no hubiera sido por La Tarzana todas las mujeres me parecerían iguales. Ella no, ella era primitiva, brutal. Tenía un culo redondo como una plaza de toros, dinamita picante como los chilis de mi país. Yo la seguía como un perrito faldero incapaz de resistir sus llamadas, cuando me galopaba parecía una salvaje, indomable, incansable. Una noche la penetré por detrás y cuando empezó a gemir y yo creía que la cosa ya estaba hecha de pronto estalló como una loca de dolor, de rabia, de sufrimiento atroz. –¡La almorrana, me has reventado la almorrana! –gritaba como poseída por un mal incurable. –¡Ay!, no sigas por ahí, detente, acuéstate aquí, ven, ven a mi lado, cariño

–¿Vienes?, cariño –y Terry echó a temblar cuando levantó los ojos de la pantalla y se encontró con Carmelita, o con la falda de tubo rajada de Carmelita y sus medias caídas y rotas y sus tacones, bueno, sólo uno porque iba del otro descalza en la esquina del salón donde parecía un ángel bueno. Carmelita, ¡ay, Carmelita! Terry hubiera querido terminar aquel reportaje sobre la virilidad y la caballerosidad de… sobre el ambiente marbellí, sobre la corrupción urbanística, sobre las mujeres que cabalgaban a los hombres, sobre las fiestas de alcol y anfetaminas, sobre los felpudos depilados y los paparazzis, sobre…
«Dexedrina –suspiró–, creo que la voy a necesitar».

Gabriel de Araceli


_DSC3021_web©Fotografías de Ángel Aguado López tomadas en Roma, Bolonia, puente de Titulcia (Madrid) sobre el río Jarama.


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