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El negocio de las carreras populares

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El keniata Mike Kigen ganó el pasado 31 de diciembre, en Madrid, la 51 edición de la San Silvestre Vallecana, carrera que se corre de noche desde el estadio Santiago Bernabeu hasta el campo del Rayo Vallecano (observen la diferencia estilística: estadio-campo; el Madrid, el Rayo), separados algo más de diez Km. entre el barrio rico de La Castellana y la popular barriada de Vallecas (barrio-barriada). El tiempo del bi-vencedor (también ganó el año 2014) fue extraordinario, inhumano, keniata: 27’37”, a un ritmo medio de ¡2’40” el Km! La primera mujer fue… otra keniata, Linet Masai, atleta llamada a ser una referencia en las pruebas de fondo, que hizo un tiempo de ¡31’40”!
Mike Kigen ahora es turco, renombrado Ozbilen Kigen. A los atletas de elite los países les conceden su nacionalidad sin ningún problema. Pasa también en España, donde la posibilidad de conseguir un triunfo exonera de reticencias patrióticas a los extranjeros, a los que las federaciones tratan con delicado mimo buscando el rédito de una medalla olímpica que expíe el maltrecho granero nacional._DSC0442_web
En la categoría “popular” repitió triunfo el atleta Sergio Salinero (¡30’09”!), que también ganó el año pasado, aunque fue descalificado porque corrió con la camiseta de su club, en lugar de llevar la camiseta publicitaria a la que obliga el organizador de la prueba. En total corrieron unos 38.000 corredores (ahora desde la imbecilidad colonialista del inglés que nos invade se llaman “runnings”), que aportaron cada uno 20 € para financiar los costosos gastos de la organización de la prueba (gestión, policía, protección civil, seguro de accidentes deportivos, asistencia sanitaria, etc. Multipliquen, por favor, 20×38.000), obtener una camiseta oficial, con el chip de identificación y cronometraje y el derecho a participar en la carrera pagando la publicidad que lucían en su indumentaria. Aunque en ella se infiltran infinidad de corredores que corren sin inscribirse y con el espíritu más “coubertiniano” de que lo importante es participar, haciendo de la carrera una fiesta de carnaval._DSC0422_web
Las carreras populares se han multiplicado por cien en los últimos veinte años en España. Hay pruebas deportivas en todos los pueblos de la geografía patria, que se desarrollan con cualquier excusa, desde la aportación desinteresada para la investigación del cáncer de mama hasta la colaboración para ayudar a las personas afectadas del síndrome de… Asperge, pasando por las carreras solidarias con los desplazados por la guerra de Siria, o las que reivindican el protagonismo de la mujer. Para inscribirse basta con pagar una cantidad, con la garantía moral de que así el atleta contribuirá con su esfuerzo a un bien encomiable y socialmente justo.
El deporte popular ha sufrido una metamorfosis propiciada por la mercadotecnia de las multinacionales de la moda deportiva, interesadas en comercializar sus productos a los deportistas domingueros. Los fabricantes de ropa venden sueños espúreos de bienestar a los aficionados que corretean por los parques. Cuestiones como el peso de la industria deportiva dentro del PIB, la creación de puestos de trabajo (en qué condiciones, con qué salarios, con cuánta duración), o la explotación (cuando no esclavitud) _DSC0481_webque sobre poblaciones del tercer mundo ejercen las multinacionales de la moda deportiva para conseguir precios irrisorios en sus productos que venden después al primer mundo rebasarían ampliamente el objeto de esta crónica, pero merecen analizarse detenidamente por parte del deportista.
Dato relevante sería evaluar la cantidad de basura textil que genera una prueba deportiva como esta. Los aficionados se desprenden a lo largo del recorrido de la ropa que les molesta. Durante los diez Km que recorre la San Silvestre es frecuente ver abandonadas en la calzada las prendas que los participantes tiran: guantes, bufandas, gorros, camisetas, sudaderas, chubasqueros, etc. yacen por el suelo porque los corredores no saben qué hacer con ellas. ¿Una tonelada, dos? No hay datos, pueden conseguir otras a buen precio en la tienda de la multinacional que ha organizado la prueba. ¿Para qué preocuparse?
Hágalo usted, señor lector.

Gabriel de Araceli_DSC0427_web©Fotografías de Ángel Aguado López

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