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El retablo de maese don Alonso

11 lunes Ago 2025

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Don Quijote de la Mancha, Emilio Pascual, Miguel de Cervantes, Sacramenia

Carmelita Flórez

Fotos de Terry Mangino

En un lugar de Castilla se ha reunido un concilio y sigiloso en sus sillas aguarda el público a Emilio. La plaza es lugar de encuentros, vecinos y forasteros, refresco para los cuerpos, calores y regocijos, abierta al entendimiento. En Sacramenia, extensa tarde flamígera de un domingo más de agosto, los murmullos se silencian cuando el orador, académico brillante y prosista distinguido, reclama con humildad un momento de atención y diserta, muy entendido, sobre el hijo de Cervantes. Y los convocados, veteranos asistentes disfrazados de domingo, le escuchan con gravedad y a la memoria les viene aquella lejana infancia, la lluvia tras los cristales, preguntando, media mañana en la escuela, señorita, ¿qué es la dicha, existe el bien, seremos como Narciso? Y ella les respondía: Abrid todos El Quijote, el Toboso, Dulcinea, Sancho Panza, los molinos, el cura y el bachiller, Dorotea, la cueva de Montesinos, sólo con tan leve esfuerzo llegaréis al paraíso.

Emilio Pascual, experto cervantino, y Ángela Galindo, directora del encuentro, durante la conferencia sobre el Quijote, el domingo 10 de agosto en Sacramenia. Segovia.

No se le cuece el pan, o los sesos, a maese Emilio Pascual, recitador harto conocido por su sabiduría cervantina, cuando despliega ante la audiencia segoviana su retablo de títeres tan verosímiles como falsos, que todo cuanto recitan sus labios es aventura digna de ser contada. Y todos, tirios y troyanos, miran de la boca del declarador sus maravillas y se inflaman de embrujo quijotesco, tal vez porque la figura creada por el héroe de Lepanto, el de la mano engarabitada, aún suscita en el público oyente un misterio y pareciere que sus personajes novelescos tan descabellados se mezclaran entre el público e incluso les manifieste algarabías, comedias y chirimías que a todos seducen, ponen en razón y regocijan. No pasa el tiempo por don Quijote, no, no rebuznaron en balde el uno y el otro alcalde, pareciera decir el hidalgo, que todos corren felicísimos a oír los sabrosos menesteres y coloquios de don Alonso y su escudero que cuenta maese Pascual. Y aún llenos de disparates y de improperios se escuchan no sólo con aplauso, sino con admiración. E insiste maese Emilio ante el auditorio entregado en que el Quijote es como una cebolla cuyas capas va retirando gustoso para sí el lector: su ordenación como caballero andante; la aparición del escudero; la segunda salida; el lance interruptus con el vizcaíno; el encuentro en el Alcaná de Toledo con los cartapacios y papeles viejos donde se da fin al lance, todo un fundido encadenado cinematográfico; o la aventura de los yangüeses; o el malentendido de Maritornes, la asturiana fornida y fornicadora, cuando tras bizmar el acardenalado cuerpo del hidalgo, iba a refocilarse con el arriero y se precipita en brazos, equivocados, del caballero, en un anticipado menage à quatre sin que satisficiera a ninguno y, por el contrario, con harto padecer propio; o el manear a Rocinante que propicia Sancho para que no se espante en la jamás vista ni oída aventura de los batanes que con más poco peligro fue acabada por el valeroso caballero. Aunque mejor fuera no meneallo…

Emilio Pascual durante la conferencia sobre el Quijote.

Y cuenta maese Emilio que fue tanta en vida del autor don Miguel su fama y la querencia por su obra caballeresca que, estando una vez el rey Felipe III, conocido tanto por sus escasos brillos como gobernante como por su escaso talento, asomado a un balcón del viejo alcázar vio que numerosos lacayos reían sin parar en los jardines de la no aún ahora llamada Plaza de Oriente y fue tanta su curiosidad que preguntó a su valido, ya saben, aquel duque, el mayor ladrón de España que para no morir ahorcado se vistió de colorado, que de qué reían y tanto aquellos serviles escuderos. A lo que el purpurado contestó: “O están locos o están leyendo el Quijote”.

Y habla maese Emilio de la vida aventurera que le tocó arrastrar al hijo del barbero huyendo de la Justicia a los veintidós años por haber herido a espada a un albañil de su majestad el Rey Prudente, que puso rumbo a Italia al servicio del cardenal Acquaviva, que contaba a la sazón veintitrés años. Y de las desventuras que le tocó vivir en Argel y de sus cuatro intentos de huida. Y del tiempo que residió a su pesar en Valladolid rodeado de mujeres, “las Cervantas”. Y relata maese Emilio que don Miguel aparece sobre 1600 en Madrid, en el ahora llamado Barrio de las Letras, teniendo como vecinos y enemistades a Lope de Vega y a don Francisco (Quevedo) con los que todo eran pleitos verbales y descortesías mutuas. Y de su menguada salud y aspecto lastimero, un viejo para la época, que no contaba sino con seis y eso mal acondicionados y peor puestos (los dientes). Y…

Y aunque el público celebra admirado la sabiduría de las palabras que ha pronunciado, maese Emilio, de natural sobrio, sabe que sólo es un titiritero que se ha servido del feliz entendimiento y esforzado trabajo del alcabalero de Alcalá para dar gusto a la concurrencia y que los aplausos que recibe de los vecinos de Sacramenia al acabar el teatrillo no son tanto para sí como para los títeres de don Miguel. Y a él y a su empeño de escribidor se los debe y con sabiduría a sí mismo se dice:

“Llaneza muchacho, no te encumbres, que toda afectación es mala”.

Emilio Pascual conversa con asistentes a la conferencia.

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AMOR SE ESCRIBE SIN H: será verdad si lo dice Jardiel

29 martes Jul 2025

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Lecturas de verano II

Agustina de Champourcín

Con mucho humor podría calificarse como asombrosa la obra novelística de Enrique Jardiel Poncela. El lector que se atreva a sumergirse en su prosa corre el riesgo de sentirse asombrado, tanto por la creatividad deslumbrante de sus palabras como la incoherencia absoluta de sus significados. Valentía, perseverancia y tenacidad son las actitudes mínimas necesarias para abrirse camino entre las páginas de sus novelas, o antinovelas como él las denominaba, así como con su teatro.

Y para adentrarse en la lectura de “Amor se escribe sin hache”, su primera novela, publicada en 1928, a sus 27 años, se requiere una fuerza de voluntad propia de aquellos héroes aventureros y románticos que se embarcaban en naos diminutas dispuestos a dar la vuelta al mundo. Entre genialidad y locura, entre estrambótica y absurda, entre disparate mayúsculo y refinada creación innovadora podría ubicarse esta ¿novela? que desde la primera página se mueve en el terreno fangoso del desconcierto y la sorpresa y deja al lector exánime y equivocado, sin respuesta ante el asombro imprevisto que brota de cada párrafo, de cada página. Son tropiezos constantes e inesperados los que surgen de sus palabras, el héroe que las cruza, inasequible al desaliento, se enfrenta a un aluvión de sorpresas que ponen al límite su paciencia y su capacidad de aguante de consumidor de letras. Jardiel se mueve a lo largo de 300 páginas por el alambre del funambulista de las letras y saca constantemente de su sombrero de mago conejos literarios desconcertantes.

Un prólogo a modo de advertencia, o explicación, previene al aventurero intrépido de lo que se va a encontrar. No olvidemos, estamos en el primer tercio del siglo XX. Resalta un epígrafe, “El amor y las mujeres”, que abunda en la duda sobre la presunta misoginia del autor, y advierte al audaz explorador de que se adentra en la comedia amorosa, casi como si le esperara una burla al género romántico, una sucesión de trucos que parodian las novelas rosas.

Incluso su formación académica parece contradictoria. Nacido en Madrid en 1901 cursa estudios primarios en la Institución Libre de Enseñanza y Liceo Francés, dos escuelas progresistas y pedagógicamente innovadoras, para continuar en los Escolapios de la calle Hortaleza y acabar en la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid. Vivirá a lo largo de su mediana existencia, 50 años de vida, los graves acontecimientos que marcaron de negro la historia de España: regencia de María Cristina; reinado de Alfonso XIII; guerras africanas; dictadura de Primo de Rivera; “dictablanda” de Berenguer; huida de Alfonso XIII; proclamación de la República; Guerra Civil; la terrible posguerra y la dictadura franquista. Podría decirse que pertenece al movimiento artístico del 27, ese momento glorioso de las letras, del arte y del pensamiento que concitó en Madrid a las mentes más granadas de la crema de la intelectualidad. Poetas, cineastas, arquitectos, dramaturgos, músicos, médicos, filósofos, pintores, escultores, toreros, pensadores, hijos de papás, contertulios, vagos… todos ellos en el tramo que va de la Residencia de Estudiantes al Hotel Palace pasando por el Café Gijón, el Café Pombo o el Café Granja El Henar que renovara Martín Domínguez.

 

“Amor se escribe sin hache” se escribió enteramente en esa atmósfera de tabaco, tertulias y cafés fríos, como el autor se encarga de recordar en la novela, o antinovela. Compañeros de veladas de Jardiel eran Ramón Gómez de la Serna, o Edgar Neville o Miguel Mihura. Y a ellas asistían a veces Valle Inclán, Pedro Muñoz Seca, Azorín, Pérez de Ayala, el ingeniero Joaquín Otamendi o Gregorio Marañón.

Tan destacado como incomprendido dramaturgo, sus comedias le aportaron fracasos estrepitosos y éxitos memorables: “Eloísa esta debajo de un almendro”, “Los ladrones somos gente honrada”, o “Los habitantes de la casa deshabitada” fueron algunos de sus éxitos llevados a la gran pantalla que contribuyeron a grabar su nombre en la nómina ilustre de los autores teatrales.

La bohemia inspira las páginas de su “Amor se escribe sin hache”, corre viajera por París o Madrid poblando la antinovela de una fauna divina de protagonistas estrafalarios, escenas surrealistas y situaciones asombrosas, irreales, confusas e hilarantes. Tal vez como el mismo autor, reflejado en el protagonista, Zambombo, toda una declaración de lo que se va a encontrar el temerario explorador que se adentre en los territorios de Jardiel, el gran dramaturgo del absurdo.


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Buscando en el baúl de los recuerdos: Adolfo Suárez. Historia de un ambición. Gregorio Morán

25 miércoles Jun 2025

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Lecturas de verano

Agustina de Champourcín

A punto de cumplirse el cincuentenario de la desaparición del dictador bajito de voz atiplada, adentrarse en un libro sobre el inicio de la Transición democrática puede parecer tarea frívola o propia de arqueólogos. Más aún cuando los cambios producidos en la sociedad española, y en la política universal, son tan trascendentales e impensables en el momento histórico que se analiza, que la lectura del libro de Gregorio Morán remitiría a un museo antropológico de personajes fosilizados por la historia. La figura de Adolfo Suárez, Caronte que se deslizaba con rumbo incierto por el Aqueronte de la Transición, es ahora un intérprete olvidado y añejo, y el tiempo relatado una oda a la confabulación maquiavélica repleta de personajes quiméricos.

Tal vez el público objetivo de esta lectura no corresponda al apresurado usuario de los ingenios electrónicos actuales. No es, desde luego, el consumidor compulsivo de redes sociales basura que ocupan ahora el interés del ciudadano anónimo y digitalizado. Ni votante del imperialismo yanqui que bombardea primero para pedir después la paz; ni seguidor del neofascismo emergente que invade los rincones que antes ocupaba el deseo de libertad: ¡Heil, Santiago! Aunque, sin saberlo, sea el heredero del tiempo incierto que el libro describe. Cincuenta años antes parecen remitir a una época de dinosaurios y a una jungla remota en la que los gladiadores de la política buscaban consolidar un entendimiento. Ese circo es el que narra en directo Gregorio Morán, acreditado recolector de cartapacios en los que detalla la historia, o prehistoria remota, que antecede a la era cibernética en la que nos encontramos.

“Adolfo Suárez: Historia de una ambición” es el relato de la pantomima de los estertores del franquismo y sus procuradores rumberos de las Cortes, de “El Orejas”, alias Arias Navarro, llorón interruptus; de los opusdeístas tecnócratas de Laureano López Rodó; de los brazoenalto de camisa azul, bigotazo retorcido y mirada amenazante perdonavidas; del joven Suárez, de su valedor Herrero Tejedor, del sabio Torcuato Fernández Miranda, de los Pactos de la Moncloa, del PC que abrazó la bandera rojigualda y la monarquía, de las incógnitas sobre el devenir del heredero, ese Emérito regatista y galante con el dinero ajeno; de un lugar perdido ayer en la galaxia que siendo el mismo hoy se ha trasformado en un teatro con otros argumentos, otros decorados, otros actores, otros efectos dramatúrgicos y otros públicos diferentes. Otro país distinto.

Adolfo Suárez, foto de EFE de 1965, Fue nombrado director general de RTVE el 6 de noviembre de 1969.

Escrita como crónica periodística, sin la perspectiva de un tiempo clarificador debido a la proximidad de los hechos relatados, publicada en 1979, gran éxito de ventas, primer libro del autor que luego ha llegado a ser uno de los relatores más introspectivos de los acontecimientos nacionales. Es la historia de un muchachito provinciano que se arrima al poder buscando una poltrona, un altarcito para evadirse del anonimato castellano. Es la evolución de un aprendiz que salido de la nada alcanza la más alta cota de poder. Y es la vitrina en la que se muestra a los palmeros del franquismo, ahora sólo restos disecados del pasado remoto. ¿Quién recuerda a la sonrisa del régimen, José Solís Ruiz, al León de Fuengirola, a Sánchez Bella, a Gil y Gil y su catástrofe mortífera de su bloque de apartamentos en Los Ángeles de San Rafael (58 muertos, 300 heridos), Segovia, donde Suárez era gobernador civil, la voladura del diario MADRID perteneciente al Opus, a Manuel Fraga, a Camilo Alonso Vega, a López Bravo, a Areilza, a Pío Cabanillas, a Carrero Blanco, a Abril Martorell, a Rafael Ansón…?

Suárez se dirige a la nación tras ser elegido presidente del Gobierno en las elecciones del 15 de junio de 1977. EFE

“Adolfo Suárez: Historia de una ambición” acaba apenas dos años antes de la noche de los transistores, de aquella zancadilla del picoleto pistolero a Gutiérrez Mellado (recogida por Barriopedro/EFE* en una foto que dio la vuelta al mundo), don Adolfo, colérico, braceando por el hemiciclo y el Zorro Rojo fumando sin inmutarse en su escaño, cuando el duque de Suárez aún no lo era y nadie lo ninguneaba, mucho antes de que los chicos de Suresnes alcanzaran el poder, antes de la desintegración de la URSS, muchísimo antes de que Fermín Cacho triunfara en los 1500 de la olimpiada de Barcelona, de que Indurain arrasara en su quinquenio del Tour, del cine de Almodóvar, del Nobel a don Camilo, del Orgullo Gay. Es infinitamente anterior al café para todos de las autonomías, a la entrada en el Mercado Común europeo, al desarrollo económico, al AVE, a las autopistas, al estado del bienestar y a la sanidad pública ahora en peligro, al Euro, a la derechita cobarde, al taconeo marcial del neoyugo sin flechas de la fiesta acabada que nunca empezó.

Suárez se dirige a la nación en las elecciones del 15 de junio de 1977. EFE

La prosa de Gregorio Morán alcanza a veces la ampulosidad de un catedrático, se fragua en excesos analíticos y consideraciones temporales propias del momento histórico que se vivía. Como si buscara un crédito extra y avales propiciados por la abundancia de párrafos, información y personajes. Había que contagiar de transcendencia la actualidad y transmitirla al ciudadano. Un tiempo donde la negociación política y el periodismo alcanzaron un protagonismo y una popularidad como nunca tuvieron antes en la sociedad española ni la tienen ahora, una necesidad de informarse y desarmar los entresijos del poder, de saber quiénes eran los protagonistas, de qué pie cojeaba cada actor, cuáles eran sus atributos masculinos (curiosamente no había casi señoras en aquellos tiempos preconstitucionales) y qué pretendía cada candidato al mando. O sea, prehistoria.


*Comentaba recientemente Miguel Ángel Aguilar, presente en el Congreso el 23 F, que tras el tiroteo y pasadas unas horas la situación se “normalizó” en el interior del Hemiciclo y los allí presentes descendieron al bar para aliviarse con algunos cafés, cervezas o refrescos. Y se formó en la entrada de la cafetería una cola en la que rigurosamente se alineaban diputados, guardias civiles, escoltas desarmados, ujieres o administrativos de la alta institución. Todos guardaban cola sin privilegios, se tomaron sus consumiciones, las pagaron religiosamente y a seguir esperando que llegara la autoridad, militar, por supuesto. Cuando por la mañana siguiente y ya con la intentona eliminada, los guardias civiles huyendo por las ventanas y los diputados saliendo del encierro los golpistas, antes de retirarse con el rabo entre las piernas, arramblaron con todo el alcohol que quedaba en la cafetería y con la recaudación de la caja, con todo y se lo llevaron, desapareció la pasta y las botellas, una muestra más del etílico amor a la patria que tenían aquellos salvadores.

Barriopedro se preguntaba qué sería de los carretes que los guardias civiles requisaron a los fotógrafos que cubrían el acto. Nunca se supo de ellos, nunca los devolvieron, ¿se velarían, se destruirían, los tendrá alguien y alguna vez se podrá revelar lo que los fotógrafos plasmaron en los negativos? Al menos Barriopedro sí consiguió “evadir” su carrete.


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Madrid por las nubes: Antonio Palacios y Joaquín Otamendi

01 domingo Jun 2025

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Gabriel de Araceli

La Arquitectura define el carácter y personalidad de la ciudad, encauza la percepción que de ella se tiene y gobierna las relaciones de las personas con el entorno urbano. Aliada con el Urbanismo interviene directamente en la vida del binomio ecológico habitante/ciudad, matrimonio singular, frágil y quebradizo, ambos son el nexo entre residente vivo y espacio físico, condicionando el devenir diario y las costumbres de sus pobladores. La actuación urbanística que promovió Georges-Eugene Haussmann en Paris, en los años 60 del siglo XIX, produjo una transformación absoluta de la urbe que fue durante décadas el modelo a seguir en las grandes capitales europeas. El Museo Guggenheim ha supuesto para Bilbao un cambio radical en la percepción que de la vieja y sucia ciudad portuaria se tenía, cambiándola por la idea de un lugar abierto, limpio y atractivo visualmente, lejos de la sensación herrumbrosa de chatarrería oxidada y hollín que antes se asociaba con la ría. En El Ciego, La Rioja, la Bodega Marqués de Riscal, obra como el Museo Guggenheim de Frank Gehry, ha transformado por completo la relación que sobre el negocio y exposición comercial del vino se tenía en la zona. Algo similar sucedió en Avilés con el Centro Niemeyer. O en las afueras de París con la Villa Savoye, la máquina de vivir, obra revolucionaria de Le Corbusier, que en su momento causó tanta expectación como controversia y polémica. Aún hoy, el ideal y obra de Charles Edouard Jeanneret es un paradigma cuasi filosófico a debate y estudio en las escuelas de Arquitectura.

Antonio Palacios frente al edificio del Círculo de Bellas Artes, en Madrid, sobre 1922.

En Madrid, unos edificios claros, a comienzos del siglo XX, que contribuyeron a su expansión como ciudad moderna y capital fueron las construcciones diseñadas por Antonio Palacios (1874-1945) y Joaquín Otamendi (1874-1960), que con los ejes urbanísticos Prado-Recoletos-Castellana, Calles Mayor y Alcalá, y Gran Vía supusieron una modernización y alivio espacial y vital a una ciudad estrecha, incómoda, fea y aquejada de antigüedad y oscurantismo. Ambos arquitectos, formados en la Escuela Técnica de Arquitectura de Madrid, dejaron un buen puñado de obras en esos años que contribuyeron al esplendor y al disfrute de la villa como un ente vivo, bello y ornamental. Sus ideas y proyectos forman parte del patrimonio arquitectónico madrileño. Hoy son admiradas como una contribución al avance de la gran capital para encontrar su lugar y referencia en la España invertebrada. Obras como el edificio de Correos, la sede del Círculo de Bellas Artes, el edificio de las cariátides de Barquillo, el voladizo de la entrada al metro en Gran Vía, o las posteriores (finales de los 50 del siglo XX) torres de la Plaza de España, obra de los hermanos Otamendi, forman un patrimonio en el que funcionalidad, belleza, eficacia urbanística y armonía entre el medio urbano y el ciudadano no están reñidas.

Los hermanos Otamendi en una foto tomada por Gyenes, años 50 del siglo XX.

Y sería de justicia urbanística hacer referencia a los arquitectos de la generación del 25 que contribuyeron a hacer de la capital una ciudad habitable, aquellos como Arniches y Domínguez, o Secundino Zuazo, o Luis Gutiérrez Soto, o José de Azpiroz, o Manuel Muñoz Monasterio, o Ignacio Cárdenas, que con sus ideas y edificios contribuyeron a dar un aire de vida, belleza y acogida al viejo caserón manchego para sus habitantes.


Fotos de Terry Mangino (pinche sobre la foto para verla en grande)

Palacio de Correos, obra de Palacios y Joaquín Otamendi, 1909.
Interior de Correos, aires catedralicios, gran galería y pasillos corredores en torno al patio principal.
La Rubia, diosa de la belleza ideada para adornar el espacio interior.
Marquesina voladiza de la entrada del Metro de Gran Vía. 1919. Reconstruida en 2021.
Vista de la marquesina de entrada al metro de Gran Vía.
La marquesina frente al edificio de Telefónica, obra de Ignacio Cárdenas, 1929.
El alcalde Arias Navarro, destructor de monumentos y promotor de la ciudad/automóvil, desmontó la marquesina original en 1970 y llenó de vehículos la calle Montera, ahora recuperada para el tránsito peatonal.
El rótulo identificativo del Metro es también obra de Antonio Palacios.
El edificio del Círculo de Bellas Artes visto desde la Gran Vía. Proyecto de 1919.
Edificio del Banco Mercantil, actual sede de la Consejería de Cultura de Madrid, Alcalá, 31. Inaugurado en 1943, uno de los últimos edificios de Antonio Palacios.
Diseño original de Antonio Palacios.
Interior de Alcalá 31, espacio reservado para exposiciones.
Hospital de Jornaleros, calle Raimundo Fernández Villaverde. 1916.
Proyecto para el Casino de Madrid. No resultó elegido.
Casino de Madrid. El proyecto añadió elementos y formas constructivas de Palacios.
Proyecto para el Casino de Madrid. No resultó elegido.
Edficio del Banco Central, Calle Alcalá, esquina Barquillo, actual sede del Instituto Cervantes. Construido entre 1910-1918.
Detalle de las cariátides de la puerta principal.
Hotel Florida, en la plaza del Callao. Fue el hotel que albergó a los reporteros internacionales que cubrieron el asedio de Madrid durante la Guerra Civil. Contó entre otros con huéspedes con Hemingway o Martha Gellhorn. Construido entre 1920 y 1924. Fue derribado en 1964 siendo alcalde el Conde de Mayalde, conocido filonazi. Ahora es un edificio comercial de El Corte Inglés..
Acceso a la estación de metro de Tirso de Molina. La Bombonera, 1919.
Dibujo alzado de proyecto de Palacios.
Plaza de España en la actualidad.
Alzado del Edificio España, obra de los hermanos Letamendi. Proyecto de 1956.


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Décimas para Sara

26 lunes May 2025

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Carmelita Flórez

¿Qué es poesía? dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul… Fue Sara, su nieta, la que le preguntó una mañana de mayo florido y hermoso a Ezequías Blanco tan difícil cuestión. Ezequías se rascó la cabeza y pensó que mejor que darle una conferencia literaria como las que daba a sus alumnos del instituto era escribirle a la niña unos poemas para que comprendiera el sentimiento y el amor que hay que exponer en palabras para que el lector sintiera qué es poesía. Y de ahí salió “Décimas para Sara”. Un poemario que le gustó mucho a Sara.

Ezequías lo quiere presentar y ha convocado a sus amigos y al público en general a un coloquio en Getafe, donde ejerció de profe matemático-literario, el próximo viernes 30 de mayo, a las 19:30. Será en Espacio Mercado, Plaza de la Constitución, 5. Getafe.

¡Es súper guay, el libro, mi abuelo también! —asegura Sara.    


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El Retiro era una fiesta

19 lunes May 2025

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Carmelita Flórez

Ernest apuró su tercer bourbon camuflado entre la multitud que llenaba el Paseo de Coches de El Retiro. Martha Gellhorn le esperaba junto al ángel caído de Ricardo Bellver. Dos Passos evitó el encuentro refugiándose en la motora del estanque. Nunca comprendió que Ernest le negara su apoyo para esclarecer la desaparición de Robles Pazos. Los enamorados se besaban frente al monumento de Alfonso XII. ¡Te querré siempre!, le decía Benicio a Rosalinda, que sabía que era mentira, que tenía otra, pero… ¡el beso era tan dulce! Javi Javichy, especialista en risas, llamaba a su perrito Bruno al orden. Bruno se refugió en las manos de Amanda, de siete años, venida del Ecuador y aún sin regularizar papeles, su mamá. Hey Jude d’ont make it bad cantaba una multitud de sinfónicos nacidos en mayo del 68 en la pradera enfrente de la Cuesta de Moyano. ¡Estos jóvenes!, pensaba don Pío Baroja con cara hipocrática desde su monolito de bronce. Igor Gnomo le extraía con sus caricias todos los lamentos íntimos a su guitarra brasileira acompañado de la voz de Aroa Fernández, aquello era un derroche de gusto. ¡Ay, la música al servicio del placer! Allí arriba, en lo más alto, Aniceto Marinas miraba a una mujer que perdía su mirada por el estanque. Sí, su figura le sabía a yerba de la que nace en el valle, era como una mujer perfumadita de brea, perfecta para figurar en su monumento a La Libertad, junto a la de aquel rey que murió de tanto amar.

—No sé, Ernest, —le dijo la Gellhorn— tal vez si nos fuéramos al Florida —el hotel— podríamos alegrarnos esta tarde tan apacible retozando sobre las sábanas. Aún te falta escribir la mejor de tus novelas y la puedes escribir sobre mí.

—Me parece bien —dijo Ernest.

El Retiro era una fiesta.


Fotos de Terry Mangino

Quizás porque mi niñez sigue jugando en tus prados…
A tus atardeceres rojos se acostumbraron mis ojos como el recodo al camino…
Y escondido en tu estanque duerme mi primer amor…
Llevo tu luz y tu olor por donde quiera que vaya…
Ay, amor, sin ti no entiendo el despertar…
Para que pintes de azul mis largas noches de invierno…
Y amontonado en tus guiños guardo amor, juegos y penas…
Eres como una mujer perfumadita de brea….
Que se añora y que se quiere, ay…
En la ladera de un monte más alto que el horizonte, quiero tener buena vista…
Entre la playa y el cielo…
Cerca de El Retiro porque yo nací en el Madrid

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Una Marea Rosa inunda las calles de Madrid: Carrera de la Mujer 2025

12 lunes May 2025

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Carmelita Flórez

Buena edad para empezar a practicar Atletismo.

36.000 mujeres tributaron el domingo 11 de mayo un agasajo postinero a ese Madrid lleno hasta la bandera, últimamente de guiris. Trotaban ellas por sus calles llenándolas de pétalos de rosa y esfuerzo atlético. Por un rato la ciudad perdió el trajín de rompeolas y se llenó de latidos y zancadas. Aguardaban las calles el paso de la carrera y se escuchaba un silencio olvidado y expectante. El río que nos lleva, ese Manzanares galante de aguas últimamente, se vistió de rosa y se trasbordó a la Castellana, a Recoletos, a Cibeles, a la calle de Alcalá, donde va y viene la florista hasta acabar en el Parque del Oeste, uno de los pulmones de Madrid. Y cuando la marea rosa se desbordó por la Gran Vía todo se llenó de un tsunami carmesí, de alegría contagiosa para los turistas maleteros que miraban sorprendidos aquella agitación de piernas corredoras, de sudor retrechero, de linimento, jadeos y agujetas. Casi siete kilómetros para comprobar el estrago que el paso del tiempo nos deja, o por la necesidad de hacer ejercicio o para conversar con la amiga de toda la vida a la que no ves desde hace tiempo, la excusa perfecta para emplear el domingo por la mañana.

Una gran atleta descendía como un torrente a su paso por el Paseo de Recoletos.

¡Qué bien he corrido, no me he cansado nada!, le decía doña Mari Carmen a su amiga del alma, doña Margarita, tras emplear casi dos horas en el recorrido. ¡Es que nos conservamos muy bien!, no hay nada como el shopping. Yo todas las semanas recorro algún outlet en busca de gangas, le respondió doña Margarita. Las atletas de élite hacía tiempo ya que habían terminado la carrera. Ivana Zagorac, la primera clasificada, la corrió por debajo de tres minutos el Kilómetro, 20 minutos y 34 segundos, una gran marca. Pero se perdió la conversación entre doña Carmen y doña Margarita. Siempre hay que renunciar a algo cuando se está en la elite. Madrid era una fiesta rosa, decía Hemingway desde el Hotel Florida, en Callao.


Fotografías de Terry Mangino

Expectación en el metro camino de la salida.
Ivana Zagoraz, la primera clasificada, 20’34¨
Clara, quinta; Laura, segunda; y Paula, tercera, a su paso por el Paseo de Recoletos.
Por la Calle de Alcalá, Km, 3.
Entrada del grupo de cabeza a la Calle de Alcalá.
Gran Vía, obra de Antonio López, pintado entre 1974 y 1981.
La carrera a su entrada a la Gran Vía.
Gran Vía desde Callao a Plaza de España.
Gran Vía desde Callao a Plaza de España.
Plaza de España.
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Protesta perruna

08 jueves May 2025

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Teodosia Gandarias

Esos perritos que alborozan el ánimo de las personas, que sirven de consuelo e ilusión diaria, de compañía y estímulo para los corazones solitarios que tienen en ellos un amigo, un oyente mudo con el que conversar aunque sea sin recibir palabras, sólo su mirada atenta mientras mueven el rabito en señal de afecto. Sí, Jumble, el perrito fiel de Guillermo Brawn; o Lassie, la perrita aventurera que acompañaba a Elizabeth Taylor; o Laika, aquella perrita cosmonauta cuyo cuerpo giró durante 163 días en la órbita terrestre; o Snoopy, el único apoyo en quien confiar del incomprendido Carlitos Brown; o Scooby-Doo, un perro pasota, único amigo de Shaggy; o Rin Tin Tin, el perro policía y guardián del orden que pone en apuros a los malos.

Resulta que el Ministerio de Sanidad tiene pensado una ley, la 666/2023, que impide a la medicina veterinaria utilizar medicamentos humanos en los animales, o indica un uso restrictivo y limitado de algunos fármacos, lo que limitaría la salud de los perritos. Y los veterinarios consideran que esa ley va en contra del bienestar de sus amigos y se han unido para protestar contra la ley porque reduce, o dificulta, las posibilidades de curación en los canes que contraigan enfermedades.

El pasado 7 de mayo, veterinarios de toda España se concentraron en Madrid, en las puertas del Congreso de los Diputados para pedir la anulación del proyecto de esa ley y la dimisión del ministro del ramo. Se armó un gran alboroto enfrente del Congreso, a las puertas del Hotel Palace, serían como medio millar los manifestantes, que pitaban y pitaban a través de sus silbatos. En su sillita de transporte, Famalda, una perrita caniche, miraba pacientemente aquel jaleo sin inmutarse. Su ama, veterinaria venida desde Málaga, le premiaba con galletitas perrunas su buen comportamiento. Al final, Famalda también se incorporó a la protesta. ¡Guau, guau, guau, guau!, ladraba desaforada, que en lenguaje perruno quiere decir que no le restrinjan ni le priven del uso de medicamentos que le puedan salvar la vida si está malita.


Fotos de Terry Mangino

Protesta en la Carrera de san Jerónimo, el 7 de mayo, contra la nueva Ley de Salud Animal.
Manifestante en contra de la nueva ley de salud animal.
Compañía entre chicas.
Famalda durante la protesta.
Amor perruno
Amistad entre chicas.
Aspecto de la protesta frente al Congreso de los Diputados.

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