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Escaparate ignorado

~ La actualidad examinada

Escaparate ignorado

Publicaciones de la categoría: Uncategorized

MILENIO

04 martes Ago 2020

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Qué leer en los tiempos del virus X


Gabriel de Araceli

—Huele mal, mamá, huele mal.

    Suena a través de la pared con el vecino la voz de Carlota. Sus dos años la convierten en un angelito que alivia la soledad del encierro, trae un poco de alegría durante el asedio del virus.

—No huele a nada Carlota, y tómate la leche.

 

      A 57 muertos nadie los reclamó durante la pandemia, ya habían muerto en vida, olvidados por los suyos, sin el consuelo del adiós, de la mano sobre el hombro, del beso de la despedida. Cuando sus cadáveres empezaron a ser un problema el gobierno regional madrileño decidió asumir el costo de los entierros. Nadie escucha las palabras de los niños. Posiblemente algún niño pregonara el olor de algún muerto sin que nadie le prestara atención hasta después de muchos días cuando el hedor se hizo insoportable. El angelito tenía razón: Huele mal. La vida huele mal.

     Manuel Vázquez Montalbán se murió sin hacer ruido lejos de todos, en Bangkok, el 18 de octubre de 2003, apenas unos meses antes de que su último Carvalho, MILENIO, se publicara, hijo póstumo y huérfano de un mundo ajeno y desconocido para la edad provecta del antiguo espía. Desprende MILENIO el olor a naftalina de los recuerdos perdidos, de las cartas de amor juveniles encontradas en los anaqueles de la memoria. Carvalho comienza el siglo despidiéndose de un mundo imposible de reconocer para sí mismo. Entonces, ¡qué sería ahora! Va acompañado de su leal Biscúter, su Sancho amigo, que a lo largo de la novela, como en el Quijote, se carvalhizará en un trasvase de personalidades, biscuterizándose Carvalho hasta perder el detective el protagonismo de las diecinueve anteriores novelas y pasar a ser un secundario admirador de la sabiduría del escudero. Son la mangosta y la cobra hipnotizadas entre ambas por la mutua contemplación. Y de Dulcinea, de Charo, de la madame retirada que gobierna su tienda de macrobióticos y complementos dietéticos en el puerto olímpico apenas si hay el recuerdo de alguna llamada telefónica para solicitarle fondos. La constatación de la inevitable derrota hormonal de la entrepierna. Es un hombre maduro que ve próxima su decadencia, al que las superpotencias, las guerras, hambrunas, tragedias, terrorismos, las pelagras institucionales religiosas, ya sean cristianismos o islamismos, espionajes, globalización, emigraciones, epidemias, nacionalismos periféricos y demás virus que le amenazan en su itinerario global le pillan fuera de juego, convertido en un escéptico, en un resignado superviviente que intuye un futuro de refugiado en alguna residencia de ancianos, diana de virus coronarios, un pirómano retirado que sólo quema un libro —inacabado, encima— a escondidas y en el que apenas si sobrevive la gula como vicio arrepentido de todos los vicios y pecados.  Y es su huida un repaso a su militancia juvenil en la izquierda radical, una búsqueda por las estrellas de lo que no pudieron conseguir en la Tierra, una catarsis penitente de apariciones de personajes y lugares por donde ejercitó su oficio de sabueso huelesobacos.

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Manuel Vázquez Montalbán en El Escorial, 1990. Foto de Terry Mangino

     MILENIO se publicó en dos partes por decisión editorial: MILENIO CARVALHO I. Rumbo a Kabul; y MILENIO CARVALHO II. En las antípodas. Un guiño del editor quizás para emular las dos partes del Quijote, de sus salidas del campo de Montiel a Barcelona, en ese itinerario mimético del que parte Carvalho para repararse los entuertos, desfacerse de sus agravios y enfrentarse a los malandrines de su conciencia. Son casi 900 páginas de frases rotundas y narrativa fácil urdida por el oficio de MVM, la última vez que ejercitó la novela el autor, aunque apenas unos días antes de su fallecimiento publicara su última columna, el 3 de octubre de 2003, sobre un marciano que ahora parece ocupar las catacumbas del pleistoceno histórico, ahí enfrente, sin embargo: “De cómo don Mariano Rajoy se convirtió en un ovni”.

     Huele mal, sí, la historia de una vida a veces huele mal y uno se encuentra al final del camino con detritus escondidos, con las palabras de un angelito inocente que le revelan la verdad de la derrota. Quizás, los casi veinte años transcurridos le hayan hecho formar parte a Carvalho de esas estadísticas de viejecitos abandonados a los que delata su olor nauseabundo muchos días después de muertos. Aunque Carvalho siga vivo en la memoria de los amantes de la novela montalbiana. Quizás se fue pronto Vázquez Montalbán, tal vez fue inteligente y decidió apartarse en esplendor, bien comido, bien bebido, bien viajado, antes de que el paso del tiempo le señalara con la uña negra de la ignominia de la existencia. Jesús Galíndez, Muriel Colbert, don Angelito, Ulises, Homero, Bouvard y Pécuchet, La vuelta al mundo en ochenta días, Cinco semanas en globo, tal vez el coronel Kurtz en su guarida de Camboya o en su ascenso de comerciante por el río Congo, el Níger del Biscúter, henchido el escudero de sorprendente verborrea et diplomé en soupes et sauces pour L’Êcole de Gastronomie de Jacques Minceur.

     Un siglo XX que se acaba, un milenio que empieza, un viaje a ninguna parte el que emprende Carvalho para acabar prisionero de su memoria, de sus actos, entre las rejas de la vida a su regreso a Marte, a Vallvidriera. ¡Que le aproveche!


carvalho_milenio1             milenio-carvalho-ii


«Luego le haré unos higos a la siria. Rellenos de nueces y cocidos en zumo de naranja. Bajas Calorías. En lugar de mucho azúcar le pondré miel.
–Lees demasiado, Biscuter.
–Tendría que echarle un vistazo a la Enciclopedia Gastronómica que me he comprado a plazos. Parece increíble lo complicado del espíritu humano. ¿A quién cree usted que se le ha ocurrido rellenar los higos de nueces y cocerlos en zumo de naranja?
–Probablemente un sirio».

(El delantero centro fue asesinado al atardecer)


Enlaces relacionados con Carvalho y Manuel Vázquez Montalbán

Pepe Carvalho tras las huellas de don Quijote

El agente Rojas ND507

Pasionaria y los siete enanitos

Son o fueron

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Tranquilo Jordi, tranquilo

19 domingo Jul 2020

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

≈ 3 comentarios

Rafael Alonso Solís

    LA MONARQUIA ES UNA INSTITUCIÓN que requiere fundadores para imponer el origen, y súbditos que aguanten sus consecuencias. Es de suponer que sus defensores disponen de argumentos para defenderla, pero muy dudoso que quienes la sufren se los crean. No cabe duda de que tanto el casting como los mecanismos de renovación son sencillos. Respecto al primero, no se requieren propuestas ni concurso de méritos. En cuanto a lo segundo, suele ser una combinación entre los orígenes mágicos o la implantación por la fuerza. En unos casos se arranca la legitimidad de las entrañas de la roca, como en las leyendas de Arturo de Bretaña; en otros, algún milico la instaura o la reinstaura para garantizar las ataduras. Desde ese momento, la herencia queda instalada en el lugar que debería ocupar la democracia, con lo que el mito fundador se sobrepone a la capacidad, la inteligencia o la moralidad de quien porta la corona.

     Precisamente por proceder de las sombras, no es de extrañar que a los príncipes les chuleen las brujas, como en el caso de Macbeth, o que en las horas de oscuridad se les aparezcan los fantasmas de la memoria, como le sucedía a Hamlet. A los monarcas de cercanías quienes se les pueden aparecer son las amantes —no se sabe si agradecidas o despechadas— y los inspectores de hacienda. Una vez escribí que, en este país, los reyes suelen hacer tres discursos importantes. En el primero, aceptan la responsabilidad del cargo y juran los principios de quien les nombra; ya vendrá el momento de cambiarlos por otros. En el segundo, después de haber agitado las medallas frente a la tropa, hacen como que nos salvan la vida. En el último, cercana la caída del telón que da fin a la tragicomedia, anuncian su retirada. Durante los intermedios, van dando pinceladas de ingenio o de cinismo, como en aquella aparición del rey, ahora emérito, a punto de terminar 2011, cuando exhortó a sus súbditos a ser honestos, sin inmutarse, y enfatizó aquello de que la justicia era igual para todos.

     Es cierto que la historia de Juan Carlos de Borbón, desde su llegada a España hasta el momento en que parece estar haciendo las maletas, parece extraída de una telenovela o un drama de baja calidad, tal como se refleja en la excelente investigación de Álvaro de Cózar. Cuando aún era príncipe, solía recorrer los colegios mayores de la capital para hablar con los universitarios de su generación. En una ocasión, en que se le estaba haciendo tarde por el intercambio de chistes, en un alarde de comicidad, dijo: «Me voy para casa, no sea que Sofía me esté poniendo los cuernos», lo cual fue muy reído por la concurrencia. Cuando se observa la evolución del gesto del rey emérito puede que se aprecie el poderosos efecto de los genes, especialmente los que se refrescan poco, si no se tiene cuidado con la dieta. Aquel joven monarca, al que muchos auguraban un reinado de corta duración, exhibía por entonces el semblante de alguien un poco asustado, con la expresión de quien no sabía, exactamente, qué hacía allí, pero ya había aprendido a cuadrarse gallardamente ante la milicia. En la madurez, su rostro fue adquiriendo ese aire campechano que le dio tanta celebridad. Anunciándose el crepúsculo, en esa época en que comienza a preparar su jubilación para retirarse a tierras más soleadas, su rostro ha ido tomando un aíre pícaro —por decirlo con mesura—, como si nos hiciera un guiño de complicidad y nos recordase que él también comparte —a su nivel, claro— las mañas de Lázaro de Tormes.

     No cabe duda de que, en lo que se refiere al emérito, ha funcionado un efectivo pacto de silencio, en el que ha estado implicada la mayoría de la clase política, pero también la prensa, aunque los rumores sobre sus devaneos sentimentales y su presunta carrera como comisionista de éxito siempre hayan estado ahí. Hoy mismo, en un artículo de portada en el diario El País, se dedican ocho párrafos a defender a la realeza por parte de Pablo Casado, Felipe González y el presidente de la CEOE, dos a transmitir con prudencia la postura de UP y una la del Gobierno. Merece la pena recordar que fue una perspicaz periodista de derechas, conocida supernumeraria del Opus Dei y con excelentes fuentes de información en el estamento militar, quien se atrevió a hablar sobre el, presuntamente, oscuro papel de Juan Carlos de Borbón en el 23F, más allá del guion oficial.

     Después de habernos caído del caballo, no parece que existan muchas dudas de que la conducta del rey emérito ha sido cualquier cosa menos ejemplar. Pero esa convicción, junto a la conclusión a que llegue la justicia, debería tener otras consecuencias y aprovechar la oportunidad para responder, con serenidad y sin demasiada prisa, a dos cuestiones: si la institución monárquica tiene alguna utilidad para la convivencia y el bienestar de este país, y si tiene un respaldo mayoritario o, siquiera, significativo. Dependiendo de las respuestas aún cabría, en su caso, una tercera: ¿de qué manera y cuándo se debería iniciar una renovación de la puesta en escena?

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Viñeta de Vázquez de Sola dibujada durante el coronavirus


ESPAÑA INVERTEBRADA

Hace 100 años, en 1920, Ortega y Gasset publicó en el diario El Sol una serie de artículos y ensayos que reflexionaban sobre la identidad española y los problemas políticos que padecía. Todos los artículos se publicaron en forma de libro un año después con el título de ESPAÑA INVERTEBRADA. Lo que a continuación se expone es un extracto del capítulo 5 titulado PARTICULARISMO.

José Ortega y Gasset

       Empezando por la Monarquía y siguiendo por la Iglesia, ningún poder nacional ha pensado más que en sí mismo. ¿Cuándo ha latido el corazón, al fin y al cabo extranjero, de un monarca español o de la Iglesia española por los destinos hondamente nacionales? Que se sepa, jamás. Han hecho todo lo contrario: Monarquía e Iglesia se han obstinado en hacer adoptar sus destinos propios como los verdaderamente nacionales; han fomentado, generación tras generación, una selección inversa de la raza española. Sería curioso y científicamente fecundo hacer una historia de las preferencias manifestadas por los reyes españoles en la elección de las personas. Ella mostraría la increíble y continuada perversión de valoraciones que los ha llevado casi indefectiblemente a preferir los hombres tontos a los inteligentes, los envilecidos a los irreprochables. Ahora bien: el error habitual inveterado, en la elección de personas, la preferencia reiterada de lo ruin a lo selecto es el síntoma más evidente de que no se quiere en verdad hacer nada, emprender nada, crear nada que perviva luego por sí mismo.

      …El Poder público ha ido triturando la convivencia española y ha usado de su fuerza nacional casi exclusivamente para fines privados… Porque vivir es algo que se hace hacia adelante, es una actividad que va de este segundo al inmediato futuro… Por eso decía Renan que una nación es un plebiscito cotidiano… Desde hace mucho tiempo, mucho, siglos, pretende el Poder público que los españoles existamos no más que para que él se dé el gusto de existir.


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Viñeta de Vázquez de Sola dibujada durante el coronavirus

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Homenaje al zoólogo Ángel Cabrera en el Museo Nacional de Ciencias Naturales

08 miércoles Jul 2020

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Teodosia Gandarias

     El pasado 7 de julio se celebró en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid el homenaje al zoólogo Ángel Cabrera Latorre, insigne científico y hombre de ciencia, con motivo de cumplirse el 60 aniversario de su fallecimiento, ocurrido en La Plata, Argentina, el 7 de julio de 1960.

     Abrió el acto el director del museo, Santiago Merino, que resaltó el extraordinario trabajo de taxonomía y clasificación zoológica que Cabrera realizó en el Museo desde 1902 a 1925, fecha de su partida a la Argentina. También intervinieron Leoncio López-Ocón, investigador adscrito al Consejo Superior de Investigaciones Científicas; Alberto Gomis, profesor de la Universidad de Alcalá; los naturalistas Manuel de Andrés-Moreno y Juan Monreal; y el periodista y escritor Ángel Aguado López, autor de la novela PATAGONIA, sobre la vida y obra de Cabrera.

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Las especiales circunstancias sanitarias que asolan Madrid hicieron que la presencia al acto fuera limitada. Santiago Merino, director del Museo Nacional de Ciencias, comienza el acto de homenaje a Cabrera.

     Ángel Cabrera Latorre nació en Madrid, en 1879, en el nº4 de la C/ Madera Alta, en lo que ahora es el barrio de Malasaña. A pesar de su extensa obra en el Museo de Ciencias, de sus numerosísimos trabajos científicos y libros escritos que le convirtieron en una referencia obligada en el estudio de la zoología y le dieron renombre mundial no tiene ninguna placa o recuerdo que le honre en la ciudad que le vio nacer. Es hora de enmendar ese olvido.

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Asistentes al acto posan en la entrada del Museo.


Conversación apócrifa que María Aguado y Ángel Cabrera, mujer y marido, mantienen con motivo de su partida a La Plata,  en 1925, reclamados por el gobierno de la Argentina para ocupar la cátedra de Zoología de aquella Universidad:

Guion de Ángel Aguado López

Cinco décadas con Ángel

Secuencia única. Interior, día, en un piso de Madrid de la calle Claudio Coello, 115. La luz radiante que entra por un balcón lleno de tiestos alumbra la conversación de dos personas de mediana edad, unos cuarenta años, son Ángel Cabrera Latorre y María Natividad Aguado Porres, un matrimonio con apariencia intelectual, es decir, con la ropa limpia pero usada. María lleva la voz cantante y Ángel la escucha con la paciencia de un sabio.

MARÍA

Y este, qué es: ¿Un Lupus signatus o un Lupus lupus? Porque yo ya me pierdo con tanto bicho, Ángel, que me tienes el comedor lleno de Canis canis y de Vulpes vulpes y de quirópteros y de Capras victoriae. Y en la bañera la foca monje, Ángel, un macho vivo de Monachus monachus, que ni María Teresa se puede lavar y tiene que ir al Instituto Escuela como si fuera de exploradora por el Magreb-el-Aksa, con el salacot que tú le trajiste de Melilla, que ni peinarse puede. Y lo de meter al megaterio en el salón ¡ni se te ocurra!, ¡eh!, Ángel, que no cabemos los cuatro en casa.

ÁNGEL

Pero María, si va a ser sólo un par de meses, hasta que los Benedito terminen con los abejarucos y el verraco ese que le sobraba al duque de Veragua.

MARÍA

Sí, sí, lo mismo me dijiste de la piel del Loxodonta africana, ese elefante grandote que cazó el otro duque, el de Alba, que no sabían qué hacer con él en el Museo, que se tiró seis años ocupando el baúl del dormitorio, encima del vestido de cóctel de Fortuny-Madrazo que me trajiste de París, que sólo me lo puse una vez, cuando lo de la reina María Cristina en 1913. Sí, lo del diplodocus Carnegie, ese que vino de Pensilvania y que montaste tú solito. Sí, tú solito, porque los yanquis, el Holland y el Coggeshall mucho salir en la foto, mucho visitar el Palacio Real, mucha juerga, que se los llevaba su majestad por los teatros y los colmaos persiguiendo vicetiples. Pero de trabajar nada, que el que de verdad trabajó juntando los huesos fuiste tú, aunque te sobraran un fémur y tres vértebras lumbares que no cabían en la galería central y tuviste que decirle a Bolívar que se quitaban, que nadie se daría cuenta, que el único en España, en el mundo entero que sabía de endoesqueletos de herbívoros saurópodos del Jurásico eras tú. Y era verdad.

[Don Ángel mira por el techo en busca de musarañas, pero no hay ninguna con la que distraerse de la charla de María].

  MARÍA

¡Y cómo me tienes el estudio con tus caballetes, con tus cuadros, con tus pinceles y tus acuarelas! Todo lleno de láminas de cebras, de gacelas extintas, de mamíferos marinos, de ¡cachalotes!, de ¡ornitorrincos!, del macho cabrío de la Sierra de Gredos que parece que va a saltar y arruinarlo todo con esa cornamenta que le has pintado. Y el señor ese viejecito de las barbas blancas, el que sale en las botellas del anís…

ÁNGEL

Darwin.

MARÍA

Ese, sí, que yo comprendo que revolucionó el origen de las especies, que lo de dar la vuelta al mundo en el Beagle con 22 añitos tiene mérito. Pero así, ancianito, con esos pelos de chivo da miedo verlo, que parece un sabio loco, que en lugar de su foto podías decorar el estudio con un paisaje… Yo casi prefiero que pintes láminas como las de Adán y Eva, de Durero, así, desnuditos, que son como más juveniles, más de nosotros. Que a ti bien que te gustaba de novios verlos en el Prado, que bien que disfrutábamos con los Tiziano y los Rubens, que después bien que lo pasábamos con tanto ir y venir por el Retiro, por lo oscuro, que me dedicaste tu Fauna Ibérica, un libro colosal que te costó años de estudio y de viajes, el mejor de su especie, que lo tienen todos los sabios del mundo.

[Don Ángel mira al suelo cabeceando sin decir nada].

MARÍA

Y con las ochenta mil muestras que trajeron los de la Comisión Científica del Pacífico pasó lo mismo. ¿Quién las clasificó? Tú. ¿Quién las inventarió? Tú. ¿Quién las dibujaba como si fueran óleos de Clara Peeters? Tú. Que algunas muestras llevaban décadas olvidadas en los sótanos del Museo.  Que si el pobre Jiménez de la Espada lo hubiera sabido, en vez de irse a las Islas Chinchas se habría quedado en el Botánico esperando que llegara La Gloriosa, que la cosa de la ciencia en España avanzaba despacito. Que me tuviste toda la biblioteca llena de Macacus Rhesus, de lémures, de armadillos y de monos arañas que se trajo el inocente de Jiménez del Amazonas, que daba miedo buscar un libro, que María Teresa, de niña, tenía pesadillas con los bichos y de ahí le viene a Ángel Lulio la costumbre de plantar bananas en las macetas del balcón, la botánica, que alguien le dijo que con ellas se alimentaban los primates, que ya no me queda ni un geranio ni un clavel, que todo lo llenó de bromelias y heliconias y orquídeas y angiospermas y monocotiledóneas…

[Don Ángel, calladito, calladito].

MARÍA

Y lo de irse a Annual tres meses después del desastre fue una locura. ¡Con los niños tan pequeños! Tú por allí, pegando tiros en el Atlas con un máuser, porque lo sé todo, que era así, a tiros, como conseguíais las muestras del Canis lupus, que encima no hay lobos en Marruecos, que son chacales. Y yo en el barrio de Maravillas con dos criaturas preguntándome ¿dónde está papa?, ¿dónde está papá? Sí, ya sé que a Ángel Lulio le hizo mucha ilusión la cimitarra que le trajiste de Tetuán en tu primer viaje, en 1913, regalo de Abd-el-Kader. Y es verdad que María Teresa estaba muy guapa con la chilaba que te dio el Raisuni en tu segundo viaje en 1919. Pero la espingarda que te obsequiaron los bereberes en Larache te puso en un compromiso. Que te acusaron de traficante de armas y de que trabajabas para los ingleses porque guiaste al contralmirante Lynes por el Rif en el 23. Y menos mal que el general Picasso no te abrió expediente, menos mal.

[Pausa. María mira a Ángel, Ángel mira a María].

MARÍA

Y “ALREDEDOR DEL MUNDO” te lo hacías tú solito. Eras director, reportero, plumilla, fotógrafo, dibujante, linotipista y botones a la vez. Y porque me negué a que también la vendieras, que si no, cualquier día hubieras estado en la Puerta del Sol voceando la revista y lo mismo te hubieran detenido por alborotador, por estafa y atentado contra la moral pública, porque los reportajes que publicabas eran de aúpa… porque aquellos anuncios que aparecían en hueco grabado eran de traca: PECHOS: GRAN DESARROLLO, BELLEZA Y ENDURECIMIENTO EN DOS MESES CON PÍLDORAS CIRCASIANAS DEL DOCTOR BRUN. Un científico como tú anunciando esas bobadas para llegar a fin de mes, colaborando en seis sociedades científicas, en cuatro revistas zoológicas de Londres y Nueva York, de colector del Museo y pintando paisajes del mioceno los domingos por la tarde.

[Ángel mira a María diciendo a todo que sí con la cabeza].

MARÍA

Claro, yo tan modosita, tan guapa con aquellos ternos Condé Nast que me cosían las modistillas de Fuencarral, que perdiste la cabeza cuando me viste por primera vez bajo la fuente de la alcachofa, en el Retiro. Sí, todavía me acuerdo, que fue verme y te quedaste como alelado, hablándome de llevarte un recuerdo, de hacernos un retrato con el invento del colodión húmedo de un fotógrafo frente al estanque. La técnica siempre fue lo tuyo, los inventos, tanto leer libros extranjeros, que si la electricidad, que si la física cuántica del genio ese, de Einstein, que nadie le entendió una palabra cuando vino a la Residencia de Estudiantes. Que nos hablábamos por un telefonillo hecho con dos latas de sardinas unidas por un bramante. Yo en el primer piso y tú en la acera de la calle Alcalá. ¡Y anda, que las cosas que me decías! Que mi padre, el coronel, el héroe de Cuba, era muy recto y a ti te daba miedo que sacara el sable y te negabas a subir al principal. El ejército y la ciencia zoológica enfrentados por una mujer. ¡Ya ves! ¡Si lo que papá quería era colocarnos a todas!, que fuimos catorce hermanos, que a mí Saturnino, aquel pretendiente, no me gustaba nada por más dinero que ganara su papá de presidente del Credit Lyonnais. Eso sí, yo me dejaba alagar cuando me invitaba a chocolate con picatostes y azucarillos en el Gran Hôtel de París, que estaba en la Puerta del Sol, que yo lo que quería es que te decidieras, Ángel, que a veces eras un poco soso y tenía que darte empujoncitos para animarte, que la rectitud te viene de tu papá, el obispo amigo de Prim. Pero anda, ¡que cuando cogiste carrerilla!… Que parecías un ciervo en la berrea, que acuérdate de aquella vez en Cercedilla, cuando lo del toro que nos cerraba el paso de la estación biológica, que tuvimos que refugiarnos tres horas en una choza de pastores. ¡Lo que nos gustó aquello! Que yo creo que en eso te asemejas a Ramón y Cajal, que es también de mucho perseverar con su señora y tiene una prole numerosa, que seguro que fue por lo que te ha recomendado al Museo de La Plata, por tu ardor amoroso, también por tu saber, por dejar bien alto el pabellón científico de la patria. Así que, si tenemos que irnos a la Argentina nos vamos los cuatro, siempre juntos. Voy haciendo las maletas que aquí no vamos a llegar a nada por muy listo, educado y viajado que seas, que el saber está muy mal pagado en este país y mejor nos irá en esa universidad donde te han dado una cátedra, que en España hay mucha envidia, que ganarías más vendiendo tus cuadros en el Rastro que clasificando lepóridos. Ellos se lo pierden, que eres un genio loco con un corazón de oro. Eso sí, no podemos llenar los baúles con tus bichos, dejas aquí el signatus, el vulpes, la cabra de Gredos y la piel del Loxodonta. Y la foca monje que se la lleven a la Casa de Fieras. Y las láminas se las regalas a la Biblioteca Nacional, que cruzar el océano hasta la Patagonia es mucho trecho y lo mismo se estropean.

[Y María mira a Ángel con sonrisa de ardilla y ojos de lince. Y Ángel mira a María con los ojos de carnero de una lámina de Zurbarán (Agnus dei).  Y se dan un beso].

FIN


Ángel y María
Ángel y María
Ignacio Bolívar, director del Museo en tiempos de Ángel Cabrera, y su valedor.
Ignacio Bolívar, director del Museo en tiempos de Ángel Cabrera, y su valedor.
Los hermanos Benedito
Los hermanos Benedito
Carnet de prensa de Ángel Cabrera
Carnet de prensa de Ángel Cabrera
Cabrera en una factoría ballenera en Algeciras, 1924
Cabrera en una factoría ballenera en Algeciras, 1924
Láminas científicas pintadas por Cabrera
Láminas científicas pintadas por Cabrera
Recorte de prensa anunciando su llegada a La Plata, Argentina, el 13 de octubre de 1925, que fue recibido por el ministro de Asuntos Exteriores argentino.
Recorte de prensa anunciando su llegada a La Plata, Argentina, el 13 de octubre de 1925, que fue recibido por el ministro de Asuntos Exteriores argentino.
Claustro universitario de La Plata, Argentina, 1934.
Claustro universitario de La Plata, Argentina, 1934.
María y Ángel en Los Cócos, Córdoba, Argentina, en el verano austral de 1953
María y Ángel en Los Cócos, Córdoba, Argentina, en el verano austral de 1953
PATAGONIA. Novela premiada con el XXII premio Ciudad de Salamanca 2018
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Lámina científica pintada por Cabrera
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Prioridades

29 lunes Jun 2020

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Viñeta de Andrés Vázquez de Sola

RAS

    EL PERSONAL SANITARIO se ha manifestado en diversos lugares para denunciar el deterioro de la atención primaria, la escasez de plazas de residentes, los insuficientes recursos humanos y la carencia de medicalización en las residencias de mayores. La pandemia les hizo trabajar a destajo con los medios del siglo anterior, mientras la población más frágil iniciaba un viaje sin retorno desde una habitación vacía. En realidad, el aviso de las mareas blancas se había producido antes, cuando la voz de la primera línea frente a la enfermedad salió a la calle, encontrándose la indiferencia o la chulería como respuesta. Aún siendo una opinión de urgencia, las primeras señales que emite la política no sugieren apuestas inteligentes, sino habituales. Tal vez lo positivo sea la apariencia de que, al menos en el caso de la sanidad, la mayoría de los partidos políticos parecen dispuestos a compartir una mirada común y buscar un acuerdo. Mientras tanto, hay aún demasiadas banalidades en las propuestas que parecen elaborarse en las diferentes autonomías, entre simplezas identitarias, frivolidades características de campañas electorales o empecinamiento en la defensa de los grandes principios de la derecha en la consideración de la sanidad como una oportunidad de negocio. La emergencia latente ha mostrado la debilidad del sistema de salud pública en medios, infraestructuras, planificación, capacidad de respuesta, investigación, tejido industrial y recursos humanos. ¿Era esta la mejor sanidad del mundo, tal como se había sostenido? ¿Conocían la verdad los responsables y les tenia sin cuidado, toda vez que el discurso político permite decir cualquier cosa con la seguridad de que no tendrá consecuencias? ¿Existe un plan para fortalecer el sistema de salud, capacitándolo para afrontar las necesidades actuales, las previsibles y las imprevisibles? ¿Es posible acordar una transformación de la educación y dotar al alumnado de los instrumentos precisos para entender de manera crítica la realidad, la interrelación entre las diversas manifestaciones de la vida, el papel de la cooperación como elemento crucial en la evolución del universo, o la responsabilidad de los seres humanos en el inestable equilibrio entre la salud y la enfermedad del planeta? La tragicomedia representada en el escenario político no induce al optimismo, y la receta de amalgamar turismo con cemento se anuncia otra vez como idónea para cultivar ladrillos en la huerta, promover la resurrección del pelotazo y construir un país de camareros. Las ilusiones de los revolucionarios de los sesenta o de los conspiradores acuarianos de los ochenta se diluyen cíclicamente como consecuencia de la vanidad de los profetas, enfundados en el dogma de cada grupo y cada secta. El conflicto entre la realidad y el deseo siempre encuentra dificultades para descubrir caminos y aprender a recorrerlos con sentido de colaboración. Aunque difícil, puede que merezca la pena intentar que nuestro modelo de convivencia se transforme en otro basado en el diálogo, evitando la polarización que afecta a una especie que, tras dominar el universo en que nació y creció, parece decidida a desaparecer con él, como resultado de sus intervenciones comerciales.

[RAS es Rafael Alonso Solís, ex-catedrático de Fisiología y ex-vicerrector de la Universidad de La Laguna, Tenerife].

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Vázquez de Sola: Humorista

22 lunes Jun 2020

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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El humor en los tiempos del virus VIII


IMG-20200413-WA0009

Gabriel de Araceli

     Que Andrés Vázquez de Sola no terminara en Carabanchel se lo debe al padre de Forges, que le avisó que aquel super-ministro al que le cabía todo el Estado en la cabeza le estaba apuntando con el rifle de la prisión por ser un subversivo contumaz que se reía del franquismo.  Así que el niño Vázquez de Sola se dio el piro, a París, y allí se puso a dibujar sus gracietas, en el hebdomadaire  “Le Canard Enchainé”, un semanario satírico que decía en la Republique Française lo que molestaba a Pompidou o a Giscard d’Estaing. Por eso, lo del confinamiento lo ha llevado con humor, todos los días dibujaba una viñeta con alguna picardía que alegrara la cara del lector, una sonrisa con la que combatir al virus. Vázquez de Sola es lo que tiene, una alegría contagiosa a pesar de su corta edad: 93 años. Y el que quiera reírse que lo lea.IMG-20200413-WA0004


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Iconoclasta

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Gamoneda

10 miércoles Jun 2020

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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La Poesía en los tiempos del virus VII


A A López. Fotos de Terry Mangino

     ANTONIO GAMONEDA es un poeta. Es un señor que camina y habla despacio, pero sabe donde pisa y lo que dice: “El lenguaje ha de ser poética y socialmente subversivo. Sin la conciencia subversiva no hay creación literaria. Hay que luchar contra los molinos del viento de la imposición, darle libre albedrío a la vesania de la imaginación. Como don Quijote, una bella locura que don Miguel escribió para poder vivir”.

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     Antonio Gamoneda ama los libros. Tiene en su casa de León —la ciudad a la que le trasladó su madre con apenas tres años, en 1934, tras quedar huérfano de padre— sus libros ubicados según sus juicios, o sus sospechas. En un sótano (el infierno) tiene los condenados. En el desván (el purgatorio) los dudosos. Y en las habitaciones (el paraíso) los confirmados. Confiesa que conseguía sus libros de un librero —se supone que de León. ¿Pero es que en León había libreros en su juventud? ¡¿Cómo podía ser eso en 1945, en 1950, en 1955, en 1960?!— que los traía de no sabe dónde. “Mi biblioteca era inexistente, todo se perdió durante la guerra, mi casa familiar de Oviedo fue saqueada por los falangistas y los libros que mi padre tenía, ejemplares dedicados por Valle Inclán, por Rubén Darío robados”. Sólo recuperó un ejemplar de “Otra más alta vida”, libro de poemas escrito por su padre en 1919 y en el que aprendió a leer. Removiendo estanterías, cartapacios diría Cervantes, por las chamarilerías de ropavejeros —más numerosas que las librerías— de su ciudad de acogida encontró una colección de libros clandestinos que le sirvieron para conocer autores prohibidos, los mejores, los poetas malditos, los confirmados que habitan ahora en el paraíso de su casa. Y a falta de monetario leía a saltos de mata en las librerías de viejo, o intercambiando los ejemplares mil veces sobados, los que no acabaron alimentando el calor de una lumbre que aliviaba los sabañones, hijos espurios del crudo invierno leonés —¡tantos!— que dejó la cruzada del infame general. Aquellas cuartillas desvencijadas que pasaban de mano en mano a 20 céntimos el uso. Una consumación erótico-lírica persiguiendo entre escarchas y redondillas a Quevedo o a Juan Ramón a falta de garbanzos que llevarse al buche, en busca del calor de la poesía que calentaba los cuerpos, o los espíritus cuando todo estaba desnudo y la halitosis del yugo y las flechas vertía su vómito de bilis y de escrotos a los vencidos. Después, superviviente de estepas y rencores, trabajador puntual de la gleba cotidiana y amante de los silencios, Gamoneda se puso a escribir poemas como este:

Ha venido tu lengua; está en mi boca

como una fruta en la melancolía.

Ten piedad en mi boca: liba, lame,

amor mío, la sombra.

       Antonio Gamoneda ha cumplido el pasado mayo 89 años. Casi tantos como Clint Eastwood (90), aunque sus vidas hayan sido ligeramente diferentes. Vean las pelis de Harry Callahan. Y lean en silencio los poemas de Gamoneda.

[Estas líneas se han confeccionado con las notas —pura arqueología archivística— tomadas por el autor, ese tal A A López, en las conversaciones que don Antonio Gamoneda mantuvo con el público asistente —entregado— a las conferencias celebradas en Madrid, en la Biblioteca Nacional, el 9 de octubre de 2012, durante el homenaje que se tributaba a dos Premios Cervantes, a él se lo dieron en 2006 —el otro homenajeado era don Mario Vargas Llosa—; y el 6 de marzo de 2013, en la Sala Mapfre, en la que Gamoneda hablaba del amor a sus libros —algunas señoras le declararon su amor a él, no a sus libros, cosa que don Antonio agradeció con la sabiduría de su sonrisa y a las que prometió satisfacer con sus poemas. Lo cumplió—.]


Ana de la Robla, poetisa, y sus amores líricos con Gamoneda:

http://elpozoyelpndulo.blogspot.com/2012/10/la-ultima-cancion.html?m=1


Doña Ana de la Robla y su amor por Gamoneda

Le ha costado décadas granjearse el reconocimiento, pero últimamente Antonio Gamoneda va de premio en premio. Habitante (aun en su ostracismo voluntario, y más por localización temporal que por deseo gregario) de la Generación de los 50, Gamoneda ha recibido en los últimos años el Nacional de las Letras, el Castilla y León y, ahora, el Reina Sofía. Por el camino se quedaron Blanca Varela y Francisco Brines; casi nada. Se le ha encasillado repetidamente dentro de la poesía llamada “del silencio”, pero Gamoneda en realidad ha sido y es un poeta silencioso menos por estética que por elusión del ruido literario, esa algarabía de mafias, premios y tejemanejes que envilece a las letras en tantas ocasiones; prueba de ello ha sido su actitud ante la noticia del Reina Sofía, modesta, serena y casi resignada.
Hasta el momento su último libro ha sido Arden las pérdidas, con la excepción de ese espectacular y esperanzado ramillete de poemas que en 2004 dedicó a su nieta Cecilia, y que aparece en la magnífica antología que del poeta ovetense-leonés recientemente ha publicado Galaxia Gutenberg bajo el título Esta luz. Una de las muchas bellezas innegables de la poesía de Antonio Gamoneda –él mismo enamorado con pasión de la belleza– es su esencia profundamente plástica (ut pictura poesis); diría más: arquitectónica. Todos sus libros son edificios impecables y sabiamente rematados, minuciosamente estructurados desde su primer verso hasta el punto final que les da término. Sin eludir siquiera el título, de exquisita contundencia.
Tras el heterodoxo y hermosísimo Libro de los venenos (1995), Arden las pérdidas supuso un testamento lúcido, un auto de fe de la memoria. En el libro están presentes la conciencia de la pérdida y del avance hacia la muerte, pero desde una perspectiva de total serenidad. Los recuerdos dejan al poeta sólo un patrimonio previsible de cenizas, y él las canta como tales, como en el verso de Aleixandre: “ávidamente ardí, canté ceniza”. En Arden las pérdidas hay verso pero también, al igual que en Lápidas (1987) o en Libro del frío (1992, revisado y ampliado en 2003), hay fragmentos peculiares en prosa musical, “bloques rítmicos”, como el poeta mismo gusta de llamarlos en ese conjunto de ensayos breves y certeros que es El cuerpo de los símbolos.
“Viene el olvido”, “Ira”, “Más allá de la sombra” y “Claridad sin descanso” son los peldaños que conducen a la hoguera final de los recuerdos en “Arden las pérdidas”; hoguera dolorida que, no obstante, es amorosa. Muchos años antes, en Sublevación inmóvil (1960), ya había asumido Gamoneda la purificadora necesidad de ese dolor: “De ahí, de mirar la vida / desde lo oscuro, viene / este amor invencible”.
“Viene el olvido” es una tensión agónica entre la memoria y el presente, y a la vez entre el presente y los presagios de la muerte. Gamoneda sintetiza sutilmente la tradición entera del pensamiento occidental, en la que el hombre aparece como el mortal y, a la vez, como el hablante: es el animal que tiene la facultad del lenguaje (con Aristóteles) y el animal que tiene la facultad de la muerte (según Hegel). El poeta persigue rastros lacerantes del pasado (“busco las manos de mi madre en los armarios llenos de sombra”); la inminencia de la desaparición se catartiza y transustancia en el lenguaje (“La luz es médula de sombra: van a morir los insectos en las bujías del amanecer. Así / arden en mí los significados”). En “Ira” se renuncia expresamente al bálsamo calmante del olvido; es una evocación consciente de los ultrajes del pasado, del dolor y la miseria de unos tiempos arduos. Ante la injusticia, el olvido o el consuelo carecen de sentido. “Ira”, pues, es poesía del compromiso (cuidado, compromiso en Gamoneda no equivale a dogmatismo), sin renunciar al tono íntimo, de experiencia personal (“De las violentas humedades, de / los lugares donde se entrecruzan / residuos de tormentas y sollozos, / viene / esta pena arterial, esta memoria / despedazada. / Aún enloquecen / aquellas madres en mis venas”). “Más allá de la sombra” es una contemplación de la consumación de la pérdida, la memoria trascendida (“Me he extenuado inútilmente / en los recuerdos y las sombras”). En “Claridad sin descanso” el poeta retrata lo que aguarda más allá del término de todo; el poeta acepta su actual estado como un suceso en que la visión se clarifica y todo adquiere nitidez (“Así es la vejez: claridad sin descanso”).
Los poemas dedicados a Cecilia son un renacimiento esplendoroso: “Bajo los sauces / yo te llevo en mis brazos y te siento vivir. / Después salimos a la luz y, por primera vez, / tú ves el cielo y lo señalas y lo nombras. / Es verdad, en el extremo de tus manos, / el cielo es grande y azul”. Estremecido temblor de Gamoneda: cuándo dejarás de sorprendernos.

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El espíritu de Fort Robinson

07 domingo Jun 2020

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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RAS

        Friederich Trumpf, abuelo paterno del actual presidente de los Estados Unidos, llegó a Nueva York con 16 años, procedente de Baviera. Al arribar a Manhatan, fue confinado en el Castle Garden, un edificio de piedra con aspecto de prisión en forma circular, que funcionaba como el primer centro de recepción de inmigrantes del país. Hacía tan solo 9 años que, en 1876, el 7º regimiento de caballería, al mando del teniente coronel George Armstrong Custer, había sido derrotado y humillado en Little Big Horn por un poderoso ejército cobrizo liderado por Caballo Loco y Toro Sentado, dos respetados jefes sioux. De carácter indómito, Caballo Loco, que previamente había participado en la masacre de Fetterman, fue apresado y encerrado en Fort Robinson, donde murió a bayonetazos de sus carceleros un año después. Por su parte, Toro Sentado, reconocido como chamán y líder espiritual de los lakotas, recorrió diversas reservas hasta recalar en la de Standing Rock, en Dakota del Sur. Allí murió, en diciembre de 1890, acribillado por policías reclutados de entre miembros de su propia tribu. Un par de semanas más tarde, tras cerca de tres siglos de enfrentamientos entre los nativos y las diferentes potencias colonizadoras europeas, terminaban las guerras indias con la masacre de Wounded Knee, donde los soldados norteamericanos asesinaron a cerca de 300 lakotas bajo el mando del jefe Pie Grande, de los que casi dos tercios eran mujeres y niños, después de que los indios iniciaran un ritual místico conocido como the Ghost Dance.

        Es probable que el joven Friederich tuviera la ocasión de leer en los periódicos neoyorquinos el relato de las últimas escaramuzas de las guerras indias, prácticamente mientras se estaban desarrollando, aunque desconocemos cuál sería su mirada hacia aquellos indígenas de piel oscura y gesto inescrutable, cuya imagen seguramente contemplaría en algún daguerrotipo de la época. Sin embargo, no parece haber duda alguna de cuál es la de su nieto, al que ha bastado una generación para olvidar sus orígenes. También él ha tenido la oportunidad conocer la historia reciente de los conflictos raciales en su país, ahora centrados en la población afroamericana, especialmente desde el «verano rojo» de 1919, cuando en más de 30 ciudades norteamericanas se produjeron graves enfrentamientos entre blancos y negros, tras el regreso de los segundos como carne de cañón utilizada en la primera guerra mundial, rivalizando por puestos de trabajo y viviendas, previamente ocupados por los inmigrantes de piel blanca procedentes de Europa.caricatura_trump

          Desde su posición de constructor de éxito y empresario del show business metido en política, Donald Trump ha podido vivir de cerca las últimas muestras del odio racial que impregna el alma más turbia de la sociedad wasp. Unos años antes de su toma de posesión como presidente, dos jóvenes negros —Eric Garner y Freddie Gray— morían como consecuencia de la violencia policial; el primero asesinado por estrangulamiento en Nueva York, en julio de 2014; el segundo, en Baltimore, en abril del año siguiente, tras entrar en coma mientras era conducido en una furgoneta policial. Ahora ha sido en Minneapolis, donde George Floyd ha muerto bajo la rodilla de un policía blanco ante los ojos del mundo, utilizando ese método tan eficiente que tal vez aprendan los agentes de élite en los talleres de verano que imparten expertos israelís en los alrededores de Gaza. Agazapado cual conejo en el búnker de la Casa Blanca durante la noche, Donald Trump, en forma de vurdalak a la inversa, sale de día para amenazar con su libro sagrado en una mano, la bandera en la otra y el 7º de Caballería detrás, mientras es jaleado por la extrema derecha española como muestra actualizada del pensamiento fascista.


La aventura equinoccial de Rafa de Alonso

    RAS, Rafael Alonso Solís, nació en la calle Leganitos, en Madrid. Sin embargo, eso no le valió para formar parte del trío La La La que ayudaría a María de los Ángeles Santamaría Espinosa a ganar Eurovisión en 1968. Aquel contratiempo juvenil le forjó un carácter tenaz y responsable que le ha hecho universalmente respetado en el mundo de la ciencia. Por aquella época ya era un joven licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad Complutense y consiguió una beca de ampliación de estudios en la Universidad John Hopkins, en Baltimore, USA. Debido a sus conocimientos en fisiología humana en el espacio inter-galáctico es reclamado con urgencia, en 1970, por la NASA y tras recuperar con éxito a la tripulación del Apolo XIII —Houston, tenemos un problema. ¿Recuerdan?— amplía brillantemente sus estudios de medicina. Es entonces cuando conoce al capitán Willard, con el que comienza una bonita amistad que perdura actualmente. Regresa a España, son los tiempos de la Transición Democrática y emprende, a pesar de sus estudios, la profesión de periodista formando parte de la Banda de los Cuatro, una agencia de noticias que proveía de fotografías y reportajes a la prensa de entonces. Ya saben, todas revistas serias: Hermano Lobo, Interviu, La Codorniz, Por Favor, El Jueves…

Pero aquello de la prensa basura madrileña no florece y como echa de menos sus conocimientos retoma su profesión de médico y se traslada a Tenerife a finales de los 70, donde empieza una carrera de investigador, docente y vice-rector que le lleva a alcanzar las más altas cotas de la Universidad de la Laguna. Además, sigue escribiendo semanalmente columnas en varios periódicos chicharreros y tiene publicadas muchas novelas de intrigas en las que un personaje diabólico se dedica a matar en serie a todo aquel que no se cree su biografía.


[En la fotografía del friso superior aparece RAS junto al capitán Willard y el coronel Kurtz en un lugar no identificado del barrio de Leganitos.]


_DSC5489_web


En este enlace pueden obtener más datos de RAS, incluso descargarse sus escritos (parte, no todos):

Libro_gratis-850x622

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Encuentros en la tercera fase

03 miércoles Jun 2020

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Los puentes del Guadarrama

El amor en los tiempos del virus VI

Texto de Gabriel de Araceli. Fotos de Terry Mangino

     —Ninguna mujer deja a sus hijos y se marcha con un desconocido por muy enamorada que esté de él, por muy cachonda que le ponga.

     —¿Y si su marido es un palurdo sin atractivo alguno y vive en un pueblo olvidado, sin ningún porvenir?

     —Ni por esas, por muy Harry Callahan que sea el amante, una familia es una familia, sacrificas todo por tus hijos: la felicidad, tu trabajo, el futuro, incluso los polvos. Todo.

     —¿Ni por un millón de dólares?

     —¡Un millón de dólares!, ¿dices?

     —Sí, un millón de dólares, baby.

     —Por un millón de dólares una mujer o un hombre dejan hasta de ser amantes. Tanto dinero es incompatible con el amor.

      —Bueno, el dinero es un conflicto entre lo racional y lo irracional, entre el bien y el mal. El amor o la pasta. No siempre triunfa el bien en el corazón humano. A veces, el lado oscuro se impone al ángel bueno de nuestra naturaleza.

      —Todos tenemos un precio, mejor no exponerse, no llegar a saber nunca lo que vale nuestro amor.

     —El amor es un veneno que embauca los sueños, un engaño efímero. La pasta primero. Todo por un puñado de dólares.

     —Tanta pasta te convierte en un caracol deslizándose por el filo de una navaja, resbalándose entre el deseo y la conciencia.

      —Si te ciega la pasión te convertirás en navaja y te cortarás las venas de la dignidad.

     —El amor venéreo es efímero, flor de un día. Puedes quedarte sin el perdón y sin aquellos que fueron tuyos.

     —Tranquila, Carmelita, nadie nos va a tentar jamás con esa cantidad. Seguiremos en la virtud.

     —A veces hay que soñar con un príncipe azul, con una princesa de zapatitos de cristal, aunque el príncipe destiña o los zapatos se hagan añicos en el baile. Pura mística. Mystic river.

     —La vida es soñar en los tiempos del virus. Es peor la soledad que la enfermedad.

     «¡Qué maldad, puta humanidad!, ¡qué maldita es la vida!  Por qué… —por la ventana abierta se cuelan los gritos rotos de un borracho que vocea descompasado por el parque. Es el único habitante del barrio que se ha saltado el confinamiento. Se tambalea. Se sienta en un banco y grita tanto que desde los balcones los vecinos le graban con sus móviles entre risotadas— ¡Ya lo sé Manuel!… no se entiende, habla bien, Manuel… te quiero a ti. ¡Por dios, te quiero a ti y todos se están muriendo!».

     —Era un hombre atractivo, las mujeres del barrio se volvían a mirarlo, ahora es una ruina, el pobre Manuel no tiene quien le escriba en su banco de indigente. Ni ropa de mujer tendida en el balcón. ¿Por qué has puesto ahí mis bragas?

     —Tender tu ropa interior ha sido como izar la bandera de la libertad, de la esperanza, del amor, el antídoto contra la soledad. Un sujetador y dos bragas cruzadas agitadas por el viento, el pabellón de los bucaneros del amor.

     —Por fin hemos salido del encierro. Alguien comparte tu existencia, aunque sea en la cuerda de tender la ropa.

     —Mi vida se ha llenado de ropa de chica. Ha salido el sol. Antes sólo había calzoncillos y camisetas viejas.

     —En la Gran Vía se pone, o se ponía, cualquiera sabe, una pobre mujer. Está ida, te vendía peluches que ella misma tejía tirada en la acera entre alaridos estentóreos. Gritaba como una posesa en mitad del caos de la gran ciudad. Nadie la escuchaba. Me acerqué y le compré un osito, una limosna. Qué habrá sido de ella. ¿La habrá liquidado el virus?

Osito

     —Es un virus democrático, nos ha reducido a todos a la condición humana. Nos ha sacado nuestras vergüenzas. No somos más que pura mierda.

     —Tal vez sea la novia de Manuel. Tal vez sea ella. Tal vez sea por ella que llora. Sí, se entiende. ¡La quiere a ella, por dios! ¡La quiere a ella! ¡Y todos se están muriendo!

     —El príncipe azul desteñido y la princesita que perdió su zapato. Sin final feliz, la muerte tenía un precio. Aún más sin techos.

     —Hemos pagado muy alto el precio del desamor. No hay diferencias entre buenos, feos y malos.

     —Comíamos en una taberna por Cuatro Caminos. Los mejores callos y berenjenas fritas de Madrid. La Encarnación. Un vino recio de Valdepeñas. Julio tenía mesa reservada bajo una columna. Era un señor mayor, comía frugalmente, alto y delgado, siempre elegante. Parecía un histórico del Comité Central. Podría haber pasado por Azcárate, por Claudín, tal vez por Carvalho si MVM no se hubiera jubilado en Bangkok. Quién sabe. Después lo encontraba en la Filmoteca en la sesión de las ocho. Selecto, siempre elegía bien: Gran Torino, American Sniper, La mula, Cartas desde Iwo Jima…  Qué habrá sido de él, ¿habrá sobrevivido al virus?

     El borracho se ha derrumbado en el banco. Un paseante le mira con asco desde su mascarilla. Debe ser la hora del paseo porque el parque se ha llenado de niños. Las mamás los retiran alarmadas de aquella masa de carne perdedora.

     —Por qué fotografías puentes. Los puentes son materia, acero frío y hormigón, líneas rectas sin sobresaltos. La mujer, lo contrario: recovecos, rugosidades, curvas infinitas. Cualquiera como tú fotografiaría chicas, posarían para ti encantadas. Un truco fácil para ligar.

     —Los puentes están ahí, como las montañas que decía Mallory. Comunican a las personas, salvan obstáculos, acercan a las gentes, no tienen escondrijos, son espacios abiertos, pasan por ellos las epidemias y los hombres, el amor y los silencios, por eso los fotografío. Me siento Invictus, le gano la batalla al virus. Los puentes de Madison. ¡Qué bonitos! El National Geographic, los reporteros no ligan nada, es mentira. Un puente lo construyen los hombres. Julio César cruzó a caballo el Rubicón porque no tenía puente, porque le movía el ansia de Cleopatra. De haberlo tenido no hubiera sufrido la traición de Marco Antonio y hubiera llegado antes a Roma. En todos los puentes están Julio César y Cleopatra, o Eastwood y Meryl Streep. O el general Rojo atravesando el Puente de los Franceses para reunirse con su mujer, Teresa Fernández. O tal vez cada puente lo cruce Julio y el Comité Central, o Azcárate, o Manuel en busca de la loca de los ositos de la Gran Vía. O el bueno del poncho y el feo y el malo. O Pepiño huérfano. Cruzo el puente y te envío un mensaje desde la otra orilla: Viens, je suis là, je n’attands que toi, tout est possible tout est permis. El pabellón del amor, un tetero y dos bragas cruzadas pavoneándose en el palo mayor del San Juan Nepomuceno, y veo a don Cosme Churruca en el puente de mando, navegando el humilde Guadarrama por el amor a la ilustración. Cruzar el puente, habitar el otro lado del espejo espurio y dejar atrás la soledad, el encuentro en la tercera fase con la carnalidad de tus deseos queridos.

Los puentes del Guadarrama

Puentes sobre el río Guadarrama M 503
Puentes sobre el río Guadarrama M 503
Puentes sobre el río Guadarrama M 503
Puentes sobre el río Guadarrama M 503
Puentes sobre el río Guadarrama M 503
Puentes sobre el río Guadarrama M 503
Puentes sobre el río Guadarrama M 503
Puentes sobre el río Guadarrama M 503
Puentes sobre el río Guadarrama M 503
Puentes sobre el río Guadarrama M 503
Pontón sobre el riachuelo Aulencia, que desemboca en el Guadarrama a escasos metros de ese lugar.
Pontón sobre el riachuelo Aulencia, que desemboca en el Guadarrama a escasos metros de ese lugar.
Antena de la estación de seguimiento de satélites de la Agencia Espacial Europea, ubicada muy próxima al río Guadarrama
Antena de la estación de seguimiento de satélites de la Agencia Espacial Europea, ubicada muy próxima al río Guadarrama
El castillo de Villafranca y una antena de la estación de la ESA
El castillo de Villafranca y una antena de la estación de la ESA
Pontón sobre el río Guadarrama, muy cerca de la M513
Pontón sobre el río Guadarrama, muy cerca de la M513
Encina en flor en la cuenca media del Guadarrama
Encina en flor en la cuenca media del Guadarrama
Pontón sobre el Guadarrama muy cerca de la M 513
Pontón sobre el Guadarrama muy cerca de la M 513
La flor del hinojo en la cuenca media del río Guadarrama
La flor del hinojo en la cuenca media del río Guadarrama
Pontón sobre el Guadarrama muy cerca de la M 513
Pontón sobre el Guadarrama muy cerca de la M 513
Puente sobre el Guadarrama, M 513
Puente sobre el Guadarrama, M 513
Puente sobre el Guadarrama, M 513
Puente sobre el Guadarrama, M 513
Pino centenario en la cuenca media del Guadarrama
Pino centenario en la cuenca media del Guadarrama
Tronco caído de pino centenario en la cuenca media del Guadarrama
Tronco caído de pino centenario en la cuenca media del Guadarrama
Puentes sobre el río Guadarrama M 503
Puentes sobre el río Guadarrama M 503

 

 

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