¿En qué momento se había jodido el mundo? Los canillitas merodean entre los vehículos detenidos por el semáforo de…*
En los ochenta fue Reagan y la Thatcher, que aclamaron el neoliberalismo de Milton Friedman y la desregularización de los mercados. Después miramos para otro lado cuando en las Azores ponían las patas encima de la mesa, porque las bombas caerían en Irak. Y como no éramos ingleses nada dijimos del brexit. Después vino Trump, pero como no éramos americanos nos callamos. Y ahora ha llegado Le Pen y comprendemos que de aquellos polvos podemos llegar al lodo del fascismo. Y está el FMI de Lagarde y el Banco Central Europeo y el Banco Mundial y la política geoestratégica que nos han llevado a la pobreza y a justificar los postulados xenófobos y antieuropeos de Le Pen y sus esbirros…
¿Tan mal les ha ido a los franceses cuando son la quinta potencia mundial, de verdad ellos quieren destrozarlo todo? Y ahora, ¿haremos barrera contra el fascismo?
*Conversación en La Catedral. M Vargas Llosa
Hace un par de semanas, saliendo de un restaurante con unos amigos, nos paramos en la calle para hablar con un desconocido sobre las elecciones. Sería que nos vio cara de majos. El señor, de unos cincuenta años, nos preguntó en voz alta: ¿qué hacemos, qué hacemos con estas elecciones?
Su pregunta refleja la indecision de gran parte de la poblacion francesa. Asistimos a una oportunidad única: qué salga elegido un candidato de un partido minoritario, o directamente, sin partido. Fillon, el candidato de la derecha tradicional, ha perdido muchos votos tras diversos asuntos judiciales. Hamon, el candidato del partido socialista, no parece estar en muy buena posición, discutido en su propio partido. Y los resultados del gobierno de Hollande han debilitado al partido socialista. Por lo tanto, nos encontramos en una situacion impensable en España, que los candidatos tradicionales de los grandes partidos acaben eliminados en la primera vuelta. La gran pregunta es, ¿quién va a salir, entonces? Cómo votarán hoy los franceses, con miedo, esperanza, con ilusión..
Lo que está claro es que el mundo entero estará pendiente de los resultados, pues la jornada de hoy puede servir de referencia para el futuro. Hoy, los franceses nos van a contestar a esta pregunta: qué ocurriría en las elecciones si no existiese el voto útil, si no hubiese una especie de obligación de voto a las candidaturas clásicas, quién tiene las de ganar? Ahora, a sentarse y a esperar.
Y espero y me encuentro con que la gente no se atreve a nada. 23% a un candidato que no cambiará nada; 21% a unos racistas; y 20% a unos ladrones. Al menos, ha habido mucha participación.
Ángel Aguado Pulido (desde París)

La historia se repite. En 2002 los partidos tradicionales se juntaron en segunda vuelta para apoyar a Jacques Chirac frente a Le Pen. Ahora, quince años después, casi día por día, la Francia republicana se aliará a favor de Macron para impedir que el fascismo, del que tanto hay en la Francia profunda pueda llegar al poder. Francia vivía entonces un período de esplendor, la bicefalia del Estado se la repartían Jacques Chirac, gaullista, presidente de la República, y Lionel Jospin, socialista, primer ministro. Sin embargo, y a pesar de las buenas condiciones económicas que gozaba Francia Jospin salió inesperadamente derrotado, se enfrentaban a Jean Marie Le Pen, que fue segundo. En la segunda vuelta los socialistas votaron a Chirac.
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JOSÉ CABALLERO CABALLERO, el republicano español, héroe de la Resistance contra el nazismo y caballero de la Legión de Honor de la Republique Française se habrá removido en su tumba al saber el resultado de la primera vuelta. Siempre nos quedará la segunda vuelta, habrá pensado con un hálito de esperanza en la libertad por la que tanto luchó.










Alonso Solís ha construido esta fábula de un tirón, sin respirar, sin darnos tregua ni poner de por medio artificios de demora. Por eso sostengo, sin menosprecio alguno de su alcance literario, que es un cuento, porque nada sobra ni en la ordenación de su trama, ni en la configuración de sus personajes, ni en las palabras puestas unas después de las otras con precisión metódica.
El autor de Maybellene, Rock and Roll Music y Johnny B. Good había nacido en 1926, emergiendo desde las pandillas de St Louis y de Kansas City. Su tradición hundía sus raíces en África, y estaba hecha de una combinación entre el material de que se componen los sueños –El Halcón Maltés se publicó cuatro años más tarde– y el lamento cálido del Rhythm & Blues, aliñado con el whiskey que nacía en las destilerías clandestinas para acabar en los garitos de Kansas y los salones de té del medio oeste. De todo eso debieron rescatarle su guitarra eléctrica y los consejos de Muddy Waters. Cohen, por su parte, había venido al mundo en 1934, y por sus venas debían correr los versículos del Talmud y los rigores del judaísmo más ortodoxo. A diferencia de los otros dos, el canadiense no comenzó su educación ni en la calle, ni en el reformatorio, ni en los tugurios de culto, sino en la Universidad de Mcgill, donde practicó el debate, hizo teatro, estudio música y escribió sus primeros poemas tras leer a Yeats, Whitman y Lorca. Los tres nacieron con una diferencia de ocho o nueve años –Dylan lo había hecho en 1941, “cuando la Segunda Guerra Mundial ya asaltaba Europa y los Estados Unidos pronto intervendrían en ella”–, y por lo tanto debieron encontrarse un mundo similar. Un mundo que, como Dylan recuerda en sus memorias, “estaba saltando en mil pedazos, y el caos recibía a los recién llegados con un puñetazo en la cara”. Una sensación parecida a la que debió tener Cohen al escribir: “he visto el futuro, nena: es un crimen”. La visión de Berry no podía ser ni tan lírica ni tan lúcida. Al fin y al cabo, no era mas que un negro, algo bufón, que triunfaba en un mundo de blancos. ¿O tal vez sí? Puede que donde los poetas blancos contemplaran un universo cambiante e inseguro –tan cambiante e inseguro como el que contempla cada generación–, el inventor del rock se encogiera de hombros y, como en el título de la canción que volviera a poner de moda el cine de Tarantino, pensara que You never can tell.