Santiago Izquierdo se declara un pintor autodidacta que descifra los colores del viento, mide el rojo de la tierra y el acento del sol, sabe en qué cruz del horizonte muere el último surco, descubre el corazón rojo de la tierra, apresa el instante de magia en que se incendian los chopos y después pinta los sueños con lluvia de luces, con infinita soledad. Ha expuesto  en New York, en Atlanta, en Birmingham, en Castilla y León, en Cantabria y en Madrid.

Pero también es poeta y sus versos son como jirones de nubes desgajados de una tarde de otoño o palabras pintadas en el lienzo de un crepúsculo. Acaba de publicar su poemario DÍAS DE AZUL Y DE LLUVIA, un libro de arte lleno de palabras y trazos de óleo refulgente. Este es uno de sus poemas

Enséñame tu casa hoy que estamos a tiempo:

las rosas aún dormidas, la paz de tu jardín,
los pétalos inciertos, los poemas secretos;

tus ríos subterráneos, tus corrientes ocultas,
tu vajilla de plata, el marco de tus ojos.

Deja que me siente en tu inmensa azotea
y pueda ver tu noche desde el principio al fin.

Déjame asomarme a tu espejo sin trampas,
que me importa saber cuánto mide tu azul.

Déjame perderme en tu oculta tormenta,
que me arrastre al vacío tu loco torbellino.

Haz que hoy se me olvide mirar hacia atrás.

 

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