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Lecturas de verano: Barriada V
Viene de Barriada IV
Carmelita Flórez
Las finanzas no le iban bien a don Gonzalo en los 60. Tenía que alimentar a su numerosísima familia y su última novela, “DON JUAN”, considerada después como extraordinaria, pasó inadvertida para crítica y público —don Gonzalo confesaba que sólo vendió cinco ejemplares en la Feria del Libro de Madrid de 1963—. Así que, en 1966, se decidió a aceptar una tentadora oferta que no podía rechazar como profesor de Literatura en la University at Albany, de Nueva York, en la que permanece hasta 1973. Es ahí, en 1967, donde termina de escribir Off Side, empezada en Pontevedra dos años antes, su novela retablo sobre el variopinto mundo madrileño, que en ese momento empezaba a desprenderse de la negritud y pobreza de la postguerra a través del “desarrollismo” de los ministros tecnócratas del Opus Dei.

El descubrimiento en el Rastro madrileño de un cuadro, la marquesa de Sigüenza, atribuido a Goya y las ansias de poseerlo por la burguesía adinerada son el trampolín desde el que se lanzan a la acción una cohorte de personajes dispuestos a todo por destacar y diferenciarse de la mezquindad del momento. Son un conglomerado de ambiciones y empeños buscando el éxito social. Y el reflejo del vecindario de aluvión y estirpes que poblaba el Madrid de Arias Navarro.
Una tupida red de personajes en la que está el banquero trepa, Fernando Anglada Oliver, único actor con dos apellidos, que presume en la intimidad de haber estado preso por rojo en la cárcel de Carabanchel en la celda veintiuno, donde compartió conversaciones con la intelectualidad republicana —te acuerdas de aquel pobre Hernández, el poeta que murió en nuestros brazos—, que ha logrado el éxito social y, millonario, aspira a ser embajador y académico; está el pintor genial, el falsificador del cuadro, confundido entre la homosexualidad de su guía y maestro, su arte y el consejo de una mujer lesbiana a su pesar, tensión sexual no resuelta; está la prostitución de lujo como consuelo y remedio a la reprimida y aburrida vida amorosa de la sociedad, la meretriz que busca, sin embargo, un hombre fiel: “un marido da seguridad” dice; está el genio oculto, perdedor de la Guerra Civil, perseguido por un hecho trágico, un deicidio, que mueve en la sombra las grandes finanzas, llamado a ser ministro de Economía y que provee de riqueza al jefe, del que sólo recibe palmaditas en la espalda; está la duquesa polaca expulsada de su país por los bolcheviques, que, decadente, se arrima al dinero exhibiendo su mermada nobleza; y el escritor genial, el viejecito gran maestro y venerable de las letras, Allones, hijo de un cura que no le reconoció, tentado a vender su gran novela por un puñado de duros para evadirse del hambre que da escribir: «Te llamé para encargarte un libro sobre Dalí», le pide el jefe aspirante a diplomático; y está Landrove, el experto en arte que decide qué es auténtico y qué una burda imitación; y la viuda de Peláez, la marchante de pinturas y antigüedades que engatusa a los aspirantes al éxito social con el deseo de poseer cuadros… falsos de Veronés, de Vermeer, de Picasso, de Ribera…

Hay también un guiño a la represión sangrienta que la dictadura practicaba contra los militantes clandestinos del PC, furtivos que desde el interior actuaban enviados desde París por el secretario general del Comité Central, el “Zorro Rojo” alias Santiago. En abril de 1963 había sido fusilado Julián Grimau, cuya figura queda reflejada en un personaje secundario, Sánchez, que vaga medroso y escondido por el laberinto de calles huyendo de las sombras de la policía tanto como de su pasado político.
Y está como referente espacial la partida de parchís en un café del Mercado de la Cebada, y la Puerta del Sol, y la Corredera baja de san Pablo, y la Gran Vía, y el barrio de Salamanca, y las chuletas en Casa Paco, en Puerta Cerrada. Y hay referencias temporales a la trágica actualidad bélica de aquel momento: la Guerra del Vietnam. O al sindicalismo vertical o democrático. O a la liberación de París por los republicanos españoles. O a las disquisiciones filosóficas del Comunismo tras la guerra mundial y el fracaso de la intelectualidad de la izquierda, dubitativa con la tensión revolucionaria. Y Torrente cita a Kafka, a Joyce y a Proust y a los rebeldes parisinos porque el mundo los hizo así: Sartre y Simone de Beuavoir.
Y todo esto pasando de la fantasía más desenfrenada al realismo más natural, una sarta de incoherencias coherentes con una densidad prosística compacta, con un delirio intelectual espeso de prosa compleja, densa, contundente, con lenguaje refinadísimo y erudito en todos los capítulos, IX para 540 páginas.

Gonzalo Torrente declaraba en el programa de Rtve “A fondo”, conducido por Joaquín Soler Serrano, el 2 de abril de 1976 que él se sentía profesor tanto o más que autor. Motivo por el que ejerció la docencia más que la escritura y se marchó a Albany en 1966. Y sobre el fracaso primero de algunas de sus novelas como “Don Juan” expresaba que «era observado como un escritor intelectual, y por tanto impopular.»
«El poder, el amor, el mito y la relación del hombre con Dios son las bases sobre las que se asientan mi pensamiento.» Y sobre su escasa militancia política y su regreso a España desde París, en 1938, y su residencia en Burgos contaba el 5 de agosto de 1977, en el programa “Encuentro con las letras”, conducido por Fernando Sánchez Dragó, que «fui donde estaba mi mujer, detesto todo poder, y si me afilié a Falange fue para salvar la vida.»
OFF SIDE: una catedral.

Fotos de Terry Mangino
Para profundizar en la obra y vida de Gonzalo Torrente Ballester se recomienda: Leer a Gonzalo Torrente Ballester
Y es interesante el ensayo sobre Off Side obra de Javier Tazón Ruescas
Carta que Torrente Ballester escribe a Dionisio Ridruejo que se conserva en el Archivo de la Guerra Civil de Salamanca

Santiago, 6 de abril de 1940
Caramarada Dionisio Ridruejo
Director general de Propaganda
Madrid.
Querido Dionisio: Hace dos meses te pedí que me procuraras un contrato de colaboración en esa agencia del Departamento de Prensa. Creo, querido Ridruejo, que no es demasiado pedir: en esa agencia colaboran algunos de los buenos escritores de la Falange, bastantes de los medianos, y desde luego todos los malos. Inclúyeme en la categoría que quieras, pero reconoce que no hay derecho a excluirme, y decirme -como me dijeron cuando escribí pidiendo que se me incluyera- “que ya estaba cubierto el cupo”. Pienso que como escritor y como falangista tengo algunas cosas que decir, y que si la Falange acaba cerrándome sus puertas, tendré que concluir entregándome (si se quiere) a la prensa reaccionaria. Porque existe una realidad, y esa realidad es que con los medios que el Estado me da para vivir como funcionario Universitario no puedo resistir un mes más, y tengo que apelar a lo que sea.
Todas estas cosas te las digo bajo el signo de la urgencia. Tú puedes hacer lo que te pido. Mi pretensión es que este mes mismo se me envíe el contrato y se me acepten los dos artículos que se estipulan a cada escritor.
Te mando esta carta por el conducto de Pedro para tener la seguridad de que llegará a ti antes y sin pasar por conductos oficiales.
Estoy haciendo algunas cosas que espero serán buenas. Falta para que las concluya la solución a mi desastrada vida presente. Aspiro a marchar a Madrid el mes próximo. Si Dios quiere, alguna de ellas os la daré a conocer a mi llegada.
Hasta entonces recibe un fuerte abrazo de tu amigo y camarada
Universidad de Santiago Gonzalo Torrente
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