Carmelita Flórez
Nacer en 1939 no auguraba comenzar la vida con mucha fortuna. España era una tumba llena de cadáveres y ruinas tras casi tres años de guerra fratricida. Y a los pocos días de la llegada al mundo de Maricarmen se iniciaba la hecatombe universal que más muertes ha dejado en la historia de la humanidad: la Segunda Guerra Mundial. Que concluía en agosto de 1945 con el bombardeo atómico sobre la población civil en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. Cientos de miles de muertos inocentes en dos días.

No fueron tampoco buenos tiempos para la lírica aquellos de 1956, cuando los padres de Maricarmen Abascal firmaron el contrato de arrendamiento de su vivienda en la calle Alcalde Sainz de Baranda, en Madrid. El 8 de febrero un falangista muere durante una manifestación en la calle de san Bernardo, nunca se aclaró quién lo mató. Y el régimen de su “Excremencia el Generalísimo” —así llamaba al dictador un reconocido director de cine del mismo Bilbao— cesó a los ministros, Joaquín Ruiz-Giménez, de Educación; y a Raimundo Fernández Cuesta, secretario general del Movimiento. Comenzaba la subversión judeo-masónica y la amenaza comunista que atentaba contra el estado de bienestar y justicia que con tanta paciencia y amor proyectaba para todos los españoles la lucecita que nunca se extinguía en El Pardo.

Además, el estado de Israel, apenas un bebé fundado en 1948, ya apuntaba maneras perpetrando el 3 de noviembre de 1956 la masacre de Jan Juris, marca de la casa, donde algunas fuentes cifran en 275 palestinos asesinados por el ejército israelí. Una minucia comparada con lo de ahora. Eso sí, el Real Madrid ganaba en París la primera copa de Europa capitaneado por Di Stéfano.
Pasarían décadas: los cincuenta, los sesenta, los setenta con la muerte del dictador y la Transición, los ochenta, los noventa, el nuevo siglo XXI en los que Maricarmen habitaba aquella vivienda junto a sus padres respetando la legislación contractual vigente. Hasta que aquellos desaparecieron y una nueva ordenación legal dejó desprotegida a Maricarmen, a pesar de llevar toda una vida cumpliendo fielmente sus obligaciones contractuales.

Y en la novena década de su vida Maricarmen tuvo que hacer frente a una nueva disposición jurídica que la dejaba sin derechos a habitar el que fue su hogar durante 71 años. La voracidad capitalista del mercado inmobiliario, amparada por una legislación liberal basada en el beneficio inmediato, y la venta de miles de viviendas —1860— de titularidad pública en 2013, a precio de saldo por la alcaldesa de Madrid convirtieron la casa de Maricarmen de toda la vida en un trofeo más que se disputaban las agencias inmobiliarias.
Y tras años de incertidumbre, luchas por sus derechos y sentencias contradictorias Maricarmen se vio desahuciada el pasado 23 de septiembre de lo que fue su referencia vital durante más de siete décadas.
Toda la protesta social y rechazo ciudadano que produjo su desahucio ha llenado España de manifestaciones y solidaridad hacia ella y hacia los que sufren similares situaciones. Pero de nada ha servido el apoyo de tantos miles de sufridos inquilinos. Maricarmen falleció, tal vez por el enorme estrés de su lucha y su precaria salud, el pasado 7 de octubre.
Las protestas, solidaridad y manifestaciones hacia su gesto llenan ahora plazas y avenidas de muchas ciudades de España.

Pero hay que tener cuidado con esos protestones, porque, según dicen algunas autoridades municipales, están provistos de cuchillos jamoneros y adoquines de granito que pueden utilizar como armas de guerra. Además, parece que hay terroristas muy malos y agresivos camuflados en el interior de las tiendas de campaña que ocupan la Puerta del Sol.
Ya lo decía don Quijote, tal vez prediciendo la estupidez de los gobernantes: «No rebuznaron en balde la una y el otro alcalde».
Maricarmen, gracias de nuevo.
Fotografías de Terry Mangino tomadas en la Puerta del Sol el jueves 9 de octubre de 2026











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