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Escaparate ignorado

~ La actualidad examinada

Escaparate ignorado

Archivos de autor: Ángel Aguado

Vicente Rojo Lluch: el último romántico

21 jueves Abr 2022

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Gabriel de Araceli: textos y fotos

Nunca la lanza embotó la pluma, ni la pluma la lanza (Don Quijote, capítulo XVIII. Miguel de Cervantes)

El terror se ha hecho dueño de la actualidad. Almorzamos todos los días compungidos por las imágenes de muerte y destrucción que vomitan los telediarios. Un paisaje de desolación, de cadáveres, de refugiados que huyen de la guerra atroz de Ucrania convive con nosotros mientras engullimos la sopa y la pescadilla frita. El monstruo de Putin y su cohorte de generales sanguinarios concita el rechazo y repulsa de un Occidente solidario con el sufrimiento de esas víctimas infantiles que nos saludan con una sonrisa desde el autobús que los llevará a un país libre. O sufrimos con aquella imagen de la embarazada herida tras un bombardeo a la maternidad. Murió. También el bebé.

La degollación de Herodes. Barro modelado y pintado obra de José Ginés Marín, 1789-1794. Museo de Bellas Artes de la Real Academia de San Fernando, Madrid.

Fue otra época, otra historia cruel, otros asesinos. Aunque los asesinos son siempre los mismos a lo largo de la historia. Sólo cambia el momento, pero todos los dictadores invocan las mismas cuestiones morales o religiosas o patrióticas para cometer las mismas atrocidades, las mismas barbaridades, los mismos crímenes con que conseguir sus propósitos espurios, aunque para ello deban destruir un país o masacrar a miles de inocentes ajenos a sus bizarros deseos. Era Madrid, julio de 1936. Un grupo de militares africanistas organizados por el general Emilio Mola, “el Director”, se levanta en armas contra el poder constituido. Se desencadena la Guerra Civil que durante tres años asolará España convirtiéndola en algo parecido a las imágenes que vemos ahora de Kiev o de Mariúpol, o de Járkov. Dolor y destrucción. Si ahora el Kremlin trata de tomar una ciudad portuaria entonces se trataba de ocupar la capital del Estado por unas columnas de mercenarios africanos —chechenos ahora— que avanzaban por Extremadura llenando de horror, sangre y de muerte su avance. En noviembre la situación es crítica en Madrid. El gobierno constitucional huye a Valencia y ordena la defensa de la ciudad, en un caótico intercambio de mensajes, al general Miaja, que nombra jefe de Estado Mayor a un oscuro teniente coronel sin apenas experiencia bélica, exprofesor de la Escuela de Infantería de Toledo: Vicente Rojo Lluch.   

General Vicente Rojo

Rojo es un racionalista, un estudioso de la actualidad que se ha dedicado como docente a elevar el precario conocimiento táctico y técnico que existía en la enseñanza militar. Fue el número cuatro de 390 cadetes de su promoción, 1914, en la Academia de Infantería de Toledo (recordemos que Franco fue el 252 de 312, cuatro años antes). También es un hombre conservador, católico practicante, patriota amante de España, culto y entregado a la defensa de su país desde el orden constitucional. Ha sido tentado por compañeros de armas para que se adhiera al movimiento subversivo. Pero fiel a sus principios morales y a la ley se mantiene leal a la República y no participa en ningún conciliábulo golpista.

Desde ese momento, 6 de noviembre de 1936, Rojo será el protagonista de la defensa de Madrid y asumirá durante el resto de la contienda un papel clave en el desarrollo de todas las batallas que se libran a lo largo de tres años de lucha feroz, salvando infinidad de dificultades, desobediencias, intrigas, envidias profesionales y alguna traición. Considerado como el gran estratega del ejército republicano, reconocidos sus méritos por historiadores como Martínez Reverte, Alberto Reig Tapies (Franco: el César Superlativo. Pág. 62) o Paul Preston (La Guerra Civil española. Pág. 191 y posteriores) se verá obligado al exilio en enero de 1939 y permanecerá varios años como cronista de la terrible 2ª Guerra Mundial, que en se momento se libra, en un periódico de Buenos Aires. Hasta que su enfrentamiento con el nacionalismo vasco, también presente en el exilio argentino, le hace partir nuevamente a Bolivia en 1943, donde es nombrado profesor en la Escuela de Estado Mayor de ese país, con reconocimiento del grado de general.

La competencia profesional del general Rojo ha sido largamente estudiada en referencia a la exigua capacidad táctica y militar del jefe vencedor de la contienda, un africanista empeñado en el ataque frontal rifeño. Las opiniones del alto mando de la Wehrmacht, así como las de los jefes italianos del Corpo di Truppe Volontarie, que prestaban ayuda interesada al ejército rebelde, se mostraban muy críticas con la estrategia militar que desvió el objetivo principal, la toma de Madrid, por uno secundario como Toledo, con el rearme defensivo de la capital que ese retraso supuso. O la estrategia desarrollada en las posteriores batallas del Jarama y Guadalajara, donde la iniciativa y visión guerrera de Rojo se mostró superior, evitando en su momento la derrota en Madrid; o la imposición al general Varela de permanecer anclado en sus posiciones y no avanzar hacia la capital tras la batalla de Brunete, cuando el ejército republicano, exhausto, hubiera sido presa fácil.  

La degollación de Herodes. Barro modelado y pintado, obra de José Ginés Marín, 1789-1794. Museo de Bellas Artes de la Real Academia de San Fernando, Madrid.

HISTORIA DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

Rojo se ve obligado a cumplir prisión domiciliaria tras su vuelta a Madrid, en marzo de 1957. A pesar de haber pactado con el ministro Martín Artajo un regreso digno, el terrible fiscal coronel Enrique Eymar le incoa un expediente informativo acusándole de “auxilio a la rebelión”, por el que es condenado, en diciembre de ese mismo año, a cadena perpetua, interdicción civil e inhabilitación absoluta. Franco escribió de su puño y letra: «Negarle el pan y la sal», quizás en represalia por las derrotas que le infligieron en Madrid, en el Jarama, en Guadalajara.

Así pues, su vida, en su domicilio de la calle Ríos Rosas, 48, 1º A, se reduce a recopilar los miles de folios, de cartas, notas, ensayos, crónicas y artículos que fue redactando durante su estancia en Argentina y Bolivia. Fruto de ese hercúleo esfuerzo, de esa escritura torrencial nacen sus memorias de la Guerra Civil y una novela inconclusa titulada con el signo de interrogación: ? En el Archivo Histórico Nacional, en Madrid se conserva todo el legado documental de Rojo. Sólo una parte se ha estudiado. Y está pendiente de un trabajo de investigación detallado para darle forma. La escritura fue una catarsis, una evasión, su tabla de salvación en el ostracismo al que fue castigado por el régimen franquista, que le impidió incluso mantener su amistad con el doctor Marañón, una vida reducida a escasas visitas al café con antiguos compañeros también represaliados, siempre vigilado de cerca por un policía de paisano.

No hay ninguna placa en la fachada de la calle Ríos Rosas 48 que recuerde la memoria del general Rojo. La vivienda está muy cerca de los Nuevos Ministerios y del conjunto del Museo de Ciencias y la Residencia de Estudiantes, obras de Secundino Zuazo, y de Arniches y Martín Domínguez, todos ellos expedientados y sancionados por el franquismo.

Su Historia de la Guerra Civil Española es un inmenso acopio de información escrita entre 1958 y 1962, que a Rojo no le da tiempo de corregir y ordenar serenamente. Rojo la ofrece a varios editores, entre ellos a Carlos Barral, que parece interesado en su publicación, pero el momento histórico impide su publicación. El general fallece en 1966. Presionado porque el tiempo se le acaba y llevado por el afán de informar sobre los hechos acaecidos a veces su redacción se hace prolija y su prosa extensa y farragosa. Y fatiga al lector al que le cuesta encauzar ese torrente de datos que bullen del encomio del general. Incluso, en un descuido debido al editor, se repite  en el libro textualmente un capítulo en el que habla, con respeto, del coronel Gorev, asesinado en 1938, meses después de su heroísmo en Madrid por Stalin, dato que ignora Rojo. Otros personajes no salen tan bien parados, como el jefe de los brigadistas Kléber (Stern), al que considera indisciplinado y llevado por su afán de protagonismo partidista al servicio de la Unión Soviética.

 

El libro es también un exaltado homenaje a los milicianos, al soldado anónimo español, a los que atribuye el éxito de la defensa durante la contienda por encima de la exigua ayuda internacional recibida y vetada por la injerencia del Comité de No Intervención y la postura intransigente de Francia y Reino Unido. Y un compendio de opiniones sobre los protagonistas republicanos que se vieron responsabilizados de asumir decisiones incómodas: Negrín, Largo Caballero, Indalecia Prieto (“hombre astuto, inteligente y correcto. Políticamente su talla era superior a la de Negrín, era una garantía anticomunista”), su audiencia con Azaña, etc. O sobre Cipriano Mera, el albañil anarquista, héroe en la defensa de Madrid, elevado por méritos al grado de mayor (comandante) y que después se uniría al golpe del coronel Casado.

A Rojo le da tiempo a leer la obra capital de Hugh Thomas: “La Guerra Civil Española”, aparecida en 1961, de difícil obtención en España en esa época, y con la que mantiene encontradas diferencias en lo referente a la participación de los brigadistas internacionales en la defensa de Madrid y en la batalla del Jarama.

Destaca la dedicatoria del capítulo “Así fue la defensa de Madrid” a la mujer: «A la anónima mujer española, abnegada, heroica, ejemplar entre todos los horrores, la angustia y la desesperanza…Y hoy, cuando nadie recuerda lo que recibió de ella, sigue perpetuando, anónima, su vida sencilla; sigue erguida y en calma, sin rencor por el daño que le hayan hecho…». Sin duda unas palabras de amor a su esposa Teresa Fernández, el centro de su vida que sufrió la guerra y el exilio desde la trinchera de su hogar. Y un homenaje anticipado, sin saberlo, a todas las mujeres víctimas posteriores y constantes de las guerras, como las que ahora sufren las brutalidades rusas en Ucrania.

Susana y los viejos. Peter Paul Rubens, 1610. Museo de BBAA de la Real Academia de San Fernando, Madrid

La obra está prologada magníficamente por Jorge Martínez Reverte, historiador profesional que explica detalladamente las circunstancias políticas, sociales, militares e internacionales que se arrastran desde la Restauración borbónica y que confluyen, 62 años más tarde, en el trágico momento histórico del alzamiento bélico: la alternancia consensuada del bipartidismo en los gobiernos durante la regencia de María Cristina, la pérdida de Cuba y el final del imperio español, el funesto reinado de Alfonso XIII, la guerra en Marruecos, la dictadura de Primo de Rivera, la división polarizada en el Ejército, los nacionalismos periféricos, el papel intransigente de la Iglesia, la lucha de clases y el comienzo del movimiento obrero y el sindicalismo… y el advenimiento de la República y la asunción casi inmediata de sus enemigos.

 «En la década de los 30, en Europa había muy pocas manifestaciones de repugnancia en contra de las guerras. La guerra se consideraba un fenómeno natural. El odio, la liquidación del adversario eran moneda corriente en los escritos políticos, en los debates parlamentarios y en las páginas de los periódicos. El ejército español estaba tan dividido internamente como lo estaba el resto de la sociedad… era una España de sotanas, sables y señoritos… el golpe es desde su concepción y su inicio, un movimiento de carácter sangriento, de enorme violencia. O bolcheviques o fascistas. No hay militares que abracen la causa nacionalista. Azaña, Rojo, Negrín, todos los dirigentes republicanos viven su relación con el nacionalismo como una pesadilla», son algunas de las explicaciones que M. Reverte introduce en su análisis del texto de Rojo.

Rojo es ecuánime y templado en sus opiniones. Nunca desmerece ni acusa de traición a sus antiguos camaradas, nunca utiliza palabras de desprecio u opiniones malsonantes o cargadas de ira. Resuena su compañerismo, siempre fiel a la legalidad vigente, siempre bajo la lealtad a la República y actuando con su honor de militar. La lealtad y sumisión a la ley eran la garantía del orden que necesitaba la nación. Su catolicismo no está ligado al patriotismo. Incluso se muestra crítico con la carta que los obispos publican en junio de 1937 en defensa de la “Cruzada”: «Quien esto escribe es católico… pero también es español, es militar y es hombre». Rojo es un idealista que escribe con tono épico, afectado de patriotismo y lealtad en la defensa de las libertades del ciudadano, su escritura es emocionante y sentida. Escribe desde la tristeza de la derrota, desde el romanticismo de las causas perdidas.

  Como epílogo se incluyen unas notas del periodista José Andrés Rojo, nieto del general, en las que se mencionan los avatares sufridos por el militar para la gestación de esta historia y el tiempo borrascoso en el que se desarrolló su vida.  



OTROS ENLACES DE INTERÉS:

Traidores

https://escaparateignorado.com/desafeccion-i/

80 aniversario de la Batalla de Brunete
PERDEDORES (Fragmento)

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Semana de Pasión

17 domingo Abr 2022

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Agustina de Champourcín. Texto y fotos (todas tomadas en Madrid)

Ay, esa pasión que se nos resistía, esas oscuridades en la que nos habían sumergido las circunstancias. ¡Maldito virus! Pero todo llega y al final, la ciencia, el perseverar humano ha podido con el bicho y las restricciones y la alegría ha vuelto a ocupar los rincones ciudadanos que nos había vedado la pandemia. Y las calles de toda España se han llenado esa semana de luna llena de tallas de cristos desnutridos, ¡pobrecitos!, vírgenes dolorosas, señoras apasionadas, caballeros uniformados, cofrades militantes, curiosos callejeros y penitentes que purgaban sus penas cargando con la cruz de su conciencia. Y también de parejitas de enamorados, de mujeres poderosas marcando territorio bajo sus ternos negros y sus trebejos oratorios, de hombres arrobados a la sombra de las amadas, de niños despertando a la vida, de papás y mamás orgullosos de ellos. La alegría rebrota, se anuncia con orgullo el querer, el florecer de los cuerpos, el deseo desatado, la búsqueda del placer carnal. Revolotean los pajaritos, se anuncia la felicidad en cada esquina, esos besos primorosos aislados del mundo. ¡Los primeros, los mejores!  La primavera ha venido, nadie sabe cómo ha sido. Llevo la vida, conmigo, el que quiera que me siga, dice. ¡Aquí estoy yo! El amor.


Viernes Santo, Procesión de los Alabarderos
Señoras santas y apasionadas del cuerpo… de Cristo
Domingo de Ramos. Calle del Carmen, al lado de doña Manolita
Virilidad inhiesta
¡Ay, esas señoras tan elegantes!
¡Vuelve el hombre!
Castigadora
Lunes Santo. Cerro del tío Pío. Aprendiendo modales
Domingo de Ramos, Brunete, Madrid
Unas horas después. Reservoir Girls. El Retiro
¡Ay, qué bonito es el amog! 1
¡Ay, qué bonito es el amog! 2
Las chicas tienen algo especial…
Lindas parejitas
La edad de la inocencia
Amor de padre
Amor de madre
Stabat Mater
Guerreras 2
Guerreras 3

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Julio

04 lunes Abr 2022

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Agustina de Champourcín

No te borró la parca tu sonrisa, que el horror quebró tu infancia en una cuneta perdida. Ni pudo robarte el odio cainita la bondad con la que afrontaste la vida, ni la alegría con que premiaste a los tuyos por demás. Silencios y pena negra en la majada escondida para evitar los puñales de la falange homicida de borrachera y de rabia. Perdón para todo fue consigna. Que no olvido. La inocencia arrebatada no fue freno, sino espuela para alzarte sobre las trampas traidoras que el río oculta en remolino. Porque forjado de ánimo y virtud, luchaste por recorrer el camino sin maldad. Y te entregaste con gozo a sortear los peligros escondidos en el pozo de la vida con sonrisa y humildad.

Años de siembra y coraje, tránsito sin horizonte, días de pan con tomate y noches al claro de luna, lucero de la mañana que alumbraba el alba pronta, que diste luz a los tuyos por el sendero de sombras. Éxodo, Madrid al final del túnel, trabajo, sudor y manos para conseguir pan tierno, para salir adelante, siempre adelante, para reír bajo un techo de calor y de cariño, la familia lo primero, para olvidar para siempre las largas noches de invierno.  

Escuchabas sin alzar jamás la voz, ponme a la grupa contigo caballero del sosiego y del honor, evitabas el consejo con prudencia, valiosa palabra tu mirada alejada del chirriante quejido sin dolor. Tu presencia era más grande en tu silencio, por tu paciencia infinita con el frenesí externo de los tiempos lacerantes que te azotaron el rostro sin beneficio. Ni un desatino, ni una queja ni exabrupto salió jamás de tu boca, que a todo le regalabas la fortaleza de tu calma y la resignación del espíritu forjado en un destino de lucha, de dolor, de sacrificio.

Gozamos con tu recuerdo, regalo para nosotros, ángel bueno, custodio de la ilusión, faro que alumbró los pasos librándonos de los tropiezos. Amigo de sus amigos. ¡Qué maestro de esforzados y valientes! ¡Qué seso para discretos! ¡Qué gracia para donosos! Así con tal entender, todos sentidos humanos olvidados. Cercado de tu mujer y de hijos y de nietos diste el alma a todos ellos. Que en todos perdura tu recuerdo y será dicha graciosa tu sonrisa y tu sereno caminar, que paz, amor, serenidad a todos supiste dar.

Y quedes para la gloria, que aunque la vida murió nos dejó harto consuelo tu memoria.


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Tierra de Campos: El negocio, que fue, de la salvación

02 sábado Abr 2022

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Agustina de Champourcín. Palabras y fotos

Palencia, llanura y soledad. Las tierras de Castilla se pierden por un mar de trigos verdes y villorrios abandonados. La línea infinita de su horizonte limita con la eternidad. Calles vacías por las que sólo pasea un gato, canta un gallo orgulloso o grazna la corneja. El silencio lo rompe el crotorar de las cigüeñas, más abundantes en algunos pueblos que vecinos, como en Requena de Campos, que tiene censados a 22 habitantes y seis nidos de cigüeñas. Socorro Ortega, 82 años, fue alcaldesa del lugar. Enseña la iglesia que ella misma restauró. Habla un castellano perfecto y distingue la ll de la y griega como ya no se distingue en ningún otro lugar castellanoparlante. Ni siquiera hay grafitis por las paredes de estos despoblados, que amenazan ruina, que no tiene quien las mire ni quien las ensucie. Noche oscura en ansias derramadas, nostalgias de un pasado esplendor de lanas que se exportaban a Flandes, a la tierra del emperador Carlos I, donde los tapices; de cereales, el granero que alimentaba a España. Duerme la Tierra de Campos olvidada temiendo su despertar. Camino de Aquitania por el que el peregrino se acerca despacio al premio de la compostela. Espiritualidad y tránsito. El viento no sopla, apuñala al caminante con su daga fría. El arte sacro aparece de súbito como una erupción de retablos magníficos plagados de tablas policromadas y blasones aristocráticos, en órganos musicales, en tallas de cristos lacerados, de rufianes judíos, de vírgenes dolorosas y angelotes inocentes y en arcángeles matadiablos, en santiagos matamoros y en murallas defensivas, en arquitecturas monumentales, en iglesias gigantescas de triples espadañas y catedrales ocultas levantadas con los diezmos que en su día reclamaban la fe del villano, curas que hurgaban en su temor, en su pobreza para que su padecer terreno no se extendiera más allá de la muerte, en la otra vida prometida.

Iglesia de Támara, de torre puntillosa y excepcionalidad artística.

Todo a cambio de unas monedas, de unos talentos de plata, de unos maravedíes. Era el negocio de la salvación. Todos, la nobleza, la milicia, la burguesía, las gentes ingenuas del pueblo llano compraban bulas, indulgencias, perdones para librarse del castigo divino. Gran negocio el de la Iglesia. Veinte siglos de beneficios continuados en la cuenta de resultados del santo emporio empresarial. Con eso se elevaron estas catedrales que sólo lucen el día de la fiesta del lugar. En Támara se libró en 1037 la batalla que decidió la unión de los reinos de León y Castilla. Ahora es difícil encontrar un vecino. Por sus calles vacías resuenan los pasos del viajero que reclaman, con su eco, la atención de un viejecito sorprendido que toma el sol. ¡Tanto esplendor y tan lejano! No mucho más lejos, algo más de una legua, en Santoyo existe otra iglesia catedral inesperada, innecesaria, tan cercana a la otra. Horacio la muestra al visitante orgulloso de prolongar su saber al desconocido, como si lanzara al mar embravecido el salvavidas de la historia.

En Piña de Campos cuatro señoras juegan al parchís. La visita del caminante altera la partida por un instante, pequeña novedad, ligera turbación en las miradas. El bodeguero prepara una tortilla con alegría, esa tarde va a hacer caja con el forastero. Se está calentito en el bar, el centro social de Piña, seis personas, multitud. «El seis doble, te como y me cuento veinte. Asunción, ponnos una cervecita con torreznos», pide doña Milagros con alegría. La tarde enrojece hacia el ocaso. Amayuelas tiene dos barrios, el de Arriba y el de Abajo. Y tuvo un proyecto de revitalización pagado por la Junta que pretendía poblar de familias sus abandonadas casas. «Vinieron por el dinero, el proyecto no cuajó, se fueron a otro pueblo con las mismas. De eso hace ya veinte años» resume un pastor con malas pulgas y dos perros que sale al paso del caminante sin muchas ganas de hablar. La aspereza desconfiada del castellano. Melgar de Fernamental, Osorno, Lantadilla, Santillana, Amusco, San Cebrián, Monzón de Campos. Boadilla del Camino con su rollo, el de picota. Y Frómista, la cabeza de partido que tiene tres iglesias románicas y tres esclusas del Canal, la columna vertebral que modula Castilla.

Un angelito de un retablo de la Iglesia de Piña de Campos.

El Canal de Castilla comenzó a construirse en 1753, en tiempos de Fernando VI, segundo hijo rey de Felipe V. Y continuó en funcionamiento hasta 1959. El Pisuerga, el Carrión, el Ucieza añaden alegrías a sus aguas, a veces bravas, que regulan subcanales adyacentes. Decenas de esclusas en su recorrido conseguían salvar los desniveles del terreno a las barcazas. Era una vía de comunicación que permitía el transporte de cereal, de vinos, de ganados, de personas y mercancías por todo el interior de esa Castilla invertebrada e inconexa. 207 Km en forma de Y invertida. El ferrocarril le arrebató su sentido económico y lo expulsó a la categoría de belleza paisajística y bien de interés cultural histórico. Integra tres provincias, Burgos, Valladolid y Palencia. Y dio durante cien años vida a la planicie con su tránsito de barcazas, de yuntas, de trigos, de arrieros, de ajetreo portuario fluvial, que contaba, incluso, con sus casas de lenocinio o regocijo. Una obra de ingeniería faraónica de difícil encaje en las mermadas arcas de las haciendas borbónicas. Ni la privatización de su construcción y posterior explotación a manos de la banca logró un lucro económico. Entonces los canales, como ahora las carreteras radiales, proyectos faraónicos infructuosos que los gobiernos rescatan de la quiebra y se nacionalizan, las pérdidas, con el dinero público del Estado.

Canal de Castilla

Ha llovido en la seca Castilla y los meandros del canal trasiegan agua para regadíos, para saciar la sed de los pueblos de la Tierra de Campos. Y es el Canal reclamo turístico. Por sus caminos de sirga, arcenes de gravilla y juncos, transita una legión de ciclistas ansiosos de románico y buen yantar. La vista se le va al viajero entre la torre espinosa de la iglesia de Támara y la ensalada de nabos de Monzón. Vino de la cercana Ribera del Duero para endulzar el itinerario, oración para los espíritus turbados, y grano, llanura y campos para el caminante.  


Copia de «La duda de Santo Tomás», original de Caravaggio, 1602. Iglesia de Piña de Campos.
Se la debía. Santiago Matamoros le ajusta las deudas a un moro. Iglesia de Támara.
Esclusas 22, 23 y 24 del Canal, en Calahorra de Ribas
Virgencita de un retablo de la Iglesia de Támara.
Piedad, iglesia de Támara
Retablo principal de la iglesia de Sontoyo.
Abside de la iglesia de Sontoyo
La Tierra de Campos está llena de arcángeles matadiablos. Este está en la Iglesia de Piña de Campos.
Tres de los veinte habitantes que viven en Cabañas de Castilla. El gallo no es el de Dionisio Ridruejo, pero no dice ni pío.
Arcángel salvando angelitos del fuego. Piña de Campos.
Los monarcas católicos van a la pelu. Piña de Campos.
Mamás generosas: «Un chorrito más, por favor». Piña otra vez.
Piedad, Piña de nuevo.
Tierra de Campos y Abandono
Esclusas 17, 18, 19 y 20 a su paso por Frómista.
«En campo lleno de oro batallé con el moro y alcancé sus despojos. Ave María». Traducción del ilustre latinisista Emilio Pascual de Góngora y Argote. Retablo, uno de ellos, de PIña de Campos.

Enlaces relacionados:

Viajes por Tierras de Castilla y Cantabria

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Idus de Marzo

15 martes Mar 2022

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Un cuentecito de Carmelita Flórez

»Óyeme cachita, tengo una rumbita pa que tú la bailes como bailo yo. Muchacha bonita, mi linda cachita, la rumba caliente es mejor que el fox…

La pareja se mueve al compás, con ritmo, ella le saca casi la cabeza, la tarde cae lentamente, las nubes cubren las calles próximas de Vallecas, las torres de Castellana en la lejanía, el Pirulí, la Telefónica, la ciudad, sus gentes como hormiguitas a los pies del Cerro del Tío Pío.

—Suelo venir algunas tardes a tomarme mi cerveza fresquita, unas aceitunitas. Se está bien aquí, todo se llena de familias con los abuelitos, de amigos, de novios que se miran con deseo, que miran al cielo buscando un lugar donde amarse. Hay que venir abrigado, la luz tan brillante, el sol del crepúsculo te engaña, un sombrero, una bufanda, esta brisa es muy traicionera…

Arriba, muy arriba vuelan bandadas de grullas alineadas en uve, se relevan constantemente, como ciclistas en una carrera, el guía marca el norte y enseguida se deja caer. Es una flecha y otra y otra. Nadie repara en las aves. Abajo las parejas marcan también el ritmo con los pies.

—Es época de emigración, tal vez vayan a centro Europa, o vienen de África, no sé, las grullas van, vienen, no tienen las barreras de los hombres, son libres, no las somete ningún sátrapa, cruzan las fronteras sin temor. Sí, el mundo está muy revuelto. Mala cosa. Ese loco ruso se ha propuesto joder al mundo. El horror televisado en directo, esa mamá embarazado que no pudo dar a luz… Quizás dentro de poco no podamos tomar con calma nuestra cervecita…

—A esa pareja el mundo le importa poco, tan jóvenes, sólo buscan un lugar donde abrazarse, qué más les da la guerra, sólo quieren besarse, temblar el uno con el otro, sentirse eternos en un segundo.

Ella, de golpe, se ha soltado de los brazos, se aleja y se sienta en el poyo de cemento deslucido al otro lado del parque, bajo la emparrada. En su soledad, el muchacho parece aún más bajito, como si hubiera menguado de repente, sin la chica nada es igual, abandonado en medio de la pista. La música suena para todos, las demás parejas se cimbrean sabrosonas, las cinturas pegadas, comiéndose con los ojos. Un, dos, tres, un, dos, tres.

»Mira que se rompen ya de gusto las maracas y el de los timbales ya se empieza a alborotar…

            —Venía con un amigo, le llamaré José Luis, no sé su nombre. Tomábamos unos vasos, rioja, nuestra botellita de rioja. No preguntábamos nada, no sabíamos nada el uno del otro, cada uno contaba lo que quería. O callaba. Después supe que era poeta, leía a Juan Ramón, que estudió en la Sorbonne, amigo del Bryce, un día dejó de venir, seguí tomando mi vinito en soledad, uno sólo, la botella era mucho para mí, me enteré, alguien me dijo, no recuerdo quién, que se lo llevó un cáncer, cosa fulminante, quizás él lo sabía, sí, lo sabría, pero nunca me contó nada, bebíamos en silencio para olvidarnos del presente, para recordar cuando fuimos felices, uno, dos, tres momentos en la vida, nada más. Por eso ahora bebo cerveza, ya no puedo con el tinto…

El muchacho duda, las parejas bailan a su alrededor ajenas a su aturdimiento, un, dos, tres, un, dos, tres. En el cielo, unas grullas retrasadas persiguen al pelotón que las antecede, aletean, se esfuerzan, se oyen sus graznidos como una llamada de auxilio. Consiguen integrarse en la gran bandada unas nubes más allá, sobre las torres del Retiro. Dubitativo, con parsimonia, el muchacho se sienta junto a la chica en el poyo deslucido.

»Cachita está alborotá, ya no baila el cha, cha, cha. Y si baila esto el inglés se le mete el alboroto, que es pa volverse loco hasta un japonés.

—Me gusta este mirador, ahí abajo las personas viven sus vidas, sus alegrías, sus penas, ajenas al mundo, lejos de las intenciones de los tiranos. Siento reparo, como si abusara del poder de observar sin ser visto. Aquí también hubo una guerra dentro de otra guerra, fue también en marzo, los amigos se mataban sin saber por qué. El coronel traidor, el jurista inocente y un albañil anarquista enfrentándose al poder legítimo. Los africanistas del otro lado aguardando el resultado. Todo eso de ahí abajo era pasto de las bombas. Sí, ya sé, de eso hace muchos años, que esa es otra historia. ¡Qué va! Es la misma. Era como ahora, otro loco, otros locos que querían imponer a los demás cómo pensar, cómo amarse, cómo bailar, cómo tomar las cervecitas a media tarde…

Le recibe con indiferencia, gesticulan, el muchacho la mira con insistencia, aunque ella pierda la mirada por las nubes del poniente, donde las grullas. Se ha abierto un claro y el sol renace un momento antes de ocultarse detrás de las montañas. La terraza del bar se ha llenado de gentes, beben, ríen, a veces no se entiende qué idioma hablan. El camarero deja dos cervezas sobre la mesa. La pareja se levanta y vuelve a la pista. La música se confunde con el rumor de la ciudad que sube acunándose por las faldas del cerro.

—Esa señora viene siempre con su perrito, observa un momento a los bailarines y después se marcha. Es un perrito muy obediente, a veces lo coge entre los brazos y baila con él como si fuera su pareja. No debe tener a nadie con quien compartir su vida. El perrito le hace compañía. Tal vez me compre un perrito, dicen que evitan la locura de la soledad. Quizás alguno de esos dictadores debiera comprarse un perrito, el mundo viviría más tranquilo… ¡Está buena la cerveza fresquita al atardecer!

—Sí, es una suerte compartir una cerveza fresquita con un desconocido teniendo a los pies una ciudad bulliciosa. ¡Salud!

—¡Salud!

La pareja se entrelaza y vuelve a marcar el compás. Así, entre el resto de las parejas que bailan apenas se nota que ella le saque casi una cabeza.

—¡Vamos, Chispas! —le dice la señora al perrito. Se sientan ambos en el poyo para contemplar a los danzantes.

—A esta invito yo.

—Gracias.

»Pa la rumba no hay fronteras pues la bailan en el polo. Yo la he visto bailar solo hasta a un esquimal. Se divierte así el francés y también el alemán, y se alegra el irlandés y hasta el musulmán…

Fotos de Terry Mangino


Enlaces relacionados:

El Cerro del Tío Pío


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8 M en Madrid

09 miércoles Mar 2022

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

≈ 2 comentarios

Agustina de Champourcin (Texto y fotos)

Andaban muy desunidas las señoras manifestantes el 8 M por las calles de Madrid, que aquello parecía una persecución, un que te pillo, un pasito palante, María, un pasito para atrás, que donde acababa una manifestación, en Cibeles, empezaba la otra, por la Gran Vía, amigas para siempre, pero no tanto como para unirse bajo el mismo lema. Juntas, pero no revueltas. Gargantas al viento para abolir el vicio, el pecado, la explotación sexual, como si con un decreto se erradicara el deseo, la lujuria, el estupro, la maldad, la violencia contra la mujer, la guerra del hijo de Putin. Un 0,35% del PIB genera el consumo nacional mercenario de sexo. Triste país, España, el mayor consumidor de Europa. Las mismas bocas, los mismos gritos, los mismos deseos de rebelarse contra el trato machista y reivindicar una actitud de equiparación de trato, de aplicación de derechos y libertades en todos los sectores sociales de la vida. Los mismos puños en alto, las mismas banderas, las mismas pancartas, los mismos colores, los mismos gestos airados atronando los oídos de los concurrentes. Mamás y papás orgullosos de la iniciación combativa de sus retoñas. Jóvenes maquilladas con el espejito de Venus en sus mejillas. Los novios en segundo plano, acompañantes dóciles ante el clamor de sus chicas. Mezcla de razas, de sexos, de edades, de culturas, de creencias reclamando un trato más humano para la mujer. Madrid era una fiesta, una romería. Pero cada una por su lado. La dispersión propia de cualquier actitud crítica que siempre se ha evidenciado en la reivindicación de la Izquierda, ya sea de partidos o de asociaciones ciudadanas. Un quítate tú que me ponga yo, un sí, pero no.    

Al paso por Montera, jóvenes hetairas cerraban el trato con clientes despistados mirando de reojo a las jóvenes airadas. ¡Y esas!, ¿quiénes son? Pensaban.



ENLACES RELACIONADOS

Día de la mujer trabajadora

Machismo, no gracias

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Los almuerzos, la política y la vida

07 lunes Mar 2022

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Pemán a lo suyo

Agustina de Champourcín

De dictadura a dictadura. De la de Primo de Rivera a la del Caudillo por la gracia de dios. Ese podría ser el subtítulo del libro “Mis almuerzos con gente importante” —Editorial DOPESA, Madrid, 1970—, en el que Pemán recuerda anécdotas y conversaciones que mantuvo, manteles o no por medio, con destacados protagonistas de aquella tenebrosa época. Personajes extraídos de la ciénaga de la historia de España que don José María, nacido en Cádiz en 1897 —el mismo año del asesinato de Cánovas del Castillo, constatación de una nación que ya se desangraba—, en el seno de una familia aristocrática, recoge con la simpatía socarrona del viejo juglar. Casa Lhardy, el Hotel Ritz, el Hotel Palace, el restaurante Jockey, el salón oval de la Real Academia de la Lengua, la residencia del embajador nazi en la “corte” de Burgos, durante la “cruzada”, el despacho de Evita en Buenos Aires, o palacios presidenciales como el de Perón, o el del sátrapa dominicano Trujillo —«asombrosa era la obra progresiva del Presidente» dice sin mesura cuando se refiere al Benefactor, ya asesinado por los suyos nueve años antes— son los escenarios en donde se desarrollan sus memorias, a veces desmemoriadas, a veces imprecisas, o anacrónicas, o asincrónicas, o reiterativas, escritas sin notas previas y con la intención de agradar al mencionado en ellas.

Un retablo de personajes que el paso del tiempo ha diluido, cuando no exorcizado. Pero a los que el poeta del Régimen aclama con agasajo, si no con devoción. Y alabanza enfermiza a su Excelencia, inundando de babeo glandular al Generalísimo, cuando Pemán era una pieza valiosa en los anaqueles del museo hagiográfico de la noche del franquismo.

Miguel Primo de Rivera —eran parientes—, su hijo José Antonio —me hallará la muerte si me llega y no te vuelvo a ver—, el Conde de Romanones —¡un tímido!, lo califica don José María—, José Calvo Sotelo, el cardenal Herrera Oria, el patibulario Millán Astray —que le encarga unas loas a Celia Gámez, su querida, para leerlas el día de su boda con otro señor. «¡Hecho, mi general!»—, el general radiofónico Queipo de Llano, el cardenal Segura, con Jacinto Benavente, Raquel Meller, Carmen Ruiz Moragas —la querida de Alfonso XIII, una de ellas—, Ortega y Gasset, Eugenio D’Ors, el general Camilo Alonso Vega, Jean Cocteau, o el ministro José Solís —la sonrisa del régimen. Franco le envió como su representante al funeral del canciller Konrad Adenauer, 1967—, o el superministro Fraga Iribarne —¡aquel baño en calzoncillos en las playas de Palomares, 1966— desfilan por sus almuerzos con optimismo de gentileshombres preocupados por la salvación de la patria. Elevada intelectualidad de los mentados: Pedro Sainz Rodríguez, el doctor Marañón, Menéndez Pelayo, Francisco Cambó, Antonio Maura, etc., que regalan graciosamente sus pensamientos al escritor para que los airee a la plebe y se aclare el porvenir del país.

Inteligente, patricio educado con los Jesuitas, doctor en Derecho, estilo rancio y decadente, poeta ignorado por los de la Generación del 27, estudioso de la historia y del lenguaje arcano. Escultor de las letras imperiales, prosa culterana, exquisita, a veces críptica y de difícil comprensión para el lector medio, erudito don José María Pemán y Pemartín, regalándose a sí mismo, y al que quiera leerle, el mimo de sus versos preciosistas.

Recoge del fundador de Falange, José Antonio, su versión de la democracia: «Las urnas electorales no tienen mejor destino que el de romperse de un garrotazo» (pág. 128). O dedica “décimas conceptistas y calderonianas” a su camarada de despertares, impasible el ademán, Rafael Sánchez Mazas:

…Como flores de un pensil

mil conceptos mustia y troncha,

bajo tus gafas de concha

la agresión de tu perfil…

Devoto confeso de la monarquía, furibundo españolista y extremista religioso. Fue colaborador muy cercano al cardenal Ángel Herrera Oria, miembro de la Asociación Católica Nacional de Propaganditas, con la que pronunció mítines por toda España de “orientación social” durante la República: «es tiempo de escoger definitivamente entre Jesús y Barrabás» —citado por Preston; “Un pueblo traicionado”, pág. 213—, Pemán es un defensor, casus belli, del levantamiento de los africanistas en Marruecos. No duda en justificar la tragedia nacional: «Se había votado ya, sin urnas ni papeletas, en un sufragio emocional e intelectual la Guerra Civil, el resolver a tiros la situación irresoluble» (página 89).

El inconsciente de bufón de El Pardo delata a Pemán. Rezuma admiración empalagosa, agradecimiento enfermizo hacia el guerrero: «El momento en que tuvo mayor contenido unánime el sufragio universal español fue aquel en que decidió ir a la Guerra Civil» (página 159). O, «La guerra había nacido con mucha más raíz telúrica en dimensión vertical —independencia ibérica; guerrilla, comunidades— que hojarasca lateral: fascismo, racismo». Pemán entra con las tropas victoriosas en Madrid en marzo de 1939: «Era todo nuevo: ¡Arriba España…! Viva Franco… ¡Qué emoción!». Y cita con ambigüedad al coronel Segismundo Casado, o condescendiendo amablemente con Julián Besteiro: «No lograron los curas que se confesase: no varió nunca su semblante pacífico… O acaso, por su humildad resignada, estaría mejor dicho que se confesaba todos los días».

Es Séneca, rotundo, dinámico en el análisis histórico de la cuestión de esa España llevada al paroxismo por la milicia purificadora: «Cada generación tiene en la barriga, no gatos, pero sí tres siglos a medio digerir, peleándose y empujándose entre ellos» (página 105). Y se recrea en recordar la anécdota que le cuenta el doctor Marañón sobre la huida de Juan March —uno de los nuestros— de la cárcel de Alcalá en tiempos de la República, el financiero del Régimen por fin liberado de la tiranía republicana, 1933: «Ah, ¿ese…? Ese se viene conmigo», refiriéndose al director de la prisión (página 329).

Es conveniente leer la letra prodigiosa de Pemán, recrearse con sus vanidades prosísticas, abandonarse más allá de sus concepciones ideológicas, más allá de su vanidad egocéntrica de literato universal, más allá de su partidismo franquista, a veces canalla, a veces imperdonable. «Lea mucho a los clásicos, cuando los olvide existirán dentro su espíritu, y poseerá usted el clasicismo», le dice Gabriel Maura, página 98.

El rey emérito le distinguió con la orden del Toison de Oro en mayo de 1981, tres meses después del 23 F.


Mis almuerzos con gente inquietante

Han cambiado las circunstancias políticas y sociales entre los dos libros, catorce años separan sus publicaciones.  Cuarenta y dos años separan el nacimiento entre los dos autores, Pemán y Manuel Vázquez Montalbán. ¡Toda una vida! Tiempo decisivo en la historia de España, de la dictadura a la democracia: últimas ejecuciones sumarísimas del tirano, su muerte, la restauración de los Borbones, —la tercera—, el gobierno continuista, nostálgico de Arias Navarro, la Transición, la aprobación de la Constitución, la elevación a los cielos y la caída a los infiernos de Suárez, el intento de golpe de Estado de Tejero. Y la victoria sosialista de Isidoro. «¡Hay que ser sosialihta anteh que marxihta!», declamaba tras su dimisión Felipe en aquel congreso extraordinario de Sevilla, ¡en mayo de 1979! ¡Aclamación!

Mientras Pemán, con su discurso retórico satisface la vanidad de la corte del Régimen, las entrevistas de MVM van dirigidas a la opinión pública. Otros actores, otro momento histórico. Todo el espíritu de aquella primavera democrática está expresado en boca de los entrevistados: la cultura, la patronal, los artistas, la banca, los vascos, los catalanes, la política, el deporte, el cuarto poder: la prensa, la radio, el PODER, el pasado franquista, la Iglesia…

Manuel Vázquez Montalbán fotografiado en El Escorial, agosto de 1990. Foto de Ángel Aguado López

El cura-duque Aguirre el Magnífico —«mi biografía que la escriba Manuel Vicent*», anticipa—, Bibi Andersen —«sí, yo elegí ser mujer»—, Antonio Asensio, Juan Mari Bandrés, Carlos Ferrer Salat, Martín Villa, Pablo Porta, Jesús Quintero, Luis Olarra, Carmen Romero, etc., etc., etc. son los protagonistas de un periodo único que despertó esperanzas y blanqueó las tinieblas heredadas de aquellos tiempos de silencio.

Todo bajo la degustación hedonista de un amante de la haute cuisine, ya sea en Lhardy, en el Restaurante Solchaga con Alfonso Guerra —«En su intervención en el famoso congreso de Suresnes [1974] Felipe estuvo mágico. Parecía el niño Jesús hablando en el templo entre los doctores… El día siguiente a la victoria del 29 O desaparecí. Me fui al Museo del Prado y me pasé allí todo el día bajo los cuadros de Murillo», secretea Guerra, muy sevillano él—, en la bodeguilla de la Moncloa, en un convento de Murcia con el cardenal Tarancón —“¡Tarancón al paredón!” gritaban los fascistas de Blas Piñar, los padres de los que ahora hociquean sus colmillos por el hemiciclo—, o en Mayte Commodore con Fraga Iribarne: «Yo soy fiel sentimentalmente a Franco, pero no al franquismo… Quien no esté conmigo es un bellaco», le confiesa don Manuel al periodista.

La sinceridad que descubre el placer de la buena mesa. Esas confesiones que el paso de los años actualiza: «La Unión Soviética sería una Roma comunista del Este, que ha ocupado media Europa» le cuenta Carlos Ferrer Salat a Montalbán, ¡1984!, mientras saborean un pudding de cabrarroca con variados betunes rojizos sobre tostadas macilentas y una inenarrable brioche al tuétano de vaca, foie-gras, bechamel, trufa picada y crema fresca en Jockey. La economía liberal unida a la exaltación culinaria, coloquio metafísico entre el capataz y el periodista gourmet, pura entelequia: «La historia nos enseña que la conducta exterior de los países se mueve por razones de Estado, por razones geopolíticas, no para hacer beneficencia revolucionaria».

Secretos que se revelan al olor de un lenguado a la meunière en Casa Lhardy. Vázquez Montalbán anticipa la escritura de Galíndez, aquel vasco siempre fiel al lendakari Aguirre. No como Juan Mari Bandrés, que embriagado de candor pronuncia referencias angustiosas en esos tiempos del plomo, del terror: «ETA mantiene una lucha desesperada contra la democracia española en nombre de unos principios confusos». O arreándole fuerte al PNV: «…soy marxista, aristotélico, cristiano…pero sabiniano no, eso nunca. Es más, el PNV ha sido siempre militante en el frente antimarxista de la sociedad vasca, por su componente de integrismo carlista».

Rodolfo Martín Villa y el SEU, de nuevo en Lhardy, cocido de tres vuelcos. «Los jóvenes de la oposición que se subieron al carro de la transición política no han tenido que ver… A Franco le destituyó la biología…el franquismo sí necesitó de ex franquistas para pasar a mejor vida». Y se le suelta la lengua al súper ministro pactando la elección del postre, soufflé barroco, consensuado en helado de vainilla que llegará cuando acabe esta montaña de cocido estilizado: «Yo era más partidario de los palos que de los tiros… no conocía al comisario Conesa, le nombré comisario especial para el asunto Oriol-Villaescusa y lo resolvió… Billy el Niño… el proceso de la transición: el empresario había sido el Rey; el autor Torcuato Fernández Miranda, y el actor Adolfo Suárez… Ninguna decisión del PSOE tiene por qué intranquilizar. Son de un conservadurismo que hoy día no podría permitirse un gobierno de derechas. Me han decepcionado».

Concesiones al cuarto poder. Terapia nocturna repartida entre Jesús Quintero, el loco loquísimo y José María García: «Miles y miles de oyentes quedaron prendidos en el ligue de este loco que les leía poemas y creaba un lugar imaginario, confesionario, sofá de psiquiatra». O a Antonio Asensio y el invento de Interviú, llenando de tetas, de corrupción, de escándalos políticos la prensa: «El poder tiende al cinismo, a la palmada en la espalda y a la zancadilla. La clave es mantenerlo a distancia». O a Xavier Vinader, el reportero estrella de Interviú: «El fascismo es un ejército ideológico que está aparentemente dormido, pero no muerto».

«Tengo prohibido por el médico que me hablen de ese señor. Me produce urticaria», advierte Pablo Porta al sabor de una triste Pepsi Cola. “Más de un García necesitaríamos para sanear el país”, le decían los taxistas a Montalbán. José María García y su enemigo íntimo, Pablo Porta —proveniente también del SEU—, tan necesarios, tan amantes, tan deseados, tan fieles el uno contra el otro: «El fútbol es fascinante, es un veneno, se basa en la posibilidad de fracaso antes que de éxito. Fracaso económico, deportivo. Una lotería constante, la desesperación o el reuma».

«Ese hombre que ha estado en la cárcel vuelve a la cárcel cada vez que muerde un pedazo de pan», le confiesa en su ático de la Castellana, menestra de verdura y besugo al horno por medio, Mariano Rubio, todo un gobernador del Banco de España, que tuvo sus tropiezos juveniles antifranquistas. Es el momento de la expropiación de Rumasa. «Las grandes instituciones económicas tienden por su propia naturaleza a ser muy prudentes y cautelosas en sus actuaciones políticas», despacha el economista, lejos de anticipar aquel rescate multimillonario pagado con el dinero público.

«Si disparan alguna vez contra mí, que no duerman tranquilos a partir de ese día. Y sobre el GAL, ni lo sé ni me interesa saberlo. Y los obispos que se callen. Que no líen la cosa más de lo que la han liado», explota Luis Olarra frente a un bacalao, esa espléndida bestia que una vez desalada se convierte en un tercer pez que es una transustanciación, en un milagro explicado por la participación del Espíritu Santo en el alma de las aguas.

Y el punto femenino lo pone Carmen Romero, profesora de literatura en el nocturno del BUP, en el instituto público Calderón de la Barca. «Mira, mantengo una manera de ver muy, cómo te diría, muy andaluza, desdramatizando… eso que llamamos el cachondeo y que no es tomárselo todo a broma, no, con una sorna que te alcanza a ti mismo, autocrítica, relativizadora… una manera de ser muy sevillana que te ayuda cuando has de dar saltos mentales».

Sólo se negó al juego del confesionario Julio Anguita, por más que los supuestos secretos del Califa pretendían desvelarse en el restaurante cordobés “El caballo rojo”. Cosa de los comunistas.

 Expresidiario criptocomunista, así se definía MVM, analista preciso de una época que transformó una sociedad y un país entero. La muerte prematura de Manuel Vázquez Montalbán nos dejó sin uno de los más brillantes cronistas de la realidad social y de la política de este país en los últimos cincuenta años. Una generación entera se educó sentimentalmente leyendo el examen perspicaz de su columna de los lunes, en la última página del periódico de referencia en España. Aquel espacio quedó huérfano, nadie pudo llenar su hueco en las dos décadas posteriores a su fallecimiento, ocurrido en octubre de 2003. Era conocido su amor por la zamarra blau-grana, a pesar del papel segundón, más bien advenedizo que su Barça ha tenido siempre en el ideario patriótico nacional del fútbol. Algún defectillo debía de tener.  


La conjunción entre Telémaco y Palas Atenea permitió encontrar estos almuerzos en Libros Ancana, una Ítaca de tesoros reposados por el tiempo. Prueben suerte.

*Querida prima Mariluz: Pemán me parece horrible, lleno de tópicos. Cada vez me afirmo más en que Pemán no es un valor sino un antivalor… no perdono al que por seguir un camino más fácil y de éxito, más populachero, deja un fruto colgando en el árbol de la fecundidad que Dios le da. Aguirre el magnífico. Manuel Vicent. Página 100. 2011.


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El Garci: ¡un crack!

21 viernes Ene 2022

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Ángel Aguado. Texto y fotografías

Secuencia única. Interior, noche.

Sube desenfadado José Luis Garci al escenario, 20 de enero de 2022, y la multitud que llena el auditorio de la Fundación Juan March le recibe entonando el “Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, te deseamos todos…” como si se tratara del bueno, del protagonista, del chico que todas las señoras bien del barrio madrileño de Salamanca quisieran de novio para sí mismas. Le acompaña el, a su pesar, exfiscal general del Estado, Eduardo Torres Dulce, que parece su asistente de dirección amurallado en su terno de senador vitalicio, que le indica al Garci dónde debe iniciarse el plano y el recorrido de la grúa hasta los protagonistas. Y se oye el ruido del motor y los eléctricos suben las luces, la asistencia se calla y la cámara enfoca al héroe. Silencio, vamos a rodar: ¡Acción!

«Somos la generación del cine y de la radio… ¡Aquella boda de Fabiola que veíamos en el NODO! El cine era un refugio, se estaba calentito, dónde, si no, iban a ir las parejas. —Y con un punto de ruptura en el relato, recuerda José Luis Garci su educación sentimental al calor del celuloide, en los años 60 del siglo pasado— El cine nos enseñó a besar en primer plano. Mi primer beso, en El Retiro, con mi primera novia, África. Lo veíamos venir, lo adivinábamos, lo deseábamos, pero algo fallaba… ¡no se oía la música de la banda sonora!».

Garci es un torrente de palabras, combina tramas secundarias con flash back, figurantes con acciones paralelas engatusando a la audiencia. Algún espontáneo intenta robarle un plano, pero no se deja. Torres Dulce ni se atreve a intervenir, calladito, calladito. Garci ocupa toda la pantalla, en Technicolor, en Cinemascope: «El paraíso del hombre es su infancia. El cine fue una aventura planetaria, era una radio que veías. Yo asistía todos los días a los cines de la Gran Vía, tras salir del trabajo en el Banco Ibérico, donde ganaba 1316,10 pts. al mes. Le daba 1000 pesetas a mi madre y con el resto iba al cine. Descubrí que el cine americano era la novela, mientras que el europeo era el ensayo. Fue ahí donde conocí a Alfonso Sánchez, el crítico de cine al que tanto debo y con el que tantas conversaciones compartí».

Y habla de su amor por la pintura, recuerda a su padre, pintor artista aficionado que le llevaba al Museo del Prado una vez a la semana. Que era una forma de ver cine, de estudiarlo, de escribirlo: «Ahí lo tienes todo, en “Las Lanzas”, de Velázquez, ¡el mejor plano general del cine! Y con su plano inserto, la entrega de las llaves. Y la fantasía desbordante de “El jardín de las delicias”. Puedes estar horas y horas imaginando cientos de aventuras, cientos de tramas, sólo observando el cuadro de El Bosco… O ese tratamiento de la luz de Las Meninas, una luz convaleciente. O la luz de “Las hilanderas”, que quise trasmitir en mi película “Canción de cuna”. O la épica de los cuadros de Goya o de Gisbert, los fusilamientos del 3 de mayo, de Torrijos en la playa de Málaga».  

Hace una pausa Garci, tal vez recordando las películas en blanco y negro de su juventud, “El apartamento”, o “Sunset Boulevard”, o “Avanti”, de su admirado Billy Wilder para insistir en que «el guion es la clave. Los diálogos son importantísimos, quizás lo más difícil de escribir. Si están bien escritos, si el guion está bien amarrado, funciona la película. En el cine todo es mentira, todo es falso, pero tiene que ser sincero».  

Y recuerda a sus compañeros de profesión, a Antonio Mercero y “La cabina”, y a González Sinde con el que realizó su primera película, un éxito inesperado: “Asignatura pendiente”, que lo convirtió en director de cine, algo que jamás él pensó, que sólo quería escribir historias. Y habla de los grandes actores de teatro, de su querido Alfredo Landa, de José Bódalo, de José Luis Sacristán con los que se veía una vez al mes y compartían, junto al reportero Manolo Alcántara, Dry Martinis para hablar de cine, la excusa perfeta para «salir a cuatro patas».

»Escribir es un don, dirigir es un oficio. Y el cine es un arte colectivo donde el trabajo de todos es necesario para que la historia triunfe. De no haber sido por la excelente labor de Gil Parrondo, que ya había ganado dos óscars, del amor profesional que se tenían Antonio Ferrándiz y Encarna Paso, de que la película la comprara la Fox, y del trabajo de producción, no hubiéramos obtenido el óscar por “Volver a empezar”. Si quieres a los actores, eres un buen director, son fundamentales.

Y habla el Garci de lo que le gusta el fútbol. «El fútbol te rejuvenece». Y lo dice convencido, a pesar de aquel fracaso económico que le supuso su primer documental sobre el furbo, rodado en el Estadio Vicente Calderón, con González Sinde de productor, el primer día que Luis Aragonés se estrenaba como entrenador. Que no les devolvió ni una peseta de subvención oficial. ¡Este Atleti!

Y de lo que le gusta el boxeo. Manuel Lorenzo relatando el combate apócrifo que contempló en el Madison Square Garden, Rocky Marciano noqueando a Jersey Joe Walcott en el undécimo asalto, ¡cómo si allí no hubiera pasaoo naa!, Germán Areta escuchando impertérrito en el sillón de la barbería del antiguo Frontón Madrid. El Crack. 1981.  

Y ya, contada la película, no queda más que cerrarla bien. Y el Garci, un cuentista al fin y al cabo, destaca su admiración por Cary Grant; por su película preferida, su niña mimada, “Tíovivo”; y por las de Berlanga, por “El verdugo”, por “Plácido”; por la primera parte de “Centauros del desierto”, de John Ford, «parece rodada en Marte»; por “Roma citta aperta”, de Fellini, con Anna Magnani; de su amor por el cine de Hollywood: «cambié Manhattan por Los Ángeles». «El cine es el reflejo de la sociedad, el arte de contar historias. Un buen guion y los actores. Eso es el cine». Funde en negro. Toda la sala se levanta y aplaude a Garci. Incluso Torres Dulce dibuja una sonrisa comedida. FIN

Eduardo Torres Dulce y José Luis Garci tras el coloquio que mantuvieron en la Fundación Juan March.

Enlaces relacionados:

El Crack 0

Audio de la conversación entre Garci y Torres Dulce

Vídeo de la conversación entre Garci y Torres Dulce

Programa de conferencias de la Fundación Juan March 2021/2022

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