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Escaparate ignorado

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Escaparate ignorado

Publicaciones de la categoría: Uncategorized

PATAGONIA, premio de novela «Ciudad de Salamanca» 2018

07 jueves Feb 2019

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Ángel Aguado López

     Un jurado presidido por Luis Alberto de Cuenca y Prado e integrado por José Antonio Cordón García, Fernando Marías Amondo, Emilio Pascual Martín, Rosario Martín Ruano y Eduardo Riestra Martínez-Losada, actuando como secretario Ignacio Gallego Macías otorgó a PATAGONIA el pasado septiembre el Premio «Ciudad de Salamanca» de Novela, 2018.

     La novela tiene como protagonista a Ángel Cabrera Latorre, insigne zoólogo y paleontólogo, que desarrolló su carrera entre España y la Argentina durante la primera mitad del siglo XX. Gracias a la Junta de Ampliación de Estudios recibió una beca para ampliar sus estudios. Fue colector en el Museo Nacional de Ciencias, donde desarrolló una labor extraordinaria. Formó parte, entre otra infinidad de proyectos, del grupo que montó el Dinosaurio Carnegie, en 1913. Santiago Ramón y Cajal, a petición del matemático Rey Pastor, le recomendó para un puesto vacante de profesor en el Museo de Ciencias de La Plata, Argentina, donde se trasladó con su familia en 1925.

     PATAGONIA se presentará el próximo jueves, 14 de febrero de 2019, a las 19:30H, en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, en Madrid, C/ José Gutiérrez Abascal, 2, y al acto están invitados todos aquellos que aman los libros y la ciencia.

 

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Este es un extracto de la novela ganadora:

     —¿Que por qué me enamoré de ti? Porque me resultabas divertido. Eras un aventurero. Lo bien que hablabas de cualquier cosa, que parecías un sabio loco. Sí, un poco chiflado, tan delgado, con aquellos trajes tan encorsetados y tan académicos, los cuellos de acetato tan rígidos, que te daban un aspecto de juez togado, con aquel bigote de caracolillos más propio de un poeta que de un señor tan listo, pero me gustaste desde el primer momento. La seriedad de tus gestos, los buenos modales, lo educado que eras. Sí, aunque tampoco era cosa de salir corriendo detrás de ti voceando que me gustabas, no, que eso te habría hecho perder el interés en mí. Así que tuve que fingir haciéndome la dura, como si no fueras más que un pretendiente, como si no me importases, un señor al que apenas conocía y al que no podía abrirme sin más.

     —A eso jugábamos todos. Yo presumía de ser un eminente letrado, un doctor en filosofía y de lo único que sabía era de etología, de la Comisión Científica del Pacífico. Gracias a eso me hicieron naturalista agregado en el Museo, recuerda lo que ganaba yo entonces, cuando te conocí en El Retiro.

      —A mis amigas no le parecías un buen partido. Ellas buscaban alguien de posición distinguida, algún heredero con fortuna, de buena familia. Y me decían que una señorita como yo con tanta alcurnia, hija de un héroe de la patria no podía conformarse con un sabio, que sí, que sabrías mucho de todo, pero que los genios en España no ganan dinero. Que si me casaba con un sabio no podría disfrutar de la vida que una señorita de mi posición se merecía, que tenía muchos pretendientes, que aspirase a algo mejor.

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—Y te buscaste a Saturnino.

     —¡Ay, el pobre Satournin! Bueno, de pobre nada. Que era el hijo de un consejero del Crédit Lyonnais, un amigo de papá de Filipinas, que papá le había facilitado algunas gestiones allí en Manila. Entonces, en 1898, el Crédit Lyonnais era el mayor banco del mundo y quería introducirse en Filipinas, aunque no podía ser porque España no permitía que entrara capital extranjero en sus colonias. Y bueno, papá les hizo algunos favores; a Henri Germain, uno de los dueños, le presentó al gobernador militar, al delegado del gobierno, personas así. Y después, Germain siempre fue muy atento con papá, siempre le correspondía con atenciones. No vayas a creer, él tenía su sueldo de militar, pero siempre vivimos muy bien, con chachas y criados y veraneos en San Sebastián. Y Satournin era hijo de Germain, pero todo lo que de listo tenía el padre lo tenía el hijo de tonto, de engreído, de fatuo. Pero yo me hacía la ingenua. Y cuando adiviné tu interés, más todavía. Era un pretencioso, el Satournin, me invitaba a la ópera, socio del Casino de Madrid, se hospedaba en el Gran Hôtel de Paris, en la Puerta del Sol, a veces me llevaba a Lhardy y yo me dejaba querer. ¿Qué quieres, ser feliz o un buen partido? Eran otros tiempos, las mujeres teníamos que hacernos de valer. Teníamos que ser fuertes y tener todos los cabos atados antes de elegir.

—Y tú elegiste ser feliz.

—Sí. Y lo fui.

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Ángel Cabrera y María Natividad Aguado, sobre 1906, en Madrid.

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Madrid, tumba o incubadora

05 martes Feb 2019

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

≈ 2 comentarios

Rafael Alonso Solís

     En la Puerta del Sol, hace solo unas semanas, un par de mujeres jóvenes, casi unas niñas, se desgañitaron durante horas proclamando a Madrid como el lugar donde se enterrarían el fascismo y el machismo –en un ingenioso, y tal vez no buscado, hallazgo que emparentaba a ambos entre la pancarta y el grito–. Fascismo y machismo como pasiones turbias que se nutren de forma recíproca, visiones cocinadas en los rincones más oscuros de la caverna y conceptos intercambiables en los que se pasa del uno al otro sin esfuerzo, porque nacen de la misma puesta de huevos incubados por las mismas serpientes. Fue en la Puerta del Sol donde el 15 de mayo de 2011 se fraguara un movimiento por el que miles de personas se instalaron en la plaza pública, alzando la voz con la ingenuidad de quien atisba una oportunidad inesperada, para sorpresa de la clase política y despiste de los medios de comunicación. Hacía un par de siglos que la misma Puerta del Sol había sido calificada por Ramón Gómez de la Serna como “la vitrina del pasado pintoresco… un ser que va tirando con cierto optimismo inconsciente”, percatándose de esa sucesión de coincidencias que a lo largo de la historia ha permitido la celebración de efemérides monárquicas, la manifestación de auroras boreales, la presentación en público de alzamientos militares y el asesinato, mediante disparos certeros, de algunos líderes políticos. Ahora vuelve a ser el lugar en el que desembocan los ríos subterráneos de la ciudad; donde los turistas se hacen fotografías con cabras cubiertas de lentejuelas y los artistas en paro se convierten durante unas horas en estatuas de imposible equilibrio por unas pocas monedas, para volver a su estado real al final de la tarde; donde los pensionistas llaman la atención ante su propio maltrato, en el crepúsculo de su ciclo vital. Ahora se anuncia otra vez lo que tanto puede ser una nueva oportunidad para reinventarse como la confirmación de que la Historia –no solo la de España, sino todas– termina siempre de mala manera. ¿Tumba del fascismo? Por desgracia, los gritos teatrales, incluso los lanzados con el arrojo de las dos niñas recordadas al principio de esta columna, únicamente sirven para templar por un rato la conciencia y volver a casa a buscar el refugio cariñoso de la frasca. A estas alturas resulta muy difícil saber qué discurso no es populista, en el sentido la banalidad de los mensajes, de su componente mesiánico y de su histrionismo. Por eso el anuncio de la pretensión de asaltar los cielos o de echar a volar suele quedarse en nada cuando detrás no hay otra cosa que el gusto por la interpretación y la tentación por manipular los sentimientos en busca del voto. ¿Tumba del fascismo? Si no cambian el guion o los guionistas, los tambores de guerra que suenan en Caracas o en Madrid pueden ser el prolegómeno de una batalla que ya se ha perdido en Argentina, en Brasil y en Washington.

Todas las fotografías de Terry Mangino

Manifestante en junio de 2014, cuando la abdicación de Juan Carlos I.
Manifestante en junio de 2014, cuando la abdicación de Juan Carlos I.
Juan Carlos Monedero dirige una clase en la Puerta del Sol, noviembre de 2012.
Juan Carlos Monedero dirige una clase en la Puerta del Sol, noviembre de 2012.
La cofradía del Santo Coño de Calcuta pasea su imagen por la C/Alcalá, camino de Sol, 14 de abril de 2015. Una asociación cristiana la denunció por herir sus sentimientos, nunca habían visto un coño, es comprensible, lo pasaron mal. No se sabe en qué quedó la causa. Los de la asociación siguen sin saber qué es un coño.
La cofradía del Santo Coño de Calcuta pasea su imagen por la C/Alcalá, camino de Sol, 14 de abril de 2015. Una asociación cristiana la denunció por herir sus sentimientos, nunca habían visto un coño, es comprensible, lo pasaron mal. No se sabe en qué quedó la causa. Los de la asociación siguen sin saber qué es un coño.
Un santurrón dale que te pego a su evangelio. El harén, al fondo.
Un santurrón dale que te pego a su evangelio. El harén, al fondo.
Veraneando en la Puertalsol, mayo de 2011
Veraneando en la Puertalsol, mayo de 2011
Señora con perrito, 2014
Señora con perrito, 2014
En la abdicación de Juan Carlos I, junio de 2014, algunos de los viandantes en la Puerta del Sol no eran policías.
En la abdicación de Juan Carlos I, junio de 2014, algunos de los viandantes en la Puerta del Sol no eran policías.
14 abril de 2013
14 abril de 2013
14 de abril de 2013
14 de abril de 2013
Campanadas del 31 de diciembre de 2015
Campanadas del 31 de diciembre de 2015
14 de abril de 2015
14 de abril de 2015
Julio de 2018
Julio de 2018
14 de abril de 2013
14 de abril de 2013
14 de abril de 2014
14 de abril de 2014
Navidad 2016
Navidad 2016
Navidad 2018
Navidad 2018
Turista, junio de 2014.
Turista, junio de 2014.

 

 

 

 

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Encuentros viriles

29 martes Ene 2019

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Rafael Alonso Solís

     A finales de año titulé una columna como “A mí la Legión”. Es el grito de guerra de un cuerpo militar al que gusta proclamar su idilio con la muerte, desde que fuera creado por Millán Astray, siendo comandante de Infantería, en 1920. Fundada para enfrentarse al moro en la guerra colonial de Marruecos, fue un instrumento perfecto para la represión contra los obreros asturianos en 1934, cuando se levantaron contra el gobierno presidido por Alejandro Lerroux. Con Franco como su jefe natural, la Legión se unió a los sublevados en el golpe de Estado de 1936, y actuó como punta de lanza de la resistencia frente a la política descolonizadora en el norte de África a finales de los cincuenta. Cuentan los médicos que le atendieron, que el dictador, durante su estancia en el hospital por una flebitis crepuscular, gustaba de pasear por la habitación marcando el paso, mientras sonaban marchas militares y, previsiblemente, el varonil himno de la Legión, lo cual ejercía un notable estímulo sobre la movilidad del enfermo. “Si fuese cierto –decía yo– que hay dos Españas, con una siempre dispuesta a evangelizar a la otra, la Legión sería el cuerpo místico de la que se considera a sí misma grande, libre y elegida”. Para que no haya dudas acerca del ideario que inspira su alma castrense, hace dos días se publicaba una fotografía en un diario digital, de ésas que le permiten a Millás echar una mirada esclarecedora y contárnoslo. Pablo Casado y un legionario se estrechan la mano con fuerza mientras se miran a los ojos con pasión. La sonrisa del presidente del PP no es como las que prodiga todos los días en cualquier circunstancia, sino más auténtica, al tiempo que de su pecho cuelga una medalla con los colores de la bandera española, que tal vez le han entregado los novios de la muerte en forma de condecoración iniciática. Casado, algo más alto, dirige su mirada hacia abajo con respeto y gesto de posesión. El legionario, con la cerviz ligeramente inclinada, levanta sus ojos hasta encontrarse con los de quien podría ser su jefe político y sonríe igualmente, mostrando sus dientes superiores en una actitud algo vampírica, pero que no está exenta de un aire indudablemente seductor; como si estuviese pensando, “qué apuesto eres, ladrón”. Es la fotografía del encuentro entre dos machos que se entienden, se gustan y se admiran, y que parecen decirse: “aquí me tienes, tronco, cuando quieras y para lo que haga falta”. Un poco por detrás de la pareja, ya en segundo plano, se ve a otro varón que contempla la escena con emoción contenida y parece esperar turno. Algo a la derecha, otro participante en el acto habla con alguien que no sale en la fotografía, mientras apoya con decisión su mano diestra sobre la zona en que se supone descansan el corazón y los sentimientos. Al fondo, varios grupos charlan de sus cosas y, seguramente, comentan el éxito del evento. Mujeres… no se ve ninguna.

 

 

 

 

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Derecha, 2019

21 lunes Ene 2019

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Rafael Alonso Solís

     En el último número de Tinta Libre, Esteban Hernández señala a Vox como un partido “más religioso, más neoliberal y más nacionalista que el PP”. Si fuese así, el PP debería estar asustado y no darle más cancha que la que ya ocupa. Pero no es cierto. Como los jóvenes cachorros de lo que ellos llaman el centro derecha reconocen sin complejos, ese fervor ha estado siempre instalado en el alma del conservadurismo español, dispuesto a dar instrucciones a la cabeza sobre la dirección de la embestida. Al fin y al cabo, se trata de una ubicación geopolítica vislumbrada por Manuel Fraga durante su estancia en Londres, dejando a la bestia en suerte para que Aznar la incorporase a su componente teórico. Son a veces los mismos analistas de izquierda quienes colaboran en darle alas de mariposa siniestra a la rama desgajada del sector más chulo de la familia. Pero no es otro que el PP, encabezado por el joven sonriente formado en Aravaca, el que está empeñado en resucitar al sector tenebroso y matón de este país, que ya diera un golpe de Estado, ganara una guerra y reprimiera de forma implacable durante la posguerra. Es el mismo PP que acaba de poner en marcha la campaña de reivindicación de las tres damas negras de la ddsc0205_web2-e1548064625154.jpgerecha, como una amenaza de la vuelta al pasado que no cesa y un anuncio ominoso de la noche oscura que no desaparece de nuestras pesadillas. Es el mismo PP, que hace tres días se echaba a la calle contra el aborto, el que se juramentará otra vez junto al sector mas obsceno de la iglesia católica, tal vez para perdonar, en un ejercicio de comprensión cristiana, a los depredadores infantiles. Ese PP, y no otro, es el que mimetiza las consignas de su camada negra y no tiene reparo  alguno en encadenar mentira tras mentira con el propósito de ocupar lo que, sin duda alguna, considera que es suyo, y seguramente por la gracia de Dios. Es el verdadero programa del PP, disimulado hasta hace poco por necesidades electorales mediante la estética del tertuliano amable, el que aflora sin complejos y encuentra el vehículo más eficaz para negar la estructura machista de la sociedad y asumir la existencia del feminismo radical, casi sin mancharse, dejando que las cruces y los correajes que guardaban en el armario se eche a la calle, primero, y luego al monte, si hiciese falta, que siempre han andado amenazando con eso. No hay diferencia alguna entre el PP más ultramontano –porque uno espera que aún quede algún liberal respetable en la orilla derecha– y los legionarios civiles que han soltado para dar miedo, los jueces que han ido colocando en los lugares adecuados de las decisiones, y ese conjunto de intelectuales que presumen de follar sin descanso a pesar de su avanzada edad, y garantizan, con su presencia en la RAE y otras cofradías del mismo corte, la soledad de las mujeres para discutir sobre el lenguaje.

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Noches de Yugoslavia

14 lunes Ene 2019

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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El siguiente cuentecito obtuvo el III PREMIO DE RELATO BREVE JULIO CORTÁZAR, 2000, Convocatoria Nacional de la Universidad de La Laguna, Tenerife. Ilustraciones de Raquel Díaz Piñeiro; Fotografías de Terry Mangino y Ana Mª Pulido.

Rafael Alonso Solís

     Nos conocimos en una cena oficial, entre dos canapés de angulas de Aguinaga y una copa de vodka uniendo nuestros labios en un ritual de ambigüedad consentida. El funcionario Charasqueta, a la sazón tu amante y mentor, me había encargado una biografía a la medida, un texto para la eternidad de las enciclopedias o una garantía para su ascensión a los altares en clave identitaria, de prosa escasa, rigor ausente y exceso de adjetivos preciosistas. Yo era entonces un espía del CESID haciendo su meritoriaje en las cloacas del norte, diseñándome un futuro en lenguas diversas y preparando el equipaje para el retorno definitivo al hogar. Tú parecías convencida de que el mundo se encierra en un lienzo sin pintar en el que los caminos se trazan a golpes de voluntad, los ángulos se hallan cuidadosamente descritos en los manuales del partido y el color de las flores queda sujeto a la variabilidad de las corrientes ideológicas. dibujo1_rafa_cuento 001      Se nos iba la tarde sin remedio. La brisa cruda del otoño se constituyó en cómplice involuntario al empujarnos a un rincón de la estancia y nos introdujo en un argumento de amores y traiciones, de misterios insatisfechos y rumores de fatalidad. Nunca supe si tus besos eran tramontanos o tus pechos cántabros, si tu sexo rezumaba furor de aberzalismo ateo o toda tu piel procedía de un mapa que se desintegraba en las fronteras de cada pueblo, si el aroma de miel salubre que se me estremecía en la boca era el resultado de un mestizaje milenario o la conclusión apasionada de una síntesis de credos y tendencias. Lo cierto es que si robé tu alma y dejé la mía desgarrada en las espinas de Sarajevo no fue por todo eso, sino por la chispa de fulgor animal que estalló en tus ojos al reconocer el sabor de la tierra mojada y el placer del conocimiento.

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     Debo reconocer que con los años he aprendido a diferenciar relativamente la paja de la mies, pero sigo confundiendo el temblor avisa que aún siento ante el frío o el pavor, la angustia que todavía me causan la duda o el misterio, el sabor a metal que me llena la boca ante el miedo o la timopatía ansiosa. Ya no hay siquiera bosques en mis recuerdos, y en su lugar, por obra y gracia de los ajustes monetarios, el lento desarrollo del encéfalo y la incapacidad de la especie para articular la convivencia, han surgido aldeas nuevas que cambia de bandera a cada embate de las hordas sagradas, ciudades-desastre en las que la relación entre perseguido y perseguido puede invertirse en el curso de una jornada militar, miles de muertos en los que la sangre de cada etnia y las mentiras de cada religión copulan en silencio mientras la cartografía diplomática aprueba la libre distribución de mapas de bolsillo, reliquias fronterizas, alas de mariposa y espermatozoides congelados para la conservación de las esencias.

     Nos conocimos en una cena oficial, hace un tiempo infinito, en un país inexistente y a una hora en la que el futuro parecía abierto a la manipulación genética. No puedo imaginar ahora cuál de tus diversos fragmentos raciales yace dormido en Rentería, ni cuál esta embalsamado en el museo diocesano de la Europa imperial, letal y jacobina. Ni siquiera servimos como prueba irrefutable de que nuestra especie es capaz de percibir, momento a momento, la elaboración de la historia.

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    Nos conocimos en una cena oficial, tan solo unas horas antes de que apuntases entre mis ojos y apretases el gatillo con la convicción que proporcionan los estudios de teología. Los dos supimos cumplir la orden de nuestros superiores con el rigor del militante y la disciplina del soldado, dejando las frases de amor para las esquelas mortuorias y el temblor genital para una reencarnación imprevista. Tal vez cuando hayan muerto todos los recuerdos de la noche yugoslava, cuando tu país y el mío sean únicamente burlas de leyenda, cuando la sangre de ambos se haya descolorido los suficiente y el curso inevitable de la vida nos haya metido en el mismo saco que los mártires de estado o los asesinos de salón, aún podamos obtener un instante de consuelo sabiendo que nos queda París.

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Galería

San Silvestre 2018

02 miércoles Ene 2019

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Esta galería contiene 4 fotos

Gabriel de Araceli. Fotos de Terry Mangino     Ya falta menos para la San Silvestre 2019   32.894 atletas populares …

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Los amores asimétricos de Galdós

19 miércoles Dic 2018

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Texto de Gabriel de Araceli. Fotos de Terry Mangino

En el 175 aniversario del nacimiento del escritor

       A lo largo de la historia es frecuente constatar la atracción que han ejercido numerosos escritores, artistas u hombres de estado sobre mujeres mucho más jóvenes que ellos: las relaciones entre Rubén Darío y Francisca Sánchez,  Machado y Leonor, Borges y María Kodama, Rafael Alberti y María Asunción Mateo, Cela y Marina Castaño, Manuel Azaña y Dolores Rivas Cherif, Luciano Pavarotti y Nicoleta Mantovani, François Miterrand y Anne Pingeot o Vargas Llosa e Isabel Preysler así lo confirman. En menor medida se da el caso contrario: Carmen de Burgos y Ramón Gómez de la Serna, o Dolores Ibárruri y Francisco Antón. La vida amorosa de Galdós es buen ejemplo de ello. Siempre estuvo acompañado de mujeres más jóvenes que, literalmente, perdían la cabeza por él.

    El pentágono amoroso de Galdós

Primavera

     Benito María de los Dolores Pérez Galdós fue el benjamín de diez hermanos, seis de ellos mujeres. Galdós vivió toda su vida rodeado de mujeres: madre, hermanas, primas, cuñadas, sobrinas, amantes, meretrices, el servicio femenino, etc., que le cuidaron con mimo y delicadeza en las numerosas casas en las que vivió en Madrid y Santander. Era un hombre guapo, afable, grande, tímido. El acento canario y sus modales tiernos le hacían especialmente atractivo para ellas. Sin embargo, permaneció siempre soltero.

     Se sabe que sus primeros devaneos amorosos, primaverales, a la edad de dieciséis años, los tuvo con su prima Sisita, María Josefa Washington de Galdós, hija de su tío materno José María Galdós y de la norteamericana-cubana Adriana Tate, que vivieron en unión libre en Cuba y regresaron a Las Palmas en 1850. Ambos, Sisita y Benito, eran de la misma edad, nacieron en 1843. Pero la madre de Benito, la grave y vehemente doña Dolores Galdós, no vio con buenos ojos aquella relación y envió a su chiquitín a estudiar a Madrid, donde llega desorientado en septiembre de 1862. Quizás por eso el estudio no fue la gran vocación de Galdós: “Los cursos de Derecho los he hecho en la Plaza de la Cebada”, diría en sus “Memorias de un desmemoriado”, dictadas en 1916, ya ciego y sin demasiado interés en recordar.

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La plaza de la Cebada tal y como está actualmente, cerrada al público la zona deportiva y de esparcimiento desde diciembre de 2017.

     Galdós siempre fue un hombre muy reservado y celoso de su intimidad, que apenas si dejó detalles de su vida privada y de sus relaciones con las mujeres. Para conocer su deambular existencial es necesario recurrir a su extensísima obra literaria, en la que ofrece, a través de sus personajes y novelas, esbozos personales supuestamente basados en sus experiencias amorosas.

     Así pasa en “Doña Perfecta”, novela de tesis en la que se produce el fracaso anunciado de los jóvenes enamorados, Pepe Rey y su prima Rosario, por la intervención inquisitorial de Doña Perfecta, tía del protagonista. La novela es un reflejo de su primer amor frustrado en Las Palmas, a la vez que una denuncia de la intransigencia religiosa y las costumbres retrógradas que se enfrentaban a las nuevas ideas de progreso y al derecho de las personas a elegir sus propios destinos. También está presente en ella el recuerdo de la “Mamá Dolores”, la madre intransigente que tan a raya mantenía al joven Galdós.

    «¡No he conocido hombre más faldero! Aquí un lío, allí otro. Si no trajo al mundo diez o doce hijos naturales, no trajo ninguno». Son declaraciones de su secretario, Victoriano Moreno, al periodista F. Lucientes, que parecen exageradas y de difícil comprobación. Pero sí es cierto que entre 1888 y 1891 Galdós mantuvo relaciones a la vez con tres mujeres a las que ya conocía con anterioridad: Emilia Pardo Bazán, Lorenza Cobián y Concepción Morell.

Verano

Monumento a Emilia Pardo Bazán en la C/ Princesa, en Madrid.

    Emilia Pardo Bazán era una mujer volcánica, capaz de contradecir en París, en 1889, al mismísimo Víctor Hugo durante unas conferencias que este pronunció en junio de ese año. Muestra de ese carácter pasional que derrochaba la Bazán fue un breve idilio, simultáneo con el de Galdós, que mantuvo con José Lázaro Galdiano en la primavera de 1888, al que conoce en Barcelona. Lo cual no fue óbice para que don Benito y doña Emilia emprendieran, en octubre de 1889, un viaje secreto que comenzó en París, lugar que visitaba con frecuencia la Bazán. Y que continuó por varias ciudades europeas: Berlín, Munich, Nuremberg, Frankfurt, Zurich. El comienzo del viaje fue la visita a la exposición de 1889, fecha de construcción de la Tour Eiffel. Hay que señalar que también Unamuno, 21 años más joven que don Benito, estuvo en París por esas fechas, del 20 al 30 de julio, mientras que la estancia de Galdós fue de finales de septiembre al 25 de octubre. No coincidieron. Es muy probable que Unamuno conociera ya a Galdós en Madrid, ateneístas ambos, pero que no tuvieran trato. «En uno de los altares de mi corazón se levanta don Benito» escribió en 1907 el escritor bilbaíno. Y tras su fallecimiento le rindió un sentido homenaje.

     En esa época, que corresponde con el esplendor vital veraniego de ambos, la Bazán y don Benito tenían su nido de amor en “Palma Street”, la calle de la Palma, cerca de “Maravillas Church”, la iglesia de Maravillas, justo en la plaza del 2 de mayo, barrio ahora llamado también Malasaña. Se conocían desde 1885. Ella era nueve años más joven que Galdós. “Mi grandullón”, le llamaba, al que escribe epístolas apasionadas reclamándole su atención, ya dispersa en Lorenza Cobián. «Somos insustituibles el uno para el otro. Sí, mi gloria, sí, lo somos». O, «No pierdas enteramente el cariño a la que te lo profesa santo y eterno». Y aún porfiará, en 1890, por recuperar la intimidad perdida: «ya sea en el asilo [? Debe referirse doña Emilia a cuando sean viejos], ya sea en Palma Strasses (sic)». Doña Emilia fue de las primeras en rendirle homenaje a Galdós, asistiendo a su velatorio tras su fallecimiento, ocurrido treinta años después, el 4 de enero de 1920.

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     Pero Galdós había conocido con anterioridad en el estudio del pintor Emilio Sala a Lorenza Cobián, ocho años más joven, una mujer de gran belleza y poca cultura, modelo pictórico de varios artistas. Fruto de su relación con Lorenza serían dos hijos, el primero fallecido a poco de nacer. Y la que será el único reconocido por Galdós, su hija María, nacida el 12 de enero de 1891 en Santander, donde el escritor permanecía largas temporadas en su residencia de San Quintín. Galdós mantuvo económicamente a Lorenza Cobián hasta su fallecimiento, acaecido en Madrid el 26 de julio de 1906 de forma terrible: ahorcándose en un calabozo de la policía donde fue encerrada tras haber intentado suicidarse arrojándose a las vías del tren en la Estación del Norte.

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La Estación del Norte, semiabandonado su edificio histórico.

     En su gran novela “Fortunata y Jacinta” la protagonista, Fortunata, también tiene dos hijos producto de su relación con Juanito Santa Cruz. El primero fallecería a poco de nacer, mientras que el segundo la sobrevive y es finalmente adoptado por la estéril Jacinta, como una metáfora de la avaricia de la burguesía que se adueña del fruto del proletariado sin ningún escrúpulo y sin pagar nada a cambio. Galdós escribió “Fortunata y Jacinta” entre 1886 y 1887, cuando ya conocía a Lorenza Cobián, por lo que pudiera ser que la pérdida en la vida real de un hijo, posiblemente suyo y de Lorenza, le inspirase el hijo perdido de Fortunata.

     El pintor Emilio Sala fue amigo y estrecho colaborador de Galdós. Tiene obra expuesta en el Museo del Prado. Sobresale un cuadro de la actriz María Guerrero, intérprete habitual de los dramas de Galdós. Sala ilustró una edición de lujo de la primera serie de los Episodios Nacionales en 1903. Un fracaso económico para el autor, ya que apenas si se vendieron ejemplares debido a su elevado coste.

Otoño

     La cuarta mujer que se añade al pentágono de los amores asimétricos de don Benito  fue Concepción Morell, actriz mediocre, 19 años más joven que el escritor, de personalidad inestable, a la que el dramaturgo concede algunos papeles secundarios de sus obras teatrales  La conoció en el otoño de su vida, a comienzos de los 90 del siglo XIX. Con ella mantendrá diez años de relación, hasta su muerte, el 22 de abril de 1906, apenas dos meses antes que la de Lorenza.

     Fue una relación complicada: padre-esposo-hija-amante, que el escritor reflejó en su novela Tristana. Ambos se citaban entre la calle Princesa y la actual Alberto Aguilera. “Mi africanito”, le llamaba por su origen canario. La Morell era una mujer apasionada e imprevisible, que llegó a convertirse al judaísmo en 1897 y se cambió el nombre por el de Ruth. Las epístolas que la Morell le enviaba a Galdós son similares en su contenido amoroso a las que recibía de la Bazán. Muchas de ellas las utilizó, con ligeras modificaciones, en la escritura de Tristana. Tristona, así denominaba Galdós a la Morell. De esa relación se conservan 160 cartas. Como muestra, estos ejemplos:

     «No sé hacer más que amar, pero el amor no es oficio… no puedo hacer en la vida más que una cosa, amarte». O, «Él era para mí todo en el mundo, le he entregado mi alma y vida» le confiesa la Morell a Sitges y Griffol, amigo de Galdós en 1901, fecha en la que la relación entre ambos ya se había agotado.

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El patio interior del antiguo Hospital General, actualmente Museo Nacional de Arte Reina Sofía. En este edificio sitúa Galdós al extravagante y lunático cura Nazarín en su novela Halma, pintado por los artistas José Moreno Carbonero y Joaquín Sorolla durante una observación médica del atribulado sacerdote. Ambos artistas tienen cuadros en el Museo del Prado y son en esa fecha amigos de Pérez Galdós. Las dos novelas fueron llevadas al cine por Luis Buñuel, intepretadas por Francisco Rabal, la primera en su etapa mexicana, en 1959. Y la segunda bajo el título de Viridiana, 1961, con Silvia Pinal, Francisco Rabal y Fernando Rey. Viridiana fue uno de los grandes éxitos internacionales del cine español, prohibida por el franquismo a pesar de que recibió la Palma de Oro en el festival de Cannes. La película se exhibió por primera vez en España en 1978, se salvó una copia de la destrucción a la que le había condenado la censura franquista.

     Buñuel, apasionado lector de don Benito, varias de cuyas novelas llevó al cine, sustituye al resignado personaje hija-amante galdosiano de Tristana por el de una mujer independiente que devora al padre-esposo, don Lope, en aras de su liberación. Son dos Tristanas muy distintas, protagonistas de dos épocas separadas por ochenta años.

     El carácter desprendido de Galdós hizo que mantuviera a esas dos mujeres, Lorenza y Concepción, hasta el final de sus días. Y era frecuente que le asaltase por las calles próximas a su domicilio en la calle Hilarión Eslava, nº 5, una legión de pedigüeños suplicándole limosnas. Cosa que el atendía con generosidad, como recoge Ramón Pérez de Ayala, que conoció a Galdós a partir de 1903. Esa personalidad poco práctica para los negocios le llevó en 1913 a una situación económica crítica, agravada por los pleitos que mantenía sobre los derechos de sus obras. Los últimos años de su vida residió Galdós en casa de su sobrino José Hurtado de Mendoza, en el domicilio citado antes, en el barrio de Argüelles. Hurtado de Mendoza, don Pepino para Galdós, adoraba a su tío y le ayudaba como secretario y escriba.

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El barrio de Argüelles-Moncloa y la calle de la Princesa (a la derecha, en diagonal ascendente) en junio de 2018, que llega hasta la Plaza de España.

Invierno

     Y en 1907, a la edad de 64 años conoció a Teodosia Gandarias, 20 años más joven que el escritor, la relación más asimétrica en edad de las que tuvo Galdós. Ese nuevo amor con una mujer, maestra de profesión, sin pretensiones intelectuales y tan distinta de él, le resultará a don Benito un apoyo emocional en el invierno de su vida. Galdós escribió a Teodosia 239 cartas entre 1907 y 1915, la mayoría de este jaez tan delicado:

      «Alma mía, todo mi ser es tuyo. Corazón y cerebro te pertenecen. Te quiero con pasión sosegada y segura, con inconmovible asiento» le escribe a Teodosia desde Santander el 16 de agosto de 1908. Incluso se especula en ellas con un posible embarazo, algo notable y que demuestra la virilidad y entrega amatoria de don Benito, un señor de edad provecta, 65 años, para la época: «¿Con que tendremos canario de alcoba? Así sea. Pero contengamos nuestro fervoroso anhelo hasta que el tiempo confirme la esperanza».

     Aunque la alegría se desvanece pronto: «La tuya última me cuenta como se ha disipado la dulce ilusión. ¡Vaya por Dios! No sé si te diga que es bueno o es malo. No debe afligirte el desvanecimiento de la ilusión». Fechada el 25 de julio de 1907 en Santander, donde don Benito pasaba los veranos.

     Los dos amantes fallecieron con poca diferencia de tiempo. Teodosia el 31 de diciembre de 1919 y Galdós cuatro días después.

Monumento a Galdós en el Retiro, inaugurado el 19 de enero de 1919, obra de Victorio Macho. Galdós asistió al homenaje y sufrió un empeoramiento en su salud. Falleció el 4 de enero de 1920. Una de las primeras personas que asistió a su velatorio fue Emilia Pardo Bazán, uno de sus grandes amores. La Bazán le llamaba a Galdós «mi grandullón».

      Aventurarse a dar una explicación antropológica sobre los amores asimétricos que ocuparon la vida del escritor es algo que desborda el motivo de este artículo. Sería su encanto, su indudable genialidad literaria o su amabilidad personal. El caso es que Galdós resultaba irresistible para las señoras de su época. Quizás el secreto para enamorar a las mujeres esté en sus novelas, y sea tarea del lector aplicado el descubrirlo.

Enlaces relacionados

El callejero novelístico del Madrid galdosiano

Último domicilio de Galdós, en la C/ Hilarión Eslava, 5, en el barrio de Argüelles.

Apéndice bibliográfico

Para cualquier lector interesado en Galdós es muy recomendable la biografía Vida de Galdós, obra de Pedro Ortiz-Armengol, editada por Crítica en su Biblioteca de Bolsillo. 2000.

Para ampliar el conocimiento de su obra se recomiendan los estudios y ediciones críticas de Joaquín Casalduero y Ricardo Gullón; para Tristana, la de Germán Gullón, en Austral; o Fortunata y Jacinta, de Francisco Caudet en Cátedra.

También es posible aún encontrar en Anaya, en la colección Tus Libros ediciones de Trafalgar o Misericordia, obras ambas anotadas por Pascual Izquierdo.

Pintura mural en el Pasadizo de San Ginés, entre Mayor y Arenal. A la izquierda aparece representado Ramón del Valle Inclán, exquisito y solemne, que no gustaba del éxito popular que recibía Galdós, al que por envidia llama «Garbancero» a través de uno de sus personajes de la obra Max Estrella.

La Calle Santiago, por la que anduvo Fortunata en la primera parte de la novela, en la actualidad. Todo el callejero del centro de Madrid es, de alguna manera, el escenario de las obras de Galdós, por las que pasean y viven sus personajes.
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En la Plaza de Ramales, itinerario habitual de Fortunata.
En la Plaza de Ramales, itinerario habitual de Fortunata.
Pintura mural en el Pasadizo de San Ginés, entre Arenal y Mayor.
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Muy cerca de la Plaza del 2 de Mayo tenían su palomar Galdós y doña Emilia.
Muy cerca de la Plaza del 2 de Mayo tenían su palomar Galdós y doña Emilia.
El turismo invade la Plaza del Ángel, donde la criada Benina mendiga para aliviar la miseria de su ama doña Paca. Un fresco tan real como actual porque los mendigos, pícaros e indigentes asaltan al paseante por las calles madrileñas igual entonces que ahora.
El turismo invade la Plaza del Ángel, donde la criada Benina mendiga para aliviar la miseria de su ama doña Paca. Un fresco tan real como actual porque los mendigos, pícaros e indigentes asaltan al paseante por las calles madrileñas igual entonces que ahora.
Interior de la iglesia de San Sebastián, en la calle Atocha, donde se apostaba doña Benina y el mendigo ciego Almudena.
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Unos poetas callejeros escriben sus poemas de encargo por unas monedas en el Rastro.
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En la calle Arenal tuvo su vivienda Agustín Caballero, el rico indiano que protagoniza Tormento y que se enamora de Amparo Sánchez Emperador, a la que la envidiosa Rosalía Pipaón de la Barca, la de Bringas, que vivía en la Costanilla de los Ángeles, quería utilizar como criada.
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La Calle de San Bernardo, donde hacía sus negocios el usurero Torquemada.
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Explanada frente al cuartel del Conde Duque, la actual plaza de los Guardias de Corps, escenario donde pena sus días Ramón Villaamil, el cesante de "Miau".
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La fachada del cuartel del Conde Duque, finalizado durante el segundo reinado de Felipe V, en 1736, obra de Pedro de Ribera.
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El callejero novelístico del Madrid galdosiano

16 domingo Dic 2018

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