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Escaparate ignorado

~ La actualidad examinada

Escaparate ignorado

Archivos de autor: Ángel Aguado

El honor del general Franco

08 viernes Sep 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Alan Hillgart, Francisco Franco, General Aranda, General Kindelán, General Orgaz, General Varela, General Vigón, Juan March, National Archives Kew, Nicolás Franco, Samuel Hoare, Serrano Suñer, SOBORNOS, Valentín Galarza

SOBORNOS, de cómo el dinero inglés impidió que España entrara en la 2ª Guerra Mundial

Gabriel de Araceli

    Investigar documentos desvelados de la historia reciente de España es hoy un ejercicio de riesgo. Más si cabe cuando se refieren a un momento tan delicado como el que va de junio de 1940 al verano de 1943. Y más aún si en él están implicados personajes que la hagiografía oficial de la vieja guardia de Franco considera valedores de la patria. Y si el que firma el libro SOBORNOS es un historiador llamado Ángel Viñas el peligro de verse asaeteado por una legión de francotiradores leales al Régimen eleva al autor a la altura de temerario y a los hechos narrados en él de tan presuntamente ciertos como incómodos para los historicistas del Caudillo.

    En 2013, pasados setenta años de los acontecimientos a los que se refiere el libro, quedan desclasificados documentos del National Archives Kew, con sede en Richmond, Reino Unido, pertenecientes al período de la Segunda Guerra Mundial. Salen a la luz testimonios (EPRE, evidencias primarias relevantes de época) sobre las actuaciones que los servicios secretos británicos realizaron en España encaminadas a evitar que Franco entrara en la contienda al lado de la Alemania de Hitler. En ellos se testifica con datos contrastables cómo los diferentes servicios de inteligencia ingleses, con la ayuda interesada del negociante Juan March, sobornaron a unos cuantos generales y personajes muy próximos al dictador con inmensas cantidades de dólares para convencerles de que no era beneficioso para el país deslizarse bajo la sombra bélica del nazismo. Con todo ese material desclasificado, Ángel Viñas ha esculpido un retablo histórico de una vastedad documental apabullante y se ha adentrado en una época truculenta en la que la humanidad se vio sumergida en la violencia y en la que la civilización universal a punto estuvo de derrumbarse.

Ángel Viñas durante la presentación de su libro «Sobornos» en el Ateneo de Madrid, diciembre de 2016.

    No es fácil seguir el fervor histórico y meticuloso que Viñas acostumbra verter en sus obras. SOBORNOS está impregnado del empeño esclarecedor del autor desde la primera a la última línea. Tal es así que la historia cobra carácter monumental, épico, como si quisiera reducir a cenizas, con evidencias a otros propagandistas del Generalísimo. Como si Viñas hiciera de su libro cruzada y redención de las falsedades interesadas con las que se ha enmascarado durante décadas la incomodidad histórica del franquismo y la falacia de su neutralidad elástica, su hábil prudencia en Hendaya. Un Viñas combativo, autor de un estudio monumental, SOBORNOS, en el que se explica cómo los guerreros aequales, tanto abrazaban la fe del primus inter pares, el Caudillo, como las enormes cantidades de dólares que los servicios secretos ingleses les inyectaban a través de March.

 

«En la vida y en la guerra

es siempre peor

el traidor que el enemigo»

 

   El honor y el amor a la patria son para los sobornados conceptos difusos y compatibles con la riqueza material sobrevenida. ¿Por qué no? Aunque los protagonistas sean los mismos generalazos que acompañaron al Caudillo en su cruzada: Aranda, Vigón, Varela, Kindelán, Galarza, Orgaz, etc. Incluso el mismo hermano del Generalísimo, Nicolás. Ninguno de ellos le hizo ascos a los aguinaldos de la Pérfida Albión. Porque, a fin de cuentas, para ellos se trataba de un acto de patriotismo enfrentarse a Serrano Suñer y a su Falange y salvar a la paupérrima y desvencijada España de la tragedia de la guerra mundial. Personajes grandilocuentes y soberbios en un país de falangistas corruptos y militarotes divididos entre anglófilos y germanófilos. Protagonistas exagerados en un escenario arrasado por las intrigas diplomáticas y la miseria económica.

Serrano Suñer, que dotó de un Corpus Iuris al Movimiento de su concuñado. Serrano Suñer, el todopoderoso ministro de Asuntos Exteriores, encargado de las entrevistas con Hitler y Von Ribbentrop, astuto y maquiavélico, manipulador y falso en sus memorias, la arrogancia y la ambición desbordada, odiado por todos (algún militar planteó en esas fechas la posibilidad de “cargarse” a Serrano) y temido por muchos, al que el Caudillo cesa por miedo a enemistarse con sus generales.

Franco, receloso, frío y prudente, que no se fiaba ni de su sombra y que jugó la baza de aventurarse en la guerra mundial arrastrado por sus sueños imperiales de colonizar su Marruecos de juventud. Jesuitenschwein –cerdo jesuita– le llamó Hitler.

Samuel Hoare, el embajador inglés, hombre inteligente y ambiguo, diplomático tenaz e incansable, cuya misión era comprar tiempo, que juega siempre a favor de Inglaterra sin importarle la moralidad de los personajes o de los hechos. «Una rata que huía antes de que se hundiera el barco» para sir Alexander Cadogan, subsecretario permanente del Foreign Office.

Churchill, el estadista invencible, gestor de la gran victoria de la Gran Bretaña.

Alan Hillgart, el espía inglés, pulcro y discreto, tan hábil negociador como resignado soldado al servicio de su graciosa majestad.

Juan March, el último pirata del Mediterráneo, la inteligencia primaria y la efectividad en los negocios, sin más ideología que la del dinero. «Es sin duda un bribón de la peor especie» dijo de él Hillgart. «Habría que fusilarlo» coincidían en diferentes épocas tanto Indalecio Prieto durante la República, como los generales de la Victoria.

    Inglaterra, la gran superpotencia mundial ultrajada por los nazis, que ve a la Península como un objetivo militar y al general bajito como un aliado temporal de sus intereses. Y que practica con ella la política económica del palo y la zanahoria, sin entrometerse en sus asuntos internos ni importarle en absoluto los padecimientos de los españoles.

    Y España, el viejo, harapiento, desnutrido y arruinado país, que sufre la penuria y la miseria, que a Hitler solo interesa para recuperar la deuda contraída por Franco durante la Guerra Civil. España, a la que Inglaterra abandona a la suerte de su dictador una vez que la amenaza de significarse en la contienda se ha desvanecido.

    El libro SOBORNOS, además, hace un análisis de la realidad social de ese momento crítico de la historia de España. Con un jefe del Estado (SEJE. Su Excelencia el Jefe del Estado, lo denomina Viñas) ausente, aislado del país, ignorante de los padecimientos de sus súbditos (que no ciudadanos), adulado hasta la náusea por un ejército de servidores viscosos. «Franco ha perdido el sentido de la realidad y vive en una especie de ensoñación permanente» escribe Hillgart en sus reportes de espía. Lo que hoy llamaríamos el Síndrome de la Moncloa. Para Kindelán, al que los ingleses apodaban crook, chorizo, sinvergüenza «Franco es el enemigo número uno de España». Una administración en la que reina la corrupción (de aquellos polvos salieron estos lodos), donde la cúpula de la dictadura es esencialmente cleptómana, y en la que se incrustan tanto los resolutivos nazis como la frialdad flemática del diplomático Hoare. Aunque la estrategia desarrollada por el embajador británico: salvar todas las vidas que se pudiera a cambio de dinero, resultara finalmente eficaz y evitara que España entrara en la 2ª Guerra Mundial.

    Y el que quiera saber más que lea el libro de Ángel Viñas: SOBORNOS.

 

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20 años y un día… después

01 viernes Sep 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Ana M Pulido I

    «¿Dónde estaba usted?» titula Boris Izaguirre un artículo relativo al accidente mortal de Diana. Yo, en París. Hace 20 años visitaba por primera vez la capital gala. Al deslumbramiento ante tanta «grandeur» le siguió la estupefacción más absoluta.

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    Amaneció el domingo 31 de agosto de 1997 nublado y bochornoso. Atacaba ese calor pegajoso que sufren los parisinos en un país que no conocía hace 20 años, ni casi ahora, el aire acondicionado. Como buenos turistas había una agenda apretada que cumplir: museo del Louvre, Bâteaux Mouches, Tour Eiffel… Al dejar el embarcadero del Pont del Alma y de camino hacia el Champs de Mars vimos junto al puente una multitud que arrojaba flores y algunas cámaras de televisión. Una grabación entre tantas, pensamos, una película. Los turistas del 97 sin móvil ni tiempo de ver las noticias siguen su agenda imparable ajenos al drama.

    De pronto, un cortejo de motoristas y coches oficiales invade la calle ante los ojos atónitos de los transeúntes. Sin apenas tiempo de reaccionar un último coche, esta vez fúnebre con un ataúd cubierto de flores blancas, se aleja como una aparición. Algún personaje de alto rango ha fallecido en París. No existe internet pero la curiosidad sí. Un policía desde su moto nos informa del fatal desenlace «Anoche, Diana de Gales, se estrelló bajo ese túnel». Incredulidad. No puede ser, es una broma.

    Solo ante la televisión, ya por la noche, los turistas del 97 asumen la noticia que había recorrido el mundo entero como la pólvora.  «La hemos visto, sí era ella, bueno, sus restos».

   Hoy, 20 años después, el río de la vida me ha traído otra vez a París. Un día mucho más fresco que aquel este 31 de agosto y en otro París que no es el inocente y despreocupado de entonces. Los Bateaux Mouches siguen deslumbrando a los turistas ante tanta belleza, muchos se acercan después del paseo a rendir un último homenaje a Lady Di, algunos se hacen un selfie, otros dejan una flor que mañana estará marchita.

    Muchas tragedias se han vivido en esta ciudad. No sé si París no es la misma o son los ojos de los que la miran, porque 20 años sí es mucho.

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Turistas y parisinos depositan flores en homenaje a Lady Di el 31 de agosto de 2017.

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Iba yo a comprar el pan

28 lunes Ago 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Gabriel de Araceli

    Don Franciscooo te miraba desde sus gafas de concha y sentías un vértigo indefinido por aquella introspección de la que eras objeto, como si te examinara un entomólogo y uno no fuera sino un mosquito al que iban a traspasar con un alfiler. Y el torrente opaco de su voz no dejaba lugar a dudas: fonación cóncava y grave del engolado apunte literario con el que adornaba sus crónicas mundanas. La garganta profunda de las letras. Hacía gala de narcisista, se gustaba a sí mismo interpretando el papel de relator displicente de la noche madrileña, todos querían verse reflejados en sus palabras de acíbar y seda. Spleen de Madrid. Los que no eran nadie soñaban con acaparar un artículo, un titular de don Francisco, Crónica de esa guapa gente: memorias de la jet, una frase apenas que los encumbrara por un día en el cenáculo de la fama efímera. Y don Francisco esgrimía su pluma en la última página de los lunes, siempre fiel a su Olivetti Lettera, como si tecleando con ella se defendiera de los fantasmas remotos de su infancia escondida en una posguerra de hijo de soltera.

   umbral_1Porque don Francisco era, en el fondo, un niño que necesitaba el amor anónimo de sus lectores, o la crítica acerba de sus detractores envidiosos a los que ignoraba. Desde el hechizo de sus palabras se había construido una fortaleza de libros y crónicas en la que se refugiaba en busca de la paz interior. Y aquella mirada altiva y la voz ronca no eran sino un disfraz con el que ocultaba su tragedia, la pérdida del hijo adorado. Mortal y Rosa. Dandi, cañí, snob, elegante y áspero castellano de provincias, ¡cuántas tonterías se decían de él! Don Francisco era eso, un gran escritor incidental de la última página de los lunes, tejía un entorchado de palabras para aprehenderlas en los cinco minutos que la indiferencia de un curioso leía en el metro, camino de comprar el pan. Un mosaico de novelas, de ensayos, de observaciones críticas de una celtiberia que se disfrazaba con pantalones de pinzas, La guapa gente de derechas, o felpudos nunca antes vistos, Las jais, por exigencia del guion para modernizarse de la caspa manchega, la historia cotidiana de un tiempo en el que soñábamos que seríamos felices, la transición. La postmodernidad le vino grande a don Francisco, o sería la estupidez de los nuevos tiempos de emprendedores que le zancadillearon para tirarle por la borda porque no querían que nadie les mentara las conciencias. Releer a don Francisco es sumergirse en las inquietudes de una época que nos ha dejado, sin comprenderlo, una tribu de malhechores que nunca imaginamos. Si hubiéramos sabido que el amor era eso…

Hoy hace diez años que falleció Francisco Umbral.

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Francisco Umbral en su casa de Majadahonda, Madrid, mayo de 2000. Fotos de Ángel Aguado López

 

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La insoportable erosión del tiempo

23 miércoles Ago 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Ajedrez, Anand, Bobby Fischer, ELO, Florencio Campomanes, Gorbachov, IBM Deep Blue, Kasparov, Kárpov, Kramnik, Magnus Carlsen, Víctor Korchnoi

KASPÁROV HA VUELTO

Gabriel de Araceli

    Hércules, en un ataque de locura provocado por su madrastra Hera, mató a su primera mujer, Megara, y a sus hijos. La sibila de Delfos castigó a Hércules con doce trabajos para purgar sus terribles pecados. El primer trabajo que Hércules acometió fue matar al león de Nemea, que tenía aterrorizados a los habitantes de esa polis del Peloponeso. Hércules consiguió abatir al temible león estrangulándolo gracias a su fuerza extraordinaria. Y con la ayuda de Atenea desolló su piel y se hizo una armadura que le protegía de todos los peligros, usando la cabeza de la fiera como yelmo. El resto de los trabajos no serían menos arriesgados: dar muerte a la hidra de Lerna, capturar a la cierva de Cerinea, cazar al jabalí de Erimanto, atrapar al toro de Creta… unos trabajos agotadores que acabarían con cualquiera que no fuera un héroe como Hércules.

Hércules luchando con el león de Nemea. Francisco de Zurbarán, 1634. Museo del Prado

    Garry Kaspárov, el campeón del mundo de ajedrez que más tiempo detentó la corona, quince años, se ha convertido en un Hércules contemporáneo, cumplidor destajista de los doce trabajos que le impusiera una sibila justiciera: jugarse la vida denunciando el nepotismo de Vladimir Putin, el can Cerbero del nuevo Hades, la Rusia salida del inframundo soviético; limpiar de estiércol los establos de la FIDE (Federación Internacional de Ajedrez); desarrollar el ajedrez en África, o salir airoso de la Copa Sinquefield, el torneo de ajedrez que se ha celebrado durante el presente mes de agosto en San Luis, USA.

Garri Kaspárov fotografiado en Madrid, en 1988, contaba entonces 25 años de edad y ya se le veía como el futuro campeón del mundo de ajedrez. La mirada de Kaspárov era (y es) como introducirse en una trituradora de carne. Foto: A. Aguado

    A Kásparov, que cuenta 54 años, no le tembló el pulso al encerrarse en ese jardín de Estínfalo de las 64 casillas, o quizás se protegiera con la piel del león de Nemea para enfrentarse a los jóvenes gladiadores, a varios de los cuales dobla la edad y que muy bien podrían ser sus hijos, nacidos de alguna relación espuria en el olimpo de Caissa. De hecho, es el padre ajedrecistico de Hikaro Nakamura, al que entrenó y formó durante años antes de abandonarlo debido a lo que él consideraba poco empeño del joven gran maestro.

    Todos querían destrozar en San Luis a Hércules Kaspárov, al Ogro de Baku (Garry nació en Baku, Azerbayan, en 1963, cuando este país pertenecía a la URSS). Era como si auguraran la tragedia de Edipo, una conspiración para vengarse y matar a Layo-Kaspárov, el padre temido, desposándose después con la madre, Yocasta. Todos querían ascender al olimpo del ajedrez.

Kaspárov durante el torneo Copa Sinquefield, en agosto de 2017.

    El torneo se jugaba a doble modalidad. Semirrapidas: 25 minutos por jugador más diez segundos por jugada; y relámpago: cinco minutos, más tres segundos. Los participantes eran furias del tablero con un ELO* escalofriante: Aronian (Armenia, nº4 del mundo, 2809 ELO, 35 años); Caruana (USA, nº5, 2807, 25 años); Nakamura (USA, nº7, 2792, 30 años); Anand (India, aunque reside en Collado Mediano, Madrid, nº9, 2783, 44 años); Karyakin (Rusia, nº12, 2773, 27 años); Nepomniachtchi (Rusia, nº17, 2742, 27 años); Leinier (Cuba, nº18, 2739, 34 años); Navara (República Checa, nº21, 2737, 32 años); Le Quang (Vietnam, nº30, 2726, 26 años. Todos luchadores incansables, Euménides implacables que se enfrentaban a un Garry Kaspárov retirado del ajedrez de competición en 2005, dedicado en estos años al activismo político contra la nomenclatura del Kremlin y hostigador implacable del presidente ruso, lo que le ha llevado al exilio en Nueva York, temiendo un atentado contra su vida.

    El paso de los años marca el declive del ser humano, tanto de su poderío físico como intelectual. La pérdida constante de neuronas es inevitable y merma las capacidades que los ajedrecistas despliegan frente al tablero en esas peleas fratricidas, en esas partidas en las que se busca el asesinato del rey contrario, el jaque mate: memoria, concentración, intuición, análisis de complejas posiciones, elección óptima de la jugada, decisión, dominio absoluto en situaciones de estrés prolongado, equilibrio emocional, esfuerzo físico considerable, etc. Por eso resulta especialmente memorable que Garry Kaspárov haya sido capaz de conseguir un octavo puesto entre los diez argonautas que se acuchillaban en el torneo.

    En la historia contemporánea de los campeonatos del mundo de ajedrez, siempre se ha impuesto el jugador más joven. Fischer (con 29 años) se impuso a Spassky (con 35 años) en la célebre confrontación en Reykyavik, Islandia. Aquella entre el “mundo libre” y la hermética CCCP, en 1972. Kárpov ganó por incomparecencia de Fischer en 1975. Y Kárpov revalidó en 1978 su título frente al disidente soviético Víctor Korchnoi (34 años frente a 47). Tras diez años de reinado, Kárpov fue derrotado por Kaspárov en 1985 (34 y 22 años respectivamente en aquel momento). En 2000 Kramnik venció a Kaspárov (25 y 37 años). Y tras un período convulso y enfrentamientos en la FIDE promovidos por Kaspárov contra el corrupto presidente Florencio Campomanes, Anand se hizo con el campeonato durante seis años, hasta que perdió en 2013 contra el actual campeón, Magnus Carlsen, 44 y 22 años. Eso demuestra que la edad es un elemento decisivo en la elite del ajedrez y que el resultado de Kaspárov en el torneo de San Luis ha sido excepcional.

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Anatoli Kárpov, fotografiado en San Lorenzo del Escorial, Madrid, en 1989, a los 38 años, mientras se preparaba para el enfrentamiento contra Kaspárov por el campeonato del mundo. La mirada glacial de Kárpov constituía una amenaza más dentro del amplio repertorio técnico que desarrollaba cuando competía el campeón del mundo de 1975 a 1985. Foto: A. Aguado

   Puede que esa meritoria actuación de Kaspárov también se deba al espíritu rebelde que ha desplegado a lo largo de toda su vida. Fueron célebres los duelos que él y Kárpov protagonizaron entre 1984 y 1993 por la supremacía ajedrecística. El enfrentamiento más intenso de toda la historia del deporte entre dos contendientes. De alguna manera representaban dos concepciones antagónicas de luchar por el reino de Caissa. Anatoli Kárpov se asociaba a la ortodoxia soviética (de hecho, ahora es diputado en la Duma, el parlamento ruso), frente al contestatario Kaspárov, el joven inconformista que aprovechando los aires frescos emanados de la perestroika de Gorbachov se disponía a acabar con la primacía oficial. Y lo consiguió, aunque fuese por centésimas y tras una lucha extenuante de meses, de años, de aplazamientos. La arrogancia juvenil de Kaspárov se impuso a la gerontocracia destilada de la Komintern.

Kárpov en 2012

    También se le recuerda a Kaspárov por los duelos que mantuvo en la década de los 90 contra el monstruo cibernético que IBM construyó, el Deep Blue. Estaba en juego el poder de la mente humana contra la frialdad calculadora de una herramienta privada de sentimientos. En 1996 Kaspárov consiguió vencer por 4-1 al cerebro de silicio. Sin embargo, un año después, una versión mejorada del programa informático, unas condiciones contractuales claramente ventajosas para IBM y un error humano de Kaspárov en la última partida inclinó por la mínima la victoria del lado de la máquina insensible: 3,5-2,5. En la actualidad, los ingenieros informáticos han “humanizado” los programas de ajedrez, que calculan millones de movimientos en milisegundos y disponen de una memoria infinita de partidas, lo que les hace invencibles. Su uso se ha derivado al análisis de posiciones y a bases de datos, tanto entre los grandes maestros como en los aficionados.

    Este podría haber sido el undécimo trabajo de Hércules-Kaspárov, defender las manzanas de oro de las Hespérides de la avaricia de IBM. Pero ganó el monstruo de silicio, el silencioso pensamiento profundo venció al hombre afectado de sentimientos, de dolor, de padecimientos, de errores, de defectos, de pasiones y de vicios. Lucha desigual condenando al fracaso al héroe hercúleo. IBM, Deyanira celosa, la tercera esposa de Hércules al que mató emponzoñando su túnica con el veneno del centauro Neso. En su óbito, Hércules-Kaspárov lució la piel del león de Nemea para que le hiciera revivir. Resucitó en San Luis y peleó dignamente contra los jóvenes gladiadores de Caissa.



    *La puntuación ELO se debe al físico americano Árpád Élő, que estableció un sistema matemático de clasificación según los enfrentamientos entre los ajedrecistas. La primera clasificación apareció en 1971, encabezada por el genial Bobby Fischer, con 2760 puntos. En la Copa Sinquefield, Kaspárov se presentaba con un ELO de 2812, pero este valor era de su época de jugador activo, poco representativo de su nivel actual al no haberse enfrentado a los jugadores modernos. El ELO se publica trimestralmente, en el próximo, que aparecerá en octubre, se reflejarán los resultados de la Copa Sinquefield dentro de la modalidad de semirrápidas.

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Kárpov  espera que Korchnoi realice su jugada en el match celebrado en Moscú que les enfrentó como aspirantes al título que detentaba Bobby Fischer. Venció Kárpov. 1974.

 

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Arturo Pomar, un genio en el país de la nada

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Hombres o Titanes

17 jueves Ago 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Gabriel de Araceli (Texto y fotos)

Campeonatos del mundo de Atletismo en Londres, 2017

    Zeus, victorioso en el combate contra Cronos, su padre, decidió expulsarle de Olimpia y llenó aquellos campos de hermosos donceles para regocijarse con la belleza viril de sus cuerpos desnudos. Hipómenes venció a Atalanta usando tretas espurias y consiguió su amor venereo. Aunque después Cibeles los castigara convirtiéndolos en leones que arrastrarían su carro eternamente. Quizás Atalanta duda aún del record que Marita Koch estableció en 1985 en los 400 m: 47,60”. Un record que tenía la checa Jarmila Kratoschvilova desde 1983: 47,99”. Marcas de cuando existía la DDR y el Telón de Acero marcaba con sus garras una división entre el mundo libre y las divisiones de blindados soviéticos. Treinta y dos años después, en los Campeonatos del Mundo de Atletismo, en Londres, agosto de 2017, la norteamericana Phylis Francis solo pudo hacer 49,92s en la vuelta a la elipsis del estadio olímpico. La sombra de la duda de Hipómenes se alarga sobre la Koch y la de Atalanta sobre Kratoschvilova con el paso del tiempo.

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Hipómenes y Atalanta, los leones de Cibeles, pioneros en la congelación para reducir los efectos lesivos de los duros entrenamientos atléticos.

    Caos, fuerza primaria anterior a todo, cosmos primigenio del que procede la materia y la luz, que fue érebo y éter, del que nacieron Gea y Urano y los titanes y las eurínias y los dioses y mucho después los hombres, que en su afan de inmortalidad desafiaron a cíclopes y gigantes y se hicieron atletas porque en el escarnio del cuerpo perseguían la perfección de las almas y se convirtieron así mismos en éter, en Caos, en mortales.

    _diana_web Afrodita, promiscua diosa del amor tanto recibía a Marte como a Adonis, aunque castigara convirtiendo en osa a Calisto por haber mantenido amores secretos con Zeus, que a la vez era su padre y amante. Por eso tal vez Afrodita no comprenda por qué se duda del sexo de Caster Semeniat, la impresionante sudafricana ganadora de los 800, con 1’55,16” y tercera en el 1500, ganado por la keniata Faith Kipyegon, dotada esta última de esa morfología asténica propia de las altiplanicies africanas.  Caster Semeniat ha sido condenada a pasar durante toda su vida deportiva un calvario por una cuestión de identidad sexual, como si tuviera que justificar ante la ciencia su elevada secreción de testosterona, o su derecho a casarse con una mujer o la peculiaridad de sus órganos genitales invalidara su feminidad. Los jueces mortales son hombres que deciden quiénes o no son mujeres.

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    Y el atletismo se humanizó porque el dios Usain Bolt se transformó en hombre mortal y frágil y fue vencido por otros mortales en la distancia que le divinizó, los 100 m, tercero esta vez a tres centésimas del campeón Gatlin, sobre el que cayó el castigo por su fraude años ha. Incluso se rompió el gran Bolt en la final del relevo 4X100 y se arrastró herido por el rayo de Marte por el tartán que antes lo elevó a los laureles de la gloria. Memento mori

    Y parecía que una nueva época se asomaba a Olimpia, o Londres cuando los atletas blancos triunfaban en pruebas en las que tradicionalmente ganaban los atletas negros. Que Júpiter no daba crédito al augur que anunció que era una atleta blanca, Sally Pearson, la que ganó la final de los 110 m vallas, por delante de las campeonas negras que dominaban siempre el saltarín esprín corto. O Dafne Schipper, una holandesa blanca como la leche ganando el 200 (22,05”) por delante de todas las competidoras de color.  O que otro blanco, Ramil Guliyev, ganara el 200 por delante del aparentemente imbatible Wayde van Niekerk. Guliyev parecía perdido cuando decidía con que bandera pasear su nacionalidad en la vuelta de los vencedores. No se sabía él si era azerbayano o turco, confuso entre el país que le vio nacer y el que le acogió en su seno.

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Velocidad de reacción, algunos atletas se yerguen mientras otros aún tienen la mano en el suelo.

    Y fue sorpresa en España que el equipo de relevos 4X400 consiguiera una meritoria quinta plaza, el primer equipo blanco entre esa pléyade de selecciones en las que los componentes son siempre gacelas negras. Batieron, además, el récord de España con 3’ 0,65”. Un récord que databa de 2001. Adel Mechaal también obtuvo un meritorio cuarto puesto en el 1500, una prueba en la que antes brillaba el atletismo español. Los dioses no fueron generosos con Ruth Beitia, que alcanzó la final pero no pudo repetir éxitos pretéritos, como si los augurios le indicaran que su tempo pasó y debe despedirse de los jardines elíseos en los que tanto tiempo ha reinado.

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Discóbolo, obra de Mateo Maté

Y el Atletismo se hizo grande en Londres, 2017, porque las marcas conseguidas son humanas y no corren sobre ellas las sospechas de una estafa, y los héroes se rompen y pierden los antes laureados frente a los atletas desconocidos. Honor y gloria para los guerreros vencedores, que reciben de Zeus la corona de laurel como premio a su esfuerzo generoso. Recompensa tal vez escasa en un mundo material en la que el éxito deportivo se asocia a los espectáculos de masas retransmitidos por televisión a todos los rincones del mundo.

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La francesa Mèlina Robert-Michon, que fue 3ª en la final de disco, con 66,21m. La foto es anterior al campeonato.

 

Esos mercenarios grotescos que reciben remuneraciones extraordinarias por vestir una camiseta que tan solo representa una sociedad mercantil o una industria de la distracción. Hipómenes y Atalanta arrastran vencedores el carro de Cibeles por los estadios de Olimpia.

 

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Citius, Altius, Fortius

Atletas populares

Gimnasia estética

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Ciclismo de salón: unidos por el sudor

04 viernes Ago 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Ángel Aguado López (fotos y texto)

En verano, caña al cuerpo

Se ha popularizado mucho el uso de las bicicletas estáticas en los polideportivos como actividad física. Los gimnasios de cualquier barrio están llenos de infinidad de máquinas, artefactos y cachivaches para que el público pueda ejercitarse y evitar el sedentarismo que impone nuestra sociedad de consumo. Bajo términos extranjeros de dudoso significado: rooning, fitness, pilates, aerobic, joging, footing, spinner, etc. se ofrecen actividades físicas que existen desde hace más de cien años: correr a pie, hacer gimnasia, estirarse, o simplemente hacer rodillos. Pareciera que el denominar con una palabreja anglófona a un término en castellano concediera al ejercicio mayor validez científica o fisiológica, o le confiriera un encanto que no se consigue llamándolo por su nombre en español.

A fin de cuentas, no es más que la mercadotecnia que la industria del deporte despliega para vender sus productos. Otro tanto sucede con el efecto pendular de las modas. Desde que hace unos meses una indígena mexicana ganara un ultra-maratón con las sandalias de su tribu del Yucatán, ha surgido una legión de corredores urbanos conversos de las sandalias, a las que adoran como si de un enviado divino se tratase, un nuevo profeta del ejercicio, echando por tierra décadas de investigación e innovación tecnológica en desarrollo del calzado deportivo.  Abebe Bikila ganó descalzo el maratón de los Juegos Olímpicos de Roma, en 1960, lo que entonces se consideró propio de un país subdesarrollado como Etiopía. Ahora, sin embargo, correr descalzo es símbolo de modernidad.

Corredoras en el velódromo olímpico de Lyon.

Cualquier practicante del ciclismo conoce y ha usado los rodillos. Tres cilindros, unidos el central y el primero por una correa de transmisión y sobre los que se coloca la bicicleta para que el ciclista pedalee sin moverse del sitio, aunque requiere mantener el equilibrio y se corre el riesgo de caerse. La evolución tecnológica ofrece en la actualidad diferentes modelos de rodillos, artilugios y simuladores que permiten al practicante ilusionarse con la subida virtual al Galibier, o disputar un esprín al lado del hercúleo alemán Kittel.  En todos los gimnasios existe una sala de bicicletas estáticas, en las que un monitor grita desaforadamente mientras que un pelotón de esforzados ciclistas de salón suda solidariamente como si ascendieran el Alpe d’Huez en el mes de julio.

Tradicionalmente, los rodillos se utilizan en competición para calentar, bien en pista o en carretera antes de pruebas contra-reloj. O como método de recuperación tras una sesión intensa de entrenamiento o prueba deportiva. O cuando las condiciones climáticas, la lluvia, el frío no permiten entrenar. En el último Tour hacer rodillos se ha puesto de moda gracias a que Froome, el ganador, rodaba sobre ellos un breve espacio de tiempo, no más de diez minutos, al acabar la etapa. ¿Alguien vio alguna vez a Indurain sobre los rodillos? Aunque, tradicionalmente, la mayoría de los corredores prefieren la ducha y el masaje y se interesan poco por los rodillos post-competición, el gesto de Froome ha recuperado un trabajo, los rodillos, que siempre ha sido residual, sustitutorio del intenso trabajo sobre la bicicleta y que tampoco ofrece al ciclista experto grandes mejoras deportivas.

Marcio Bruseghin calienta antes de tomar la salida en la etapa prólogo del Dauphiné Liberé del 2001. Lleva en la nariz un algodón empapado en mentol para vaso-dilatar los conductos nasales.

Más allá del calentamiento o la reabsorción de la acidosis producida durante el entrenamiento o la competición, los rodillos, o el spinner en los gimnasios, producen pocos efectos fisiológicos importantes para los deportistas de nivel medio o alto. Podría considerarse como una actividad recreativa de relación social, una estrategia comercial más dentro de las que los centros deportivos ofrecen al cliente para fidelizarle, como esas sesiones de gimnasia colectiva, el aerobic o fitness o la zumba, en las que, al igual que en el spinner, un musculado monitor se mueve frenéticamente y grita consignas guerreras mientras una legión de amas de casa u oficinistas en la hora de la comida le imita entre charcos de sudor.

La mejora de la capacidad aeróbica es limitada con el uso de los rodillos y poco más puede ofrecer su práctica. Más allá del uso terapéutico, profiláctico o social los rodillos, el spinner, no son esa panacea que mejorará hasta límites insospechados nuestra menguada condición física. No, ayudan, pero no generan campeones.

Laurent Jalabert calienta sobre unos rodillos antes de tomar la salida de la etapa prólogo del Dauphiné Liberé de 2001, Lyon, Francia.

La metodología de los rodillos utilizada por los corredores depende del fin que se persiga: recuperación, corrección postural de la pedalada (frente a un espejo, observando la ejecución en planos perpendiculares al suelo, perfectamente verticales, en el caso de ciclistas jóvenes o nuevos practicantes). Desde un punto de vista biomecánico, la pedalada es una cadena motriz repetitiva, un movimiento cíclico, sencillo, limitado y cerrado, que no ofrece ninguna variación, pero que conviene perfeccionar, ejecutar lo que se llama el pedaleo redondo. Un pedaleo en el que intervienen tanto los músculos flexores como los extensores, a diferencia del llamado pedaleo a pistón, en el que solo se utiliza la musculatura extensora. Gesto característico de los escaladores épicos de los tiempos de las fotos en blanco y negro del gran Fede Bahamontes o de Anquetil. Aquellos en los que el ciclista se retorcía como una lagartija, o como un martillo pilón en los ascensos legendarios al Puy de Dome.

Ese perfeccionamiento técnico del pedaleo redondo es uno de los beneficios que proporciona el uso de los rodillos. Es una buena forma de optimizar el gesto, de economizar esfuerzos y rentabilizar las condiciones físicas del ciclista.

Una sesión corriente dura unos 25 minutos. Comienza con un pedaleo suave, con desarrollo ligero, en el que predomine una frecuencia entre 90 y 105 pedaladas por minuto. Tras unos cinco minutos y cuando se haya entrado en el umbral de esfuerzo se aumenta el desarrollo de forma progresiva hasta llegar a la frecuencia cardiaca que hayamos establecido. Se puede realizar algún esfuerzo fraccionado hasta alcanzar el umbral anaeróbico y repetirse ese esfuerzo durante algunos minutos. Los últimos 3 – 4 minutos se utilizan para la vuelta a la calma, con desarrollos siempre cómodos, en los que la cadencia, la agilidad sea siempre el objetivo a trabajar, por delante de la fuerza.

En fin, que como decían los antiguos pioneros de la actividad física es conveniente evitar todo aquel artificio y moda que no redunde en lo esencial: la salud y el bienestar del deportista, del ciudadano.

Resistencia aeróbica y estiramientos. Estos son los fines que debe reunir la actividad física. Lo demás es accesorio.

 

Ángel Aguado López es Especialista en Entrenamiento Deportivo y Experto en Psicología del Deporte por la UNED; Monitor Nacional de Atletismo. Fue durante dos años Director Deportivo del equipo de cilismo de cadetes del Real Velo Club Portillo, Madrid

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Preguntas escogidas

26 miércoles Jul 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Rafael Alonso Solís

Preguntar a la gente acerca de cuestiones cerradas se ha convertido en una especie de mantra con el que se convoca a la democracia en su versión supuestamente más pura, más cercana a sus orígenes espirituales e intelectuales, puede que más canónicos. El autor del documental Las cloacas de interior, Jaume Roures, ha reconocido que “democracia” es una palabra prostituida. De la misma forma que lo son “libertad de expresión”, “justicia”, “honestidad” o cualquier otra que esté recogida en el catálogo de las buenas costumbres y en los libros de estilo de la corrección política. Es más, ¿qué es corrección y qué es política? ¿Qué significan las dos cosas, cuando se juntan en ese término tan ambiguo como pérfido y polisémico? Si estos conceptos tuviesen algún significado compartido y aceptado moralmente, seguramente no sería necesario estar haciéndoles referencias contínuas. La realidad es que las palabras no significan nada en sí mismas, y que únicamente alcanzan su valor cuando son libres y se manifiestan al margen de los catecismos o las ideologías. Las palabras tienen sentido cuando se mueven entre otras, a las que abrazan y besan, con las que se confrontan y confunden, con las que son capaces de conformar rimas, soportar tragedias, inventar comedias o trasladar ideas. Las palabras cumplen su función, y seguro que lo hacen con todo orgullo, cuando se usan para explicar lo inexplicable, para acompañar a los gestos o para multiplicar el lenguaje. Pero las palabras no significan nada en absoluto cuando se utilizan de forma interesada, con intenciones aviesas y sin que al que las pronuncia le dé vergüenza el maltrato o la tergiversación a la que se las somete. Por eso mismo, preguntar a la gente –a la que llamarla así parece que la ennoblece o la sublima, un trile coloquial en el que incurre tanto la derecha como la izquierda– sobre cuestiones cuya respuesta está decidida de antemano es una perversión de los mismos principios que se supone sostienen la credibilidad de la pregunta. Es difícil aceptar que algún referendum no esté amañado desde sus orígenes. Los dictadores los practican habitualmente, una vez que se han calculado las posibilidades, se han fletado los medios de transporte y se ha garantizado la provisión de bocadillos. En las denominadas consultas populares –esos remedos de democracia en los que el número de votantes no suele superar a los habituales del barrio o a los miembros de la cofradía– la pregunta está cuidadosamente diseñada para que su respuesta haya sido prevista con amplio margen de error, dentro de los intervalos de confianza previamente calculados para el entorno. Cada uno de nosotros suele considerar la pregunta según su redacción y su relación con el lenguaje y los objetivos de ese ente mafioso al que solemos identificar con “los nuestros”. Mientras no aceptemos que consultar requiere que la informacion sea suficiente y los consultados hayan recibido la educación a la que tienen derecho, seguiremos realizando consultas suyo resultado solo respetaremos cuando coincida con el contenido de nuestras miserias.

Otras peteneras de Rafael Alonso Solís

El Careto de Billy el Niño

La farsa del discurso

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Granjas reguladas

18 martes Jul 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Rafael Alonso Solís

La gestación subrogada es la expresión –entre meliflua y sociosanitaria– que se está utilizando en los medios para referirse al uso del cuerpo femenino como fábrica de embutidos. Al parecer, una encuesta en torno a la opinión de los españoles sobre el tema ha dado como resultado que la mayoría del personal está de acuerdo en que se regule. Según más de un partido político, eso es lo que quiere la gente. Lo he oido por la radio, una de estas mañanas, un poco antes o un poco después de escuchar el relato de una mujer asiática que, tras ser secuestrada, tuvo que ejercer de vagina colectiva para el merecido descanso de los guerreros japoneses que volvían del frente, atenazados por el miedo, tal vez ciegos de amapola y bajo la imperiosa necesidad de imponer su poder sobre un cuerpo ajeno. SAM_5213_webPutas militarizadas al servicio de la patria o pellejos migrados donde combinar espermatozides y óvulos para el ejercicio de un supuesto derecho. En la película Asesinato en ocho milímetros, dirigida en 1999 por Joel Schumacher, un detective de poca monta investiga  en los bajos fondos cinematográficos la industria de la pornografía filmada a medida del consumidor, y acaba descubriendo un inframundo de celuloide en el que se matan niñas a puñaladas para disfrute de la sala de cine privada de los millonarios californianos. Cuando le pregunta a uno de los implicados en el negocio que por qué lo hicieron, la contestación es sencilla: “porque podíamos”. Supongo que todos esos encuestados que se han mostrado a favor de la regulación de los también llamados “vientres de alquiler” pensarán en el extremismo exagerado de mi comparación. Claro que no es lo mismo asesinar a una niña en ocho milímetros por un millón de dólares que ser follada por veinte o treinta soldados al día, a cambio de camastros de barracón y comida de supervivencia. Tampoco es equivalente la violación con dirección de escena y cámara subjetiva –como dicen que sufrió Maria Schneider, sin que estuviera previamente en el guión, en El último tango en París– a la creación de granjas de seres humanos, con control de calidad, análisis genético personalizado y paritorios de diseño. Y claro que es diferente la magnitud del desprecio al otro que suponen las fotografías de niños y niñas que la pederastia organizada compran, venden y difunden por las redes ocultas, o los deslices viciosos de las sotanas, si se comparan con las tramas de altura que explicarían las desapariciones de jóvenes y las orgías de sangre que se sospecha han estado sucediendo en la alrededores de las costas levantinas. Si aceptamos que cualquiera dispone de derechos sencillamente porque tiene con qué pagarlos, y que esos derechos incluyen la utilización del cuerpo de una mujer que necesita el pago, estamos aceptando la ética del amo, del pederasta y del putero. Y eso no cambiará por mucho que se pregunte a la gente, se apruebe en referendum, se regule en el parlamento o se bendiga en los altares.

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Brujas y serpientes

 

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