Gabriel de Araceli (Texto y fotos)

Campeonatos del mundo de Atletismo en Londres, 2017

    Zeus, victorioso en el combate contra Cronos, su padre, decidió expulsarle de Olimpia y llenó aquellos campos de hermosos donceles para regocijarse con la belleza viril de sus cuerpos desnudos. Hipómenes venció a Atalanta usando tretas espurias y consiguió su amor venereo. Aunque después Cibeles los castigara convirtiéndolos en leones que arrastrarían su carro eternamente. Quizás Atalanta duda aún del record que Marita Koch estableció en 1985 en los 400 m: 47,60”. Un record que tenía la checa Jarmila Kratoschvilova desde 1983: 47,99”. Marcas de cuando existía la DDR y el Telón de Acero marcaba con sus garras una división entre el mundo libre y las divisiones de blindados soviéticos. Treinta y dos años después, en los Campeonatos del Mundo de Atletismo, en Londres, agosto de 2017, la norteamericana Phylis Francis solo pudo hacer 49,92s en la vuelta a la elipsis del estadio olímpico. La sombra de la duda de Hipómenes se alarga sobre la Koch y la de Atalanta sobre Kratoschvilova con el paso del tiempo.

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Hipómenes y Atalanta, los leones de Cibeles, pioneros en la congelación para reducir los efectos lesivos de los duros entrenamientos atléticos.

    Caos, fuerza primaria anterior a todo, cosmos primigenio del que procede la materia y la luz, que fue érebo y éter, del que nacieron Gea y Urano y los titanes y las eurínias y los dioses y mucho después los hombres, que en su afan de inmortalidad desafiaron a cíclopes y gigantes y se hicieron atletas porque en el escarnio del cuerpo perseguían la perfección de las almas y se convirtieron así mismos en éter, en Caos, en mortales.

    _diana_web Afrodita, promiscua diosa del amor tanto recibía a Marte como a Adonis, aunque castigara convirtiendo en osa a Calisto por haber mantenido amores secretos con Zeus, que a la vez era su padre y amante. Por eso tal vez Afrodita no comprenda por qué se duda del sexo de Caster Semeniat, la impresionante sudafricana ganadora de los 800, con 1’55,16” y tercera en el 1500, ganado por la keniata Faith Kipyegon, dotada esta última de esa morfología asténica propia de las altiplanicies africanas.  Caster Semeniat ha sido condenada a pasar durante toda su vida deportiva un calvario por una cuestión de identidad sexual, como si tuviera que justificar ante la ciencia su elevada secreción de testosterona, o su derecho a casarse con una mujer o la peculiaridad de sus órganos genitales invalidara su feminidad. Los jueces mortales son hombres que deciden quiénes o no son mujeres.

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    Y el atletismo se humanizó porque el dios Usain Bolt se transformó en hombre mortal y frágil y fue vencido por otros mortales en la distancia que le divinizó, los 100 m, tercero esta vez a tres centésimas del campeón Gatlin, sobre el que cayó el castigo por su fraude años ha. Incluso se rompió el gran Bolt en la final del relevo 4X100 y se arrastró herido por el rayo de Marte por el tartán que antes lo elevó a los laureles de la gloria. Memento mori

    Y parecía que una nueva época se asomaba a Olimpia, o Londres cuando los atletas blancos triunfaban en pruebas en las que tradicionalmente ganaban los atletas negros. Que Júpiter no daba crédito al augur que anunció que era una atleta blanca, Sally Pearson, la que ganó la final de los 110 m vallas, por delante de las campeonas negras que dominaban siempre el saltarín esprín corto. O Dafne Schipper, una holandesa blanca como la leche ganando el 200 (22,05”) por delante de todas las competidoras de color.  O que otro blanco, Ramil Guliyev, ganara el 200 por delante del aparentemente imbatible Wayde van Niekerk. Guliyev parecía perdido cuando decidía con que bandera pasear su nacionalidad en la vuelta de los vencedores. No se sabía él si era azerbayano o turco, confuso entre el país que le vio nacer y el que le acogió en su seno.

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Velocidad de reacción, algunos atletas se yerguen mientras otros aún tienen la mano en el suelo.

    Y fue sorpresa en España que el equipo de relevos 4X400 consiguiera una meritoria quinta plaza, el primer equipo blanco entre esa pléyade de selecciones en las que los componentes son siempre gacelas negras. Batieron, además, el récord de España con 3’ 0,65”. Un récord que databa de 2001. Adel Mechaal también obtuvo un meritorio cuarto puesto en el 1500, una prueba en la que antes brillaba el atletismo español. Los dioses no fueron generosos con Ruth Beitia, que alcanzó la final pero no pudo repetir éxitos pretéritos, como si los augurios le indicaran que su tempo pasó y debe despedirse de los jardines elíseos en los que tanto tiempo ha reinado.

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Discóbolo, obra de Mateo Maté

Y el Atletismo se hizo grande en Londres, 2017, porque las marcas conseguidas son humanas y no corren sobre ellas las sospechas de una estafa, y los héroes se rompen y pierden los antes laureados frente a los atletas desconocidos. Honor y gloria para los guerreros vencedores, que reciben de Zeus la corona de laurel como premio a su esfuerzo generoso. Recompensa tal vez escasa en un mundo material en la que el éxito deportivo se asocia a los espectáculos de masas retransmitidos por televisión a todos los rincones del mundo.

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La francesa Mèlina Robert-Michon, que fue 3ª en la final de disco, con 66,21m. La foto es anterior al campeonato.

 

Esos mercenarios grotescos que reciben remuneraciones extraordinarias por vestir una camiseta que tan solo representa una sociedad mercantil o una industria de la distracción. Hipómenes y Atalanta arrastran vencedores el carro de Cibeles por los estadios de Olimpia.

 

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