• Bienvenidos
  • El negocio de los bancos
    • El FROB
    • 133 banqueros millonarios
  • Arquitectura, urbanismo y naturaleza
    • Arniches y Domínguez, la arquitectura, el exilio y la vida
    • Un veinteañero: el Guggenheim
    • Habitar en una obra de arte: Villa Savoye
    • Malasaña
    • La beauté est dans la rue!
    • La beaute est dans la rue (II)
    • La luz del membrillo
    • La cigüeña blanca
  • Gastronomía
    • Cocochas franciscanas
    • Los héroes también comen patatas
    • Comer es inocente
    • La luz del membrillo
  • Por tierras de Castilla
    • Viaje a La Alcarria
    • Castilla la Vieja: abandono y santería
    • Otoño en el monasterio de Santo Domingo de Silos
    • La revelación equinoccial de San Juan de Ortega
    • Angelitos belloS
  • Historias de la historia
    • Arniches y Domínguez, la arquitectura, el exilio y la vida
    • Son, o fueron
    • Manuel Vázquez Montalbán
    • 80 aniversario de la Batalla de Brunete
    • 80 aniversario del bombardeo de Guernica
    • Tardío homenaje a los republicanos que liberaron París
    • Brigadistas
    • Los Benedito: taxidermistas, artistas y científicos
    • Ángel Cabrera Latorre, zoólogo y paleontólogo
    • Venceréis, pero no convenceréis
    • Pasionaria y los siete enanitos
    • Los Diarios robados de Azaña
    • Dolores
    • 85 aniversario de la proclamación de la II República
    • 23F. 35 años después
    • Los Astados Unidos de España
    • Dos Passos, tras los pasos de Pazos
    • El último ajusticiado por garrote vil en España
    • El capricho de la historia
  • Deporte y salud
    • La insoportable erosión del tiempo
    • Barro, sudor y viento
    • Ali Bomaye
    • Aupa Atleti
    • Gimnasia Estética
    • Atletas populares
    • 42.195m
    • Eros y Tánatos
    • Roma no paga a los traidores
    • Citius, Altius, fortius
    • El furbo es asín
    • La salud importa
    • VO2 max: esfuerzo y rendimiento
    • Boxeo
  • Rincón del cuento
    • Estrellitas y duendes
    • EL FARDO, un cuentecito de Rubén Darío
    • Comentario de texto
    • Guillermo de Baskerville (I)
    • Bajo el volcán
    • ¿Dexe qué?
    • Cavalleria Rusticana
    • Reflejos
    • El inconsciente
  • Qué leer
    • El honor del general Franco
    • Leo, luego pienso
    • Pasionaria y los siete enanitos
    • Los Diarios robados de Azaña
    • Caronte aguarda. Fernando Savater
    • El Impostor. Javier Cercas
    • El cura y los mandarines
    • Pepe Carvalho tras las huellas de don Quijote
    • Vargas Llosa: El sueño del celta
    • Don Quijote de oidas
    • Comer es inocente
  • Ana Rodríguez de la Robla
    • La dama bifronte
    • Troncos
    • Volver una y otra vez
  • Poesía… eres tú
    • Luis Álvarez Piñer, un poeta
    • Troncos
    • De exilio y verdín
    • Carlos Oroza: Évame si me transito
    • Pascual Izquierdo
      • El Telero
      • Comentario de textos
      • Alba y ocaso de la luz y los pétalos
    • Emilio Pascual
    • Dionisio Ridruejo: A la torre de san Esteban
    • Aurora Vélez
    • Ana de la Robla
  • Fotogalerías
    • Desafecto
    • Los gritos del silencio
    • Chinatown
    • Sniper
    • Están cambiando los tiempos
    • No hay pan pa’tanto chorizo
    • Marchas de la dignidad
    • Fuego en la piel
  • El cine es maravilloso
    • Bajo el volcán
    • The front page boulevard
  • Peteneras, por Rafael Alonso Solís
    • Nostalgia y mitos
    • La vacuidad de la monarquía
    • Nostalgia y plata
    • España como mito
    • Ojos verdes
    • Chulos de la muerte
    • Alfonso
    • Bagdad, trece años después
    • Darwin y Mariano
    • La muerte de Borges
    • La farsa del discurso
    • El color turbio
    • Siglo XXI: el origen
    • Huevos de Pascua
    • La Cueva de Zaratustra
    • Arte, ciencia y revelación
    • Brujas y serpientes
    • Números y letras
    • Dolores
    • Évame si me transito
    • Amos de la guerra
    • España y su ciencia III
    • España y su ciencia II
    • España y su ciencia I
    • El careto de Billy el Niño
    • Los orígenes
  • Sociedad
    • San Sebastián
    • Jaque continuo
    • La leyenda del tiempo
    • Arturito Pomar, un genio en el país de la nada
    • La Columna Leclerc
    • Reglamento de protección de menores frente a internet
    • Orgullo Gay, Madrid, 2016
    • La Columna Leclerc
    • Mogollón en Sol
    • Pienso, luego estorbo
    • Semana de Pasión
    • Chinatown
    • Santos y soldados
    • Muerte de un ciclista
    • Libertades Públicas
  • Mujer
    • Dolores
    • Día de la mujer trabajadora
    • Machismo, ¡no, gracias!
  • Paris c’est la vie
    • 20 años y un día… después
    • Tardío homenaje a los republicanos que liberaron París
    • Last tango in Paris: 45 añitos
    • Atentados en París
    • El frío le salvó la vida
    • Una semana después
    • Fussillade à Paris, prise d’otages!
    • Paris, j’ai t’aime
    • Macron Président
    • Y entonces, llegó Le Pen
    • La France tranquille
    • Habitar en una obra de arte: Villa Savoye
    • 8 mai à Paris
  • Segovia, guía de la ciudad
    • Segovia inédita

Escaparate ignorado

~ La actualidad examinada

Escaparate ignorado

Archivos de autor: Ángel Aguado

Carmen Laffont: la sal y la cal en los lienzos

29 lunes Jun 2026

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

≈ Deja un comentario

Carmelita Flórez

Tal vez la fortuna acompañó a Carmen Laffont (Sevilla, 1934-Sanlúcar de Barrameda, 2021) desde su nacimiento. Sus padres se conocieron en los años 30 del siglo pasado en la Residencia de Estudiantes de Madrid y educaron a la niña Carmen en aquel espíritu modernista, innovador e inquieto que ellos recibieron de la Institución Libre de Enseñanza. Los viajes posteriores de formación a París; el contacto, a partir de 1958 cuando expone en el Ateneo de Madrid, con las vanguardias madrileñas que surgían alrededor de la galerista Juana Mordó, los viñedos y las orillas del Guadalquivir, el paisaje marino alrededor del Coto de Doñana, su admiración por el pintor expresionista abstracto Mark Rothko, su técnica depurada en el dibujo y el análisis de formas y planos forjaron su pintura de sinfonías de luz, texturas impresionistas y atmósferas geométricas emanadas de la contemplación interior y abrazo a la naturaleza que la rodeaba.

«Primus circundedisti me» Sí. La obra de Carmen Laffont recorre el mismo paisaje desde el que Magallanes y Elcano zarparon un lejano septiembre de 1519 en busca de lo desconocido o en busca de una ilusión. La misma que aparece en esas marismas, líneas y planos coloridos de salinas y caleras, de viñas saturadas de fruto, de cuadrículas de tejados vistos desde su terraza. Con ellos Carmen evoca una naturaleza infinita acompasada de luces, una sinfonía de colores en armoniosa serenidad. Una máquina de coser, unos cestos, un simple armario o una carretilla de albañil pierden su condición de objetos cotidianos cuando el pincel de Carmen los transforma en sentimiento, en serenidad, en arte.

Carmen Laffont, otra sensibilidad pictórica más como Isabel Quintanilla, como Rosario de Velasco, como Amalia Avia, como Menchu Gal, como María Moreno, como Soledad Fernández, mujeres artistas que nos regalan su mirada y nos emocionan con sus pinturas.

El Museo Thyssen-Bornemisza presenta una cuidada exposición de su obra, segunda mujer en ingresar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando como académica de número. Estará abierta hasta el 26 de septiembre. No se la pierdan.


ENLACES RELACIONADOS

Isabel Quintanilla: interiores en el Thyssen

Menchu Gal, un descubrimiento extraordinario

Rosario de Velasco: feliz descubrimiento

Soledad Fernández expone en El Retiro


Comparte esto:

  • Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
  • Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
  • Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
  • Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
  • Imprimir (Se abre en una ventana nueva) Imprimir
  • Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
Me gusta Cargando...

Roberto Bolaño: romántico enigmático

26 viernes Jun 2026

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

≈ Deja un comentario

Agustina de Champourcín

Una suerte de fantasma iluso o de encarnación de la voluntad de escribir inasequible al desaliento viene a la memoria al revisar la novela “La literatura nazi en América”, obra del chileno Roberto Bolaño, escrita en 1996. Sí, el lector se encontró en el expurgo de una biblioteca pública con un ejemplar impecable de ella, edición de 1998, absolutamente virginal, sin mácula alguna, clara señal de que nadie jamás, ningún lector a lo largo de treinta años se había interesado por ella. Y del autor recordaba que aparece como un figurante secundario en la novela de Javier Cercas “Soldados de Salamina”. Ese fue el motivo que le indujo a adentrarse en la espesura del libro, lo que podría ser una selva enciclopédica de citas, lugares y personajes irrelevantes apostantes por la intransigencia e inventados por la fantasía de un escritor romántico.

Roberto Bolaño en Barcelona, fecha indeterminada.

Porque la novela, así es a pesar del despiste que provoca el título, se forja entre la patraña, la invención y la proclama de un autor iluminado que nunca tuvo amores con la ayahuasca, ni siquiera con el alcohol. Locura y genialidad a partes iguales, como un disco rayado de Pink Floyd. Se deslizan varias preguntas realizadas por un mudo que ofrece varias respuestas silenciosas. Escritura bárbara en la que se mezclan poemas escritos por presos de Carabanchel, junto con una suerte de fantasmas o de encarnación de la voluntad en el taller de literatura del personaje Martín García, alias Ramírez Hoffman, o alias los Mendiluce, situado en el sórdido anfiteatro de la facultad de medicina de Concepción, Chile, donde los estudiantes diseccionaban cadáveres.  Nada tiene sentido en esa relación de fingidos autores que recorren el paisaje sudamericano ensalzando en silencio el nazismo en tiempos de las dictaduras chilenas o argentinas. Y el mismo autor recoge que la obra, vislumbres de una originalidad implacable y quimérica, con creadores ficticios, fue leída por amigos y enemigos como una tomadura de pelo monumental rayana en la esquizofrenia.

Y en ella se funden, disparate tras disparate, los violentos futboleros de las “Barras Bravas”, junto con la subversión que produjo la Guerra de las Malvinas. O se cita dos veces a Dionisio Ridruejo, pobre él, tan comprometido con sus ideas sociales y amoríos germánicos. Libro de no escritores para que sea leído por no lectores, las palabras pasan como escarabajos incomprensibles. Personajes efímeros, tiempos imposibles y sucesos falsos como una tomadura de pelo, aliñados por un carrusel de invenciones salidas de la imaginación de dos hermanos siameses y un vidente estrafalario comprometidos todos con el fascismo, donde el sadismo y el masoquismo son juegos de niños.

De Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953-Barcelona, 2003) su biografía recoge el agitado momento histórico que le tocó vivir en su infancia en el continente sudamericano y que de alguna manera se refleja en la novela. Fueron tiempos inciertos: el final de la guerra de Korea, la gestación y parto catastrófico de la guerra de Vietnam, el final agónico del imperialismo europeo, guerras coloniales en África, pronunciamientos revolucionarios en Sudamérica, crisis de misiles, agitación social, iluminados profetas, golpes de estado fascistas, la presencia ominosa de la CIA de Allen Welsh Dulles en el Coño Sur, el más jodido por la doctrina Monroe; la Escuela de las Américas, Eisenhower, Kennedy, Nixon, Kissinger y su Realpolitik, Pinochet, Somoza, D’Aubuisson, Hugo Banzer, Stroessner, Videla, Trujillo, Noriega, Efraín Ríos Mont… todas aquellas políticas y toda aquella historia que ahora pretende emular el actual huésped de la Casa Blanca. ¡Una pesadilla!

Pinochet y Kissinger se saludan en Santiago de Chile una vez consumado el golpe de estado. Septiembre de 1973.

Tras una juventud romántica, inquieta y viajera por México y Chile es en Blanes, Barcelona, donde se asienta Roberto Bolaño en 1985, pasando incontables penurias económicas. Y es ahí donde empieza a destacar como escritor mientras se ve obligado a compartir las letras con oficios variopintos para poder alimentarse. Su empeño heroico y sus letras llaman la atención de algunas editoriales y recibe algún premio literario que le permite sobrevivir. Es en 1998 cuando entabla amistad con Cercas y le cuenta, fantasía literaria, que conoció en un cámping, donde él trabajaba los veranos, a Miralles, el personaje bienhechor de “Soldados de Salamina”, el salvador de Sánchez Mazas que de alguna manera también le salvó a él del anonimato. Y como todo héroe, Bolaño murió joven, apenas con cincuenta años, leído ahora con curiosidad crítica de entomólogo.


ENLACES RELACIONADOS:

El agente Rojas ND507

Cincuenta años del golpe de estado de Pinochet

Dionisio Ridruejo: corazón loco

Dionisio Ridruejo: rebelde con causa


Comparte esto:

  • Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
  • Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
  • Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
  • Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
  • Imprimir (Se abre en una ventana nueva) Imprimir
  • Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
Me gusta Cargando...

CÁMARA NEGRA: al suelo todo el mundo

12 viernes Jun 2026

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

≈ Deja un comentario

Carmelita Flórez

Al lector le invade una sensación extraña de estar vigilado al recorrer las páginas de “CÁMARA NEGRA”, la novela de Juan Fernández Sánchez. Y se le eriza la piel cuando al pasar la vista por sus párrafos su pensamiento abstracto se concreta en reticencias sobre la legitimidad del Sistema que le ofrece la lectura, que esas dudas pueden estar siendo grabadas y usadas en su contra por algún instrumento secreto incrustado en su cerebro, que se ha iniciado ya contra él un juicio sumarísimo con sentencia previa condenatoria inapelable. Porque presiente que un dedo acusador, un ente invisible le señala como enemigo a batir simplemente por dudar de la necesidad de un centinela fiscal atento a cualquier deriva que elabore su mente contra el Gran Hermano. Porque al volver la página puede encontrarse con una denuncia anónima si su opinión no comparte la bondad y necesidad de la opresión que sufre por su bien, si es reticente sobre el método obscuro que, en su beneficio y en el de la comunidad ejecuta, implacable, el Estado.

Juan Fernández, autor de CÁMARA NEGRA, junto a Luis Miguel Úbeda, periodista de Radio Nacional durante la presentación en la Librería La IMPRENTA, calle Monteleón, 5, en el madrileño barrio de Malasaña, donde se puede adquirir la novela.

Todos dudamos de todos, vigilantes siempre, atentos, todos podemos convertirnos en cómplices, en aliados fieles al Sistema. O sus enemigos a los que hay que eliminar. Vivimos un momento en el que el Poder oprime al ciudadano desde todos los ángulos de su observada existencia: el vecino con el que te cruzas en el portal al bajar la bolsa de basura puede ser un colaborador secreto, un espía a sueldo que delatará cualquier duda que te surja. O el amigo íntimo, o el compañero de mus, o esa viejecita con lumbago a la que ayudas a subir al ascensor y dejar en su puerta el carrito de la compra. Puede que haya transmitido al Poder aquel comentario jugoso que hiciste sobre aquel ministro cocinero del Interior y su ángel de la guarda, Marcelo, que premió a una talla de una virgen con medallas policiales. Hay que ser y estar con el Sistema. Siempre.

 Y vienen a la memoria del lector, ya prevenido y vigilante cuando pasa las páginas, esas grandes cloacas del Estado en las que todos los gobiernos depositan sus bolsas de basura a escondidas para perpetuarse en el Mando. Ese partido único que son todos a la vez, esas prácticas ejecutivas decoradas exteriormente de Democracia, ese relato colectivo secreto que no es más que un ente anónimo que se reproduce continuamente y que sin citarse se citan en el libro: el caso Almería, o la desaparición de Pertur, o de Publio Cordón, o Lasa y Zabala, o el secuestro de Segundo Marey, o el cuartel de Inchaurrondo, o las prácticas cocineras contra el contable genovés para eliminar de sus asientos los apuntes molestos del libro Diario.

Juan Fernández, premio TIFLOS de Novela 2017 entre otros premios recibidos, durante la presentación de CÁMARA NEGRA el pasado 23 de mayo.

Conducido por una reportera de guerra transida de dolor la novela transcurre en un ambiente ominoso. Se adivina un homenaje a Robert Capa y Gerda Taro, aquellos héroes inocentes que perdieron su vida en plena juventud por denunciar la opresión que el Poder ejecutaba eliminando, entonces como ahora, las libertades públicas. La acompaña en la narración una médica fiscal, testigo incómodo y a la vez necesario para la legitimación del Poder, que autodesaparece para evitar su desaparición absoluta. Conmigo o contra mí si quieres sobrevivir, o quedar eliminado. La Inteligentza es una cámara negra que lo graba todo.

Mire por los rincones, debajo de la cama no sea que le hayan adosado en el somier un paquete sospechoso, compruebe que no hay micrófonos escondidos al empezar a leer la novela. Baje la persiana. No se fie de nadie, mantenga el teléfono cerrado. Mejor es asegurarse de que nadie le observa cuando comience la lectura de esta absorbente novela.

Una estética de ficha policial presenta la portada del libro. ¿Estará el autor libre de toda sospecha?

Comparte esto:

  • Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
  • Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
  • Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
  • Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
  • Imprimir (Se abre en una ventana nueva) Imprimir
  • Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
Me gusta Cargando...

Richard Avedon: sin pistola en el Salvaje Oeste

08 lunes Jun 2026

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

≈ Deja un comentario

Carmelita Flórez

In American West, el trabajo fotográfico que Richard Avedon (Nueva York, 1923-San Antonio, 2004) realizó en el salvaje Oeste americano de 1979 a 1984, retratando el penoso modo de vida de la población, tiene un antecedente en las fotos de Walker Evans o Dorothea Lange. Dos fotoperiodistas que ya habían retratado de 1937 a 1944 la América profunda que sufría las consecuencias de la Gran Depresión de 1929, originada por el hundimiento de la Bolsa y que llevó a la catástrofe y a la miseria a las capas sociales más necesitadas. Evans y Lange trabajaron para la Farm Security Administration (FSA), una agencia estadounidense creada en 1937 dentro de la política del New Deal del presidente Franklin D. Roosevelt para combatir la pobreza rural extrema que asolaba las zonas rurales del Oeste americano tras el desastre bursátil.

Un aspecto de la exposición en la Sala Mapfre, en el Paseo de Recoletos, Madrid.

Richard Avedon, un fotógrafo exquisito y afamado por sus portadas en la revista de moda y lujo VOGUE, de Nueva York, se puso el mono de currante, se olvidó de las alfombras rojas y se bajó a la mina cual Gerardo Iglesias de la Fotografía, se trasladó a unos escenarios similares a los de la FSA cuatro décadas después y durante cinco años se sumergió entre la población sumida en la pobreza y la crisis económica que las políticas liberales de la Administración de Richard Nixon y Gerald Ford habían dejado, de 1969 a 1977, entre las clases sociales más débiles. Con su cámara de placas, con luz natural y frente a un simple telón blanco fotografió a todos aquellos menesterosos y perdedores, el espejo roto y deslucido de la sociedad surgida de la ambición capitalista.

 Los retratados, gente corriente anónima, se enfrentaban a largas sesiones de tomas de fotos una a una, simplemente posando en la calle, en su lugar de origen, frente a una gran cámara de placas de negativos de 20 por 25 cm. montada sobre un trípode, sin flashes, en un fondo neutro, sin asesor de imagen, sin maquilladores, sin peluqueros, sin efectos especiales ni programas digitales de retoque posterior, sin inteligencia artificial, tal como eran, mostrando su naturaleza interior, su simplicidad o su heroicidad reflejada en la indumentaria humilde que vestían todos los días. Fue un trabajo colosal que requería la ayuda de dos asistentes y largas horas posteriores de laboratorio fotográfico muy intenso debido a la gran cantidad de delicado material que había que revelar y positivar. Era como escuchar desde el sofá del psicólogo, o desde el interior de un confesionario, la cámara, el relato pormenorizado de la vida menesterosa que el penitente modelo confesaba al sacerdote, al fotógrafo. A veces los retratados quedaban ligeramente fuera de cuadro, produciendo en las fotos una inquietud compositiva que le da aún mayor interés a la confesión. Porque el fotógrafo no interviene para nada en sus gestos, porque son almas inocentes que nos abren su interioridad, su intimidad, su desnudez, la expresión más pura, casi virginal del retratado.

Ronald Rischer, apicultor, 9 de mayo de 1981, California.

«Un retrato fotográfico es la imagen de alguien que sabe que está siendo fotografiado, y lo que hace con ese conocimiento forma parte de la fotografía tanto como lo que lleva puesto o su apariencia», escribe Richard Avedon, en la revista Camera, noviembre de 1974. Y son el testimonio de un submundo olvidado por los poderosos, molesto para el Capital, que trata de ocultarlo ahora con las concepciones políticas que desde la sinrazón psicópata del crujido de una motosierra y la brutalidad grosera y obesa de un perturbado de la Casa Blanca quieren imponerse en la flaca economía y política mundial.

Muy lejos de pretender una denuncia ni de hacer una fotografía social los retratos de Avedon parece que nos trasladaran al principio de la creación, o a los tiempos actuales, en los que la incertidumbre, la pobreza, la discriminación, la exclusión social por la procedencia del individuo o la persecución al diferente o al que tiene otro credo o color de piel siguen presentes y en auge cuarenta años después con mayor presión y rabia, si cabe, que entonces.

La muestra que se expone en Madrid en la Sala Mapfre recoge las ciento diez imágenes que componen el libro IN THE AMERICAN WEST, publicado en 1985, así como láminas y borradores en los que Avedon indica diferentes precisiones técnicas sobre el revelado y exposición correcta de las fotos. Estará abierta hasta el 30 de agosto. No se la pierdan, por lo que más quieran.

Boyd Fortin, destripador de serpientes de cascabel, 13 años, Texas, 10 de marzo de 1979.

Portada del Libro IN THE AMERICAN WEST, aparecido en 1985.

Enlaces de interés:

https://www.avedonfoundation.org/the-work

El agente Rojas ND507

Chiquita Banana

Historia de Mayta


Comparte esto:

  • Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
  • Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
  • Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
  • Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
  • Imprimir (Se abre en una ventana nueva) Imprimir
  • Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
Me gusta Cargando...

OMISSION

01 lunes Jun 2026

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

≈ Deja un comentario

Carmelita Flórez. Fotos de Terry Mangino. Vídeo Anne de Saint Germain des Prés

Guitarras, batería desmesurada decorada teatralmente de calaveras neandertales y cráneos de cabras montaraces, bajo, voz que estimula y avisa como el silbido de la locomotora de carbón, amplificadores Marshall, decibelios, underground subterráneo de garaje, atletas melenudos ejecutando implacables arpegios en las Jackson y en las Gibson.

 

OMISSION: Una banda de veteranos rockeros de acordes pétreos como un tsunami que avanzara rompedor por la atmósfera, la piel erizada al contacto con ese sonido granítico de barriada industrial. Habitantes de la periferia obrera de San Blas, lugar que fue sede de los periódicos en papel de la Transición, el suburbio de Madrid al que aún no llega la “gentrifricación” ni la avalancha del turista maletero, lejos del “perreo” y del papamóvil que amenaza con inundar las calles de la gran ciudad de homilías y llenarlas con felicidad espuria importada de las fábricas de sotanas blancas y ritmos de barranquillas latinas.

OMISSION: Casi una nostalgia de sonido ajeno al paso del tiempo y de las modas; duro, correoso, inasequible al desaliento, contrario a la música de usar y tirar. Una estatua bruñida de bronce entre las escayolas raídas de las efímeras modas musicales.

OMISSION: Pelotazo agridulce, casi ácido, contra el consumismo de las orejas dependientes de las listas de éxitos bastardos impuestos desde Miami. Chicos malotes y honrados padres de familia.

OMISSION: La trinchera donde regresa siempre el fugitivo, un agujero queda para tí, donde no queda sitio para nadie que no sea vencedor en la derrota diaria con la que arrastramos la existencia.

OMISSION: Una encrucijada, guerrilleros refugiados en la cantera del rock, los últimos valientes en la refriega contra el aullido del consumo musical invasivo. Un puñetazo en los oídos para espantar los fantasmas de lo estéticamente correcto, desaprensivos entre las dieciséis cuerdas del cuadrilátero: pegada, comba y esgrima en el combate del escenario. Victoria por KO técnico en el tercer asalto. Su calor llega al público expectante como una sorpresa inesperada.

Pongamos que hablo de OMISSION: Escúchenlos. Si se atreven.

https://www.facebook.com/OMISSION.ES

Comparte esto:

  • Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
  • Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
  • Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
  • Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
  • Imprimir (Se abre en una ventana nueva) Imprimir
  • Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
Me gusta Cargando...

El Toboso y Campo de Criptana: allá donde, aún, se peina Dulcinea y Sarita enamoraba al mundo

11 lunes May 2026

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

≈ 2 comentarios

Carmelita Flórez. Fotografías de Terry Mangino

Que por mayo, era por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor;

sino yo, triste cuitado
que vivo en esta prisión,
que ni sé cuándo es de día
ni cuando las noches son
sino por una avecilla
que me cantaba al albor.
Matómela un ballestero;
dele Dios mal galardón.

Tiene El Toboso los campos florecidos de amapolas, de margaritas, de lavandas que parecen colorear un mantón republicano entre vides, olivos y cereales regados por las lluvias que caen indolentes. Ya se sabe: cuando marzo mayea mayo marzea. El caballero, el escudero fiel, el ama y la sobrina, el cura y el barbero, el bachiller Sansón Carrasco, caballero de la blanca luna, comentan para sí con alborozo, escondidos tras las tapias de una venta, los rostros atónitos de sorpresa que los forasteros exhiben escrudiñando los rincones donde caminaba Aldonza Lorenzo, de la que dicen que tuvo la mejor mano para salar puercos que cualquier otra mujer de toda la Mancha.

Recreación de una habitación manchega del siglo XVI, en la Casa de Dulcinea de El Toboso.

Y a Dulcinea debe su fama la villa y será nombrada en los venideros siglos, como lo ha sido Troya por Elena. Y es menester visitar ahí la recreación del caserón que sirve de museo donde se recrea el modo de vida aldeano de aquel hidalgo segundón cuya fama se extendió por el mundo. Y que fue villa cuasipatrimonio de la Orden de Santiago hasta que, en el último tercio del siglo XVI, las enormes alcabalas que gravaban sus territorios, motivadas por las necesidades monetarias de una corona fastuosa, hicieron que sus bienes fueran enajenados y traspasados a manos de la aristocracia. El Toboso, sí, al que ya en 1575 Felipe II, el Rey Prudente (?), concedió un privilegio fiscal para que aquellos que se encaminaban a Santiago se vieran auxiliados en sus males por un hospital para peregrinos. Y exentos de tasas si en la villa pernoctaban. Lugar rico en aguas subterráneas que contaba con diez molinos de viento para el trigo, y un molino y tres prensas para el aceite, que la hacían villa señorial y respetada.

 Y escuchará el viajero palabras y modos olvidados: farfolla (envoltura de las panochas del maíz), maquila (cobro en especie por un servicio realizado, generalmente la molienda de grano), fanega (cuarenta y cuatro kilos de grano en unos lugares, cincuenta y cinco en otros), celemín (fracción variable de la fanega según el lugar). Y un poco más allá, a la sombra de la torre de la iglesia entablaban coloquio el hidalgo y su fiel criado sobre la naturaleza humana reprendida por la arrogancia esclavista de los tiranos: «La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres».

Y sin notar su presencia y desde un rincón de la plaza mayor el viajero, aplicado en fotografiarse, es observado con curiosidad por una corte de vecinos toboseños ocultos en el tiempo, que se ríen de la presura y descomedimiento del recién llegado. Miulina, Briareo, Alifanfarón, Espartafilardo del bosque, Pentapolín, Brandabarbán, Micocolembo, Timonel de Carcajona, Felixmarte de Hircania, Cirongilio de Tracia, Brocabruno y Laurcalco del Puente de Plata, todos ellos habitantes fantásticos de El Toboso, no pueden sino reírse a carcajadas, sorprenderse de las prisas y hábitos extraños de esos forasteros presurosos que pretenden ver en minutos lo que ellos en siglos crearon. «Llaneza, muchacho, no te encumbres, que toda afectación es mala», dice para el que quiera escucharle maese Pedro, el titiritero, desde un rincón de la plaza.

El imparable paso del tiempo en la venta de El Toboso.

Y aún, en las cercanías de El Toboso, resuena con estrépito el alegato de libertad y feminismo, tan moderno ahora, que la pastora Marcela entona en nombre de la mujer contra aquellos que la creen belicosa y culpable de la muerte del pastor Grisóstomo por no quererle y rechazar, decidida, sus propuestas de amoríos:  «El que me llama fiera y basilisco, déjeme como cosa perjudicial y mala; el que me llama ingrata, no me sirva; el que desconocida, no me conozca; quien cruel, no me siga; que esta fiera, este basilisco, esta ingrata, esta cruel y esta desconocida ni los buscará, servirá, conocerá ni seguirá en ninguna manera. Que si a Grisóstomo mató su impaciencia y arrojado deseo, ¿por qué se ha de culpar mi honesto proceder y recato? Si yo conservo mi limpieza con la compañía de los árboles, ¿por qué ha de querer que la pierda el que quiere que la tenga con los hombres?»

Soledad en una calle de El Toboso.

 

Y partieron por el camino real los viajeros y a poco descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como los vieron comprendieron que estaban en Campo de Criptana. Sí, veinticinco molinos hay en la sierra y veinticinco ladrones andan por ella. Que ya era necesario en el siglo XVI el oficio e intervención de la Santa Hermandad para librar de malhechores, malandrines, bellacos y gentes de baja estopa a los caminantes honrados.

Molinos de Campo de Criptana.

Porque Campo de Criptana es tierra de acogida y en ella se aposentaron gentes provenientes de la Rebelión de las Alpujarras que de 1568 a 1571 se alzaron contra la represión que el Rey Prudente (?) contra sus costumbres emprendía; que hoy como ayer la historia se repite, que es cosa que la humanidad se empeña una y otra vez en perseverar en su estulticia y en sus errores y se da de bruces contra el aguijón de la necedad reiterada; que los moriscos trajeron sus modos de vida sin enfrentarse a nadie ni interrumpir las costumbres ajenas y habitaban en viviendas-cuevas que excavaron en la roca caliza de la Sierra de los Molinos. Y después, con el paso de los siglos y los nuevos hábitos, uno de aquellos gigantes aspados se dedica no a la molienda del trigo o de la aceituna, sino que sirve de museo para glosar la memoria de su hija más preciada y famosa: Sarita Montiel, aquella diva que enamoró al mundo con su pose grácil y su voz cautivadora.   

Y recogidos los viajeros en la galera que los devolvería a su lugar de origen, impregnados del paisaje manchego y del conocimiento de los escribidores de aquel Siglo de Oro, tal vez meditaron y comprendieron que las entonces necedades de los libros de caballerías son ahora los bulos desatados que se propagan por las redes sociales, de los que el público iletrado y menesteroso se abreva con regocijo y ansias desatadas y sin dar pauta a la crítica que busque la luz. Y que siempre ha habido usos y costumbres erráticas y absurdas ajenas a la razón, auspiciadas por el oficio de los vendedores de humo y consumidos en desmesura por la masa en ese afán de sentirse únicos y diferentes aún a costa de perder el raciocinio y militar en la necedad, que no en la Orden de Santiago, que ya lo decía Lope de Vega en su escrito Arte nuevo de hacer comedias:

Escribo por el arte que inventaron

Los que el vulgar aplauso pretendieron.

Porque, como los paga el vulgo, es justo

Hablarle en necio para darle gusto.

«Stultorum infinitus est numerus». Es infinito el número de los necios.


ENLACES RELACIONADOS:

Viaje a la Mancha: Dulcinea nos espera

Una manchega en Hollywood: memorias de Sara Montiel

Pepe Carvalho: tras las huellas de don Quijote


Ejemplar que perteneció a Fidel Castro expuesto en el Centro Cervantino de El Toboso.

Comparte esto:

  • Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
  • Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
  • Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
  • Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
  • Imprimir (Se abre en una ventana nueva) Imprimir
  • Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
Me gusta Cargando...

El paraíso recuperado: El hijo de PETER PAN

05 martes May 2026

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

≈ 2 comentarios

Carmelita Flórez

La infancia es el paraíso del ser humano y a ella regresa Javier Puebla para recordar con sus poemas aquella felicidad que disfrutó de niño. “El hijo de PETER PAN”, su libro de versos, es una recuperación de aquel tiempo en el que nos creíamos eternos y todo a nuestro alrededor evocaba la alegría del comienzo.  Peter Pan, el eterno adolescente incapaz de enfrentarse al crecimiento, siempre presente en la eternidad de un instante. Y llegó el hijo, que era como un vértigo porque «de pronto se comprende que hay un ombligo en el mundo que es más importante que el tuyo».

El hijo y el padre, PETER PAN.

El protagonista es el niño y es el padre a la vez, que en sus palabras se sorprende de su creación, del pulso vertiginoso que debe afrontar en la vida para mantenerse feliz, fiel a la inocencia, fiel a la infancia. «Tal vez porque el espíritu no se hace viejo tenemos la guardia muy alta para no hacernos daño», aunque pesen en la memoria las amarguras del pasado. Aquella generación de los 70 y 80 que se fue masacrada por el sida, por la heroína, que con su muerte nacieron para el recuerdo. Javier, como PETER PAN, prefiere la noche y pasea por ella en solitario, para no crecer, para cuidar de sí mismo recordando la magia de la niñez, la pureza del alma. Ya no tiene edad. ¿Qué es la edad?, se pregunta riendo en la isla que no está en ningún mar, como cuando le hacía cosquillas su mamá.

Público en el CAFÉ COMERCIAL, donde se ha presentado el libro el pasado 4 de mayo.

Javier ya sabe que «todas las buenas acciones tienen su castigo». Tal vez por eso se adentra en la infancia, para mantenerse asido al esplendor, a la luz con la que descubrimos el mundo. Su libro es una isla de magia continua, diversiones sin parar, risas y sonrisas aleteando en las caras de los niños. Una proclama a la felicidad, a la paternidad. «Ser padre es lo mejor que le ha pasado nunca. Jamás».  

Wendy espera la dedicatoria de Peter.

«Se recomienda leer el libro en voz alta», propone PETER PAN, bueno, su padre, Javier Puebla.


Comparte esto:

  • Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
  • Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
  • Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
  • Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
  • Imprimir (Se abre en una ventana nueva) Imprimir
  • Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
Me gusta Cargando...

UNA DOCENA DE HISTORIAS

28 martes Abr 2026

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

≈ Deja un comentario

Carmelita Flórez

Cuentista declarado, Alfredo F. Alameda escribe a lo llano, a lo liso, a lo no intricado, como muchas veces ha hecho, y por eso le vale un cuento por una docena, o por ciento. El lector ojea su última obra, UNA DOCENA DE HISTORIAS, y se encuentra con la prosa de un narrador que la ha comunicado a lectores apasionados de la leyenda, dotos y discretos, y a otros ignorantes, que sólo atienden al gusto de oír disparates, y de todos ha hallado una agradable aprobación. Y sabe que es mejor ser loado de los pocos sabios que burlado de los muchos necios a quien toca leer semejantes cuentos.

Su fantasía es un abanico amplio de temas en los que las pasiones humanas se manifiestan con estrépito, ya sea la carnalidad del cuerpo femenino, de Eva, que tanto arrebata al hombre indefenso; ya sea el discreto comedimiento que imponen los años; ya sea dejándose sucumbir por el hechizo de la pasión amorosa, parte inherente de nuestras vidas. Y se pone de parte de la pastora Marcela frente al asedio de Grisóstomo, violencia de género diríamos hoy, que reclama ella su feminidad e independencia por encima de la tentación que su presencia suscita.

El autor, Alfredo F. Alameda, junto con el crítico literario Pascual Izquierdo, durante la presentación del libro en la Biblioteca de Galapagar, Madrid, el pasado 23 de abril.

Tiene Alfredo F. Alameda una vieja historia de amistad con los Episodios Nacionales, de Galdós. Y recuerda aquellos tiempos de juventud pictórica, alumno de la Escuela de Bellas Artes, en los que paseaba por el barrio madrileño de Fuencarral, tras pergeñar en un lienzo desnudos de la Venus Esquilina al carboncillo, con un ejemplar de “La Nausea” bajo el brazo, la novela de Jean Paul Sartre, tal vez para deslumbrar por el intelecto a las mujeres enamoradizas. Aunque, confiesa, «que cambié de argumento porque a las chicas les aburría aquello del existencialismo». Quizás por eso se adentró en la ficción del protagonista de la novela de Unamuno “Niebla”, Augusto Pérez, personaje que cobra vida y discute con el autor, don Miguel, nada más y nada menos, atribuyéndose la dirección y criterios que debe seguir el relato incluso por encima de su hacedor. Y su vena pictórica-cuentista le llevó a sumergirse en las tiras de Mafalda y aquellos personajes de los tebeos, un tanto redicha y crítica la protagonista, en las que las historias ya no las hacía el autor, Quino, sino los mismos personajes del comic. Y como Alfredo F. Alameda se declara más de brújula que de mapa y para evitar que el lector se haga un lío con falsas inventivas y deslices equívocos decidió aprovecharse del saber de Rafael Azcona y lo primero que escribe es el final del cuento, punto, para no liar la cosa por recovecos tortuosos que despisten al curioso que se acerca a sus letras.

Alfredo F. Alameda durante la presentación de UNA DOCENA DE CUENTOS, el pasado 23 de abril.

 De todas esas fuentes de conocimientos literarios y de sus fantasías vitales ha compuesto el caballero Alfredo F. Alameda este libro, UNA DOCENA DE HISTORIAS, lleno de comedias y de fábulas que deleitan, alegran y entretienen a la par, tanto a los doctos como a los discretos lectores. Y te hacen pensar, no necesariamente, que la vida está llena de cuentos que merecen la pena ser leídos y disfrutados, para olvidarse de la oscuridad con la que pergeñan la actualidad los dirigentes que gobiernan en el caos del mundo.     

Firma de UNA DOCENA DE HISTORIAS en la Biblioteca de Galapagar, el pasado 23 de abril.

Comparte esto:

  • Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
  • Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
  • Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
  • Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
  • Imprimir (Se abre en una ventana nueva) Imprimir
  • Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
Me gusta Cargando...
← Entradas anteriores
Entradas recientes →
LA COLMENA: Sobrevivir al desencanto
La Puerta del Sol: Fernando Fernán-Gómez en modo genio
Manhattan Transfer: John Dos Passos se mete en un patio de vecinos mal avenido

Ángel Cabrera Latorre, un zoólogo universal

La calle de Valverde: Max Aub, el recuerdo de las ausencias
LA ODISEA: mucho ruido y poca peli

Artículos publicados

OMISSION: Rokeros de acero
PATAGONIA, XXII Premio de novela Ciudad de Salamanca

Ángel Cabrera Latorre

¡Vivan los novios!

PREMIO TIFLOS 2017

Los Olvidados

España, Campeona del Mundo

Meterse en los charcos

  • Avatar de Ángel Aguado Ángel Aguado
    • La Puerta del Sol: Fernando Fernán-Gómez en modo genio
    • Manhattan Transfer: ¡Marchando una de vecinos!
    • Al arrullo de los versos en Castilla: “DULCES RUINAS III”
    • La calle de Valverde: Max Aub, el recuerdo de las ausencias
    • España Campeona del mundo: el furbo es asín
    • Orgullo Gay 2026: fin de fiesta en Madrid
    • Carrera de Tacones de la calle Pelayo 2026
    • 60 aniversario de Radio Clásica
    • Carmen Laffont: la sal y la cal en los lienzos
    • Roberto Bolaño: romántico enigmático

Niñas al salón que el Sabina está en la ciudad

Cabalgata del Orgullo Gay 2026 en Madrid

Vivan los novios

Rosario y Alfonso.1950

Homenaje a Ángel Cabrera en el MNCN con motivo del 60 aniversario de su fallecimiento

60 aniversario del fallecimiento del zoólogo Ángel Cabrera

Madrid por las nubes: Antonio Palacios y Joaquín Otamendi
Carrera de tacones de la calle Pelayo 2026
Vicente Rojo, el último romántico
Maratón de Madrid, 2026
Ya queda menos para la San Silvestre 2026
Ya queda menos para la San Silvestre 2026
El Retiro era una fiesta
Una marea roja inunda las calles de Madrid: Carrera de la Mujer 2025
Protesta perruna frente al Congreso de los Diputados.
Maratón de Madrid 2025
23 de Abril: fiesta del libro.
La Bureba, el paraíso perdido en Burgos. La pobre santa Águeda ya no necesita cruzado mágico.

Carrera de la mujer 2024 en Madrid

Maratón de Madrid 2024


MISTERIOSO ASESINATO EN VALLECAS
Sostiene Pereira

Carrera de tacones de la calle Pelayo 2022

Meterse en los charcos

Leer a Jesús Torbado

Leer a Jesús Torbado, periodista, escritor y viajero

JESUS TORBADO, PERIODISTA Y VIAJERO

Leer a Richmal Crompton, la autora de Guillermo Brown

Richmal Crompton, la creadora de Guillermo Browm

LEER A MARÍA MOLINER Y SUS FURIOSOS VOCABLOS

Leer a Juan de Yepes Álvarez

Gonzalo Torrente Ballester

Gonzalo Torrente Ballester

Leer a Rubén Darío

Leer a Rubén Darío

El Príncipe de las Letras Castellanas

Berenjenas con Gambas, la memoria gastronómica-lectora de Manuel Vázquez Montalbán

Berenjenas con gambas

Manuel Vázquez Montalbán, In Memoriam

Leer a Rafael Azcona

Humor negro para reírse de la vida

Leer a Azcona, leer guiones de cine

Leer a Carmen de Burgos

Leer a Ferlosio

Leer a Ferlosio

Viaje con Aramburu por la esritura

ENA: Una reina y un machote

¡Pero que público tan tonto tengo!

Tamara Cifuentes

Las chicas sólo quieren divertirse

MILENIO, el último Carvalho

QUÉ LEER EN LOS TIEMPOS DEL VIRUS

QUÉ LEER EN LOS TIEMPOS DEL VIRUS

Vicent, el magnífico

Vicent, el magnífico

Manuel Vicent, periodista y cronista de la Transición

Al Caudillo le han dado el paseillo

Madrid está lleno de tumbas de tiranos sin banderas

Madrid está lleno de tumbas de tiranos sin banderas

GALÍNDEZ, asesinado por Trujillo

Franquito: ni miedo, ni mujeres, ni misas

Franquito: ni miedo, ni mujeres, ni misas... bueno rezar, rezaba mucho.

Franquito: ni miedo, ni mujeres, ni misas... bueno rezar, rezaba mucho.

Franco fusiló al general Batet por mantenerse fiel al orden vigente

Al general Batet Franco lo fusiló por su lealtad republicana

La poesía valiente de Pascual Izquierdo

La derechuza

La derechuza

Esa mirada con que premian tus ojos mi deseo

Mujeres luchadoras por la igualdad

Leonor Izquierdo, el amor de Machado

Un torturador franquista: Billy el Niño

El careto de Billy el Niño

Luis Montes

Guggenheim: un veinteañero

Madrid asediado, 80 aniversario de las Brigadas Internacionales

Queridos míos

Aurora, poetisa
Aurora, poetisa
Voluntario de cocina durante el 15 M 2011 en la Puerta del Sol
Voluntario de cocina durante el 15 M 2011 en la Puerta del Sol
Emilio Pascual
Emilio Pascual
15M 2011en la Puerta del Sol.
15M 2011en la Puerta del Sol.
¡Ay, qué calor! Julio,2015, Madrid
¡Ay, qué calor! Julio,2015, Madrid
George Mocanu, mosca, 52Kg. Fue en 1997 subcampeón del mundo amateur en Budapest y olímpico en Sidney en 2000 con su país, Rumanía.
George Mocanu, mosca, 52Kg. Fue en 1997 subcampeón del mundo amateur en Budapest y olímpico en Sidney en 2000 con su país, Rumanía.


Carrera de tacones de la calle Pelayo 2022
El cerro del tío Pío

Perdedores: ganador del premio TIFLOS 2017 de cuentos. Obra de Ángel Aguado López. Orgazanizado por la ONCE, Editado por Edhasa-Castalia

PATAGONIA: XXII Premio de Novela Ciudad de Salamanca 2018. Obra de Ángel Aguado López, editado por Ediciones del Viento

PERDEDORES, Premio TIFLOS 2017 de cuentos
Follow Escaparate ignorado on WordPress.com

Blog de WordPress.com.

  • Suscribirse Suscrito
    • Escaparate ignorado
    • Únete a otros 95 suscriptores
    • ¿Ya tienes una cuenta de WordPress.com? Inicia sesión.
    • Escaparate ignorado
    • Suscribirse Suscrito
    • Regístrate
    • Iniciar sesión
    • Denunciar este contenido
    • Ver el sitio en el Lector
    • Gestionar las suscripciones
    • Contraer esta barra
Cargando comentarios...
%d