Arroz con frijoles (V)

Este relato forma parte del libro PERDEDORES, que obtuvo en 2017 el XXVIII Premio TIFLOS de Narrativa. Editado por Edhasa Castalia

  Resumen de lo publicado: Las muertes en accidentes aéreos de Emilio Mola y Camilo Cienfuegos suscitan todo tipo de dudas entre los historiadores, porque ambos pugnaban por el liderazgo en las revoluciones de España y Cuba, en las que al final se impusieron eternamente  Franco y Fidel. ¿El azar, un sabotaje, la traición? La historia sólo recuerda a los vencedores. Con esos ingredientes, Anne Marie Debray escribe un guion para la BBC sobre los tiranos del siglo XX. Las revelaciones de alcoba muestran las personalidades distintas de ambos dictadores. Franco utilizó la muerte de José Antonio, «el Ausente», en su provecho.


Gabriel de Araceli

La carrera política de José Antonio fue irrelevante. “Nunca fue capaz de hipnotizar a una audiencia masiva como lo hacía su admirado Mussolini” [Las tres Españas del 36. Pág. 127. Paul Preston]. Conocido como el hijo de Primo de Rivera fue elegido diputado por Cádiz (encuadrado en un partido de aluvión monárquico conservador) en las elecciones del 19 de noviembre de 1933. No repitió escaño en las elecciones de febrero de 1936 (Referido por Paul Preston; Las tres Españas del 36). En esos años se dedicaría a coquetear con el fascismo en Italia y a fundar Falange (29 de octubre de 1933). Serrano Suñer, casado con una hermana de Carmen Polo (esa pareja a la que señora de Meirás vetó su presencia en las recepciones de El Pardo), presenta a Franco a José Antonio, en febrero de 1932.

Y el resultado no pudo ser menos amistoso. El caudillo consideró al hijo de Primo de Rivera como un señorito y un aficionado al politiqueo. Y José Antonio consideró antipático, poco fiable, ambiguo, calculador, receloso y frío al general. Ambos volverían a encontrarse el 8 marzo del 36 en Madrid, con un desenlace similar, no se soportaban [Citado por Juan Pablo Fusi. Franco. Taurus. 1995]. Fue en una reunión secreta en la que también Franco se entrevistó después con Mola, Orgaz, Fanjul, Varela, Kindelán, Saliquet, Villegas… la plana mayor que se levantaría en armas cuatro meses después. Esa fue toda la relación personal que tuvieron los dos líderes.

El fusilamiento de José Antonio fue un error tremendo de la República, porque el líder falangista era enemigo natural de Franco y hubiera sido un rival difícil de digerir para las aspiraciones todas poderosas del generalísimo. Con el camino generosamente expedito que le dejó la torpeza de Largo Caballero (entonces presidente del Consejo de Ministros de la República) fusilando a José Antonio, Franco se dio un festín de poder, asimilando en su provecho la ideología de los camisas azules.

Don Jose Antonio Primo de Rivera, leider der Spaanse fascisten, geëxecuteerd 20 november 1936 *19 november 1936

Al parecer, hubo varios intentos de liberar a José Antonio de la prisión de Alicante. Indalecio Prieto, que respetaba a José Antonio, propuso al bando rebelde intercambiarlo por otros prisioneros (entre ellos el hijo de Largo Caballero, en poder de los franquistas) y una suma en metálico. Se cuenta que hubo una mediación de Queipo de Llano, que ideó una improbable acción de comandos, a pesar de que él y José Antonio llegaron a las manos durante la dictablanda en un café de Madrid, el Lión D’Or, en febrero de 1930 [relatado por Sancho Dávila en su libro: José Antonio, Salamanca y otras cosas]. Incluso se reunió dinero para sobornar a los guardianes carceleros. También se requirieron los servicios de la inteligencia nazi a través del consulado alemán en Alicante. Pero ninguna gestión o intento tuvo éxito. Ángel Viñas documentó en 1980 el poco interés, incluso la labor de zapa emprendida por Franco para que José Antonio no saliera vivo de su reclusión. Después, ya sin rivales absorbió la doctrina de Falange usándola como cuerpo ideológico del que el franquismo carecía, convirtió a José Antonio en un héroe enterrado con honores en Cuelgamuros y miró para otro lado cuando los chicos del Cara al sol llenaron de cloacas la administración del Estado.

dionisio_ridruejo

A los dionisiosridruejos, a los laínesentralgos, a los giménezcaballeros, a los hedillas, a los sánchezmazas y a los agustinesdefoxás, o bien Franquito los desterró o bien los fagocitó como amebas en el plasma urinario de la mediocridad lavativa del catecismo social nacional franquista. Franco fue el vencedor omnímodo desde su antipatía y su baja estatura moral, también física. “Los falangistas venderían sus ideales a cambio de pensiones vitalicias de Franquismo SA” (Herbert Southworth).

Anne Marie conocía los hábitos de los falangistas españoles porque una gran parte de su ideología la había adoptado y camuflado con toques de populismo y estética renovada el Front National francés, al que su padre, Regis Debray, había combatido ideológicamente a priori en aquella selva amazónica y traicionera del río Ñancahuazú, junto al Che. Pensó que aquella lucha por cambiar el mundo de un puñado de idealistas guerrilleros en los 60 había sido estéril, y que la historia, como un fénix resucitado, se revolvía contra la razón e imponía nuevamente la ideología de la intransigencia y del fascismo.

SECUENCIA 5. INTERIOR, NOCHE (En el purgatorio)

DIONISIO RIDRUEJO

A todos nos engañó Franco, a todos nos confundió con aquellos modales de mojigato, de generalazo curtido en mil batallas, de héroe africano y salvador de la patria, cuando lo que en realidad quería era convertirse en un dictador exagerado. Sólo le movía el interés personal, incluso se aseguró de que March le asignara una fortuna por si le salía mal el levantamiento. Y a ti, José Antonio, te utilizó como nadie jamás se ha aprovechado de un muerto. Eres el muerto más rentable de la historia de España. Sobre tu memoria levantó Franco su reinado del terror y de las mentiras. Y ya vencedor nos traicionó, traicionó nuestra revolución, nuestra idea de cambio social, traicionó el porvenir de España. Con él, nunca rio la primavera por el cielo, la tierra o el mar de nuestra patria.

JOSÉ ANTONIO

Nunca nos caímos bien, desde aquella vez que tú me lo presentaste, Ramón, cuando tu boda. El general siempre me pareció marmóreo, como una estatua incapaz de expresar sentimientos. Desconfiado, rígido, suspicaz, resentido, siempre a la defensiva. Sí, a todos nos engañó. A todos nos utilizó. Utilizó mi figura, millones de veces repetida, como un ecce homo de perfil en las escuelas, en los despachos, en los ministerios, en los cuarteles a la que encomendar la promesa de regeneración marchita, en la que descargar su culpable impotencia de dictador taimado. Utilizó mi nombre y puso en su boca palabras que yo nunca pronuncié, pensamientos que yo nunca escribí, doctrinas que nunca idealicé. Se sirvió de nosotros para sus planes personales. Pero también nosotros tenemos la culpa porque no quisimos pararle los pies. Nos vendimos por un plato de servilismo, bien pagaos. Fuimos los bien pagaos, por un puñao de parné le legitimamos. Cortesanos adorando al becerro de oro. No, no era eso, no era ese nuestro sueño.

SERRANO SUÑER

Creamos al monstruo y después nos devoró. Aunque sin la ayuda de aquella jauría de la burguesía eterna de la profunda España, que nos jaleaba para que ensangrentáramos la historia con nuestras pistolas no hubiéramos sido nada. Éramos insignificantes, un puñado de brabucones y paletos muertos de hambre de la Castilla tullida y malhechora. Tú, al menos has sido el eterno ausente. Tu corta vida fue, sin embargo, perpetua en el ideario nacionalfranquista, como un vigilante o una amenaza que planea en vuelos silenciosos desde las alturas controlando que todo esté en orden. No podías evitarlo, lo sé. Imagino que estarás herido porque no podías defender tu honor, tú no eras eso en lo que te convirtió Franco. Querías para España otra verdad, otro rumbo, otro destino universal. Y Franco te manchó la memoria y te elevó a un altar en el que tú no querías ser santo. Eras el muerto. El Ausente. ¡Presente!

JOSÉ ANTONIO

La historia me asignó un papel que yo no quería. Quién sabe, de no haber muerto lo mismo hubiera sido un abogado de prestigio como tú, Ramón. O un romántico enamoradizo como tú, Dionisio. O tal vez me hubieran perdido las mujeres, como a vosotros dos, y aquellos ideales revolucionarios nacional sindicalistas se hubieran arrinconado tapados por el olor de unas enaguas de mujer a la luz de la lumbre. A la luz de un cara al sol de amaneceres entre cinco rosas perfumadas de hembra. Al menos vosotros vivisteis unas vidas, pero yo viví en la muerte y soy muerte viva, muerte solemne, perseguido por las muertes de los demás que yo no maté y que ahora la historia me reclama, señalado como culpable y cómplice de los crímenes de un dictador bajito que a todos nos mató con su locura redentora. Sólo fui una fotografía en blanco y negro millones de veces alabada, millones de veces despreciada.

DIONISIO RIDRUEJO

Yo sufrí en vida el destierro y el desprecio del general. Le pedí cuentas por sus acciones en la posguerra y en Múnich y me castigó con el exilio, con el ostracismo y el silencio. Y como yo otros que no se vendieron por el saco del pienso sufrieron el aliento del tirano sobre sus nucas. Hedilla fue condenado a muerte, y murió en una vida estéril y vacía, al contrario que tú, José Antonio, que viviste resucitado en la muerte. El gran tirano, el gran mentiroso, ahí siguen confundiendo tu memoria con sus asesinatos, la memoria de todos nosotros con sus crímenes. Caídos todos por dios y por España, o por Franco.

SERRANO SUÑER

Nos creíamos poderosos y protagonistas y sólo fuimos títeres en manos de un tirano. No volvimos victoriosos al paso alegre de las banderas y sólo hubo la paz de los cementerios que Franco llenó de muertos con nuestras pistolas, con las pistolas que nosotros empuñamos, que tan útiles le fuimos y por tan poco nos vendimos. No hubo primaveras con el general, sólo humo de crematorio e invierno áspero y duro de nieve negra manchada de sangre y estiércol por las cunetas de España.

FUNDE EN NEGRO

franco_serrano_mussoliniFranco saluda a Mussolini en Bordighera, el 12 de febrero de 1941. El «Cuñadísimo» Serrano Suñer toma nota.

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Dionisio Ridruejo: Rebelde con causa


Talento, en Navidad

Gabriel de Araceli

Hemingway escribía en su Underwood una historia de una guerra olvidada en España. La espalda no le perdonaba, ni la Gellhorn tampoco, allí, enhiesta, con aquella sonrisa cínica de mujer fatal. Key Largo, la Gran vía, Bocaccio, la Plaza Mayor, Vetusta… tampoco había tanta diferencia, lugares donde se asentaba la tragedia humana. De repente se escuchó una explosión horrible y Arturo corrió escaleras abajo. «¡Ilse, Ilse!» gritaba desesperado. Pero allí estaba la rubia en el vestíbulo de la Telefónica, como una Victoria de Samotracia alzada sobre los escombros, sonreía. Arturo Barea respiró tranquilo. La Regenta, azorada, salía del confesionario, don Fermín de Pas, el Magistral, henchido de soberbia, se sentía vencedor.

«Tengo que felicitar a todos mis amigos la p… navidad, no sé que decirles y mi ordenador no funciona». Terry Mangino estaba al borde del colapso, encima, su estilográfica se estaba quedando sin tinta. Eran muchos amigos… allí en New York, en París, en Londres, en Madrid, en Alepo… Sus lectores…

–Eres un romántico, Terry –le dijo Carmelita Flórez mientras se cepillaba el pelo–. ¿Tú crees que tus crónicas le interesan a alguien?

Terry se quedó mirando a la Flórez desconcertado. Carmelita vestía de negro, escote profundo, taconazos, labios de carmín.

–La gente quiere divertirse, no que les cuentes historias tristes en navidad, Terry, hazme caso, qué les importa que el Primark emplee esclavos en Bangladesh si después compran sus vestidos de quince euros en la Gran Vía. No puedes cambiar la mierda del mundo, Terry.

La Flórez estaba radiante con aquel vestido de 300 eurazos que él le compró en… sí, en el Primark de Londres. Recordó.

¡Garbancero, garbancero ! le llamaba don Ramón María a don Benito. Bueno, eran celos y envidias entre genios, algo muy corriente en el Siglo de Oro, o en la España actual. Don Francisco (Quevedo) no aguantaba a don Luis (de Góngora), y don Miguel, alias el manco, tenía unos celos injustificados del talento dramático de don Lope (de Vega). Incluso ahora, modernamente, don Arturo (Pérez Reverte) y don Francisco (Rico) se habían retado en el monte de las letras batiéndose en singular duelo de eruditos escribidores.

–Ves, te lo dije –le dijo la Pardo Bazán–, no pierdas el tiempo escribiendo historias baratas de gente humilde. ¿Para qué? Escribe bien de los poderosos, de la Iglesia, de la Monarquía, adula a los banqueros. Así llegarás a lo más alto, y no con esas historias de la Bringas y la Fortunata, que no son más que unas casquivanas.

­–Señora, sin insultar, que una es muy suya y no tiene por qué aguantar a las condesas menopaúsicas. ¡Faltaría más! –contestó Fortunata con desparpajo.

Don Benito (Galdós) se quedó mirando el papel en blanco con su plumilla de acero y su tintero. Ni estilográfica tenía para escribir aquella novela abigarrada de la Plaza Mayor. Juanito Santa Cruz le hizo un guiño cómplice de hombre a hombre.

Don Francisco (Umbral) se estiró más aún en su sillón de Emmanuelle, sus blancas guedejas le daban a su tez una palidez albina. Se calzó en los cojones su Olivetti Lettera, ametrallaba un esplín de Madrid. Don Francisco era exquisito, jamás escribía antes de las dos de la tarde. Sobre un sillón, tal vez olvidada, una ninfa dormía su alborada de amor. Don Francisco le tapó con su bufanda el pecho dormido.

–La navidad me irrita, todas esas gentes abarrotando la calle Fuencarral, trasegando alcohol, felicidad lo llaman. Somos reos de la cibernética. No puedo ligar todos esos retazos que me llegan al caletre con mi pluma. Sin ordenador no soy nadie. No sé escribir. hemingway2¿Cómo podían contar sus historias tan bien toda esa legión de escribas, el Hemingway, don Benito, el Umbral, el Barea, Clarín… si no tenían más que un papel, no muy limpio, y una pluma de oca? –se preguntaba Terry. La Flórez había decidido quitarle los tirantes a su sujetador. Su vestido de fiesta resaltaba su tipazo.

–Talento, eso se llama talento –le contestó la Gellhorn mientras se retorcía la costura negra de sus medias de nylon. Ernest la miraba embobado, incapaz de escribir dos líneas seguidas en la Underwood. Se llevó a los labios un trago de Johnnie Walker Black Label. Umbral también se metió otro lingotazo entre pecho y espalda. Su Olivetti disparó 666 caracteres en un momento.

–Eso en mi pueblo se llama borrachera –gritó Fortunata con voz de verdulera del Mercado de la Cebada.

–Benito, cuida los modales de esa pelandusca, que se te sube al bigote –le soltó, ducal, doña Emilia Pardo Bazán.

–Señora, no presuma de lo que no tiene, señorío –le soltó la Fortunata herida por el veneno de la madama.

Don Benito empuñaba su plumín airoso de tantas acometidas femeninas. Sí, escribía lo que le echanse. Juanito Santa Cruz le guiñó otro ojo.

Ana Ozores de Quintanar humedecía sus sábanas cuando don Álvaro Mesía abandonaba su lecho, al alba, el pudor se lo impedía antes. Clarín no llegó a los 50.

–Eran unos genios, Terry, no te amargues. Escribian porque les salía de dentro. No necesitaban nada, sólo un papel y una pluma de oca.

–Eso me mortifica, Carmelita. No tengo talento.

–El talento es escribir doce horas diarias, señor Mangino, sólo eso –le indicó Galdós levantando los ojos del papel.

–Somos esclavos de los caprichos de las palabras –afirmó Umbral sin levantar los ojos miopes de su Olivetti Lettera. Don Francisco fue hacia la chica y recuperó su bufanda, ella incluso pareció alegrarse de mostrarle sus tetas magníficas.

–Very, very woman –gritó Hemingway llevándose a la boca su quinto Black Lavel, –no bebas tanto, le respondió la Gellhorn alzándose en sus tacones.

A don Fermín de Pas todo aquello le molestaba sobremanera, vagatelas, necedades, caprichos licenciosos femeninos. Se encerró en su confesonario, sabía que Ana Ozores llegaría en breve a su cita diaria.

­–Terry, cariño, bájame la cremallera ­–le susurró la Flórez en la oreja. Mangino lo comprendió enseguida, la navidad era eso, desear a los demás suerte mientras tu chica te decía que la quisieras.

«Feliz domingo, o feliz navidad », llegó a escribir a duras penas con su estilográfica. Carmelita tenía mucho talento.

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España como mito

Rafael Alonso Solís

Desde la comprensión del amor a la tierra que pisamos y reconocemos gracias al intercambio de fluidos y al cruce de genes o restos de genes, todo nacionalismo incorpora una versión siciliana de los negocios. Cuanto más locales, más insignificantes e, incluso, más crueles, como sucedía en aquellos monólogos de Gila en los que, tras relatar las agresiones xenófobas con que se saludaba a los forasteros, terminaba con un “si no aguantan las bromas, que se vayan del pueblo”. Cuanto más universales, más necios y más injustos, porque al final tienen que basarse en una referencia a la raza, al color de la piel o al género para establecer las diferencias. Sin embargo, la llamada al espíritu de la tribu es un recurso habitual de la política, al tratarse de un asunto que se mueve por los bajos fondos de la condición humana. Como ejemplo y desiderátum de altura, en un alarde de su más fina retórica, el presidente del gobierno español suele recurrir al hecho de que, al margen de lo que hagan él o sus ministros, España es un gran país, quizá por ese descubrimiento de la antropología mariana de tratarse de un territorio poblado de españoles, o tal vez por ser la tierra de María Santísima –lo que justifica esa participación de diferentes vírgenes en la solución de los problemas económicos y sociales, característica de los últimos gobiernos–. Con lo cual se alcanza una explicación simple de la inutilidad de la política, tanto para la gestión diaria como para el diseño del futuro, ya que la clave del asunto reside en el purismo nacionalista –el español, en este caso–, por el cual es la calidad intrínseca del país y sus virtudes ancestrales las que garantizan la construcción adecuada del futuro, más allá de los programas, las decisiones o las leyes. Pero, ¿y si no fuese así? ¿Y si comenzáramos por admitir que cada país no es otra cosa que un acuerdo, y que ni su definición, ni sus himnos, ni sus banderas son otra cosa que inventos del mercado, no más sólidos ni sustanciosos que lágrimas en la lluvia? ¿Y si “nuestra madre España” –invirtiendo el proceso de la mitificación– fuese, como señalara Jaime Gil de Biedma, frente a la pobreza o al mal gobierno, un “estado místico del hombre” –y de la mujer, claro–, donde las culpas son achacables a los miles de demonios que se arrastran por el subsuelo y emergen de noche para diseñar nuestras desgracias? El drama histórico se reduciría, entonces, a una confrontación entre el bien y el mal –el primero representado por las vírgenes y los ángeles que deambulan por los ministerios, y el segundo por los discípulos y discípulas del Maligno, que incuban y sucuban sin descanso, mientras nos maldicen–. De nuevo, es el mismo Gil de Biedma quien contesta, negando la existencia a los demonios con la actualidad de sus versos, porque “son hombres los que pagan al gobierno, los empresarios de la falsa historia…”.Enlaces relacionados:

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Ojos verdes

Rafael Alonso Solís

A María Isabel Quiñones –Martirio para el arte, que siempre me recuerda a mi amiga Julieta– le acaban de dar un premio, y cuando uno andaba dándole vueltas para escribir sobre el fin de siglo y el crepúsculo de los mitos, su voz rompe la pana desde la radio entonando “Ojos verdes” y me obliga a cambiar de registro. En los años cuarenta, Rafael de León –marqués del Valle de la Reina y del Moscoso, conde de Gomara, y poeta de la Generación del 27– escribió un sutil y ambiguo poema de amor, inmenso y eterno por la fugacidad del instante perdido, componiendo, junto a Antonio Quintero y Manuel Quiroga, la copla más hermosa que jamás se haya  cantado en castellano. Dicen que, por aquella época, Concha Piquer y Miguel de Molina se disputaban el cetro de los cantes, desde los colmaos de un Madrid que trataba de recuperarse a los escenarios del Price o el Calderón, pasando por los turbios rincones de la aristocracia que había financiado el vuelo del Dragon Rapide y se enriquecía comerciando con penicilina de estraperlo. Mientras que la Piquer cantaba la copla con la limpieza de su garganta, Molina la imbuía del misterio que emanaba del amor prohibido. Una noche, desde el segundo piso del teatro en el que actuaba, alguien le gritó “marica”. martirio_webSin inmutarse y acariciando la flor con la que adornaba sus rizos entintados, Miguel respondió: “marica no, maricón, que suena a catedral gótica”. Sin ser flamenco, sino copla –ya se ha dicho más arriba– “Ojos verdes” tiene la capacidad de incorporar jondura y dejar entrever el suspiro de sensualidad de su letra. Pocos intérpretes del género se han resistido a incluir esta canción en su repertorio, si bien con resultados muy diferentes. Puede que la peor versión sea la de Raphael, incapaz de evitar su estilo amanerado y sus aires de marica de terciopelo. Entre las mejores, yo  me quedaría con dos, que destacan por el hecho de que la personalidad del intérprete se hunde en la tragedia apenas sugerida y la hace totalmente suya, como si fuese la primera vez que se entona. Una es la de José Salazar, Porrinas de Badajoz –genial cantaor extremeño que se anunciaba como marqués de Porrinas, padre biológico de Azúcar Moreno y los Chunguitos–. Porrinas cantaba “Ojos verdes” por bulerías, acompañado por la guitarra del Niño Ricardo, y conseguía que una copla alcanzase la categoría de cante grande gracias a la profundidad de su toque de garganta. La otra, sin duda alguna, es la de Martirio: original, rasgada, más suya que de nadie y ejemplo de iconoclasia con guiños de peineta y marujeo. Pero hay una tercera que no necesita de música ni sonido de cuerdas, pero que está impregnada de amargura contenida, con la carga de melancolía dramática que tiene el amor efímero. No es una canción, sino un comic gay, y el autor es Nazario de Luque, el insolente creador de Anarcoma, tan icono de los ochenta como su autor.

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Rafael Alonso Solís, MD, PhD
Prof. of Physiology and Institute Director
Institute of Biomedical Technologies
Center for Biomedical Research of the Canary Islands
University of La Laguna

María Isabel Quiñones Gutiérrez, Martirio, ha recibido el pasado lunes, 28 de noviembre, el Premio Nacional de Músicas Actuales, que concede cada año el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte

Viaje a La Alcarria

Este año se han cumplido 70 desde que Camilo José Cela viajara por La Alcarria y escribiera su libro, publicado en 1948, crónica viajera que hoy se lee con el misterio de regresar a una época y a un paisaje perdidos. Siguiendo un poco su estela se ha elaborado el siguiente itinerario, en el que los espíritus de aquella época y los fantasmas del presente andan revolviendo cañadas y quebradas, paradores, fogones, fondas y alquerías, pantanos, ríos y secanos, colinas, olivares y trigales, con León Felipe dispensando recetas magistrales en la botica de Almonacid de Zorita, o con Cela, escriba dicharachero, en Pastrana.


©Fotografías y vídeo Ángel Aguado López



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La Resistance

Resistentes

nice_resiste2_webFoto de Carmelito Flórez

La primera foto (arriba), la tomé en Nice, Côte d’Azur, en 2006. La segunda foto (abajo), se publicó hace un mes en el diario EL PAÍS, como complemento a una información que hablaba de un homenaje celebrado en Madrid a los héroes republicanos españoles que tomaron parte en la liberación de París, el 24 de agosto de 1944. En ellas aparece el mismo caballero, en la primera foto en el centro, y en la segunda foto el cuarto por la izquierda. Entre ambas fotos han pasado diez años. ¿Alguien sabe quién es este señor? Díganme argo, por lo que más quieran, el tiempo apremia, cada vez quedan menos resistentes. Gracias.resistentes_madrid_2016Enlaces relacionados:

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Barro, sudor y viento

El ser humano busca retos contra los que medirse y comprobar su grado de superación. El ciclocross adquiere un tono épico cuando se desencadenan los elementos y la lluvia embarra caminos y pedreras contra los que la habilidad sobre la bicicleta y la aptitud física del ciclista luchan por imponerse. Heridas de barro, y la satisfacción de vencerse a sí mismo, esa es la gloria que consiguen los atletas.

Ciclocross en Boadilla del Monte, 20 de noviembre de 2016

Fotos y vídeo de Ángel Aguado López


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Castilla la Vieja: abandono y santería

Castilla sufre un abandono secular, cada vez más es un desierto donde sólo habita el arte sacro y viejos que no pudieron, o no quisieron marcharse de estas tierras. Bañada de historia conserva un patrimonio artístico excepcional, sus iglesias encierran tesoros de belleza extraordinaria, como estos que se muestran a continuación, fotografiados en tierras de Valladolid y Zamora.

 

Un vídeo fotográfico de Ángel Aguado López

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Angelitos Bellos