CAMPEONES (I)

Gabriel de Araceli

En los Campos Elíseos del deporte hay un templo consagrado al ciclismo. Y entre los dioses del partenón agonístico pedalea un Sísifo encadenado a su bicicleta, un cautivo ciclista que concita la admiración popular porque sólo dispone de su frágil jumento de hierros y de su voluntad y esfuerzo para dirimir entre un destino duro y canalla: la derrota o el triunfo. Deporte de albañiles, de fruteros, de descargadores que buscaban en el pedal la redención de una vida adversa y sin luz, la gloria conseguida por el sufrimiento extremo, la elevación a los altares sociales del luchador tenaz y vencedor de sí mismo. El gran Fede, el gran Perico, el grandísimo Merckx, todos de procedencias humildes forman parte de la capilla de los héroes de los amantes del pedal.

Eddy Merckx, vencedor en tres ocasiones de la Paris-Roubaix, aquí en la edición de 1969.

Las clásicas ciclistas de primavera constituyen un espectáculo deportivo en el que se funde la lucha y la pasión por obtener tan sólo un éxito efímero al cruzar la línea de meta. Durante un mes esos forzados de la ruta, épicos gladiadores del pedal pelean por las carreteras italianas, flamencas o francesas por un momento de gloria y el reconocimiento social del público aficionado, su cómplice en la lucha por la subsistencia.

El pasado domingo, 10 de abril, se corrió la 114 edición de la Paris-Roubaix, 258 Km por estrechas y tortuosas carreteras de duros adoquines, la carrera del pavé terrible y las trampas enfangadas, caídas, agotamiento, sangre, sudor y barro para conseguir la gloria reservada a los dioses, la victoria. El vencedor al esprint fue el australiano Hayman, con un tiempo de 5h 51′, segundo fue el belga Boonen y tercero el inglés Stannard, con el mismo tiempo.ciclo_cross_2

Fotografías ciclo-cros, Boadilla del Monte, 2014. Ángel Aguado


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