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Escaparate ignorado

~ La actualidad examinada

Escaparate ignorado

Archivos de autor: Ángel Aguado

Manuel Vázquez Montalbán

19 jueves Oct 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

≈ 5 comentarios

Ángel Aguado (Texto y fotografía)

—Es él, —dijo Pepe Carvalho.

    Del taxi se bajó un señor no muy alto y gordito, con aspecto circunspecto y semblante desconfiado. Hubiera pasado por el taxista de no llevar periódicos y libros en la mano e incrustados en las orejas unos auriculares.

—Ya sabes, el Barça —me diría después. Y sí, era él.

—Vamos, Pepinho —le dijo la Charo.

    Carvalho me guiñó el ojo izquierdo, se pegó un orujazo y ambos se perdieron por las umbrías del hotel Felipe II. Vaya usté a saber qué cocinarían dos personajes como ellos, a sus años, por aquellos andurriales del monte Abantos una mañana de verano de 1990, en El Escorial. Yo, un reportero dicharachero que tenía que fotografiarle me quedé alelado, porque allí, frente a mí, estaba él, el enorme, el inmenso, el sinigual MVM, Manuel Vázquez Montalbán. Posiblemente el escritor más brillante que ha producido España en la segunda mitad del siglo XX.

    Después, todo fue muy fácil. Se despojó de la máscara de persona tímida y posó para el reportero donde y como le dijeron. Quizás, en el fondo MVM no fuera sino un humilde periodista que trataba con otro de tú a tú, sin orgullo, sin jerarquía, sin galones. Fue muy sencillo fotografiarle.

Manuel Vázquez Montalbán fotografiado el 16/07/1990 en el Hotel Felipe II, San Lorenzo del Escorial, Madrid

    Manuel Vázquez Montalbán.  Su extensa obra trata todos los géneros imaginables e imaginarios: poesía, periodismo, gastronomía, ensayo histórico, crónicas sentimentales de las distintas transiciones políticas o sociales por las que ha pasado el país, novelista afamado y temido columnista, padre de uno de los personajes más leídos de la transición democrática, el cínico, irreverente, resignado, gourmet y conmovedor detective Pepe Carvalho. ¡MVM! Su prematura muerte dejó pasmado y huérfano al universo metafísico y literario, tanto hispánico como universal. Demasiada tragedia para ser verdad, una broma macabra que el destino nos jugó, le jugó a la libertad de expresión, al periodismo, a la crítica social, al análisis de la actualidad política. Aunque desde el caudillaje de bigotes y abdominales se descorchara cava (catalán, en la intimidad) al verse libre del azote del “eje del mal” que tanto zahería con sus artículos al aspirante patriótico a esperpento, uno más, el más chiquitín a pesar de sus botas texanas de los tres de las Azores, cuatro con Barroso. Después supimos que nunca hubo armas de destrucción masiva más allá de las lanzadas contra Irak por la coalición aliada; que el 11 M fue el precio que pagamos todos por la arrogancia de uno, que de aquellos polvos de neocolonialismo económico nos anegan las crisis de precariedad y pobreza de estos lodos.

    Pero ya no estaba MVM. Quizás Manolo Vázquez Montalbán reflexione sobre la estupidez humana zampándose en los Mares del Sur un plato de morteruelo regado con tinto de Peñafiel. Carvalho, como buen hijo, obsequiará los postres con un aguardiente helado que le haya traído Biscúter de Pontevedra.  Y un poco más allá Fuster, Galíndez, Pasionaria y los siete enanitos, los alegres muchachos de Atzavara, el pianista, Sixto Cámara, Juan Marsé, el secretario general asesinado en el Comité Central, el delantero centro y Maruja Torres le obsequien en un balneario con una tarta de inmortalidad porque ayer, 18 de octubre, hizo catorce años que falleció en Bangkok, donde los pájaros, MVM.


Con posterioridad a la publicación de este artículo se ha recibido una columna que MVM publicó hace ahora 23 años. En aquellos tiempos, los españoles descubríamos perplejos que las cloacas del Estado chorreaban mierda, que nuestros ángeles custodios emprendían el camino de Suiza  y que san Isidoro no era tan santo ni tan sosialista. Perdimos, de golpe, la inocencia. Aunque lo que vino después ni siquiera tuvo reparo en destapar las cañerías cegadas, sino que las llenó más aún, hasta reventar, de detritos  sólidos. De ayer, de ahora, de siempre. La corrupción: un fondo sin fondo.

(Por gentileza de http://vespito.net/mvm/indesp.html)


TRIBUNA:

Fondos

M. VÁZQUEZ MONTALBÁN

EL PAÍS, 14 / 03 / 1994


La inocencia existe. Me lloran los ojos interiores del espíritu cuando leo en la prensa que el presidente González ha llamado a varios ministros para pedirles, por lo que más quieran, que hagan un buen uso de los fondos reservados. Doce años después de ocupar la jefatura del Gobierno, admirados de que Felipe González se enterara de lo de Filesa gracias a la prensa, sólo sano estupor puede merecernos ahora que de pronto haya comprendido el mal uso que puede hacerse de los dineros secretos del Estado, dineros doblemente negros. Los medios de comunicación dan muchos disgustos a los políticos, pero de vez en cuando se produce esa venturosa comunión que le permite al señor presidente saber lo que pasa en el país sin otro esfuerzo que poner la radio o leer un periódico. Otra cosa es la meditación sobre el nada espléndido aislamiento de este hombre inocente entre los inocentes y la duda del uso que haga de tanto sociólogo, historiador y politólogo de cámara, proveedores de ideología de la presidencial casa y al parecer poco duchos para compensar la tendencia a la inocencia del señor presidente. Aterra pensar en cuántas tiernas ignorancias vive todavía este hombre y lo necesaria que es su inmediata puesta al día sobre el claroscuro del mundo. Por su bien y por el de todos los españoles, alguien de su entorno debería desvelarle cuanto antes los secretos más míticos de las almas y los cuerpos. Por ejemplo, que los niños no vienen de París, que los Reyes Magos casi siempre son los padres (sin desmerecer ni a don Juan Carlos ni a doña Sofia), que los Clinton tienen las piernas feas y gordas bajo el chándal, que Semprún ya no es Federico Sánchez, que Alfonso Guerra nunca llegará a Córdoba. De lo contrario, el señor presidente un día puede morir de candor. Mucho más tonto que morir de éxito.


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Son, o fueron

Pasionaria y los siete enanitos

Pepe Carvalho tras las huellas de don Quijote

Comer es inocente

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Soberanía

11 miércoles Oct 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Rafael Alonso Solís

Es de suponer que pocas horas después de la redacción de esta columna, el Parlament de Cataluña tome la decisión de continuar desplegando las leyes que ha ido aprobando durante las últimas semanas. Ni lo habrá hecho con limpieza, ni considerando más que el punto de vista de una parte de la ciudadanía a la que representa. Puede que no les quepa otra, aunque ya haya quien piense que han ido demasiado lejos o demasiado aprisa, y aunque Andreu Mas-Collel –el consejero de Economía anterior a Junqueras,  inventor del modelo ICREA y creador de la Universidad Pompeu Fabra– haya avisado con prudencia. Hoy mismo, Immannuel Wallerstein recordaba –e Ignacio Ramonet lo reproducía en las redes sociales– la afirmación de Donald Trump en su discurso en Naciones Unidas de que había sido elegido para defender la soberanía de Estados Unidos. Pero, ¿qué es la soberanía? ¿Significa lo mismo para Trump que lo que significaba para Nelson Mandela? Seguramente significa lo que queramos, lo que desee enfatizar la persona que enarbole el concepto, lo que mejor justifique la intención de quien la escriba o la pronuncie. Para Wallerstein –uno de los referentes del movimiento antiglobalización, junto a Chomsky y Bordieu, y un anunciador del declinar de la hegemonía estadounidense desde los ochenta–, no es otra cosa que un mito, “uno que tiene diferentes consecuencias en diferentes momentos del sistema-mundo”. Como tantas palabras diseñadas por la especie para comunicarse ideas y establecer un diálogo, una que puede tener tantos significados como deseen sus usuarios, y que solo la posición moral con la que se utilice puede otorgarle sentido y recorrido hacia el futuro. A lo largo de la historia de la humanidad, y gracias al proceso de encefalización, hemos ido inventando palabras o las hemos recibido de los cielos en raros momentos de inspiración. Puede que las palabras constituyan una cima, a veces inalcanzable, cuando forman parte de la poesía, cuando se nos aparecen como visiones emergiendo del cuarto oscuro o cuando nos resuenan en la cabeza con su música callada. Sin embargo, aunque fabricadas con los mismos elementos, construidas con las infinitas letras que se encuentran ordenadas en la biblioteca de Babilonia, se convierten en pedradas cuando son manejadas por los constructores de ideologías de batallón, por los dirigentes políticos o por los diseñadores de opinión interesada. Como también señala Wallerstein en su artículo, “nuestro juicio moral depende de la totalidad de las consecuencias, y no del mito de la soberanía”. La visión del sociólogo neoyorquino tiene especial relevancia porque buena parte de su obra intelectual y de su compromiso han estado relacionados con los conflictos africanos postcoloniales y con la evolución de la economía capitalista en el seno del sistema-mundo. En estos días y en los que están por venir –que seguramente serán peores, como hace tiempo augurara Ferlosio–, hemos visto cómo se utilizan las mismas grandes palabras en forma de clavos ardientes con que torturar al adversario. Una tortura que ha partido de ambos gobiernos. Por eso sobran.

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Un veinteañero: el Guggenheim

09 lunes Oct 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Frank Gehry, Guggenheim Bilbao

 

Gabriel de Araceli

    La arquitectura transforma el paisaje, interactúa con el entorno físico y crea nuevas relaciones socioeconómicas, culturales, nuevas costumbres, nuevos hábitos entre el individuo y el objeto arquitectónico creado.

    En el caso del Museo Guggenheim la transformación del entorno ha sido absoluta. Un lugar inhóspito y sucio, la ría de Bilbao, se convirtió en un nuevo paisaje, el signo de progreso de una ciudad para habitar, para vivirla.

    El espacio se humaniza y se crea una dependencia mutua. Las formas, los volúmenes desarrollan nuevas funciones y el individuo se adapta y corresponde utilizando la nueva arquitectura.

    Se trata de un nuevo ecosistema colonizado por un nuevo uso, La arquitectura del Guggenheim ha sido una nueva vida para el paisaje, para la ciudad de Bilbao.

    La fascinación de las formas y volúmenes producida por el Museo Guggenheim ha sido un fenómeno universal. Viene a representar la nueva catedral, o a sustituirla, es el edificio al que se peregrina, un nuevo camino jacobeo. De Bilbao, en este caso. Solo han cambiado los iconos. De representaciones religiosas se ha pasado a superficies curvas y ondulaciones abstractas, como una sinfonía de rectas y texturas que se armonizara en un doble espacio, gaseoso y líquido, que la atmósfera modifica constantemente. El espejo en el que el peregrino se mira reconfortado porque ha encontrado la luz que buscaba en su viaje.

    Otras ciudades han seguido el efecto llamada del Guggenheim y han construido edificios emblemáticos para atraerse la atención mundial, no siempre con los resultados previstos. La Ciudad de las Artes en Valencia es un ejemplo de esa arquitectura escaparate en el que se mezclan ambiciones, corrupciones, fraudes, irregularidades urbanísticas, defectos de construcción, intereses económicos, financieros y políticos.

    El Museo Guggenheim, obra del arquitecto norteamericano de origen canadiense Frank Gehry, se inauguró el 18 de octubre de 1997. Un veinteañero.

®Fotografías de Ángel Aguado López

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Bodega Marqués de Riscal, Elciego, La Rioja, obra de 2006
Bodega Marqués de Riscal, Elciego, La Rioja, obra de 2006

Enlaces relacionados

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Habitar en una obra de arte: la Villa Savoye


El apóstol y la duquesa

La Casa de Alba se instala en Loeches a través del conde-duque de Olivares, Gaspar de Guzmán de Pimentel, valido del rey Felipe IV, que muere en desgracia política y sin sucesión (1645). Se empieza a construir en 1635 por Alonso Carbonel. Este fue el mismo arquitecto que hizo el palacio de la Zarzuela.

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La fuerza del relato

06 viernes Oct 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Rafael Alonso Solís

    En la historia de la Humanidad escrita por Yuval Noah Harari –Sapiens, De animales a dioses– se explica la forma en que nuestros antepasados antropoides permanecían agrupados con cierto sosiego en pequeñas manadas, de no más de 30 o 40 individuos, mientras deambulaban por ahí en busca de alimento. Hasta alcanzar ese número debía ser sencillo para el líder mantener tranquila a la cuadrilla sin más necesidad que un par de rugidos o  una exhibición de colmillos. Como mucho una dentellada a tiempo, idealmente en zona dolorosa. Si las cosas iban a más, lo que ocurría cuando algún macho ambicioso y agresivo decidía competir por la jefatura, es probable que el conflicto devengara en confrontación inevitable, la cual, una vez iniciada, no podría finalizar más que con la derrota definitiva de uno de los oponentes, que a buen seguro sería despellejado y sus restos, tras una jornada de maceración en jugo de bayas salvajes, acabaría sirviendo de alimento rico en proteínas para el sostenimiento del grupo. Es previsible que la comunión gastronómica contribuyese a reforzar el liderazgo del jefe si el vencedor había sido el dirigente conocido, o a hacer emerger al nuevo, con la ilusión que eso siempre provoca en los súbditos. La vida en las praderas debía transcurrir así, con cierta placidez y sin más preocupación que la alimenticia, siempre que se mantuviese el tamaño de la tribu, ya que en el momento en que el número de individuos que la formaban superaba la masa crítica surgía el caos, discutían por nada y acababan eliminando a los disidentes o expulsándolos del entorno familiar de mala manera. El mundo ocupado por los antecesores de la especie humana, aunque reducido a ciertas zonas de África, Europa y tal vez Asia, debía estar ocupado por multitud de pequeñas comunidades endogámicas sin relación alguna entre ellas y, desde luego, incapaces de establecer algún primitivo elemento de cooperación entre las mismas. ¿Cómo fue posible en ese escenario que algunas tribus fueran capaces de agruparse e, incluso, comenzaran a diseñar ciertos objetivos comunes, a redactar un plan estratégico y a diseñar una hoja de ruta? Según Harari –que no cae en la simpleza de relacionar el punto de inflexión con la visita de una avanzada civilización extraterrestre, ni a la intervención de alguna deidad aburrida por la falta de retos–, la clave fue la invención del mito, la aparición del relato original como fuente de identificación colectiva, el nacimiento de la ficción como creadora de almas e identidades. hinchas

    Aunque seguramente elementales en sus inicios, los relatos míticos tuvieron el efecto de integrar a los miembros de las pequeñas entidades tribales en torno a una fantasía común, tan irreal como atractiva, siempre con el componente unificador que tienen los cuentos, que ya desde entonces comenzaron a formar parte de la historia y religión colectivas. Todo se comenzó a explicar como parte de un destino trazado desde no se sabe dónde ni por quién. Poco a poco, como lógica consecuencia, comenzaron a fabricarse banderas.

 

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España como mito

Los celos de la tribu

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Como el toro

30 sábado Sep 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Jake LaMotta, Martin Scorsese, Ranging Bull, Robert de Niro, Sugar Ray Robinson

Rafael Alonso Solís

Hace unos días falleció Jake LaMotta, ex campeón del peso medio cuya mayor gloria fue pelear seis veces con Sugar Ray Robinson, ganarle en una y no ser noqueado en ninguna. La Motta boxeó hacia finales de los cuarenta y principios de los cincuenta. Las crónicas de la época, bañadas en humo y sudor mezclados con testosterona, dicen que hizo guantes con Robert De Niro para el rodaje de El toro del Bronx, la gran película de Scorsese. Probablemente fue al revés y, según la teoría de la influencia de Bloom, fuera De Niro quien enseñara a LaMotta los movimientos de la cámara para que pareciese más real, o que todo se tratase de un arreglo entre italianos. Una noche en que los garitos del Bronx estaban cerrado entré en el Savoy y, para mi desgracia, me encontré con José Luis Alvite dormitando sobre la barra. Cuando quise escapar ya era tarde: me reconoció y me obligó a invitarle a un trago. A cambio me contó la historia de Franquie Carbo y Frank “Blinky” Palermo. Carbo procedía del clan de los Luchese, donde había trabajado como matón y aprendido la técnica de la extorsión. Aún hay quien dice que participó en alguna matanza de irlandeses ordenada por Capone. Palermo, por su parte, llevaba años dirigiendo el juego sucio en el boxeo americano, amañando combates, encumbrando a paquetes hasta el momento en que dejarlos caer proporcionaba beneficios a los políticos de Nueva York. A Ike Williams –que denunciara los manejos de la mafia en torno al boxeo profesional de la época– llegó a hacerle campeón de los ligeros hasta que perdió por puntos frente a un boxeador llamado –otra vez la influencia– Jimmy Carter. Jonny Saxton tenía un record de treinta y nueve triunfos en cuarenta combates, pero se sumergió en el descrédito bajo el amparo de Palermo. Los dos socios, Carbo y Palermo, adquirieron el contrato de Sonny Liston a finales de los cincuenta y lo manejaron durante diez o doce peleas. No es de extrañar que LaMotta cayera en sus manos en algún momento, antes o después, ni que le hicieran enfrentarse a Robinson en seis ocasiones, perdiendo en cinco, sin que, como dijo el mismo LaMotta, acabara desarrollando diabetes por el repetido roce con Sugar Ray. Dado el tamaño de su abdomen cuando se dedicó al show business, es bastante probable que sufriese de un irresistible síndrome metabólico, pero que no le diagnosticaran oficialmente la diabetes debido a que, en esa época, los endocrinólogos tenían la manga muy ancha. Según Alvite –o quien se lo hubiese contado a él–, Carbo y Palermo no actuaban solos, sino que trabajaban para la élite financiera de la época, que operaba en la Costa Este y comenzaba a construir los cimientos de la banca moderna. Enfrentar a dos runging bulls para ganar dinero con las apuestas no era otra cosa que un ensayo para negocios mayores. Si los dos se mueven por identidades, el choque puede resultar más fácil.

De Niro y LaMotta, O LaMotta y De Niro. Adivinen quién es quién.

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Siempre hay un plan hasta que te pegan la primera hostia

¡Alí Bomayé!

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«La ausencia de estilo es una forma de estilo»

28 jueves Sep 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Gabriel de Araceli

    «El desdén hacia el estilo. La relojería narrativa. La ausencia de estilo es una forma de estilo. Si quieres escribir poesía tienes que ser antipoético. Hay que desaprender a escribir para escribir». Y Juan José Millás, en mitad de la conferencia que da en la Universidad de Oviedo, saca su Iphone y ante el estupor del público estudiantil se pone a buscar un poema de Manuel Vilas. Y lo encuentra, y lo recita.

Juan José Millás en la Universidad de Oviedo, el pasado martes, 26 de septiembre.

    Efectivamente, el poema de Manuel Vilas bien podría pasar por un texto insomne escrito por el guardián nocturno de un garaje, aunque Vilas es uno de los más reputados poetas actuales.

    Millás se mueve como Tarzán por las lianas en este aula de la universidad ovetense, que no tiene ni micrófono, entre un público virginal entregado a las anécdotas y chascarrillos que trae preparados y acumulados en el largo ejercicio de su profesión de autor-conferenciante-columnista y doctor honoris causa, entre muchos otros galardones conseguidos en sus muchos años de escritor. «Algo que se puede decir en cinco líneas no debe decirse en diez. En un espacio muy pequeño, un libro, puede contenerse el mundo. Algunas naciones no tienen historia literaria porque no tienen libros gordos, en complicación narrativa y en extensión. Y uno de los libros más complejos y menos extensos es LA METAMORFOSIS, de Franz Kafka». Aprobado general. Nadie dice ni pío entre el alumnado, atento a las palabras de Millás que llegan como en sordina por más que el autor eleve el volumen de su voz.

    «¿Por qué mimetizamos estilos ajenos y no creamos el nuestro?» pregunta Millás. Y se responde contando que «cuando yo empecé a publicar, en los 60-70, si los críticos decían de tu obra que era lineal y costumbrista estabas perdido. Entonces se llevaba el experimentalismo, una reacción a la novela realista. Consistía, básicamente, en que la novela no se entendiera. Y a esa corriente me adherí. A mi primera novela la titulé CERBEROS SON LAS SOMBRAS para que se tomara por experimentalista, y gané el premio Sésamo de novela 1974». Y con cierta ironía o quizás para reprocharse su adhesión experimentalista proclama que «lo peor que le puede pasar a una novela es que esté bien escrita y que se lea bien, porque la crítica la desechará». Carcajada general, incluso las profes, que son mayoría entre el personal docente, se ríen con las cosas tan simpáticas que cuenta el bueno de Millás.

    «Para titular un artículo extraigo una palabra del texto que tenga relación con el conjunto. Generalmente funciona. Y para titular una novela… el título debe ser un exudado del contenido». La timidez del alumnado llegado el turno de preguntas decide a algún profesor a romper el hielo. Y a la cuestión de qué es una nación Millás responde que: las realidades imaginadas, los inventos, los mitos, los cornetines que arrastran a más de cincuenta individuos, número que el ensayista Noha Harari describe como el habitual en la prehistoria en su libro SAPIENS para formar un grupo con identidad propia. Eso es una nación.

    Aplausos, aplausos, aplausos y los parabienes de los profesores, encantados todos con Juan José Millás.

 

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Gorilas en las redes

20 miércoles Sep 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Rafael Alonso Solís

    Cuando el intelecto se expresa a través de un ondear de banderas resulta muy difícil, al menos más que de costumbre, sacarle partido a algunas de las capacidades que se supone que la encefalización ha desarrollado en la especie humana a lo largo de siglos de ensayos y errores. Mejor opinar de poesía oscura, de mecánica estadística o de criptología pura, asuntos que, por su propia ambigüedad, permiten la gracia del matiz y suelen servir para enriquecer el lenguaje. Ayer se me ocurrió matizar una de las llamadas que nos hacen en las redes sociales con objeto de reclutarnos para alguna confrontación, tratando de señalar que estar a favor de “los” referendums, o de uno en particular –que debería haberse producido hace mucho tiempo, y en las condiciones adecuadas–, no necesariamente significaba estarlo a favor de “éste”. A pesar de ello, resulta que sí lo estoy, incluso a pesar de estar planteado con maneras de trilero y de sospechar que será utilizado para exaltar y apuntalar lo que desea su élite promotora, y no necesariamente lo que desearía una multitud de ciudadanos y ciudadanas que quieren votar, de una puñetera vez, y con toda razon. ¡Ah, el matiz! En el limitado espacio de las diez líneas –casi un ensayo para el facebook– se me ocurrió decir “dejémonos de banderas, que no son otra cosa que trapos de colores, y comencemos a pensar un poco, porque es bastante posible que la convivencia de la especie humana en el planeta, y seguramente su supervivencia, sea un asunto que debería llevarnos a reflexionar, primero, y a hablar después, más allá de la estúpida tribalidad en que la especie está metida”. La contestación –una contestación– fue rápida y mi tímida llamada a la reflexión fue calificada de “sesudo comentario”, identificándolo como un “rasgo típico de un nacionalista español que se niega a reconocer el derecho de autodeterminacion de los pueblos”. Reconozco que no sé lo que son los “pueblos”, y que cuando se utiliza esa terminología me temo que no se quiere decir nada, o que se quiere decir otra cosa. Últimamente he tratado de seguir el consejo de no beber si voy a navegar por la red de redes, y juro que en esta ocasión estaba totalmente sereno. Si la bandera es una forma barata y rápida de enardecer a las huestes, las redes ya se han hecho un hueco privilegiado en esa función. La red, por lo tanto, no sirve para hablar, ni menos para razonar con cierto sosiego, sino para felicitar por el cumpleaños, resaltar la belleza de una imagen o para insultar a quienes piensan de otra manera. Yo mismo lo he hecho –eso, sí, únicamente cuando había bebido–, y me he arrepentido de inmediato por la simplificación. La ventaja de pontificar en los garitos es que después no hay actas, mientras que en las redes sociales el sistema te puede devolver durante días y años la boutade que se nos ocurrió una noche de vino y rosas.

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Luis Álvarez Piñer, un poeta

15 viernes Sep 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

≈ 2 comentarios

Gabriel de Araceli (Texto y foto)

    Un poeta. A quién le importa un poeta, ¡maldita lírica!, en estos tiempos de independentistas montoneros y créditos irrecuperables regalados a la banca. La poesía, ¡valiente estupidez! Como si no tuviéramos bastante con esos árbitros espurios empecinados en joder al madridismo y esas carreteras radiales que hay que recapitalizar a toda costa con el dinero público. Aunque nadie proteste. La poesía. ¡Un poeta! ¿A quién, ¡coño!, le interesa un poeta olvidado, autoescondido, autoexcluido en vida? Como si no fuera suficiente con el trabajo precario, con el gobierno de la corrupción, con la Ley Mordaza, con el futuro incierto, con el yihadismo, con los recortes de derechos y los sueldos miserables. Aunque nadie proteste. Qué importa un poeta en estos tiempos de los móviles de mil euros. Un poeta…

El fotógrafo buscaba en su archivo retratos antiguos y apareció este de Luis Álvarez Piñer. El fotógrafo se quedó prendado de la serenidad de la mirada del poeta y decidió revelarla, sacarla a la luz de nuevo, investigar quién era ese señor tan sereno. ¿Cómo sería él?, no lo recordaba. Parece tímido y discreto, sería quizás transparente como la simetría de la foto, que se publicó en el diario EL PAÍS, el domingo, 28 de julio de 1991. «Me había acostumbrado a no ser y quería seguir no siendo» dijo en aquella conversación el poeta.

 

    Un poeta fue Luis Álvarez Piñer, nacido en Gijón en 1910, que fue alumno –siendo niño, en el instituto– de Gerardo Diego. Luis Álvarez Piñer, un poeta al que el general Franco encarceló por rojo y condenó a muerte por escribir versos en revistas republicanas, aunque solo, ¡solo!, cumpliera cuatro años de cárcel, Lorca no tuvo tanta suerte. Un poeta contemporáneo de Luis Rosales o de Leopoldo Panero, mentor de José Ángel Valente, profesor de literatura a su vez en un instituto, que un buen día de 1951, o malo para la poesía dijo: se acabó. Y protestó en silencio por el estado de las cosas y de las letras bajo el régimen franquista, se autoexilió y no volvió a publicar nada, aunque escribió mucho. Un poeta que en 1991 recibió un reconocimiento merecido, el Premio Nacional de Poesía por sus poemas, recogidos en el libro EN RESUMEN. Siempre en silencio, protesta interior, íntima, como su poesía. Un poeta tierno y sin adscripción, libre y jubiloso, notable, oculto y recatado. Ignorado por el gran público. Toda la poesía, todos los poetas están ignorados por el público, sean ellos grandes o pequeños, solo algunos estudiosos reseñan su obra y su vida en revistas mínimas con olor a alcanfor.

    «La poesía es una enfermedad secreta, una enfermedad del amor. No es extraño que los que nos rodean ignoren que estemos enfermos si lo que queremos en el fondo es que no se conozca nuestra enfermedad. De ahí, tal vez mi reserva» decía en aquel reportaje.

    Luis Álvarez Piñer falleció en Madrid en 1999. Tenía la bondad que concede la sabiduría, la excelencia que otorga la humildad. Era un poeta. Quizás en el siguiente soneto de Álvarez Piñer se vislumbra la caricia de Gerardo Diego, como si un enhiesto ciprés aflorara, sazón cantora, en el fervor triunfante del mediodía.

 

Qué plenitud. No hay alas. Mediodía.

Sólo luz es el día, en triunfadora

vertical, alto anhelo. El cielo ahora

hace pasión de luz la tierra fría.

 

Fruición de lo presente: Lejanía

que en la sazón de cada cosa aflora.

Alma o color, una sazón cantora

de la pura verdad que es la armonía.

 

Desde el desnudo azar de este aire sano

juega la realidad ilusionista

a eternizar la gloria del momento.

 

Alta revelación sin hito humano.

Así en su gozo el paraíso exista.

Qué plenitud, si duerme el pensamiento.

 

Enlaces relacionados

Dionisio Ridruejo

Palabras de Emilio Pascual

Alba y ocaso de la luz y los pétalos

Volver una y otra vez

 

 

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