Gabriel de Araceli

    «El desdén hacia el estilo. La relojería narrativa. La ausencia de estilo es una forma de estilo. Si quieres escribir poesía tienes que ser antipoético. Hay que desaprender a escribir para escribir». Y Juan José Millás, en mitad de la conferencia que da en la Universidad de Oviedo, saca su Iphone y ante el estupor del público estudiantil se pone a buscar un poema de Manuel Vilas. Y lo encuentra, y lo recita.

Juan José Millás en la Universidad de Oviedo, el pasado martes, 26 de septiembre.

    Efectivamente, el poema de Manuel Vilas bien podría pasar por un texto insomne escrito por el guardián nocturno de un garaje, aunque Vilas es uno de los más reputados poetas actuales.

    Millás se mueve como Tarzán por las lianas en este aula de la universidad ovetense, que no tiene ni micrófono, entre un público virginal entregado a las anécdotas y chascarrillos que trae preparados y acumulados en el largo ejercicio de su profesión de autor-conferenciante-columnista y doctor honoris causa, entre muchos otros galardones conseguidos en sus muchos años de escritor. «Algo que se puede decir en cinco líneas no debe decirse en diez. En un espacio muy pequeño, un libro, puede contenerse el mundo. Algunas naciones no tienen historia literaria porque no tienen libros gordos, en complicación narrativa y en extensión. Y uno de los libros más complejos y menos extensos es LA METAMORFOSIS, de Franz Kafka». Aprobado general. Nadie dice ni pío entre el alumnado, atento a las palabras de Millás que llegan como en sordina por más que el autor eleve el volumen de su voz.

    «¿Por qué mimetizamos estilos ajenos y no creamos el nuestro?» pregunta Millás. Y se responde contando que «cuando yo empecé a publicar, en los 60-70, si los críticos decían de tu obra que era lineal y costumbrista estabas perdido. Entonces se llevaba el experimentalismo, una reacción a la novela realista. Consistía, básicamente, en que la novela no se entendiera. Y a esa corriente me adherí. A mi primera novela la titulé CERBEROS SON LAS SOMBRAS para que se tomara por experimentalista, y gané el premio Sésamo de novela 1974». Y con cierta ironía o quizás para reprocharse su adhesión experimentalista proclama que «lo peor que le puede pasar a una novela es que esté bien escrita y que se lea bien, porque la crítica la desechará». Carcajada general, incluso las profes, que son mayoría entre el personal docente, se ríen con las cosas tan simpáticas que cuenta el bueno de Millás.

    «Para titular un artículo extraigo una palabra del texto que tenga relación con el conjunto. Generalmente funciona. Y para titular una novela… el título debe ser un exudado del contenido». La timidez del alumnado llegado el turno de preguntas decide a algún profesor a romper el hielo. Y a la cuestión de qué es una nación Millás responde que: las realidades imaginadas, los inventos, los mitos, los cornetines que arrastran a más de cincuenta individuos, número que el ensayista Noha Harari describe como el habitual en la prehistoria en su libro SAPIENS para formar un grupo con identidad propia. Eso es una nación.

    Aplausos, aplausos, aplausos y los parabienes de los profesores, encantados todos con Juan José Millás.

 

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