Lamento patrio

Alfredo Fernández Alameda

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Oigo, patria, tu aflicción,

y escucho el triste concierto

que forman tocando a muerto,

epidemia y confusión;

más allá de esta canción,

veo el vuelo de rapaces,

que como buitres voraces,

se lanzan al estropicio

en su propio beneficio,

en lugar de hacer las paces.

 

Miserable condición

exhiben con indecencia,

pues piensan, en su demencia,

que a más muertos más razón;

no encontrarán el perdón,

estos viles carroñeros,

políticos torticeros,

sin vergüenza, desleales,

—los casados o abascales—

por infames y trileros.

 

Doquiera la mente mía

sus alas rápida lleva:

Alemania, Dinamarca, Taiwan, Finlandia, Noruega…

lugares de ensoñación

donde el alma se sosiega

trabajando alalimón.

 

En España, los barandas,

ignorantes y felones,

despreciando ¡por cojones!

a Islandia o Nueva Zelanda,

siguen armando follones,

y así nuestro mal se agranda.

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        El ingenioso Vate de Torrelodones siempre nos sorprende con algún parto de su copioso ingenio. En este caso, con dos décimas de ascendencia bernardolopezgarcianas (aunque no necesitaba irse tan lejos, teniendo por vecino a don Ricardo León), una sextilla final con ecos gauchos, y una estrofa intermedia de su exclusiva invención, que daremos en llamar torrelodosina, por homenaje a su inventor como se dice que la espinela lo lleva por el suyo.

    Su estructura es la siguiente, para su inclusión en los futuros manuales de preceptiva literaria:

    «Estrofa de seis versos —que podrían ser siete por lo que luego se verá—, de los cuales cinco son octosílabos y el tercero hexadecasílabo con hemistiquio. Su rima es a, b, B, C, B, C, de los cuales el primero es un octosílabo suelto, el segundo rima en asonante con el tercero y el quinto, y el cuarto y el sexto en consonante agudo».

    He dicho que «podrían ser siete». En efecto, a la torrelodosina cabría convertirla en una estrofa de siete versos octosilábicos si el tercero lo dividimos en dos como los mandamientos de la Ley mosaica. En este caso la rima sería la siguiente: a, b, c, B, D, B, D, de los cuales el primero y el tercero serían octosílabos sueltos, el segundo rimaría en asonante con el cuarto y el sexto, y el quinto y el séptimo en consonante agudo. Dada la complejidad de esta estructura, creemos que es preferible denominar torrelodosina a la primera versión, que aun así sospechamos que no está al alcance de cualquiera.

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Un día volveré…

…a la calle

Con 34 Fotografías callejeras de Terry Mangino

Angelitos bellos en El Retiro

Cántico Espiritual

Juan de Yepes Álvarez (Fontiveros; 1542-Úbeda; 1591), alias San Juan de la Cruz

ESPOSA
1. ¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido.

2. Pastores, los que fuerdes
allá por las majadas al otero,
si por ventura vierdes
aquel que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.

3. Buscando mis amores,
iré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.

4. ¡Oh bosques y espesuras,
plantadas por la mano del Amado!
¡Oh prado de verduras,
de flores esmaltado!
Decid si por vosotros ha pasado.

5. Mil gracias derramando
pasó por estos sotos con presura,
y, yéndolos mirando, con sola su figura
vestidos los dejó de su hermosura.

6. ¡Ay, quién podrá sanarme!
Acaba de entregarte ya de vero;
no quieras enviarme
de hoy más ya mensajero,
que no saben decirme lo que quiero.

7. Y todos cuantos vagan
de ti me van mil gracias refiriendo,
y todos más me llagan,
y déjame muriendo
un no sé qué que quedan balbuciendo.

8. Mas ¿cómo perseveras, ¡oh vida!,
no viviendo donde vives,
y haciendo porque mueras
las flechas que recibes
de lo que del Amado en ti concibes?

9. ¿Por qué, pues has llagado
aqueste corazón, no le sanaste?
Y, pues me le has robado,
¿por qué así le dejaste,
y no tomas el robo que robaste?

10. Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta a deshacellos,
y véante mis ojos,
pues eres lumbre dellos,
y sólo para ti quiero tenellos.

11. Descubre tu presencia,
y máteme tu vista y hermosura;
mira que la dolencia de amor,
que no se cura
sino con la presencia y la figura.

12. ¡Oh cristalina fuente,
si en esos tus semblantes plateados
formases de repente
los ojos deseados
que tengo en mis entrañas dibujados!

13. ¡Apártalos, Amado, que voy de vuelo!

ESPOSO
Vuélvete, paloma,
que el ciervo vulnerado
por el otero asoma
al aire de tu vuelo, y fresco toma.

…..

Cada día poesía

Un día volveré a las calles llenas de gente, de vida, de humanidad.

La lectura en los tiempos del virus

Palabrotas de Gabriel de Araceli. Fotos de Terry Mangino.

      HAY QUE LEER para vencer en la guerra contra el enemigo invisible, contra los microbios traidores, para arrojar la soledad de la trinchera del confinamiento, para levantar la bandera del optimismo y del bienestar, para triunfar sobre los bolchevique-ataques de los insurgentes agazapados en la espesura de la desesperanza. Agrupémonos todos en la lectura total. Estos son algunos de los jefes de la Resistance que mantienen en alto el libro contra el abatimiento.

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       …Ponme a la grupa contigo, caballero del honor, ponme a la grupa contigo y llévame a ser contigo, amigo pastor. Emilio Pascual Martín, el Águila de Tejares, el forjador castellano del Paraíso de los libros. Emilio Pascual es amigo de Alfredo F, de Andrés Vázquez de S, de Ángel A, del Dante Alighieri, de Fernando A, de Fernando S, de Lucifer, de Luis Alberto de C, de Luis Mateo D, de Nausica P, de Pascual I, de Pollux H, de Santiago I, de Uriel P y de un montón más de demonios que están en el infierno de los libros entre galeradas de plomo candente escupidas por las linotipias. Además, escribe sonetos y es Premio Nacional de Literatura y no se sabe cuántos más. ¡Ay que joderse!

     Visite su editorial. Es posible que se infecte del virus de la lectura. Es como el lumbago, no tiene cura:

Estar hecho puré, migas, mojama;
curvo meandro tu figura esbelta;
una raíz cuadrada no resuelta;
ser a un tiempo elegía y epigrama.

No poder levantarse de la cama,
y en ella no poderse dar la vuelta;
no conseguir reírse a pierna suelta
sin convertir cada sainete en drama.

Estar suspenso, siendo inteligente;
dar la nota, sacando un cuatro grave;
andar con apariencia incontinente.

Ser esclavo del réflex, el jarabe
y un masaje que no pone caliente…
Lumbago es: quien lo pasó lo sabe.

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https://oporteteditores.com/


        Pascual Izquierdo es amigo de don Benito Pérez G, al que provee de caldos de ribera cuando se cita a escondidas con doña Emilia P en la calle de la Palma. Doña Emilia P es muy escandalosa en sus manifestaciones eróticas y capaz de recitar ella solita con buena voz el oratorio completo del Coro de los Esclavos, del Nabucco, siempre que sea don Benito el que dirija la orquesta. Pascual I jamás ha interferido en la dirección musical de don Benito, al que, sin embargo, ha analizado en sus Episodios Nacionales. Pascual I tiene una extendida obra poética (casi tanta como doña Emilia en coros) y un montón de libros publicados de épica, lírica, narrativa, prosas y guías viajeras. Y no se sabe cuántos premios. Entre ellos, es el rey de la montaña en el ascenso a la Morcuera en 1989, un hors categorie, llegó por delante de Perico a Segovia. Si quieren leer lo que es bueno lean a Pascual I.

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http://pascualizquierdo.com/


          Alfredo F Alameda. Primer duque de Muchosálamos. Alterna su origen aristocrático con el proletariado carabanchelero. Michael Connelly, el crítico literario de Los Ángeles Times, ha comparado su obra con la de Truman Capote porque está llena de asesinatos a sangre fría y boxeadores calientes que campan por La Elipa y el Paseo de Extremadura, lugares ambos de promiscuidad narrativa. Si quieren vivir seguros no lean sus novelas. Ahora, si quieren arriesgarse a una emoción súbita, o sentir un puñetazo en el bajo vientre de sus emociones lectoras súbanse a su “El Diablo de la guardia”. Yo que ustedes lo haría.

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https://www.alfredoblog.com/


           A doña Ana González de la Robla la Santa abulense no le perdona que sea poetisa. Envidia cochina de la Tere porque doña Robla no sólo escribe versos, sino que también hace crítica musical, teoriza con ensayo histórico, emula a Truffaut —es cierto que Jean Pierre Leaud le tirara los tejos. No es cierto que tuvieran un idilio porque ella no quiso— y le enamoran los crepúsculos en la península de la Magdalena. Es decir, pone mucho más saborear las cosas mundanas de doña Robla que a la doctora. Leerla es como ver a Bernini, pero en verso. Quizás algún día nos cuente sus misterios sobre aquel héroe de la estrategia militar que abrazó la gloria del exilio. Mientras tanto, lean sus poemas:

  Me envías a la sima del silencio, purgo en ella un pecado funesto, un delito del que se hallan excluidas las palabras. Pasan nubes de grafito ante mis ojos; su estela es un discurso devanado por el viento. Sólo un lápiz me podría alejar de la locura, sólo un lápiz cuya cháchara es un río devorado entre la selva. Una sierpe de escama mancillada por la tierra.

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           Que Juan Fernández Sánchez fue un provo del IRA es absolutamente falso, ni siquiera ha pertenecido jamás al Siin Féin, por más que el MI6 intente relacionarle con los provisionales del Ulster. Es más, tampoco tuvo nada que ver con la frigidez de Simone de Beauvoir porque el señor Juan Fernández siempre ha preferido, en la intimidad, a María Casares, a la que el Jean Paul quería sodomizar en una buhardilla de la Plaze Vandome para después ir por ahí diciendo que: ¡una mierda para el nobel de literatura!, el Albert, ese de la peste. Ya, menudo bicho era el Sartre. Juan F Sánchez es Premio de Novela TIFLOS 2017 por su obra “La Silla Vacía”, que está llena de buenas razones para sentarse en ella y leerla. Se dedica a comentar la actualidad y a escribir sobre los reporteros de guerra como si fuera Hemingway. Se ha comprado una Leica de película y hace fotos a la gente. Tampoco es cierto que haya retratado a Gerda Taro, aunque se sabe de memoria todas sus fotos.

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http://juanfsan.blogspot.com/?m=1


           Que Aurora Vélez fue asistente de dirección de Francis Ford Coppola en su aventura apocalíptica y que escribió los diálogos que interpretaba Aurore Clement en la jungla de Camboya lo saben en Cannes hasta los niños de la maternelle. Ahora bien, ella siempre lo negará porque es de natural tímido. Así que, tras volver de Filipinas, un barrio del mismo Bilbao, se fue a Euronews y andó/anduvo por el mundo de reportera. Es como la Pérez-Reverte en versión femme, mucho más atractiva, dónde va a parar. ¡Y sin rolex! Hace reportajes por el mundo mundial y lo mejor de todo: escribe versos para enamorar a las fieras, incluido al coronel Kurtz, que le puso un piso en Manhattan, pero ella prefirió Ecully (con acento en la y).  Las princesas son así, cortan lirios, cortan rosas, cortan astros, c’est fini.

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Flotar, simplemente, en la bañera, el cosquilleo
en la nariz del almizcle sintético y reconfortante.
Ella masajea su pelo largo y los
cojinetes del champú se contorsionan.
Su cabeza, está ahora bajo el agua, escucha
una conversación lejana en el piso de arriba,
voces sin remos, sin rima, sin sentido, de color azul-marrón.

www.auroravelez.com

 

 

 

 

 

 

 

 

El amor en los tiempos del virus II

Viene de: El amor en los tiempos del Virus

Gabriel de Araceli

         EN ESTOS TIEMPOS DEL VIRUS me encanta cocinar. Mi hijo Andrés era muy chiquitín, le diagnosticaron apendicitis y tuvimos que salir pitando al hospital. Fue cosa de tres o cuatro días. Pero aquello me alteró mucho. Suspendí un parcial de Libertades Públicas. Bien suspendido porque me enrollé con cosas que mi profe no me preguntaba. Mi profe es una gran profesora. Había impartido clases en Harvard, allí, con un par. ¡En Harvard! ¡En Machachuches! Y no en un máster dominguero en Aravaca. Se llama Rosa María G y es profe en la Complu. Bueno, aprendí mucho de ella. Al final me calificó con notable, pero no me regaló nada, ¡eh!, que me lo tuve que currar estudiando. Tampoco tuve que pagar 25.000€ como en Aravaca para que me dieran un título universitario.

        La convalecencia de Andrés fue muy bien. Como estábamos confinados veíamos todos los días el programa de la tele de Arguiñano. Arguiñano es muy divertido y muy simpático. Cuenta chistes muy malos, muy malos, siempre de vascos del mismo Bilbao, tan malos que te ríes. Un día se llevó al programa a un invitado que era marino. Pero marino de esos que dan la vuelta al mundo en solitario en un barquito de diez metros de eslora, a vela. ¡La vuelta al mundo tú solito! Ahí, ¡en una bañera!, que se dice pronto. Hay que echarle un par, como mi profe, para darse la vuelta al mundo navegando en solitario. El caso es que Arguiñano y el marino, que estaba de pinche, prepararon una sopa de ajos tiernos con no sé qué. Arguiñano es muy charlatán, habla por los codos y hace bromas y cuenta chistes de vascos brutotes y el pobre marino, quizás acostumbrado a la soledad y al silencio de su barquito no decía ni pío, calladito, calladito escuchando al cocinero. Ya se sabe que la sabiduría está en el silencio, también. El caso es que Arguiñano troceó con mimo los ajos tiernos, los pochó con aceite de oliva —¡virgen extra!—,  les añadió unos torreznos y dos cosas más y el caldo salió estupendo. Se lo comieron con gula. Pero, ¡ay, amigo! Habían sobrado las raicillas de los ajitos tiernos y Arguiñano, como lo más natural del mundo, las tiró al cubo de la basura. Eran unas raicillas insignificantes y llenas de la tierra del huerto. Cuando el marino vio aquello las recuperó, las sacó del cubo, las envolvió en un papel y dijo: «Con esto me preparo yo en mi bañera una sopa para cenar». Sí, no está el mundo para desperdiciar nada. Ahora se cumplen cinco siglos de la primera vuelta al mundo que terminó Juan Sebastián Elcano con 18 marinos más en un barquito un poco más grande que una bañera. Elcano era de Guetaria, como Arguiñano, como el marino ese que recuperaba las raicillas de los ajetes.

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         Yo siempre vuelvo al redil de la lectura. Mi amigo Pascual, que es un filólogo muy letrado y grandísimo poeta, me lo dice: «Hay que leer a los clásicos, no tenemos tiempo para aventuras». Ni los poetas oscurantistas, ni los herrumbrosos, ni los novísimos, ni los babélicos. Don Benito, sus Episodios Nacionales, llevo leídos cinco en estos tiempos del virus. Bueno, alguno me dirá que soy un garbancero, pero cuanto más leo por ahí, más vuelvo por aquí, más amo a los clásicos. Si clásicos son MVM o don Gonzalo Torrente o Ferlosio. A mi amigo Alfredo no le gusta Ferlosio, bueno, no le gusta “El Jarama”. A mí me gusta Ferlosio y “El Jarama”. En la cuarentena los amigos te pasan libros digitales para que te entretengas. Mi amigo Emilio me ha pasado el “Electra”, de don Benito, claro. Mi amigo Simón y Cajal me ha pasado “Peñas Arriba”, de su paisano Pereda. Mi amigo Manolo P B me pasa un enlace para ver las portadas de los periódicos. Mi amigo Miguel G me pasa fotos de sus tiempos de reportero. Mis amigos Manolo y Miguel son grandes fotógrafos y periodistas y se llevan las manos a las barbas viendo el estado en que ha quedado el periodismo. Una pena. Las new fakes —qué coño es eso— y las tecnologías digitales han tirado al periodismo a la cloaca. Ganancia de incendiarios. En mi casa los vecinos ponen la música a todo volumen para olvidarse del confinamiento. Menos mal. ¡Ya la quitan! Hace poco veía desde la ventana cómo un borracho conocido, en un parque próximo, le agradecía a un anciano que hablara con él, como no hay ruido todo se oye: «¡Amigo!, gracias por charlar conmigo, qué mala es la soledad, aquí, solo, tirado en el banco, Umberto, sí, me llamo Umberto». El viejecito es el único vecino que habla con el borracho. Quizás por eso sale a la calle, como es viejecito los municipales no le interrogan. No tiene perro. El viejecito y el borracho se tienen entre ellos. Al final comparten un trago de vino peleón. Es bueno que los vecinos compartan un trago de vino pelón y hagan ruido. Y escuchar a lo lejos las sirenas de los policías a las ocho de la tarde y a la gente aplaudir en los balcones. Ves a los vecinos aplaudir con los bebés en brazos una ovación cerrada. Después todos se meten en casa y vuelve el silencio. Mi vecinita Carlota, debe tener dos añitos, es la reina de la casa. A sus papás los tiene locos. Los oigo a través de la pared, se desviven por Carlota. A mí también me da mucha alegría escuchar su vocecita infantil, parece un angelito. Creo que me voy a dar al pacharán para olvidarme del confinamiento, como el borracho del parque. Estoy en desventaja porque yo no tengo a mi lado al viejecito.

       Merche ha preparado rabo de toro para zampar. Eso son palabras mayores, ni MVM preparaba esos manjares que se almorzaba Carvalho. Yo he almorzado como el marino, una sopita de ajetes. Andrés se recuperó del todo y seguimos viendo a Arguiñano. Me ha sobrado un escabeche de una conserva de mejillones que he comido durante la cuarentena. Estoy dudando entre un arroz con bacalao o añadirlo a unas aceitunas. Que alguien me diga qué hago con el escabeche sobrante. No quiero tirarlo a la basura.

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ENLACE CON:

El amor en los tiempos del virus I

El amor en los tiempos del virus III

El regreso de Iznogud

Rafael Alonso Solís

      En 1962, René Goscinny y Jean Tabary –guionista y dibujante, respectivamente– crearon el comic titulado Las aventuras del califa Harún El Pussah, aparecido inicialmente en la revista Record, para continuar publicándose en la mítica Pilote de 1968 a 1977. En realidad, el verdadero protagonista no era el califa gordinflón y patoso que gobernaba en una Bagdad de cuento de hadas, en la que convivían magos, genios y nigromantes, sino Iznogud, su pérfido visir. Iznogud era un malo de libro, tanto que su mismo nombre proviene de un juego de palabras en inglés –He’s no good–, y en su programa únicamente existía un mandato: “quiero ser califa en lugar del califa”. El malvado primer ministro dibujado por Tabary parecía formar parte de un gobierno de coalición, tal vez como resultado de una especie de oposición protocolizada, cuya agenda política se limitaba a diseñar retorcidas maquinaciones que le permitieran conseguir sus propósitos. Pasados los años, el grafismo del dibujante francés, que falleciera en 2011 a los 81 años, ha reaparecido en España en buena parte de ciertas viñetas cómicas, sobre todo en las portadas de la revista El Jueves, al constituirse en la inspiración irreverente de la caricatura con la que suele dibujarse a Santiago Abascal, el aguerrido líder de Vox. Uno siempre ha pensado que el efecto de la influencia artística y literaria, tal como la explicara Harold Bloom, podría funcionar en ambas direcciones, e incluso entre el autor y sus personajes. Aunque el prestigioso crítico del Bronx describiera inicialmente el proceso de lo que llamó “autoinfluencia” en su libro La ansiedad de la influencia: una teoría de la poesía, publicado en 1971, lo culminó en 2011 al publicar Anatomía de la influencia: la literatura como forma de vida, donde llegó a sugerir que el más importante precursor de Shakespeare no fue Marlow, sino Falstaff, que incluso le enseñó a reírse a carcajadas. Cabe preguntarse si fue Iznogud quien influyó a Abascal en la definición de su escaso proyecto político, o si Goscinny fue capaz de predecir la llegada del ultra y su incorporación a la vida parlamentaria. Por otra parte, Bloom también adelantó que el proceso no se limita a la literatura, sino que actúa “en todas las artes y ciencias, así como en el derecho, la política, la cultura popular, los medios de comunicación y la educación”. La influencia, sin embargo, no se limita a la relación entre dos autores, sino que puede contagiar a otros cercanos. No es de extrañar que la influencia de Iznogud se haya manifestado en Abascal, y que de este haya pasado a Casado. En los últimos tiempos, ambos han afilado su barba querubínica, se han aproximado al perfil ofídico de Iznogud y han simplificado su argumentario. Al menos, eso sugieren sus propuestas para enfrentarse a la crisis: banderas, funerales, monumentos funerarios, expulsión de emigrantes sin papeles de la sanidad pública, reducción de impuestos a los herederos de los magnates fallecidos por coronavirus, y ruegos a Dios por el avance de la ciencia.


    Gabriel de Araceli

          La estrategia del caos y del desastre no es nueva. Es la misma que emplearon las derechas monárquicas reaccionarias, la oligarquía industrial, los terratenientes, la Iglesia y grupússculos fasscistas desde el mismo momento de la proclamación de la República, en abril de 1931 con objeto de desvanecer cualquier esperanza de cambio y mantener sus privilegios ancestrales. Acción Popular, o Unión Militar Española surgieron como propuestas desestabilizadoras para socavar al ingenuo nuevo régimen que nacía con afanes reformistas, renovadores y sociales tras el fracaso de la monarquía, que chocaban contra sus intereses de mantener en el atraso y en la ignorancia a la nación, a la Patria. ¿Se diferencia algo el actual líder de la derecha conservadora, el neo-barbudo, del líder de la CEDA de 1934, Gil-Robles? Simplemente en que ha adaptado su lenguaje catastrofista a las formas actuales. Los accidentalistas y los catastrofistas, investiguen. ¿Se diferencia algo el lenguaje incinerador del neo-fascismo actual al empleado por las falanges del Ausente? Simplemente en que ha adaptado su bestiario a la audiencia devota que llena Vistalegre y, de momento, no lleva la star en la entrepierna. Aunque tiene licencia para ello. Y los nacionalismos periféricos siguen con la misma estrategia incendiaria de los treinta. Ahí tienen a ese mediocre exvendedor de seguros que ha encontrado su vocación, ¡més que un club!, su razón de ser profética enfrentándose al centralismo españolista. Los “sabinistas” andan moderados porque fueron muchas las décadas de plomo que enrojecieron de sangre los robledales de los “guernicas” y que inmolaron a cientos de inocentes. Patria. Lean.

              Así que cualquier resquicio es bueno para sumergirse en la estrategia del caos y del desastre, pintar un panorama desolador y culpar de la pandemia y de los problemas del país al guapo de la Moncloa. ¡Que viene el lobo! Quítate tú que me ponga yo, el nuevo Che genovés. Gracias, Covid19, por todo lo que has hecho por España, siempre por España. ¡A mí la legión!

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Un adiós

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Rafael Alonso Solís

          Hace un rato, mientras leía las últimas páginas de Stoner –la magnífica y triste novela de John Williams–, me han comunicado el fallecimiento de un amigo en Madrid, a las 24 horas de ingresar en el hospital y, muy probablemente, como consecuencia de su apareamiento con Covid-19. Nos habíamos conocido cuando ambos teníamos siete u ocho años, mientras nos preparábamos para el ingreso en el bachillerato. Por lo tanto, hemos compartido parte de nuestro destino durante más de seis décadas, lo que ha llevado a cruzarnos sueños, relatarnos amores inventados y compadecernos de nuestras debilidades. Periodista de éxito en la crónica frívola de la noche madrileña, era un poeta y lo sabía. Un poeta que recibió un solo premio y escribió un único libro de versos, al que tituló –con el acierto de los escritores malditos, de los que gustaba formar parte– La noche en ti bebida, una breve antología de los miles de versos que escribía de madrugada, en las servilletas de los garitos, y regalaba a las «mujeres de tobillos finos». En el prólogo, que tuve el ya irrepetible honor de escribir, recordé cómo sus versos surgían de la noche y se alimentaban de un recuerdo del paraíso perdido, en forma de un manojo de rumores que olían a nostalgia, a fatiga carnal y a memoria abrazada de adolescencia, de aquella época remota en que la poesía nos rozaba como un bálsamo curativo en medio del gris de la calle. Poemas en los que los sonidos y su resonancia parecen emerger de ese pozo sin fondo del que bebieron Lorca y Baudelaire, Rimbaud y Vallejo, y que están teñidos de ese mejunje embriagador que hierve la sangre y la memoria de cada ser, condenados como estamos a repetirnos, una y otra vez, y sin descanso, la historia de nuestro amor. La poesía es un conjuro que únicamente surte efecto en instantes inesperados, cuando la palabra alcanza esa altura soñada a la que la vista no llega y solo el delirio la roza sin aliento. Es en esas ocasiones cuando el verso debe decirse en voz alta como única prueba de su pureza, como hacía él en un tono ronco, de tabaco cocido y vino envejecido en barrica de madrugada, con un sabor testicular en el que se mezclaban el grito y el llanto, la angustia y la pereza, hasta llegar a la aceptación de estar grabando la última cinta, puliendo la última rima nocturna, cansados los pulmones por el esfuerzo del último suspiro. Ahora, transmutado en Ramón Sijé, solo queda recordar cuando confesaba tener celos de las calles por la ausencia de amores inexistentes, y repetir el poema con que cerraba su antología, escrito con casi diez años de anticipación: «Escribirás el último poema/y siempre habrá una mujer/para decirle… es para ti./Tomarás la última copa/y siempre habrá una mujer/para decirle… es por ti./Llorarás el último silencio/y no habrá esa mujer/para decirle… es sin ti». En el último momento, no hubo copa, ni mujer alguna a su lado.

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El homenaje de los amigos de Lino

  Alfredo

Hace 24 horas que nuestro entrañable amigo Lino Velasco ha muerto. Su cuerpo cansado y ya sin luz reposa sobre una pista de hielo hasta que tome tierra o fuego cuando los servicios municipales consideren llegado su turno.
Ha muerto solo, con la misma frialdad que despide su última morada.
Tal vez, desde la orilla del otro lado, esté mirando nuestro desconsuelo con una copa de Rioja frío en una mano y un cigarrillo entre sus labios, acompañando a una condescendiente sonrisa.
¡Debería ser así, joder!


Gabriel de Araceli

Anarquista conservador, liberal y libertario, no cambiabas el oro por la legión de honor que te dio la república de la noche… y aquellos amores imposibles de marquesas que te perseguían en tus sueños de Bradomín por Argüelles y el Gijón, las crónicas malditas de sombras esquivas en courier new de las olivettis, el black lavel del Johnny Walker y el humazo de los camel sin filtro. Y aquella voz ronca de mastín y rioja a media mañana y amores desvelados en tus paraísos perdidos de tus versos acompañado por Baudelaire. Lino, otra hoja que se nos desprende del calendario de la vida.

Tout droit dans son armure, un grand homme de Pierre

Se tenait à la barre et coupait le flot noir;

Mais le calme héros, courbé sur sa rapière,

Regardait le sillage et ne daignait rien voir.   


Pascual Izquierdo

     De poetas a un poeta

   Curiosas coincidencias que depara el azar. También yo acabé hace dos días el libro de Stoner, leído con interés y desasosiego porque en estos tiempos sombríos parece que la mirada se oscurece y la vida, en su fragilidad, se parece cada vez más a la escarcha.

     Me quedé ayer sobrecogido por la noticia sobre Lino. Sobrecogido y aturdido por esa noticia y la de tantas muertes, de tanta vorágine de muertes y catástrofes…

       Tiempos muy sombríos. Parece que sobre nosotros se cierne un nuevo apocalipsis que no sabemos cómo espantar. Quizás sirva de alivio el intercambio de estas reflexiones, o el leer un poema que le publicaron ayer a Ezequías Blanco en el diario La Opinión de Zamora, un poema extraído del último libro suyo de poesía que recrea la estancia hospitalaria exigida por una operación de columna. El libro se titula Tierra de luz blanda y el poema, «Paisaje después de una batalla», aporta un destello de esperanza. Se puede leer en

https://www.laopiniondezamora.es/zamora/2020/03/29/paisaje-despues-batalla/1234245.html


Rafa Alonso

     Yo llevaba dos días leyendo Stoner, subyugado por la tristeza del libro y su precisión narrativa, que a veces parece el diario de una vida permanentemente frustrada y vacía, con solo pequeños espacios de felicidad que nunca duraba lo suficiente. Es decir, que estaba contemplando la forma en que algo se aproxima, casi dulcemente, al final. Sonó el aviso de mi móvil y vi que era un mensaje de un amigo. Inevitablemente lo relacioné, porque a Lino le habían ingresado el día anterior en muy mal estado, y lo único que sabía es que estaba en urgencias.  Cuando me recuperé volví a Stoner y me pareció, como ocurre a veces, que una macabra coincidencia los había reunido.  Como él mismo decía, «había tenido una vida muy loca», lo cual era cierto a pesar de que amores reales y ficticios siempre estuviesen mezclados.


Doña Ana de la Robla

La desaparición de un poeta de libro único siempre es lamentable. Esos autores fugaces encierran en sí algo muy parecido a la verdad.


Emilio Pascual Martín

Bella y sosegada elegía, que bien podría haberse titulado Linostoner…
D.E.P.

Fauna Ibérica

60 aniversario del fallecimiento del científico

Ángel Cabrera

       Ángel Aguado López

   Ángel Cabrera Latorre (Madrid, 1879 – La Plata, Argentina, 1960) fue un eminente zoólogo e investigador español que desarrolló su carrera tanto en España como en Argentina. Abandona antes de cumplir los 20 años sus estudios en Filosofía y Letras en la Universidad Central de Madrid, a los que seguramente le inclinaría su padre, Juan Bautista Cabrera Ivars, primer obispo de la Iglesia Reformista Anglicana en España, que veía en él el seguidor de su obra pastoral. Sin embargo, se inició como colaborador e investigador en 1900 en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, llevado sin duda por su amor a la naturaleza y a los animales. Enseguida amplió estudios de Ciencias en Londres y en París, participó en cuatro expediciones científicas al norte de Marruecos entre 1913 y 1924 y realiza importantes trabajos de taxonomía zoológica y documentación en el Museo, lo que le supone un reconocimiento internacional y ser nombrado académico en diversas academias e instituciones. Rey Pastor le postula y Ramón y Cajal le recomienda para una vacante en el Museo Nacional de La Plata, Argentina, hacia donde parte en octubre de 1925 junto con su familia. Allá realizará una importante labor de investigación científica a través de numerosas expediciones a la Patagonia. Su actividad como profesor también es muy extensa en ese país y seguirá enviando colaboraciones y artículos a la Junta de Ampliación de Estudios y a diversos medios divulgativos durante la República española. Autor de infinidad de artículos y libros recibió numerosas distinciones y honores. Nunca regresó a España, de talante liberal no encajaba en el oscuro, ramplón y torticero ambiente en la que quedó inmersa la madre patria tras el triunfo del terror franquista. Es padre de Lulio Cabrera Aguado, otro eminente botánico, que, aunque nacido en Madrid desarrolló su carrera en Argentina.

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Ángel Cabrera fotografiado por Alfonso, sobre 1904.

      La influencia de los estudios zoológicos de Cabrera dejaron una profunda huella en las generaciones de científicos de la naturaleza posteriores. Naturalistas como José Antonio Valverde (impulsor y conservador del Parque Nacional de Doñana) o Félix Rodríguez de la Fuente bebieron en el conocimiento de Ángel Cabrera para la divulgación de sus ideas.

      La novela PATAGONIA, que trata sobre la vida y obra de Cabrera, obtuvo el XXII Premio de Novela Ciudad de Salamanca 2018. Está editada por Ediciones del Viento.

Fauna Ibérica

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XXII Premio de Novela Ciudad de Salamanca 2018

https://www.lavanguardia.com/local/castilla-leon/20190218/46543881681/el-periodista-madrileno-angel-aguado-recibe-el-xxii-premio-de-novela-ciudad-de-salamanca.html

https://www.salamanca24horas.com/texto-diario/mostrar/1329522/alcalde-entrega-premios-salamanca-poesia-novela-servando-cano-angel-aguado

La voz de Gaia

 Rafael Alonso Solís

         EN 1968, una juventud inquieta se enfrentó a los poderes del imperio para alterar el curso de la historia. Cada generación dispone de oportunidades para cumplir con alguna de las obligaciones no escritas de la especie, una de las cuales, precisamente, es evitar su desaparición. Quienes se manifestaban contra la guerra de Vietnam parecían convencidos de que su movilización cambiaría el mundo, y de que bajo los adoquines se encontraba la cálida arena de la playa, con lo que bastaría arrancarlos para darse un baño. Puede que la mayor debilidad de aquel intento radicase en que sus protagonistas hacían la revolución solo por la mañana, durante las horas de clase. Sin embargo, más allá de la lírica contenida en el eslogan, debajo de los adoquines no estaba la playa, pero sí, quejándose, el planeta. Tres años antes, en 1965, los ejecutivos de una compañía petrolífera habían consultado a diversos expertos acerca del futuro, localizando el foco en el año 2000. Mientras que la mayoría de los consultados especuló sobre los avances tecnológicos que se avecinaban, James Lovelock –conocido por haber desarrollado la “hipótesis Gaia” hacia 1960– se atrevió a predecir que el problema principal durante el segundo milenio sería el medio ambiente. Previamente, Lovelock había inventado el detector de captura electrónica, con el que fue capaz de medir la contaminación atmosférica por derivados hidrocarbonados, y que sirvió, años después, para cuantificar el crecimiento del agujero en la capa de ozono. Cuando, en marzo de 2008, Lovelock fue entrevistado por The Guardian acerca de sus predicciones a mediados del siglo anterior, el científico británico dijo que había ocurrido, “exactamente”, lo que él pronosticara. La “hipótesis Gaia” considera al planeta Tierra –Gaia era la diosa que lo representaba en la mitología griega– como un macro-organismo capaz de autorregular su funcionamiento mediante un sistema homeostático, un mecanismo dinámico de corrección de las funciones alteradas que se da en los organismos individuales. Aunque las ideas de Lovelock fueron, incluso, ridiculizadas por algunos biólogos evolucionistas, los mensajes de la propia Gaia han ido dándole la razón. En su libro La venganza de Gaia, publicado en 2006, Lovelock acertó en su predicción de lo que ocurriría en 2020: que las variaciones climáticas extremas serían habituales, amenazando con una devastación global que afectaría a amplias zonas del planeta. Buena parte de las posiciones de Lovelock son discutibles, incluyendo su hostilidad hacia las energías renovables y su desprecio hacia el movimiento verde, pero parece que su visión de Gaia ha resultado profética. A pesar de que él mismo, hace solo un par de años, reconociera en una entrevista que no es posible predecir lo que va a ocurrir en el planeta en 5-10 años, “porque demasiadas cosas pueden cambiar inesperadamente”. Ahora, un virus al que no se esperaba se ha extendido como si no existiesen barreras, y nos ha mostrado que la humanidad podría ser diezmada en unas pocas semanas, reduciendo, al mismo tiempo, la contaminación de los mares y los cielos. ¿Habrá sido la respuesta de Gaia?

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