La fragilidad del sistema

Rafael Alonso Solís

La principal debilidad de la respuesta española a la pandemia es el resultado de la fragilidad del sistema sanitario, con recursos humanos reducidos y escasez de equipamiento e infraestructuras especializadas, como consecuencia de las políticas anteriores y las restricciones de inversión en el sector público, especialmente las desarrolladas por el Partido Popular a nivel nacional y, con el ejemplo paradigmático de Madrid para mayor gloria del modelo. Modelo que, según su líder, se aplicaría al resto del país, si tuviera los votos necesarios. El coronavirus encontró así un terreno fértil para su expansión en un adelgazado sistema público de educación, sanidad, protección social, investigación y desarrollo tecnológico, con limitadas capacidades defensivas. Ello justifica un análisis independiente de la situación de partida y del impacto de las medidas adoptadas, con objeto de reforzar las estructuras sanitarias y prevenir las emergencias futuras, como se ha solicitado por diferentes representantes de la investigación biomédica.

En ese sentido, acaba de publicarse un estudio internacional basado en la respuesta de cinco países asiáticos y cuatro europeos (Alemania, España, Noruega y Reino Unido), que implementaron medidas restrictivas frente a la expansión del virus (Emelin Han et al. Lessons learnt from easing COVID-19 restrictions: an analysis of countries and regions in Asia Pacifica and Europe. The Lancet. September 24.2020.). Según los autores, cualquier estrategia debería basarse en un equilibrio entre la epidemiología de la infección y las consecuencias económicas y sociales de la movilidad restringida, lo que está directamente relacionado con la necesidad de que las autoridades sanitarias tengan una visión clara de la situación y sean capaces de transmitirla de forma sencilla y eficiente a la sociedad, con objeto de que sea comprendida a todos los niveles y facilite una implicación directa de la población afectada. En varios países europeos no siempre ha sido así, y en el caso de España han faltado explicaciones claras de los criterios utilizados y del peso de cada indicador, en un contexto en que la educación sanitaria de la población era insuficiente. Incluso ahora, basta contemplar cómo el uso generalizado de mascarillas en la calle, incluso en zonas poco concurridas, cambia en el momento de entrar en un bar y formar un animado corrillo en la barra, mientras el número de cañas o vasos de vino va reduciendo progresivamente la distancia interpersonal. A ello contribuye la polarización política, notablemente más agria en España que en el resto de Europa, con los partidos de la derecha utilizando de forma irresponsable la emergencia sanitaria con el único objetivo de debilitar al gobierno, precisamente en un momento en que este tiene que afrontar una situación extrema y tomar decisiones, sin aportar una sola idea que no sea la de sostener lo contrario, poner en tela de juicio la legitimidad salida de las urnas, y enfundarse en las banderas más queridas por las posiciones ultras europeas y norteamericanas.

Sin entrar en detalles, el estudio publicado en The Lancet refleja que, en general, no ha habido diferencias cualitativas en lo que se refiere a las medidas adoptadas, incluyendo el sistema de vigilancia –diagnóstico, rastreo, aislamiento y cuidados–, los equipos de asesoramiento y decisión organizados, el control de las fronteras o la organización de la desescalada. Respecto a esto último, es evidente que en España no se cumplió correctamente, en parte por la confrontación política mencionada, con Madrid como escenario del terror. La responsabilidad de la situación, en este caso, no se limita a la torpeza y soberbia de su presidenta, a la insignificancia de su vicepresidente –ese hombre que desempeña su papel con la invisibilidad respetuosa de un jefe de planta de unos grandes almacenes–, y a la tibieza acorchada de la oposición socialista, sino a la dirección nacional del Partido Popular, cuya carencia de ideas y planteamientos parece llevar a una huida hacia delante, que acabará, antes o después, con su sustitución y anuncio del siempre prometido viaje al centro.

En la comparación entre los países asiáticos y europeos analizados, destaca una mayor rapidez en las respuestas en aquellos que habían pasado por experiencias previas, en los que la población estaba adaptada a sufrir restricciones en lo que se refiere a las interacciones sociales. En cualquier caso, aún no se dispone de datos suficientemente explícitos ni fácilmente comparables, y debería esperarse a una evaluación independiente y rigurosa para poder alcanzar conclusiones. Hay un factor diferencial, sin embargo, que en el caso europeo destaca con la tozudez de los números y no necesita interpretaciones sofisticadas, y es el estado del sistema público de salud en todos sus aspectos. Como ejemplo representativo de la notable discapacidad española, coincidiendo con la primera ola de la pandemia este país disponía de 10 camas de cuidados intensivos, mientras que Alemania tenía 34, junto a una estructura de atención primaria depauperada, residencias geriátricas sin medicalización y un preocupante engrosamiento del sector privado, especialmente en autonomías gobernadas por el Partido Popular. Una situación que únicamente puede contrarrestarse con inversiones decididas y sostenidas en el sistema público de salud, en educación e investigación, y con la puesta en marcha de un programa urgente de formación e incorporación de personal en esos sectores. Para todo lo cual resulta irrelevante el pataleo de la oposición conservadora, las arengas de batallón o el ondear de las banderas, como máxima expresión del pensamiento vacío.

Rafael Alonso Solís es excatedrático de Fisiología y exvicerrector de la Universidad de La Laguna, Tenerife.

Fotos de Terry Mangino

El hombre de mi vida

Gabriel de Araceli

      »¡Magnífica! Con un par, con lo que hay que tener, tú sola, Pitita, enfrentándose a esos policías nacionales del ministro al que dieron un bolso en lugar de cartera, que nos ha robado a nuestros policías de siempre. ¡Hombre!, ¡que ya está bien! Que siempre la policía ha sido nuestra policía y no la de ese ministro mari, mari.

     Doña Pitita está eufórica, la saludan por la calle porque es la heroína del barrio bien de Madrid. Que aparezca en el periódico de referencia en España detenida por media docena de hercúleos policías ha llenado de envidia a sus mejores amigas y a ella la ha catapultado a la fama. ¡Rodeada por tanta carne masculina! Es como Agustina de Aragón, o de Callao, enfrentándose ella sola a las peligrosas turbas de extrema izquierda bolivariana que gobiernan el país. Negacionistas del virus o de que el hombre llegara a la Luna, antivacunas, tierraplanistas, o creacionistas convencidos de que el universo lo creó un dios barbudo en seis días hace seis mil años forman un retablo de conspiranoicos que ha encontrado en las manis antimáscaras las mismas razones antisistema contra las que sus abuelos levantaban los adoquines en el 68 parisino. Todo tiempo tiene sus contradicciones y la acción-reacción del péndulo de la historia ahora se mueve por el arco de la reacción, o de la contra. Los rebeldes buscan causa que les dé un sentido a su existencia.

      Veinte años antes, en 2000, Pepe Carvalho buscaba en “El hombre de mi vida”, la penúltima novela de la serie escrita por Manuel Vázquez Montalbán, una explicación a un mundo que, de repente, no comprendía. El detective se estaba haciendo mayor. Entonces eran los diferentes ismos que poblaban la Barcelona posolímpica lo que emponzoñaba su entendimiento, ya fuera catalanismo, barcelonismo, nacionalismo, satanismo, catarismo, sectarismo o pujolismo, ambiciones previas que desembocaron en el actual estado de la decadencia de las cosas. Por vez primera Carvalho se ve a sí mismo como jubilado, lejos del mundanal ruido, afrontando la oscura vida a la que le enviará la escasez de una pensión pública.

Manuel Vázquez Montalbán en El Escorial, 1990. Foto de Terry Mangino

     Tiene Carvalho un aburrimiento existencial. Y cobran protagonismo Charo y Biscúter. Vuelve ella a la renovada Barcelona, ya mayor para ejercer su oficio, tras seis años retirada en Andorra, el lugar que hiciera suyo la dinastía Pujol. Y regresa para sugerir al hombre de su vida que le acompañe en las tardes del otoño que se aproxima. Y Biscúter aparece convertido en un reputado cocinero que llena con la alegría de unas ostras la nochebuena triste del detective, la del fin del milenio. Un detective empeñado en demostrarse su vigor con una mujer de ida y vuelta, Yes, personaje extraído de “Los mares del Sur! Aquellos años de esplendor masculino y estos de anacronismos impropios del detective, que apenas si encuentra placer ni en la gastronomía ni en la quema de libros, ajeno al motivo por el que ha sido contratado: el asesinato de uno de los herederos de la alta burguesía catalanista.

      Está llena la novela de esas reflexiones y frases rotundas que acompañan a cualquier Carvalho: “Siempre tienen razón los días laborables”, o “Lo que peor se arruga es el sexo y el carisma”. Quizás le falte carisma a la novela, incompleta, confusa, recorriendo regiones extrañas de iluminados redentores nacionalistas y servicios secretos periféricos, de clanes religiosamente financieros y banqueros devotos de la eucaristía, de amantes innecesarias venidas del más allá, sin dar solución al motivo que la origina, ese asesinato sin resolver, esa investigación sobresaltada que lleva al desinteresado detective al radicalismo absoluto. Una huida que será el punto final de su profesión y el comienzo del viaje alrededor del mundo que Carvalho y Biscúter emprenderán en “Milenio”, la novela póstuma de Vázquez Montalbán, fallecido en octubre de 2003, en Hongkong, sin imaginar que veinte años después los fantasmas que desfilan al final del milenio ante los ojos del detective han recobrado carnalidad y se han hecho los dueños del castillo. Un castillo ocupado por doña Pitita y sus compañeros de conspiración antisistema, antimáscaras, los héroes de la contra.

     Si usted tuviera que escoger entre la Literatura y la vida, ¿qué escogería? La literatura.

Lea a Carvalho, cualquiera, incluso si no es “El hombre de su vida”.


Milenio

¡Vivan los novios!

Agustina de Champourcín

      Un cóctel con croquetas, pollo asado y ensaladilla rusa. Valdepeñas, tinto. Café, anís del Mono o coñac Tres Cepas. Las señoritas fumadoras, escasas, eran obsequiadas por el padrino, el hermano del novio, con cigarrillos rubios de tabaco inglés. Faria para los caballeros. Ese fue el menú con el que celebraron la boda Tina y Ángel. Aunque pocos podían ofrecer un ágape así a los invitados, no corrían buenos tiempos. En 1959 España estaba al borde de la bancarrota y el consumo de carne en esa fecha por habitante era inferior al de 1936.

      Las novias no siempre iban de blanco al altar, obligatorio, el altar, por el Concordato firmado por el Generalísimo con el Vaticano en agosto de 1953. Con posterioridad, en septiembre de ese año se firmó el acuerdo con USA por el que Franco entregaba el territorio español a los yanquis a cambio de tanques viejos de la guerra de Corea. Eisenhower se dio un garbeo por Madrid, casi un día, el 21 de diciembre de 1959. Franco corrió a hacerse la foto (obra de Jaime Pato, aquel grandioso fotorreportero) con Dwight. Ir de blanco era un gasto que las novias no podían permitirse. Era más práctico casarse con un vestido de fiesta que pudiera utilizarse después en ocasiones señaladas, como las bodas de las amigas. Las modistas imitaban los modelos de Balenciaga, el creador de moda y de la elegancia, que tenía entre sus musas a Sonsoles de Icaza, marquesa de Llanzol, también conocida por ser la amante de Jamón Serrano Suñer, el concuñado falangista al que La Collares vetó su asistencia a las fiestas que cada 18 de julio se celebraban en el palacio de La Granja. En la Puerta del Ángel, un barrio madrileño, había un hombre lobo. Enrique Villalba, amante y pío padre de familia. Jefe local de Falange, también cerrajero y depredador de hembras. Alardeaba, tras pimplarse el quinto tinto en el bar Casa Vela, siempre invitado, de que «éramos como dioses, los amos del barrio [paseo de Extremadura y aledaños]. Venían las mujeres a pedir trabajo a la comisaría de Falange de la calle Guadarrama. Eran casi todas viudas de rojos, la que quería trabajar tenía que pasar por la piedra. Yo solo me follé a más de veinte, a algunas varias veces. ¡Fue la hostia!».

      Aquello era la hostia. Sí, las que repartía el régimen. En 1956 la tensión crecía en la universidad. Un año antes había fallecido José Ortega y Gasset, el de la España Invertebrada que tan de moda está ahora: “Empezando por la Monarquía y siguiendo por la Iglesia, ningún poder nacional ha pensado más que en sí mismo”.  Los hijos de las familias patricias protestaban por la represión del gobierno. A la lucecita encendida de El Pardo no le cupo más remedio que detenerlos. Y los calabozos de la DGS, la Dirección General de Seguridad, que estaban en la Puerta del Sol, sí, debajo del reloj, y en la que comenzaba su ascensión imparable el supercomisario Conesa, se llenaron con los herederos de aquella oligarquía que tan comprensiva era con el Caudillo. José María Ruiz Gallardón (papá del Gallardón cheli), Dionisio Ridruejo (qué hace un chico como tú en un sitio como este), Ramón Tamames (¿cómo qué?, ¡comunista!), Javier Pradera (un agasajo postinero de la crema de la intelectualidad), Enrique Múgica (la importancia de llamarse Herzog), Sánchez Dragó (desde la Internacional al Mein Kampf pasando por el Cara al Sol), y Miguel Sánchez Mazas Ferlosio (hijo, hermano, cuñado, tío de la creme), entre otros excelentes muchachos pasaron varios días a la sombra. La tensión entre falangistas, militares y monárquicos crecía y su Excelencia lo arregló repartiendo café con leche. Cesó en febrero de 1956 al ministro de Educación, Joaquín Ruiz Giménez, democristiano, y al secretario general del Movimiento (de qué movimiento no importa porque entonces nadie se movía) Raimundo Fernández Cuesta, camisa vieja, viejísima. El rey de bastos estaba más fuerte que nunca, era un frenesí cinegético el que emprendía día sí y día también. El mismo Pacón, su primo y ayudante, se indignaba para sí del tiempo que Paquito pasaba con la escopeta al hombro que tú bordaste en rojo ayer. «He acompañado al Caudillo en el Azor a Bermeo. Franco es feliz cuando navega en su barco» escribía Pacón en su diario privado el 16 de agosto de 1955. ¡Ay, ay, ay! ¡Qué felices seremos los dos! Por su parte, Federico Sánchez se paseaba de incógnito por los madriles desolados de su infancia a pesar de que Luis Miguel Dominguín no le había conseguido el pasaporte, por más que se lo pidió a Camulo Alonso Vega. Mientras tanto, todos los palmeros y taxistas madrileños mentían sobre sus fantasías eróticas con Ava Gardner, que no tenía ningún remedo en llamar a Perón maricón. Ay, ¡qué felices seremos los dos y qué dulces los besos serán, pasaremos la vida en la luna viviendo en la casita de papel!

      Los noviazgos entonces se eternizaban y pasaban los días y él desesperado y ella, ella contestando quizás, quizás, quizás… El matrimonio era la única manera de poderse aliviar tranquilamente de aquellos sofocos de la entrepierna que acometían a los novios. Pero cómo, cuándo, dónde. Hay una maravillosa tesis sobre los “Usos amorosos en la España de Posguerra”, de la amorosa Carmina Martín Gaite, madre, esposa, tía, cuñada de todos los Sánchez y de todos los Ferlosios y la niña bonita de la intelectualidad. De aquellos ardores, o necesidades de amor nació una grandiosa y poblada generación de niños españoles. El baby boom de los sesenta lo llaman los demógrafos. La Luisi, el Jesus, el Geli, la Chus, la Merche, la Afri, la Tere, el David, la Cani, la Maite… Cachito, cachito, cachito mío, bendigo la suerte de ser tu amor…

     Y había que hacerse la foto de novios para decirles a todos los seres queridos que por fin, por fin podían aliviarse de los ardores sin pecado y sin el regaño de la mamá, mira a ver si te deja preñada y después si te he visto no me acuerdo, que los hombres lo único que quieren es lo único. Así que las fotos de boda era lo más importante porque se certificaba que uno se convertía en adulto, en respetable señor don y señora de.

Y de viajes de bodas… Pues de viajes de bodas ni hablar. Rosario y Alfonso se marcaron la tarde de su himeneo un tango a media luz los dos, a media luz los besos, crepúsculo interior. Y al día siguiente ella se fue a trabajar como criada en una casa bien de la calle Barquillo. Alfonso, albañil, lo celebró hormigonando las casitas de papel del poblado de Caño Roto, en los Carabancheles, donde vivirían poco después. Luisa y Miguel alquilaron una habitación con derecho a cocina en ca la Venancia, una viuda de un jonsiano de los de Ledesma Ramos que cayó en el Alto del León. Esa diferencia entre ser viuda de un jodío rojo o de un caído por dios y por España. Y a la Tina y al Ángel no les cupo (cabió, diría un castizo) más remedio que cohabitar en una habitación sin vistas de las dos que conformaban el pisito de la abuela Luisa. Eso sí, aún quedaban tres hermanos solteros, la abuela y una tía viuda más en el nido familiar distribuidos por la cocina y el pasillo. La realidad que supera a la ficción. El Pisito. Petrita y Rodolfo, Mari Carrillo y López Vázquez en aquella esperpéntica tragicomedia de Marco Ferreri.

      En fin, mujer, si puedes tú con dios hablar pregúntale si yo alguna vez te he dejado de adorar… Rosario y Alfonso; Tina y Ángel; Lupe y Lulio; Piedad y Daniel; Luisa y Miguel; Encarnita y Antonio… para qué quiero tus besos si tus labios no me pueden ya besar.

          Tina y Ángel se casaron en la iglesia de Santa Cristina, sita en el Paseo de Extremadura, en la Puerta del Ángel, en Madrid, al otro lado del río Manzanares, obra neomudéjar de Repulles y Vargas construida en 1905. Sus padrinos, Lulio y Teresa, hermanos del novio. Y fueron felices y comieron perdices y a los demás les dieron con los huesos en las narices. Eso fue el día de san Roque, 16 de agosto de 1955.

Los Caprichos de Ceres

Teodosia Gandarias

     HANC MARGINIS EXIGUITAS NON CAPERET. Conjeturas. Ezequías y Fermat. El verso y el logaritmo. Una poesía tiene algo de matriz vectorial, un polinomio de letras que tiende a infinito, una derivada de asonancias cartesianas. Diálogos de amor de León Hebreo. Es su última obra, edición crítica del manuscrito original que Suárez de Figueroa,El Inca Garcilaso de la Vega”, tradujera del Diálogo Humanístico escrito por León en 1502. Sofía y Filón, la sabiduría y su amante dialogando en la arcadia de Getafe. Ezequías Blanco procede de la Castilla que el paso de los siglos ha hecho eterna. Pasó su juventud de escucha atenta en Salamanca, donde aprendió a amar al castellano y a recostarse en los poetas que engalanaban los altares con sus trinos y sus aguas desbordadas de alejandrinos. San Agustín García Calvo: libre te quiero como arroyo que brinca de peña en peña. Libre es su verso, hay canto de jilgueros y amarillo en sus palabras espaciosas. Truenan los parques con algarabía de golondrinas palabreras. Están su poemas llenos de gentes que se afanan y luchan. Ezequías escribe ecuaciones diferenciales entre los árboles, en los bancos, ensartando un cántico de jirones de oro. Y está su luna llena recargando con versos los corazones candentes._DSC0017 (2)

      Cada farola tiene una historia que contarte. Ex-catedrático del lenguaje y editor de revistas de vanguardia. Necesitaba no quedarse sin márgenes donde anotar su amor por la escritura, tanto como Fermat por su conjetura, y se sacó de su chistera la que ha sido la revista de referencia en la literatura española durante décadas. Algo rebelde, es un niño Chole mochilero y romántico de guedeja blanca y mirada clara, underground. Por su revista han pasado los clásicos, los modernos, los posmodernos y los antiguos, los mejores autores contemporáneos de la lengua castellana, los mejores fotógrafos, los mejores pintores, los mejores artistas: “CUADERNOS DEL MATEMÁTICO. El matemático era Puig Adam, que escribió libros junto con Rey Pastor para los escolares a los que tanto enseñó Ezequías en su instituto de enseñanza media de la villa getafeña.

Último volumen de CUADERNOS DEL MATEMÁTICO, editado en marzo de 2018. Una pieza perseguida por los bibliófilos.

     “Por un puente de sueño sube hasta el sol el pobre carro. Viene herido de lejos por las aristas duras del caleño. Hábilmente lo vira el lento arriero —ya auriga por la luz—. Ya tú basterna de la dicha”. Son versos de “Los Caprichos de Ceres”, II Premio Nacional de Poesía “Ciega de Manzanares”, de 2003. En el verano, Ezequías se va con Sancho el Bravo y con sus monos que estornudan —sólo hay una clase— a su barenostrum de Paladinos del Valle, en Zamora, a escribir por los márgenes sus conjeturas y sus teoremas consonantes. Bares, qué lugares tan gratos para conversar, no hay nada como escuchar sus poemas de amor en un bar bebiendo valgas —valdepeñas con gaseosa, sangría—: “Al noble y seco barro lo seducen diosas rubias de paja. En mullidas praderas se prepara su tálamo. Besos de peces nadan por el gozo de adobe y una cisnera oficia el rito que el agua enlaza para siempre”. Leyendo a Ezequías Blanco sí se cumple la conjetura de Fermat para todo número n >2. Y,  an ≠ bn +cn , porque sus números, sus versos, sus palabras son mágicos y no necesitan demostración alguna. Buscaré cada día los lugares donde nadie confunde los caminos donde muy poco importan las derrotas… Son versos de Tierra de Luz Blanda, su último poemario escrito cuando batallaba por restablecer su salud, ya recuperada.


       Pedro Puig Adam fue matemático, profesor y poeta. Alumno, colaborador y amigo de Julio Rey Pastor. Otro insigne matemático relacionado con la Junta de Ampliación de Estudios (JAE), que bajo la dirección de Santiago Ramón y Cajal y desde 1907 supuso un despertar en las ciencias y en las enseñanzas en España. Después, la larga noche del nacional franquismo enmudeció la voz de la rima y el número y los avances científicos, educativos y poéticos de aquel período de esplendor de la JAE se redujeron oficialmente a enumerar una lista de reyes visigóticos, instruir en el espíritu nacional o a loar la unidad de un imperio iniciado por otros reyes aún más católicos. La primera edición de sus ELEMENTOS DE GEOMETRÍA es de 1926. El ejemplar corresponde a la séptima tirada, en 1956.


Sólo hay una clase de monos que estornudan

Tierra de Luz Blanda

BARE NOSTRUM

MILENIO

Qué leer en los tiempos del virus X


Gabriel de Araceli

—Huele mal, mamá, huele mal.

    Suena a través de la pared con el vecino la voz de Carlota. Sus dos años la convierten en un angelito que alivia la soledad del encierro, trae un poco de alegría durante el asedio del virus.

—No huele a nada Carlota, y tómate la leche.

 

      A 57 muertos nadie los reclamó durante la pandemia, ya habían muerto en vida, olvidados por los suyos, sin el consuelo del adiós, de la mano sobre el hombro, del beso de la despedida. Cuando sus cadáveres empezaron a ser un problema el gobierno regional madrileño decidió asumir el costo de los entierros. Nadie escucha las palabras de los niños. Posiblemente algún niño pregonara el olor de algún muerto sin que nadie le prestara atención hasta después de muchos días cuando el hedor se hizo insoportable. El angelito tenía razón: Huele mal. La vida huele mal.

     Manuel Vázquez Montalbán se murió sin hacer ruido lejos de todos, en Bangkok, el 18 de octubre de 2003, apenas unos meses antes de que su último Carvalho, MILENIO, se publicara, hijo póstumo y huérfano de un mundo ajeno y desconocido para la edad provecta del antiguo espía. Desprende MILENIO el olor a naftalina de los recuerdos perdidos, de las cartas de amor juveniles encontradas en los anaqueles de la memoria. Carvalho comienza el siglo despidiéndose de un mundo imposible de reconocer para sí mismo. Entonces, ¡qué sería ahora! Va acompañado de su leal Biscúter, su Sancho amigo, que a lo largo de la novela, como en el Quijote, se carvalhizará en un trasvase de personalidades, biscuterizándose Carvalho hasta perder el detective el protagonismo de las diecinueve anteriores novelas y pasar a ser un secundario admirador de la sabiduría del escudero. Son la mangosta y la cobra hipnotizadas entre ambas por la mutua contemplación. Y de Dulcinea, de Charo, de la madame retirada que gobierna su tienda de macrobióticos y complementos dietéticos en el puerto olímpico apenas si hay el recuerdo de alguna llamada telefónica para solicitarle fondos. La constatación de la inevitable derrota hormonal de la entrepierna. Es un hombre maduro que ve próxima su decadencia, al que las superpotencias, las guerras, hambrunas, tragedias, terrorismos, las pelagras institucionales religiosas, ya sean cristianismos o islamismos, espionajes, globalización, emigraciones, epidemias, nacionalismos periféricos y demás virus que le amenazan en su itinerario global le pillan fuera de juego, convertido en un escéptico, en un resignado superviviente que intuye un futuro de refugiado en alguna residencia de ancianos, diana de virus coronarios, un pirómano retirado que sólo quema un libro —inacabado, encima— a escondidas y en el que apenas si sobrevive la gula como vicio arrepentido de todos los vicios y pecados.  Y es su huida un repaso a su militancia juvenil en la izquierda radical, una búsqueda por las estrellas de lo que no pudieron conseguir en la Tierra, una catarsis penitente de apariciones de personajes y lugares por donde ejercitó su oficio de sabueso huelesobacos.

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Manuel Vázquez Montalbán en El Escorial, 1990. Foto de Terry Mangino

     MILENIO se publicó en dos partes por decisión editorial: MILENIO CARVALHO I. Rumbo a Kabul; y MILENIO CARVALHO II. En las antípodas. Un guiño del editor quizás para emular las dos partes del Quijote, de sus salidas del campo de Montiel a Barcelona, en ese itinerario mimético del que parte Carvalho para repararse los entuertos, desfacerse de sus agravios y enfrentarse a los malandrines de su conciencia. Son casi 900 páginas de frases rotundas y narrativa fácil urdida por el oficio de MVM, la última vez que ejercitó la novela el autor, aunque apenas unos días antes de su fallecimiento publicara su última columna, el 3 de octubre de 2003, sobre un marciano que ahora parece ocupar las catacumbas del pleistoceno histórico, ahí enfrente, sin embargo: “De cómo don Mariano Rajoy se convirtió en un ovni”.

     Huele mal, sí, la historia de una vida a veces huele mal y uno se encuentra al final del camino con detritus escondidos, con las palabras de un angelito inocente que le revelan la verdad de la derrota. Quizás, los casi veinte años transcurridos le hayan hecho formar parte a Carvalho de esas estadísticas de viejecitos abandonados a los que delata su olor nauseabundo muchos días después de muertos. Aunque Carvalho siga vivo en la memoria de los amantes de la novela montalbiana. Quizás se fue pronto Vázquez Montalbán, tal vez fue inteligente y decidió apartarse en esplendor, bien comido, bien bebido, bien viajado, antes de que el paso del tiempo le señalara con la uña negra de la ignominia de la existencia. Jesús Galíndez, Muriel Colbert, don Angelito, Ulises, Homero, Bouvard y Pécuchet, La vuelta al mundo en ochenta días, Cinco semanas en globo, tal vez el coronel Kurtz en su guarida de Camboya o en su ascenso de comerciante por el río Congo, el Níger del Biscúter, henchido el escudero de sorprendente verborrea et diplomé en soupes et sauces pour L’Êcole de Gastronomie de Jacques Minceur.

     Un siglo XX que se acaba, un milenio que empieza, un viaje a ninguna parte el que emprende Carvalho para acabar prisionero de su memoria, de sus actos, entre las rejas de la vida a su regreso a Marte, a Vallvidriera. ¡Que le aproveche!


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«Luego le haré unos higos a la siria. Rellenos de nueces y cocidos en zumo de naranja. Bajas Calorías. En lugar de mucho azúcar le pondré miel.
–Lees demasiado, Biscuter.
–Tendría que echarle un vistazo a la Enciclopedia Gastronómica que me he comprado a plazos. Parece increíble lo complicado del espíritu humano. ¿A quién cree usted que se le ha ocurrido rellenar los higos de nueces y cocerlos en zumo de naranja?
–Probablemente un sirio».

(El delantero centro fue asesinado al atardecer)


Enlaces relacionados con Carvalho y Manuel Vázquez Montalbán

Pepe Carvalho tras las huellas de don Quijote

El agente Rojas ND507

Pasionaria y los siete enanitos

Son o fueron

Tranquilo Jordi, tranquilo

Rafael Alonso Solís

    LA MONARQUIA ES UNA INSTITUCIÓN que requiere fundadores para imponer el origen, y súbditos que aguanten sus consecuencias. Es de suponer que sus defensores disponen de argumentos para defenderla, pero muy dudoso que quienes la sufren se los crean. No cabe duda de que tanto el casting como los mecanismos de renovación son sencillos. Respecto al primero, no se requieren propuestas ni concurso de méritos. En cuanto a lo segundo, suele ser una combinación entre los orígenes mágicos o la implantación por la fuerza. En unos casos se arranca la legitimidad de las entrañas de la roca, como en las leyendas de Arturo de Bretaña; en otros, algún milico la instaura o la reinstaura para garantizar las ataduras. Desde ese momento, la herencia queda instalada en el lugar que debería ocupar la democracia, con lo que el mito fundador se sobrepone a la capacidad, la inteligencia o la moralidad de quien porta la corona.

     Precisamente por proceder de las sombras, no es de extrañar que a los príncipes les chuleen las brujas, como en el caso de Macbeth, o que en las horas de oscuridad se les aparezcan los fantasmas de la memoria, como le sucedía a Hamlet. A los monarcas de cercanías quienes se les pueden aparecer son las amantes —no se sabe si agradecidas o despechadas— y los inspectores de hacienda. Una vez escribí que, en este país, los reyes suelen hacer tres discursos importantes. En el primero, aceptan la responsabilidad del cargo y juran los principios de quien les nombra; ya vendrá el momento de cambiarlos por otros. En el segundo, después de haber agitado las medallas frente a la tropa, hacen como que nos salvan la vida. En el último, cercana la caída del telón que da fin a la tragicomedia, anuncian su retirada. Durante los intermedios, van dando pinceladas de ingenio o de cinismo, como en aquella aparición del rey, ahora emérito, a punto de terminar 2011, cuando exhortó a sus súbditos a ser honestos, sin inmutarse, y enfatizó aquello de que la justicia era igual para todos.

     Es cierto que la historia de Juan Carlos de Borbón, desde su llegada a España hasta el momento en que parece estar haciendo las maletas, parece extraída de una telenovela o un drama de baja calidad, tal como se refleja en la excelente investigación de Álvaro de Cózar. Cuando aún era príncipe, solía recorrer los colegios mayores de la capital para hablar con los universitarios de su generación. En una ocasión, en que se le estaba haciendo tarde por el intercambio de chistes, en un alarde de comicidad, dijo: «Me voy para casa, no sea que Sofía me esté poniendo los cuernos», lo cual fue muy reído por la concurrencia. Cuando se observa la evolución del gesto del rey emérito puede que se aprecie el poderosos efecto de los genes, especialmente los que se refrescan poco, si no se tiene cuidado con la dieta. Aquel joven monarca, al que muchos auguraban un reinado de corta duración, exhibía por entonces el semblante de alguien un poco asustado, con la expresión de quien no sabía, exactamente, qué hacía allí, pero ya había aprendido a cuadrarse gallardamente ante la milicia. En la madurez, su rostro fue adquiriendo ese aire campechano que le dio tanta celebridad. Anunciándose el crepúsculo, en esa época en que comienza a preparar su jubilación para retirarse a tierras más soleadas, su rostro ha ido tomando un aíre pícaro —por decirlo con mesura—, como si nos hiciera un guiño de complicidad y nos recordase que él también comparte —a su nivel, claro— las mañas de Lázaro de Tormes.

     No cabe duda de que, en lo que se refiere al emérito, ha funcionado un efectivo pacto de silencio, en el que ha estado implicada la mayoría de la clase política, pero también la prensa, aunque los rumores sobre sus devaneos sentimentales y su presunta carrera como comisionista de éxito siempre hayan estado ahí. Hoy mismo, en un artículo de portada en el diario El País, se dedican ocho párrafos a defender a la realeza por parte de Pablo Casado, Felipe González y el presidente de la CEOE, dos a transmitir con prudencia la postura de UP y una la del Gobierno. Merece la pena recordar que fue una perspicaz periodista de derechas, conocida supernumeraria del Opus Dei y con excelentes fuentes de información en el estamento militar, quien se atrevió a hablar sobre el, presuntamente, oscuro papel de Juan Carlos de Borbón en el 23F, más allá del guion oficial.

     Después de habernos caído del caballo, no parece que existan muchas dudas de que la conducta del rey emérito ha sido cualquier cosa menos ejemplar. Pero esa convicción, junto a la conclusión a que llegue la justicia, debería tener otras consecuencias y aprovechar la oportunidad para responder, con serenidad y sin demasiada prisa, a dos cuestiones: si la institución monárquica tiene alguna utilidad para la convivencia y el bienestar de este país, y si tiene un respaldo mayoritario o, siquiera, significativo. Dependiendo de las respuestas aún cabría, en su caso, una tercera: ¿de qué manera y cuándo se debería iniciar una renovación de la puesta en escena?

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Viñeta de Vázquez de Sola dibujada durante el coronavirus


ESPAÑA INVERTEBRADA

Hace 100 años, en 1920, Ortega y Gasset publicó en el diario El Sol una serie de artículos y ensayos que reflexionaban sobre la identidad española y los problemas políticos que padecía. Todos los artículos se publicaron en forma de libro un año después con el título de ESPAÑA INVERTEBRADA. Lo que a continuación se expone es un extracto del capítulo 5 titulado PARTICULARISMO.

José Ortega y Gasset

       Empezando por la Monarquía y siguiendo por la Iglesia, ningún poder nacional ha pensado más que en sí mismo. ¿Cuándo ha latido el corazón, al fin y al cabo extranjero, de un monarca español o de la Iglesia española por los destinos hondamente nacionales? Que se sepa, jamás. Han hecho todo lo contrario: Monarquía e Iglesia se han obstinado en hacer adoptar sus destinos propios como los verdaderamente nacionales; han fomentado, generación tras generación, una selección inversa de la raza española. Sería curioso y científicamente fecundo hacer una historia de las preferencias manifestadas por los reyes españoles en la elección de las personas. Ella mostraría la increíble y continuada perversión de valoraciones que los ha llevado casi indefectiblemente a preferir los hombres tontos a los inteligentes, los envilecidos a los irreprochables. Ahora bien: el error habitual inveterado, en la elección de personas, la preferencia reiterada de lo ruin a lo selecto es el síntoma más evidente de que no se quiere en verdad hacer nada, emprender nada, crear nada que perviva luego por sí mismo.

      …El Poder público ha ido triturando la convivencia española y ha usado de su fuerza nacional casi exclusivamente para fines privados… Porque vivir es algo que se hace hacia adelante, es una actividad que va de este segundo al inmediato futuro… Por eso decía Renan que una nación es un plebiscito cotidiano… Desde hace mucho tiempo, mucho, siglos, pretende el Poder público que los españoles existamos no más que para que él se dé el gusto de existir.


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Viñeta de Vázquez de Sola dibujada durante el coronavirus

Homenaje al zoólogo Ángel Cabrera en el Museo Nacional de Ciencias Naturales

Teodosia Gandarias

     El pasado 7 de julio se celebró en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid el homenaje al zoólogo Ángel Cabrera Latorre, insigne científico y hombre de ciencia, con motivo de cumplirse el 60 aniversario de su fallecimiento, ocurrido en La Plata, Argentina, el 7 de julio de 1960.

     Abrió el acto el director del museo, Santiago Merino, que resaltó el extraordinario trabajo de taxonomía y clasificación zoológica que Cabrera realizó en el Museo desde 1902 a 1925, fecha de su partida a la Argentina. También intervinieron Leoncio López-Ocón, investigador adscrito al Consejo Superior de Investigaciones Científicas; Alberto Gomis, profesor de la Universidad de Alcalá; los naturalistas Manuel de Andrés-Moreno y Juan Monreal; y el periodista y escritor Ángel Aguado López, autor de la novela PATAGONIA, sobre la vida y obra de Cabrera.

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Las especiales circunstancias sanitarias que asolan Madrid hicieron que la presencia al acto fuera limitada. Santiago Merino, director del Museo Nacional de Ciencias, comienza el acto de homenaje a Cabrera.

     Ángel Cabrera Latorre nació en Madrid, en 1879, en el nº4 de la C/ Madera Alta, en lo que ahora es el barrio de Malasaña. A pesar de su extensa obra en el Museo de Ciencias, de sus numerosísimos trabajos científicos y libros escritos que le convirtieron en una referencia obligada en el estudio de la zoología y le dieron renombre mundial no tiene ninguna placa o recuerdo que le honre en la ciudad que le vio nacer. Es hora de enmendar ese olvido.

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Asistentes al acto posan en la entrada del Museo.


Conversación apócrifa que María Aguado y Ángel Cabrera, mujer y marido, mantienen con motivo de su partida a La Plata,  en 1925, reclamados por el gobierno de la Argentina para ocupar la cátedra de Zoología de aquella Universidad:

Guion de Ángel Aguado López

Cinco décadas con Ángel

Secuencia única. Interior, día, en un piso de Madrid de la calle Claudio Coello, 115. La luz radiante que entra por un balcón lleno de tiestos alumbra la conversación de dos personas de mediana edad, unos cuarenta años, son Ángel Cabrera Latorre y María Natividad Aguado Porres, un matrimonio con apariencia intelectual, es decir, con la ropa limpia pero usada. María lleva la voz cantante y Ángel la escucha con la paciencia de un sabio.

MARÍA

Y este, qué es: ¿Un Lupus signatus o un Lupus lupus? Porque yo ya me pierdo con tanto bicho, Ángel, que me tienes el comedor lleno de Canis canis y de Vulpes vulpes y de quirópteros y de Capras victoriae. Y en la bañera la foca monje, Ángel, un macho vivo de Monachus monachus, que ni María Teresa se puede lavar y tiene que ir al Instituto Escuela como si fuera de exploradora por el Magreb-el-Aksa, con el salacot que tú le trajiste de Melilla, que ni peinarse puede. Y lo de meter al megaterio en el salón ¡ni se te ocurra!, ¡eh!, Ángel, que no cabemos los cuatro en casa.

ÁNGEL

Pero María, si va a ser sólo un par de meses, hasta que los Benedito terminen con los abejarucos y el verraco ese que le sobraba al duque de Veragua.

MARÍA

Sí, sí, lo mismo me dijiste de la piel del Loxodonta africana, ese elefante grandote que cazó el otro duque, el de Alba, que no sabían qué hacer con él en el Museo, que se tiró seis años ocupando el baúl del dormitorio, encima del vestido de cóctel de Fortuny-Madrazo que me trajiste de París, que sólo me lo puse una vez, cuando lo de la reina María Cristina en 1913. Sí, lo del diplodocus Carnegie, ese que vino de Pensilvania y que montaste tú solito. Sí, tú solito, porque los yanquis, el Holland y el Coggeshall mucho salir en la foto, mucho visitar el Palacio Real, mucha juerga, que se los llevaba su majestad por los teatros y los colmaos persiguiendo vicetiples. Pero de trabajar nada, que el que de verdad trabajó juntando los huesos fuiste tú, aunque te sobraran un fémur y tres vértebras lumbares que no cabían en la galería central y tuviste que decirle a Bolívar que se quitaban, que nadie se daría cuenta, que el único en España, en el mundo entero que sabía de endoesqueletos de herbívoros saurópodos del Jurásico eras tú. Y era verdad.

[Don Ángel mira por el techo en busca de musarañas, pero no hay ninguna con la que distraerse de la charla de María].

  MARÍA

¡Y cómo me tienes el estudio con tus caballetes, con tus cuadros, con tus pinceles y tus acuarelas! Todo lleno de láminas de cebras, de gacelas extintas, de mamíferos marinos, de ¡cachalotes!, de ¡ornitorrincos!, del macho cabrío de la Sierra de Gredos que parece que va a saltar y arruinarlo todo con esa cornamenta que le has pintado. Y el señor ese viejecito de las barbas blancas, el que sale en las botellas del anís…

ÁNGEL

Darwin.

MARÍA

Ese, sí, que yo comprendo que revolucionó el origen de las especies, que lo de dar la vuelta al mundo en el Beagle con 22 añitos tiene mérito. Pero así, ancianito, con esos pelos de chivo da miedo verlo, que parece un sabio loco, que en lugar de su foto podías decorar el estudio con un paisaje… Yo casi prefiero que pintes láminas como las de Adán y Eva, de Durero, así, desnuditos, que son como más juveniles, más de nosotros. Que a ti bien que te gustaba de novios verlos en el Prado, que bien que disfrutábamos con los Tiziano y los Rubens, que después bien que lo pasábamos con tanto ir y venir por el Retiro, por lo oscuro, que me dedicaste tu Fauna Ibérica, un libro colosal que te costó años de estudio y de viajes, el mejor de su especie, que lo tienen todos los sabios del mundo.

[Don Ángel mira al suelo cabeceando sin decir nada].

MARÍA

Y con las ochenta mil muestras que trajeron los de la Comisión Científica del Pacífico pasó lo mismo. ¿Quién las clasificó? Tú. ¿Quién las inventarió? Tú. ¿Quién las dibujaba como si fueran óleos de Clara Peeters? Tú. Que algunas muestras llevaban décadas olvidadas en los sótanos del Museo.  Que si el pobre Jiménez de la Espada lo hubiera sabido, en vez de irse a las Islas Chinchas se habría quedado en el Botánico esperando que llegara La Gloriosa, que la cosa de la ciencia en España avanzaba despacito. Que me tuviste toda la biblioteca llena de Macacus Rhesus, de lémures, de armadillos y de monos arañas que se trajo el inocente de Jiménez del Amazonas, que daba miedo buscar un libro, que María Teresa, de niña, tenía pesadillas con los bichos y de ahí le viene a Ángel Lulio la costumbre de plantar bananas en las macetas del balcón, la botánica, que alguien le dijo que con ellas se alimentaban los primates, que ya no me queda ni un geranio ni un clavel, que todo lo llenó de bromelias y heliconias y orquídeas y angiospermas y monocotiledóneas…

[Don Ángel, calladito, calladito].

MARÍA

Y lo de irse a Annual tres meses después del desastre fue una locura. ¡Con los niños tan pequeños! Tú por allí, pegando tiros en el Atlas con un máuser, porque lo sé todo, que era así, a tiros, como conseguíais las muestras del Canis lupus, que encima no hay lobos en Marruecos, que son chacales. Y yo en el barrio de Maravillas con dos criaturas preguntándome ¿dónde está papa?, ¿dónde está papá? Sí, ya sé que a Ángel Lulio le hizo mucha ilusión la cimitarra que le trajiste de Tetuán en tu primer viaje, en 1913, regalo de Abd-el-Kader. Y es verdad que María Teresa estaba muy guapa con la chilaba que te dio el Raisuni en tu segundo viaje en 1919. Pero la espingarda que te obsequiaron los bereberes en Larache te puso en un compromiso. Que te acusaron de traficante de armas y de que trabajabas para los ingleses porque guiaste al contralmirante Lynes por el Rif en el 23. Y menos mal que el general Picasso no te abrió expediente, menos mal.

[Pausa. María mira a Ángel, Ángel mira a María].

MARÍA

Y “ALREDEDOR DEL MUNDO” te lo hacías tú solito. Eras director, reportero, plumilla, fotógrafo, dibujante, linotipista y botones a la vez. Y porque me negué a que también la vendieras, que si no, cualquier día hubieras estado en la Puerta del Sol voceando la revista y lo mismo te hubieran detenido por alborotador, por estafa y atentado contra la moral pública, porque los reportajes que publicabas eran de aúpa… porque aquellos anuncios que aparecían en hueco grabado eran de traca: PECHOS: GRAN DESARROLLO, BELLEZA Y ENDURECIMIENTO EN DOS MESES CON PÍLDORAS CIRCASIANAS DEL DOCTOR BRUN. Un científico como tú anunciando esas bobadas para llegar a fin de mes, colaborando en seis sociedades científicas, en cuatro revistas zoológicas de Londres y Nueva York, de colector del Museo y pintando paisajes del mioceno los domingos por la tarde.

[Ángel mira a María diciendo a todo que sí con la cabeza].

MARÍA

Claro, yo tan modosita, tan guapa con aquellos ternos Condé Nast que me cosían las modistillas de Fuencarral, que perdiste la cabeza cuando me viste por primera vez bajo la fuente de la alcachofa, en el Retiro. Sí, todavía me acuerdo, que fue verme y te quedaste como alelado, hablándome de llevarte un recuerdo, de hacernos un retrato con el invento del colodión húmedo de un fotógrafo frente al estanque. La técnica siempre fue lo tuyo, los inventos, tanto leer libros extranjeros, que si la electricidad, que si la física cuántica del genio ese, de Einstein, que nadie le entendió una palabra cuando vino a la Residencia de Estudiantes. Que nos hablábamos por un telefonillo hecho con dos latas de sardinas unidas por un bramante. Yo en el primer piso y tú en la acera de la calle Alcalá. ¡Y anda, que las cosas que me decías! Que mi padre, el coronel, el héroe de Cuba, era muy recto y a ti te daba miedo que sacara el sable y te negabas a subir al principal. El ejército y la ciencia zoológica enfrentados por una mujer. ¡Ya ves! ¡Si lo que papá quería era colocarnos a todas!, que fuimos catorce hermanos, que a mí Saturnino, aquel pretendiente, no me gustaba nada por más dinero que ganara su papá de presidente del Credit Lyonnais. Eso sí, yo me dejaba alagar cuando me invitaba a chocolate con picatostes y azucarillos en el Gran Hôtel de París, que estaba en la Puerta del Sol, que yo lo que quería es que te decidieras, Ángel, que a veces eras un poco soso y tenía que darte empujoncitos para animarte, que la rectitud te viene de tu papá, el obispo amigo de Prim. Pero anda, ¡que cuando cogiste carrerilla!… Que parecías un ciervo en la berrea, que acuérdate de aquella vez en Cercedilla, cuando lo del toro que nos cerraba el paso de la estación biológica, que tuvimos que refugiarnos tres horas en una choza de pastores. ¡Lo que nos gustó aquello! Que yo creo que en eso te asemejas a Ramón y Cajal, que es también de mucho perseverar con su señora y tiene una prole numerosa, que seguro que fue por lo que te ha recomendado al Museo de La Plata, por tu ardor amoroso, también por tu saber, por dejar bien alto el pabellón científico de la patria. Así que, si tenemos que irnos a la Argentina nos vamos los cuatro, siempre juntos. Voy haciendo las maletas que aquí no vamos a llegar a nada por muy listo, educado y viajado que seas, que el saber está muy mal pagado en este país y mejor nos irá en esa universidad donde te han dado una cátedra, que en España hay mucha envidia, que ganarías más vendiendo tus cuadros en el Rastro que clasificando lepóridos. Ellos se lo pierden, que eres un genio loco con un corazón de oro. Eso sí, no podemos llenar los baúles con tus bichos, dejas aquí el signatus, el vulpes, la cabra de Gredos y la piel del Loxodonta. Y la foca monje que se la lleven a la Casa de Fieras. Y las láminas se las regalas a la Biblioteca Nacional, que cruzar el océano hasta la Patagonia es mucho trecho y lo mismo se estropean.

[Y María mira a Ángel con sonrisa de ardilla y ojos de lince. Y Ángel mira a María con los ojos de carnero de una lámina de Zurbarán (Agnus dei).  Y se dan un beso].

FIN



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RAS

    EL PERSONAL SANITARIO se ha manifestado en diversos lugares para denunciar el deterioro de la atención primaria, la escasez de plazas de residentes, los insuficientes recursos humanos y la carencia de medicalización en las residencias de mayores. La pandemia les hizo trabajar a destajo con los medios del siglo anterior, mientras la población más frágil iniciaba un viaje sin retorno desde una habitación vacía. En realidad, el aviso de las mareas blancas se había producido antes, cuando la voz de la primera línea frente a la enfermedad salió a la calle, encontrándose la indiferencia o la chulería como respuesta. Aún siendo una opinión de urgencia, las primeras señales que emite la política no sugieren apuestas inteligentes, sino habituales. Tal vez lo positivo sea la apariencia de que, al menos en el caso de la sanidad, la mayoría de los partidos políticos parecen dispuestos a compartir una mirada común y buscar un acuerdo. Mientras tanto, hay aún demasiadas banalidades en las propuestas que parecen elaborarse en las diferentes autonomías, entre simplezas identitarias, frivolidades características de campañas electorales o empecinamiento en la defensa de los grandes principios de la derecha en la consideración de la sanidad como una oportunidad de negocio. La emergencia latente ha mostrado la debilidad del sistema de salud pública en medios, infraestructuras, planificación, capacidad de respuesta, investigación, tejido industrial y recursos humanos. ¿Era esta la mejor sanidad del mundo, tal como se había sostenido? ¿Conocían la verdad los responsables y les tenia sin cuidado, toda vez que el discurso político permite decir cualquier cosa con la seguridad de que no tendrá consecuencias? ¿Existe un plan para fortalecer el sistema de salud, capacitándolo para afrontar las necesidades actuales, las previsibles y las imprevisibles? ¿Es posible acordar una transformación de la educación y dotar al alumnado de los instrumentos precisos para entender de manera crítica la realidad, la interrelación entre las diversas manifestaciones de la vida, el papel de la cooperación como elemento crucial en la evolución del universo, o la responsabilidad de los seres humanos en el inestable equilibrio entre la salud y la enfermedad del planeta? La tragicomedia representada en el escenario político no induce al optimismo, y la receta de amalgamar turismo con cemento se anuncia otra vez como idónea para cultivar ladrillos en la huerta, promover la resurrección del pelotazo y construir un país de camareros. Las ilusiones de los revolucionarios de los sesenta o de los conspiradores acuarianos de los ochenta se diluyen cíclicamente como consecuencia de la vanidad de los profetas, enfundados en el dogma de cada grupo y cada secta. El conflicto entre la realidad y el deseo siempre encuentra dificultades para descubrir caminos y aprender a recorrerlos con sentido de colaboración. Aunque difícil, puede que merezca la pena intentar que nuestro modelo de convivencia se transforme en otro basado en el diálogo, evitando la polarización que afecta a una especie que, tras dominar el universo en que nació y creció, parece decidida a desaparecer con él, como resultado de sus intervenciones comerciales.

[RAS es Rafael Alonso Solís, ex-catedrático de Fisiología y ex-vicerrector de la Universidad de La Laguna, Tenerife].