23 de abril de 2017. 40 edición del Maratón de Madrid. Día soleado, 12º a las 9h, 670 m de altitud sobre el nivel del mar, viento neutro. 42.195 m. 10.378 corredores llegaron a meta.
Fotografías: Ángel Aguado López
23 domingo Abr 2017
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Fotografías: Ángel Aguado López
21 viernes Abr 2017
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José Caballero Caballero (in memorian)
En la «Retirada», crucé los Pirineos á media tarde del 9 de febrero de 1939. Conocí la vida de los Campos de concentración de Saint Cyprien y Barcarés durante un mes y el mes siguiente en Argelés sur Mer. De ahi, sali con la Compañia de Trabajadores Estranjeros nº 127 para Saint Livrade en Lot et Garonne, donde permanecí hasta septiembre de 1940. En esta Compañia, viví el acontecimiento de la firma del Armisticio, el 24 de junio de 1940. Salida para la Haute Savoie y llegada a la estación de Annecy el 20 de septiembre de 1940. Somos imediatamente dirijidos hacía el pueblo de Faverges en la Compañia de Trabajadores Estranjeros n’ 517.

José Caballero Caballero en 2002, en Annecy.
El Puesto de Mando de esta Compañia está al pie del monte Semnoz, cerca de Annecy. Nosotros, los trabajadores, nos metieron en barracas que pertenecían al organismo «des Eaux et Foréts» en La Combe d’lre. Estabamos cerca del lugar donde teníamos que trabajar á Hacer carbon. También teníamos que ejecutar trabajos de cantera, refección de carreteras etc… Estabamos mandados por oficiales franceses a las ordones de Vichy. De esta epoca, tengo el recuerdo de mi primer encuentro con Miguel VERA. Era a primeros de septiembre de 194 1. Teníamos la tarea de colocar cajones de fruta en la nave de una finca. Nos dio por comer peras y nos comimos mas de tres Kg cada uno. Poco a poco nos fuimos organizando en Maquis. P [ilegible] amos -de muy pocas armas. A pesar de eso, participamos a varias emboscadas contra las fuerzas de ocupación italianas, cerca de Doussard. Una forma de Resistencia interna, era de hacer falsos documentos, utilizando los cuños y el material de la oficina del capitan de la Compañia. A demas, José MORA tenia la habilidad de imitar perfectamente la firma del capitan. José ESCRIBANO conducía la camioneta. Lo cual, nos permitía comunicar entre los diferentes grupos. Antonio JURADO, Manuel JOYA y Yo, participamos a una formación en la escuela de cuadros para los Maquis en Manigod (Chalets de la Cola). La ¡da la hicimos en coche, acompañados de Richard ANDRES. Pero la vuelta, fue andando que la tuvimos que hacer. Pasamos por Serraval y Faverges hasta llegar a la Combe d’lre (20 km) Ese cursillo se desarrolló del 20 de diciembre 1943 hasta el 5 de enero de 1944. Eramos 20 Españoles en este Maquis, todos subimos al Plateau des Gliéres el 1 de febrero de 1944. Salimos de Doussard en camion para llegar al Valle de Thones via el puerto de Serraval. La noche estaba muy avanzada cuando llegamos al pueblecito del Petit Bornand. De ahí 5 prosegimos andando la subida a la Meseta des Gliéres. Rapidamente tomamos posesión del sitio y organizamos nuestra instalación. Tom MOREL demanda a Miguel VERA de organizar los Españoles militarmente.
Se crea La Sección «EBRO» que se divide en dos Subsecíones, cada una defiende una entrada en la Meseta. Una Subsección esta mandada por VILCHES (capitan Antonio) y la otra por JURADO de la cual, yo hago parte. Estamos divididos en escuadras de 10 a 12 hombres. Yo mando una escuadra y Francisco PEREA otra. Ambos bajo las ordenes de JURADO. Durante toda la epopeya de la Meseta de Glieres, nosotros, los Españoles, tomamos parte a todas las acciones y a todas las operaciones emprendidas, primeramente por el teniente Tom MOREL y despues por el capitan ANJOT. El 26 de marzo 1944, ante el fatal desenlace devido a la situación (465 guerrilleros defendiendo la Meseta contra una Division de la Wehrmacht de 11.000 hombres mas 3000 Milicianos y GNW) y el honor salvo, para preservar el maximo de vidas humanas, el Capitan ANJOT, da el orden de repliegue general a la 22 horas. Los Españoles han defendido sus posiciones hasta el ultimo minuto. La noticia llegó a mi escuadra, a las 3 de la mañana. Despues de haber cruzado la Meseta des Gliéres de Este a Oeste, decidimos de separarnos en pequeños grupos. Cada uno tomando un camino diferente. El sol ya estaba alto cuando dimos los ultimos pasos dejando el Plateau des Gliéres. En mi grupo, éramos 6. Como de todos modos no conocíamos los caminos, solo podiamos decidir de tomar una dirección. Nuestra dirección era Doussard para alcanzar el Maquis de la Combe d’lre. Es asi que nos encontramos detenidos por los acantilados del monte Parmelan. No sé por que presentimiento, uno de nosotros traia cordeles de paracaidas. Con esos cordeles pudimos bajar los acantilados por el sitio mas favorable. Despues, siguiendo la bajada, llegamos a las alturas de la Balme de Thuy. De este punto dominante de la montaña, podiamos ver que habia cordones de soldados Alemanes cortando la carretera de Th’ones en varios sitios. Hizímos marcha atras subiendo de nuevo, pero oblicuando a la izquierda para pasar más arriba de la Bionniére y alcanzar el puerto de La Pierre des Trois Croix. Volcamos por la otra ladera del monte y bajamos hasta llegar algo más arriba del camino llamado «la Voie Romaine».

Photo: Ana M Pulido
De esta posisión, podiamos ver aún mejor todavia (porque mas cerca) que la carretera de enfrente que sube del puente Saint Clair a Sur les Bois, estaba cortada por cordones de soldados. Podiamos observar rondas que iban y venian de un cordon al otro. Tubimos que quedamos ahí tres dias esperando que desapareciera el rodeo de la fuerzas alemanas. Estabamos muertos de hambre. Comiamos raices y hierbas. Teniamos que atravesar el Fier (un rio) y era muy dificil porque corria mucha agua. Para comprobar la fuerza de la corriente y la profundidad, me amarré a una cuerda y dos compañeros me iban sujetando. Pero tube que regresar porque era mucha la profundidad. Un campesino de este lugar, que habia observado nuestras maniobras, se acercó y nos explicó que poco mas abajo habia un cable que los leñadores utilizan para pasar la madera. También nos dio un trozo de pan a cada uno que lo tragamos con ansia. Por fin pudimos cruzar el Fier por ese cable. La noche caida, encontramos refugio en una casa de campo más arriba de Sur les Bois. Los amos de la casa nos dieron de comer y ropa seca. Después quisieron que durmieramos en el pajar. De primero rechasamos la oferta de miedo de comprometerlos. A cada momento podia llegar una patulla de Alemanes. Pero insistieron tanto que tubimos que aceptar.

Annecy
Pasamos una noche como reyes durmiendo en la paja. Por la mañana, salimos temprano, pero antes tomamos un copioso desayuno que esta familia tan generosa nos preparó. Siempre estaré agradecido de esta gente tan buena, sabiendo el riesgo tan grande que corrian por ampararnos. Los Alemanes quemaron casas y fusilaron gente por mucho menos que eso. Cojimos nuestro camino hacia el Monte Baron. Al bajar por el vertiente de Alex, encontramos a M. PARIS y un amigo suyo. Nos dijeron que teniamos que volver rápidamente porque habia una barrera de alemanes en la carretera que sube de Alex al puerto de Bluffy (por donde teniamos que pasar). Regresamos otra vez hacia el Monte Baron donde tuvimos la sorpresa de encontrar a «Madffles» Angel GONEZ que habia encontrado refugio en una cabaña que pertenecía a M. PARIS. Siguiendo los consejos de Madffles y M. PARIS, nos instalamos con ellos y al final nos quedamos ahí hasta fin de junio. Fue cuando Miguel VERA vino a decirnos de ir al Maquis de la Chapelle-Rambaud. Todos los Maquis españoles fueron trasladados a la Chapelle-Rambaud donde con otros guerrilleros franceses, constituimos la Compañia F.T.P. 93-17, el 1 de julio de 1944. Este traslado fue una cosa muy buena para nosotros porque en ese nuevo Maquis teniamos buena y abundante comida. También estábamos bien vestidos. En cambio teniamos una intensa actividad guerrillera. Era nuestra lucha que continuaba, hostilizando y desarticulando el enemigo por todas partes. Sin cesar, acosábamos los convoys de camiones alemanes que tomaban la carretera de Bouneville a Annecy. También teníamos que dar golpes de mano para abastecer la Intendencia. Uno de ellos, particularmente espectacular, al cual yo participé se efectuó casi en plena ciudad de Annecy. Exactamente en el barrio de] «Pont Neuf’. Se trataba de desvalijar en pleno dia, un deposito de calzados. Eso, en un plazo muy corto antes que se pudiera dar la alerta. Y todo esto, ante un personal muy impresionado por nuestras armas. Los Españoles nos distinguimos, participando activamente a la liberación de la Haute Savoie y claro está, a la liberación de Annecy el 19 de agosto de 1944. En septiembre siguiente, tomé parte en la liberación de la «Vallée de la Maurienne».

Tumba de Machado, en Colliure.
16 domingo Abr 2017
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Gabriel de Araceli
Si hay una saga que representa tanto el amor a la ciencia como el gusto exquisito por el arte esta es sin duda la familia de taxidermistas Benedito. Son el equivalente en el siglo XX a los Leoni, León y Pompeo. Los escultores y orfebres milaneses que en el siglo XVI trabajaron para el emperador Carlos y posteriormente para Felipe II, y dejaron en bronce algunas de las esculturas más brillantes y celebradas del hombre que dominó al mundo, que hoy se pueden admirar en el Monasterio de El Escorial, en el Palacio Real o en el Museo del Prado.
Los Benedito no trabajaban el bronce o el mármol. Sus materiales no eran sino pieles, restos de animales cazados en muchos casos por pura diversión por el rey Alfonso XIII, o por los grandes aristócratas de la corte, como el duque de Alba, que después donaban gentilmente los trofeos al Museo de Ciencias de Madrid, como una muestra más de su inmenso amor a los animales, al progreso, a España y a la divulgación científica. Con estas muestras, los Benedito consiguieron excepcionales representaciones naturales, esculturas vivientes y realistas de mamíferos o aves ambientadas en sus entornos biológicos con fidelidad y gusto artístico, que contribuyeron a que generaciones de visitantes del Museo aprendieran zoología como un divertimento fácil y preciso. Ángel Cabrera Latorre y los Benedito tuvieron una estrecha relación a lo largo de veintitrés años que Cabrera fue naturalista agregado en el Museo. Un ejemplo de esa colaboración es la composición de la cabra ibérica, que se conserva en la sala dedicada al ecosistema del Guadarrama en el Museo.
Es de 1915. Cabrera asesoró a Alfonso XIII sobre el peligro de extinción que corría la especie y sobre cuáles machos podría cazar. Posteriormente, Luis Benedito Vives, hermano de José María Benedito Vives, e hijos ambos del fundador de la saga, José María Benedito Mendoza, realizó la composición de los ejemplares de cabra hispánica que se muestran ahí. Mientras que muchas de las muestras de mamíferos se deben al arte de Luis, José María se especializó en aves, con tal esmero y maestría que aún hoy la observación de sus composiciones deja al visitante en estado de admiración. Si el bronce de “Carlos V dominando al furor”, ubicado en la rotonda de la planta superior del Museo del Prado, obra de los Leoni, deja al visitante sorprendido, con la contemplación de la vitrina de abejarucos, obra de José María Benedito, de 1914, pasa otro tanto. Allí está, en el centro de la sala principal del Museo de Ciencias. El visitante se encuentra de pronto en cualquier ribazo de cualquier carrizo y, sin esperarlo se le aparece una colonia de abejarucos, varias docenas de pájaros que nos muestran la vida en un hábitat realista. Es una obra maestra, aunque de plumas, cañas, juncos, raíces, guijarros y tierras removidas. Solo les falta a los pájaros cantar mientras devoran abejas.

José María y Luis Benedito
La admiración que Cabrera sentía por los hermanos Benedito queda patente en varios artículos y publicaciones que el naturalista escribe en la revista “Alrededor del mundo”, de la que era director-redactor. En un reportaje titulado “TAXIDERMIA MODERNA, cómo se diseca en el Museo de Ciencias Naturales”, publicado el 18 de octubre de 1915, en el número 855, Cabrera explica la necesidad de que la taxidermia produzca recreaciones artísticas para que el espectador vea al animal lo más próximo a su hábitat natural. Y dice:
“Hoy, disecar o “embalsamar” un cuadrúpedo como dice el vulgo (montarlo o naturalizarlo, como realmente debe decirse), no es ya rellenar su piel curtida de estopa o de paja… Nada de esto se hace ya en el Museo de Ciencias Naturales. Sus disecadores ya no son simples poseedores de unas manos más o menos hábiles… son verdaderos artistas que reúnen conocimientos sin los cuales sería imposible la taxidermia moderna; los conocimientos del dibujante, del escultor, del anatómico y del escenógrafo. Todas estas condiciones y conocimientos se encuentran reunidos en los dos hermanos Benedito…”.
Los Benedito, como Cabrera, se vieron beneficiados del amor al conocimiento de Ignacio Bolívar Urrutia, el director del Museo, que pretendía una renovación en las formas de transmisión del mismo y en las técnicas de aprendizaje.
A Luis Benedito, Bolívar lo envió en 1911 a estudiar a Alemania, con el famoso taxidermista Ter Meer. Bueno, más precisamente lo envió la Junta de Ampliación de Estudios. Luis Benedito era ante todo un artista. Para la preparación del elefante africano, generoso regalo también del duque de Alba, el padre de Cayetana, sí, Luis Benedito necesitó a diez personas para mover la piel, que pesaba 600 Kg y tenía una extensión de 37 metros cuadrados. Los colmillos de marfil, sin embargo, yacen en el Palacio de Liria. La figura del elefante es una de las obras emblemáticas del Museo, Benedito realizó previamente una serie de bocetos y vaciados en yeso y diferentes técnicas propias de cualquier escultor, de cualquier artista. Aquel fue un trabajo que duró varios años, terminado en 1930 y que costó al erario público 9.830 pesetas. Hay que tener en cuenta que en aquellos tiempos la única forma de que el público tuviera una idea aproximada de cómo eran los grandes mamíferos africanos era acudiendo a los museos o a los parques zoológicos, muy escasos entonces. Por eso, las obras de los Benedito tienen ese empeño en representar la naturaleza de la forma más realista posible y de escenificar situaciones y ambientes extraídas del ecosistema en el que habitaban los animales.

Si contemplamos el toro de Veragua, que da miedo, no se vaya a arrancar, la familia de zorros, las recreaciones con lobos, los ojos hipnóticos de los búhos reales, o de las águilas calzadas, o de las ginetas, o de la jirafa, o del oso cántabro, o de las avutardas, o la mirada feroz del tigre de Bengala podremos apreciar no solamente una representación de un animal, sino, sobre todo, el espíritu de un ser vivo, su alma transferida a unos restos de piel moldeada con el amor del arte y de la ciencia. Y, además, fueron muy longevos, trabajaron muchos años en el Museo. De José María Benedito hay obras firmadas desde 1911 hasta 1952, año de su fallecimiento. Y con su hermano sucede otro tanto.
No lo olviden, visiten el Museo de Ciencias Naturales de Madrid, un lujo a su alcance.
12 miércoles Abr 2017
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Santiago Izquierdo se declara un pintor autodidacta que descifra los colores del viento, mide el rojo de la tierra y el acento del sol, sabe en qué cruz del horizonte muere el último surco, descubre el corazón rojo de la tierra, apresa el instante de magia en que se incendian los chopos y después pinta los sueños con lluvia de luces, con infinita soledad. Ha expuesto en New York, en Atlanta, en Birmingham, en Castilla y León, en Cantabria y en Madrid.

Pero también es poeta y sus versos son como jirones de nubes desgajados de una tarde de otoño o palabras pintadas en el lienzo de un crepúsculo. Acaba de publicar su poemario DÍAS DE AZUL Y DE LLUVIA, un libro de arte lleno de palabras y trazos de óleo refulgente. Este es uno de sus poemas
Enséñame tu casa hoy que estamos a tiempo:
las rosas aún dormidas, la paz de tu jardín,
los pétalos inciertos, los poemas secretos;
tus ríos subterráneos, tus corrientes ocultas,
tu vajilla de plata, el marco de tus ojos.
Deja que me siente en tu inmensa azotea
y pueda ver tu noche desde el principio al fin.
Déjame asomarme a tu espejo sin trampas,
que me importa saber cuánto mide tu azul.
Déjame perderme en tu oculta tormenta,
que me arrastre al vacío tu loco torbellino.
Haz que hoy se me olvide mirar hacia atrás.

09 domingo Abr 2017
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Intervendrán Emilio Pascual (escritor y editor), Pascual Izquierdo (poeta) y José Luis Fajardo (pintor).
Juan-Manuel García Ramos
Alonso Solís juega con sus lectores, por lo menos conmigo lo consiguió, a esconder la identidad de su protagonista, a quien, sin embargo, esculpe con cincel tan preciso como desconcertante. Así se describe la raposa ficticia de nuestro autor: «Fui capaz en esa época de mi vida… de integrarme en las actividades sociales de mi entorno y mi edad con absoluta normalidad… y en el ejercicio del sexo, en diversas tonalidades y con variadas combinaciones sinfónicas. En varias ocasiones mis amantes murieron en mis brazos mientras les permitía musitar la extensión de su pasión».
¿Es un thriller El canto de la raposa? ¿Hay suspense en sus páginas? Más allá de esos secretos y menesteres de un género que Juan Marsé no ha dudado en calificar como «puñetero», yo me inclino por reconocer en las páginas de Alonso Solís una doble delectación muy alejada del canon de esa narrativa tensional al uso: la de la predestinación, por un lado: la necesidad congénita de cumplir a lo largo de nuestra vida un objetivo que se torna obsesivo ─desde otro ángulo, Voltaire decía que el destino nos arrastra y se ríe de nosotros. La de la raposa es una mente que no descansa sino en la consecución del parricidio que le dicta su sangre como culminación de una carrera criminal asumida como un ukase del destino.
Alonso Solís ha construido esta fábula de un tirón, sin respirar, sin darnos tregua ni poner de por medio artificios de demora. Por eso sostengo, sin menosprecio alguno de su alcance literario, que es un cuento, porque nada sobra ni en la ordenación de su trama, ni en la configuración de sus personajes, ni en las palabras puestas unas después de las otras con precisión metódica.
Yo diría que es el cuento de un científico, pero, seguramente, eso no le gustará a Alonso Solís, que, por lo que yo he intuido y yo sé desde hace mucho tiempo se encuentra más acá de la literatura que de la ciencia, sea esta pura, aplicada, auxiliar, rectora o puntera… Ya hace años que dio muestras de esa vocación tan genética en él como el instinto criminal que habita en la raposa de su imaginación.
Juan Manuel Garcia Ramos es Catedrático de Literatura Hispanoamericana y Premio Canarias de Literatura
31 viernes Mar 2017
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Rafael Alonso Solís
En el anuncio de la concesión del Premio Nobel de Literatura a Robert Allen Zimmerman, la Academia Sueca subrayó que el bardo de Minnesota había creado “nuevas expresiones poéticas inscritas en la gran tradición de la música americana”. Más allá de la polémica que despertó el reconocimiento a Dylan por la belleza y el contenido profético de sus letras, y más allá de los tópicos, la referencia acertaba de lleno al señalar la marca indeleble de los clásicos. La misma que se puede apreciar en otros dos músicos –en este caso, recientemente desaparecidos– como Leonard Cohen y Chuck Berry, quienes, junto a Dylan, escribieran los ritmos populares más universales de la época, la banda sonora del siglo que se terminaba y con la que se anunciaba –o se recordaba– que los tiempos estaban cambiando.
El autor de Maybellene, Rock and Roll Music y Johnny B. Good había nacido en 1926, emergiendo desde las pandillas de St Louis y de Kansas City. Su tradición hundía sus raíces en África, y estaba hecha de una combinación entre el material de que se componen los sueños –El Halcón Maltés se publicó cuatro años más tarde– y el lamento cálido del Rhythm & Blues, aliñado con el whiskey que nacía en las destilerías clandestinas para acabar en los garitos de Kansas y los salones de té del medio oeste. De todo eso debieron rescatarle su guitarra eléctrica y los consejos de Muddy Waters. Cohen, por su parte, había venido al mundo en 1934, y por sus venas debían correr los versículos del Talmud y los rigores del judaísmo más ortodoxo. A diferencia de los otros dos, el canadiense no comenzó su educación ni en la calle, ni en el reformatorio, ni en los tugurios de culto, sino en la Universidad de Mcgill, donde practicó el debate, hizo teatro, estudio música y escribió sus primeros poemas tras leer a Yeats, Whitman y Lorca. Los tres nacieron con una diferencia de ocho o nueve años –Dylan lo había hecho en 1941, “cuando la Segunda Guerra Mundial ya asaltaba Europa y los Estados Unidos pronto intervendrían en ella”–, y por lo tanto debieron encontrarse un mundo similar. Un mundo que, como Dylan recuerda en sus memorias, “estaba saltando en mil pedazos, y el caos recibía a los recién llegados con un puñetazo en la cara”. Una sensación parecida a la que debió tener Cohen al escribir: “he visto el futuro, nena: es un crimen”. La visión de Berry no podía ser ni tan lírica ni tan lúcida. Al fin y al cabo, no era mas que un negro, algo bufón, que triunfaba en un mundo de blancos. ¿O tal vez sí? Puede que donde los poetas blancos contemplaran un universo cambiante e inseguro –tan cambiante e inseguro como el que contempla cada generación–, el inventor del rock se encogiera de hombros y, como en el título de la canción que volviera a poner de moda el cine de Tarantino, pensara que You never can tell.
22 miércoles Mar 2017
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Rafael Alonso Solís
El trece de marzo de 2004, el Boletín Oficial del Estado publicaba un Real Decreto del Ministerio de Sanidad y Consumo sobre acreditación de institutos de investigación sanitaria. Se trataba de un ambicioso plan, elaborado por expertos, que pretendía generar estructuras especializadas para llevar a cabo investigación biosanitaria de excelencia, acelerando el traslado de los resultados de investigación –básica, clínica y epidemiológica– al sistema nacional de ciencia y salud, al paciente y a la sociedad. El modelo tenía por objeto crear entidades bien definidas de investigación biomédica, asociando un hospital docente con una universidad, facilitando la interacción diaria entre los investigadores básicos y clínicos en una estructura física, común y tangible. El proceso de acreditación implicaba la elaboración de una memoria detallada, que debía someterse a evaluación durante un período de dos años. De forma inmediata, aquellas autonomías que ya disponían de estructuras en las que se había puesto en marcha una investigación biomédica con el adecuado nivel de calidad comenzaron a presentar sus propuestas. El relato es un buen ejemplo de la ineficacia habitual de los diferentes gobiernos de Canarias en la gestión de la ciencia y la sanidad, y de su enroque permanente en pleitos insulares, enredos provincianos y deficiencia técnica. Entre 2009 y 2015 se acreditaron en España veintinueve institutos de investigación sanitaria –ocho en Madrid, siete en Cataluña, cuatro en Andalucía, tres en Valencia, dos en País Vasco y una en Aragón, Cantabria y Castilla-León–. ¿Qué ha pasado en Canarias en esos trece años? Desde 2007, el Hospital Universitario de Canarias y la Universidad de La Laguna comenzaron a trabajar conjuntamente en la elaboración de una propuesta. En 2010, con el acuerdo de la Consejería de Sanidad, y el apoyo del Cabildo de Tenerife y de la Agencia Canaria de Investigación, Innovación y Sociedad de la Información, la ULL, junto a los dos hospitales universitarios de Tenerife, presentó un proyecto al Instituto de Salud Carlos III para la construcción y desarrollo de un instituto de investigación sanitaria, consiguiendo una subvención de 8 M€, cuya ejecución está finalizando. En 2012, la ULL consiguió de forma competitiva más de 4 M€ de la Unión Europea para “desarrollar el potencial de investigación e innovación biomédica de Canarias”, un proyecto que finalizó en 2016 y que ha permitido incrementar de forma significativa nuestras capacidades en estas áreas. Lamentablemente, a pesar de reunir los requisitos, disponer de la capacidad y haber multiplicado el potencial existente, las sucesivas direcciones de la Consejería de Sanidad han impedido la presentación de una propuesta de acreditación, han mareado la perdiz y han conseguido que Canarias sea una de las pocas Autonomías sin un centro de estas características. Ayer mismo, el presidente de Canarias enfatizó la voz para afirmar que “vamos a crear un instituto de investigación sanitaria”, pero sigue sin saber –ni él ni sus asesores, ni los responsables de dirigir el proceso, ni quienes le han precedido en esa responsabilidad– en qué consiste un centro de investigación traslacional, y seguirán pensando que todo consiste en un acto administrativo que cree una entidad virtual, formada por varios hospitales y dos universidades, con mar de por medio y con sus laboratorios y unidades físicamente dispersos. Y aunque se les haya explicado en varias ocasiones, son incapaces de entender que eso no sirve para nada, que lo que está funcionando en otras regiones con éxito es otra cosa, y que el empecinamiento sólo ha servido, hasta ahora, para dificultar la investigación biomédica en Canarias, impidiendo su traslación eficaz a la sociedad.
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18 sábado Mar 2017
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Gabriel de Araceli
Malasaña es un barrio popular en el centro de Madrid, muy animadas siempre sus calles de gentes bulliciosas y alegres. En el número 4 de la calle de la Madera nació el 19 de febrero de 1879 Ángel Cabrera Latorre. Ni ahí ni en Claudio Coello, 115, donde vivió antes de trasladarse a Argentina hay el más mínimo recuerdo institucional de su memoria.
Fotografías y vídeo de Carmelito Flórez