AAguado. Fotos y letras

Todos los pueblos necesitan su novela, su héroe, su escritor que abandere la conciencia nacional. Aunque sea un antihéroe, un indigente rijoso perdido en un país extranjero. Victor Hugo, Cervantes, Shakespeare, Petrarca, Goethe, Faulkner, Joyce… Todos los países tienen un 23 de abril, o un 14 de julio, o un 4 de julio, o su 8 de mayo, o su 16 de junio de 1904. James Joyce y Nora Barnacle se conocen en Galway. Poldy y Molly Bloom. El “Bloomsday”. El Ulises, la novela nacional irlandesa escrita por un autoexiliado en un país extranjero. Texto críptico, influyente, para muchos la locura insufrible de un esquizofrénico, discutido, difícil, incómodo, incomprensible, plúmbeo y absurdo para una mayoría lectora que reniega de él apenas transcurridas veinte páginas.  Básicamente un coñazo. Extraordinario, sublime para una minoría exquisita que lo eleva al altar de los relatos parnasianos. Básicamente divino. Años 20, después de la Gran Guerra que resquebrajó Europa, Joyce escribiendo en París libre de la presión con que Inglaterra colonizaba su Irlanda. Un país pequeño, proyectado a las Américas del Norte, menos poblado que la comunidad madrileña. Joyce, su Ulises.

Magüi Mira en su papel de Molly Bloom

 16 de junio de 2022. Se representa un monólogo de Ulises en el Ateneo de Madrid. La institución más culta de la capital homenajea así al irlandés errante en el día del libro irlandés. Representantes de la cultura y del teatro ingleses y españoles, cantantes, músicos y actores. Incluso asiste el embajador de la Irish Republic. “Todas las mujeres somos la misma mujer” dice Molly por boca de Magüi Mira, actriz, que interpreta un trozo del Ulises, un monólogo carnal y lascivo de sexo inflamado, guarro, guarrazo, plagado de humedades vaginales, explícito de vulgaridad y de humanidad babosa. Interior humano ansioso de piel, de cópulas encendidas, de jodienda cochina a la luz de la luna llena, luna enorme esa noche en el cielo de Madrid y en la novela, blue moon, triste luna, mucha luna en Joyce, confesiones pasionales groseras, ordinariez animal, coño, polla, coño, polla, el imperio de los sentidos desatados.

Magüi Mira, Ateneo de Madrid, 16 de junio de 2022.

Y asiste al teatro otro irlandés errante, Ian Gibson, el español de Dublin. Queda fascinado, enamorado por la interpretación de Magüi, no por Molly, sino por la mujer, no por el personaje. Y otro notable, Antonio Garrigues, tronío dinástico, se aproxima también a Magüi, se enternece con su representación, se enamoran como si fuera un recuerdo adolescente compartido. Antonio Garrigues Walker tuvo su notoriedad en aquella Transición que alumbraba una nueva España. Su idea de partido liberal, una derecha educada, conservadora racional no cuajó en el mar de siglas que navegaban por el mar de la política de la nueva democracia. Magüi recuerda que Antonio —dónde estás, Antonio, que no te veo con este foco que me abrasa los ojos en la platea— le abrió las puertas a su papel de Molly en aquellos felices ochenta, ¡éramos tan jóvenes!, años de experiencias teatrales, nuevos aires en el teatro, menos ropa en la escena. Garrigues Walker se pasó a las relaciones internacionales, asesoró al socialismo ganador sobre asuntos externos, medió en las guerras del momento, arrimó a los contendientes para lograr la paz, una paz cualquiera, qué más da. Buena voluntad, una foto de hace 35 años, ¡1987!, de la Associated Press, le muestra presidiendo una mesa por el entendimiento entre sandinistas y la Contra, en Madrid, el mismo lugar donde ahora, ¡2022!, contempla a Magüi, que interpreta a Molly.

Antonio Garrigues y Magüi Mira en su encuentro en el Galway del Ateneo de Madrid.

Y don Antonio confiesa jovial que “hubiera vivido con ella”. Galantería discreta de sonrisas cómplices, de efluvios inocentes de los felices ochenta. ¡Ay, por qué callé aquel día!

Y Magüi triunfa por ella, no por Molly. Ian Gibson, dublinés de Lavapiés, mira a la actriz fulminado, quizás más por lo femenino que por lo teatral, sí. James Joyce, Antonio Garrigues, Ian Gibson, tres hombres. Ulises, una novela rara. Molly, un personaje raro. Magüi Mina, la musa de los ochenta para los que ahora tienen ochenta. La Mujer.

¡Ay, por qué no lloré yo!