En ámbar, el incienso de los sueños

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Aurora tiene una mirada tecleada entre brisas de Bilbao y las orillas del Rhône, mitad cielo, mitad sol. Se enredó como tantas almas nobles, o ingénuas, en aquello de informar y sigue siéndole fiel a la verdad, a la libre expresión y a esas cosas que envenenan a las buenas gentes del periodismo. Y encima escribe versos íntimos en los que confiesa sus secretos o sus emociones y cuando uno los lee se ruboriza porque ella, con su sencillez te ha hecho cómplice de un paraíso inesperado.


aurora


Flotar, simplemente, en la bañera, el cosquilleo
en la nariz del almizcle sintético y reconfortante.
Ella masajea su pelo largo y los
cojinetes del champú se contorsionan.
Su cabeza, está ahora bajo el agua, escucha
una conversación lejana en el piso de arriba,
voces sin remos, sin rima, sin sentido, de color azul-marrón.
El dolor en su médula es naranja-luz
se encoje en el agua. Coge la alcachofa de la
ducha, masajea su columna con el agua caliente, el torso
la espalda, el espejo le devuelve una mujer blanca
atravesada de arriba a abajo por un sendero
escarlata de diez centímetros de ancho.
Doma su fatiga así.

Aurora Vélez

Inteligencia natural, sin artificios

Roberto Tinte García es un informático de esos que mientras está esperando para pagar en la caja tiene la mente ocupada en desarrollar un programa capaz roberto_tintede contabilizar las ventas totales del supermercado internacional y según eso, evaluar el consumo futuro de perecederos ricos en omega3 procedentes del Mar del Norte (es un ejemplo). Lo cual, como puede suponerse, no está al alcance de muchos cerebros. Ahora anda organizando su empresa, PYMES Business Intelligence Leadership, para dar servicios a todos aquellos que necesiten solucionar  problemas irresolubles. Él puede.

Esta es su dirección, no dudéis en aprovechar su esfuerzo:

https://www.linkedin.com/company/pymes-business-intelligence-leadership

Palabras de Emilio Pascual

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Emilio Pascual Martín es un ingenioso hidalgo, doctor de las letras y creador sin fin de las palabras. Admirado por todos, cuando habla, que es poco porque es de natural callado, los que a su alrededor se encuentran enmudecen con su verbo, ya sean hispanistas de Michigan o pilaristas de la calle _DSC2710_webCastelló. Lo mismo pronuncia una conferencia en Bratislava que en Alcalá de Henares que en el Perú. Ha escrito y leído tanto que parece la memoria ambulante de la Biblioteca Nacional («esto es una hipérbole» diría él). No sólo gana premios literarios: el Nacional de Literatura, el Lazarillo, etc., sino que, además, es ciclista, campeón de la montaña del criterium de Tejares.
También es editor y desde Oportet publica libros magníficos. Ahora está enredado en un Quijote que va a ser la más alta edición que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros. Como es austero y comedido, siempre entregado al estudio no se postula en la rex publica, pero su talento y sapiencia del idioma castellano no conoce límites y nadie duda de que es merecedor de un sillón en la Real Academia donde su esplendor pueda brillar en beneficio de la lengua y en regocijo de los lectores.
Y el que dude de lo que digo que lea lo siguiente:

VARIOS EFECTOS DEL LUMBAGO (con permiso de Lope)
Para Avelino, que también lo sabe

Estar hecho puré, migas, mojama;
curvo meandro tu figura esbelta;
una raíz cuadrada no resuelta;
ser a un tiempo elegía y epigrama.

No poder levantarse de la cama,
y en ella no poderse dar la vuelta;
no conseguir reírse a pierna suelta
sin convertir cada sainete en drama.

Estar suspenso, siendo inteligente;
dar la nota, sacando un cuatro grave;
andar con apariencia incontinente.

Ser esclavo del réflex, el jarabe
y un masaje que no pone caliente…
Lumbago es: quien lo pasó lo sabe.

EMILIO PASCUAL
Madrid, 13 de diciembre de 1993

Alba y ocaso de la luz y los pétalos

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_DSC6384_webPascual Izquierdo nació en Castilla y a ella ha dedicado o de ella le viene su poesía. Hombre inquieto y andariego entre las mieses y los retablos burgaleses, alfanhuí sobre dos ruedas, ingeniero e ingenioso con las palabras, las llena de belleza y de ellas se sirve para alzar bóvedas de albas, trazar catedrales de ocasos y pétalos o pentagramas de luces bermellonas. También es crítico literario y alguna generación se educó en el rigor de sus anotaciones  que acompañaban los libros de don Benito Pérez Galdós. Sus letras han ganado tantos premios que su casa parece la sala de trofeos de un ciclista campeón, pero él prefiere beber el vino de Ribera en copa de vidrio antes que adentrarse por los oropeles de los bajíos traidores del mundanal ruido. 


MORTAL

Acaricias la espiga
y queda tu piel repleta de cosechas.

Te posas en la tarde
y tiembla de pronto la piedra adormecida.

Te orientas hacia el viento
y navega tu cuerpo como un bajel de brisas.

Mas, ¡cómo te hieren las aristas!

¡Cómo te ciega
la plenitud del equinoccio!

¡Cómo ataca el óxido de otoño
tus hojas amarillas!

Del libro ALBA Y OCASO DE LA LUZ Y LOS PÉTALOS. Premio «Flor de la Jara» de Poesía 2013


 Otras palabras de Pascual Izquierdo

Versos y Vectores

Comentario de textos

Reflejos

La pasión por la escritura

Un cuento de Carmelito Flórez


 

Y ahora, sola, frente al espejo se veía la mujer que siempre fue, sin las ataduras del amor, libre del deseo de unos labios, sin el reclamo de un cuerpo al que adherirse, sin la prisión de los besos, de otra piel, de los susurros. Sí, se veía guapa, serena, indiferente al torrente de hormonas que anegaron su ser.
Sus piernas largas, esbeltas se reflejaron en el espejo. Jugaba a descubrirse a sí misma, ahora de perfil, ahora de espaldas. Tenía un culo todavía bonito, de frente el vello del pubis escondía el deseo que tanto a él le perturbaba. Le recordaba agazapado entre sus piernas, horadando aquella jungla hirsuta de broza, sus pechos alterados en una esquina de sus manos. A veces se abrazaban lentamente y se miraban durante horas, tejiendo laberintos erizados de caricias. ¡Tanta pasión, tanta alegría, tantos suspiros derrochados, ay!

chica_persiana

Y ahora, sin embargo, tenía la serenidad del que ha cumplido, sin el castigo de su ausencia, lejano el reclamo de su nombre, ¿se le olvidó ya, acaso? Le brillaron los ojos, lentamente se vistió, encendió la luz, su reflejo prendido como fuego en el cristal, libre de sombras.
-Me quedaré contigo, aunque no quieras –le dijo en una ocasión. ¡Qué lejos quedaba aquello!
Agarró el pisapapeles como si fuera una piedra y con una fuerza inesperada lo lanzó contra el espejo. ¡Zas! El estruendo del vidrio roto repitió mil veces su imagen nueva, diáfana, completa, sola, como ella quería.