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Escaparate ignorado

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Patagonia (I)

16 lunes Ene 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Abd-el-Krim, Alfonso XIII, Barranco del Lobo, Dámaso Berenguer, Desastre de Annual, Expediente Picasso, Fernández Silvestre, Francisco Ferrer Guardia, Ignacio Bolívar, Mateo Morral

Ángel Cabrera Latorre (Madrid, 1879 – La Plata, Argentina, 1960) fue un eminente zoólogo e investigador español que desarrolló su carrera tanto en España como en Argentina. Abandona antes de cumplir los 20 años sus estudios en Filosofía y Letras en la Universidad Central de Madrid, a los que seguramente le inclinaría su padre, Juan Bautista Cabrera Ivars, primer obispo de la Iglesia Reformista Anglicana en España, que veía en él el seguidor de su obra pastoral. Sin embargo, se inició como colaborador e investigador en 1900 en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, llevado sin duda por su amor a la naturaleza y a los animales. Enseguida amplió estudios de Ciencias en Londres y en París, participó en cuatro expediciones científicas al norte de Marruecos entre 1913 y 1924 y realiza importantes trabajos de taxonomía zoológica y documentación en el Museo, lo que le supone un reconocimiento internacional y ser nombrado académico en diversas academias e instituciones. Rey Pastor le postula y Ramón y Cajal le recomienda para una vacante en el Museo Nacional de La Plata, Argentina, hacia donde parte en octubre de 1925 junto con su familia. Allá realizará una importante labor de investigación científica a través de numerosas expediciones a la Patagonia. Su actividad como profesor también es muy extensa en ese país y seguirá enviando colaboraciones y artículos a la Junta de Ampliación de Estudios y a diversos medios divulgativos durante la República española. Autor de infinidad de artículos y libros recibió numerosas distinciones y honores. Nunca regresó a España, de talante liberal no encajaba en el oscuro, ramplón y torticero ambiente en la que quedó inmersa la madre patria tras el triunfo del terror franquista. Es padre de Lulio Cabrera Aguado, otro eminente botánico, que, aunque nacido en Madrid desarrolló su carrera en Argentina. Tanto él como su familia siempre se mostraron afectivos con la familia que quedó aquí. Sirva este cuento como un homenaje y reconocimiento a un sabio que hizo de la divulgación científica la norma de su conocimiento.

 

angel_cabrera_2Ángel Cabrera fotografiado en Madrid por Alfonso, fecha indeterminada. Del álbum familiar.


PATAGONIA


Ángel Aguado López

Para Melilla embarcamos
Muy alegres y contentos
De todos los que aquí vamos
Sabe dios quién volveremos
Pero yo llevo la fe
en la virgen del rosario
Que dentro del corazón
Yo llevo el escapulario

Además de a sus amantes, Alfonso XIII dispensaba una especial consideración a sus generales. Sobre todo a los africanistas, como el general Fernández Silvestre. Un tío con un par, herido de guerra infinidad de veces en su dilatada carrera militar y que fue ayudante del egregio monarca desde 1915 hasta 1919. Fernández Silvestre era uno más de aquellos guerreros, ¡tantos!, que se quedaron sin consuelo cuando España perdió los restos de su imperio de ultramar, Filipinas y la perla de la corona: Cuba. Cautiva y desarmada la nación, había alcanzado la desmoralización a todos los estamentos de la sociedad y del poder. Era necesario dar salida a toda aquella frustración nacional y buscarle al ejército un entretenimiento con el que, además, realizar un servicio a la patria y recuperar el honor perdido.

En 1904, Francia e Inglaterra ratifican la Entente Cordiale, una manera de repartirse África a su antojo. España se apunta a los despojos y consigue las migajas del protectorado de Marruecos. Una forma de hincarle el diente a un territorio con riquezas minerales. Es 1909, la Compañía Española de Minas del Rif se apresta a extraer todo el hierro que pueda del Rif, y acomete una gestión empresarial basada en los sobornos a los sultanes locales para conseguir su protección en la zona. El accionariado de la Compañía lo forman personajes tan influyentes y aristocráticos como el Conde de Romanones, un terrateniente con inmensas propiedades en Guadalajara, político liberal y jefe del Gobierno en tres ocasiones; y el conde Güell, financiero santanderino, dueño de una considerable fortuna y coleccionista de arte. Su majestad Alfonso XIII no estaba, pero se le esperaba en el accionariado.
El saqueo que Francia y España aplican metódicamente a esta zona de Marruecos crea reivindicaciones entre las cabilas que habitan la zona, en las que se mezclan los nacionalismos, el reparto de los cohechos, el rechazo al invasor extranjero y la lucha por el poder local. Además, España ha mantenido desde 1860 guerras constantes en la región y es considerada como un enemigo.

Los incidentes y enfrentamientos contra los intereses españoles se desatan a comienzos de julio de 1909. Un grupo de trabajadores españoles que construía el ferrocarril minero cerca de Melilla es atacado por cabilas rebeldes, muriendo cuatro obreros. El gobierno conservador de Antonio Maura lo considera un problema de orden público, pero envía a tres brigadas del ejército, formadas en gran parte por reservistas, antiguos soldados integrados ya en la vida civil ajenos al ejército, sin ninguna preparación y con cargas familiares. La escalada de tensión va en aumento, se producen nuevos ataques y hostilidades constantes y el 29 de julio, en el Barranco del Lobo, a escasos kilómetros de Melilla, el ejército español sufre una vergonzosa derrota con más de 100 muertos. Los reservistas son cazados como conejos por los tiradores marroquíes desde las alturas del barranco.

La opinión pública arremete contra el gobierno por una guerra que no quiere y que es costeada con la sangre de los españoles más pobres. En Barcelona se declara una insurrección cuando son embarcados rumbo a Melilla los jóvenes movilizados provenientes de familias obreras sin recursos. Los ricos pagaban y no iban a la guerra. La tensión entre obreros y fuerzas del orden va en aumento y hace necesario el envío de fuerzas policiales y del ejército. Desde el 26 de julio al 2 de agosto de 1909 Barcelona vive una “Semana Trágica” que acabará con la vida de 78 personas y un rechazo al gobierno conservador de Maura y a la figura del rey Alfonso XIII. Además, pacificada la rebelión, el gobierno emprenderá una sangrienta represión contra aquellos que han intervenido en la revuelta ejecutando a cinco personas. Y quizás como venganza de una anterior vejación no resuelta, el atentado contra los reyes el día de su boda, el 31 mayo de 1906, perpetrado por el anarquista Mateo Morral, el gobierno conservador fusiló al pedagogo libertario Francisco Ferrer Guardia, acusado con pruebas falsas de formar parte de los revoltosos y al que se tenía como inspirador del intento de magnicidio de Mateo Morral. Un hecho que provocó protestas internacionales y le costó a Antonio Maura la dimisión. Pero la historia de los militares africanistas no acaba ahí, más bien empieza.
La Compañía Española de Minas del Rif sigue su actividad en el Protectorado de Marruecos mientras que el ejército español sigue pacificando el territorio, más bien sometiéndolo. Los jóvenes oficiales buscan el ascenso rápido por méritos de guerra, solicitando destinos en África, zona de conflictos permanentes. Son los “africanistas”, en contraposición a los “juntistas”, los oficiales y jefes que exigen los ascensos por riguroso escalafón. Es el tiempo de la creación de la Legión por parte de Millán Astray, del ascenso fulgurante de Franco, o de Varela, o de Sanjurjo, o de Mola, o de tantos otros que salidos de la Academia de Toledo alcanzarán los más altos entorchados del generalato durante otra sangría, la Guerra Civil.

El general Manuel Fernández Silvestre era un tío echao palante, tenía tantas heridas de guerra y cicatrices que los toreros a su lado parecían bebés. Estaba decidido a dar un escarmiento de una vez por todas a las cabilas rebeldes cuando fue destinado a Melilla como comandante jefe en 1920. Empezó una invasión progresiva del Rif a pesar de que las fuerzas a su mando estaban mal armadas, peor pertrechadas, mal preparadas y sin ninguna moral. Además, la red de espías con la que contaba el ejército español jugaba con dos barajas, ases que vendían al mejor postor, españoles o rifeños indistintamente. Como colaborador próximo al rey, Silvestre gozaba de una posición de privilegio y engreído en esa amistad y quizás por un exceso de testosterona afrontaba retos temerarios para los que el ejército invasor a su mando no estaba preparado. Así que por su cuenta y desoyendo los consejos que el general comisionado para Marruecos, Dámaso Berenguer, le transmitía se adentró bastante en territorio enemigo sin consolidar los puestos avanzados, defendidos por unos soldados sin demasiado afán combativo ni armamento suficiente, sin demasiado amor por la patria, mal alimentados y en tierra hostil. En julio de 1921, el avance español en el Rif se apoyaba en los blocaos, pequeñas fortificaciones separadas entre sí, sin agua, sin comunicación, que eran un fácil objetivo para cualquier atacante aun con mínimos conocimientos de estrategia militar.

Y Abd-el-Krim era muy listo porque había estudiado en Salamanca, sí. Era hijo de un jefe rifeño, lo que le facilitó el liderazgo indiscutible de las tribus hostiles al colonialismo. Los fortines españoles fueron pan comido para los rifeños. Los soldados de reemplazo que no morían abandonaban a la desbandada sus posiciones y lo que empezó como unas refriegas acabó tomando proporciones de guerra abierta. Fernández Silvestre, en lugar de reducir su avance y fortificar su retaguardia se adentró más en territorio rifeño y prometió a Alfonso XIII la victoria. «¡Ole los hombres valientes!» le telegrafió el monarca con otro par. El 17 de julio de 1921, las cabilas de Abd-el-Krim hostigan al ejército español y cinco días después le han infligido una dolorosa derrota que le supondrá más de 10.200 muertos, entre ellos el general Fernández Silvestre del que nunca se encontraron sus restos, y que sería para España una de las más ignominiosas tragedias de su historia bélica: El Desastre de Annual.

El escándalo y la indignación que originó la catástrofe en la sociedad española fue mayúsculo. Alcanzó tales proporciones que afectó a todas las instituciones, a la monarquía, al ejército, a los partidos y al mismo sistema político. El Gobierno presidido por Allendesalazar dimitió. Se celebraron ásperas sesiones en el Parlamento, se exigió depuración de las responsabilidades, se formó otro gobierno, presidido de nuevo por Antonio Maura (recordemos que en su anterior gobierno se consumó el desastre del Barranco del Lobo) y se encomendó una investigación de los hechos al general de división Juan Picasso, tío del pintor, ya entonces una celebridad universal: El Expediente Picasso.

El general Picasso se trasladó a la zona de los hechos y tomó declaración a más de 70 sobrevivientes del desastre. Examinó los planes de guerra y las cadenas de transmisión de órdenes, fiscalizó todas las acciones, se enfrentó a varios intentos de socavar la investigación, entre otros al general Berenguer, que temía verse afectado de responsabilidades y trató de frenarla. Y tras nueve meses de investigación redactó un expediente de 2.334 folios que iba a ser presentado al Parlamento el 1 de octubre de 1923. Parecía que incluso Alfonso XIII estaba implicado gravemente en las responsabilidades del desastre. Sin embargo, el 13 de septiembre, el general Miguel Primo de Rivera da un golpe de estado con la connivencia del borbón y el Expediente Picasso jamás será dado a conocer a la opinión pública española. Después, durante la «dictablanda» de Berenguer, parece que este se encargaría de eliminar las partes que le afectaban. Mateo Sagasta logra mantener en su poder el Expediente y lo entrega a la República en 1931. Durante la guerra y la larga noche del franquismo el Expediente Picasso duerme la paz de los justos y en 1998 se encuentran, sorprendentemente, algunas partes del Expediente en el archivo del Congreso de los Diputados. Las responsabilidades de los implicados en la mayor derrota militar del ejército español en África nunca serán depuradas.

Un poco antes de las fechas del desastre de Annual, separado de ahí por apenas unos cientos de kilómetros, más al occidente de Marruecos, un naturalista español estudia la zoología de la zona comisionado por la Junta de Ampliación de Estudios. Es, además de un excepcional científico y hombre de paz un dibujante e ilustrador notable y periodista. Se llama Ángel Cabrera Latorre.

lamila1_cabrera

Una lámina dibujada por Ángel Cabrera, de su libro Fauna Ibérica, publicado en 1914. El ejemplar lleva el nombre de Cervus Elephas Bolivari, posiblemente en homenaje a su profesor Ignacio Bolívar, otro eminente naturalista, exiliado en México con 90 años.

Continúa en Patagonia (II)


Para Melilla embarcamos, por Joaquín Díaz

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El canto de la raposa

12 jueves Ene 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Rafael Alonso Solís es catedrático de Fisiología en la universidad de La Laguna y un científico renombrado mundialmente en ese campo. Ha sido vicerrector y un montón de cosas más. Además, ha escrito muchísimo en periódicos y revistas. Aunque es de natural discreto y dado a hablar poco cuando coge la estilográfica no hay quien le pare y él pare y pare palabras y frases y capítulos. En fin, un sin fin de letras. Como en esta su primera novela.


Rafael Alonso Solís

“Nací cuando el siglo veinte dibujaba sus últimas décadas, a finales del verano, en esa época en que el sol sofoca las conciencias y aviva el resto de los fuegos, el mismo día, casi a la misma hora y el mismo mes, en que mi padre, un año más tarde y por tenebrosa coincidencia, se diera un tajo en la garganta llenando la habitación de sangre y baba pegajosa. Si bien no supe nada acerca de ese suceso hasta varios años después, debo reconocer que, por diversos motivos, ha alcanzado una relevancia crucial en diversos aspectos de mi existencia, y puede que haya contribuido a hacer de mí una persona algo rara, aunque discreta, aficionada a la soledad, poco dada a los excesos y muy disciplinada en lo que se refiere al desarrollo de su actividad profesional.

Al parecer, mi padre murió rápi­damen­te, dicen que sin dolor, aunque poco puede saberse acerca de lo que siente un moribundo en el momento del tránsito, en ese ámbito temporal y en esa región en los que nadie ha estado, y acerca de los cuales cualquier referencia es mera conje­tura. Ni en la Biblia ni en el Corán, por citar dos fuentes clásicas de cono­cimiento o fantasía en torno a la trascendencia, se encuentran apuntes literarios de cierta garantía, y únicamente las distintas versiones del Libro de los Muertos, además de algunas leyendas arcaicas, los hallazgos luminosos de los poetas místicos y un par de sospechas apócrifas, se atreven a describir un paisaje vacío y en el que no debiera haber ni ruidos ni colores; solo la calma aterida por el viento, la sorpresa quizás, la amargura de lo inmenso y la ausencia de criterios morales, de puntos de vista y de ideología. Al menos, nada de eso encontraron los que fueron a retirar su cadáver varios días después del óbito, apergaminado a esas alturas y con el hedor propio de la carnaza.

rafa_1Pasaron algunos años hasta que mi hermana y mi madre me aclararan parcialmente la confusión que me atenazaba en todo aquello que se relacionaba con mi progenitor. Es cierto que al principio no lo eché en falta, que su presencia no resultó necesaria para mi educación, y que su ausencia, por lo tanto, no tenía por qué tener repercusión alguna sobre mi vida. Poco a poco fui notando que la mayoría de las familias del entorno incluían, como elementos decorativos característicos, la presencia del padre y la madre, una o dos tías, y algunas, incluso, abuelos de ambos sexos, si bien en esa categoría solía darse una mayor proporción femenina. A las primeras preguntas acerca de mi padre solo obtuve respuestas ambiguas, cuando no el silencio. Poco más que la notificación de que había muerto el día de mi cumpleaños, el dato de que el fallecimiento había sido debido a un lamentable accidente –cuyos detalles nadie deseaba explicar–, y el aviso de que acerca de esas cosas no se debía hablar, ya que era mejor dejarlas por pasadas, olvidarlas”.

(De El Canto de la raposa, Baile del Sol, Diciembre de 2016)bailedelsol

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Ferlosio cumple años

04 miércoles Ene 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Alfanhuí, Rafael Sánchez Mazas, Sánchez Ferlosio

Rafael Alonso Solís

Sostiene Ferlosio que ya no le ilusiona nada. Únicamente lee los titulares de los periódicos, en parte por la falta de vista y en parte porque la descripción de la actualidad le interesa solo lo justo. En cuanto al cine y a la literatura, confiesa que se quedó, respectivamente, en Tiempos Modernos y en Kafka. A Ferlosio es difícil imaginarlo con la barba afeitada y la bragueta abrochada, ya que las cuchillas arañan y los botones son esquivos. Es como si sufriese un extraño síndrome que le lleva a repudiar su ayer inmediato y a considerar las líneas escritas hace un rato como una manifestación de la ingenuidad perdida. Cuando tenía venticuatro años se inventó a Alfanhuí, un niño que se hizo amigo de un gallo y alcanzó el oficio de disecador a través de las enseñanzas de un maestro de Guadalajara. Entre otras industrias aprendidas, Alfanhuí comenzó a escribir con tinta de color sepia que obtenía como subproducto de la destilación de sus hermanos los lagartos, para acabar haciéndolo con una tinta negra y brillante, como resultado de sublimar al gallo en la fragua y purificar sus cenizas por decantación, hasta generar cuatro colores tan irrepetibles como sanchez-ferlosioel alfabeto que usaba. Aunque el premio Cervantes no se lo dieron hasta 2004, Alfanhuí tiene un claro parentesco con don Alonso Quijano. Cuando no viaja pasa el tiempo entre el jardín de la luna, en el casi todas las cosas son de plata, y el del sol, en el que hay un pozo muy hondo por el que se alcanza otro mundo, donde vive una araña ciega que convierte los efluvios de la tierra en luces fosforescentes. No es fácil discernir quién antecedió al otro; si fue don Alonso el precursor de Alfanhuí, o fue el segundo quien inspiró al primero, que se dio a la lectura compulsiva y se echó a los caminos no sólo con la intención de deshacer entuertos, sino por el afán de toparse con los mismos prodigios que los descritos por Ferlosio. Curiosamente, mientras que Quijano pasa de la aldea al campo manchego, Alfanhuí sigue en parte el camino opuesto, pues se establece una temporada en Madrid, para acabar en un territorio nuevo con “terraplenes de tierra clara” y un río que forma “islas y arenales” y tiene un agua “de color de oros verdes”. Dice Ferlosio que aquella tierra “estaba lejos de todas partes”, y eso hace pensar en que se trate de un paisaje similar –o tal vez el mismo– al que, según Rafael Yanes, llega Romualdo en La tierra que vive desnuda, y en el que se intuyen, a lo lejos, las luces y los sonidos de Macondo o de Comala. Cinco años más tarde de publicar Alfanhuí, Ferlosio ganó el premio Nadal con El Jarama, lo que le hizo repudiar las novelas, comenzando por las suyas, y le llevó a escribir millones de folios a base de anfetaminas. Desde el escepticismo, sostiene que hoy día es muy difícil diferenciar a Caín de Abel.


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Venceréis, pero no convenceréis

31 sábado Dic 2016

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Carmen Polo, José María Pemán, Miguel de Unamuno, Millán Astray, Pla y Deniel, Pollux Hernúñez

80 aniversario del fallecimiento de Miguel de Unamuno

Ángel Aguado López

                Hace hoy ochenta años, el 31 de diciembre de 1936, a las cinco de la tarde fallecía en su encierro vigilado de Salamanca Miguel de Unamuno. Sus últimos días estuvieron marcados por la amargura de la Guerra Civil, su repentino apoyo al franquismo y el incidente sufrido en su universidad dos meses antes, al rebelarse contra las proclamas de los adláteres de la sangría que se derramaba en España. Tenía dos hijos en Madrid, que fueron heridos defendiendo la República por los rebeldes franquistas a los que, quizás inconscientemente Unamuno apoyó, incluso económicamente.

unamuno_2Unamuno, por Pablo Serrano, en Salamanca

              El genio o la vehemencia de Unamuno le impelió siempre a rebelarse contra aquello que creía doloso para la dignidad humana. Por eso, el 12 de octubre de 1936, en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, no dudó en tomar la palabra y rechazar las frases que minutos antes dos catedráticos, un dominico y Pemán, “el juglar del franquismo”, habían pronunciado con odio a lo antiespañol (a todo lo republicano) durante el acto de exaltación bélica que él presidía como rector y en representación de Franco. Bajo la consigna de la fiesta de la hispanidad y homenajeando a la civilización cristiana, aquella tropa levantisca, aquel griterío iracundo no pretendía más que legitimar la guerra civil y justificar el terror desatado por Franco en aquellos primeros meses de la sangrienta contienda que anegaba de muertos España. En un salón en el que se encontraba Carmen Polo (la mujer de Franco), el arzobispo Pla y Deniel y abarrotado de falangistas, legionarios, requetés, soldadesca y todas las fuerzas negras que vitoreaban el alzamiento del Generalísimo, Unamuno tuvo las agallas suficientes para criticar la barbarie de los que se significaron contra la razón de la que él era catedrático. Y en un acto de valentía, o de locura, o de redención se enfrentó a toca aquella caterva de exaltados. Le replicó airado el general Millán Astray, en mitad de un altercado que ha pasado a la historia como un alegato violento. ¡Viva la muerte! ¡Muera la inteligencia! se gritó allí.

unamuno_1

Unamuno saliendo del paraninfo acompañado del arzobispo Pla y Deniel y rodeado de falangistas exaltados y soldadesca poco después del «acto literario».

             Se la jugó don Miguel. Si Millan Astray o sus testiculados muchachos no le pegaron dos tiros fue porque estaba muy reciente el asesinato de Lorca, y dos muertos, reconocidos escritores universales, hubieran supuesto por parte de las potencias occidentales una condena moral que Franco no podía asumir. «Unamuno era cristiano, no católico, y ese día, voluntariamente buscó el martirio» comenta Pollux Hernúñez, salmantino, estudioso de Unamuno, historiador y filólogo latino, que ha hecho una “unamoniana” y esclarecedora investigación sobre aquel alboroto, de la que ha nacido su libro: «Venceréis, pero no convenceréis: la última lección de Unamuno», que ha presentado recientemente en Madrid.

Pollux Hernúñez

    Un trabajo complicado y laborioso que le ha llevado a Pollux Hernúñez años de estudio, análisis de fuentes y pistas, a veces confusas y ocultas, de perseguir una verdad esquiva y efímera, perdida por el tiempo y la incuria de los que quisieron disfrazar con velos de patriotismo lo que fue una tragedia nacional. La policía de Franco y la censura fueron implacables con Unamuno los dos meses que aun sobrevivió. Las cartas y reflexiones que envío a periodistas y conocidos nunca llegaron a sus destinatarios, se perdieron y quizás duerman el sueño de los justos escondidas en algún archivo secreto del franquismo residual. Unamuno sufrió el rechazo de los cuatro regímenes en los que le tocó vivir. Tanto la Monarquía como la dictadura de Primo de Rivera, la República y el incipiente franquismo le nombraron y le retiraron del cargo de rector. Se sabe que en la Biblioteca Nacional existen muchas cajas del archivo de Giménez Caballero, que pueden contener datos desconocidos, quizás exista alguna epístola requisada del pensador entre los poemas secretos de sus carceleros falangistas, algunos entonces enamorados poetas. Pollux ha revisado las notas taquigráficas de los periodistas asistentes al acto, las crónicas publicadas en los periódicos, las fotografías. Ya no quedan testigos vivos de aquel momento. Su investigación clarifica un hecho que el paso del tiempo ha emborronado. Un grave momento de la historia aun no resuelto, «las dos formas “cóncava y convexa” de una misma enfermedad colectiva» y explora en la personalidad polimórfica del gran pensador, tratado como traidor por los bandos enemigos, los “hunos y los hotros”».

«Los venideros se encontrarán perplejos ante el montón de leyendas, contradictorias entre sí, con que se les presentará esta que llamamos revolución y la que llamamos contrarrevolución».

portada_pollux

«Venceréis, pero no convenceréis»:
la última lección de Unamuno
POLLUX HERNÚÑEZ
110 paginas
OPORTET Editores
Madrid, noviembre, 2016

 

 

 

Unamuno en un lugar indeterminado, posiblemente su casa de Salamanca, al final de sus días.

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La tía Tula

Chulos de la muerte

oportet

 

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Nostalgia y plata

30 viernes Dic 2016

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Rafael Alonso Solís

Muchos años después de los anteriores me desperté bañado en sudor, con una fiebre helada castigándome los recuerdos y un fulgor de hastío abriéndose camino entre los huecos de mi anatomía. Detrás de mí se agitaba amenazante una sombra maléfica y sentí una angustia de fracaso por todo lo que me quedaba por torear. Por delante se atisbaba un portón negro como pozo sin fondo, tenebroso como el misterio e incierto como una confrontación con el maligno. Fue entonces cuando decidí enfundarme el terno en nostalgia y plata, y dirigí una mirada furtiva al pasado inmerso, al baño tibio de los recuerdos de alcoba, al rumor de colmena que suele habitar en el fondo del alma y tiñe en ocasiones la memoria en añil, las leyendas familiares en olor a fritanga y la educación sentimental en sones de verbena, misa de nueve y miércoles de ceniza. La tarde, loca de higueras por influencia de los poetas andaluces, se venía y devenía como si siempre fuese a salir el quinto de la tarde, con sus rizos asesinos, su llanto embozado y su capa de siglos. Fue entonces, también, cuando comencé a mirar los capítulos anteriores como preparación para la posteridad, cuando comencé a redactar con descuido una introducción para la muerte, que en el fondo es lo único que se acierta a escribir a poca lucidez creativa que pretenda sobrevivir a la fragilidad de los instintos. La palabra, en fin, las palabras, surgiendo impertérritas de un cofre dorado para ordenarse según las circunstancias de la anécdota o la inapelable imposición del azar. Porque sólo esa vestimenta moral podría permitirme una mirada nítida y tierna, capaz de contemplar el flujo de imágenes con el afecto de quien las ha vivido hace un rato, las lleva viviendo desde el origen y se sabe impotente para vivirlas de otra manera. Como si la vida fuera teatro, la muerte entreacto y la conciencia un telón de fondo que avisa sobre el inicio de la acción a ritmo de endecasílabos, a brotes de inocencia y a impulsos de un temblor cachondo que nace en el papo, restalla en el pubis y acaba impregnando el cerebro de fatalidad y misticismo. El primer viaje se anuncia así como antesala del último, y el transcurrir del argumento se adivina cadencia de amoríos, luz de milagros, soledad imprecisa que se hace sitio a gritos entre el fragor militante del invierno y el titilar desenfadado de las luciérnagas. La vida, en fin, o qué sé yo.imgp1688_copia_web

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Arroz con frijoles (V)

29 jueves Dic 2016

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Este relato forma parte del libro PERDEDORES, que obtuvo en 2017 el XXVIII Premio TIFLOS de Narrativa. Editado por Edhasa Castalia

  Resumen de lo publicado: Las muertes en accidentes aéreos de Emilio Mola y Camilo Cienfuegos suscitan todo tipo de dudas entre los historiadores, porque ambos pugnaban por el liderazgo en las revoluciones de España y Cuba, en las que al final se impusieron eternamente  Franco y Fidel. ¿El azar, un sabotaje, la traición? La historia sólo recuerda a los vencedores. Con esos ingredientes, Anne Marie Debray escribe un guion para la BBC sobre los tiranos del siglo XX. Las revelaciones de alcoba muestran las personalidades distintas de ambos dictadores. Franco utilizó la muerte de José Antonio, «el Ausente», en su provecho.


Gabriel de Araceli

La carrera política de José Antonio fue irrelevante. “Nunca fue capaz de hipnotizar a una audiencia masiva como lo hacía su admirado Mussolini” [Las tres Españas del 36. Pág. 127. Paul Preston]. Conocido como el hijo de Primo de Rivera fue elegido diputado por Cádiz (encuadrado en un partido de aluvión monárquico conservador) en las elecciones del 19 de noviembre de 1933. No repitió escaño en las elecciones de febrero de 1936 (Referido por Paul Preston; Las tres Españas del 36). En esos años se dedicaría a coquetear con el fascismo en Italia y a fundar Falange (29 de octubre de 1933). Serrano Suñer, casado con una hermana de Carmen Polo (esa pareja a la que señora de Meirás vetó su presencia en las recepciones de El Pardo), presenta a Franco a José Antonio, en febrero de 1932.

Y el resultado no pudo ser menos amistoso. El caudillo consideró al hijo de Primo de Rivera como un señorito y un aficionado al politiqueo. Y José Antonio consideró antipático, poco fiable, ambiguo, calculador, receloso y frío al general. Ambos volverían a encontrarse el 8 marzo del 36 en Madrid, con un desenlace similar, no se soportaban [Citado por Juan Pablo Fusi. Franco. Taurus. 1995]. Fue en una reunión secreta en la que también Franco se entrevistó después con Mola, Orgaz, Fanjul, Varela, Kindelán, Saliquet, Villegas… la plana mayor que se levantaría en armas cuatro meses después. Esa fue toda la relación personal que tuvieron los dos líderes.

El fusilamiento de José Antonio fue un error tremendo de la República, porque el líder falangista era enemigo natural de Franco y hubiera sido un rival difícil de digerir para las aspiraciones todas poderosas del generalísimo. Con el camino generosamente expedito que le dejó la torpeza de Largo Caballero (entonces presidente del Consejo de Ministros de la República) fusilando a José Antonio, Franco se dio un festín de poder, asimilando en su provecho la ideología de los camisas azules.

Don Jose Antonio Primo de Rivera, leider der Spaanse fascisten, geëxecuteerd 20 november 1936 *19 november 1936

Al parecer, hubo varios intentos de liberar a José Antonio de la prisión de Alicante. Indalecio Prieto, que respetaba a José Antonio, propuso al bando rebelde intercambiarlo por otros prisioneros (entre ellos el hijo de Largo Caballero, en poder de los franquistas) y una suma en metálico. Se cuenta que hubo una mediación de Queipo de Llano, que ideó una improbable acción de comandos, a pesar de que él y José Antonio llegaron a las manos durante la dictablanda en un café de Madrid, el Lión D’Or, en febrero de 1930 [relatado por Sancho Dávila en su libro: José Antonio, Salamanca y otras cosas]. Incluso se reunió dinero para sobornar a los guardianes carceleros. También se requirieron los servicios de la inteligencia nazi a través del consulado alemán en Alicante. Pero ninguna gestión o intento tuvo éxito. Ángel Viñas documentó en 1980 el poco interés, incluso la labor de zapa emprendida por Franco para que José Antonio no saliera vivo de su reclusión. Después, ya sin rivales absorbió la doctrina de Falange usándola como cuerpo ideológico del que el franquismo carecía, convirtió a José Antonio en un héroe enterrado con honores en Cuelgamuros y miró para otro lado cuando los chicos del Cara al sol llenaron de cloacas la administración del Estado.

dionisio_ridruejo

A los dionisiosridruejos, a los laínesentralgos, a los giménezcaballeros, a los hedillas, a los sánchezmazas y a los agustinesdefoxás, o bien Franquito los desterró o bien los fagocitó como amebas en el plasma urinario de la mediocridad lavativa del catecismo social nacional franquista. Franco fue el vencedor omnímodo desde su antipatía y su baja estatura moral, también física. “Los falangistas venderían sus ideales a cambio de pensiones vitalicias de Franquismo SA” (Herbert Southworth).

Anne Marie conocía los hábitos de los falangistas españoles porque una gran parte de su ideología la había adoptado y camuflado con toques de populismo y estética renovada el Front National francés, al que su padre, Regis Debray, había combatido ideológicamente a priori en aquella selva amazónica y traicionera del río Ñancahuazú, junto al Che. Pensó que aquella lucha por cambiar el mundo de un puñado de idealistas guerrilleros en los 60 había sido estéril, y que la historia, como un fénix resucitado, se revolvía contra la razón e imponía nuevamente la ideología de la intransigencia y del fascismo.

SECUENCIA 5. INTERIOR, NOCHE (En el purgatorio)

DIONISIO RIDRUEJO

A todos nos engañó Franco, a todos nos confundió con aquellos modales de mojigato, de generalazo curtido en mil batallas, de héroe africano y salvador de la patria, cuando lo que en realidad quería era convertirse en un dictador exagerado. Sólo le movía el interés personal, incluso se aseguró de que March le asignara una fortuna por si le salía mal el levantamiento. Y a ti, José Antonio, te utilizó como nadie jamás se ha aprovechado de un muerto. Eres el muerto más rentable de la historia de España. Sobre tu memoria levantó Franco su reinado del terror y de las mentiras. Y ya vencedor nos traicionó, traicionó nuestra revolución, nuestra idea de cambio social, traicionó el porvenir de España. Con él, nunca rio la primavera por el cielo, la tierra o el mar de nuestra patria.

JOSÉ ANTONIO

Nunca nos caímos bien, desde aquella vez que tú me lo presentaste, Ramón, cuando tu boda. El general siempre me pareció marmóreo, como una estatua incapaz de expresar sentimientos. Desconfiado, rígido, suspicaz, resentido, siempre a la defensiva. Sí, a todos nos engañó. A todos nos utilizó. Utilizó mi figura, millones de veces repetida, como un ecce homo de perfil en las escuelas, en los despachos, en los ministerios, en los cuarteles a la que encomendar la promesa de regeneración marchita, en la que descargar su culpable impotencia de dictador taimado. Utilizó mi nombre y puso en su boca palabras que yo nunca pronuncié, pensamientos que yo nunca escribí, doctrinas que nunca idealicé. Se sirvió de nosotros para sus planes personales. Pero también nosotros tenemos la culpa porque no quisimos pararle los pies. Nos vendimos por un plato de servilismo, bien pagaos. Fuimos los bien pagaos, por un puñao de parné le legitimamos. Cortesanos adorando al becerro de oro. No, no era eso, no era ese nuestro sueño.

SERRANO SUÑER

Creamos al monstruo y después nos devoró. Aunque sin la ayuda de aquella jauría de la burguesía eterna de la profunda España, que nos jaleaba para que ensangrentáramos la historia con nuestras pistolas no hubiéramos sido nada. Éramos insignificantes, un puñado de brabucones y paletos muertos de hambre de la Castilla tullida y malhechora. Tú, al menos has sido el eterno ausente. Tu corta vida fue, sin embargo, perpetua en el ideario nacionalfranquista, como un vigilante o una amenaza que planea en vuelos silenciosos desde las alturas controlando que todo esté en orden. No podías evitarlo, lo sé. Imagino que estarás herido porque no podías defender tu honor, tú no eras eso en lo que te convirtió Franco. Querías para España otra verdad, otro rumbo, otro destino universal. Y Franco te manchó la memoria y te elevó a un altar en el que tú no querías ser santo. Eras el muerto. El Ausente. ¡Presente!

JOSÉ ANTONIO

La historia me asignó un papel que yo no quería. Quién sabe, de no haber muerto lo mismo hubiera sido un abogado de prestigio como tú, Ramón. O un romántico enamoradizo como tú, Dionisio. O tal vez me hubieran perdido las mujeres, como a vosotros dos, y aquellos ideales revolucionarios nacional sindicalistas se hubieran arrinconado tapados por el olor de unas enaguas de mujer a la luz de la lumbre. A la luz de un cara al sol de amaneceres entre cinco rosas perfumadas de hembra. Al menos vosotros vivisteis unas vidas, pero yo viví en la muerte y soy muerte viva, muerte solemne, perseguido por las muertes de los demás que yo no maté y que ahora la historia me reclama, señalado como culpable y cómplice de los crímenes de un dictador bajito que a todos nos mató con su locura redentora. Sólo fui una fotografía en blanco y negro millones de veces alabada, millones de veces despreciada.

DIONISIO RIDRUEJO

Yo sufrí en vida el destierro y el desprecio del general. Le pedí cuentas por sus acciones en la posguerra y en Múnich y me castigó con el exilio, con el ostracismo y el silencio. Y como yo otros que no se vendieron por el saco del pienso sufrieron el aliento del tirano sobre sus nucas. Hedilla fue condenado a muerte, y murió en una vida estéril y vacía, al contrario que tú, José Antonio, que viviste resucitado en la muerte. El gran tirano, el gran mentiroso, ahí siguen confundiendo tu memoria con sus asesinatos, la memoria de todos nosotros con sus crímenes. Caídos todos por dios y por España, o por Franco.

SERRANO SUÑER

Nos creíamos poderosos y protagonistas y sólo fuimos títeres en manos de un tirano. No volvimos victoriosos al paso alegre de las banderas y sólo hubo la paz de los cementerios que Franco llenó de muertos con nuestras pistolas, con las pistolas que nosotros empuñamos, que tan útiles le fuimos y por tan poco nos vendimos. No hubo primaveras con el general, sólo humo de crematorio e invierno áspero y duro de nieve negra manchada de sangre y estiércol por las cunetas de España.

FUNDE EN NEGRO

franco_serrano_mussoliniFranco saluda a Mussolini en Bordighera, el 12 de febrero de 1941. El «Cuñadísimo» Serrano Suñer toma nota.

Enlaces relacionados:

Dionisio Ridruejo: Rebelde con causa


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Talento, en Navidad

25 domingo Dic 2016

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Gabriel de Araceli

Hemingway escribía en su Underwood una historia de una guerra olvidada en España. La espalda no le perdonaba, ni la Gellhorn tampoco, allí, enhiesta, con aquella sonrisa cínica de mujer fatal. Key Largo, la Gran vía, Bocaccio, la Plaza Mayor, Vetusta… tampoco había tanta diferencia, lugares donde se asentaba la tragedia humana. De repente se escuchó una explosión horrible y Arturo corrió escaleras abajo. «¡Ilse, Ilse!» gritaba desesperado. Pero allí estaba la rubia en el vestíbulo de la Telefónica, como una Victoria de Samotracia alzada sobre los escombros, sonreía. Arturo Barea respiró tranquilo. La Regenta, azorada, salía del confesionario, don Fermín de Pas, el Magistral, henchido de soberbia, se sentía vencedor.

«Tengo que felicitar a todos mis amigos la p… navidad, no sé que decirles y mi ordenador no funciona». Terry Mangino estaba al borde del colapso, encima, su estilográfica se estaba quedando sin tinta. Eran muchos amigos… allí en New York, en París, en Londres, en Madrid, en Alepo… Sus lectores…

–Eres un romántico, Terry –le dijo Carmelita Flórez mientras se cepillaba el pelo–. ¿Tú crees que tus crónicas le interesan a alguien?

Terry se quedó mirando a la Flórez desconcertado. Carmelita vestía de negro, escote profundo, taconazos, labios de carmín.

–La gente quiere divertirse, no que les cuentes historias tristes en navidad, Terry, hazme caso, qué les importa que el Primark emplee esclavos en Bangladesh si después compran sus vestidos de quince euros en la Gran Vía. No puedes cambiar la mierda del mundo, Terry.

La Flórez estaba radiante con aquel vestido de 300 eurazos que él le compró en… sí, en el Primark de Londres. Recordó.

¡Garbancero, garbancero ! le llamaba don Ramón María a don Benito. Bueno, eran celos y envidias entre genios, algo muy corriente en el Siglo de Oro, o en la España actual. Don Francisco (Quevedo) no aguantaba a don Luis (de Góngora), y don Miguel, alias el manco, tenía unos celos injustificados del talento dramático de don Lope (de Vega). Incluso ahora, modernamente, don Arturo (Pérez Reverte) y don Francisco (Rico) se habían retado en el monte de las letras batiéndose en singular duelo de eruditos escribidores.

–Ves, te lo dije –le dijo la Pardo Bazán–, no pierdas el tiempo escribiendo historias baratas de gente humilde. ¿Para qué? Escribe bien de los poderosos, de la Iglesia, de la Monarquía, adula a los banqueros. Así llegarás a lo más alto, y no con esas historias de la Bringas y la Fortunata, que no son más que unas casquivanas.

­–Señora, sin insultar, que una es muy suya y no tiene por qué aguantar a las condesas menopaúsicas. ¡Faltaría más! –contestó Fortunata con desparpajo.

Don Benito (Galdós) se quedó mirando el papel en blanco con su plumilla de acero y su tintero. Ni estilográfica tenía para escribir aquella novela abigarrada de la Plaza Mayor. Juanito Santa Cruz le hizo un guiño cómplice de hombre a hombre.

Don Francisco (Umbral) se estiró más aún en su sillón de Emmanuelle, sus blancas guedejas le daban a su tez una palidez albina. Se calzó en los cojones su Olivetti Lettera, ametrallaba un esplín de Madrid. Don Francisco era exquisito, jamás escribía antes de las dos de la tarde. Sobre un sillón, tal vez olvidada, una ninfa dormía su alborada de amor. Don Francisco le tapó con su bufanda el pecho dormido.

–La navidad me irrita, todas esas gentes abarrotando la calle Fuencarral, trasegando alcohol, felicidad lo llaman. Somos reos de la cibernética. No puedo ligar todos esos retazos que me llegan al caletre con mi pluma. Sin ordenador no soy nadie. No sé escribir. hemingway2¿Cómo podían contar sus historias tan bien toda esa legión de escribas, el Hemingway, don Benito, el Umbral, el Barea, Clarín… si no tenían más que un papel, no muy limpio, y una pluma de oca? –se preguntaba Terry. La Flórez había decidido quitarle los tirantes a su sujetador. Su vestido de fiesta resaltaba su tipazo.

–Talento, eso se llama talento –le contestó la Gellhorn mientras se retorcía la costura negra de sus medias de nylon. Ernest la miraba embobado, incapaz de escribir dos líneas seguidas en la Underwood. Se llevó a los labios un trago de Johnnie Walker Black Label. Umbral también se metió otro lingotazo entre pecho y espalda. Su Olivetti disparó 666 caracteres en un momento.

–Eso en mi pueblo se llama borrachera –gritó Fortunata con voz de verdulera del Mercado de la Cebada.

–Benito, cuida los modales de esa pelandusca, que se te sube al bigote –le soltó, ducal, doña Emilia Pardo Bazán.

–Señora, no presuma de lo que no tiene, señorío –le soltó la Fortunata herida por el veneno de la madama.

Don Benito empuñaba su plumín airoso de tantas acometidas femeninas. Sí, escribía lo que le echanse. Juanito Santa Cruz le guiñó otro ojo.

Ana Ozores de Quintanar humedecía sus sábanas cuando don Álvaro Mesía abandonaba su lecho, al alba, el pudor se lo impedía antes. Clarín no llegó a los 50.

–Eran unos genios, Terry, no te amargues. Escribian porque les salía de dentro. No necesitaban nada, sólo un papel y una pluma de oca.

–Eso me mortifica, Carmelita. No tengo talento.

–El talento es escribir doce horas diarias, señor Mangino, sólo eso –le indicó Galdós levantando los ojos del papel.

–Somos esclavos de los caprichos de las palabras –afirmó Umbral sin levantar los ojos miopes de su Olivetti Lettera. Don Francisco fue hacia la chica y recuperó su bufanda, ella incluso pareció alegrarse de mostrarle sus tetas magníficas.

–Very, very woman –gritó Hemingway llevándose a la boca su quinto Black Lavel, –no bebas tanto, le respondió la Gellhorn alzándose en sus tacones.

A don Fermín de Pas todo aquello le molestaba sobremanera, vagatelas, necedades, caprichos licenciosos femeninos. Se encerró en su confesonario, sabía que Ana Ozores llegaría en breve a su cita diaria.

­–Terry, cariño, bájame la cremallera ­–le susurró la Flórez en la oreja. Mangino lo comprendió enseguida, la navidad era eso, desear a los demás suerte mientras tu chica te decía que la quisieras.

«Feliz domingo, o feliz navidad », llegó a escribir a duras penas con su estilográfica. Carmelita tenía mucho talento.

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Navidad 2016

Dos Passos; tras los pasos de Pazos


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España como mito

07 miércoles Dic 2016

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Rafael Alonso Solís

Desde la comprensión del amor a la tierra que pisamos y reconocemos gracias al intercambio de fluidos y al cruce de genes o restos de genes, todo nacionalismo incorpora una versión siciliana de los negocios. Cuanto más locales, más insignificantes e, incluso, más crueles, como sucedía en aquellos monólogos de Gila en los que, tras relatar las agresiones xenófobas con que se saludaba a los forasteros, terminaba con un “si no aguantan las bromas, que se vayan del pueblo”. Cuanto más universales, más necios y más injustos, porque al final tienen que basarse en una referencia a la raza, al color de la piel o al género para establecer las diferencias. Sin embargo, la llamada al espíritu de la tribu es un recurso habitual de la política, al tratarse de un asunto que se mueve por los bajos fondos de la condición humana. Como ejemplo y desiderátum de altura, en un alarde de su más fina retórica, el presidente del gobierno español suele recurrir al hecho de que, al margen de lo que hagan él o sus ministros, España es un gran país, quizá por ese descubrimiento de la antropología mariana de tratarse de un territorio poblado de españoles, o tal vez por ser la tierra de María Santísima –lo que justifica esa participación de diferentes vírgenes en la solución de los problemas económicos y sociales, característica de los últimos gobiernos–. Con lo cual se alcanza una explicación simple de la inutilidad de la política, tanto para la gestión diaria como para el diseño del futuro, ya que la clave del asunto reside en el purismo nacionalista –el español, en este caso–, por el cual es la calidad intrínseca del país y sus virtudes ancestrales las que garantizan la construcción adecuada del futuro, más allá de los programas, las decisiones o las leyes. Pero, ¿y si no fuese así? ¿Y si comenzáramos por admitir que cada país no es otra cosa que un acuerdo, y que ni su definición, ni sus himnos, ni sus banderas son otra cosa que inventos del mercado, no más sólidos ni sustanciosos que lágrimas en la lluvia? ¿Y si “nuestra madre España” –invirtiendo el proceso de la mitificación– fuese, como señalara Jaime Gil de Biedma, frente a la pobreza o al mal gobierno, un “estado místico del hombre” –y de la mujer, claro–, donde las culpas son achacables a los miles de demonios que se arrastran por el subsuelo y emergen de noche para diseñar nuestras desgracias? El drama histórico se reduciría, entonces, a una confrontación entre el bien y el mal –el primero representado por las vírgenes y los ángeles que deambulan por los ministerios, y el segundo por los discípulos y discípulas del Maligno, que incuban y sucuban sin descanso, mientras nos maldicen–. De nuevo, es el mismo Gil de Biedma quien contesta, negando la existencia a los demonios con la actualidad de sus versos, porque “son hombres los que pagan al gobierno, los empresarios de la falsa historia…”.Enlaces relacionados:

Darwin y Mariano

El territorio


 

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George Mocanu, mosca, 52Kg. Fue en 1997 subcampeón del mundo amateur en Budapest y olímpico en Sidney en 2000 con su país, Rumanía.
George Mocanu, mosca, 52Kg. Fue en 1997 subcampeón del mundo amateur en Budapest y olímpico en Sidney en 2000 con su país, Rumanía.
15M 2011en la Puerta del Sol.
15M 2011en la Puerta del Sol.
Emilio Pascual
Emilio Pascual
¡Ay, qué calor! Julio,2015, Madrid
¡Ay, qué calor! Julio,2015, Madrid
Voluntario de cocina durante el 15 M 2011 en la Puerta del Sol
Voluntario de cocina durante el 15 M 2011 en la Puerta del Sol


Carrera de tacones de la calle Pelayo 2022
El cerro del tío Pío

Perdedores: ganador del premio TIFLOS 2017 de cuentos. Obra de Ángel Aguado López. Orgazanizado por la ONCE, Editado por Edhasa-Castalia

PATAGONIA: XXII Premio de Novela Ciudad de Salamanca 2018. Obra de Ángel Aguado López, editado por Ediciones del Viento

PERDEDORES, Premio TIFLOS 2017 de cuentos
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