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Publicaciones de la categoría: Uncategorized

Un veinteañero: el Guggenheim

09 lunes Oct 2017

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Frank Gehry, Guggenheim Bilbao

 

Gabriel de Araceli

    La arquitectura transforma el paisaje, interactúa con el entorno físico y crea nuevas relaciones socioeconómicas, culturales, nuevas costumbres, nuevos hábitos entre el individuo y el objeto arquitectónico creado.

    En el caso del Museo Guggenheim la transformación del entorno ha sido absoluta. Un lugar inhóspito y sucio, la ría de Bilbao, se convirtió en un nuevo paisaje, el signo de progreso de una ciudad para habitar, para vivirla.

    El espacio se humaniza y se crea una dependencia mutua. Las formas, los volúmenes desarrollan nuevas funciones y el individuo se adapta y corresponde utilizando la nueva arquitectura.

    Se trata de un nuevo ecosistema colonizado por un nuevo uso, La arquitectura del Guggenheim ha sido una nueva vida para el paisaje, para la ciudad de Bilbao.

    La fascinación de las formas y volúmenes producida por el Museo Guggenheim ha sido un fenómeno universal. Viene a representar la nueva catedral, o a sustituirla, es el edificio al que se peregrina, un nuevo camino jacobeo. De Bilbao, en este caso. Solo han cambiado los iconos. De representaciones religiosas se ha pasado a superficies curvas y ondulaciones abstractas, como una sinfonía de rectas y texturas que se armonizara en un doble espacio, gaseoso y líquido, que la atmósfera modifica constantemente. El espejo en el que el peregrino se mira reconfortado porque ha encontrado la luz que buscaba en su viaje.

    Otras ciudades han seguido el efecto llamada del Guggenheim y han construido edificios emblemáticos para atraerse la atención mundial, no siempre con los resultados previstos. La Ciudad de las Artes en Valencia es un ejemplo de esa arquitectura escaparate en el que se mezclan ambiciones, corrupciones, fraudes, irregularidades urbanísticas, defectos de construcción, intereses económicos, financieros y políticos.

    El Museo Guggenheim, obra del arquitecto norteamericano de origen canadiense Frank Gehry, se inauguró el 18 de octubre de 1997. Un veinteañero.

®Fotografías de Ángel Aguado López

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Bodega Marqués de Riscal, Elciego, La Rioja, obra de 2006
Bodega Marqués de Riscal, Elciego, La Rioja, obra de 2006

Enlaces relacionados

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Habitar en una obra de arte: la Villa Savoye


El apóstol y la duquesa

La Casa de Alba se instala en Loeches a través del conde-duque de Olivares, Gaspar de Guzmán de Pimentel, valido del rey Felipe IV, que muere en desgracia política y sin sucesión (1645). Se empieza a construir en 1635 por Alonso Carbonel. Este fue el mismo arquitecto que hizo el palacio de la Zarzuela.

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La fuerza del relato

06 viernes Oct 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Rafael Alonso Solís

    En la historia de la Humanidad escrita por Yuval Noah Harari –Sapiens, De animales a dioses– se explica la forma en que nuestros antepasados antropoides permanecían agrupados con cierto sosiego en pequeñas manadas, de no más de 30 o 40 individuos, mientras deambulaban por ahí en busca de alimento. Hasta alcanzar ese número debía ser sencillo para el líder mantener tranquila a la cuadrilla sin más necesidad que un par de rugidos o  una exhibición de colmillos. Como mucho una dentellada a tiempo, idealmente en zona dolorosa. Si las cosas iban a más, lo que ocurría cuando algún macho ambicioso y agresivo decidía competir por la jefatura, es probable que el conflicto devengara en confrontación inevitable, la cual, una vez iniciada, no podría finalizar más que con la derrota definitiva de uno de los oponentes, que a buen seguro sería despellejado y sus restos, tras una jornada de maceración en jugo de bayas salvajes, acabaría sirviendo de alimento rico en proteínas para el sostenimiento del grupo. Es previsible que la comunión gastronómica contribuyese a reforzar el liderazgo del jefe si el vencedor había sido el dirigente conocido, o a hacer emerger al nuevo, con la ilusión que eso siempre provoca en los súbditos. La vida en las praderas debía transcurrir así, con cierta placidez y sin más preocupación que la alimenticia, siempre que se mantuviese el tamaño de la tribu, ya que en el momento en que el número de individuos que la formaban superaba la masa crítica surgía el caos, discutían por nada y acababan eliminando a los disidentes o expulsándolos del entorno familiar de mala manera. El mundo ocupado por los antecesores de la especie humana, aunque reducido a ciertas zonas de África, Europa y tal vez Asia, debía estar ocupado por multitud de pequeñas comunidades endogámicas sin relación alguna entre ellas y, desde luego, incapaces de establecer algún primitivo elemento de cooperación entre las mismas. ¿Cómo fue posible en ese escenario que algunas tribus fueran capaces de agruparse e, incluso, comenzaran a diseñar ciertos objetivos comunes, a redactar un plan estratégico y a diseñar una hoja de ruta? Según Harari –que no cae en la simpleza de relacionar el punto de inflexión con la visita de una avanzada civilización extraterrestre, ni a la intervención de alguna deidad aburrida por la falta de retos–, la clave fue la invención del mito, la aparición del relato original como fuente de identificación colectiva, el nacimiento de la ficción como creadora de almas e identidades. hinchas

    Aunque seguramente elementales en sus inicios, los relatos míticos tuvieron el efecto de integrar a los miembros de las pequeñas entidades tribales en torno a una fantasía común, tan irreal como atractiva, siempre con el componente unificador que tienen los cuentos, que ya desde entonces comenzaron a formar parte de la historia y religión colectivas. Todo se comenzó a explicar como parte de un destino trazado desde no se sabe dónde ni por quién. Poco a poco, como lógica consecuencia, comenzaron a fabricarse banderas.

 

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Como el toro

30 sábado Sep 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Jake LaMotta, Martin Scorsese, Ranging Bull, Robert de Niro, Sugar Ray Robinson

Rafael Alonso Solís

Hace unos días falleció Jake LaMotta, ex campeón del peso medio cuya mayor gloria fue pelear seis veces con Sugar Ray Robinson, ganarle en una y no ser noqueado en ninguna. La Motta boxeó hacia finales de los cuarenta y principios de los cincuenta. Las crónicas de la época, bañadas en humo y sudor mezclados con testosterona, dicen que hizo guantes con Robert De Niro para el rodaje de El toro del Bronx, la gran película de Scorsese. Probablemente fue al revés y, según la teoría de la influencia de Bloom, fuera De Niro quien enseñara a LaMotta los movimientos de la cámara para que pareciese más real, o que todo se tratase de un arreglo entre italianos. Una noche en que los garitos del Bronx estaban cerrado entré en el Savoy y, para mi desgracia, me encontré con José Luis Alvite dormitando sobre la barra. Cuando quise escapar ya era tarde: me reconoció y me obligó a invitarle a un trago. A cambio me contó la historia de Franquie Carbo y Frank “Blinky” Palermo. Carbo procedía del clan de los Luchese, donde había trabajado como matón y aprendido la técnica de la extorsión. Aún hay quien dice que participó en alguna matanza de irlandeses ordenada por Capone. Palermo, por su parte, llevaba años dirigiendo el juego sucio en el boxeo americano, amañando combates, encumbrando a paquetes hasta el momento en que dejarlos caer proporcionaba beneficios a los políticos de Nueva York. A Ike Williams –que denunciara los manejos de la mafia en torno al boxeo profesional de la época– llegó a hacerle campeón de los ligeros hasta que perdió por puntos frente a un boxeador llamado –otra vez la influencia– Jimmy Carter. Jonny Saxton tenía un record de treinta y nueve triunfos en cuarenta combates, pero se sumergió en el descrédito bajo el amparo de Palermo. Los dos socios, Carbo y Palermo, adquirieron el contrato de Sonny Liston a finales de los cincuenta y lo manejaron durante diez o doce peleas. No es de extrañar que LaMotta cayera en sus manos en algún momento, antes o después, ni que le hicieran enfrentarse a Robinson en seis ocasiones, perdiendo en cinco, sin que, como dijo el mismo LaMotta, acabara desarrollando diabetes por el repetido roce con Sugar Ray. Dado el tamaño de su abdomen cuando se dedicó al show business, es bastante probable que sufriese de un irresistible síndrome metabólico, pero que no le diagnosticaran oficialmente la diabetes debido a que, en esa época, los endocrinólogos tenían la manga muy ancha. Según Alvite –o quien se lo hubiese contado a él–, Carbo y Palermo no actuaban solos, sino que trabajaban para la élite financiera de la época, que operaba en la Costa Este y comenzaba a construir los cimientos de la banca moderna. Enfrentar a dos runging bulls para ganar dinero con las apuestas no era otra cosa que un ensayo para negocios mayores. Si los dos se mueven por identidades, el choque puede resultar más fácil.

De Niro y LaMotta, O LaMotta y De Niro. Adivinen quién es quién.

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Siempre hay un plan hasta que te pegan la primera hostia

¡Alí Bomayé!

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«La ausencia de estilo es una forma de estilo»

28 jueves Sep 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Gabriel de Araceli

    «El desdén hacia el estilo. La relojería narrativa. La ausencia de estilo es una forma de estilo. Si quieres escribir poesía tienes que ser antipoético. Hay que desaprender a escribir para escribir». Y Juan José Millás, en mitad de la conferencia que da en la Universidad de Oviedo, saca su Iphone y ante el estupor del público estudiantil se pone a buscar un poema de Manuel Vilas. Y lo encuentra, y lo recita.

Juan José Millás en la Universidad de Oviedo, el pasado martes, 26 de septiembre.

    Efectivamente, el poema de Manuel Vilas bien podría pasar por un texto insomne escrito por el guardián nocturno de un garaje, aunque Vilas es uno de los más reputados poetas actuales.

    Millás se mueve como Tarzán por las lianas en este aula de la universidad ovetense, que no tiene ni micrófono, entre un público virginal entregado a las anécdotas y chascarrillos que trae preparados y acumulados en el largo ejercicio de su profesión de autor-conferenciante-columnista y doctor honoris causa, entre muchos otros galardones conseguidos en sus muchos años de escritor. «Algo que se puede decir en cinco líneas no debe decirse en diez. En un espacio muy pequeño, un libro, puede contenerse el mundo. Algunas naciones no tienen historia literaria porque no tienen libros gordos, en complicación narrativa y en extensión. Y uno de los libros más complejos y menos extensos es LA METAMORFOSIS, de Franz Kafka». Aprobado general. Nadie dice ni pío entre el alumnado, atento a las palabras de Millás que llegan como en sordina por más que el autor eleve el volumen de su voz.

    «¿Por qué mimetizamos estilos ajenos y no creamos el nuestro?» pregunta Millás. Y se responde contando que «cuando yo empecé a publicar, en los 60-70, si los críticos decían de tu obra que era lineal y costumbrista estabas perdido. Entonces se llevaba el experimentalismo, una reacción a la novela realista. Consistía, básicamente, en que la novela no se entendiera. Y a esa corriente me adherí. A mi primera novela la titulé CERBEROS SON LAS SOMBRAS para que se tomara por experimentalista, y gané el premio Sésamo de novela 1974». Y con cierta ironía o quizás para reprocharse su adhesión experimentalista proclama que «lo peor que le puede pasar a una novela es que esté bien escrita y que se lea bien, porque la crítica la desechará». Carcajada general, incluso las profes, que son mayoría entre el personal docente, se ríen con las cosas tan simpáticas que cuenta el bueno de Millás.

    «Para titular un artículo extraigo una palabra del texto que tenga relación con el conjunto. Generalmente funciona. Y para titular una novela… el título debe ser un exudado del contenido». La timidez del alumnado llegado el turno de preguntas decide a algún profesor a romper el hielo. Y a la cuestión de qué es una nación Millás responde que: las realidades imaginadas, los inventos, los mitos, los cornetines que arrastran a más de cincuenta individuos, número que el ensayista Noha Harari describe como el habitual en la prehistoria en su libro SAPIENS para formar un grupo con identidad propia. Eso es una nación.

    Aplausos, aplausos, aplausos y los parabienes de los profesores, encantados todos con Juan José Millás.

 

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Gorilas en las redes

20 miércoles Sep 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Rafael Alonso Solís

    Cuando el intelecto se expresa a través de un ondear de banderas resulta muy difícil, al menos más que de costumbre, sacarle partido a algunas de las capacidades que se supone que la encefalización ha desarrollado en la especie humana a lo largo de siglos de ensayos y errores. Mejor opinar de poesía oscura, de mecánica estadística o de criptología pura, asuntos que, por su propia ambigüedad, permiten la gracia del matiz y suelen servir para enriquecer el lenguaje. Ayer se me ocurrió matizar una de las llamadas que nos hacen en las redes sociales con objeto de reclutarnos para alguna confrontación, tratando de señalar que estar a favor de “los” referendums, o de uno en particular –que debería haberse producido hace mucho tiempo, y en las condiciones adecuadas–, no necesariamente significaba estarlo a favor de “éste”. A pesar de ello, resulta que sí lo estoy, incluso a pesar de estar planteado con maneras de trilero y de sospechar que será utilizado para exaltar y apuntalar lo que desea su élite promotora, y no necesariamente lo que desearía una multitud de ciudadanos y ciudadanas que quieren votar, de una puñetera vez, y con toda razon. ¡Ah, el matiz! En el limitado espacio de las diez líneas –casi un ensayo para el facebook– se me ocurrió decir “dejémonos de banderas, que no son otra cosa que trapos de colores, y comencemos a pensar un poco, porque es bastante posible que la convivencia de la especie humana en el planeta, y seguramente su supervivencia, sea un asunto que debería llevarnos a reflexionar, primero, y a hablar después, más allá de la estúpida tribalidad en que la especie está metida”. La contestación –una contestación– fue rápida y mi tímida llamada a la reflexión fue calificada de “sesudo comentario”, identificándolo como un “rasgo típico de un nacionalista español que se niega a reconocer el derecho de autodeterminacion de los pueblos”. Reconozco que no sé lo que son los “pueblos”, y que cuando se utiliza esa terminología me temo que no se quiere decir nada, o que se quiere decir otra cosa. Últimamente he tratado de seguir el consejo de no beber si voy a navegar por la red de redes, y juro que en esta ocasión estaba totalmente sereno. Si la bandera es una forma barata y rápida de enardecer a las huestes, las redes ya se han hecho un hueco privilegiado en esa función. La red, por lo tanto, no sirve para hablar, ni menos para razonar con cierto sosiego, sino para felicitar por el cumpleaños, resaltar la belleza de una imagen o para insultar a quienes piensan de otra manera. Yo mismo lo he hecho –eso, sí, únicamente cuando había bebido–, y me he arrepentido de inmediato por la simplificación. La ventaja de pontificar en los garitos es que después no hay actas, mientras que en las redes sociales el sistema te puede devolver durante días y años la boutade que se nos ocurrió una noche de vino y rosas.

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Luis Álvarez Piñer, un poeta

15 viernes Sep 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Gabriel de Araceli (Texto y foto)

    Un poeta. A quién le importa un poeta, ¡maldita lírica!, en estos tiempos de independentistas montoneros y créditos irrecuperables regalados a la banca. La poesía, ¡valiente estupidez! Como si no tuviéramos bastante con esos árbitros espurios empecinados en joder al madridismo y esas carreteras radiales que hay que recapitalizar a toda costa con el dinero público. Aunque nadie proteste. La poesía. ¡Un poeta! ¿A quién, ¡coño!, le interesa un poeta olvidado, autoescondido, autoexcluido en vida? Como si no fuera suficiente con el trabajo precario, con el gobierno de la corrupción, con la Ley Mordaza, con el futuro incierto, con el yihadismo, con los recortes de derechos y los sueldos miserables. Aunque nadie proteste. Qué importa un poeta en estos tiempos de los móviles de mil euros. Un poeta…

El fotógrafo buscaba en su archivo retratos antiguos y apareció este de Luis Álvarez Piñer. El fotógrafo se quedó prendado de la serenidad de la mirada del poeta y decidió revelarla, sacarla a la luz de nuevo, investigar quién era ese señor tan sereno. ¿Cómo sería él?, no lo recordaba. Parece tímido y discreto, sería quizás transparente como la simetría de la foto, que se publicó en el diario EL PAÍS, el domingo, 28 de julio de 1991. «Me había acostumbrado a no ser y quería seguir no siendo» dijo en aquella conversación el poeta.

 

    Un poeta fue Luis Álvarez Piñer, nacido en Gijón en 1910, que fue alumno –siendo niño, en el instituto– de Gerardo Diego. Luis Álvarez Piñer, un poeta al que el general Franco encarceló por rojo y condenó a muerte por escribir versos en revistas republicanas, aunque solo, ¡solo!, cumpliera cuatro años de cárcel, Lorca no tuvo tanta suerte. Un poeta contemporáneo de Luis Rosales o de Leopoldo Panero, mentor de José Ángel Valente, profesor de literatura a su vez en un instituto, que un buen día de 1951, o malo para la poesía dijo: se acabó. Y protestó en silencio por el estado de las cosas y de las letras bajo el régimen franquista, se autoexilió y no volvió a publicar nada, aunque escribió mucho. Un poeta que en 1991 recibió un reconocimiento merecido, el Premio Nacional de Poesía por sus poemas, recogidos en el libro EN RESUMEN. Siempre en silencio, protesta interior, íntima, como su poesía. Un poeta tierno y sin adscripción, libre y jubiloso, notable, oculto y recatado. Ignorado por el gran público. Toda la poesía, todos los poetas están ignorados por el público, sean ellos grandes o pequeños, solo algunos estudiosos reseñan su obra y su vida en revistas mínimas con olor a alcanfor.

    «La poesía es una enfermedad secreta, una enfermedad del amor. No es extraño que los que nos rodean ignoren que estemos enfermos si lo que queremos en el fondo es que no se conozca nuestra enfermedad. De ahí, tal vez mi reserva» decía en aquel reportaje.

    Luis Álvarez Piñer falleció en Madrid en 1999. Tenía la bondad que concede la sabiduría, la excelencia que otorga la humildad. Era un poeta. Quizás en el siguiente soneto de Álvarez Piñer se vislumbra la caricia de Gerardo Diego, como si un enhiesto ciprés aflorara, sazón cantora, en el fervor triunfante del mediodía.

 

Qué plenitud. No hay alas. Mediodía.

Sólo luz es el día, en triunfadora

vertical, alto anhelo. El cielo ahora

hace pasión de luz la tierra fría.

 

Fruición de lo presente: Lejanía

que en la sazón de cada cosa aflora.

Alma o color, una sazón cantora

de la pura verdad que es la armonía.

 

Desde el desnudo azar de este aire sano

juega la realidad ilusionista

a eternizar la gloria del momento.

 

Alta revelación sin hito humano.

Así en su gozo el paraíso exista.

Qué plenitud, si duerme el pensamiento.

 

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Dionisio Ridruejo

Palabras de Emilio Pascual

Alba y ocaso de la luz y los pétalos

Volver una y otra vez

 

 

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El honor del general Franco

08 viernes Sep 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Alan Hillgart, Francisco Franco, General Aranda, General Kindelán, General Orgaz, General Varela, General Vigón, Juan March, National Archives Kew, Nicolás Franco, Samuel Hoare, Serrano Suñer, SOBORNOS, Valentín Galarza

SOBORNOS, de cómo el dinero inglés impidió que España entrara en la 2ª Guerra Mundial

Gabriel de Araceli

    Investigar documentos desvelados de la historia reciente de España es hoy un ejercicio de riesgo. Más si cabe cuando se refieren a un momento tan delicado como el que va de junio de 1940 al verano de 1943. Y más aún si en él están implicados personajes que la hagiografía oficial de la vieja guardia de Franco considera valedores de la patria. Y si el que firma el libro SOBORNOS es un historiador llamado Ángel Viñas el peligro de verse asaeteado por una legión de francotiradores leales al Régimen eleva al autor a la altura de temerario y a los hechos narrados en él de tan presuntamente ciertos como incómodos para los historicistas del Caudillo.

    En 2013, pasados setenta años de los acontecimientos a los que se refiere el libro, quedan desclasificados documentos del National Archives Kew, con sede en Richmond, Reino Unido, pertenecientes al período de la Segunda Guerra Mundial. Salen a la luz testimonios (EPRE, evidencias primarias relevantes de época) sobre las actuaciones que los servicios secretos británicos realizaron en España encaminadas a evitar que Franco entrara en la contienda al lado de la Alemania de Hitler. En ellos se testifica con datos contrastables cómo los diferentes servicios de inteligencia ingleses, con la ayuda interesada del negociante Juan March, sobornaron a unos cuantos generales y personajes muy próximos al dictador con inmensas cantidades de dólares para convencerles de que no era beneficioso para el país deslizarse bajo la sombra bélica del nazismo. Con todo ese material desclasificado, Ángel Viñas ha esculpido un retablo histórico de una vastedad documental apabullante y se ha adentrado en una época truculenta en la que la humanidad se vio sumergida en la violencia y en la que la civilización universal a punto estuvo de derrumbarse.

Ángel Viñas durante la presentación de su libro «Sobornos» en el Ateneo de Madrid, diciembre de 2016.

    No es fácil seguir el fervor histórico y meticuloso que Viñas acostumbra verter en sus obras. SOBORNOS está impregnado del empeño esclarecedor del autor desde la primera a la última línea. Tal es así que la historia cobra carácter monumental, épico, como si quisiera reducir a cenizas, con evidencias a otros propagandistas del Generalísimo. Como si Viñas hiciera de su libro cruzada y redención de las falsedades interesadas con las que se ha enmascarado durante décadas la incomodidad histórica del franquismo y la falacia de su neutralidad elástica, su hábil prudencia en Hendaya. Un Viñas combativo, autor de un estudio monumental, SOBORNOS, en el que se explica cómo los guerreros aequales, tanto abrazaban la fe del primus inter pares, el Caudillo, como las enormes cantidades de dólares que los servicios secretos ingleses les inyectaban a través de March.

 

«En la vida y en la guerra

es siempre peor

el traidor que el enemigo»

 

   El honor y el amor a la patria son para los sobornados conceptos difusos y compatibles con la riqueza material sobrevenida. ¿Por qué no? Aunque los protagonistas sean los mismos generalazos que acompañaron al Caudillo en su cruzada: Aranda, Vigón, Varela, Kindelán, Galarza, Orgaz, etc. Incluso el mismo hermano del Generalísimo, Nicolás. Ninguno de ellos le hizo ascos a los aguinaldos de la Pérfida Albión. Porque, a fin de cuentas, para ellos se trataba de un acto de patriotismo enfrentarse a Serrano Suñer y a su Falange y salvar a la paupérrima y desvencijada España de la tragedia de la guerra mundial. Personajes grandilocuentes y soberbios en un país de falangistas corruptos y militarotes divididos entre anglófilos y germanófilos. Protagonistas exagerados en un escenario arrasado por las intrigas diplomáticas y la miseria económica.

Serrano Suñer, que dotó de un Corpus Iuris al Movimiento de su concuñado. Serrano Suñer, el todopoderoso ministro de Asuntos Exteriores, encargado de las entrevistas con Hitler y Von Ribbentrop, astuto y maquiavélico, manipulador y falso en sus memorias, la arrogancia y la ambición desbordada, odiado por todos (algún militar planteó en esas fechas la posibilidad de “cargarse” a Serrano) y temido por muchos, al que el Caudillo cesa por miedo a enemistarse con sus generales.

Franco, receloso, frío y prudente, que no se fiaba ni de su sombra y que jugó la baza de aventurarse en la guerra mundial arrastrado por sus sueños imperiales de colonizar su Marruecos de juventud. Jesuitenschwein –cerdo jesuita– le llamó Hitler.

Samuel Hoare, el embajador inglés, hombre inteligente y ambiguo, diplomático tenaz e incansable, cuya misión era comprar tiempo, que juega siempre a favor de Inglaterra sin importarle la moralidad de los personajes o de los hechos. «Una rata que huía antes de que se hundiera el barco» para sir Alexander Cadogan, subsecretario permanente del Foreign Office.

Churchill, el estadista invencible, gestor de la gran victoria de la Gran Bretaña.

Alan Hillgart, el espía inglés, pulcro y discreto, tan hábil negociador como resignado soldado al servicio de su graciosa majestad.

Juan March, el último pirata del Mediterráneo, la inteligencia primaria y la efectividad en los negocios, sin más ideología que la del dinero. «Es sin duda un bribón de la peor especie» dijo de él Hillgart. «Habría que fusilarlo» coincidían en diferentes épocas tanto Indalecio Prieto durante la República, como los generales de la Victoria.

    Inglaterra, la gran superpotencia mundial ultrajada por los nazis, que ve a la Península como un objetivo militar y al general bajito como un aliado temporal de sus intereses. Y que practica con ella la política económica del palo y la zanahoria, sin entrometerse en sus asuntos internos ni importarle en absoluto los padecimientos de los españoles.

    Y España, el viejo, harapiento, desnutrido y arruinado país, que sufre la penuria y la miseria, que a Hitler solo interesa para recuperar la deuda contraída por Franco durante la Guerra Civil. España, a la que Inglaterra abandona a la suerte de su dictador una vez que la amenaza de significarse en la contienda se ha desvanecido.

    El libro SOBORNOS, además, hace un análisis de la realidad social de ese momento crítico de la historia de España. Con un jefe del Estado (SEJE. Su Excelencia el Jefe del Estado, lo denomina Viñas) ausente, aislado del país, ignorante de los padecimientos de sus súbditos (que no ciudadanos), adulado hasta la náusea por un ejército de servidores viscosos. «Franco ha perdido el sentido de la realidad y vive en una especie de ensoñación permanente» escribe Hillgart en sus reportes de espía. Lo que hoy llamaríamos el Síndrome de la Moncloa. Para Kindelán, al que los ingleses apodaban crook, chorizo, sinvergüenza «Franco es el enemigo número uno de España». Una administración en la que reina la corrupción (de aquellos polvos salieron estos lodos), donde la cúpula de la dictadura es esencialmente cleptómana, y en la que se incrustan tanto los resolutivos nazis como la frialdad flemática del diplomático Hoare. Aunque la estrategia desarrollada por el embajador británico: salvar todas las vidas que se pudiera a cambio de dinero, resultara finalmente eficaz y evitara que España entrara en la 2ª Guerra Mundial.

    Y el que quiera saber más que lea el libro de Ángel Viñas: SOBORNOS.

 

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20 años y un día… después

01 viernes Sep 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Ana M Pulido I

    «¿Dónde estaba usted?» titula Boris Izaguirre un artículo relativo al accidente mortal de Diana. Yo, en París. Hace 20 años visitaba por primera vez la capital gala. Al deslumbramiento ante tanta «grandeur» le siguió la estupefacción más absoluta.

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    Amaneció el domingo 31 de agosto de 1997 nublado y bochornoso. Atacaba ese calor pegajoso que sufren los parisinos en un país que no conocía hace 20 años, ni casi ahora, el aire acondicionado. Como buenos turistas había una agenda apretada que cumplir: museo del Louvre, Bâteaux Mouches, Tour Eiffel… Al dejar el embarcadero del Pont del Alma y de camino hacia el Champs de Mars vimos junto al puente una multitud que arrojaba flores y algunas cámaras de televisión. Una grabación entre tantas, pensamos, una película. Los turistas del 97 sin móvil ni tiempo de ver las noticias siguen su agenda imparable ajenos al drama.

    De pronto, un cortejo de motoristas y coches oficiales invade la calle ante los ojos atónitos de los transeúntes. Sin apenas tiempo de reaccionar un último coche, esta vez fúnebre con un ataúd cubierto de flores blancas, se aleja como una aparición. Algún personaje de alto rango ha fallecido en París. No existe internet pero la curiosidad sí. Un policía desde su moto nos informa del fatal desenlace «Anoche, Diana de Gales, se estrelló bajo ese túnel». Incredulidad. No puede ser, es una broma.

    Solo ante la televisión, ya por la noche, los turistas del 97 asumen la noticia que había recorrido el mundo entero como la pólvora.  «La hemos visto, sí era ella, bueno, sus restos».

   Hoy, 20 años después, el río de la vida me ha traído otra vez a París. Un día mucho más fresco que aquel este 31 de agosto y en otro París que no es el inocente y despreocupado de entonces. Los Bateaux Mouches siguen deslumbrando a los turistas ante tanta belleza, muchos se acercan después del paseo a rendir un último homenaje a Lady Di, algunos se hacen un selfie, otros dejan una flor que mañana estará marchita.

    Muchas tragedias se han vivido en esta ciudad. No sé si París no es la misma o son los ojos de los que la miran, porque 20 años sí es mucho.

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Turistas y parisinos depositan flores en homenaje a Lady Di el 31 de agosto de 2017.

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