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Escaparate ignorado

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Escaparate ignorado

Publicaciones de la categoría: Uncategorized

Machos ocultos

05 viernes Ene 2018

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Rafael Alonso Solís

El año ha terminado con la simbología acusadora del cuerpo de una mujer en el fondo de un pozo. Uno más, sin que seamos capaces de frenar la caza y como si el grado de tolerancia ante el horror alimentase a la repetición programada hasta que se instaura la indiferencia. Como si se tratase de un ceremonial trágico y cruel, la aparición del cadáver de Diana Quer casi coincide con el segundo centenario del nacimiento de dos de los mitos literarios que han animado las historias de terror desde su génesis, en una villa de Ginebra, durante el verano de 1818. El monstruo tuneado que imaginara Mary Shelley era un sueño premonitorio, un adelanto de un futuro en el que la especie humana se fabricará a sí misma a partir de los retales genéticos que vienen de las estrellas, los restos orgánicos de las basuras y el reciclado de las carcasas de los móviles. Por el contrario, el vampiro intuido por Polidori, el depredador sexual por excelencia, venía del pasado eterno, del inframundo en el que se cruzan los instintos de los ofidios y la marca del semental, del guiso en el que se mezclan la muerte y el placer como expresión máxima del poder. Hace semanas, un periodista rellenaba el espacio en blanco de su reportaje de portada poniendo como excusa subliminal de un asesinato la conducta vital de una mujer. En otro tabloide reciente, el titular original que informaba de un crimen machista subrayaba la ansiedad que le había producido al asesino matar a su pareja delante de los hijos.

_DSC0205_webY Rajoy –ese patán que nos gobierna en cumplimiento de los peores augurios de Jaime Gil de Biedma–, daba el pésame a la familia de Diana Quer como quien lamenta la desaparición de la mascota, como quien describe poéticamente la conversión del petroleo en tenues hilillos de plastilina, o como quien descubre, en un alarde de ingenio, que la epidemia de asesinatos de mujeres no es cosa menor. Una de las últimas ofertas televisivas basadas en asesinatos en serie cambia la testosterona contenida en la sangre del vampiro por los estrógenos que nadaban en la de Elizabeth Bathory, reencarnada cuatro siglos después en una mantis vengadora. Pero todo es un espejismo, porque en el caso de la serie televisiva no se trata de una venganza cualquiera, sino de la ejecución programada y realizada con una impecable puesta en escena de una selección de violadores ocultos, de maltratadores de bien con los que nos cruzamos por la calle, saludamos con una sonrisa y a quienes deseamos un buen día. Y puede que ahí esté una de las claves que no queremos abordar, la de que el impulso machista vive aquí e impregna la sociedad y las relaciones humanas como un elemento importante de su construcción y de su desarrollo. Hay que asumir que en cada hombre duerme un violador en potencia, y hay que extraérselo para que no se manifieste. Lo cual únicamente puede hacerse con la educación.

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Fotografías de Gabriel de Araceli tomadas en Madrid en diferentes manifestaciones antiviolencia durante 2015 y 2017

Machismo, ¡no, gracias!

 

 

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Ya queda menos para la San Silvestre

01 lunes Ene 2018

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Gabriel de Araceli (Texto y fotos)

     Fiel al calendario vuelve otra vez la San Silvestre Vallecana. ¿Pero cómo, han pasado ya doce meses? Pues sí.  Otro año más ese tránsito, esas oleadas, esas muchedumbres zapateando, ese tsunami de atletas conversos corriendo los diez Km que separan el Madrid rico de la calle Serrano y del Estadio Bernabeu de la barriada obrera del Payaso Fofó y del campo del Rayo. Una metáfora de las diferentes Españas resuelta de noche, en calzoncillos fosforitos y a golpe de zapatilla.

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Más de 40.000 corredores desfilaron por las calles de Madrid la noche de San Silvestre 2017. La prueba internacional la ganó el Keniata Eric Kiptanui, en 27´29″. En mujeres ganó la etíope Gelete Burka, con 30’54».

     Las carreras populares se han multiplicado por cien en los últimos veinte años. Hay pruebas deportivas en todos los pueblos de la patria atlética. Cualquier excusa vale para correr, desde la aportación para la investigación del cáncer de mama, la ayuda a los afectados del síndrome de… Asperge, la solidaridad con los desplazados de Siria, las fiestas del santo patrón, o la reivindicación del protagonismo de la mujer. Para inscribirse basta con pagar una cantidad que cubre los gastos de organización y que garantiza moralmente al atleta popular de que contribuye con su dinero a un bien encomiable y socialmente justo. Después de cruzar la meta, aún sudorosos, correremos a las redes sociales para exhibir sin pudor nuestra proeza, la marca conseguida, la alegría de compartir con un público anónimo e indiscreto nuestro metabolismo aeróbico, nuestro derroche calórico, los vatios generados, nuestro umbral de esfuerzo y la felicidad de desnudarnos emocionalmente ante cualquier analista que estudie nuestro consumo, nuestros gustos, nuestros gastos sin coste adicional alguno para él, para comercializarlo el año que viene al mejor postor. Un negocio, el regalo de nuestra intimidad, para los estudios de mercado. Sí, correr no sale gratis._DSC0047_web

    Y asalta la duda del mercantilismo que se oculta tras esta manifestación saludable. El deporte popular ha sufrido una metamorfosis propiciada por las multinacionales de equipamientos deportivos, interesadas en camuflar sus productos bajo el aura del beneficio saludable que reporta el ejercicio físico. Los fabricantes de ropa venden sueños espurios a los aficionados que corretean por los parques. A la felicidad por el sudor. ¿Cuánto gasta al año un corredor en zapatillas, cronómetro-pulsómetro-podómetro, mallas, gimnasios, camisetas, rodilleras, inscripciones, wifi, bebidas isotónicas, alimentaciones dietéticas, fisioterapeutas, calcetines y tiritas? ¿En qué condiciones, cómo viven, con qué salarios, con qué higiene y seguridad trabajan los proletarios del tercer mundo, allí donde las multinacionales fabrican la ropa deportiva que lucimos en occidente? Todos esos datos los tiene ese analista oculto en la red que vigila nuestras zancadas.

    También sería relevante evaluar la cantidad de basura textil que genera una prueba deportiva como la San Silvestre. Los aficionados se desprenden a lo largo del recorrido de la ropa que les molesta. Durante los diez Km es frecuente ver en la calzada las prendas que los participantes eyectan de sí mismos porque les molestan: guantes, bufandas, gorros, camisetas, sudaderas, chubasqueros, etc. yacen por el suelo abandonadas. ¿Una tonelada, dos? No hay datos, los corredores pueden conseguir otras a buen precio en la tienda de la multinacional que ha organizado la prueba. ¿Para qué preocuparse? Es el mundo rico que tira, solidariamente, lo que le sobra.


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Roma no paga a los traidores

Citius, Altius, Fortius

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«Si la foto no está en papel es una ausencia»

29 viernes Dic 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Ángel Aguado López (texto y fotos)

     La fotografía le salva de la tragedia a Enrique, el joven personaje en LA CAZA, interpretado por Emilio Gutiérrez Caba. Le salva porque dispara con su Polaroid clics que atrapan vida, mientras que los tres amigos (Alfredo Mayo, Ismael Merlo, José María Prada) se disparan entre ellos tiros de muerte. Carlos Saura, el cine, el dibujo, la fotografía, la escritura…

     «Empecé a los nueve años a fotografiar. Cada imagen tiene algo de magia, lo que se fotografía es ya el pasado inmediato, que se guarda en un papel para revisarlo quizás alguna vez. Si no está en papel la foto es una ausencia. Tiene algo de sagrado, de misterio, aquellos cuartos oscuros, la cubeta del revelador, la imagen que aparecía lentamente del blanco del papel como el latido de un corazón que cobraba vida…»

     Carlos Saura tiene el verbo fácil y abundante. Es un señor de palabra, habla de sus fotógrafos favoritos y de sus cámaras y de su novela, AUSENCIAS en el Rastro madrileño donde hizo sus primeros reportajes, en Fotocasión, la catedral de José Luis Mur, también fotógrafo y coleccionista de artilugios maravillosos, los aparatos fotográficos. «Ansel Adams: sus desiertos, su Linhof de 13X18. Diane Arbus: sus locos, sus psiquiátricos, su Rolleiflex 6X6. Erich Salomon: sus dandis y su Ermanox f 1:1.8. Weegee: sus fotos nocturnas de crímenes callejeros publicadas en The New York Times, su Speed Graphic 6X9. Edward Weston: los desnudos más bonitos que se han hecho nunca, de Tina Modotti en el desierto de Mojave, la revolución mexicana, la Linhof Technica 4X5».

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Carlos Saura con una cámara Ermanox, objetivo 50 mm,  f 1:1.8, igual que la que empleaba Erich Salomon en 1928.

    Saura es fotógrafo, ama esos antiguos aparatos que una vez dibujaron con la luz, tiene decenas y todos funcionan. Ahora los dibuja al carboncillo, con lápices de colores, láminas de cámaras que ilustran sus libros. Familia de artistas, de pintores, los Saura. «La fotografía cambió la cultura cuando nació, los Impresionistas nacieron con la fotografía, gracias a ella pintan de otra manera, la fotografía les dio nuevos puntos de vista, nuevos argumentos, personajes salidos de la albúmina y de la hidroquinona, de Daguerre, de Nadar. Aquellos fotógrafos clásicos eran artesanos, artistas que cuidaban el detalle, los fondos, la composición, la luz, la expresión de los retratados. Están desapareciendo, ya casi no quedan. La fotografía es lo que está uniendo ahora a la gente a través de las redes sociales. Nos ha engullido la era digital, nos ha cambiado la forma de mirar. Sí, hay que estar a favor de los avances tecnológicos, aunque haya una invasión de imágenes de usar y tirar. Una banalización, para qué tantas».

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La Leica, dibujo de Carlos Saura

    Y habla Saura de su infancia pasada entre Madrid, Valencia y Barcelona, su periplo republicano en una España en guerra. De su familia “tan carca” que le hacía ir a misa los domingos “y allí me desmayaba”. De su madre pianista, que no quiso someter al suplicio del estudio perenne del pentagrama a sus hijos, pero de la que heredó el amor a la música, gracias a la cual conoció a Zubin Metha («portentoso oído») y ha hecho catorce películas musicales. Habla de su juvenil adscripción darwiniana.

—¿De verdad cree usted que el hombre desciende del mono, señor Saura? —le preguntaba su profe de religión.

—Y de mucho más allá —le respondía al cura un joven y rebelde alumno que llenaba de dibujos los cuadernos escolares.

    Y habla Carlos Saura de cine, de la fotografía en el cine. «BLOW UP, de Antonioni. No me gusta nada, es muy pretenciosa, una película de aquel momento yeyé. Prefiero el cuento de Cortázar. EL OJO PUBLICO, la vida de Weegees, llena de acción, romántica, el fotógrafo, el reportero de sucesos como héroe popular. EL PADRINO, la temática más inmoral que se ha hecho nunca, un personaje nefasto para la humanidad, ese gansterismo, la mafia, la corruptela de la tribu, el Mediterráneo es la madre de las mafias, la mama dominante que protege a sus hijos. Y sin embargo nos seduce, nos enamora el personaje de Michael Corleone, a pesar de ser un canalla, de representar lo peor del ser humano: Caín».

    Y habla de la España mágica tanto como de fotografía. Y defiende su descubrimiento interior, su conocimiento por todos aquellos españoles que prefieren viajar allende las fronteras olvidándola. Y habla de la ignorancia, de la estulticia de sus dirigentes: «España es un país donde la cultura parece que no existe para los políticos».

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Saura con su Speed Graphic 6X9, el mismo modelo que usaba Weegees en 1938.

Y habla de Cine y Fotografía. «Vittorio Storaro. He hecho con él al menos cuatro películas. Admiro lo bien que ilumina, rápidamente. Hace lo que le parece, nunca me entrometo en sus decisiones». Directores y productores: Elías Querejeta, Emiliano Piedra, Andrés Vicente Gómez… «Ningún productor se ha inmiscuido nunca en ninguna de mis películas. Si acaso me han sugerido algunas ideas que hemos discutido… algunos productores son, en el fondo, directores frustrados. Le pasaba a Querejeta, buscaba directores para hacer el cine que él no hizo».

    Y habla también de Libros, de su novela: «Escribo para divertirme, una novela son imágenes hechas palabras. Mis guiones son novelas. En un relato se puede cambiar lo que no te gusta. En el cine no, tienes que jugar con lo que has rodado. En el cine todo es mentira, ni siquiera los documentales se salvan, todo está inventado, incluso los actores que interpretan un papel son falsos. AUSENCIAS la escribí hace tiempo, estaba en el cajón y los amigos me convencieron para publicarla. AUSENCIAS es un laberinto entre la realidad y la ficción. El duermevela, el estado perfecto del ser humano, mis mejores ideas cinematográficas me han venido en duermevela, el hilo de Ariadna que enreda la vida, la imaginación hace transcendente la realidad. Admiro a Borges, El Aleph. Estamos hechos de montones de cosas que giran, que se entrecruzan. Mi novela es eso, un camino, una espiral, le Grand Mal et le petit Mal».

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AUSENCIAS

350 páginas

Edición limitada al cuidado de Antonio Fernández Ferrer

Con 27 láminas dibujadas, numeradas y firmadas por Carlos Saura

Diseño Laura Casalis (Franco Maria Ricci Editore)

Coordinación editorial: Emilio Pascual

Portada

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La vacuidad de la monarquía

27 miércoles Dic 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Rafael Alonso Solís

     En legítimo contraste con la autocomplacencia que impregna el discurso que le escribieron este año al rey, España dista de ser una democracia moderna “donde cualquier ciudadano puede pensar, defender y contrastar, libre y democráticamente, sus opiniones e ideas”. La brecha consolidada en Cataluña entre dos bandos de difícil reconciliación es un ejemplo del fracaso de la política. La construcción de un escenario en el que las personas de determinados estratos sociales están parcial o totalmente excluidas del reparto –inmigrantes, jóvenes, mujeres, pensionistas o habitantes de la precariedad– constituye un indicio de que la débil textura que lo sostiene todo se adelgaza, acaso debido a la mala calidad del hilo o a la torpeza del servicio de costura. Alguien debería explicarle al monarca que en el paisaje de “una convivencia que asegure la libertad, la igualdad, la justicia y el pluralismo político”, el actor que sobra y no encaja es él, un personaje diseñado por el dictador, cuya función ha sido garantizar la continuidad del régimen a través de la endogamia implícita en la institución que representa la corona. Un régimen que ya contenía en su genoma las moléculas elementales de la corrupción, en virtud de las cuales sigue funcionando gracias a las mismas ecuaciones fundamentales. Hay –qué menos– algún párrafo en las referencias a Cataluña del huesped de la Zarzuela que apunta anhelos de corrección política, pero que llega tarde y no es creible, tras haber alentado el enfrentamiento y encabezado a uno de los bandos. Al final, como buscando adornarse en el remate, el editor que elabora los pensamientos borbónicos ha concluido que “la defensa del medio ambiente y la lucha contra el cambio climático no son problemas menores ni secundarios”. ¿Era necesario repetir esta obviedad de beato, muestra de la influencia del más genuino estilo marianista? Para él puede que sí, porque, cada año, el discurso monárquico no es otra cosa que una sucesión de tópicos engarzados por una prosa que, en el fondo, tiene su origen en las montañas nevadas y rezuma esa mezcla indigerible de espíritu castrense y lecturas escogidas por sus maestros en politología. Pero ésa es la única función del rey, por la que se le paga la nómina y aparece en los presupuestos: apuntalar con el suyo el discurso del gobierno de turno. Sin que se lo hayamos pedido. Sin que nos hayan preguntado qué opinamos al respecto. Sin que, año tras año, sirva para nada, quedándose limitado a una especie de comentario de texto, en el que, según nos haya tocado en la partida, algunas lumbreras descubrirán su discreta equidistancia y alabarán su prudencia, mientras que otras repetirán –o repetiremos, por qué no– que tanto el rey como su discurso son prescindibles, por lo que hace tiempo que no lo escuchamos en directo, sino que lo leemos al día siguiente, en la plácida soledad de la resaca, casi sin esfuerzo por su endeble andamiaje intelectual, a pesar de su escaso lirismo y a sus maneras de mediocre actor de alta comedia.Artículos históricos relacionados:

Fondos (de Manuel Vázquez Montalbán)

 

 

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Arniches y Domínguez, la arquitectura, el exilio y la vida

26 martes Dic 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Angel Cabrera Latorre, Carlos Arniches Moltó, Colina de los Chopos, Francisco Giner de los Ríos, Gumersindo de Azcárate, Ignacio de Cárdenas Pastor, Institución Libre de Enseñanza, Instituto Escuela, José de Azpiroz Azpiroz, Juan Negrín, Junta de Ampliación de Estudios, Luis Gutíerrez Soto, Lyceum Club Femenino, Manuel Muñoz Monasterio, María de Maeztu, Martín Domínguez Esteban, Nicolás Salmerón, Santiago Ramón y Cajal

Gabriel de Araceli

     La Junta de Ampliación de Estudios (JAE), creada en 1907 fue dirigida por Santiago Ramón y Cajal desde esa fecha hasta su fallecimiento, en 1934. La JAE se inspiraba en la Institución Libre de Enseñanza (ILE), que Francisco Giner de los Ríos, a su vez inspirado en las ideas educadoras del krausismo, había desarrollado para favorecer un modelo de enseñanza basado en la libertad de cátedra, ajeno a dogmas religiosos, políticos o morales.  Adheridos a la ILE, o tal vez apasionados de la misma hubo toda una pléyade de pensadores y formadores empeñados en la renovación pedagógica a lo largo del siglo XIX y bien entrado el XX. Entre ellos personalidades tan notables como Nicolás Salmerón, Teodoro Sainz Rueda, Gumersindo de Azcárate… [La lista de notables pensadores que a caballo entre los dos siglos expusieron sus tesis y aportaron su esfuerzo para crear la ILE es muy extensa y supera con creces el propósito de este artículo. Quede su estudio para el interesado.]

    La Institución Libre de Enseñanza supuso un despertar en las enseñanzas en España. La JAE recogió su ideario, renovó el panorama científico español, acercándolo a los países europeos del entorno, principalmente Alemania, Francia, Inglaterra, etc., las potencias que en ese momento marcaban el avance en la investigación y el conocimiento. De la JAE son frutos Ángel Cabrera Latorre, Blas Cabrera o Juan Negrín o Severo Ochoa o Ignacio Bolívar o Américo Castro o Pío del Río Hortega o Julio Rey Pastor o María de Maeztu, por citar sólo algunos nombres de la extensa nómina de científicos, pensadores e intelectuales que desfilaron bajo su paraguas.

   En 1918, la JAE, decidida a mejorar la educación en España, crea el Instituto Escuela, cuya primera sede estuvo en la C/ Miguel Ángel, en lo que ahora es el Instituto Internacional. Era un centro educativo elitista, donde estudiaban los hijos de las clases culturalmente elevadas, los retoños de la burguesía liberal, que practicaba una docencia muy diferente de la que impartían los colegios religiosos de la época, que casi ostentaban el monopolio de la enseñanza. Recordemos que nos encontramos en un momento delicado del reinado de Alfonso XIII, inmerso en las guerras africanas, el final de la Gran Guerra europea, el caciquismo, el borboneo politiquil, el descrédito y el rechazo social que dará lugar, el 13 de septiembre de 1923, al golpe de estado de Primo de Rivera.

     El éxito del Instituto Escuela fue enorme. El patronato que lo dirigía junto con la JAE deciden ampliarlo y trasladarlo a una nueva sede. Será en 1920, en los Altos del Hipódromo, al lado de donde funciona ya la Residencia de Estudiantes (sí, habitada por Buñuel, Lorca, Dalí, Pepín Bello, Bacarisse, Luis Calandre, etc., etc., etc.), detrás del actual Museo de Ciencias Naturales y la Escuela de Ingenieros Industriales. El Instituto se desdobla en dos centros, masculino y femenino. Aunque quizás para mitigar esta contradicción, esa incoherencia de eliminar la coeducación se nombra a María de Maeztu directora de la Residencia de Señoritas, la equivalente femenina a la residencia masculina. Y con posterioridad, será María directora del Lyceum Club Femenino, una selecta sociedad (Zenobia Camprubí, Victoria Kent, Ernestina de Champourcí, Elena Fortún, Clara Campoamor, María Teresa León, etc., estaban entre sus socias) que entre muchos otros actos acogió en sus salones, en enero de 1930, una conferencia de Alfonsina Storni (no es cierto que se suicidara adentrándose en el mar. Sí lo hizo lanzándose al mar desde un barco en Letonia Ángel Ganivet), a la que el fascista César González Ruano asedió durante su presencia en Madrid, no necesariamente con fines educativos.

El Instituto Escuela, sobre 1930, en la Colina de los Chopos

   Y es a dos arquitectos salidos del espíritu de la JAE a los que se les encomienda la construcción del nuevo edificio que albergará el Instituto Escuela: Carlos Arniches Moltó (hijo del comediógrafo) y Martín Domínguez Esteban. La colaboración entre ambos arquitectos dará lugar a importantes edificios en la Colina de los Chopos (Juan Ramón Jiménez tituló así un libro de poesía), ese lugar emblemático en el panorama intelectual, artístico y científico del primer tercio del siglo XX. Uno de ellos será el Instituto Escuela, lo que ahora es el Instituto Ramiro de Maeztu. Después, la larga noche del nacional-franquismo enmudeció la renovación pedagógica y sumergió en las tinieblas los ideales de varias generaciones empeñadas en el progreso. Para mitigar el desastre, el régimen salido de la guerra creó en 1940 el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, huérfano de aquellos cerebros que emprendieron el exilio.

    La Guerra Civil interrumpió la labor arquitectónica de Carlos Arniches y Martín Domínguez, creadores entre muchas obras del Hipódromo de la Zarzuela. Martín Domínguez sufrió dos exilios. Perseguido por sus simpatías republicanas se vio obligado a marchar a Cuba en 1936. Y posteriormente, la revolución de los barbudos también le obligó a refugiarse en USA, en 1960. Un calvario.

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Martín Domínguez con su mujer, Josefina Ruz, y su hijo en el Estado de Nueva York, en la década de los 60.

La Fundación ICO dedica a ambos arquitectos una exposición en su sede de la C/Zorrilla, detrás del Congreso de los Diputados, donde se exponen maquetas, proyectos, planos, dibujos y fotografías de las obras que firmaron conjuntamente y del tiempo que les tocó vivir. Estará abierta hasta el 21 de enero. Una reflexión sobre la educación, la historia, la vida y la arquitectura.

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Excepcionales arquitectos madrileños: la Generación del 25

Textos y fotos de Gabriel de Araceli

El actual Teatro Barceló, en la C/ Larra, 2, es obra de Luis Gutiérrez Soto, uno de los arquitectos más prolíficos del siglo XX que llenó de obras Madrid. Su catálogo de construcciones es interminable, desde el Cine Callao hasta las Galerías Preciados, actual FNAC, la Torre del Retiro pasando por el Ministerio del Aire, en Moncloa. Permanecer leal al régimen rebelde durante la contienda civil (después vencedor) le supuso a Gutiérrez Soto trabajar sin descanso. Rien à dire.

El antiguo Cine Bilbao, en la C/ Fuencarral, obra de José de Azpiroz Azpiroz.

Las Galerías Piquer (1952) de José de Azpiroz Azpiroz, en El Rastro Madrileño. La obra arquitectónica de Azpiroz en Madrid es tan amplia como interesante.

El antiguo edificio del diario Nuevo Mundo, en la Calle Larra 12, Madrid, es obra de Antonio Álvarez Redondo (1915). Carlos Arniches y Martín Domínguez hicieron unas modificaciones en él en 1932.

 

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Manuel Muñoz Monasterio es autor del edificio sito en Fuencarral 77, ahora cerrado. Fue el arquitecto del primer Estadio Bernabeu.

 

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La Telefónica es obra de Ignacio de Cárdenas Pastor (1898-1979), que permaneció varios años en Nueva York trabajando con Louis S. Weeks, arquitecto de la ITT, la propietaria de la Telefónica. Se inauguró en 1929 y fue por unos meses el rascacielos más alto de Europa, mide 89 m. Cárdenas es de la misma generación que Carlos Arniches, Martín Domínguez, Gutiérrez Soto, Muñoz Monasterio o José de Azpiroz, arquitectos que llenaron Madrid de obras de arte. Mientras que el general Franco bombardeaba la Gran Vía durante la Guerra Civil, Cárdenas Pastor permanecía leal a la República y tomaba notas de los muertos que los obuses Schneider 155, que Franco disparaba desde el Cerro Garabitas, causaban entre la población civil. También de los desperfectos en su edificio, lo que le supuso a Ignacio Cárdenas Pastor el exilio al acabar la guerra.

La ruleta elige tu futuro. No somos más que el capricho del destino.

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Estrellitas y duendes

23 sábado Dic 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Un cuento de navidad

Palabras de Gabriel de Araceli. Fotos de Terry Mangino

     EL PISITO DE MI ABUELA LUISA, una cuarta planta sin ascensor de una humilde barriada al otro lado del río estaba dañado por la vejez, por la mala calidad de los materiales, por la pobreza y por el olvido de sus pobladores.  Yo jugaba por allí al escondite con Manolín, un vecinito del tercero. Aquellos cuartos húmedos eran nuestro universo rutilante en el que hacíamos mil batallas huyendo de los apaches o navegando en un barco pirata por el Caribe.

     Manolín, sin embargo, empezó a faltar a nuestras aventuras y un día me dijeron que se lo había llevado la leucemia, que estaba en el cielo colgado de una estrella. Entonces no entendía muy bien quién era la leucemia, pensaba que sería una tía lejana que vivía en otro barrio. Y lo de las estrellas tampoco lo entendía. ¿Cómo va a estar Manolín colgado de una estrella?, me decía. En fin, mis aventuras tuvieron desde entonces a un compañero imaginario, Manolín, con el que jugaba secretamente.

       —¡Cuidado!, tienes detrás al indio Jerónimo —le grité mientras disparaba mi revólver de plástico.

       —Me has salvado la vida, gracias Angelito —me respondía Manolín enderezándose en la silla de su caballo Pinto. Los pieles rojas huían en desbandada.

       Un día aparecieron en el techo del comedor-dormitorio unas grietas amenazantes que en cosa de horas aumentaron telúricamente, como pronosticando un derrumbe inmediato. Mi papá, previsor, pensó que el techo se venía abajo y que lo mejor era poner a salvo a toda la familia antes de que ocurriera alguna desgracia. Y con buenos reflejos nos ordenó a mi hermanita y a mí que saliéramos rápidamente de la sala. Providencial orden. Porque a poco de salir nosotros de estampida, aquella techumbre de cañizo y escayola podrida y frágil cayó con un estruendo horroroso sobre el suelo, ¡PUMBA! ¡Como si fuera una bomba! Noté como un tirón, como alguien que me arrastraba fuera de allí, que me libraba de aquella nube de polvo espeso y escombro sucio que arruinó los escasos enseres que mis padres tenían y convirtió en un fragor de llantos, voces, zozobra, gritos y quebrantos el pisito de mi abuela.

           —Me has salvado la vida, gracias Manolín —dije yo.

      —Te lo debía, compañero, tú me salvaste de Jerónimo —respondió Manolín espoleando a su caballo Pinto entre una niebla de yeso flotante.

     Las escaleras se llenaron de vecinas sobresaltadas que lloraban preguntándose qué había sucedido, dónde estaban los niños, si la señora Luisa, mi abuelita, estaba bien, cómo estaba mi mamá. «¡Dios mío, dios mío, qué tragedia más grande, con lo guapos que eran aquellos niños tan ricos!».

     Los bomberos no tardaron ni cinco minutos en llegar y plantarse en la escombrera. ¡Jo, los bomberos! Con su camión rojo, su sirena estridente, la campana arrebatada, alegre como una fiesta. ¡Qué emoción, los bomberos! Entonces, todos los niños queríamos ser bomberos. La calle perdió por un momento su opacidad triste y rápidamente se llenó de curiosos mirando hacia el edificio sin ver por dónde salía el fuego. Y cuando entraron en lo que nos quedaba del piso aquellos hombretones de azul que desde mi reducida estatura de niño me parecían montañas, con sus cascos resplandecientes, sus mosquetones, sus picos y palas al hombro yo me eché a temblar del susto y a reclamar a gritos la presencia de mi papá, al que creía aplastado bajo los cascotes.

     Entre los mirones de la calle que esperaban algún suceso sangriento, corrió rápidamente el rumor de que había una niña sepultada bajo los escombros y que a una señora mayor, mi abuela, la habían llevado a la Casa de Socorro, y que a un bombero le había alcanzado una teja, y que a una pareja de recién casados que yacía amorosa en el lecho les había caído encima la lámpara del techo; y que la mamá de la niña sepultada se había tirado por el patio y que… Afortunadamente nada de eso pasó. Los bomberos se retiraron atléticamente, ya sin peligro sobre nuestras cabezas, todos indemnes. Los curiosos que aguardaban más carnaza se marcharon decepcionados. Recuperé a mi papá, al que sólo se le destrozó el traje que vestía; la niña supuestamente aplastada, mi hermanita, estaba tan campante bebiéndose un vaso de leche. Mi abuelita, eso sí, se llevó un buen soponcio cuando vio cómo quedó su casa, lloraba y lloraba. Y mi mamá, a poco, cogió la escoba para hacer un huequecito entre las ruinas donde pasar la noche lo mejor posible. Después, desde mi improvisada camita de mantas con las que me tapó mi mamá, observé que el cielo raso de nuestra techumbre se llenaba de estrellas brillantes que me guiñaban sus ojos como si fueran besitos de buenas noches.

     Y sí, era verdad. Colgado de la Estrella Polar Manolín espoleaba a su caballo Pinto y agitaba al aire su sombrero victorioso. Los pieles rojas huían en desbandada.

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Navidad 2017

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NAVIDAD 2017

11 lunes Dic 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Pascual Izquierdo

Amanece septiembre y ya comienza a oírse, de forma sutil y solapada, la palabra Navidad.

Llega octubre a las pantallas y algún anuncio se atreve a insinuar la proximidad del gran advenimiento.

Se asoman a los calendarios los primeros días de noviembre mientras se afanan los operarios en la instalación de las luces que han de iluminar las calles.

Es a mediados de noviembre cuando estalla la pirotecnia de los villancicos, cuando se encienden las arquitecturas luminosas, cuando sobre el plasma se despliegan los perfumes.

Estamos en Navidad. Una Navidad que se extiende hasta mediados de enero.

Dichoso el penitente que sea capaz de soportar tan prolongado sufrimiento.

 

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Efemérides

07 jueves Dic 2017

Posted by Ángel Aguado in Uncategorized

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Rafael Alonso Solís

Una de las salidas fáciles para rellenar columnas literarias lo constituyen las efemérides. No hay una sola fecha que no coincida con el nacimiento, la comunión o el fallecimiento de algún personaje. El pasado 4 de diciembre cogió el tren Manuel Marín, un politico que paseó su buen talante y su elegancia por la vida parlamentaria, y que ennobleció la presidencia del Congreso de los Diputados desde 2004 a 2007. Marín se metió oficialmente en política en 1977, al ser elegido diputado por Ciudad Real en las listas del PSOE. Desde entonces vivió de la cosa, gracias a ese vicio del sistema que lleva a mantener en nómina a quien pasa por la pila del bautismo. Junto a su trabajo en la Comision Europea, su sencillez y su mantenimiento de una vida discreta, a Marín hay que reconocerle que no se llevó un duro que no le correspondiera, ni se le imputó delito alguno, ni fue sospechoso de trincar. Tras anunciar que se iba a dedicar al problema del cambio climático, en 2008 fue nombrado presidente de la Fundación Iberdrola, y todo indica que lo hizo con la profesionalidad que le caracterizaba.

Manuel Marín descansa en su despacho en Bruselas durante las negociaciones para la entrada de España en la CEE. 1985. Foto gentileza de Alfredo García Francés, por la que obtuvo el Premio Nacional de Periodismo, 1985, publicada en EL PAÍS.

Aún sin despedirse, también el pasado 4 de diciembre cumplió noventa años Rafael Sánchez Ferlosio, del que se dice que es uno de los más grandes prosistas de la lengua castellana. Ferlosio se hizo famoso por la publicación de su novela El Jarama, con la que obtuvo el premio Nadal en 1955. La relación entre Ferlosio y esta novela es contradictoria, puesto que, mientras la critica de la época la consideró un hito en lo que podría llamarse la literatura realista de posguerra, a él se le atragantó pronto, y hace pocos días, en una de sus últimas entrevistas, seguía renegando de ella y negando la calidad que le reconocen los demás. Cierto es que, tras inaugurar esa vertiente del realismo posguerracivilista, a Ferlosio le dio por encerrarse en su casa, estudiar gramática y escribir sin descanso bajo el estímulo de las anfetaminas. Así inventó un estilo al que los estudiosos acabaron por ponerle un nombre para los libros de literatura, y que consiste en bloquear la recaptación de neurotransmisores farmacológicamente y escribir sin descanso, enlazando un frase con la anterior hasta que uno se cansa y se va a dormir, ya de madrugada. FerlosioDe esta forma, y sin pretender la fama, Ferlosio ha acabado por escribir como Dios y sin pedirle permiso a nadie, lo cual es de admirar en los tiempos que corren. Si se le pregunta, sigue diciendo que su mejor obra es Industrias y andanzas de Alfanhuí, en 1951, y, si acaso, El testimonio de Yarfoz, treinta y cinco años después. Los paisajes por los que se mueve Alfanhuí son los mismos que los de Comala, que Juan Rulfo describió en Pedro Páramo, o el vasto y cerrado territorio de Macondo, que García Márquez nos dejara entrever en Cien años de soledad. También los espacios de Tesejiraque, por los que Manuel Almeida ve pasar lagartos, lunas y profetas, cuya lectura es altamente recomendable.

Enlaces relacionados

¿Dexe qué?

Ferlosio cumple años

 

 

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