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Gabriel de Araceli El 8 de marzo de 2018 en Madrid, día señalado universalmente como el de reivindicación de …
09 viernes Mar 2018
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Gabriel de Araceli El 8 de marzo de 2018 en Madrid, día señalado universalmente como el de reivindicación de …
07 miércoles Mar 2018
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Rafael Alonso Solís
En Santa Cruz de Tenerife, cerca de un antiguo cuartel, se levanta una ridícula estatua en homenaje a Franco. Así ha sido, durante años, para engallamiento de una parte y humillación de la otra, tras haber sido sufragada por aportaciones populares. El monumento, típico de aquellos esperpentos que le encargaban a Juan de Ávalos durante el régimen fascista, nunca tuvo la pretensión de ser una obra realista, sino simbólica, ya que parece representar a un ángel vengador, que despliega sus alas para llevar hacia la eternidad a un caudillo triunfante. Se ha dicho que a Franco no le gustó la iniciativa, pero ahí quedó, sin aclararse si se trataba de una conmemoración de “la Cruzada”, “la Victoria”, el vuelo del Dragón Rapide que trasladó al golpista para ponerse al mando de las tropas sublevadas o –según la denomina la Fundación Juan de Ávalos– un “Monumento Conmemorativo a la Paz”. Hasta ahora, la inútil o mal aplicada Ley de la Memoria Histórica no ha podido con el símbolo y se eleva el tono en Tenerife de las voces de quienes exigen su eliminación del mobiliario urbano, ante la resistencia de la autoridad municipal. Hace unos días, Mariano Rajoy, aprovechando una visita a Tenerife, dio su habitual caminata deportiva por la zona acompañado por un selecto grupo de altos cargos del PP canario. Una fotografía bien elegida recoge el paso de la comitiva por delante del vencedor, con lo que el símbolo avanza décadas o nos anuncia que se ha iniciado, oficialmente, el retorno de los brujos. Uno, en su ingenuidad, no puede saber si la fotografía responde a la habilidad de algún viandante que captó el momento, o si el espectáculo estuvo organizado por el comité de festejos. Dicen que los ideólogos del PP andan divididos entre quienes piensan que hay que ponerse de acuerdo cuanto antes con su marca naranja y gobernar, que hay muchos asuntos pendientes y se recauda poco, y quienes sostienen que no pueden dejarse adelantar por la derecha y propugnan una recuperación de los valores. La foto de Rajoy triunfante y en bermudas, posando junto al ángel vengador y al caudillo que salvó a España de la amenaza roja, hace pensar en lo segundo, si bien no hay forma de confirmarlo, más allá de la especulación literaria. Sea por uno u otro motivo, la imagen refleja el momento de involución que vivimos. La crisis está permitiendo a la derecha ajustar las cuentas de la familia, mientras las diferentes visiones de la izquierda contemplan el paso de las tropas, y el miedo a hacer chistes con doble sentido inunda los escenarios. Se nos ha ido Forges y estamos más solos. En la calle, como decía Azcona que pasaba en Madrid durante la posguerra, hace frío, el Ártico se deshiela, el nivel del mar sube y la lluvia llega sin avisar. Hace días fue el aniversario de la ejecución de Puig Antich, y ayer del último viaje de mi madre. Mañana hay huelga general feminista. Aún hay esperanza.
03 sábado Mar 2018
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Gabriel de Araceli
El primer viernes de marzo es tradicional visitar el cristo de Medinaceli en Madrid, una iglesia ubicada justo detrás del lujoso Hotel Palace y a poco más de 250 m del Congreso de los Diputados. El poder político, religioso y ecónomico se dan la mano en el viejo barrio de las letras, un lugar en el que habitaron Cervantes, Quevedo o Lope de Vega. Un lugar que el turismo invasivo está desvirtuando a velocidad de vértigo, donde los comercios tradicionales están desapareciendo y donde la concentración de bares ruidosos y restaurantes de comida basura por Km cuadrado debe ser de las más altas del mundo. 
El Cristo de Medinaceli es un cristo rico. Y la asistencia de fieles a Medinaceli es multitudinaria. Aunque llueva a mares, como este último 2 de marzo de 2018, aunque haga frío, aunque sople un viento huracanado todo devoto que se precie debe comparecer a la cita como si fuera esa tarde la última vez.
El Cristo de Medinaceli es una de las imágenes que cuenta con más fervor en Madrid. Por ir va hasta el Rey, que se cuadra militarmente ante la imagen siguiendo la tradición borbónica de rendir tributo al cristo. Miles y miles de personas aguantan horas y horas hasta conseguir entrar en la recoleta iglesia. Sí, hay que hacerse amigo de los ricos, aunque sea para rezar.

Las medidas de seguridad se multiplican. La calle Medinaceli se acordona y se corta al tráfico, protección civil y policía se movilizan para garantizar que los fieles puedan presentar sus respetos y rogativas a la talla.

Fotografías realizadas con una cámara digital de hace doce años, dotada con un único objetivo de hace treinta años, Nikkor de 50 mm de distancia focal, 1:1.8, enfoque, obturación y exposición manual. Menos es más.
27 martes Feb 2018
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Ángel Aguado López
Tengo el inmenso placer de comunicar a todos que he obtenido el premio TIFLOS 2017, en la versión de Cuentos. Extraigo lo siguiente de la notificación del jurado:
….El jurado de los Premios Tiflos de Literatura, convocados por la ONCE en su XXXI Edición de Poesía, XXVIII Edición de Cuento y XX Edición de Novela, ha elegido a los escritores Felipe Benítez Reyes, Ángel Aguado López y Juan Fernández Sánchez, como ganadores entre los 708 trabajos presentados, todos en lengua castellana.
En Cuento, el ganador ha sido Ángel Aguado López, de Boadilla del Monte (Madrid), por su trabajo titulado “Perdedores”, por unanimidad del jurado. Sobre el trabajo, Santos Sanz Villanueva ha querido destacar que se trata de “un libro de cuentos más o menos articulados que giran en torno a una historia sobre cómo escribir cuentos. Son tres historias entrelazadas que reflejan, como su propio título indica, una historia de perdedores”…
Un prestigioso jurado
En el apartado de Poesía, los jurados han sido los prestigiosos escritores Luis Alberto de Cuenca, Ángel García López, Ángel Luis Prieto de Paula y el editor Jesús García Sánchez (Editorial Visor). En Cuento, los miembros fueron Fanny Rubio, José Manuel Caballero Bonald, Santos Sanz Villanueva y la editora Penélope Acero (Editorial Edhasa Castalia). Y en Novela, el jurado ha estado compuesto por el académico de la RAE Luis Mateo Díez, Manuel Longares, Ángel Basanta Folgueira y la editora Penélope Acero.
En esta XXXI edición de los Premios Tiflos se han presentado un total de 708 trabajos: 288 en el apartado de Poesía (274 de autores videntes y 14 de escritores con discapacidad visual); 199 originales en el apartado de Cuento (184 de videntes y 15 en el apartado de discapacidad visual); y 221 en la categoría de Novela (214 de escritores videntes y 7 con discapacidad visual). Los trabajos proceden de países de todo el mundo….
http://www.once.es/new/sala-de-prensa/notas-de-prensa/felipe-benitez-reyes-angel-aguado-lopez-y-juan
“Perdedores”, el conjunto de cuentos ganador, trata sobre el exilio y las consecuencias funestas que sufrieron aquellos a los que el destino chungo, cruel y canalla les privó de la gloria. En un tono sarcástico no exento de humor dialogan personajes que fueron verdugos o víctimas de la historia, y a los cuales la memoria ni los ha absuelto ni los ha olvidado.
El 16 de noviembre de 1936 la Legión Cóndor bombardeaba Madrid apoyando el ataque que las tropas rebeldes del general Franco realizaban en esos días sobre la capital. El Museo del Prado fue seriamente dañado, como revela el informe que el arquitecto José Lino Vaamonde, responsable de la defensa del edificio, realizó tras examinar la pinacoteca. La Junta de Defensa, en colaboración con la dirección del museo decide proteger las obras pictóricas y enviar las más representativas a Valencia para evitar su destrucción.
De allí llegarían, tras un largo y tortuoso viaje a Ginebra, Suiza, donde permanecerían en depósito hasta 1939. Transportadas en camiones salen del museo en diciembre de 1936. Al llegar a Arganda, pueblecito al este de Madrid, a unos 30 Km, los camiones cargados no pueden traspasar el gálibo del puente de acero que cruza el río Jarama. Las Meninas, de Velázquez, Las tres gracias, de Rubens, o El descendimiento, de Rogier Van der Weyden, se ven obligados a descender de los camiones y cruzar el puente sobre rodillos metálicos bajo la amenaza de destrucción de los Junkers Ju 87 que la Luftwaffe probaba a discreción sobre los cielos madrileños. La foto inferior muestra el estado actual del puente de Arganda, ahora bombardeado sin perdón y con saña por los grafiteros, los nuevos stukas de los monumentos madrileños.
17 sábado Feb 2018
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Gabriel de Araceli (Texto y fotos: viernes de Carnaval en Madrid)
Tras las carnestolendas, Doña Cuaresma y don Carnal comparten un cucurucho de castañas calentitas como dos viejos amigos y milan el anuncio del año nuevo chino en Usela, un barrio de Madrid. Conversan.
—Que me place, don Carnal, platicar con usted de cosas gentiles y profanas, que campan por el mundo los bellacos, que anda repleto de truhanes y de pícaros, sin que pueda remediarse el desatino al que nos lleva tanto guiso de whatsap y de tabletas.
—Siempre fue así, doña Cuaresma, que infante parecéis con tanta murga, no seré yo quien os descubra las trampas que ocultan los ingenios.
—Pues juro que enterrando a la sardina acabaré yo con tanta molicie, indolencia y desenfreno, que urge sosiego y resguardarse de tanto cachivache, de tanto invento y tanta leche… de burra, que acémilas con anteojeras parecemos.
—Imposible tarea se me hace remediar lo irremediable, señora mía. Que por más que adoctrine al catecúmeno y persiga vuecencia la herejía no ha de lograr parar el tiempo venidero. Y si ahora pintan bastos ni con oros detendrá los nuevos usos, así que serénese y temple en copas lo que no puede batirse con espadas.
—Metafísico estáis, don Carnal.
—Es que no como… que me han cambiado el relajo por teatro, que todo es espectáculo y no queda ya ni chirigota, que han domesticado la farra y el bullicio y lo han tornado en baile de salón, en sacristía, en recato. Procesión más bien parece antes de tiempo el tiempo que debiera ser irreverente.
—Pues yo no tengo queja, don Carnal, que todo me parece muy decente y apropiado, sin dar pábulo a la orgía, todas las calles contenidas de dulces bailarines y alegres cofradías, sin trifulcas, sin gritos ni susurros, muy recto y respetable, sin agudo sonar de chirimías.
—Triunfo es el orden del Justicia, que no hay vuelta atrás, con tanto temor y tanto miedo nos han robado el carnaval, domesticado en desfiles y trajes regionales, sin sorna, sin chanza, pasacalles infantiles e inocentes.
—Pues eso es lo que quiere la gente, don Carnal, no se me ofenda, que para ser usted tan talludito cree aún en libertades y librespensamientos. Y eso, don Carnal, bien lo sabe, se quedó en los tiempos del buen amor del Arcipreste y no en los actuales.
Don Carnal bebe a morro de una litrona. Se la pasa a doña Cuaresma, que le da un viaje a la Mahou que la deja temblando. Don Carnal se queda pasmao de la aplicación cervecera de la doña, que le interpela.
—¿Y qué me dice usted, don Carnal, del año nuevo chino en un barrio de Madrid que Usera llaman?
—Un cuento chino, otro desfile, un espectáculo de masas, llenas las calles, prietas las filas, como en redil de ovejas amansadas.
—Andad, don Carnal, que estáis muy malcriado con esa lengua que a todo pone inconveniente. Sed más diligente y resignado, que a todo ultraja el triste pensamiento.
—Pues cómo no he de penar con tanto orden, que desorden era, en tiempos, carnaval. Y la fiesta del año nuevo chino camino va de convertirse en un pastiche, con tanto colorete y concejal, incluso anuncia su presencia la BBC y el New York Times, como si eso fuera noticiable y no farándula.
—Pues a mí me parece muy prudente, que se hable de los chinos en Usera, y menos de ese torpe presidente que quiere poner en México barrera.
—A su tiempo cada cosa. No se vuelva de los chinos portavoza. Y no confunda más, doña Cuaresma, a la pública opinión con el truco del manco. Que tanto engaña el que muestra lo indebido como el que la verdad oculta y la enmascara con finales felices y cuentos chinos.
Doña Cuaresma y don Carnal se acaban el cucurucho de castañas y se van amarraditos los dos de la mano, espumas y terciopelo, lejos del bullicio mendaz y amalillo de Usela.
Desfile del año nuevo chino en Usera, un barrio de Madrid, fotos de 2016 y 2017
24 miércoles Ene 2018
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Rafael Alonso Solís
Releyendo el Diccionario cheli uno se reencuentra con términos que se cruzan el sentido y que explican las cosas mejor que los que usamos en las celebraciones, en las tomas de posesión y en los discursos de apertura. Según Umbral –que cita muy bien, entre otras cosas porque se inventa las citas, que para eso es un creador–, algunos estructuralistas, como Roman Jacobson y Claude Levi-Strauss, consideraban que los mitos eran tanto organizaciones conceptuales como obras de arte. Se pregunta Umbral si es primero el mito y acaba convirtiéndose en objeto de admiración, o son los objetos los que acaban mitificándose a partir de las reacciones estéticas que provocan o el contexto en que lo hacen. Cabría preguntarse si el mito estaba ya ahí, en algún sitio, como los pensamientos o los versos, hasta que alguien se los encuentra y les pone nombre, los titula y los coloca en el mercado. En su aparición estelar en Copenhague, ante una pregunta difícil y con mala leche, Puigdemont ha dicho que la democracia española solo está en los papeles, y tiene buena parte de razón, pero él mismo está echando una mano en ese sentido. ¿Es la democracia un mito, inventado por un selecto grupo de creadores a los que se encargó el proyecto? ¿O es el marco conceptual diseñado, precisamente, para que encajaran otros mitos que se iban construyendo a medida que se necesitaban? Es cierto que hay mitologías resistentes a las tormentas, a la mala prensa y al paso del tiempo, mientras otras han ido perdiendo la gracia y la frescura –que es lo peor que puede pasarle a un mito–, aunque se las siga citando para rellenar las enciclopedias. Si hay un mito postdemocrático que ha acabado en ropa interior es aquello de que los pueblos son muy sabios y no se equivocan al ejercer su voto. No merece la pena hacer la lista de equivocaciones, pero sí recordarlas con un minuto de silencio, a ver si nos enteramos. Decía Tierno Galván que la política era un arte noble, pero eso choca con la constatación o la sospecha de que la mayoría de las personas que se dedican a esa actividad con éxito –es decir, las que se presentan una y otra vez a elecciones y salen triunfantes– son expertas en el arte del trile y burlangas de la democracia, que hacen trampas cuando juegan al parchís o a los chinos. Lo cual nos lleva a aceptar, por contraposición, que quienes les votamos –ése supuesto colectivo que no se equivoca ante las urnas– somos masocas o andamos siempre pasados de pastillas. Un poeta postdemocrático y con la elegancia kitsch que tienen los poetas de derechas, como Luis Alberto de Cuenca, ha dicho hace poco que con Franco había más libertad de expresión. Hay ahí otro mito perverso, y es el de la nostalgia, un espacio en el que cabe todo el mundo. Al fin y al cabo, como dijo Andre Gide, “toda nostalgia es un fervor decaído”.
20 sábado Ene 2018
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Gabriel de Araceli (Texto y fotos)
Sale San Sebastián en procesión para anunciarnos que ha pasado ya un mes del invierno. Es San Sebastián un santo guaperas y un tanto descocado, que se pasea sin pudor y enseñando heridas de saetas carmesíes en el pecho, en las piernas, en el abdomen, en los muslos… Algunas señoras, doña Rosita, doña Pilar, que contemplan la desnudez efébica de la talla camuflan una súbita animación en la entrepierna: «¡Qué guapo es mi santo!» piensan en un arrebato confuso entre beatería y cosquilleo. Los paracas homenajean al santo con trompetas y tambores, tan tiesos y marciales que parece que se han tragado un sable, pues fue Sebastián centurión romano, algo díscolo y malmandado, que le dijo no a Diocleciano en eso de perseguir cristianos.
—Y lo que tuvieran o no tuvieran Irene y él, qué más da —secretea en un aparte doña Rosita—, porque con ese cuerpo serrano es normal que algo tuvieran, ¿no?
—Pues sí, algo tendrían, que la carne es débil. Yo lo siento por Cástulo, el marido, su protector ante aquella legión de gladiadores de flechazo fácil —responde doña Pilar—, que es el que peor lo pasaría. Le metes en tu casa y se lía con tu mujer. Ya se sabe, el hombre es fuego, la mujer estopa y llega el diablo y fu… sopla.
Se ríen doña Rosita y doña Pilar, ja, ja, ja, ji, ji, ji. Y don Crescencio, el cura párroco las recrimina con una mirada avizor sus alegrías. «¡Qué cura más antipático es este!» piensa doña Rosita. «Pues a mí no me importaría que algún paraca de estos me tocase la trompeta» piensa doña Pilar. Abriendo la procesión marcha un abanderado, o empendonado que lleva la cruz como si fuera un escudo, barbudo mitad Cristo, mitad Jorge Cafrune.
Y en las alas monaguillo y monaguilla. Será por la igualdad de género, que la archidiócesis se ha puesto en esto muy equiparable. La banda de la brigada paracaidista dale que te pego al parche y a los metales, los vecinos con traje de domingo. San Sebastián calladito, apoyado en el olivo, naranjitas y limones en el armón.
Suuuiiiiiii… ¡Paf! Suuuiiiiiii… ¡Paf! Y venga cohetes y cohetes, que todo es quemar pólvora y regueros de humo como lagartijas que huyeran por el cielo. Los procesionistas a lo suyo, jolgorio y palabritas, las señoras cuchichean por más que don Crescencio las mire y las remire.
—Apunta bien, macho — le sueltan a José Antonio, el cohetero—, que le vas a dar al alcalde. Y José Antonio, el cohetero, aumenta el ángulo de salida y le acerca un puro al cohete, que traza una parábola descendente y ¡pan! Explota encima del paso. La caña le atiza al santo en el cogote, ni pestañea, mirada al cielo, enamorado de Irene desde hace tanto. Don Crescencio echa chispas por los ojos, casi tantas como los cohetes.
Están llenas la historia y la geografía hispánicas de sansebastianes, o de santiagos matamoros, o de reconquistas, de espantos de turcos o caudillos bajo palio, que entre espadones y sotanas reina confusión y no está bien deslindado lo civil de lo divino y todo se mezcla en procesión exhibicionista de estandartes, de muslos y reliquias.
—Vendrá usted al chocolate de la hermandad, ¿verdad, don Crescencio? —le previene doña Pilar al cura.
—Iré, hija, iré —se ríe el cura redentor.
«No sé que pensará Pilar, pero a mí no me importaría que alguno de estos paracas me tratara como san Sebastián a Irene» piensa para sí doña Rosita.
[Las fotos, tomadas en Boadilla del Monte, Madrid, pertenecen a las procesiones de San Sebastián de los años 2016, en las que aparece la banda de la Brigada Paracaidista, y 2018.]





17 miércoles Ene 2018
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Gabriel de Araceli
El ajedrez es como la vida, o quizás la vida es como el ajedrez. Los dos se juegan en un tiempo y en un espacio determinado (el tablero, el mundo). Los dos son cruentos, si te equivocas lo pagas caro. Y no hay marcha atrás, hay que mover siempre, no se puede parar porque se te acaba el tiempo. Y pierdes.
Robert James Fischer y Arturito Pomar y Rodolfo Tan Cardoso tenían algo en común. Fueron niños prodigios y genios. Se sabe que Bobby Fischer tiene acreditado el cociente de inteligencia más alto de todo el siglo XX, superior a Einstein: 187. Y, sin embargo, su vida fue dura, arrastraba una enfermiza paranoia que le hacía odiar al mundo y murió en la indigencia, hace ahora diez años, a los sesenta y cuatro, como las casillas del tablero. Las victorias de los tres ajedrecistas las utilizaron los gobiernos de sus respectivos países como arma propagandística.
Arturito Pomar hizo tablas con Alekhine con doce años, en 1944. Aquello fue para el régimen franquista una mina inesperada y exhibió por los NO-DOs a Arturito como un éxito de su política. En medio de la penuria post-bélica en la que se encontraba la ruinosa patria, aquel niño trajeado y repeinado, con pantalones cortos suponía un éxito demasiado goloso como para no asignarse su paternidad. Después, el régimen lo olvidó y lo condenó a un ostracismo, a un exilio interior, a la mediocridad de una vida de cartero, en un momento histórico en el que las grandes figuras del tablero representaban para sus países la mejor publicidad nacional posible.
En 1957, la Pepsi-Cola organizó en Nueva York un enfrentamiento entre los dos grandes maestros más jóvenes de la historia, de Asia y de América: Rodolfo Tan Cardoso, que tenía entonces veinte años, y Bobby Fischer, con apenas catorce y que acababa de proclamarse campeón absoluto de USA. El acontecimiento se presentó en Filipinas como un desafío entre un país emergente que luchaba contra el colonialismo imperialista yanqui. Fischer destrozó a Cardoso por 6-2. Y la derrota fue tan dolorosa para el régimen filipino que lo dejó abandonado a su suerte. Tuvo que ser la Pepsi-Cola, un representante simbólico del capitalismo, la que repatriara a Cardoso y se hiciera cargo de sus gastos, porque la dieta con la que Filipinas lo envió a USA, 200$, no le alcanzó ni para las necesidades básicas.

Cuando, en 1972, Fischer propinó a Boris Spassky (otro niño prodigio) una tremenda paliza en Reikiavik (+7, -3, =11), la administración Nixon-Kissinger se apresuró a abanderar el éxito de Bobby como su victoria. Era el mundo libre el que vencía al comunismo. En el momento más álgido de la guerra de Vietnam, cuando los B52 bombardeaban con napalm por encima del paralelo 38, USA se arrogaba la victoria sobre la perversa URRS en el terreno en donde el enemigo siempre se mantenía hegemónico, el ajedrez. Triunfaba la libertad de pensamiento, de consumo frente al totalitarismo del Kremlin. Sin embargo, la personalidad rebelde y caótica de Fischer condujeron al ajedrez a una situación explosiva. Fischer se negó a enfrentarse a Kárpov y fue despojado de su título en 1975, precisamente cuando la federación internacional de ajedrez, la FIDE, estaba dirigida en la sombra por el filipino Florencio Campomanes, un gánster próximo a Ferdinand Marcos. Parecía que Filipinas se vengara de aquella derrota ominosa que sufrió años antes Cardoso. Pero el gran Bobby no toleró aquella usurpación y tras dos décadas de olvido y oscurantismo propios de su carácter, en 1992 volvió a derrotar a Spassky en la antigua Yugoslavia. Un encuentro prohibido por la administración de George Busch (padre) que en mitad de la guerra de los Balcanes y cuando ya había apuntado maneras en la guerra contra Sadam, en Kuwait, impidió a sus conciudadanos cualquier contacto con el régimen de Belgrado. El ajedrez era más peligroso que los misiles Tomahawk. Las consecuencias para Fischer fueron terribles. Se enfrentó a Busch y renegó de su país. Aquel gesto de desobediencia le costó convertirse en un perseguido, en un apestado, en un paria internacional, en un apátrida. Su fama de genio inconformista y obsesivo se extendió por el orbe. En 2005 Islandia le dio la nacionalidad como gesto humanitario y agradecimiento por el reconocimiento mundial que para la isla tuvo el match de 1972 y allí pasó sus últimos años, casi escondido y rumiando su odio al mundo.
En 1962 Fischer y Arturito Pomar se enfrentaron en el torneo interzonal de Estocolmo. Pomar tenía treinta años y estaba en la cima de su carrera. De haber sido soviético sin duda hubiera llegado a campeón del mundo. Los rusos le temían, le planteaban siempre aperturas cerradas que le obligaban a estar muchas horas frente al tablero. Llegaba agotado a la siguiente partida. El equipo soviético era un bloque impenetrable, rocoso, con tantos agentes del KGB como analistas, que desmenuzaban cualquier posición para sus grandes maestros sin que estos se fatigaran. Entre ellos acordaban las victorias o las derrotas. Pomar luchaba solo ante el peligro, como Gary Cooper, abandonado por su pueblo, se tuvo que pagar el hotel de su bolsillo, sin saber inglés, sin ayudantes, sin nadie con quién hablar durante los dos meses que duró el torneo, en el crudo invierno nórdico. Él, que venía de Mallorca. Y, sin embargo, ganó entre otros al temible Geller (¡le venció en 29 jugadas!), hizo tablas con Portisch y con Gligorich y terminó el once entre veintitrés: +7 -5 =10. El rendimiento de Bobby fue extraordinario: +13 -0 =9.

Robert James Fischer y Arturo Pomar Salamanca se enfrentaron en la 9ª ronda, el 10 de febrero de 1962. Fischer jugaba con blancas y abrió el juego con e4. Pomar respondió con c5. Planteó una defensa siciliana, variante Nimzowitsch. Y durante nueve horas, ¡nueve horas!, según confesó Pomar después, ambos contendientes se acuchillaron mutuamente sin conseguir doblegar al contrario. Una partida a la bayoneta, agresiva, dinamitera. Un final en el que Pomar se vio obligado a repetir jugadas y Fischer a dar jaques continuos ante la imposibilidad de coronar su peón de torre de la columna a, su rey ahogado en la esquina a8, la navaja del alfil negro de Fischer incapaz de pinchar a las piezas de Pomar, atrincheradas en casillas blancas, el caballo de Arturito saltando como loco de blanco a negro, de negro a blanco, de blanco a negro, el rey negro en un movimiento pendular c6, c7, c6, c7, c6, c7. Firmaron tablas tras setenta y siete movimientos.
Bobby Fischer falleció el 17 de enero de 2008, en Reikiavik. Rodolfo Tan Cardoso falleció en Manila, el 21 de agosto de 2013. Pomar falleció el 26 de mayo de 2016, en Barcelona. El hombre propone y la vida, o el ajedrez dispone.
[El que esto escribe tuvo el honor siendo niño (que no prodigio) de jugar en Madrid (¿1971?) contra Rodolfo Cardoso. Perdió. Lamentablemente no conserva la planilla con la anotación de aquella partida.]